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Ovnis, Civilizaciones Desaparecidas, Parapsicología y Esoterismo.

Posts Tagged ‘Tiwanaku’

Podcast AFR Nº 183: Kar, el héroe olvidado de la Atlántida

Posted by Quique Marzo en 25-03-2017

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

Para ir a iVoox, clic en la imagen.

En este episodio de Al Filo de la Realidad:

  • Pensando en retomar la publicación de videos en YouTube. Actividades de Gustavo Fernández fuera de Argentina.
  • Introducción y antecedentes de los atlantes.
  • La Fuente Magna tiene signos cuneiformes (pertenecientes al horizonte cultural de Sumeria) en Bolivia. Los Tupíes. Los Guaraníes. La Cueva de los Tayos.
  • Los tres lugares que no pueden dejar de visitar.

 

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KÀ`R`: el héroe olvidado de la Atlántida (segunda parte)

Posted by Gustavo Fernández en 03-11-2013

Para leer la primera parte de este trabajo, hacer click aquí

Mencioné en la Primera Parte que sospechaba una relaciòn puntual entre los carios y la Caverna de Los Tayos. Seré concreto: a la habitual descripciòn, entre los hipotéticos tesoros de su interior, de placas con ilustraciones sumerias, babilónicas y tal vez de otros horizontes culturales de la Antigüedad, geográficamente muy lejanos a las Américas, mi suposición es que fueron los carios quienes, precisamente, llevaron ese material documental al Ecuador prehistórico y tal vez, los responsables de elegir o decidir dónde serían ocultos. Recordemos que Moricz siempre llamó la atención sobre la etnia indígena de los “colorados”, llamados así por la habitual coloraciòn natural de sus cabellos, con los cuales, se dice, se pudo comunicar en magyar. Y los antiguos magyares (hoy, húngaros) no están geográficamente tan lejos de las regiones de Asia Menor que aún académica y oficialmente se consideran parte de la Uniòn Caria.

láminas supuestamente de Los Tayos exhibidos por primera vez públicamenteLáminas, supuestamente extraídas de Los Tayos, facilitadas por Guillermo Aguirre, biógrafo de Julio goyén Aguado (amigo personal y colaborador de Janos Moricz) y exhibidas por primera vez públicamente en el año 2007 en una conferencia conjunta organizada por Débora Goldstern y el autor.

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La afamada investigadora Ruth Rodríguez Sotomayor, en su recuperaciòn e inventariado del Runa Simi, la lengua ancestral, señala que el vocablo “kara” tanto en sánscrito como en runa simi significa “el guerrero que va a la cabeza”. Algo que cae muy bien a la legendaria imagen de K’a’r’.
Y es el investigador ecuatoriano y experto en Los Tayos Manuel Palacios, quien apunta que la historia habla de una etnia, los “shillis”, que habrían llegado al Ecuador provenientes del mar y fundan la mítica ciudad de “Karakés”. Su primer rey se llamó Shilli – Karan, y estableciò la Confederaciòn Kitu Kara, en tantos aspectos similar a la Uniòn Caria. (de ese “Kitu” proviene “Quito”, nombre de la ciudad capital).

Más al sur, entre Bolivia y Perú, la leyenda cuenta que los misteriosos hombres blancos con barbas que habrían fundado Tiwanaku fueron atacados por un jefe llamado Cari, venido del valle de Coquimbo. En una batalla entablada en una de las islas del lago Titicaca, esta raza rubia quedó aniquilada, pero el propio Kon-Tiki y sus más adictos compañeros escaparon y bajaron luego a las costas del Pacífico (sigo aquí el relato del etnólogo y explorador Thor Heyerdahl).
Y no olvidemos el misterio de la “Fuente Magna”, en exhibición en el Museo del Oro de La Paz (Bolivia), extraña pieza labrada en roca que presenta abundante signos cuneiformes, presumiblemente mesopotámicos.

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Detalle de grabados cuneiformes en la fuente

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El autor, a la entrada del Museo del Oro en La Paz (Bolivia)

El siguiente hecho es igualmente digno de interés: todas las tribus autóctonas cuyo nombre contiene el prefijo “Car” llaman a los hombres blancos “cara”, aunque la palabra tupí – avañée generalmente adoptada por ellos para designar el color blanco sea “tinga”. Otro hecho que hay que anotar: Diodoro de Sicilia refiere que los carios llevaban adornos sobre la cabeza compuestos de plumas (de hecho, son ellos los que imponen en el Mar Egeo la costumbre de la cresta plumífera en los cascos de batalla) y que sabemos que todos los pueblos originarios, de Alaska a la Patagonia, tienen la costumbre de llevar esos adornos, sobre todo en tiempos de guerra; esta particularidad es quizás una indicaciòn sobre el origen americano de los carios a menos que éstos hubiesen adquirido esta costumbre durante sus viajes a América. (De hecho, Moricz mismo se preguntaba si no se trataría que los ecuatorianos originales habrían llegado en épocas remotísimas a Europa y de allí retornado con costumbres e idioma).

Hablamos de la antigua leyenda de la isla de Caraíba, hundida en el mar. Según esa leyenda, siete tribus de raza caria fueron a instalarse a esa isla huyendo de una catástrofe, aunque la leyenda no indica de modo alguno el origen de esas tribus. Esas gentes se daban el nombre de “Cari” pero sus sacerdotes lo cambiaron por el de “Tupi”, que significa “hijos de Tupán”. Quizás el mismo Tu – Pan cario, del que hablamos antes. Y recordemos Tupán, Tollán, Tula y sus “atlantes”…. Referidos en el artículo precedente.

Muchos siglos antes de la era cristiana, la isla de Caraíba fue a su vez tragada por las aguas (¿cuántos siglos?. ¿Diez, doce?. Así estaríamos en la fecha de la explosiòn de Santorín, que mencionamos en el artículo anterior). Los tupíes sobrevivientes emigraron al continente sudamericano, desembarcaron en el litoral de Venezuela y fundaron su asentamiento en Caracas. Algunos centenares de años más tarde, marinos aventureros llegados de un país lejano situado al Este llegaron al mismo lugar y por la fuerza y poco a poco erradicaron toda la población local hacia el Brasil; únicamente un reducido grupo de tupinambás dejó alguno de sus clanes en territorio venezolano. Parece que los tupíes desembarcaron en la isla de Marajó, en el delta del Amazonas. El nombre de esa isla, que se parece al del alto curso del Amazonas, “Marañón”, fue pronunciado antiguamente “Maraio” o “Maraion” y luego modificado por los portugueses, que hicieron de él “Marajo”, que responde mucho más al espíritu de su lengua. El profesor Varnhagen  más de un siglo atrás opinó que las palabras “Mara Ion” quieren decir en cario “un gran río”, pero “Ion” tiene el mismo sonido que el nombre de cierto pequeño estado de Ion en el archipiélago (las islas Jonias) que perteneciò en su momento a la Uniòn Caria. La explicación de Schwennhagen es quizás más plausible; según él, esos recién llegados al Brasil entendían por “Gran Ion” (“Mara Ion”) su país de origen, es decir, las islas Jonias. Caru- Taperu, nombre de una localidad de la isla de Marajo, nos lleva nuevamente a los carios; hace algunos años se descubriò allí ruinas ciclópeas de estilo etrusco.
platomarajo01Cerámica del horizonte étnico de Marajó, con clara influencia trusca

Es aquí cuando adquiere otra relevancia ciertas particularidades del famoso Manuscrito 512, que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro desde 1839, aunque data de 1753. Comenta el investigador Yuri Leveratto en su blog , que en él se narra sobre un grupo de aventureros portugueses que buscaron por mucho tiempo las legendarias minas de Muribeca, viajando durante unos diez años al interior de Brasil. Durante su extraordinario viaje descubrieron las ruinas de una gran ciudad perdida cuya arquitectura recuerda lejanamente el estilo greco-romano. Leveratto ha encarado su propia traducción de dicho manuscrito (que puede consultarse por el enlace señalado) pero –puntualmente.- cita un párrafo donde: “En el pórtico principal de la calle había una figura humana en bajorrelieve adornada con coronas de laurel: representaba una persona joven, sin barba; debajo de esta figura había grabados en el muro algunos extraños caracteres deteriorados en parte por el transcurrir del tiempo, pero se podían distinguir parcialmente…” y sigue esta ilustración:

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Que no ha encontrado traducción literal en ningún idioma, lengua o dialecto. Pero, tentativamente, hemos hecho esta comparación:

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Donde, abajo, se lee la expresión “cario” en griego moderno. No puedo evitar señalar el parecido, aún con el abismo temporal y geográfico, de ambas grafías.

La etnia conocida con el nombre de Tupinambá (o “Tupí Nambá”: “los verdaderos tupíes”) conserva todavía algunos conocimientos de astronomía, heredados quizás de sus lejanos antepasados, los carios. Tucídides llama al “divino Kar”, “mago caldeo”, y es claro que el legendario fundador del imperio cario debía poseer conocimientos de esa ciencia, pues los caldeos fueron astrónomos y astrólogos notables. Un misionero del siglo XVII, el padre D’Abbebille, publicó una obra sobre la ciencia astronómica de los tupinambá que suscitó verdaderas críticas entre los doctos eruditos de la Sorbona que no podían concebir que “una tribu de indios salvajes pudiese poseer alguna nociòn de esa ciencia”.
La religión de los tupíes hizo su aparición en el Norte de Brasil algunos millares de años antes de nuestra era, coincidiendo verosímilmente con las primeras expediciones de los carios o de los fenicios al país. El idioma tupi es en sí mismo una de las pruebas más sólidas de que hubo un lazo estrecho entre las civilizaciones del antiguo y nuevo mundo. La etnia tupí conocida con el nombre de Gheghes llama a su propio dialectonhehen gatu” (“lengua universal”), esto permite suponer que hubo una época en que el idioma tupí se hallaba extensamente difundido y era empleado quizás por los carios, los atlantes y otros pueblos de América. Por caso, el texto conservado en el Museo Británico de la ley del rey sumerio Urgana contiene numerosas palabras tupíes. La palabra caria “sumer” (jefe de Sacerdotes) es empleada todavía por los tupíes bajo la forma “sume” para designar a los sacerdotes, los hechiceros e inclusive los misioneros cristianos y los médicos. Recordemos que una amplia regiòn del Brasil y del Paraguay guarda el recuerdo de un Maestro que habría recorrido esas extensiones en el pasado predicando la paz y la concordia: Pai Zumé. A propósito, recordemos que en Albania existe una etnia, curiosamente, también conocida como “gheghe”, y su dialecto se parece bastante al nhehen gatu. Y la pregunta obvia de si los gheghes americanos emigraron a Albania o viceversa, puede resolverse diciendo que ambos se dispersaron de un punto común: la Atlántida. Y no sólo ellos: ¿también los vascos?. Quienes se dan a sí mismos el nombre de “euskaros” (Eus Karos), ¿nos están hablando de su parentesco con estos misteriosos, nómades y omnipresentes carios?.

Creo sinceramente que pelasgos, carios, semitas en general, guaraníes y tupíes han sido los descendientes de atlantes emigrados, que partieron en distintas direcciones cuando la catástrofe ancestral –o ya formaban parte de colonias comerciales en los territorios distantes- y que decidieron reunir, desordenada y aleatoriamente, elementos que preservaran la historia de sus ancestros en distintos puntos; la caverna de Los Tayos entre ellas. Eso explicaría la diversidad cultural y el aparente batiburrillo de confusiòn histórica en la descripción tanto de Moricz como de las hoy desaparecidas colecciones del padre Crespi, de Cuenca. Por ejemplo reflexionemos en:

–    El extraordinario parecido entre las palabras “Ceara” (estado del norte de Brasil) y “Sahara”, siendo dos áreas geográficas desérticas que alimentan la hipótesis de Wegener que alguna vez estuvieran unidas.
–    La existencia de palabras hebreas entre los tupí guaraníes, como “canaan” y “aramea”.
–    Muchos ríos brasileros tiene el prefijo “Poti” en su nombre (Potijara, Potiguara, etc.) y recordemos que en pelasgo “poti” significa “pequeño curso de agua” o “afluente”, adoptado más tarde por los griegos en la palabra “potamós” (río).
–    Cuando Álvarez Cabral desembarcó en el lugar en que se levanta Río de Janeiro, encontró allí a guaraníes que llamaban a esa regiòn “Carioca”. La apalabra “oca”, que significa en “avañée” (el idioma guaraní, ya que “guaraní” es la etnia, no la lengua) “domicilio, residencia” se parece al término griego “oikía”, que tiene el mismo sentido. La palabra avañée “cari” significa “hombre blanco”, por lo tanto “carioca” significa “residencia de los hombres blancos” lo que demuestra que la regiòn estuvo alguna vez habitada por un pueblo de raza blanca y la inscripción de la roca de Gavea, pretendidamente fenicia (o caria) alimenta esa hipótesis.sao_conrado_piedra_de_gaveaLa roca de Gavea. Obsérvese el rostro frontal. Y si se cree que es una “pareidolia” con una formación natural, recuérdese la imagen del dios Ollanta, frente a Ollantaytambo (Perú) donde se ha demostrado que se ha corregido y adaptado la configuración natural, ex profeso:

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Y en otro ángulo:

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–    La divinidad caria Tu – Pan es venerada todavía por muchas etnias sudamericanas bajo la forma del dios Tupán; su culto tiene una importancia particular entre los guaraníes del Paraguay, pero en otro tiempo se extendía hasta el litoral del Pacífico. Los tupíes sostienen que Tupán enseñó a sus antepasados la agricultura y el uso del fuego. Los pueblos pre incas representaban a Tupán exactamente como las estatuas griegas a Pan; un fauno. El culto de la Cibeles local, o Kera, hizo su aparición al mismo tiempo que el de su hijo Tupán. El nombre de Kera era empleado en todas partes donde se creía que Cibeles edra la madre de Kar. Cuando los primeros misioneros portugueses en el Brasil, padres Manuel  Nobrega y Anquieta, preguntaron a los indígenas “¿cuál es el nombre de este país?”, oyeron como respuesta: “Tupan Kere tan” (“Es la tierra de Kera, madre de Tupán”).
–    Las leyendas de los guaraníes refieren que los antepasados de éstos habitaban una ciudad magnífica, “la ciudad de los techos resplandecientes”. Recordemos que, según Platón, los techos de Poseidonis, capital de la Atlántida, estaban cubiertos de “oricalco”, un brillante metal, quizás mezcla de bronce y plata.

Resumiendo, esta exposición pone de relieve el peregrinar de ese misterioso pueblo cario por casi todo el orbe, dejando huellas de su paso por sobre el tamiz de los Tiempos. Y sugiere reconcebir a la Cueva de los Tayos como uno de los reservorios de sus recursos culturales que jalonaron ese milenario deambular.

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Video de la conferencia “Mayas, Aztecas, Incas y el 21 de diciembre de 2012”

Posted by Quique Marzo en 04-12-2012

Organizada por el Kalpulli y Temazcal “Casa del Cóndor” y “Al Filo de la Realidad” y tal como es de público conociomiento, el viernes 16 de noviembre realizamos el evento del título en instalaciones del Museo Histórico “Martiniano Leguizamón” de la ciudad de Paraná. En esa ocasión grabamos la misma, para ponerla a disposición del enorme número de amigas y amigos de todo el mundo potencialmente interesados. Si bien el audio no es óptimo -teniendo de fondo, incluso, el sonido retumbante de una manifestación política que se instaló en las cercanías del lugar- elegimos subirlo porque puede ser de valor documental para algunos. Esperamos la disfruten y gusten compartir

>> Si preferís sólo escuchar el audio

(aunque te perdés de las ilustraciones de la conferencia)

podés escuchar o descargar el podcast. <<

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Podcast AFR Nº 95: GF en El Último Peldaño

Posted by Quique Marzo en 12-05-2012

Para escuchar, descargar y suscribirse al feed, pase por nuestro canal en iVoox. (Clic en la imagen)En esta ocasión reproducimos la entrevista que en Murcia (España) le realizara a Gustavo Fernández nuestro colega Joaquín Abenza, en la primera hora de su programa “El Último Peldaño”.

Aquí mencionamos algunos de los temas tratados:

  • Comentarios sobre la comisión cívico-militar de investigación OVNI en Argentina.
  • Aborígenes. “Elimina su cultura y sometes al pueblo”. Illuminati. La toltequidad. “La castración intelectual es la garantía del control y la dominación”. La ridiculización de las paraciencias y afines.
  • Las pirámides en América que se superponen sin tocarse: verdaderas mamushkas pétreas. Teopanzolco. Cholula. La energía piramidal.
  • Zochicalco: ciudad universitaria del 640 dC. El efecto de “rayos X”.
  • Samaipata (Bolivia). Tiahuanaco (o Tiwanaku): 17.000 años de antigüedad. Tecnologías que se nos escapan…
  • ¿Qué es un chamán?
  •  La espiritualidad ancestral. La organización económica de los kalpullis. Las tres leyes de la toltequidad.

Y los invitamos a escuchar la segunda hora de “El Último Peldaño” en: www.joaquinabenza.com y El Último Peldaño (en iVoox).

Enlaces:

Escuche o descargue el podcast desde nuestro sitio en iVoox, o suscríbase al feed para enterarse al instante de la publicación de nuevos episodios.

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El monolito Bennet: ¿el botón de “Play” de otra dimensión?

Posted by Gustavo Fernández en 22-11-2010

 

Lo escribí en este mismo blog. Tiwanaku transmite, para cualesquiera que se tome el tiempo de meditar entre sus ruinas, la esencia inasible de las certezas indemostrables. Sentado en la Akapana, contemplando mi rededor, “supe” -cómo describirlo de otra manera- que era una máquina.

Lo cierto es que -meditaba una madrugada a solas, doblado sobre mi notebook- que si Tiwanaku es una máquina -seguramente con muchas de sus piezas extraviadas, trasladadas de sitio, yuxtapuestas o intercaladas malamente- debe haber algunas evidencias, palpables y concretas, que den la pista de cómo ponerla en funcionamiento. Por ello es que ya casi daba mi reloj las cinco y yo seguía repasando las fotos que tomara en mi viaje allá.

Recordé de pronto el relato de mi cicerone y amigo, el inefable Antonio Portugal Alvizuri, investigador adscripto del Instituto de Arqueología de Bolivia, profundo conocedor de los secretos milenarios del Altiplano y autor de tres libros enigmáticos, para llamarlos de algún modo: “La Chinkana del Titicaca: los túneles secretos del Lago Sagrado”, “Ciudades Secretas en los Andes: los mensajes de los Seres de Luz” y “En Contacto con los Maestros Mayores”. Antonio había participado en la relocalizaciòn de una pieza fundamental del lugar: el monolito Bennet, y me relató una historia fascinante.

En junio de 1932, el arqueólogo Wendell Bennet encontró, sepultado en el Templo Semisubterráneo de Tiwanaku, este monolito, en arenisca roja y de 7,30 metros de altura, que de allí en más llevaría su nombre.  Al año siguiente, se decide trasladarlo a la ciudad de La Paz, colocándolo en el Paseo del Prado, en plena avenida 16 de Julio.  Y pocos años más tarde sufre un nuevo traslado, esta vez al parue adyacente al estadio Hernando Siles.

Traslado del monolito en 1933

Traslado del monolito en 1933

Durante décadas, una historia fantasmagórica de asesinatos, suicidios y catástrofes tanto individuales como colectivas (recordemos que a las pocas semanas de su descubrimiento se desató la cruenta Guerra del Chaco, entre Bolivia y Paraguay), inundaciones, sequías históricas y en lo local, una tasa impresionante de suicidios y asesinatos ue parecía seguir a la estela allí donde fuera. El monolito Bennet se transformó, definitivamente para el pueblo, en una “kencha”, un objeto maldito, donde los espíritus enfocaban su enojo por el traslado.

Si la actividad nefasta se redujera a murmuraciones y extrañas coincidencias, seguramente no ameritaría una página en las crónicas paranormales. Pero la cuestiòn va mucho más allá. Enfrentando la burla pública, muchos vecinos -especialmente en la época en que estaba junto al estadio- aseguran haberlo “oído llorar”.  Existen crónicas de “fantasmas” rondándolo, de personas que lo han tocado y vivieron horas o días después experiencias angustiantes.

El monolito durante su localizaciòn en el Paseo del Prado

El monolito durante su localizaciòn en el Paseo del Prado

Si aunque más no fuera una parte de lo que se decía del monolito Bennet fuera cierto, tendríamos que enfocarnos nuevamente en él.

Podemos discutir si los hechos son una propiedad intrínseca del monolito, o éste se ha convertido en lo que en Parapsicología llamamos “punto de anclaje”.

Supongamos que muero no creyendo en la vida después de la muerte. Del otro lado del umbral, no tomo conciencia de que ahora sí he fallecido y, después de todo, había un más allá, ya que el “tomar conciencia” es, perogrullescamente, un acto de la mente conciente, la cual depende del buen funcionamiento del neocórtex o corteza cerebral, precisamente lo primero que empieza a descomponerse al morir.
En lo que sobrevive de mí, el “darme cuenta” de las cosas es casi un acto sonambúlico, inconsciente. Y si mientras estuve vivo, pongamos como tonto ejemplo, una de las cosas más queridas por mí fue mi pipa, pues después de muerto, donde vaya esa pipa, irá adherida mi remanencia psíquica que, en el plano emocional, al morir el cuerpo “corrió” a impregnar lo que era su referente emocional. Esto explica las “obsesiones” que los residuos psíquicos, las remanencias psíquicas de personas fallecidas  pueden hacer de lugares –las famosas “casas encantadas”-, personas u objetos –los considerados “embrujados”-. Pues bien, al objeto, lugar o persona al que se adhiere la remanencia psíquica lo llamamos técnicamente “punto de anclaje”. El monolito Bennet bien peude ser, entonces, el punto de anclaje de las remanencias psíquicas de sus cultores tiwanakotas.

Monolito junto al estadio

Monolito junto al estadio

También -y de allí el título de este trabajo- podemos suponer que su emplazamiento (el original, obvio), su orientaciòn, ciertos rituales y condiciones tal vez astrológicas, se conjugaban como las piezas de esa metafísica maquinaria de la que habláramos más arriba. Sin duda, cuando podamos descifrar el lenguaje escrito de los tiwanakotas sabremos más…

Pero…. ¿qué lenguaje escrito?, se preguntarán ustedes. Ya que, como todo docto arqueólogo nos ha enseñado, los tiwanakotas no tenían escritura.

¿No?

No volveré aquí sobre los trabajos de la referida Débora en su blog respecto al monolito Potokia y la Fuente Magna. Quiero dar otra pista.

Aún emplazado en Tiwanaku, se levanta el monolito Ponce, llamado así por el arqueólogo boliviano que lo descubriò. Ahí está, a disposiciòn de viandantes y curiosos, de frente y desde atrás.

Monolito Ponce (frente)

Monolito Ponce (frente)

Perfil

Perfil

parte posterior del monolito

parte posterior del monolito

“Ajá” -dirán ustedes- “Muy lindo el monolito…. ¿Y?”.

Pues, miren con atenciòn la espalda del mismo. Es más, si me permiten, les comparto una ampliaciòn, filtrada y mejorada:

Ampliación y filtrado

Ampliación y filtrado

Claramente, aparece lo que bien puede ser descripto como una escritura.

He traído a colaciòn este monolito para señalar todo lo que nos falta por investigar, aún. Pero recuerden que el tema principal nos remitía al Bennet. Y fue, precisamente, revisando mi archivo de fotografías, cuando reparé en algo que en su momento no me había llamado la atenciòn. Pero ahora sí.

Ya he escrito en otra ocasiòn mi opiniòn respecto a los “orbs”, u “orbes”, como se ha puesto de moda llamarles ahora. Por ello, no me sorprendo especialmente cuando, ora sí, ora no, aparecen en mis fotografías. Pero esto es lo importante: en ocasiòn de visitar Tiwanaku -más precisamente,e l Museo Lítico del mismo- sólo aparecieron “orbs” cuando fotografiamos el monolito Bennet. Sólo ahí, ni antes, ni después, siempre con la misma cámara y, huelga decirlo, sin cambiar ópticas, sin limpiar lentes, sin ninguna acciòn común y cotidiana que pudiera dar una explicaciòn “lógica” a esta diferencia. Es para mí evidencia suficiente que una particularidad energética significativa acompaña a esta imagen. En las fotografías que continúan, ven ustedes los “orbs” que captamos en ocasiòn de estar estudiando el monolito y la ampliaciòn de uno de ellos, quizás de nulo valor investigativo pero, a mi gusto, sumamente estético .

En nuestros archivos en Flickr! he subido en su ocasión todas las fotografías tomadas; pueden ustedes allí chequear esta certeza. sólo aparecen ante el monolito Bennet. Creo, estoy absolutamente convencido que esto no es casual y señala, por lo menos para mí, nuevas líneas de indagaciòn en mi próxima visita al lugar…

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