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Ovnis, Civilizaciones Desaparecidas, Parapsicología y Esoterismo.

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Podcast AFR Nº 186: Caso Hernandarias: ¿Abducción o Teleportación?

Posted by Quique Marzo en 19-06-2017

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

A pocos días de la anterior emisión volvemos con otro episodio de AFR, el podcast que conducce Gustavo Fernández, hoy de casi dos horas de duración y con un caso resonante:

  • ¿Cómo es el ambiente de la “investigación” OVNI? Introducción al caso Hernandarias. ¿Qué dijo la prensa? ¿Fue un fenómeno de abducción OVNI o uno de teleportación? ¿Cuál es la realidad del fenómeno y qué tanto es sólo interpretación condicionada culturalmente? Ejemplos. El acoso. Evidencias colaterales. Líneas Hartmann.
  • Respondiendo comentarios (¡y críticas!) de los podescuchas.

 

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LO PARANORMAL ES CULTURA

Posted by Gustavo Fernández en 05-01-2014

 

Gracias a Luis Maffei, Juan Escudero Vieyra, Pilar, Argenis Ascanio, Brel, Laura López , Quique Marzo , Annani Waiss Estévez , Esmeralda Rangel , Patricia Kieffer , Pablo Gómez , Soraya Andrés Rodríguez , José Manuel Ballester Lahosa , Herbert Álvarez , Patricia Bosch Quidiello , Stella , Lucho Gutiérrez Rojas , Daniel S. , Josep , Marta Piguillem , Antonio Las Heras , Trinidad Pérez , Roberto Cosentino , Marta Nalus Feres , José Luis Giménez , Néstor Echarte  (en todos los casos, hemos respetado los “nicks” y las direcciones de emails desde donde aportaron su opinión), porque sus reflexiones -que pude compartir o no- el tiempo que se tomaron para considerar esta propuesta, su seguimiento, son el espíritu de estas reflexiones. De cuyas azarosas conclusiones, por supuesto, son todos ellos absolutamente inocentes.

    Estuve dando vueltas más de tres años para decidirme a escribir este artículo. Y no por enjudiosas búsquedas bibliográficas ni por encarar, previamente, complicados y masivos sondeos sociológicos. Creo que la razón, simplemente, estriba en que sabía en mi fuero interno que una vez escrito, no podría quedarme allí. Debería -debo- realizar una estrategia para difundir y amplificar un concepto.

Por fin me decidí, y lo escribo. Y comenzaré, de una u otra forma, a enarbolarlo como la alabarda intelectual que amerita ser.

    Todo comenzó con la reflexiòn sobre el estancamiento mediático y social que las disciplinas “paranormales” (excesiva simplificaciòn: pienso en la Ovnilogía y la Parapsicología, pero estos considerandos son extensibles a una lista interminable: Tarot, Metafísica, Esoterismo, Mancias varias, Criptozoología…) habían alcanzado en los últimos años. Dicotomía significativa: mientras el academicismo imperante y una intelectualidad “bienpensante” parecían concluir definitivamente en la negaciòn fenoménica de los hechos presentados, el público, la gran masa, alcanzaba proporciones nunca vistas de adhesiòn y consumo. Los movimientos espiritualistas suman adeptos en números que harían enrojecer de envidia a más de un político en ciernes y las editoriales reflotan títulos arcaicos del mundo del Más Allá con posicionamientos dignos del mejor best seller. Conscientes que una cosa es la opiniòn pública y otra la opiniòn publicada, debemos rendirnos a la evidencia que mientras algunos doctorados sostienen con displicencia que “hace rato se ha demostrado la inexistencia de estos supuestos fenómenos paranormales” (estemos hablando de la energía de las pirámides, las abducciones o los poltergeists) las oficinas recaudadoras de impuestos de muchas naciones han incorporado prudentemente las categorías de “parapsicólogos”, “astrólogos”, “tarotistas”, “terapeutas alternativos” a sus noménclatores porque de no hacerlo se les escapa un pingüe ingreso.

    Y en medio de todo este batiburrillo, deambulábamos nosotros: parapsicólogos, ovnílogos, piramidólogos, sanadores psíquicos, tarotistas, reikistas, lectores de Registros Akhásicos, resignados a seguir siendo ignorados por la Magna Ciencia y requeridos con obsesiva y casi clandestina compulsiòn por el hombre y la mujer de la calle. Resistiéndonos a considerar un “culto” nuestro ámbito, añorando el al parecer inalcanzable tilde de “científicos”.

    Porque es un hecho que Lo Paranormal no puede ser considerado, académicamente, una ciencia. No discutimos aquí si lo es en cuanto a lo ontológico. Me refiero sólo a lo formalmente administrativo. A contrapelo de las expectativas ingenuas de algunos colegas que suponen que “pronto entraremos por la puerta grande de las universidades” eso jamás ocurrirá, a menos, claro, que expoliemos a nuestros saberes de tanta característica molesta al pensamiento racional para ajustarnos al Paradigma académico que, para cuando reunamos las características de admisiòn, ya no sea lo que alguna vez amamos.

    Y por otro lado, no nos simpatiza gran cosa aceptar que esos saberes sean catalogados como “creencias”. Si bien lo son (a fin de cuentas, es lo que yo creo), la “creencia”, en esta sociedad, para ser respetable, debe estar formalmente inscripta como un “culto”. Una religiòn. Dudo que a muchos ovnílogos o reikistas les agrade inscribir sus grupos de trabajo bajo el epíteto de “iglesias”.

    No somos ciencia. No queremos ser creencia. ¿Dónde estamos parados, entonces?.

Estamos parados aquí: lo paranormal, sus pretendidos fenómenos, la inmensa literatura escrita con mayor o menor fortuna, conferencias y congresos, “merchandising” y TV, es un hecho cultural. Grábelo a fuego, amigo lector, porque ésta puede ser, sí, la “puerta grande” para la respetabilidad social: LO PARANORMAL ES UN HECHO CULTURAL.

    Claro; no cometamos el error -que sí cometieron algunos buenos amigos con los que debatí este argumento- de considerar “cultural”, otra vez, lo académico, lo universitario. Menos aún, lo pretendidamente intelectual, elitista. Hablo en otro contexto.

    Hablemos entonces de “cultura”

    “Lo paranormal, por ser una inquietud humana, por ser objeto de reflexión y estudio, de experimentación, es cultura. Cultura es un concepto que engloba a la ciencia y a muchas otras cosas, es un concepto muy amplio que abarca todas las inquietudes, métodos de abordar el mundo circundante y maneras de expresar lo que el mundo genera en nuestro interior, que para algunos será una ecuación, para otros un poema, para otros una sinfonía, para otros una oración. Y en ese sentido lo paranormal es cultura.” (Luis Maffei)

    “Es cultura, incluso arte, cualquier fenómeno paranormal provoca en el que lo experimenta un estado emocional y sensaciones muy particulares” (Pilar)
   

    “La Ciencia (la Antropología, la Sociología y calculo que también otras ciencias y disciplinas) dicen que cultura es todo lo que hace el hombre. Por lo tanto, lo paranormal sí es cultura. No lo pueden negar, o estarían violando su propia definición. :-)” (Quique Marzo)

    “Cultura es todo lo hecho (fabricado, creado, ideado) por el hombre. Esto abarca desde un avión hasta una flecha, desde Mozart hasta el ula-ula, desde el Quijote hasta las pinturas rupestres. Digo esto porque es muy común restringir el concepto de cultura a “lo erudito”. (Patricia Kieffer)

    “Nuestra amada y nunca bien ponderada WIKIPEDIA nos dice: “La cultura es el conjunto de todas las formas, los modelos o los patrones, explícitos o implícitos, a través de los cuales una sociedad regula el comportamiento de las personas que la conforman. Como tal incluye costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas de la manera de ser, vestimenta, religión, rituales, normas de comportamiento y sistemas de creencias. Desde otro punto de vista se puede decir que la cultura es toda la información y habilidades que posee el ser humano.” Así , yo creo que más bien que lo paranormal es cultura. Está dentro de lo que el ser humano es, vive, se desarrolla e interrelaciona.” (Stella)

    “Como tengo un conceto bastante negativo de “cultura” -corridas de toros, fútbol, boxeo, subvenciones discriminatorias desde el ministerio a cierto cine, teatro, música…-, he tenido que consultar el diccionario para ver la definición objetiva:
2. f. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.
3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.
Según esto, lo paranormal, que permite a muchos desarrollar su juicio crítico -y a otros terminar de perderlo-, y también forma parte de costumbres y conocimientos… Cae dentro de la definición, y, gramaticalmente, al menos, merece ser tratado como cultura.
El problema es el mísmo que con el teatro, por ejemplo. Si se reconoce el estudio de lo paranormal, ¿quién garantiza que no subvencionará los horóscopos de revista a costa de las investigaciones de astrología?. Después de todo, lo que interesa a los “intereses públicos o privados” es el aborregamiento del elector o consumidor. Personalmente, me gustaría que el estudio y difusión de lo paranormal fuera reconocido -y subvencionado- como expresión cultural, con la condición de que el ministro de cultura fuera Gustavo Fernández.” (Josep)

    “Yo no tengo ni la mas mínima duda de que lo paranormal forma parte de la cultura desde siempre. Es más. Uno de los aspectos más importantes que contribuyeron al  orden social desde los tiempos más lejanos ha estado basado en fenómenos de tipo paranormal, interpretados como fenómenos religiosos o que mas tarde fueron apropiados por la institucionalización de las diferentes “iglesias” como fenómenos religiosos.
Solo tomando al cristianismo, dejando de lado concientemente todas las otras expresiones religiosas de diferentes culturas de lado porque sería imposible para mí introducirme en tan complejo tema, y aun siendo absolutamente superficial en cuanto a el, pienso que tenemos una cantidad tan extraordinaria de hechos, que varios tomos de un exhaustivo tratado no alcanzarían a describir todo.
Recuerdo a Ignacio Darnaude Rojas cuando cuenta de que solo en España podrían cifrarse en  unas veinte mil las apariciones marianas.
Hoy tenemos cada vez mas claro que este tipo de fenómenos, junto al llamado fenómeno Ovni de nuestros días, no pueden disociarse de lo paranormal.
El folclore no solo europeo, está repleto de relatos en los que toman parte seres y cosas que vienen aparentemente de un mundo con  el que los humanos contactan esporádicamente. Estos seres y cosas se muestran siempre con características y por medio de “técnicas”, por llamarlo de algún modo, que pertenecen al “mundo” de lo paranormal.
La literatura (solo por dar un nombre muy conocido: Edgard Allan Poe), la pintura (solo como ejemplos: Jeroen van Aken, mas conocido como EL BOSCO, o Odilon Redon, mas cerca nuestro en el tiempo), la multitud de películas donde lo paranormal juega un rol preponderante, y un interminable etcétera, nos muestra que este tema es esencial en nuestra formación cultural.
Desde las pinturas rupestres a las maravillosas representaciones de seres fantásticos de todas las culturas antiguas, nos están hablando de un contacto asiduo y enriquecedor del ser humano con aquello que podríamos hoy denominar paranormal.
Yo tengo inclusive la tentación de decir que lo paranormal, junto al comercio, las artes en general, la filosofía y las ciencias, las guerras y los conflictos de todo tipo, las exploraciones y los descubrimientos, y otra vez, un largísimo etcétera, han ido formando lo que hoy podríamos denominar cultura humana, en constante crecimiento y expansión.” (Brel)

    “Obvio que “lo paranormal” es una expresión cultural en sí misma. Lo “paranormal” no existe en la Naturaleza. Es el Hombre en una cultura determinada la que decide designarlo así. Eso en sí mismo es cultura. La acción humana sobre la Naturaleza. Pongamos por ejemplo el “espiritismo” algunos lo llaman “ciencia” pero s inscriben en el registro de cultos… ¡típica expresión cultural! La idea misma de que existe un “mundo espiritual” es expresión cultural.” (Antonio Las Heras)

    “En mi modesta opinión, todo lo que suponga ofrecer una ampliación de la información al respecto de cualquier tema debería considerarse cultura, pues la expresión “cultura” en su significado literal, viene a decir lo que muy acertadamente se expone a continuación:
La cultura es el conjunto de todas las formas, los modelos o los patrones, explícitos o implícitos, a través de los cuales una sociedad regula el comportamiento de las personas que la conforman. Como tal incluye costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas de la manera de ser, vestimenta, religión, rituales, normas de comportamiento y sistemas de creencias. Desde otro punto de vista se puede decir que la cultura es toda la información y habilidades que posee el ser humano. El concepto de cultura es fundamental para las disciplinas que se encargan del estudio de la sociedad, en especial para la antropología y la sociología.
La Unesco, en 1982, declaró:
…que la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.
(UNESCO, 1982: Declaración de México). Por tanto, tratar los temas de tipo “paranormales” como parte de una cultura, creo que están dentro de lo social y éticamente aceptable.” (José Luis Giménez)

    “Hace tiempo que en mi cabeza ronda la idea, sobre todo vinculada a la astrología de que no hay que descartar ni dejar de lado el inmenso aporte cultural que la misma tiene, y valorizarla sobre todo, a partir de ser la manifestación de cientos, o miles de culturas vivas, extinguidas, cambiantes, dinámicas, existentes… es decir. La astrología, en si misma, tal vez como el tarot, y tantas otras formas de conocimiento no tradicionales son una inmensa manifestación cultural y un impresionante reservorio de cultura que debera ser descubierto por aquello que ahondan e investigan esas temáticas.
Hace tiempo que he dejado de lado las discusiones bizantinas sobre si la astrologia es ciencia o no lo es. Realmente, y vos lo sabes mejor que yo… a esta altura poco me interesa en la medida en que se que funciona.
Pero lo que no puedo dejar de observar es el enorme reservorio cultural que las tradiciones astrologicas tiene, y sostienen hasta el presente.
Le guste o no a la ciencia, le guste o no a las autoridades de cada lugar, le guste o no al establishment de cada ciudad, lo cierto es que un ejército cada vez mas numeroso de personas, consultan a tarotistas, astrologos, interpretes de todo tipo en busca de una respuesta. Es innegable que esto tambien es un hecho cultural. La cultura que se sobreponer sola y viva por encima de las opiniones y restricciones de cualquiera. La musica es cultura, y refleja las condiciones de cada region. La pintura es cultura, el arte en general es cultura, la historia, la literatura. Son todas expresiones de la gente. Y la astrología, sumado a lo paranormal es una expresion cultural de los pueblos, que como hecho historico debe ser rescatado.
A veces no entiendo por que causa en las escuelas no se enseña, ni siquiera se menciona la existencia de la astrologia, como un mero hecho cultural. Es la cultura que la cultura “oficial” esconde, mientras que la cultura popular rescata. Y la prueba es evidente.
Sin querer ofender a nadie, pero si tomamos a las religiones como un hecho cultural, que fuerza y que vigencia…. luego de miles de años, seguir sobreviviendo, pese a las criticas, los sinsabores, lo malo, lo negativo y todos los peros que uno quiera ponerle… pese a todo, sobrevive el hecho cultural.” (Néstor Echarte).

    Las reflexiones y observaciones de estos amigos (y su reiteraciòn por los demás mencionados ut supra) me exime de mayores comentarios: explícitamente, queda claro que si “cultura” es toda expresiòn sensible del ser humano que crea tendencias y define épocas, el fenómeno OVNI, los fenómenos parapsicológicos, la comunicaciòn con los espíritus son eventos culturales. Son cultura. Y de aquí en más, entonces y en tanto estos argumentos son irrefutables, es competencia de las autoridades culturales, de los organismos públicos de cultura reconocerle y darle a estas temáticas un espacio de expresiòn, tan lícito como el que ameritan, sólo para poner ejemplos, los difusores del conocimiento de los Pueblos Originarios, los poetas arrabaleros o el pop art. En efecto: cuando se genera un espacio para los primeros, nadie (cuando menos, públicamente) cuestiona sus creencias arcanas -aunque segurasmente no las practicaría- las respeta y, como tales, se permite su manifestaciòn. Nadie exige a los segundos ceñirse a las reglas de la Real Academia Española;se acepta ese “lunfardo”, ese “argot” o ese “cocknig” como expresiòn populñar y, por lo tanto, meritoria de manifestaciòn. Y a un responsable de las finanzas culturales puede no agradarle el tercero, pero sería discriminaciòn prohibirle el derecho de acceder a galerías, museos y cálogos.

    Por lo tanto, como expresiòn cultural, los investigadores/cultores/devotos/entusiastas del OVNI, los investigadores/protagonistas/fanáticos/creyentes en lo parapsicológico (y creen ustedes cuantas otras aglutinaciones conceptuales como éstas deseen) tenemos el mismo derecho a ser atendidos, recibidos, apoyados y subvencionados. Y en caso de ser descalificados o desmerecidos, a considerarnos agraviados por discriminaciòn cultural que, aunque resulte risueño, es un concepto plenamente aceptado en los estatutos, por ejemplo, del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminaciòn, de Argentina).

    El que avisa, no es traidor: comencé este artículo refiriendo que lo diferí tanto tiempo porque sabía que luego del mismo debería establecer un curso de acciòn y no lo tenía claro. Ahora sí: en los próximos meses, ya sea en soliterario o acompañado de quienes deseen hacerlo, comenzaré a reclamar a las autoridades competentes de mi país el espacio cultural que estas disciplinas se merecen. Y en caso de ser sistemáticamente “obviado”, a reclamar juídicamente por discriminaciòn cultural. Veremos qué pasa.
 

Gustavo Fernández
 

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Podcast AFR Nº 88: Los “Expedientes X” del Vaticano (primera parte)

Posted by Quique Marzo en 10-02-2012

Para escuchar, descargar y suscribirse al feed, pase por nuestro canal en iVoox. (Clic en la imagen)En esta primera parte, Gustavo Fernández nos introduce en algunos de los misterios que rodean al Vaticano:

  • El cronovisor.
  • Los archivos secretos.
  • La Sagrada Congregación para la Causa de los Santos.
  • La Institución de la Obra Religiosa y el Banco del Espíritu Santo.
  • La Congregación para la Doctrina de la Fe. La Santa Alianza. El Soladitum Pianum. El Rusicum.
  • La orden de los Jesuitas. Falun Dafa, Falun Gong. El Club Bilderberg.
  • El Derecho Canónico. La transmutación de la energía sexual en intelectual y espiritual.
  • La construcción de un Estado Jesuita independiente en América del Sur. El Rito Escocés masón. Los Caballeros de Colón.

Enlaces:

Escuche o descargue el podcast desde nuestro sitio en iVoox, o suscríbase al feed para enterarse al instante de la publicación de nuevos episodios.

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RADIÓNICA: LA CIENCIA DE LA MAGIA

Posted by Gustavo Fernández en 03-11-2011

En una encuesta (1) hemos podido observar un fenómeno aparentemente secundario pero a nuestro criterio importante para comprender el estancamiento de la evolución, si no técnica, cuanto menos mediática en el consenso popular sobre la Parapsicología. En esa oportunidad, se requirió a un alto número de interesados en estas disciplinas que otorgaran un puntaje a los temas que más les atraían. La lista era lo bastante completa, y los encuestados demostraron, en general, un alto nivel de compromiso y seriedad a la hora de encarar su afición a estas temáticas. Observábamos como, de hecho, la Parapsicología obtenía uno de los puntajes más altos en el interés colectivo, mientras que una rama específica de la misma, la Radiónica, apenas alcanzaba un 7 % de interés (contra el 94 % evidenciado por su ciencia-madre). Dado que esto se debería, lógicamente, más al desconocimiento que el público tiene sobre lo que la misma abarca que a una “indiferencia temática” de aquélla, he decidido escribir estas líneas, esperando que sean lo suficientemente ilustrativas como para incentivar al lector a profundizar en su conocimiento y –especialmente– práctica.

     Nunca insistiremos lo suficiente en señalar que lo que el común de la gente llama “parapsicología”, poco tiene que ver con lo que originalmente (cuando Max Dressoir instituyó el término allá por 1892) significaba, así como la Parapsicología de Rhine (2) pocas correspondencias tiene con lo que hoy hacemos los parapsicólogos. Reconocer esta situación es fundamental, no sólo a la hora de tener un panorama más completo de los alcances de esta apasionante y polémica disciplina (ya veremos por qué no sé si decir “ciencia”) sino para comprender las múltiples contradicciones y el lento desenvolvimiento institucional y social de la misma.

 Lo paranormal no es lo parapsicológico

    En general se suele emplea la expresión “fenómenos paranormales”, como sinónimo de “fenómenos parapsicológicos”. Ocurre, sin embargo, que si bien uno de esos términos engloba al otro, no funciona la expresión a la recíproca. Podemos enunciarlo diciendo: “Todo fenómeno parapsicológico es paranormal, pero no todo fenómeno paranormal es parapsicológico”.

Fenómenos como la telepatía, la clarividencia, la telekinesis, son “parapsicológicos” (producidos por la psiquis, pertenecen a un campo de estudio ajeno a la psicología ordinaria) y también “paranormales” (3). La energía de las pirámides (que investiga y aplica también el parapsicólogo) es “paranormal”, en tanto y en cuanto no corresponde al campo de las energías conocidas por la Física, pero no es “parapsicológica”, porque ni es producida por la mente, ni depende del hecho que el experimentador a priori “crea” o no en la producción del fenómeno, e incluso ni siquiera sea conciente que el mismo se está llevando a cabo.

En consecuencia, graficaríamos esto diciendo que existe un gran conjunto A de fenómenos paranormales, dentro del cual se encuentra un subconjunto B de fenómenos parapsicológicos. Así, un experimento de premonición es parapsicológico y, por carácter transitivo, también paranormal. En el gráfico de marras, estaría ubicado dentro del subconjunto B y, por consiguiente, también sería parte integrante del A. Pero la energía piramidal, el comportamiento de los chakras, las radiaciones telúricas nocivas y tantos otros, como existen por fuera de lo mental, estarían, sí, en el conjunto A, pero no en el B.

Desde los tiempos heroicos de las investigaciones mediumnímicas en sesiones espiritistas, pasando por las cuantificaciones estadísticas de Rhine, Pratt, Schrenck-Notzing y tantos otros, hasta la actualidad, lo que llamamos “parapsicología” se ha transformado en el cul de sac de todo lo que es mirado con ojeriza por la ciencia académica. Así, terrenos tan “paranormales” pero no “parapsicológicos” como el de las formas generadoras de energía, el de los vórtices energéticos geográficos y el de la existencia de un “campo bioplasmático” o “campo bioenergético” cuyo excedente físico llamamos “aura” (y cuya existencia, si bien condicionada por la mente, no es de la misma naturaleza) fueron progresivamente absorbidos por la literatura y los estudiosos de lo parapsicológico, hasta llegar a ser herramienta cotidiana de sus terapias y procederes. Hoy, sería impensable imaginar un parapsicólogo que no trabajara con los centros energéticos, o, como ya dije, con pirámides, pese a que, a fuerza de ser precisos, eso ya no sería parapsicología.

¿Y entonces qué hacemos?

La idea puntual sobre la que estamos trabajando es, entonces, que el término “Parapsicología” ya nos resulta estrecho para definir nuestros contenidos. Se hacía imperativa la adopción de una nueva terminología, y esa es precisamente “Radiónica”.

Podemos definir a la Radiónica como “la disciplina que estudia y aplica las interacciones energéticas no físicas entre el ser humano y el Cosmos”. Definición que puede parecer muy amplia –tal vez demasiado amplia– tan amplia como de por sí es un inagotable terreno de trabajo. Las energías cósmicas que sospechamos acumuladas en el interior de las pirámides, el huevo de energía que nos rodea constantemente absorbiendo y emitiendo en relación a los otros campos de energía, los cruces de napas de agua que generan flujos perjudiciales en vertical para los organismos vivos de superficie, las condensaciones energéticas propias de monumentos sagrados o edificios religiosos erigidos o construidos ad hoc, las vibraciones macrocósmicas del universo interactuando con el microcosmos del ser humano, los efectos de piedras preciosas y semipreciosas fragancias o sonidos sobre el cuerpo y la mente y un interminable etcétera serán objeto de sus desvelos. Y en una segunda instancia, su aporte es el descubrimiento de objetos o formas capaces de acumular, amplificar y dirigir, precisamente, esas energías.

La “energía de las formas”

    No abundaré aquí sobre la naturaleza y múltiples aplicaciones de las réplicas a escala de la Gran Pirámide de Keops (4). Tan sólo baste señalar que existe un hecho irrebatible: construido un objeto de forma piramidal respetando ciertas proporciones, materiales y orientación, se genera en su interior una cierta “energía” (empleamos este término por carencia de algún otro más feliz, si bien no cumple con las condiciones de todas las energías físicas, no siendo siquiera detectable por los instrumentos normales de medición) con efectos diversos. Un objeto que no cumpla esos requisitos no producirá ninguna consecuencia, y, como ya señalé, no depende de la “creencia” o “sugestión” previa del experimentador que el fenómeno se manifieste o no. He aquí una energía que no se comporta como otras que conocemos, que no es registrable, y que sólo se materializa cuando construímos objetos de una “forma” (debería decir “una topología”) determinada. No sabemos qué es, aunque sospechamos que sólo es una densificación particular de las energías cósmicas. Y a falta de mejor definición, la llamamos “energía de las formas”.

    No sólo la produce la pirámide; hemisferas, conos, helicoides desarrollables y hasta dibujos (sí, simples dibujos) dan cuenta de ella, siempre y cuando se respeten determinadas concepciones, en buena parte asociadas a la numerología históricamente sagrada. A fin de cuentas, un dibujo es una forma de dos dimensiones, de donde podemos suponer que los amuletos y talismanes, desde tiempos inmemoriales masivamente usados por la humanidad pero ridiculizados por la intelectualidad científica, no actúan por ser meros mecanismos “mágicos” sino porque, tomando en consideración el momento de fabricación, los elementos empleados y los diseños sobre ellos trazados, se transforman en condensadores de esa energía cósmica, como acumuladores de energía de las formas, claro que un tanto “ersatz”.

“Tecnificando” la magia

    Lo apasionante de este campo es que, por un lado, abre inconmensurables expectativas en el terreno de las aplicaciones sobre las problemáticas particulares del individuo. Además, brinda un marco comprensible (de cara al paradigma cientificista dominante de nuestra época) a rituales y liturgias secularmente consideradas, dije, “mágicas”, pero no en la acepción correcta del término, sino como deplorable sinónimo de “superstición”(5). A fin de cuentas, creo personalmente que la magia es al Ocultismo lo que la técnica es a la ciencia: la expresión práctica de sus enunciados teóricos. Y aquí se nos presenta un dilema.

 

Un difícil equilibrio

    Sin ánimo de ofender, debo decir que me resultan graciosamente patéticos los esfuerzos de muchos de mis colegas por obtener una “acreditación académica” de la Parapsicología. Hablan de “ciencia parapsicológica”, de innúmeros proyectos de ley para la reglamentación oficial de la misma, de titulaciones y doctorados, de investigaciones empíricas de laboratorio… Pero sospecho, debo admitir que con escepticismo, que tal “blanqueo” de la Parapsicología nunca ocurrirá y, quizás, lo mejor que podría pasarle a la misma es que nunca ocurra. Y me explico.

    Tal cual actúa el pensamiento científico, sólo un estrecho porcentaje del “corpus” de trabajo de la Parapsicología podría superar las exigencias universitarias; concretamente, aquella Parapsicología de los años ’30 y ’40, de cartas Zenner y experimentos de laboratorio, circunscriptas exclusivamente al estudio de los fenómenos “subjetivos” (telepatía, clarividencia, precognición) y “objetivos” (telekinesis, hiloclastia, aporte, termogénesis…). Disciplinas que dependen de factores tan inasibles como el trabajo espiritual del practicante, el Tarot, las runas, las sanaciones psíquicas (además de ser resistidas por las corporaciones médicas celosas de todo intrusionismo avalado por una jerarquización académica de las mismas) siempre quedarán fuera de las Universidades. Y, precisamente, lo que quedaría fuera de aquéllas es precisamente lo que la gente busca en nosotros. Ningún consultante –salvo escasísimas excepciones–acude a un parapsicólogo para que éste determine estadísticamente su índice de telepatía. Acuden con problemas cotidianos que requieren soluciones urgentes, y exigen diagnósticos de cara al futuro. Buscan la tirada de Tarot, el trabajo del péndulo, la armonización de su aura o de su vivienda. De resultas de lo cual, si se academizara la Parapsicología en los términos que la Ciencia dicta (y no la estoy defendiendo: sólo señalo que si queremos entrar en la Universidad debemos aceptar las reglas del juego que se nos imponen) quedaríamos excluidos de poder practicar aquello que hace a nuestra razón de ser, hoy por hoy. Porque por más que la mona se vista de seda, no sólo en mona se queda, sino que además resulta francamente ridícula. Ya que la tan cacareada “parapsicología científica” no existe: sus temáticas, técnicas y especulaciones son sólo un aggiornamiento de las milenarias enseñanzas ocultistas. Lo que el mago buscaba a través de los talismanes, hoy lo producimos con nuestros aparatos radiónicos; lo que antes se llamaba “profecías” hoy pueden denominarse “precogniciones”; la “magia mental” de Eliphas Levi está en un todo de acuerdo con el Control Mental y, sobre todo, no puede comprenderse por qué actúan las técnicas parapsicológicas si no se comprenden los principios filosóficos del Esoterismo.

 

A cortarse un dedo, se ha dicho

    Más allá de enjundiosas parrafadas que sólo alertagan los oídos de los novatos, muchos intentos explicativos del “porqué” de ciertos fenómenos parapsicológicos no resultan probables en absoluto. Nada, por ejemplo, parece más “anticientífico” que creer que con la foto o un mechón de pelo de alguien puede actuarse sobre él. Pero, de hecho, esto forma parte del arsenal –en ocasiones terapéutico– de cualquier parapsicólogo. Trabajando sobre lo que llamamos “muestras-testigo” (esa foto o mechón de cabello) algo “pasa” con su propietario. Funciona. Pero ninguna explicación resulta convincente.

    ¿Ninguna?.

Bien, si se animan a este experimento, quizás les depare una sorpresa.

    Supongamos que en casa alguien se lastima, se corta, pierde sangre en cualquier accidente hogareño. Tenga preparada una bolsita con sulfato de cobre (unas piedritas color verde azuladas que, entre otros usos, se emplean para clorificar piscinas de natación) y rápidamente diluyan en un vaso lleno de agua el mismo hasta el punto de saturación, es decir, cuando por más que sigan agregando sulfato de cobre éste no se disuelve más, o, por lo menos, cuatro o cinco cucharadas soperas colmadas. Entonces introduzcan en él un trocito de algodón sucio de la sangre del herido, dejándolo allí. Atención: no se trata de mojar la herida con la solución del sulfato, ya que (a) si bien observarían efectos cicatrizantes, aquí la acción sería comúnmente química –es el principio de las sulfamidas– y no esotérico, que es lo que tratamos de probar, y (b) el ardor subsiguiente en la herida haría que la víctima recordara el árbol genealógico del frustrado enfermero hasta la octava generación.

    Observaremos entonces un hecho fascinante: sin ningún tipo de acción química en contacto con la herida, ésta cicatrizará varias veces más rápido de lo que haría cualquier compuesto medicinal aplicado directamente sobre aquélla, actuando a distancia. Tan es así, que aunque se pongan centenares de kilómetros entre el herido y su “muestra testigo” sumergida en la dilución, seguirá actuando, y aun lo hará aunque el sujeto del experimento nada sepa del mismo o no crea en él, lo que invalida la hipótesis de la sugestión. Personalmente, además de haberlo empleado numerosas veces, cuento con el testimonio de un odontólogo especializado en cirugía maxilofacial y otro profesional de la salud, urólogo y cirujano, que desde hace años y por mi recomendación vienen empleándolo con éxito en sus intervenciones quirúrgicas. Es tanto como afirmar que la acción (química o energética, lo mismo da) sobre la muestra de sangre se copia, se duplica en el original del cual proviene porque, obviamente, la parte del todo (la muestra de sangre) refleja al Todo del cual fue obtenida.

    Este ejemplo funciona, yo diría con más asiduidad de lo que habitualmente podemos esperar de las sustancias comúnmente recomendadas por la ciencia médica. Pero, ¿cómo explicarla?. Sólo hay una forma, y es acudiendo a uno de los Principios Fundamentales del Universo, la Ley de Correspondencia, un concepto ignorado por la ciencia materialista –y, por extensión, por los parapsicólogos que tratan de atrincherarse en un cierto cientificismo– pero conocido y transmitido por el Ocultismo desde tiempos milenarios

La Ley de correspondencia

    Tres mil doscientos años antes de Cristo, según cuentan los antiguos relatos egipcios, finalizó el reinado de dioses y semidioses sobre la Tierra. En el valle del Alto Nilo un rey de pastores, Menes, ascendió en ese entonces al faraonato con el título de Menes I, El Tinita (por ser oriundo de la ciudad de Thinis).
    Menes desarrolló, en su prolongado reinado, una vasta tarea de conquista y culturalización para sacar a su pueblo de la condición pastoril y agrícola que hasta entonces lo caracterizaba. Hizo contratar especialistas en las más variadas disciplinas provenientes de los más alejados puntos del mundo conocido y, muy especialmente, agregó a su corte a un sabio caldeo, arquitecto, médico, astrónomo y –lógicamente para ese entonces– mago, conocido como Toth. Hasta avanzada su ancianidad, Toth se dedicó a volcar sus conocimientos en diversos libros, algunos perdidos para siempre, otros conservados fragmentariamente como el llamado “Libro de Toth”, compendio de Teurgia o Alta Magia Blanca del que sólo sobrevivieron a la primera de las siete destrucciones de la Biblioteca de Alejandría sus láminas ilustrativas, exactamente setenta y ocho, y que conformaron al paso del tiempo la baraja del Tarot o, en egipcio, “tarah ha’ Toth” (de donde por deformación proviene el vocablo “Tarot”) y la “Tábula Esmeragdina”, o “Tabla de Esmeralda”, una sucesión de aforismos que guardaban memoria del conocimiento filosófico de los contemporáneos de este Toth que, al morir, fue elevado a la categoría de dios –apoteosis común en esos tiempos– e, incluso, adoptado tardíamente por los griegos con el nombre de Hermes Trimegisto (“el tres veces grande”). Precisamente, lo de “filosofía hermética” proviene de su nombre helenizado.
    El primer aforismo de la “Tabla de Esmeralda” expresaba el Principio de Correspondencia, que enseguida explicaremos, con estas palabras: “Es verdad, muy cierto y verdadero, que lo que es arriba es como lo que es abajo, y lo que es abajo es como lo que es arriba, para hacer el milagro de una sola gran cosa bajo el Sol”. En otros términos, la total identificación entre lo macrocósmicamente grande y lo microcósmicamente pequeño.
    La estructura de un átomo es, microcósmicamente, como el Sistema Solar macrocósmico que lo contiene. La parte del todo refleja el Todo. Un ser humano es 70% agua y 30 % materia sólida y vive, casualmente, en un planeta que es 70 % agua y 30 % materia sólida. Además, su sangre tiene exactamente la misma proporción de sal que la del agua del planeta. El iris de una persona permite conocer el funcionamiento de todo su organismo porque, como siempre, la parte de un Todo refleja ese Todo. Una carta natal astrológica resume en su microcosmos, el macrocosmos de la vida y la personalidad del sujeto al que pertenece. Las líneas de mi mano reflejan mi personalidad y mi vida también, pues mi mano, como parte de un Todo integrado por mí y por mi devenir, refleja el Todo. Una persona carismática y de fuerte carácter concita a su alrededor a las personas de temperamento más débil, que imitan sus poses, su manera de ser y tratan de vivir en función de aquél, lo que llamaríamos una conducta heliocéntrica, donde hasta “la luz del Sol” (y recordemos que en Astrología el Sol significa la personalidad manifestada) es “reflejada” por quienes giren a su alrededor, actuando microcósmicamente como un sistema planetario lo hace macrocósmicamente.
    En Matemáticas es conocida una curiosidad llamada serie de Fibonacci, planteada por el sabio homónimo, donde cada número resulta de la suma de los dos anteriores. Tal el caso de la secuencia 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89… etc. Pues bien, una figura que se repite en la naturaleza universal es la espiral de Fibonacci, donde cada una de las espiras (vueltas) se distancia de la anterior de acuerdo a esa progresión numérica. Esto es tan así, que lo encontramos desde la espiral macrocósmica de una galaxia, hasta en la microcósmica de un caracol e, incluso, si toman ustedes un repollo colorado y lo cortan transversalmente, comprobarán que no sólo su disposición es en espiral sino que respeta la serie de Fibonacci.

 

Una cuestión de marketing

    Por todo esto es que afirmo que la Radiónica es la ciencia de la magia. Y hacia ella, si les parece bien, dirigiremos nuestros pasos en próximos artículos, donde expondremos y explicaremos el uso de diversos aparatos acumuladores y moduladores de esas energías, muchos de los cuales podrán ustedes construir sobre la mesa de la cocina en algunos momentos libres. Luego cabe preguntarse: ¿por qué, entonces, hablamos tanto de “Parapsicología” y no de “Radiónica”, u organizamos cursos de la primera y no los anunciamos como lo que, en definitiva, realmente son, lo segundo?. Es por una cuestión de imagen, si así lo quieren: si anunciamos una conferencia de Radiónica, sólo un grupo reducidísimo acudirá: la mayoría de los potenciales interesados pensará que hablaremos sobre Rayos X o programas de radio. En cambio, empleando el caduco y limitado término de “Parapsicología”, el público cuanto menos tiene una idea sobre lo que referirá la cosa.

(1)   Realizada a 138 miembros suscriptores de la revista electrónica “Al Filo de la Realidad”, agosto de 2000.

(2)   Joseph Banks Rhine, biólogo norteamericano, creó, en las instalaciones de la Universidad de Duke, el primer laboratorio de investigación estadístico-matemática de los fenómenos parapsicológicos.

(3)   Esto implica entender, primero, qué comprendemos por “normalidad”. A los fines científicos, existen dos clases de normalidad, la biológica y la estadística. Y no son necesariamente correspondientes. Por ejemplo, es normal estadísticamente hablando resfriarse en invierno, pero no es normal biológicamente, ya que implica una pérdida del estado de equilibrio. En un sentido más amplio, aquí aplicamos la expresión “normalidad” a lo habitualmente aceptado en los claustros científicos y universitarios.

(4)   Mayores precisiones sobre su empleo pueden hallarse en mi libro “El correcto uso del péndulo y la pirámide”, Editorial 7 Llaves, Buenos Aires, Argentina, 1999.

(5)   No me molestaría demasiado, de todas formas, que lo mío sea considerado superstición si de un sentido etimológico estamos hablando. En efecto, “superstición” proviene de “supérstite”: “lo que sobrevive”. Lo que sobrevive de un conocimiento perdido en la Antigüedad.

 

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Podcast AFR Nº 78: Psicología Junguiana

Posted by Quique Marzo en 01-08-2011

Para escuchar, descargar y suscribirse al feed, pase por nuestro canal en iVoox. (Clic en la imagen)¿Quién fue Carl Gustav Jung? ¿Qué aportes hizo a la ciencia para comprender las paraciencias?

Con la conducción de Gustavo Fernández.

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Podcast AFR Nº 70: Capilla del Monte: enigmas y leyendas

Posted by Quique Marzo en 12-03-2011

Capilla del Monte (provincia de Córdoba, Argentina): ¿Un portal a otras dimensiones? ¿Un folclore en gestación? Sorprendentes anécdotas sucedidas en las cercanías del mítico Cerro Uritorco.

Narradas por: Gustavo Fernández.

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