AL FILO DE LA REALIDAD .com.ar

Ovnis, Civilizaciones Desaparecidas, Parapsicología y Esoterismo.

Posts Tagged ‘ocultismo’

Podcast AFR Nº 176: El Vuelo Chamánico

Posted by Quique Marzo en 28-11-2016

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

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En este episodio de Al Filo de la Realidad…

  • Reflexionando acerca de la naturaleza de los OVNIs y otros fenómenos extraños. Nuevos abordajes para llegar al conocimiento. ¿Cómo definimos al chamanismo? Fenómenos “parapsicológicos”. Academicismo y cientificismo. La ensoñación chamánica. Los refutadores. La montaña. El plano astral. Los pasos del trabajo chamánico.
  • Respondiendo a los podescuchas y adelantos de los próximos dos podcasts.
  • Relacionado: Podcast AFR Nº 71: Fundamentos científicos del Ocultismo

 

Para escuchar en línea, dejar comentarios o DESCARGAR el audio en formato mp3, diríjase a NUESTRO SITIO EN IVOOX

Más opciones (email, RSS, iTunes) en: http://www.ivoox.com/s_p2_3844_1.html

También puede descargar el podcast “Al Filo de la Realidad” directamente a su teléfono móvil suscribiéndose (gratis) desde la app de iVoox –para iOS y Android– (consígala a pie de página en: www.ivoox.com).

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RECORDATORIO: Cursada a distancia 2015 Profesorado en Parapsicología Aplicada

Posted by Gustavo Fernández en 25-12-2014

Estimados amigos:

Tal como prometimos, estamos llegando a ustedes con toda la info sobre esta ediciòn del PROFESORADO EN PARAPSICOLOGÍA APLICADA

Con el exclusivo aval legal del Centro de Armonización Integral, entidad inscripta en la Superintendencia de Enseñanza Privada dependiente del Ministerio de Educación de la República Argentina.

El envío de lecciones comenzará (según el método de pago elegido, todo el material en un sólo envío, o desde 2 a 12 envíos mensuales) a partir del próximo 26 de enero de 2015. El tutorial, seguimiento, respuesta de dudas y consultas las efectuará directamente su profesor, nuestro Director Gustavo Fernández. La duración del curso será proporcional a la modalidad de pago adoptada (por ejemplo, quienes lo adquieran de contado lo recibirán en un solo envío, en dos, el 50 % de las lecciones contra cada pago, y así sucesivamente) y al finalizar la remesa de las mismas se distribuirá una evaluación escrita. Esta podrá ser solicitada en cualquier momento por el alumno, ya sea apenas reciba todas las lecciones o en cualquier momento subsiguiente, sin límite de tiempo. Respondida la misma a satisfacción se remitirán los Certificados correspondientes (diez, uno por materia), el Diploma de Profesor/a, El envío de certificados es sin cargo por correo electrónico, y si se desean por vía postal se cobrará un cargo de $ 600 seiscientos pesos argentinos) o U$S 150 (ciento cincuenta dólares) para impresión y envío certificado.

A cada inscripto se le enviará una copia digital del libro “Normas Jurídicas para el Ejercicio legal de la Parapsicología”

Inscripción: Enviar un mail a caintegral@yahoo.com.ar con nombre completo, fecha de nacimiento, domicilio y teléfono (datos estrictamente confidenciales y sólo para nuestro Fichero de Alumnos) indicando la modalidad de pago adoptada y los datos del pago (o primer pago) como Número de Depósito o de Transferencia, nombre completo del remitente y localidad desde donde se hace.
Llamado a primera inscripciòn (aranceles promocionales -se respetan los de 2014- ):
Fecha límite de inscripción: martes 30 de diciembre de 2014

Llamado a segunda inscripciòn (con aranceles actualizados a 2015):

Fecha límite: viernes 23 de enero de 2015
Temario
Ámbito profesional del Profesor en Parapsicología

Ante la desmesurada proliferación de pseudos parapsicólogos (en realidad, oportunistas escudados detrás de un título llamativo), un Profesor en Parapsicología cuenta con una extensa preparación, además del apoyo y seguimiento de sus profesores del C.A.I., habilitándosele para:

Atender consultas personales en el específico ámbito de su competencia profesional.
Asesoramiento y orientación comercial y empresarial.
Dictado de cursos sobre todas las disciplinas de su conocimiento.

Estructura del curso
Ciento cincuenta lecciones, una evaluación final escrita y la entrega de diez certificados (uno por materia), un Diploma y una matrícula de acreditación.

Materias:

– ELEMENTOS DE PARAPSICOLOGÍA APLICADA

– INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA Y PRÁCTICA DEL ESOTERISMO

– CONTROL MENTAL ORIENTAL

– AUTODEFENSA PSÍQUICA

– TAROT ESOTÉRICO

– RADIÓNICA

– BIOENERGÉTICA

– ELEMENTOS DE PSICOLOGÍA Y PSICOPATOLOGÍA

– RADIESTESIA

– CLÍNICA PARAPSICOLÓGICA
(155 Lecciones. Si se imprimen, 1.500 páginas).

Sólo algunas imágenes y referencias al contenido:

energíaLA “ENERGÍA DE LAS FORMAS”
No abundaré aquí sobre la naturaleza y múltiples aplicaciones de las réplicas a escala de la Gran Pirámide de Keops (Mayores precisiones sobre su empleo pueden hallarse en mi libro “El correcto uso del péndulo y la pirámide”, Editorial 7 Llaves, buenos Aires, Argentina, 1999.). Tan sólo baste señalar que existe un hecho irrebatible: construido un objeto de forma piramidal respetando ciertas proporciones, materiales y orientación, se genera en su interior una cierta “energía” (empleamos este término por carencia de algún otro más feliz, si bien no cumple con las condiciones de todas las energías físicas, no siendo siquiera detectable por los instrumentos normales de medición) con efectos diversos. Un objeto que no cumpla esos requisitos no producirá ninguna consecuencia, y, como ya señalé, no depende de la “creencia” o “sugestión” previa del experimentador que el fenómeno se manifieste o no. He aquí una energía que no se comporta como otras que conocemos, que no es registrable, y que sólo se materializa cuando construímos objetos de una “forma” (debería decir “una topología”) determinada. No sabemos qué es, aunque sospechamos que sólo es una densificación particular de las energías cósmicas. Y a falta de mejor definición, la llamamos “energía de las formas”.

No sólo la produce la pirámide; hemisferas, conos, helicoides desarrollables y hasta dibujos (sí, simples dibujos) dan cuenta de ella, siempre y cuando se respeten determinadas concepciones, en buena parte asociadas a la numerología históricamente sagrada. A fin de cuentas, un dibujo es una forma de dos dimensiones, de donde podemos suponer que los amuletos y talismanes, desde tiempos inmemoriales masivamente usados por la humanidad pero ridiculizados por la intelectualidad científica, no actúan por ser meros mecanismos “mágicos” sino porque, tomando en consideración el momento de fabricación, los elementos empleados y los diseños sobre ellos trazados, se transforman en condensadores de esa energía cósmica, como acumuladores de energía de las formas, claro que un tanto “ersatz”.

Bomba C-30RADIÓNICA. Es la materia de Parapsicología que enseña a construir y aplicar equipos “caseros” para acumular y dirigir energía cósmica, psíquica, etc. En la foto, la llamada “Bomba C30” que de explosivo, nada: su fin es energetizar medicamentos que se colocan en su ámbito de influencia.

 

 

KirlianCONSTRUYE TU PROPIA CÁMARA KIRLIAN. Como ya es popular, la “cámara Kirlian” permite fotografiar el aura. Pero su precio suele ser prohibitivo, ya que pocas firmas, en el mundo, la fabrican. En este curso te enseñaremos cómo construir tu propio equipo, con un costo mínimo y algunas habilidades (o puedes encargárselo a cualquier técnico conocido).
TarotPOR SUPUESTO, TAMBIÉN TAROT. Si bien el Centro de Armonizaciòn Integral tiene formaciones más amplias, este curso incluye como materia el Nivel Básico de Tarot Marsellés, para entrenar al alumno en esta maravillosa vía de conocimiento.
 

 

 

CeremoniaY aplicando los contenidos de “Introducciòn a la Filosofía y Práctica del Esoterismo” en una ceremonia las prácticas compartidas en confraternización.
 

 

 

BiogeneradorBIOGENERADOR PSICOTRÓNICO, desarrollado en Radiònica por Wilhem Reich, que se enseña a preparar para proteger las viviendas de Radiaciones Telúricas Nocivas.
 

 

CeromanciaLA CEROMANCIA -como parte de la materia “Introducciòn a la Filosofía y Práctica del Esoterismo”, sus fundamentos lógicos, metafísicos y aplicaciones prácticas, es otro de los temas ampliamente desarrollados en este curso. (En la foto, residuo ceromántico de la práctica de un alumno)
 

 

RadiestesiaRADIESTESIA. El uso de distintos tipos de péndulos, varillas (“dualrods”) y “aurámetro” también es contenido temático de este curso.
 

 

 

PirámidesOTRO DE LOS TEMAS DE SIGNIFICATIVA IMPORTANCIA EN ESTE CURSO: el empleo de pirámides a escala y su energía.
 

RadiónicaRADIÓNICA (II): el “oscilador Lakhowsky”, para drenar energías negativas. También es parte de la materia homónima (“Radiònica”) cuyo demás contenido invitamos a ver en la “info” ubicada en la página principal de este evento.
 

 

 

AngelologíaSERES ESPIRITUALES, ÁNGELES, GENIOS PLANETARIOS y otras entidades de los planos sutiles también son estudiadas en este Curso; sus relaciones astrológicas, invocaciones, efectos en nuestra vida, fundamentaciòn de su existencia, categorías, etc.

 

 

 

 

 
ARANCELES

Inscripción HASTA el 31 de diciembre de 2014:
Se mantienen las tarifas de este año:

Arancel en Pesos: $ 2.500 (ó 2 pagos de $ 1.300; 3 pagos de $ 900; 4 pagos de $ 700; 6 pagos de $ 500; 12 pagos de $ 350).

Arancel en Dólares: U$S 550.

DESDE el 1 de enero de 2015 hasta el inicio del curso:

$ 3.500 (o 2 pagos de $ 1.850; o 3 pagos de $ 1.300 , o 4 pagos de $ 1.000; o 6 pagos de $ 700; o 12 pagos de $ 500)

Arancel en dólares:
1 pago de u$s 650; o 2 pagos de u$s 350; o 4 pagos de u$s 200; o 6 pagos de u$s 150

DISTIRBUCIÓN DE LECCIONES: comienza el 26 de enero de 2015

FORMAS DE PAGO

Importante: Obsérvese que en algunas modalidades el costo para Argentina es inferior a la conversión de moneda extranjera; esto se debe a que, en esoscasos, bonificamos a los estudiantes locales.

Sólo para Argentina:

Mediante depósito en:
Banco de la Nación Argentina
Caja de Ahorro Nº 2650-3907270516 (Sr. Alberto Enrique Marzo)
Transferencia electrónica:
CBU: 01103906 – 30039072705165
CUIL: 20-21512438/0
(notificar por este medio, junto con sus datos personales, el número de depósito).

O bien:

Mariela Ester Astrada
Caja de Ahorro BERSA
Nro cta 001-428238/5
CBU: 3860001003000042823857
CUIL: 27-18243822-2

Desde fuera de Argentina:

Por Western Union a:

Apellido: Fernández
Nombres: Gustavo Mario

9 de Julio 162, 6ºD
3100 Paraná
Pcia de Entre Ríos
Argentina

(No olvidar remitir por correo electrónico el número de transferencia otorgado en la operación, así como nombre completo de remitente y localidad, datos sin los cuales es imposible el cobro).Saludos cordiales.
El Equipo de AFR

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Podcast AFR Nº 139: Fútbol y Esoterismo

Posted by Quique Marzo en 11-12-2014

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

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Nuevamente con ustedes Gustavo Fernández en el podcast de Al Filo de la Realidad… ¡y un partido de fútbol con alargue! 🙂

  • Respondiendo a los podescuchas:
    – Islas Malvinas. Cataluña y España, Tíbet y China. El progreso y el retroceso. La especulación versus la demostración. La crítica sana.
    – ¿Cristobal Colón fue catalán?
    Video relacionado: Cristobal Colón era catalán.
    – La supuesta “no” muerte de Hitler y su presencia (junto a otros jerarcas nazis) en Argentina.
    – Los malones (de indígenas) y las malocas (de las milicias criollas).
  • Fútbol y Esoterismo. Los Masones. El conocimiento esotérico y el exotérico. Correspondencias entre el fútbol y el Tarot (gracias a las investigaciones del colombiano Carlos Rodríguez). La manipulación colectiva. El individuo y la masa. Correspondencias con el campo de juego.

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Podcast AFR Nº 121: Secretos esotéricos del Nazismo

Posted by Quique Marzo en 27-09-2013

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

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Otro episodio de “Al Filo de la Realidad”, en la voz de Gustavo Fernández, y estos temas:

  • Volvemos después de un mes de nuestro último podcast. ¿Nos alcanzó la maldición de la Caverna de Los Tayos?
  • Murió la astróloga húngara Lilly Süllos. Su relación con el tema anterior.
  • Los secretos esotéricos del nazismo. La censura. Los Illuminati. ¿Hubo fuerzas o ufonazi1entidades no humanas, espirituales, que no son de este mundo, detrás de los nazis? La necesidad de los Aliados de exterminar a las SS, los “magos” del nazismo. Los platos voladores nazis. George Adamski. Expediciones alemanas a la Antártida. La expedición del Almirante Byrd. ¿Se suicidó Hitler en el búnker o se lo ufonazi2vio en Argentina? La Golden Down. La Sociedad Thule en busca del Vril. ¿Los Illuminati usaron a los nazis? Rudolph Hess. Dunquerque. Y otras consideraciones.ufo_george_adamski_1_

Enlaces:

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NAZIS A LA CAZA DEL GRIAL EN ARGENTINA

Posted by Gustavo Fernández en 23-06-2012

Nota introductoria: Originalmente, este trabajo es del año 2004. Lo republicamos en esta ocasiòn porque entronca directamente con nuestra investigaciòn sobre Templarios y el Santo Grial en España y Francia, siendo necesario, para quienes ya lo conocían, repasar algunos conceptos, y para lectores recientemente llegados, interiorizarse a fin de una mejor comprensiòn del contexto global de la investigación.

Toda luz existe siempre y cuando en algún lugar se produzca una sombra. Pero podríamos invertir los términos de la ecuación y sostener que, si algún lugar es cubierto con una sombra, es porque desde otra parte hay una luz que la produce. Y así podríamos liberar nuestra conciencia, amante de las bellezas paisajísticas y energéticas del Valle de Punilla, en la provincia de Córdoba, Argentina, del escozor percibido cuando comenzamos a profundizar algunos enigmas de la región.

         Trashumantes inveterados, exploradores de lo misterioso que jalona la ya mítica Capilla del Monte, San Marcos Sierras, Ongamira, Los Terrones, Los Gigantes y tantas otras bucólicas localidades adormecidas sobre las faldas de los cerros, nuestro deambular profesional nos ha llevado a convivir durante largas y enriquecedoras jornadas con los habitantes de la zona. Así, invertimos los ocios sobrantes no solamente en gastar suelas recorriendo las bellezas de la región, sino conociendo sus “otras” historias, celosamente eclipsadas por el piadoso manto de la vergüenza o el temor. Y en largas semanas de tales menesteres, comenzamos a descorrer el velo de relatos que merecen ser conocidos y compartidos desde estas páginas.

         No es ninguna novedad que desde antes –y más acentuadamente después- de la Segunda Guerra Mundial la zona, junto con la paradisíaca San Carlos de Bariloche, en el sur argentino, fue elegida por una colonia de inmigrantes alemanes para establecer sus vidas. La mayoría de ellos laboriosos trabajadores que contribuyeron, y siguen haciéndolo, a una Argentina merecedora quizás de mejores destinos. Pero otros –y a ellos se refiere este trabajo- fueron y son, como sus adláteres locales, oscuros sicarios de una esotérica historia.

         Nadie, tampoco, ignora la pasión que el Ocultismo –o, deberíamos precisar, un ocultismo de negras raíces- despertó en los jerarcas y subalternos del nazismo. Sus estandartes, sus proclamas y cosmogonías están plagadas de referencias y connotaciones que remiten a una extraña y mítica edad de dominaciones arias –como si “arios” fueran únicamente los germanos- intentos de conquistar el Cielo por asalto, alianzas entre poderes espirituales en las sombras e instituciones terrenales, armas consagradas en rituales sangrientos. Y quienes con una sonrisa socarrona arguyan que ello poco le sirvió a Hitler para la victoria, ignoran peligrosamente lo cerca que estuvieron de la misma, y las no menos poderosas fuerzas que, desde el bando aliado, se pusieron en juego para contrarrestarlas. Algún día, espero, se escribirá sobre este lado cuidadosamente ignorado de la historia “oficial” de esa gigantesca e inhumana masacre.

         Entre las pasiones hitlerianas, la búsqueda de objetos sagrados, para infundir a sus tropas de poderes desconocidos, no es seguramente la menor. Durante el desarrollo del conflicto, la Annenerbe , siniestra organización más conocida por sus experimentos dudosamente científicos con las víctimas de los campos de concentración, enviaba expediciones de arqueólogos y lingüistas a distintas partes del mundo ya sea para rescatar del polvo olvidadas ciudades, ya sea para realizar arcaicas liturgias en puntos geográficos de legendario poder, ya para reunir valiosas antigüedades a las que se les asignaban energías ocultas. Más aún; es un secreto a voces que estando Berlín sitiada por los aliados, en un último y desesperado intento lograron introducir en la destruida ciudad a un grupo de lamas tibetanos y sus “chelas” para evitar el inminente final.

         Su presencia no era en vano. Desde hace centenares de años, circula la versión de que en algún lugar del Tibet y el Nepal se encuentra el acceso, ora físico, ora astral, de dos reinos del espíritu. Agharta, con su capital Aghadir, y Shamballa, con su ciudad Shampullah. De la primera, etérea, las milenarias tradiciones orientales dicen que es el asiento del “Rey del Mundo”, avatar cósmico que vela por los caminos del Bien en la Tierra. De la segunda, subterránea, se afirma con igual convicción que parten las huestes del Mal que negocian con los poderes tras los gobiernos títeres del mundo. Aún se comenta en cenáculos neonazis que Hitler habría pactado con esos antros que, de alcanzar el poder temporal, dejaría a su albedrío la dominación espiritual.

         ¿Simple leyenda o verdad no revelada?. Quién sabe. Lo cierto, lo que hace al espíritu de este trabajo, es que entonces y después miles de seguidores de la svástica levógira [1] creyeron fervorosamente esta historia y a esa creencia subordinaron sus esfuerzos y recursos. No es ocioso recordar aquí que durante el asedio a la ciudad de Nuremberg por parte de divisiones del ejército norteamericano, estos encontraron una inusitada resistencia por parte de comandos especiales de las SS en el Banco Alemán de esa ciudad. Desobedeciendo las órdenes de rendición, los SS lucharon furiosamente hasta el último hombre, y cuando los americanos accedieron al edificio, seguros de encontrar en sus bóvedas posiblemente enormes reservas de dinero o áureas que justificaran tamaño sacrificio, se sorprendieron al hallar, dentro de las mismas, una respetable pero para nada anormal cantidad de efectivo, efectivo que por imperio de la derrota poco valía ya, algunas obras de arte y una extraña caja forrada en plomo, de aproximadamente 1,40 metros de largo por unos veinte centímetros de lado. Abierta por expertos en arte e historia, en su interior hallaron otra caja, pero ésta de madera casi totalmente putrefacta, y en su interior un oxidado asta de hierro unido a restos aún más descompuestos de madera. La subsiguiente investigación certificó que lo hallado era la tal vez mitológica lanza (en realidad, un “pilum”, una lanza de mango corto) usada por el centurión Longinus, aquél que según el bíblico relato lo clavó en el costado del Cristo crucificado. De ser cierta esta especie, ello dotaba al objeto de un poder, un significado espiritual inestimable.

         Esta anécdota pone de relieve el carácter mágico de la liturgia neonazi. Y nos introduce de lleno en la búsqueda desesperada que tras reivindicar espúreas raíces, los llevó a encontrar señales de la presencia de la Orden Templaria en todo el mundo, de cuyos caballeros teutones se creían herederos directos. Aquí, nuestra peregrinación entronca con la leyenda del Grial, la copa sagrada donde Jesús bebió en la Última Cena y donde también José de Arimatea recogió la sangre del Crucificado inmolado en la Cruz.

         Tras la crucifixión, la saga dice que José de Arimatea, posiblemente la misma María y Santiago el Menor, hermano de Jesús, huyeron hacia el Este, y después de muchas peripecias recalaron en lo que hoy conocemos como Francia y Gran Bretaña. Esto seguramente es más, mucho más que una mera leyenda, y de ello podríamos hablar en otra ocasión.

         Lo cierto es que muchos exégetas han reivindicado el carácter meramente simbólico del Grial. Quizás herejes contumaces o fieles discípulos de la verdad, esos autores sostienen que el Grial al que las leyendas se refieren no sería una copa, sino hijos del propio Jesús, tal vez nacidos de su matrimonio con la Magdalena. Recordemos las escenas de las bodas de Canaán, donde Jesús reparte el vino, el pan y la sal, atributos en la ortodoxia judía sólo del novio, y donde la familia de éste es siempre la encargada de servir las comidas, cosa que en el relato bíblico hace María con el concurso de otras mujeres. Pero no nos vayamos por las ramas; de todas maneras, si esta especulación es cierta y el hijo o los hijos de Jesús el Cristo “son” el Grial (en su sentido simbólico de “receptáculo de la sangre”) se explicaría el porque de la huída a lejanas y extrañas tierras casi inexploradas y hostiles, el porqué de que la dinastía merovingia reivindicara ser descendiente sanguínea del Mesías y las primeras iglesias cristianas de las que se conservan restos arqueológicos correspondientes al primer siglo D.C., cuando aún las mismas no sólo no existían en el resto del mundo romano sino que eran celosamente perseguidas.

         De los Templarios se ha escrito profusamente y no abundaremos aquí; baste recordar que se los suponía celosos poseedores de la Copa (En “Parsifal” y las leyendas artúricas, tan emparentadas con la esencia caballeresca que dio origen a la Orden del Temple pese en antecederle las segundas varios siglos, volvemos a encontrar el espíritu de ese deambular por el mundo buscando lo que en definitiva aparece sólo dentro de cada uno de nosotros) y no fueron pocos los detractores igualmente imbuidos de misticismo quienes sostuvieron que fue privándola al mundo cristiano, como monopólicos detentadores de un poder celestial, que los caballeros de la cruz de “ocho beatitudes” usufructaron sus cualidades para el enriquecimiento propio. Dueños de una magnífica fortuna que a la larga los condujo al desastre por ser la envidia del Rey de Francia y el Papa, sus ingentes cantidades de oro celosamente ocultas en las distintas “factorías” y “capítulos” de la Orden parecen señalar necesariamente en una dirección: América. Quizás no otro sea el origen del áureo metal templario, habida cuenta que los eximios servicios de espionaje de las naciones poderosas de entonces, tanto cristianas como musulmanas, nunca pudieron localizar en el mundo geográficamente conocido de entonces los yacimientos de los que se abastecían. Desde La Rochelle, su poderoso puerto de ultramar, los convoyes templarios partían durante meses, y actualmente existen confiables investigaciones 4 que demuestran que para estos intrépidos caballeros América era territorio de visitas cotidianas. Una vez más, debemos recordar la extraña estatuilla encontrada por el explorador inglés Sir H. Fawcett en Brasil, con su atuendo típicamente medieval, o las pictografías del Cerro Colorado en Paraguay, o las denuncias de la existencia de ruinas de un puerto y un barco “fenicio” (?) cerca de la ciudad de Gualeguaychú, en la provincia de Entre Ríos, Argentina, o el denominado “El Fuerte”, en Chubut, en plena Patagonia argentina, según ciertos estudiosos, últimos restos de un asentamiento templario, o…

¿O Capilla del Monte, provincia de Córdoba, Argentina?.

         No seremos redundantes aquí respecto de la magia, el misterio pero también las gratuitas leyendas exageradas que corren sobre el lugar. Queremos centrar nuestra atención en un fenómeno que hemos observado en la región, extendido además a todo lo que se conoce como Valle de Punilla, desde Villa Carlos Paz hasta Cruz del Eje, comprendiendo Bialet Massé, Parque Siquiman, Cosquín, Los Cocos, La Cumbre, La Falda, Valle Hermoso, Villa Giardino, San Marcos Sierras, Charbonier, Ongamira, San Esteban, Huerta Grande, etc. Me estoy refiriendo a la creciente presencia neonazi en la región.

         No se trata aquí de “cabezas rapadas” haciendo sus tropelías en la zona, no. Tampoco de abiertos desfiles de “camisas pardas” ondeando al viento sus estandartes con la cruz gamada. Se trata, peor aún, de un movimiento más solapado y sutil, que acude al reclamo esotérico, a invocar connotaciones pseudoespiritualistas en sus afirmaciones, alimentándose de manera parasitaria de la fascinación de esos lugares y sus enigmas.

         Puntualicemos. En Capilla del Monte existe una iglesia, la actual construcción fechada a fines del siglo XIX pero levantada sobre las bases de una anterior, de fines del siglo XVI –y de cuyo aspecto no se guarda memoria- que es llamada con bastante justicia la “capilla neotemplaria”. Ello, en consonancia a su planta octogonal, que en todo el mundo sólo existe en iglesias de filiación de la Orden, comprensible en una Europa respetuosa de sus monumentos históricos de mil años o más, pero desconcertante en una joven Argentina y una más joven aún capilla levantada en un apartado pueblito serrano. La pregunta es: si arquitectónicamente es un hecho que la planta octogonal es privativa de edificaciones templarias, y habida cuenta que el estilo edilicio de una iglesia no queda librada al mero sentido estético de un constructor sino que debe nutrirse de la adecuada aprobación eclesiástica que en sus altos estamentos no es ignorante de aquella filiación, ¿qué extraño avatar del destino llevó a que ésta fuera identificada con la caballeresca sociedad?. Para que no quede lugar a dudas, en el embaldosado –y original de sus primeros tiempos- piso se repiten dos símbolos, uno de ellos, ocho pequeños círculos dispuestos en octógono. El místico 8 templario, presente por todas partes.

         El actual párroco de la iglesia se molesta sobremanera cuando alguien –uno mismo, por caso- se aproxima a señalar tales detalles. Acude a argumentos tan infantiles como que “era una moda de aquél entonces” o “es lo que había”, insistiendo en ese sentido cuando, con mirada asaz suspicaz, paseamos nuestra vista por las paredes, evidentemente refaccionadas una y otra vez: aquí se extrajo un vitral como rosetón para poner en su lugar inocuas figuras santorales; allá, el perfil facetado del frontispicio y el ábside, en sus gigantescos y antiguos ladrillos originales, fue “matizado” con un primoroso revestimiento curvo a la cal. Acullá, los enormes portones originales fueron retirados para ser reemplazados por hermosas y gigantescas pero más discretas puertas. Elevo la vista, y allí está el magnífico rosetón de la cúpula, a través del cual me baña la luz del día. Pero la bajo también, y entonces, la otra sorpresa.

         Hablé de dos símbolos en el embaldosado del piso, pero sólo describí uno. Es el turno del otro: swástikas de brazos curvos. Miro con atención, comparo y ya no me quedan dudas: estamos ante una inacabable sucesión de cruces dextrógiras. ¿Qué hacen aquí?.

         Afluyen los recuerdos de tantas lecturas. Una vez más: la svástica no es un invento nazi. Una vez más: el cabo Hitler, desocupado, viviendo en una mísera pensión de las pocas monedas que obtenía con la venta de sus aceptables acuarelas paisajísticas, comenzó a frecuentar las tertulias de una sociedad de ocultistas e iluminados, conocida como “Última Thule”, de  la cual llegó a ser secretario de actas. Pero ya en esta sociedad secreta se cocinaba la supremacía del ario, la luego famosa “cosmogonía del hielo cósmico”, las alianzas espirituales con “otros” seres, y en la portada de sus publicaciones ya se distinguía el símbolo que sólo desde 1928, con la fundación del Partido Nacional socialista, se erigiría en un símbolo político.

         “Última Thule” supo ser filial –luego separada- de otra orden esotérica, esta inglesa, conocida como “Golden Dawn” (“Amanecer Dorado”), a la que pertenecieron, entre otros, Sir Arthur Conan Doyle, el poeta W.B. Yeats y Alestier Crowley, al cual nos hemos referido en extenso en otra oportunidad. Pero a su vez, era esta sociedad heredera directa de la “Sociedad del Vril”, una organización germano-británica que estaba a la búsqueda de un fluido vital universal (el “vril”) y su manipulación. Aquí seguimos la enseñanza de ese maestro de investigadores de lo insólito que es el argentino Héctor Picco, quien ha demostrado fehacientemente que ya a fines del siglo XVIII la incipiente Sociedad del Vril creía que la manipulación de esa fuerza cósmica les permitiría, entre otros logros, la conquista del espacio, en una época en que apenas los sueños de los Montgolfier apuntaban a los cielos.

         Picco ha escrito que a través de los años las sumatorias de científicos esotéricos y exotéricos permitió, en 1928 –casualmente, cuando queda constituido el partido nazi- la construcción del “Hannebu”, un primer prototipo de disco volador de usaba la fuerza del vril, y a fines de la Segunda Guerra Mundial, el “Andrómeda”, del cual asegura tener evidencias que habrían concretado algún viaje al espacio. No bastó, sin embargo, para evitar la caída del Tercer Reich y siguiendo esta saga, su uso se subordinó a la instalación de una base secreta en la Antártida donde emigraron la flor y nata de los científicos germanos mientras una elite escapó quien sabe con qué siderales destinos. Es bueno acotar que apenas finalizada la guerra, los americanos realizaron una expedición “científica” al Polo Sur, que incluyó la movilización de 8.000 soldados, dos portaviones y una incontable lista de avituallamientos y pertrechos militares, impropios de una misión de estudio por límite que fuera pero consonante con una “task force” en pleno teatro de operaciones…

         ¿Sería ocioso recordar aquí la cantidad de submarinos alemanes que fueron detectados –y algunos desembarcados- en costas patagónicas en esos meses?. Consecuencia, dicen, de una evidente neutralidad del entonces gobierno argentino devenido aliado en los últimos tramos de la contienda. La predilección de los alemanes por nuestras pampas no es historia reciente.

Regresemos a Capilla del Monte. Ominosamente, descubrimos en el exterior de la iglesia que alguien ha pintado una svástica hitleriana, como oscuro recordatorio que los nazis también están detrás de estas relaciones. Durante su apogeo, los miembros de la SS gustaban desfilar en Berlín con atuendo templario, pues se consideraban herederos directos de su mitología, historia y misión. Seguir los pasos del Temple a través del mundo, entonces, era una consecuencia necesaria y previsible.

         En Capilla del Monte existe, por otra parte, una subcultura de neto corte fascista, no oriunda del lugar sino “importada” por esoteristas provenientes tanto de la ciudad de Buenos Aires como de otras partes del mundo, incluso. Están radicados allí muchos seguidores del recientemente fallecido doctor Guillermo Terrera, un antropólogo, de vasta y multifacética cultura y abierto admirador del jerarca alemán, quien por ejemplo escribe en su libro “La Svástica; Historia y Metafísica”: “El Führer, en uno de sus grandes discursos, pronunciado por 1937, había expresado con toda claridad: “Que el gran talento que poseen los hombres superiores, consiste en simplificar los problemas complejos y reducirlos a sus términos esenciales”. Esa habilidad intelectual es propia solo de los grandes hombres, quienes están dotados de un poder de síntesis, de comprensión y de asimilación que los convierte en únicos, en maestros, en estadistas. Son verdaderos Sidas, dioses del conocimiento tanto físico como metafísico…”.

         Este libro en particular fue editado en junio de 1989 por la Editorial Patria Vieja, dependiente de la así llamada “Escuela Hermética Primordial de las Antípodas”, un grupo de reflexión y difusión no institucionalizado que opera fuertemente en la región, nucleando a pensadores de esa corriente. Durante un tiempo me pregunté a qué antípodas se refería, hasta que advertí que estos neonazis sostienen que el Valle de Punilla está en las antípodas del Tibet. Es sabido que, para esta particular concepción, las antípodas geográficas de un lugar sacro, o, deberíamos mejor escribir, un lugar “de poder” repite esa energía. Si esto es así lo ignoramos, pero, evidentemente, le da sustrato y fundamento al particular interés que estas facciones muestran por el lugar.

         Se dice que en algún lugar de la zona los Templarios en fuga ocultaron el Santo Grial. Se sostiene que hace unos sesenta años el metafísico Orfelio Ulises, a su regreso de un viaje al Tibet, descubrió, guiado telepáticamente por sus maestros, el “toqui lítico” o “bastón de mando”, una fina y larga piedra, posiblemente de basalto, de aproximadamente un metro veinte de longitud, un cetro de fuerza cósmica celosamente oculta durante milenios por los aborígenes comechingones, preámbulo para preparar a la Humanidad para la recuperación del Grial. La citada “Escuela” entonces, realizó numerosos seminarios, retiros espirituales, charlas y cursos, apadrinó la publicación de muchos textos de Terrera y alimentó, a su manera, la saga. Actualmente, las gestiones semioficiosas de la Municipalidad de Capilla del Monte para recuperar ese objeto (en manos del heredero directo de Terrera, su hijo) para “entronizarlo” como un objeto de cuasi veneración en la idílica localidad lo transformaría, entonces, en Meca de peregrinaje de personas afines a esa ideología y su sola presencia retroalimentaría aún más la tradición aria de la postguerra.

         El asunto, sin embargo se complica ante las versiones cada vez más firmes de que dicho “bastón de mando” sería en realidad un fraude perpetrado para darle identidad a una conspiración. Nuestro amigo Fernando Diz, periodista e investigador porteño radicado hace muchos años en el lugar, nos adelanta que ha logrado el testimonio de quienes estuvieron en su momento vinculados a la elaboración del mismo, prometiéndonos entrevistas exclusivas que no dudaremos en su momento en difundir.

Einstein en su visita al Hotel Edén

Einstein en su visita al Hotel Edén

El libro de Terrera mencionado

El libro de Terrera mencionado

 Fernando Diz (izq.) nuestro amigo, colaborador en Capilla del Monte e investigador del “fraude” del “bastón de mando” junto a nuestro Director, Gustavo Fernández (derecha)

Acceso a la “capilla neotemplaria”

Acceso a la “capilla neotemplaria”

Frente del Hotel Edén

Frente del Hotel Edén

Una vista de La Falda

Una vista de La Falda

Embaldosado del piso de la capilla “neotemplaria”. Son visibles los octógonos y las svásticas.

Embaldosado del piso de la capilla “neotemplaria”. Son visibles los octógonos y las svásticas.

Típico rosetón templario en la bóveda de la capilla, con una versión deformada de la “cruz de ocho beatitudes”

Típico rosetón templario en la bóveda de la capilla, con una versión deformada de la “cruz de ocho beatitudes”

La Falda: la caja chica de Hitler

          A unos catorce kilómetros al sur de Capilla del Monte se levanta, bellamente recostada sobre la ladera de los cerros, la ciudad de La Falda. Sus catorce mil habitantes reciben un masivo turismo que prácticamente no ha decrecido desde la época de oro de los años ’40. Pero sus tortuosas callejuelas ocultan “otra historia”, a medias conocida.

         A fines del siglo XIX –concretamente, en 1897- se levantó, a cierta distancia de lo que hoy es el casco urbano, un fastuoso hotel, verdadera joya del Nilo en ese entonces agreste paraje: el hotel Edén. Su imponente construcción y sus para entonces avanzadísimos detalles de confort atrajeron a lo más granado de las élites nacionales e internacionales, presidentes, escritores y actores de renombre, filósofos de toda laya disfrutaron del paisaje y de su esmerada atención. Pero algo caracterizó al Edén –desde sus inicios, de propietarios alemanes- a partir de fines de la década del ’20: la filiación pronazi de sus titulares. En efecto, Roberto Blacke e Ida Eichorn, que compraron la propiedad a sus constructores originales alrededor de 1920, tenían amistad personal con Hitler: no sólo hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial aún podía apreciarse en su frontispicio el águila rampante llevando en sus garras la svástika, sino participaron de manera asaz activa en el movimiento nacionalsocialista: está escrito en la historia del pueblo que el primer Mercedes Benz que paseó al Führer no fue un obsequio de la fábrica alemana sino que ésta entregó, por cuenta y orden de Blacke y Eichorn, el vehículo al jerarca. Más aún, el 15 de mayo de 1935 Hitler en persona, en salones del Reichtag, entregó a Ida Eichorn un diploma agradeciéndole su aporte económico que facilitó el ascenso de aquél a la Chancillería, en 1931. El dinero de marras provino de la venta de las fracciones de tierra, propiedad del Hotel Edén, sobre las cuales hoy se asienta la ciudad de La Falda. Cuando uno departe con sus habitantes y gana su confianza, muchos de ellos murmuran que parece pesar sobre la localidad una extraña maldición alimentada en mil y una leyendas locales; algunos, suponen, es la consecuencia kármica de aquellas nada inocentes transacciones comerciales.

Existen, de hecho, dos ciudades. Una, la turística y comercial, abierta a todo público. Pero en los alrededores del Hotel –alrededores que sus taciturnos habitantes aún persisten en llamar “Villa Edén”, para diferenciarse formalmente del resto de La Falda- los nombres germanos de las calles y las residencias, sus cotos cerrados y la mirada inquisidora de sus pobladores señalan claramente a quienes, casi todos de ascendente alemán, se sienten diferentes al resto.

         Cuando a poco de comenzada la Guerra en la boca del Río de la Plata el comandante Lagüendorf decidió hundir al acorazado de bolsillo “Graf Spee”, suicidándose luego en un hotel de Buenos Aires, sus tripulantes fueron “internados” (en realidad, huéspedes de honor) hasta el fin de la contienda en el Hotel Edén. Luego, muchos de ellos se radicaron en nuestro país, algunos en ese lugar, otros en la no menos germana Villa Belgrano –siempre en la provincia de Córdoba- y otros más en la sureña Bariloche. La anécdota es que en el largo tiempo que estuvieron confinados, y seguramente para amenizar las semanas que devenían aburridas unas tras otras, los militares alemanes, todos los domingos, organizan desfiles, con uniformes y estandartes, por lo que hoy se llama “avenida Edén” en el pueblo, hasta culminar en las cercanías de las vías del ferrocarril, donde se aposentaba un busto del doctor Salomón Maudi, uno de los fundadores del pueblo de confesión judía. Uno a uno, los soldados pasaban desfilando frente al busto y los cubrían de escupitajos, domingo a domingo, todo ello ante las miradas complacientes de las “fuerzas vivas” de la ciudad.

         Terminó la guerra y aparentemente el nazismo desapareció. El hotel Edén tuvo distintos dueños y terminó abandonado, saqueado y a merced de todo tipo de depredación. Hoy en su planta baja apenas alberga un reducto jazzístico, pero en sus alrededores crece toda una mitología pronazi que lo ensalza como otra estación en el Vía Crucis germano local. Es innecesario remarcar que en La Falda la actividad de aquella Escuela Hermética Primordial de las Antípodas ha encontrado otro caldo de cultivo.

         Los estudiosos de la arquitectura local cuentan que constructores y posteriores propietarios alemanes se basaron no sólo en planos funcionales o estéticamente agradables, sino que tomaron en cuenta, en un sinnúmero de detalles –como las gárgolas que alguna vez jalonaron su frente- enseñanzas de tipo espiritualista. El mismo Einstein, aún sabida su postura antinazi, fue dilecto visitante del lugar, durante su visita a nuestro país y en extraña coincidencia con una crisis mística que sus biógrafos tratan de ocultar pero que él mismo refleja en sus escritos de la época. Tal vez sea casualidad, tal vez no; no puedo dejar de percibir los ecos del arcaico enfrentamiento entre Agharta y Shamballa cuando me entero que, pocos años después, un caballero de apellido Buitrago decide construir, no lejos del Edén, otro hotel (llamado “Petit Sierras”) basado estrictamente en arquitecturas sagradas hindúes., y demolido por un tal Jaime Lockman en 1963. (Todos estos datos pueden ser debidamente cotejados en el libro “El mundo y La Falda en el siglo XXI, Alberto Moro y Carlos Panizzo, 2001).

Archivos del hotel Edén: Facsímil del FBI, ¿Hitler en el Edén?

Archivos del hotel Edén: Facsímil del FBI, ¿Hitler en el Edén?

         Pueden ustedes suponer que estas especulaciones son simples brotes conspiranoicos . Pero pueden ustedes también concederme la pitanza de considerar que estamos ante el germen incipiente de una cruzada místico política que busca, ora nutrirse de las energías inherentes del lugar (alguien ha escrito: “El valle tiene una energía especial, eso es indudable. Pero es una energía que amplifica tanto lo bueno como lo malo de las personas”), ora sembrar en el virgen inconsciente colectivo de los pobladores de la región una identificación mitológica, casi sacra, con un pasado oscuro que se presenta como portador de la Luz. Como –ya lo dice la etimología de su propio nombre- nuestro viejo conocido Lucifer.

Una vista del Hotel Edén

Una vista del Hotel Edén

Cerro Uritorco

Cerro Uritorco


[1] La cruz svástica o “swastika” no es un símbolo originario del nazismo. Está presente en una abundante iconografía hindú y del budismo tibetano y mahayánico, como emblema del Bien, lo que resulta más comprensible cuando observamos que milenariamente rota hacia la derecha, hacia el Este, de donde sale el Sol físico, signo visible del amanecer espiritual. El movimiento nacionalsocialista, sugestivamente, no optó por ésta (“dextrógira”) sino por aquella que rota hacia la izquierda (“levógira”) dirigiéndose entonces hacia el Oeste, el ocaso…

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PÉRDIDA DE ESPIRITUALIDAD Y COMPROMISO POLÍTICO

Posted by Gustavo Fernández en 16-07-2011

    Tengo la absoluta convicción de que, si consultamos a una mayoría de nuestros contemporáneos respecto a su visión del mundo hoy, casi todos responderán con términos como “violento”, “insensible”, “problemático”, “desilusionante”, “angustiante” e “inhumano”. Palabra más, palabra menos, he hecho personalmente la prueba durante dos largos años de escuchar y anotar y lamentablemente debo admitir que casi el 90 % de mis entrevistados involuntarios adoptó una actitud entre taciturna y asustada al ser solicitados de descripciones respecto de la realidad que nos toca vivir, tanto en lo local como en lo mundial. Y si uno es demasiado permeable a las influencias mediáticas, resulta difícil no ser arrastrado por esa corriente: la escalada de crímenes violentos, la desproporcionada distribución de los recursos en el globo son sólo dos facetas cotidianas. Como si no bastara, la naturaleza misma parece corresponder con su cuota de desastre: aparentemente, más terremotos, huracanes e incendios forestales asolan a la faz del mundo y nuestra humanidad. Ante semejante, desolador panorama, lícitamente uno tiene derecho a preguntarse: ¿qué está pasando?. ¿Qué desencadena y sobre todo qué detendría esta aparente pérdida de equilibrio cósmico?. ¿Adónde iremos a parar?. ¿Qué podemos hacer, si es que podemos hacer algo?.

Soy un convencido de que para intentar siquiera esbozar una provisoria solución debemos discernir la paja del trigo, lo verdadero de lo falso: así, es tentador –pero gratuitamente fundamentalista– establecer una asociación entre la espiral ascendente de delitos en el orden mundial y la debacle de las fuerzas naturales. Pienso que debemos partir de una premisa: si realmente existe una relación vinculante, lo es en forma tan indirecta que en cualquier eslabón de la cadena estamos a tiempo de detener ambas catástrofes.

¿Las masacres étnicas en Ruanda incidieron de alguna manera en la erupción del Popocatépetl? Sería una forma tragicómica pero necesaria de ese planteo; no otra cosa nos dicen tantos dirigentes religiosos cuando amenazan con el “fin del mundo” en razón de nuestros pecados, individuales y colectivos.

Pero hay realidades e interpretaciones de la realidad, dos concepciones no necesariamente sinonímicas que para el común de la gente pasan inadvertidas. Y la vida se realiza con variantes, como si los ideales estuvieran escritos en otra lengua y la realidad fuera una mala traductora.

Así, debemos admitir –si queremos razonar sanamente– que no hay, necesariamente, más terremotos que hace un siglo, como si la madre Tierra se sacudiera las pulgas con más frecuencia que antes: hay una mayor difusión de los hechos, los que a su vez son perceptibles de manera cada vez más sutil. Un siglo atrás, nos enteraríamos de un terremoto en las antípodas –si es que nos enterábamos– acaso meses o años después de ocurrido, y los felices mortales no establecían relación (tal vez por la distancia temporal) entre ese terremoto tardíamente conocido y una inundación devastadora que les asoló meses atrás en sus propias costas. Hoy, gracias a la globalización de las comunicaciones, sabemos ahora lo que ocurre en Japón apenas con minutos de diferencia de lo que está ocurriendo en Argentina, y, tendenciosamente, formulamos un improbable 1+1; es como si un sencillo campesino, al visitar por primera vez la gran ciudad y uno de sus centros comerciales, creyera que el acto de abrir a primeras horas de la mañana las puertas de acceso activara las escaleras mecánicas que llevan al primer piso, simplemente porque un hecho es casi inmediatamente simultáneo con el otro. (Creo que lo saben: mientras un empleado aprieta el control remoto que abre los portones –o un par de ellos lo hacen manualmente– otro activa el circuito de la escalera mecánica: la única coincidencia es que todos comparten el mismo horario inicial de trabajo).

Veamos si queda suficientemente claro: no creo que existan más terremotos –y tomo sólo un ejemplo– creo que estamos mejor informados que hace diez, treinta o cien años, y en vez de comprender el aspecto cualitativo de la información somos apabullados por el aspecto cuantitativo.
Y también ocurre que los aparatos de detección son tanto más eficientes y masificados que hoy podemos anunciar un terremoto de grado 3 en la escala de Richter ocurrido bajo el Océano Pacífico a setecientas millas de la isla poblada más cercana y engrosar con él las estadísticas –aun cuando posiblemente ningún humano sobre el planeta se percató de su existencia– cuando antes, por esa carencia tecnológica, simplemente ni nos enterábamos que había ocurrido.

Algunas consideraciones similares podríamos hacer respecto a otro de los grandes males urbanos: el delito. ¿Ocurren en mayor cantidad que antes o nos enteramos –diríamos que hasta un hartazgo morboso– de los más escabrosos detalles de crímenes que antes tenían la indiferencia de la ignorancia?. Un homicidio, si tiene los componentes que lo hacen vendible (de ser posible, sexo y drogas) es mostrado truculentamente en los noticieros, debatido en los talk shows, analizado lacanianamente por los opinólogos profesionales de turno, bombardeado en imágenes multicolor desde la portada de las revistas semanales… Tal vez existan ciertos matices (pero sólo matices) circunstanciales: una labilización, una flexibilización de la justicia en aras de un no sé si bien entendido populismo; el advenimiento de la democracia en muchos países tercermundistas que obligan al imperio de la ley donde antes sólo existía represión; y la represión atemoriza tanto al terrorista como al delincuente común. En Argentina, escucho con demasiada insistencia aquello de “en época de los militares estábamos más seguros” olvidando quienes lo dicen que en realidad no estábamos seguros, sino prisioneros: que si para bien del delincuente era lo mismo robar un banco o asaltar a mano armada a un transeúnte, para el activista político era siempre mucho peor, con lo que se construía una imagen perversa de la escala de la maldad (era más delito ser comunista que ladrón), y que el ciudadano “honesto y decente” vivía sin problemas siempre y cuando no frunciera muy seguido el ceño ante los discursos oficialistas –cuanto menos en público– ni comentara demasiado insistentemente su rechazo a los modelos políticos de entonces. Que se conformara con el “nicho social” que le tocaba y ya.
En esas épocas, por ejemplo, eran comunes titulares en páginas interiores de los diarios, nunca de más de tres columnas por unos cuantos centímetros de texto, que informaban, por ejemplo: “18 terroristas muertos al explotar camión en que transportaban explosivos en el Gran Buenos Aires”. Nunca una cobertura televisiva, nada. Sin entrar en estériles discusiones respecto a si se trataba en verdad de dieciocho imprudentes que confundían explosivos con golosinas o una ejecución masiva y sumaria por parte de fuerzas militares y paramilitares, pregunto: ¿imaginan ustedes el festival del horror que los periodistas de hoy armarían durante semanas si algo así ocurriera en uno de nuestros nuevos países democráticamente recuperados?. ¿La sensación de espanto que ganaría a la sociedad?. ¿Los comentarios y admoniciones de neto tinte apocalíptico que lloverían desde todo púlpito?. ¿Los monólogos idiotizantes de “columnistas” televisivos respecto a la creciente inseguridad y deshumanización de nuestros días?. En los tiempos en que vivimos, realmente no pesa cuántos mueran y en qué circunstancias: todo pasa por cómo se presenta el festival. La vieja estrategia marketinera: más importante que el producto es el envase.

Pero es igualmente cierto que estamos perdiendo, socialmente, espiritualidad: esto no lo veremos tanto a nivel colectivo (creo que, masivamente, la Humanidad, como expresión generalizada, es espiritual) sino individual: en el comentario sarcástico de un familiar haciendo gala de sus dinerillos, en la exhibición obscena de los políticos enfundados en colecciones de Armani al visitar los barrios precarios de los suburbios con las manos cargadas de promesas. Veo a la Humanidad como una heroica flecha atravesando los tiempos, un multitudinario conglomerado de personas comunes haciendo cosas extraordinarias; veo palpitando detrás de ella a un Inconsciente Colectivo profundamente religioso, sintiendo que el mundo está mejor que antes. Pero cuando esa identidad de especie se fragmenta (en ideologías, naciones, religiones, aficiones futbolísticas, tirios y troyanos) aparece la masa: el informe monstruo de muchas patas y muchos ojos pero poco cerebro, a mitad de camino entre el Yo individual, empeñado en la posibilidad de su propia salvación, y la Conciencia Comunitaria a la que no reconoce. Como un sacerdote frustrado, que soñó con la santidad y cayera en la concupiscencia carnal, ha negado lo uno pero no supo reconocer su limitación para lo otro, y termina odiando a ambos.

Y por debajo de la masa, el individuo. El que habla de la bondad, pero no se atreve a ejercerla. El que, al repetir como un sonsonete, “soy pobre pero honrado”, (como si alguien que alcanzara en la vida una sólida posición necesariamente no lo fuese) disfraza de honestidad lo que, en todo caso, es falta de iniciativa, motivación y voluntad. El que se vanagloria de respetar la ley, pero en el fondo sólo por temor a las consecuencias de quebrantarla. El que confunde picardía y astucia con inteligencia. El que compra fácilmente un modelo exitista. El que sufre. El que se siente fracasado. El que en algún momento se pregunta en qué se equivocó y, por temor a la respuesta, concluye que la culpa no fue de él, sino “de los otros”. El enfermo de excusitis. El que se dice que de pequeño estaba seguro de estar reservado para grandes logros. El que se refugia en templos, iglesias y sinagogas buscando comprar unas migajas de trascendentalidad. El que sigue vacío.

¿Están tocando nuestra canción?

De nada sirve

Escaparse de uno mismo (bis)

Veinte horas al cine puedes ir

Y fumar hasta morir.

Con mil mujeres puedes salir

Y a los amigos, los puedes llamar, pero

De nada sirve

Escaparse de uno mismo (bis)

De qué te sirven las heladeras

Y lavarropas, televisores,

Y coches nuevos y relaciones

Y amistades y diversiones

Si estás vacío y aburrido

De este mundo que está podrido.

No, de nada sirve.

Cuando estás solo,

Estas bien solito

Ya no hay guitarritas

Ni amplificadores.

Estás solo en la cama

Empiezas a mirar el techo

Empiezas a mirar el techo

Y en el techo no hay nada

Hay solamente un techo.

“¿Qué puedo hacer, qué puedo hacer?”

Es muy tarde, son las tres de la mañana.

Los bares están cerrados

Las mujeres duermen

Los cines también están cerrados

La guitarra no se puede tocar

Si no el vecino se va a despertar.

“¿Qué puedo hacer, qué puedo hacer?”

Estoy solo, y aburrido

No sé qué hacer,

Qué es el mundo

Qué es mi vida,

Qué soy yo,

¡me voy a volver loco!.

No sé qué hacer…

En ese momentito te das cuenta

Que todo es una estupidez

Cuando vas de veraneo

Y bailas ye-ye

Con sus movimientos centroamericanos

Sensualidad fabricada

Tratas de levantar mujeres…

Pero estás vacío…

Y estás muy podrido…

Oh, oh, oh

De nada sirve,

de nada sirve

escaparse de uno mismo…

Y la canción sigue. Moris la improvisó en un estudio de grabación de Buenos Aires allá por 1969. Más de cincuenta años después, como toda verdad, no ha perdido vigencia.

¡Ah!. ¡El éxito!. Vivimos en una sociedad que privilegia un cierto –no sé si erróneo– concepto de logro: el de la comodidad y la popularidad, formas parciales y subjetivas de la trascendencia. El poseer dinero nos permite (creemos) vivir sin problemas; viajar, trascender los límites de quienes nos rodean y por eso, sobresalir. El sobresalir a nivel social es la popularidad, la fama, y a la combinación de ambas la llamamos “éxito”. El éxito nos permite ser tenidos en cuenta, es decir, estar en la mente de los demás. Cuanto más estamos en sus mentes, más se nos recuerda. Cuanto más se nos recuerda, se hablará o se escribirá sobre nosotros en las próximas generaciones. Así permaneceremos. Y al permanecer, prolongamos nuestra existencia más allá de nuestra vida física. Por un tiempo (muchos años o pocos siglos) seguiremos existiendo, lo que es como comprar una porción de eternidad.

Porque después de todo sí es posible que en ocasiones, Gaia se sacuda las pulgas. Sí es posible que el Mal sobre la Tierra no haya aumentado cuantitativamente sino cualitativamente. Doscientos años atrás, en una simple batalla europea morían treinta o cuarenta mil combatientes. Hoy, las batallas electrónicas tienen muchos menos muertos, pero nos duelen más. Nos escandaliza que no se cumplan los tratados de Ginebra. En las guerras napoleónicas, Ginebra era sólo una linda ciudad. Estamos más informados, más culturalizados y eso redunda en una mayor sensibilidad frente al mal. De manera que, si nos preguntamos por la primera causa de la pérdida de la espiritualidad, debemos responder: la deficiente culturalización de las masas empuja a subordinar lo espiritual a lo material, lo ideal a lo práctico, lo correcto a lo conveniente.

Algunos dirán que es una expresión poco feliz: yo diría que, en todo caso, es poco demagógica. Por supuesto que hay gente ignorante (lo digo en el estricto sentido del diccionario, sin connotación peyorativa alguna) que es espiritual, sensible; pero francamente me temo que son las excepciones que confirman la regla. En los medios –urbanos o rurales– donde la culturalización es baja he advertido como una pátina de insensibilidad que los endurece frente al sufrimiento, y el dolor va de la mano con el espíritu. Se llora (menos) la pérdida de un ser querido; duele (menos) la injusticia o la agresión gratuita; se tienen (menos) esperanzas de un futuro mejor. Por supuesto, también, existe la injusticia, la violencia y el deshonor entre los formados intelectualmente, pero esta apreciación habla en términos generales.

El siguiente punto, por consecuencia, debería pasar por definir culturalización. A mi modesto saber y entender, no es ni hablar de solvencia patrimonial o económica (pueden poseerse muchos bienes pero poca cultura) ni tan siquiera de especialización intelectual: un profesional universitario es apenas aquél que sabe más de ciertos temas del conocimiento humano que el resto, pero sólo de esos temas. Culturalización es universalismo, es reflexión sobre ese universalismo y es voluntad ideológica.

La siguiente causa es la carencia de afectividad. Toda expresión emocional tiende a ser públicamente censurable. ¿Por qué, si no, nos incomodamos cuando a nuestro lado en un transporte público otra persona, hasta entonces en silencio, estalla en una carcajada?. ¿Por qué los hombres no debemos llorar, y menos con audiencia?. ¿Por qué tratamos a los niños como pequeños adultos, destetándolos lo antes posible, enviándolos a kindergartens prematuros, atosigándolos de idiomas, computación y lo que esté de moda cuando apenas balbucean unas pocas palabras?. ¿Por qué no los cargamos en brazos, los cubrimos de besos estemos donde estemos y los llevamos con nosotros a todas partes?. ¿Por qué tantos padres buscan lo antes posible una niñera eficiente para dejarlos con desconocidos?. Para que aprendan a ser independientes, decimos. Para que no sufran-no sean dominados-no se retrasen en la carrera de la vida como nosotros a su edad, decimos. Mentira. Ocurre que la inmensa mayoría de los padres no eligió serlo; simplemente les pasó. Y les asusta el compromiso cuando ellos mismos están a la búsqueda de su centro, de su eje de equilibrio. Así que ponen distancia. Olvidando, por ejemplo y como escribiera Robert Lawlor, que sin la estimulación táctil en el niño no se genera la capa de mielina que recubre el eje de las neuronas, de donde deviene una relación entre caricia y mejor desarrollo cerebral. En realidad, casi todas las culturas, hasta hace dos o tres siglos, mantuvieron esa “edad feliz” de la niñez casi como un reflejo microcósmico y temporal de la mitológica Edad de Oro de tiempos gloriosos de la humanidad. Pero entonces llegó una forma más deshumanizada de tratar a la niñez. Y las justificaciones pedagógicas. Durante todo el siglo pasado y buena parte de este, la letra con sangre entra, la rigidez académica, el autoritatismo disciplinario y una actitud paternal fría y distante se consideraron criterios necesarios para modelar “ciudadanos patrióticos y fecundos”. Pocos advirtieron (pocos advierten) que es sólo la proyección, en el mundo limitado y familiar, de un criterio que proveniente de un orden en las sombras necesitaba mutilar la niñez para tener obreros y soldados más jóvenes, mano de obra y carne de cañón más económica. Todo chico es un ángel. Sólo que, para cuando se da cuenta, ya es demasiado tarde.

¿Y qué decir de ciertas Iglesias, que más allá de cuánto abusen de la palabra “amor” obligan a sus devotos a medrar en las sombras de la culpa y la ignorancia?. Religiones que consideran impropio reír y divertirse, porque este es un valle de lágrimas y, ya se sabe, sólo vinimos aquí para sufrir, sudar y reverenciar al Señor. Iglesias sombrías, tétricas. Sacerdotes, ministros y rabinos de gesto adusto prometiéndonos los fuegos del infierno por nuestras travesuras infantiles. Intermediarios y comisionistas de Dios a los cuales debemos reverenciar sólo porque ellos mismos así lo dicen. O, en el mejor de los casos, mofletudos curas sonrosados que acarician con sus regordetes dedos cargados de anillos las cabezas de los niños, recordándonos que su dios (que no el mío) es un “dios de amor”, siempre y cuando se le obedezca calladamente, advirtiéndonos sobre los peligros de buscar otras formas de espiritualidad que no sea aquella que ellos predican. Ciudades con más calles bendecidas con nombres de generales –patriotas o carniceros, sólo depende del punto de vista– que de bomberos heroicos o artistas inspirados. Vendedores de un Cristo moribundo y sangrante en la cruz, nunca del luminoso e inspirado orador de la montaña.

He aquí la tercera causa de la pérdida de la espiritualidad: la hemos confundido, no ya con religiosidad (una de las formas de la espiritualidad; ciertamente no la única) sino, aún peor, con sumisión eclesiástica. Y, ya se sabe, “iglesia” viene del griego “ekklesía” que sólo significa “reunión de hombres”.

Y mucha pobre gente, crédula, ignara, trata de ser buena. Si uno es bueno, es decir, actúa bien porque no conoció otra forma de ser en la vida, o peor, por temor a la censura de los demás, o al enojo o falta de cariño de ellos, o a la represión social o legal, entonces esa bondad no es producto de una elección y por lo tanto tiene poco mérito espiritual. Ya que, en pleno uso del albedrío, sólo cuando me da lo mismo optar entre el bien y el mal, pero elijo al primero, estoy demostrando una libre voluntad de acción, sin los condicionamientos anteriores, y por lo tanto esa elección es entonces valiosa. Dios nos da la bondad como un bien; y todo bien personal debe ser cuidadosamente administrado. Si Dios nos hubiera dado una suma de dinero para ayudar a los pobres, a la mayor cantidad posible de pobres y de la mejor manera a que hubiera lugar, ¿acaso no sería una falta de respeto a Él salir a la calle y dárselo todo al primero que pase?. Uno estudiaría con cuidado cada situación, decidiendo darle, por ejemplo, a éste cien pesos; a aquél otro, muy necesitado, diez mil y tal vez a un tercero, nada, pues puede ocurrir que nada necesite. Así que con la bondad debemos proceder igual; no se trata de, ante la injusticia del mundo, no ser buenos. No. Se trata de saber con quién debemos serlo. Si somos compulsivamente buenos, seremos como el tonto que sale a la calle a regalar todo el dinero al primero que pase; pronto nos agotarán toda la bondad que teníamos para dar. Así que hay que saber administrarla; tener en claro quién es acreedor a nuestra bondad y quién no, y de los primeros, en qué medida.

La experiencia argentina

Nietzche escribió que lo que no nos mata, nos fortalece. Un sabio chino hizo lo propio con una frase que decía que tanto el sabio como el imbécil cometen los mismos errores; la diferencia es que el sabio los comete una sola vez. Y otro escritor chino (es difícil no ser precedidos por los chinos) dijo que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Así que podríamos concluir que un argentino es un animal que se detiene a estudiar cada piedra para ver si no es igual a aquella con la que acaba de tropezar, mientras ruega para que las cosas lo fortalezcan antes de acabar con él.

Desde el solsticio de verano del 21 de diciembre de 2001 (para recordatorio de aquellos que descreen de la antiquísima afirmación esotérica y astrológica que los cambios estacionales siempre acarrean mutaciones espirituales), el histórico “cacerolazo”, las cosas empezaron a cambiar. Y todo salto cualitativo hacia delante (pues eso es lo que creo que ocurrió) significa dejar atrás la vieja muda de piel, desgarrar la crisálida, aplicar cierta selección natural (espiritual) de las especies que significa entender que se cambia con el salto cuántico o seremos desintegrados por él. La mitad de la Argentina salió a reclamar pacíficamente: en plazas, desde los balcones, en calles o desde el interior del hogar, las voces indignadas se levantaron dispuestas a no permitir más el oprobio, la expoliación, la mentira, apostando a un futuro de fe y esperanza para nosotros y nuestros hijos. Por primera vez en mucho tiempo, muchos argentinos tuvimos motivos (sin dinero, sin trabajo, con una educación y una salud pública destruidas) para sentirnos orgullosos. Porque tal vez mañana tendremos que sentarnos frente a nuestros hijos para explicarles por qué no pudimos ganar, por qué no pudimos cambiar la realidad a su favor. Pero ahora sabemos que no tendremos que pasar la vergüenza de mirarles a los ojos y decirles que no tuvimos la capacidad de intentarlo.

Pero ese salto cuántico de la sociedad argentina, un salto cuántico estrictamente espiritual (más allá de las motivaciones materiales e ideológicas) desnudó también las carencias espirituales de otros: desmanes y saqueos gratuitos, donde más de la mitad de la gente (nunca mejor el concepto de “masa”) no asaltó los supermercados por hambre; lo que hasta cierto punto sería comprensible. Lo hizo para llevarse televisores, heladeras, computadoras, muebles y todo tipo de enseres. Y no eran sólo los pobres: comerciantes que enviaban a sus empleados a atiborrarse de mercadería para revender; señores transpirados cargando sus automóviles con botellas de vinos finos y delicadezas europeas, señoras clamando a gritos ante las cámaras tener al marido desocupado, diez hijos muertos de hambre y arrastrando a duras penas un par de cajones de cervezas.

Situaciones similares donde el vandalismo, la marginalidad y la delincuencia se enmascararon en el reclamo social ya las habíamos padecido doce años antes, al término del gobierno de Raúl Alfonsín. Pero en ese entonces todavía podíamos consolarnos con el sonsonete de nuestras abuelas: “La gente mala es la de menos, sólo que hacen más ruido”. Y uno decía que sí, que entre cada cien desesperados que cargaban artículos de primera necesidad habría seis o siete que delinquían. En esta última ocasión, ese argumento fue insostenible: la mayoría de las turbas saqueadoras simplemente, robaban. Muchos, según reveló después la crónica, eran los mismos vecinos o clientes de todos los días. Y mientras miraba los desmanes por televisión, pensé que esos mismos vecinos y clientes deben haberse detenido a conversar con patrones y empleados, haber pedido al fiado, cruzar saludos en la calle y deseos navideños en fiestas mejores que ésas. Y recordé aquella frase mía: mucha gente opta por ser buena sólo porque no tiene el coraje de ser mala.

Porque ante la suspensión del orden social, ante la inicial actitud policial de no reprimir y permitir el desvalijamiento de los comercios, ni los pobres ni los no pobres que saquearon distinguieron entre lo necesario y lo oportuno, entre lo comprensible y lo inadmisible. Entre la satisfacción de su necesidad básica o la satisfacción de un deseo superfluo a costa del perjuicio extremo del otro. Fue una guerra del que no tenía nada contra el que no tenía casi nada. O del que algo tenía contra el que tenía algo más. Una expresión de resentimiento, donde los vándalos se burlaban de empleados desconsolados que veían destruídas sus fuentes de trabajo al grito de “¡Giles!. ¡Aprendan a vivir sin laburar!”. Del que dice “pobre pero honrado”, y se consuela de su fracaso en la vida pensando que el que no lo es necesariamente o es un aprovechador o un tránsfuga y merece ser expoliado.

Estoy mirando la televisión mientras escribo estas líneas y causalmente, en un giro de sincronicidad jungiana, el noticiero me trae las imágenes de un hecho policial ocurrido en el sur de nuestro país. Omito los detalles para no ser aburrido; sólo cuenta que un grupo de asaltantes para distraer el accionar policial en una toma de rehenes arroja por una ventana una cantidad de embutidos y cajas de leche, ordenándole al personal policial distribuirlos entre la muchedumbre que a un centenar de metros se había agrupado para presenciar el “espectáculo”. Y allí van, doscientas o trescientas personas abalanzándose como un malón sobre una camioneta de donde, a duras penas, alcanza cada uno a tomar uno o dos productos. ¿Es la desesperación del hambre lo que los impulsa a eso?. No exageremos: las cosas no están tan mal ni esto es Biafra. Es sólo el deseo de generar conflicto, desasosiego, rapiña y la cultura de la mendicidad.

Grupos crecientes de argentinos se han acostumbrado a vivir del Estado durante décadas. Desde el político artero que mantiene hasta su amante con los fondos públicos, hasta el empleado público que se lamenta de su bajo sueldo pero simplemente calienta una silla siete horas al día. Conozco a varias personas que se quejan de lo sufrida de su vida, de los deseos que nunca alcanzarán, que la plata no les alcanza y que no ven la hora que sus hijos crezcan para que les ayuden económicamente (o por lo menos, para que al independizarse no les ocasionen tantos gastos) a los cuales veo todas las tardes, sentados plácidamente a las puertas de sus casas, escuchando música, tomando mate, abanicándose del calor si es verano o sentados como tortugas alrededor de una estufa si es invierno, pero también tomando mate y quejándose. Son pobres, sí. Honrados, seguramente. Pero para nada inocentes de la situación de postración en que se encuentran. Porque sólo esperan que los sueldos aumenten, pero no las cargas de trabajo. Son pobres con mucho tiempo libre que podrían elegir dedicar a cosas constructivas: alguna otra actividad laboral, estudiar algo –no hablo de la Universidad, sólo pienso en oficios útiles– o ser solidarios con la gente que lo necesita. Pero allí están, como lagartos al sol. Son pobres que eligieron un estilo de vida. Pobres por actitud. Son pobres, y se lo merecen.

Y junto a ellos medra una casta adinerada sólo obsesionada por la fastuosidad, el exhibicionismo de sus posesiones y el montañismo social. Reuniones donde el Kenzo inunda las fosas nasales y las risas huecas obnubilan los oídos para no escuchar otras realidades, la del país o la de sus propias vidas, ahítas de escabrosos placeres o mezquinas aspiraciones. Son pobres de espíritu, y se lo merecen.

Ambos, comparten un consumismo que excluye de sus vidas toda otra motivación. Educan a sus hijos en lo conveniente, en lugar de lo correcto. Y son la masa. “Ésa” masa.

Mientras confundamos astucia con inteligencia, éxito económico a cualquier precio con realización en la vida (y “de” la vida) seguirá el drenaje de espiritualidad. Mientras seamos unos hipócritas que demos lecciones de “cómo deben ser las cosas” sólo porque ello justifique nuestro propio pasado, mientras la demagogia política proclame (a los gritos desaforados, si es posible) la gran mentira de que todos los hombres somos iguales (y no lo somos: ¿cómo puede valer lo mismo el voto de usted, que elige cuidadosamente a su candidato, se preocupa por conocer su plataforma electoral y la trayectoria de sus seguidores, con el de aquél que sólo piensa en el puesto político prometido o el asado y el vino del cierre de campaña?) olvidando la gran enseñanza del Ocultismo de que en realidad todos los hombres somos iguales en esencia, levemente iguales en potencia y totalmente desiguales en acción, la Espiritualidad (así, con mayúsculas) seguirá siendo una filosofía de vida, en lugar de una actitud de vida.

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Podcast AFR Nº 71: ¿Hay fundamentos científicos para el Ocultismo?

Posted by Quique Marzo en 25-03-2011

¿Se puede hacer una síntesis entre Ciencia y Ocultismo? ¿Por qué “Ocultismo” y no “Esoterismo” o “espiritualidad”?
Distinguiendo entre lo “científico” y lo “académico”. Las diferencias entre Ciencia, Magia y Religión. El Ocultismo, es madre de la Ciencia, pero la trasciende. Y unifica la ciencia con la religión y el arte. Hay otras formas de entender la realidad. Y como cada semana, te las explica Gustavo Fernández.

 

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Podcast AFR Nº 69: Magia Mental y Magia Ceremonial

Posted by Quique Marzo en 29-12-2010

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¿Qué es la Magia? ¿Qué es la Ciencia? ¿Qué es el pensamiento científico?

Tipos de magia (Blanca, Negra, Roja, Verde, Marrón, Simpática, Mimética, Natural, Ceremonial, Mental)

¿Qué diferencia hay entre amuletos y talismanes?

El Principio de Correspondencia.

Conozca las respuestas a estos y otros interrogantes, claramente explicados, en la voz de Gustavo Fernández.

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