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Ovnis, Civilizaciones Desaparecidas, Parapsicología y Esoterismo.

Posts Tagged ‘líneas Hartmann’

Podcast AFR Nº 186: Caso Hernandarias: ¿Abducción o Teleportación?

Posted by Quique Marzo en 19-06-2017

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

A pocos días de la anterior emisión volvemos con otro episodio de AFR, el podcast que conducce Gustavo Fernández, hoy de casi dos horas de duración y con un caso resonante:

  • ¿Cómo es el ambiente de la “investigación” OVNI? Introducción al caso Hernandarias. ¿Qué dijo la prensa? ¿Fue un fenómeno de abducción OVNI o uno de teleportación? ¿Cuál es la realidad del fenómeno y qué tanto es sólo interpretación condicionada culturalmente? Ejemplos. El acoso. Evidencias colaterales. Líneas Hartmann.
  • Respondiendo comentarios (¡y críticas!) de los podescuchas.

 

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LA SAGA DE RAPA NUI (IV y final): DE CONQUISTAS Y EXTRATERRESTRES

Posted by Gustavo Fernández en 21-03-2016

Tal vez, en su sueño eterno, siga soñando con su casa, la mirada perdida vuelta hacia el camino recorrido tanto tiempo atrás...

Tal vez, en su sueño eterno, siga soñando con su casa, la mirada perdida vuelta hacia el camino recorrido tanto tiempo atrás…

He escrito estos días en distintos lugares que no deja de entusiasmarme las reacciones agresivas y casi insultantes de algunos lectores (me entusiasman también las proactivas pero eso, claro, es una obviedad). Y me entusiasman porque, todas, son absolutas críticas “ad hominem”, donde mis aportes y reflexiones sobre Rapa Nui en lugar de refutarse con argumentos son la excusa para una bocanada de epítetos sobre mi persona. Que invento (yo, que estuve allí, leyendo esto de personas que no han estado), que truco imágenes, que… El entusiasmo, lógicamente, nace de la convicción que si ése es el tipod e ataques, indudablemente voy po el buen camino. Como aquella oraciòn que hace años ya me enseñara el recordado abuelo Tlakaélel, mentor de la Toltequidad: “Gracias te doy, Gran Espíritu, por mis enemigos. Porque en ellos templo mi espíritu, cultivo mi paciencia, y es a través de ellos que sé que estoy en el camino correcto, pues no los tiene quien nada ha hecho en y de su vida”.

En esa tesitura sugiero a los mismos críticos (o a otros que puedan llegar) evitarse el reflujo ácido de leer, entonces, esta última entrega, porque verán más de lo mismo. O más, sin ser de lo mismo.

Este artículo será, apenas y entonces, una recopilación de algunos datos sueltos, algunos pensamientos, un par de divagaciones y poco más. Pálido telón, pero sólo telón de un acto de la obra.

La evidencia "ochentosa"

La evidencia “ochentosa”

Lo que ocultan los Rapa Nui. Escribí en su momento que tenía la certeza que, cuando menos algunos rapanui saben más de su historia, su pasado y sus enigmas que lo que aceptan comentar. Voy a una de las evidencias. En ocasiòn de llegar a Te Pito Kura, donde se encuentra esa roca esférica fuertemente “magnética” que, como dije, desvía las brújulas y –esto es lo sugestivo- rodeada de otras cuatro de menor tamaño perfectamente alineadas con los rumbos cardinales, tuvimos que escuchar a un guía turístico comentándole a un grupo que le acompañaba que esas cuatro rocas habían sido colocadas allí por otros turistas “el año pasado”. La historia era que muchos iban a no solamente apoyarse en la roca sino hasta subirse a ella y por esa razón dejaron que esos turistas colocaran esas rocas para luego levantar la barda de piedras alrededor “para que la gente no se acercara”. Dado que me había documentado (y mucho) desde hace años, ya sabía que era una mentira. Recién regresado, y cuando aún no había comenzado a ordenar todo el material, me escribe un conocido que estuvo en la isla en 2015, relatándome, sobre ese tema, que le habían dicho que las piedras “satélite” habían sido colocadas… “el año pasado”, es decir, 2014. Ustedes pueden argumentar que un año o dos no es tan importante, pero el punto que hacía tiempo que había leído sobre la existencia del conjunto de piedras. Puesto a buscar, encontré la foto que acompaño, de 1980. De un archivo muy confiable, “Memoria Chilena”. Treinta y seis años. Que ya no es un año o dos. Bien, ustedes dirán que eso no es importante; que lo que importa, en última instancia es si esas otras piedras fueron o no colocadas por los ancestros del lugar. Pero si comprobadamente son de tiempos “modernos”, ¿porqué no admitir, simplemente, que fueron colocadas hace treinta, cuarenta, cincuenta años?. ¿Porqué la mentira de “el año pasado”?. Mi opinión. Porque saben que no es contemporáneo(y sabiéndolo y mintiendo a partir de allí,, da lo mismo decir un año o dos décadas; suponen que nadie se tomará el trabajo de chequearlo).

La otra “reserva”: las cuevas subterráneas debajo de los “ahu”, tema de la nota anterior. Sumen un ejemplo con el otro y darán pábulo a mi convicción que saben más de lo que cuentan.

Relaciòn de tamaños de moai

Relaciòn de tamaños de moai

¿A quiénes representan?. Una discusión es “cómo” se hicieron los moai, y otra muy distinta “quiénes” representan. La historia oficial nos cuenta que la primera “oleada” ocupacional –la de Hotu Matua’a y su gente- habría llegado entre el 400 y el 600 de nuestra Era y unos cuatro siglos después otro pueblo –de origen desconocido- por cuya autoridad natural, conocimientos o fuerza militar se subordinaron los primeros, levantando esas imágenes bajo su direcciòn, hasta que por cuestiones ambientales o de relaciòn de poder estalló la guerra civil que exterminó al pueblo “tardío”. A unos, se les conoce como “Orejas Cortas”, o  “Hanau momoko” y los “Orejas Largas” o “Hanau eepe”. Se construye a partir de allí toda una explicación, como los moai muestra individuos de –aparentemente- largas orejas, ésos serían los “Orejas Largas” para quienes trabajaban los “Orejas Cortas”.

El problema comienza cuando avanzan los estudios filológicos y se descubre que “Hanau eepe” significa, en realidad, “gente corpulenta”. Como “Hanau momoko” significa “gente lagartija”, se supuso –otra vez “suponiendo- que se traducía como “gente delgada”. El problema es que la voz “momoko” define tanto a la lagartija como su comportamiento, así que también podría traducirse como “gente que se mueve como las lagartijas”… Toda presunciòn es posible, pero cito este ejemplo para señalar como la historia sencilla de relato infantil parece no tener nada que ver, por lo menos, con ciertas etimologías.

Así que nada demuestra que los moai, especialmente los de Rano Raraku (que, como ya señalamos y según algunos investigadores, serían anteriores a los de la costa –ya volveré sobre ello-) representen a los “Hanau eepe”. Y si no son ellos, entonces, ¿quiénes son?. Por qué no, “dioses” extraterrestres, que impactaron tan fuertemente el inconsciente colectivo de ese pueblo que los llevó a propiciar su regreso…

Lo he escrito antes: los moai de la costa nada tienen que ver con los del volcán Rano Raraku. Son más pequeños, más burdos y de distintas facciones. El “relato oficial” es que los moai se tallaban en la cantera del volcán, se llevaban a través de la isla y se ubicaban en los “ahu” de la costa. Cuando visitas el sitio, te muestran los tallados a medias (como el monumental “El Gigante” de veintidós metros de largo –o alto-), los situados en las laderas y te explican que de ahí en más se trasladaban hasta su ubicación final mientras por otro camino llegaba el “pukao”, o ¿cabellera?, ¿tocado?, ¿sombrero? Rojizo, cortados de la cantera de Puma Pau. Ahora bien, si esto era así y los pocos moai caídos a un centenar de metros del lugar de tallado se explican como “abandonados” en el proceso de carga, ¿no perdieron ninguno por el camino? (porque no vuelve a encontrarse moai “abandonados”, indicando que todos llegaron a su destino final). ¿Las complicaciones ocurrieron en esa “franja maldita” de un centenar de metros y luego no?. Poco creíble…

Moai Tuku Turi

Moai Tuku Turi

Incluso, el único moai que “desentona” en Rano Raraku es el “moai arrodillado”, o Tuku Turi. Otro porte, otra factura, seguramente otro significado. En Rano Raraku no se ve ningún moai del estilo de los de la costa, y esto es parte de la especulación que lleva a señalar que unos y otros no forman parte ni del mismo proceso de fabricación ni son los primero continuidad histórica de los segundos, suposición que se apoya sólo en el hecho que si unos están en la costa y otros no, “debe ser” que fueron hechos antes.

El “mana”. Todo un capítulo por derecho propio merece este concepto, que remite a un “poder espiritual” que radica en ciertas personas, lugares (como los “ahu”) o ceremonias. Como el “curanto”, comida típica que se bien se ha extendido al Chile continental (e incluso al sur de Argentina, llevada aquí sin duda por inmigrantes chilenos) ha perdido, en el continente todo su significado místico, que aquí explicaré, gracias a la cordialidad de un rapanui que me introdujo en este Conocimiento ancestral.

Básicamente, el “curanto” se prepara cavando en la tierra un hoyo, proporcional a la cantidad de alimento que se va a preparar, pero de aproximadamente unos setenta u ochenta centímetros de profundidad. Se calientan rocas al fuego durante una hora y media aproximadamente –un poco menos que ponerlas al rojo- y entonces se cubre el fondo del pozo con una capa de piedras. Sobre ellas, una capa de hojas verdes de plátano. Luego, la carne. Otra capa de hojas de plátano y más piedras calientes. Nuevamente, hojas de plátano y ahora el pollo, y se sigue con capas de hojas y piedras para el pescado y finalmente la verdura. Estas últimas luego de ser cubiertas a su vez por hojas, lo son también por una manta que se ajusta y se cubre todo con tierra. Así se deja durante otro par de horas, controlándose, primero, por la temperatura del suelo y luego, por el olorcillo que comienza a filtrarse. Otra hora y media más, se descubre y se sirve.

Bien, como escribiera, en Chile continental y sur de Argentina esto es simplemente una curiosidad gastronómica. Pero en Rapa Nui se afirma que el “curanto” transmite y comparte el “mana” particular del clan familiar que lo prepara. Eso explica que –a nuestra llegada- vimos distintos grupos que simultáneamente lo preparaban (en mi ingenuidad me preguntaba porqué no se reunían a hacer uno en común) y, salvo un “show” tontamente montado para turistas, no se invita a desconocidos a participar de los mismos. Por la misma razón, nadie va a un “curanto” si no confía plenamente en la familia que lo prepara, porque el alimento lo afectará o beneficiará espiritualmente de la misma manera, del mismo tenor espiritual que sean sus hacedores.

Tongariki

Tongariki

Es el “mana”, como nos dijeron todos, lo que hizo “caminar” a los moai hasta su ubicación final. Permítaseme repetir aquí que esa teoría explicativa que dice que fueron puestos de pie aprovechando sus bases romas y, atados con sogas, bamboleados hasta su destino es, estando en el terreno, absolutamente impracticable. El suelo es –lo escribí hasta el hartazgo- absolutamente irregular, quebrado, con aristas y depresiones, además de ser el conjunto orográfico totalmente accidentado. Y cuando hablan de “caminar”, los rapanui describen, en puridad, una levitaciòn a centímetros del suelo… Y si la roca de Te Pito Kura, a decir de ellos, tiene “mana”, entonces en definitiva el misterio de Rapa Nui remite al manejo de campos electromagnéticos. Tal vez esto pudiera haberlo testeado con eficiencia si -como comenté públicamente era mi intenciòn antes de viajar- hubiera podido relevar radiestésicamente los distinhtos sitios. Pero la férrea observancia del “tabú” de siquiera acercarse demasiado a los “ahu” (y no digamos a los moai mismos) hizo imposible ese objetivo. Empero, quiero poner de relevancia aquí dos detalles, quizás menores, quizás no:

  1. En Tongariki (el “ahu” de los quince moai, arrasados -éstos, no el “ahu”- por el maremoto de 1960, y luego vueltos a colocar en su lugar, revisando el lugar con mis “dualrods” o varillas radiestésicas mostró que los extremos del “ahu” coincidían perfectamente -y corrían longitudinalmente- con dos “líneas Hartmann”.
  2. Ahu Ahivi

    Ahu Ahivi

    Me permito señalar que la afirmaciòn instalada que “todos los moai miran hacia el interior de la isla” tiene una excepciòn: Ahu Ahivi. Aquí, los siete moai miran hacia el mar, más precisamente, hacia su lugar de origen. Que no es el Oeste como se publicita, sino el Oeste Sudoeste. Treinta grados al sur del Oeste, tomados con mi brújula. Si sobre un planisferio tiramos una línea en esa direcciòn (y admitiendo el decir ancestral que sostiene que señala exactamente su lugar de origen) la única tierra firme, allá lejos, son las islas Pitcairn las que están habitadas sólo desde fines del siglo XVIII. Y eso, porque sus primeros habitantes fueron los amotinados del HMS Bounty. Más allá (o más acá) sólo mar, lo que abona la historia de Hiva, la tierra que se hundió bajo las aguas…

Relevando radiestésicamente el entorno de Tongariki

Relevando radiestésicamente el entorno de Tongariki

Nos obliga el final de este artículo a dejar interrogantes abiertos. Pero qué es más estimulante que ello para el lector.

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Video conferencia “Espiritualidad e Investigación OVNI”

Posted by Gustavo Fernández en 18-05-2015

En nuestro canal de Youtube hemos subido la conferencia “Espiritualidad e Investigación OVNI… ¿son frameirreconciliables?”, dictada en el marco del Congreso Argentino de Investigación OVNI y Contactos Extraterrestres (1 al 3 de mayo de 2015, Paraná, Entre Ríos, Argentina). Hacer click aquí

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ESTANCIA LA AURORA: 25 AÑOS DESPUÉS, OVNIs Y EL MILAGRO DEL PADRE PÍO

Posted by Gustavo Fernández en 12-04-2015

auroraQuien avisa no es traidor: no es ésta una investigación en profundidad y extensión (cuando menos, no como gusto concebirlas), sino simplemente un conjunto de observaciones y apuntes tomados sobre el terreno y la marcha, pero siempre algo es mejor que nada.
Había conocido La Aurora en el año 1990. Época de efervescencia “platillista”, de hippies trasnochados invadiendo el predio, buses repletos de personas con problemas de salud fletados desde distintas ciudades de Argentina, de “mantrams” resonando en las noches. Si bien el disparador original ocurriò bastantes años antes, el 4 de febrero de 1976, cuando en ese establecimiento agropecuario propiedad de la familia Tonna, ubicado en lindes del departamento Paysandú con Salto, en la República del Uruguay, una extraña luz descendiò del cielo alrededor de las 22 horas, con movimientos pendulares, siendo observado por los propietarios y algunos peones. Cayó sobre un ombú, desgarrándolo y dejando un gran y profundo hueco en su centro, mató a algunos animales y desapareciò. Y a partir de allí, las apariciones comenzaron a multiplicarse. Por casi quince años tuvieron un pico ascendente; era cuestiòn de tiempo que la noticia corriera entre los lugareños, en la prensa local, la nacional y, finalmente, trascendiera al ámbito internacional. Y al igual –casualmente, también en los ’80- que su correspondiente cordobesa de Capilla del Monte con su cerro Uritorco, se transformó en la “meca” de investigadores

A la izquierda, la gruta. A la derecha, la estancia, en esta vista de Google Earth

A la izquierda, la gruta. A la derecha, la estancia, en esta vista de Google Earth

y entusiastas en los OVNI. Incluso, concitò –no una, sino dos veces- la visita, a título personal, del ex astronauta Neil Armstrong (algo que algunas voces en Uruguay se empeñaron en desmentir pero que nosotros hemos probado fehacientemente).
Fueron tiempos nostálgicos y extraños, donde la cordialidad de don Ángel Tonna sirvió de puerta a más de un inadaptado que sin reparar en límites por su curiosidad, cortó alambrados, pisoteó sembradíos y alteró el ritmo biológico de los animales de granja. Los OVNI continuaron apareciendo y fueron muchos (no yo en esa ocasiòn) quienes los observaron, pero aún no era época de cámaras fotográficas digitales ni “camcorders” y por ello escasean las evidencias gráficas. Tuve –antes y después de aquél primer viaje- la oportunidad de entrevistar a muchos testigos y quedarme con la ácida sensación que el fuerte tinte “salvacionista” de relatos y protagonistas enturbiaba la realidad de la historia. Claro que uno –un servidor- también era otro. Más racionalista y, seguramente, intransigente. Y como mucha menos experiencia.

Fue por esos años que comenzó la asociación “Aurora-Padre Pío”. Si la serie de TV “Los Invasores” comenzaba con un relator en off diciendo “Todo comenzó una noche, con un merendero abandonado, con un

Gruta del padre Pío

Gruta del padre Pío

hombre tan solitario que no podía continuar el viaje. Comenzó con la llegada de una nave de otra galaxia…”, podríamos decir aquí que “Todo comenzó con la aparición del padre Pío a unos acampantes en una noche solitaria, con un grupo de desahuciados que no podían contener su emociòn. Comenzó con una sencilla cruz en el lugar de la aparición…”
Porque así fue. Y, realidad o sugestiòn, comenzaron a multiplicarse los testimonios de aparición de ese fraile capuchino, milagroso y estigmatizado, que relataba casi de manera displicente sobre sus habituales “encuentros demoníacos”, cuya única relaciòn con el lugar era que un cura de Salto agonizó y murió en Italia siendo asistido en sus últimos momentos por el sacerdote hoy tan famoso. Desmitifiquemos: el padre Pío jamás visitó Uruguay. Claro que hay otra arista, quizás no menos importante: la propia familia Tonna –concretamente, don Ángel y su esposa- era discreta devota de la figura del padre Pío. De modo que pasaron algunos años y se levantó, sobre campos que la propia familia liberó gratuitamente al acceso público (algo que molestó mucho a la iglesia católica local, que pretendía comprar el terreno) pero del otro lado del camino que lleva al establecimiento, una gruta con rocas del lugar, dedicada al monje. Hoy, un centro de devota peregrinación que fue lo que visitamos hace pocas semanas junto a un grupo de personas, nucleadas por las amigas Giselle Erba y Lilian Cuenca, del Instituto Akasha, de Montevideo. En todos estos años, me fueron llegando relatos más o menos indirectos sobre nuevas apariciones, curaciones milagrosas pero –esto es interesante- en forma inversamente proporcional a las apariciones OVNI: esto es, mientras se incrementaban las manifestaciones religiosas, decrecían las manifestaciones fenomenológicas. Ah, también y por supuesto, apareciò la afirmación de la presencia de una “ciudad intraterrestre” (al estilo de su sucedánea “Erks” cordobesa)

¿Era casual?.

Tenía algunas sospechas. Hace rato que sostengo que el fenómeno OVNI (por lo menos, como se entendía, digamos, en la década de los ’60) está mutando, transformándose en otra cosa. La apariencia “mecanicista” del mismo fenómeno ha virado hacia un aspecto, si se quiere, más “espiritualista”. Esto no afecta sólo al universo de interesados e investigadores; se remite a la propia descripción del fenómeno y las “entidades” observadas (o contactadas) en asociación con aquél. ¿Es que existe una “moda interplanetaria” que abandona la escafandra plateada por la túnica alba?. No lo creo. Sí, que es la forma en que la inteligencia detrás del fenómeno elige para presentarse y así, condicionar creencias y conductas. Me he extendido sobre el punto (y mis hipótesis) en otros lugares, de forma que no seré redundante aquí. Baste decir que la información que me iba llegando de La Aurora y sus aledaños parecían alinearse con esa teoría, de modo que no desaprovecharía la ocasiòn de hacer, cuando menos, un relevamiento “de visu” un cuarto de siglo (uf, qué fuerte que suena así) después.

Algunos inevitablemente prejuzgan, y concluyen que todo esto es un “buen negocio”. Lamento decepcionarlos: no he visto negocio alguno aquí. A la estancia (aclaremos antes que oscurezca) no se permite el ingreso, y Tulio Tonna, su actual responsable, parece empeñado en quitarle entidad “espiritual” al lugar. “La Aurora” ha devenido,

El bizarro cartel "de la NASA"

El bizarro cartel “de la NASA”

nuevamente, en simple establecimiento agropecuario, y nuestros intentos de ingresar y conversar con el personal fueron respondidos de forma descortés y grosera. El viejo cartel de “dirigirse a la NASA” fue retirado (aclaremos: algo puesto no por ese organismo que, de todas formas, tiene nulo interés en el tema, sino por los dueños del lugar, también ignorantes que la cuestiòn UFO no se redirecciona a la NASA sino… a la NSA (National Security Agency) que no es lo mismo, obviamente). El único “negocio” –ni me atrevería llamarlo así- son dos puestos de artesanos a la entrada de la gruta, atendido por gente muy amable pero con nulo conocimiento de los hechos. El mismo acceso, ya dije, es gratuito, y no hay alojamientos, restaurantes ni áreas de aseo en las proximidades. Si se desea alojamiento, hay que dirigirse a la propia ciudad de Salto, a unos 5 km. Y los grupos o particulares que visitan el lugar, generalmente lo hacen “de paso”.
Sí se constata no sólo la profunda devociòn de quienes asisten sino también (como ya expliqué párrafos arriba) el número creciente de visitantes. Esporádicamente se realiza alguna misa en el lugar, pero la Iglesia tampoco parece estar muy interesada en estimular el culto, por las asociaciones “extraterrestres” (como investigador con muchos kilómetros en estos temas, no puede dejar de llamarme la atención que en tanto algunos cultos “populares” y “paganos” como el correntino “Gauchito Gil” sí son cooptados por la iglesia, no solamente llevando allí su culto sino tratando de absorberlo, la sola menciòn de “ovni” les hace alejarse como de una celebración satánica).

De manera que allí fui, en una agradable tarde de domingo, con algunas ideas en mente. Queriendo relevar algo que, claro, no entraba en mi cosmovisón de veinticinco años atrás. En que en todo ese tiempo cuando menos, extendí mis

Junto al grupo y varillas en manol, buscando líneas Hartmann

Junto al grupo y varillas en mano, buscando líneas Hartmann

horizontes intelectuales. Y en esta ocasiòn llevaba en mi bolso algo que no tenía tantos años atrás: equipos e instrumental radiestésico. Péndulos y varillas para medir las energías del lugar.

Ya he citado otros trabajos míos al respecto, como descubrir que en algunas “canchas de juego de pelota” en el México prehispánico, ciertas particularidades del lugar modifican el recorrido de las “líneas Hartmann” (líneas de “energía telúrica”, que como estrecha cuadrícula se disponen sobre toda la superficie de la Tierra formando una “malla” o “red” energética, algo así como los meridianos que la Acupuntura señala en el organismo humano). En esa misma línea de trabajo enfoqué este relevamiento.
Y los resultados fueron sorprendentes.

Los alrededores inmediatos de la propia estancia carecen de interés (siempre, desde el punto de vista radiestésico). El hallazgo fue recorriendo el sendero que desde el camino lleva a la gruta del Padreo Pío. Allí, se van detectando, a una distancia aproximada de tres y medio a cuatro metros y paralelas entre sí, las consabidas líneas Hartmann. Hasta aquì, nada extraño. O sí. Como observaron varias de lasa damas que me acompañaban, las varillas radiestésicas, cuando se desviaban indicando la direcciòn de flujo de la línea de energía telúrica, siempre apuntaban a un poste de madera, de los regularmente dispuestos a la vera del camino, con carteles y pensamientos espirituales del propio Pío de Pietralcina (me veo obligado a detenerme y aclarar, en presunciòn de lectores que poco saben de mí mismo: no soy católico, ni adscribo a ninguna otra corriente cristiana). Parecería que alguien, previamente, había conocido el decurso de estas líneas y (¿azarosamente?. No lo creo) había dispuestos esos postes con las reflexiones precisamente sobre ellas (son las líneas amarillas rectas y paralelas de la captura de Google Earth del paraje).

Comportamiento de las líneas Hartmann sobre el terreno y perfil del aparente cráter meteorítico

Comportamiento de las líneas Hartmann sobre el terreno y perfil del aparente cráter meteorítico

Pero la sorpresa llegó cuando nos aproximábamos a la propia gruta. Allí, las líneas de energía telúrica se curvaban ostensiblemente para confluir en la misma gruta. En lo personal sé que algunos colegas supondrán que esta “deformaciòn” podría ser producto o bien de la masa volcánica rocosa (luego volveré sobre ella) como de la abundancia de cuarzos de la regiòn. No estaría yo convencido: es demasiado intenso. Lo que creo, es que alguien “ancló” con técnicas espirituales un “sitio de poder” en la misma gruta. No es la primera vez, en la Historia y la Geografía, que esto es hecho, y todo estudioso responsable de Hermetismo podría hacer una larga lista.

Y aquí llego a la primera de mis conclusiones: la sucesiòn de apariciones OVNI de los 70 y 80, sirvió de “atractor” de masas humanas (tal como el Uritorco, después de todo) fuerte, emocional y espiritualmente motivadas, cuya energía fue “captada” por el lugar, sirviendo de iniciador, de disparador, de “anclaje”, precisamente, que después se potenciaría con una construcciòn “ad hoc”. Los OVNI atrajeron al lugar una continuidad temporal de energía humana luego continuada a través de la construcciòn conciente de un “sitio de poder”.  ¿Para qué?. Eso es pura especulaciòn, allá cada uno con la suya.
No es casual la elecciòn del lugar para la gruta. En el campo uruguayo, levemente ondulado, aparece un marcado barranco de afloramiento pétreo y allí se levantó el mismo. Observado desde el cielo –fíjense en la línea verde del diagrama- llamada poderosamente la atención la forma curva de ese afloramiento: ¿un impacto meteorítico?.
No tengo evidencia de ciudad intraterrena alguna. Tampoco, de apariciones milagrosas-aunque las declaraciones de los testigos me resultan confiables-. Pero sí me constan las apariciones OVNI de los 80 y, ahora, esta particularidad “geoenergética”. El nombre de los constructores nos es conocido, Guillermo Beckes y María de las Mercedes Schoenemman, escultores argentinos, con la colaboración de don Tonna, su esposa y, ellos mismos admitieron, “algunos voluntarios anónimos” que se acercaron al lugar. Hasta donde he investigado, ni los Tonna ni los escultores tenían la menor formación “iniciática”, excepto su profunda fe católica. Y pienso en esos espontáneos “colaboradores”, inhallables y que, tal vez, fueron los “cerebros” detrás de la edificación…

La desviación de las “líneas Hartmann” es un hecho verificable. La “mutaciòn” del fenómeno OVNI a fenómeno “religioso” es un hecho social. Será entonces tiempo de comenzar a montar guardias, diurnas y nocturnas, en el lugar, realizar prolijas encuestas entre los asistentes, profundizar tanto en la investigación geológica como radiestésica, y quizás estemos a las puertas, si no de un “portal dimensional” cuando menos de algunas ideas para responder la pregunta crucial:
“¿Qué quiere realmente la inteligencia detrás de los OVNI de aquí y de nosotros?”.

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