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EL EGIPTO DESCONOCIDO (4): CLAVES DEL ESOTERISMO EGIPCIO

Posted by Gustavo Fernández en 02-06-2017

Textos del Libro de los Muertos, escritos en las paredes de una Casa de la Vida

No puedo precisar con certeza cuándo comenzó mi pasiòn por Egipto, aunque sin duda fue de la mano de aquellas lecturas infantiles en la revista “Billiken” que llegaba a la casa paterna todos los sábados por la mañana. Le siguieron otras lecturas más extensas y profundas en la adolescencia. Llegó luego Erich Von Däniken y “Recuerdos del Futuro”, y su propuesta de la intervención extraterrestre en las megalíticas construcciones.

Pero no fue hasta allá por 1977, cuando mi ingreso en la Orden Hermética y Pitagórica, cuando comencé a escuchar, primero con racionalista escepticismo y luego con el corazón, sobre las claves esotéricas que el maestro Pitágoras había recibido en ese Egipto tan cercano entonces (siglo VI A.C.) a su propia ancestralidad, cuando aún la colonización

Isotipo de la Logia “Ad Lucem Per Voluntatem” de la Orden Hermética y Pitagórica

helénica no había matizado y ensombrecido los evos arcanos. A partir de entonces, certezas y suposiciones, conceptos anotados unos, practicados otros, hasta que el fluir de la vida me permitiera comenzar –porque todo es un eterno comienzo- a revisar las fuentes en el terreno. De ese andar habla este artículo, siendo el objetivo introducirles en el Esoterismo Egipcio. Pero, ¿cómo compartir, sin violar la discreción de un Conocimiento que –como desde siempre se enseña- debe ser dado a quien se decida a buscarlo?.

Decidí, entonces, compartir algunas grageas, algunas píldoras de esta Sabiduría. Presentando unas breves, otras más extensas, unas imbricadas con otras, algunas aisladas.

Los secretos del corazón son los bienes más preciados para actuar en inteligencia con la armonía del mundo. Ése es el metalenguaje del “juicio al corazón” expresado en el Libro de los Muertos, alimentando la convicción que si el mundo visible no cae en el caos o la inercia y se destruye, es gracias a su conexiòn con la fuente invisible de la vida.

El Cristianismo toma de la sabiduría egipcia las ideas de un Santo Sepulcro, la Divina Concepciòn, la Pasiòn y la Virgen.

El error de los materialistas es creer que lo sagrado es una fase en la historia de la conciencia, sin comprender que es un elemento en la estructura de la conciencia. El acto simbólico es creador de identidad..

Horus pierde un ojo en su lucha contra Seth, pues éste se lo hace estallar en sesenta y cuatro fragmentos. Precisamente, sesenta y cuatro, como hexagramas tiene el I Ching.

Ojo de Horus

El “ojo” es protector por su significado simbólico, que significa que sólo sirve (es decir, se activa) para quien conoce ese significado. En términos jeroglíficos, “ojo” (“Udjat”) corresponde al verbo “ver”, pero también, “crear”. Para crear, hay que “ver” qué se desea crear, y sólo quien tiene la “visiòn” de ver lo que aún no existe pero creará, tiene el “poder” de estar protegido del mal, ya que éste, siendo oscuridad, es sólo la ausencia de la luz. Si somos víctimas del mal, es que hay zonas en nuestra vida aún no iluminadas por la luz de nuestra voluntad creadora. La voluntad –conciente, concreta, manifestable; no como mera expresión de deseos o de un ego sobrevalorado- protege del mal porque ante ella aquél retrocede. Cuando los judíos, en el Antiguo Testamento –deudores del aprendizaje de sus sabios durante su período de sometimiento en el Nilo- redactaron el comienzo del Génesis como un acto voluntario de creación de la deidad, conservaron la idea simbólica que la Luz se “hace” como manifestación de ese acto, llamando (llamándonos) a recordar el potencial de nuestra Luz Interior. Ésa es nuestro “Aj”, durmiendo en nuestro “Dwat” (Cielo Interior). Porque el Dwat es como símbolo el “cielo” de las deidades, pero expresión macrocósmica del “Dwat” microcósmico en cada uno de nosotros, donde, otra vez, duerme la Luz, el Aj, a la espera de despertar.

Mudra de bendición

El miedo y la angustia existencial, como vacío interno, sólo pueden ser superados por quien es capaz de vencer a la adversidad en su propio terreno. Gracias a la imaginación activa, nutrida con lo simbólico, el ser humano inspirado por Toth (es decir, por la Sabiduría) se sitúa en el centro de la contradicción, en el centro de los opuestos, y los hace complementarios.

Por eso, la práctica de la magia tradicional no busca efectos o milagros, sino establecer una correspondencia, una relaciòn de simpatía entre las partes y el todo para que interactúen en armonía. Se trata, finalmente, de procurar y mantener la armonía entre la Tierra y el Cielo. Eso implica un gran trabajo interior para conocerse, dominarse y transformarse en un auténtico canal de las leyes que dirigen el Cosmos.

Hoy, en este siglo XXI, diríamos que ese proceso de Autococimiento puede tener distintas vías: trabajar operativamente en una Orden Iniciática, terapia, psicoanálisis, meditaciones… pero es indubitable que el cambio, como Transformaciòn (en un sentido alquímico: pasar de algo inferior a algo de orden superior) no es posible mientras que el Autococimiento no sea una cotidianeidad palpable y objetiva. Y quien, estando o sintiéndose aún en una fase “inferior”, “argumente” porqué el cambio no depende de eso sino seguramente de otros factores, haría bien en mirar con ecuanimidad cómo está su vida, luego cómo está la vida de quienes hacen esta propuesta, y sacar algunas conclusiones…

En Luxor

La entrega de ofrendas son también la expresión material de un simbolismo. Cuando se ofrenda trozos de lapizlázuli, por ejemplo, se representaba la reconstrucciòn del Ojo Perdido de Horus. En ese acto, el ofrendante expresaba su intenciòn de reconstruir aquellas cosas perturbadas o desgastadas por el mal o por el paso del tiempo. Cuando ofrendaba plumas, éstas significaban la liviandad del peso del alma y, como ofrenda a Maat, diosa de la Justicia, expresaba con ellas el ofrendante hacerse cargo de lo que habitaba su espíritu, aceptando las consecuencias de ello, es decir, haciéndose responsable –diríamos hoy- de su Karma. Porque sólo quien se hace cargo de su Karma tiene la posibilidad de transmutarlo.

La práctica de ofrendas grupales expresa otra idea: la de que una sociedad sin vivir lo “sagrado” no es más que un conjunto de individuos que vivirán juntos, pero jamás reunidos (es decir, re-unidos)

La Merkaba

Todo hombre es un Osiris en potencia, por eso enfrenta a lo largo de su vida múlñtiples oportunidades de “osirificarse”, es decir, de llegar al estado de héroe que acepta el combate para renacer. Si lo evade a lo largo de la vida, indefectiblemente tendrá que enfrentarlo en el más allá; pero los numerosos combates contra Seth –simbolizado por las numerosas batallas de Horus contra Seth- serán cada vez más duras.

No podía hacer este viaje sin acercarme a una palabra muy popular en los ámbitos seudo espiritualistas de Occidente: la palabra Merkaba, Mer – Ka – Ba o Mer – Kha – Bha, como gustan escribir algunos, seguramente porque eso de ponerle unas cuantas “h” en el medio suena más sesudamente intelectual. Lo cierto es que la última traducciòn medianamente confiable que tenía era la expresiòn “vehículo ascensorial de luz”. Esto había llevado a que en el terreno de la Geometría Sagrada, las canalizaciones y otras cosas se discutiera si era tanto una nave espacial etérea como una técnica de meditaciòn. Y en Egipto, las veces que chequeé la expresiòn, con más o menos extrañeza, la respuesta fue siempre la misma: “el cuerpo, como receptáculo del alma y la mente”·

Pero –siempre hay un pero- no el cuerpo de cualquiera, sino el cuerpo del hierofante. Que es como decir, el Sacerdote Iniciado. Y en Karnak, me señalaron el jeroglífico, muy poco común, casi muy extraño, que lo representa: esa especie de triángulo de lados curvos, con un vértice apuntando hacia los cielos…

 

La profunda fuerza del culto a Isis

 Isis no sólo pervivió a través de los siglos transformándose en la Virgen como expresión de la Fuerza Femenina. Lo fue también por la riqueza de su simbología. En las representaciones antiguas se ve siempre detrás de Osiris, no refugiándose ni delegándose a un segundo plano, sino protegiendo su espalda. Según los egipcios, el fluido vital de cada ser recorre la columna vertebral (el “shushuna” de la India, con su Kundalini en ascenso), lo que hace de la espalda el lugar más expuesto a peligros. Cuando presenta alas, es porque activa, aleteando, esa vitalidad. Y su “culto” implica tres pasos:

  • “Reconstituir el cuerpo de Osiris desmembrado por Seth”, que significa reunir en un Todo armónico las fuerzas de nuestra vida dispersadas por las experiencias contradictorias.
  • “Clasificar e inventariar todo lo que contiene la Casa de la Vida y el sarcófago”, es decir, analizar y poner en orden nuestra mente, nuestros sentimientos y nuestro espíritu, disciplinando nuestra inteligencia.
  • “Adorar los misterios del Cielo”, es decir, comprender y respetar las enseñanzas que se reciben, y aplicarlas de manera conciente y sostenida.

La actitud hacia el Mal, cuando aparece en la vida, debe ser de Transmutaciòn. Es decir, de emplearlo para catalizar –en el sentido químico de la expresión, “una sustancia que acelera la transformación de otra”-. Y eso se logra comprendiendo que lo “bueno” del Mal es que aquello que éste no destruye con su acciòn, será inmortal. Eso se simboliza con las “pruebas” que supera Osiris.

 

Mudras

Atrás, en la pared, el jeroglífico de los puños enfrentados. Frente a él, lo reproducimos

 En lo personal me fascina seguir descubriendo como trozos de Sabiduría Universal se repiten (no podía ser de otra forma) en distintas geografías y épocas. Por caso, los “mudras” aquellos gestos y posturas que simbólica y energéticamente son herramientas para manifestar un proceso conciente de transformación. Ya escribí en su momento cuando los encontré –obviamente con otro nombre- entre los Toltecas, en el actual México. También estaban presentes en los antiguos egipcios.

Por ejemplo, esa postura de todo faraón de presentarse con la pierna izquierda adelantada. Eso era porque era la más cercana al corazón. Expresaba que el faraón pondría todo su sentimiento, todo su amor, toda su pasiòn en buscar el “adelanto” (el paso al frente) de los suyos. Por ello, también, era una “postura mágica”; se enseñaba al Adepto que adoptar la postura de pie izquierdo adelante como rutina en la vida facilitaba dirigir sus energías emocionales a favor de su prosperidad.

O la postura llamada “ka” –sí, como el Ka, el cuerpo energético diríamos hoy, de ambos brazos levantados a ambos lados de la cabeza: postura para “ser uno con el Todo”.

“Deret” era el gesto de “bendiciòn” –para llevar paz a terceros- luego perpetuado a través –nuevamente- de los cristianos.

En el centro, el mudra de “ka”, en el dintel de una Casa de la Vida

Mientras tanto, “Nini”, era una reverencia con las manos como cuenco al frente; simbolizaba a la diosa Hathor dejando fluir de sus manos las generosas aguas del Nilo, y garantizaba la prosperidad, bajo el concepto que lo que tenemos es, en puridad, lo que nos es devuelto multiplicado por lo que entregamos al Universo.

O caminar hacia atrás un trecho, moviendo frente a sí los brazos de manera ondulante: significaba a quien barre una habitación saliendo de ella, expresando que el lugar estará de nuevo “puro e incorruptible”, es decir, favorecer nuestra Regeneraciòn.

Respetaban los ciclos cósmicos como vivos, por lo cual entendían que debían “dormir”. Ése era el sentido de los “días epagómenos”, o “Días Olvidados”, los último cinco del calendario de 365 que ya tenían, donde las actividades se reducían al mínimo indispensable para que nuestras energías vitales (nuevamente, reflejo microcósmico de lo Macrocósmico) tomaran nuevo impulso. Además y por esa misma razón, son días peligrosos, en los que deben extremarse los cuidados. La existencia de estos días (y por ende, este calendario) es, cosa interesante, de los conocimientos más antiguos que se han conservado, ya que forman parte de los afamados “Textos de las Pirámides” y aparecen en Heliópolis citados en un calendario fechado… ¡en el 4.241 antes de nuestra era!.

En el centro, el jeroglífico de “heka”

Pero de lo que no se habla es de lo que deberíamos hablar: descubrir que uno de los rituales más antiguos era el de la “piel – cuna”: mucho, muchísimo antes, milenios antes que comenzara a practicarse la momificaciòn se celebraba con los difuntos este rito. En contra de la opinión instalada, que la elaborada momificación en la “Casa de los Muertos” es la evoluciòn de la simple momificaciòn natural por exposición a los elementos (el Sol, la arena, la sequedad ambiental de Egipto), ésta deviene de la costumbre mortuoria de colocar a los difuntos dentro de la piel de un animal –generalmente un chacal-  para que Anubis lo llevar a Sirio, ya que la primitiva religión egipcia era un religión estelar, donde el “más allá” era, concretamente, la continuidad de la vida del cuerpo astral –el Ba– sobre otro cuerpo planetario.

En la vida –enseñaba el visir Ptahhotep- “debemos renacer permanentemente y no estancarnos bajo ningún concepto. Debemos aspirar a ser “unen nefer”, “el-perpetuamente-renovado” (“Máximas d ela palabra cumplida, papiro del 3.000 A.C.)

Cada obstáculo de la existencia es una prueba, jamás una barrera. Ella contiene la energía y el poder que debemos integrar en nosotros mismos, y para ello debemos “romper su cascarón” y alimentarnos: eso pasa cuando superamos la prueba. En sus “Máximas”, Ptahhotep enseña:

  • “Quién no escucha es ignorante y agitado, quien entiende y comprende, establece e inspira confianza”
  • “La energía creadora se encuentra en todas partes, tanto en lo animado como en lo no animado. El sabio debe aprender a servirse de ella, sabiendo que nunca será su dueño”
  • “No provocar en los demás acciones de furor u hostilidad, pues éstas perturban nuestra energía”
  • “Dar y no tomar. Así se actúa en compañía del Poder divino, confiere al actuante una fuerza auténtica”.
  • El amor nutre la energía; ella nutre al amor”
  • “Lavar el vientre y purificar el corazón para no contaminar la enseñanza”.
  • “El ser perpetuamente descontento de todo es una desgracia para su entorno”.
  • “Una condiciòn del éxito: siempre proponerse llevar a cabo cosas elevadas”.
  • “Quien sigue a un hombre mediocre, deviene mediocre”.

Entre los secretos egipcios, está la doble funciòn de las palabras. Veamos una: “Heka”, significa “magia” pero también el uso conciente (mágico) de un cierto instrumento. Heka se compone de “he”, nudo y “ka”, energía. Y remite al hecho que hay gente que sabe “hacer el nudo” pero no pone vida y energía. Otrtos saben proyectar su energía, pero su acciòn es dispersa y confusa. Por eso, Ptahhotep enseña: “Sumergir el corazón y ordenar la boca” (hace runa instrospecciòn para verter los pensamientos adecuados a través del Verbo, que es energía creadora).

 

Cenotafios y parapsicología

Los egipcios crean el “cenotafio”, tumba sin cuerpo, que es la tumba para el alma. Pero su naturaleza no era la de un simple monumento “recordatorio”, sino un instrumento para ser impregnado de una esencia. La esencia del individuo que trascendía su unicidad, y que me da pie a esta teoría.

Más allá de lo que los papás de uno pensaban cuando por sobre la cuna miraban a ese rozagante bebé que años después se transformaría en quien esto escribe, todo se complota en convencerme que nacemos con ciertos destinos prefijados. Que aunque, por ejemplo, uno sueñe con ser un intelectual más del montón, razonablemente tolerado por sus congéneres, las cosas ocurren para demostrarnos que ni siquiera somos dueños de nuestras ideas. Es el tipo de cosas que suelen pasarme: no puedo evitar la compulsión, a lo largo de los años, de volcarme a actividades o proponer cuestiones que despierten el sarcasmo, la burla escéptica o el escándalo. Me pasó cuando decidí ser parapsicólogo, me volvió a ocurrir cuando, en vez de apoltronarme en la comodidad conceptual de una parapsicología científica, opté por volcarme al Ocultismo, o cuando viajé en busca de extraterrestres en el pasado argentino por toda nuestra dilatada geografía, o cuando no tuve mejor idea que irme de paseo a hacer experiencias parapsicológicas a la cumbre del Aconcagua, o cuando fui en busca de extraños seres en la Caverna de las Brujas, o cuando tras una improbable, gigantesca serpiente acuática hice decenas de kilómetros en una temblorosa piragua por el río Pilcomayo, o las noches cuya cuenta he perdido en cementerios a la caza de fantasmas, o….

O cuando, como ahora, mientras leía atrasados artículos sobre los últimos experimentos sobre clonación, una idea se filtró en mi mente y, aún en contra de mi voluntad, creció hasta convertirse en una teoría. Una teoría que, debo reconocerlo, empieza a gustarme. Y que me parece absolutamente dictada “desde afuera”. Es feo eso de sentirse un instrumento pero, en fin, si el destino es ser canal de algún metafísico registro akhásico, no será un servidor quien se resista. Así que con la tranquilidad que da creerse entonces poco responsable de lo que uno dice, aquí va esta propuesta.

Que consiste básicamente en repasar –y concatenar- tres instancias: una biológica y genética –la clonación– otra esotérica –la reencarnación- y una parapsicológica –el así llamado “punto de anclaje”-. Y, si me apuran, una cuarta: lo extraterrestre –a través del conocimiento legado por visitantes en la antigüedad-. Repasemos algunos conceptos y aclaremos posturas frente a los mismos.

De la clonación no hay mucho interesantemente nuevo que pueda decir –perdón, escribir-. En mayor o menor grado, todos han escuchado de ese sistema novedoso –o no tanto, ya que sus fundamentos figuran en manuales de divulgación científica de sesenta años atrás- que consiste en copiar seres vivos –incluso humanos- reproduciendo el patrón genético de un sujeto en células soporte de otro individuo. Sobre este apasionante campo se ha generado una discusión más filosófica que técnica y de una dudosa moralina. En efecto, las iglesias han cuestionado la ética de clonar seres humanos, por aquello de la biodiversidad y que cada fulano que camina sobre el planeta es único e irrepetible; considero, sin embargo, que no sólo se ha enfocado erróneamente la cuestión, sino que incluso se ha informado malamente a la población, acudiendo a cuestionables golpes bajos emocionales (¿”qué pasaría si se clonaran muchos Hitler”?, es la tontera más habitual) para responder a oscuros intereses. Y nunca mejor empleado lo de “oscuros”. Lamentablemente, por estrechez mental o por maquiavélicas razones, muchas de las religiones dominantes hoy en día se han opuesto durante siglos al avance del conocimiento en todas sus formas. Antes, se quemaba a sus responsables. Hoy, se les cubre de ridículo, lo que es todavía peor, ya que el ridículo jamás ha creado mártires. Aún más, se les sindica de amorales, y la razón es sencilla: sólo se domina a la gente a través del miedo, y el miedo es hijo dilecto de lam ignorancia. Para controlar a las masas, no hay que dejarles pensar ni informarse sanamente. De donde podríamos inferir lo que vamos a llamar (si les parece bien) la Primera Ley de Fernández: “Toda estructura religiosa o pseudorreligiosa necesitada de bienes y recursos materiales y apoyo político crece numéricamente de manera inversamente proporcional a la masa de información y del buen uso que del raciocinio hagan sus feligreses”.

Porque si se hace un clon de Hitler tendremos un tipo bajito, de cabello chuzo y bigote cortito, gesticulante y pocaspulgas, pero lo realmente importante, es decir, todo lo demás, lo que es mentalmente, espiritualmente, emocionalmente, moralmente, no es producto de la clonación: no existe –eso los científicos lo saben muy bien- un gen del crimen. El ser humano es más que la suma de sus partes biológicas. Los factores ambientales, familiares, culturales, modelan la personalidad, sus virtudes y defectos. No cometamos el error de hablar de una moral de la clonación que necesariamente, para contradicción de las iglesias, sólo es defendible si se niega el espíritu; que no está en el ADN. Mil fulanos fotocopiados físicamente van a ser muy distintos psicológicamente, y esa es la única biodiversidad que cuenta.

¿Hablamos de reencarnación?. No es necesario: si usted está leyendo estas líneas es porque, crea o no en ella, la conoce. Si no, ¿no se habrá equivocado de publicación?.

Pero sí dediquemos algunas líneas a un concepto parapsicológico ni siquiera muy difundido entre los especialistas: el “punto de anclaje”. Llámase “punto de anclaje” a un lugar, objeto o persona que, por la intensidad emocional que conlleva, resulta la única referencia cognoscible para un “paquete de memoria”. Este término (“paquete de memoria”) fue propuesto por el biólogo francés Jean Jacques Delpasse para definir a lo que vulgarmente se denomina “fantasma”, es decir, el residuo psíquico superviviente de una persona fallecida.

El “paquete de memoria”, luego de la destrucción biológica del cuerpo que le contuvo, tiende a “adherirse” a aquello que más significado emocional tuvo durante su vida física. En el estado pseudosonambúlico y desconcertante que atraviesa post mortem, el “paquete de memoria”, quizás no comprendiendo su nueva situación y condición, busca desesperadamente –si en vida ha carecido de la evolución espiritual necesaria para comprender lo que le ocurre y evolucionar a planos superiores de manifestación, “despegándose” así de esta realidad- aquella referencia que le es conocida.

Como está privado de medios sensoriales, su forma de orientarse es el sentir, ya que sólo puede valerse de lo único que tiene porque es lo único que es: psiquismo residual y emocionalidad. Y así como cuando nos perdemos en una ciudad desconocida buscamos puntos de referencia conocidos –una iglesia, el hotel donde nos alojamos, una plaza central o la terminal de ómnibus- el “paquete de memoria” se “fija” –se “ancla”- a lo más importante que jalonó su vida: sus seres queridos, su casa, un objeto muy apreciado o ambicionado, sus propios restos mortales. Ello se transforma, entonces, en el “punto de anclaje”. Los puntos de anclaje explican las viviendas con “presencias”, por ejemplo. Los objetos “malditos”, o las entidades detectadas en cementerios, también.

Bien. Supongamos por un momento que los antiguos egipcios conocieran el efecto “punto de anclaje”, lo que no es extraño, por otra parte, a su religión. Desde que se inició en las tinieblas de la prehistoria, sus prácticas rituales obligan a conservar no sólo el cuerpo, momificado, de sus difuntos, sino sus vísceras en vasijas ad hoc, además de sus tesoros (un buen motivo para “aferrarse” en esta vida), efectos personales de todo tipo y, en ciertas épocas, seres queridos que eran sepultados junto a ellos en sucesivas generaciones. Ellos mismos, en textos de todo tipo, papiros y petroglifos especialmente, señalan la importancia de estas prácticas para que, mientras el espíritu del difunto pueda ascender a los cielos, el “ka”, o doble astral, diríamos ahora, permanezca “vigilante” junto a los restos. De hecho, ellos entendían que la naturaleza humana se dividía en tres planos: “ba”, o cuerpo astral, “ka” o psiquismo, y “aj” o espíritu, como una versión microcósmica y adelantada en siglos al judeocristianismo de una Trinidad a escala humana.

Siempre me he preguntado el porqué de esa obsesión en querer conservar la materia carnal en las mejores condiciones el mayor tiempo posible. La suposición de la ortodoxia arqueológica en el sentido que lo hacían porque, en su ingenuidad supersticiosa, creían que en el futuro “resucitarían” carnalmente, me parece cuando menos una ofensa a la inteligencia que a los propios egipcios le atribuimos considerando sin ir más lejos su arquitectura, su astronomía o su arte plástico. Por otro lado, me parece mucho menos supersticioso que las creencias cristianas contemporáneas que esperan esa misma resurrección “en cuerpo y alma” aún cuando el paso de los siglos, qué digo, de los milenios, reduce a inveterado polvo hasta el más resistente de los huesos. Pero a esto hoy le llamamos, displicentemente, “devoción” y “fe”, y convivimos culturalmente con esa creencia que tantos –universitarios, políticos, intelectuales- consideran lógica. En cambio, cuando suponemos que los egipcios conservaban la materia para que los “dioses” en el futuro le devolvieran la vida al ser, sonreímos sardónicamente y nos reímos de su “ignorancia”. En fin, si eso no es soberbia vana, no sé qué lo es.

Así que mi teoría es simple. Aceptemos una presencia extraterrestre en el antiguo Egipto. Aceptemos que esa presencia fue intelectualizada como “dioses” por el primitivo pueblo violentamente arrancado de su oscurantismo y proyectado como la nación más poderosa de la Tierra en pocos años. Aceptemos que algunos egipcios, particularmente inteligentes, fueron iniciados en los “misterios” de la ciencia extraterrestre. Aceptemos que esos extraterrestres conocían y manejaban la clonación. Y así aceptaremos, entonces, la transmisión, generación tras generación, del dato fundamental que cuando más del cuerpo –especialmente de alguien dominante- se conservara en las mejores condiciones, podría ser clonado –reproducido, revivido- en algún momento futuro.

¿Y qué tiene que ver el “ka”, el “paquete de memoria”, el “punto de anclaje” y toda esa parrafada con esto, dirán ustedes?. Simplemente, que se me ocurre que, aunando ambas posibilidades, los antiguos faraones, los antiguos sacerdotes, nobles y jerarcas militares, conocedores, directa o indirectamente de los grandes secretos científicos traídos por los extraterrestres, sabían como resucitar no sólo en cuerpo, sino también en alma: si el “paquete de memoria” era obligado a permanecer junto a los restos mortales, y si de esos restos podía, en algún momento del futuro, obtenerse un “duplicado”, sólo bastara que el “paquete de memoria”, “anclado” en la tumba, ingresara en el nuevo individuo (el clonado, digo) mediante posesión para que, tres, cuatro o cinco mil años después, Ramsés II, Tuth-Ankh-Amón, Nefertari, Menes o el que fuera regresara a la vida (¿necesito repetirlo?) completamente en cuerpo y alma.

Se me ocurre una –una de tantas, quizás- objeciones que harán ustedes. Pero si el paquete de memoria está “anclado” en la tumba, ¿cómo hará para encontrar ye incorporarse (poseer) su nuevo cuerpo?. Podría decir que, simplemente, a un paquete de memoria la ubicuidad en el tiempo y el espacio no le afecta como a nosotros, prisioneros de la carne, con lo cual tal vez le sería fácil encontrar, deambulando sobre la faz de la Tierra, su nuevo receptáculo. Pero se me ocurre algo más simple y, si se quiere, obvio. Supongamos que algún día los científicos perfeccionan in extremis el arte de la clonación. Supongamos que ceden a la tentación –y la curiosidad- de clonar seres humanos completando las cadenas genéticas, necesariamente deterioradas, de hombres muertos milenios atrás. Supongamos que uno de esos experimentos se hace con tejido de la momia de un faraón, admirablemente conservado. ¿Hace falta mucha imaginación para suponer que el individuo, así clonado y quizás en algún momento consciente de su origen, no podría evitar la tentación de visitar la tumba y los restos de quien, en definitiva, sería su “padre”?. Si cualquiera de ustedes descubrieran que son clones del Tuth-Ankh-Amón, ¿resistirían la tentación suprema de viajar a Egipto para visitar su tumba?. Y allí, esperando, estaría el paquete de memoria…

Es muy personal este comentario, pero debe ser sincero: entre considerarse que los egipcios eran históricamente una masa de cretinos hábiles para obras de ingeniería que nosotros no podríamos reproducir pero imbéciles que creían en una mágica resurrección de tejidos deteriorados a los cuales, por otra parte, deben haber rastreado durante sus milenios de historia ajenos a cualquier resucitación vaticinada, y aceptar una teoría que nos muestre maestros extraterrestres preparando a los habitantes del Nilo en un plan cósmico cuyas consecuencias últimas hoy también nos siguen evadiendo, me quedo con esto último.

Oh, pero no nos preocupemos. Todo esto –seguramente alguien dirá- es sólo el delirio de una mente febril. Quizás.

 

Lo dicho hasta aquí, después de todo, no es más que levantar, un poco más aún de lo que ya ha sido hecho en los siglos pasados, el velo de Isis.

Continuará

Tercera parte: El Egipto Desconocido (3): El sendero Templario

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Podcast AFR Nº 174: El Libro del Conocimiento. La conexión ISIS

Posted by Quique Marzo en 29-09-2016

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

Para ir a iVoox, clic en la imagen.

En este episodio de Al Filo de la Realidad…

  • Reflexionando sobre el último viaje a México y las enseñanzas del abuelo Tlacaelel. Comentando sobre los próximos viajes y actividades de Gustavo Fernández.
  • Detrás de ISIS hay “algo más”. Los libros revelados y los “contactados”. Las alucinaciones colectivas. ¿Con qué o quién contactan los contactados? Lavando cerebros. Analizando el libro. La generación de un egrégoro. La manipulación.
  • La delincuencia común y la posibilidad de que sean captados por ISIS. Respondiendo a los podescuchas.

 

Para escuchar en línea, dejar comentarios o DESCARGAR el audio en formato mp3, diríjase a NUESTRO SITIO EN IVOOX

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También puede descargar el podcast “Al Filo de la Realidad” directamente a su teléfono móvil suscribiéndose (gratis) desde la app de iVoox –para iOS y Android– (consígala a pie de página en: www.ivoox.com).

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Incómodas reflexiones sobre remotos extraterrestres, reyes-sacerdotes y geopolítica actual

Posted by Gustavo Fernández en 25-11-2015

El archiduque Johann Salvator von Habsburg (de la casa real de los Habsburgo) renunció a sus títulos y honores en 1889. Se recluyó en Rennes Le Chateaux, nada menos, donde el cura Bérenguer Saunièré había accedido a misteriosos secretos centenarios que aún se discuten. “Murió” oficialmente poco después, pero como muchos maestros del conocimiento secreto decide “morir” para el mundo y, con renacida identidad, reconstruirse en otra vida. Para esta nueva vida, llamándose Jean Orth, elige la Argentina.

Jean Orth, el ex archiduque, conocía el secreto: Jesús no había muerto en la cruz sino, sobreviviendo a la misma, había emigrado con su mujer (conocida a través de los tiempos como María la de Magdala; la Magdalena) y su hija al sur de Francia donde, asentada y protegida la familia, parte luego él hacia el norte de la India a la búsqueda del conocimiento de Agharta con el fin de consolidar su legado que hasta entonces, más allá de la historia oficial, era más político que espiritual. Jeshua ben Josef, Jesús, hijo de José, de la casa de David y la tribu de Judá, era un rey-sacerdote sin reino y sin religión, heredero genético de una primitiva manipulación no humana para producir una estirpe de terrestres gendarmes de otros terrestres, un ente no humano, no terrestre, quizás no físico, cuyo verdadero nombre era la pronunciación aproximada de “Yehow” (demostrado está hace rato que era una “deidad ctónica” de quien Jetro, el suegro de Moisés, era sacerdote). Este grupo —cuya pureza racial estaba asegurada por la íntima convicción que instrucciones divinas imponían la segregación de los “goim”— sabe que es sólo cuestión de tiempo que una limitada numéricamente pero poderosa geopolítica y económicamente sociedad secreta, el Priorato de Sión (quien salga a afirmar que el mismo “es un fraude” sólo muestra con esa conclusiòn qué efectiva fue la manipulaciòn de la informaciòn), entronice en los Estados Unidos de Europa a un descendiente sanguíneo de aquél que, por carácter transitivo, aparecerá ante los “gentiles” como uno más, cuando en realidad responde a una programación arquetípica que los propios judíos, en su gran mayoría, desconocen a sabiendas. En las sombras, un poder detrás del poder —los Illuminati— conoce este entresijo y perpetúa en el mundo material la alianza con beneficios recíprocos hecha con inteligencias de Fuera de nuestro común Tiempo y Espacio.

Porque, ¿es sólo una casualidad que esa sociedad secreta elija, precisamente, llamarse Priorato de Sión, y “sionismo” sea la expresión politizada y segregadora del judaísmo?.

Sobre Pedro (petrus: piedra) se funda la Iglesia cristiana. Todos los evangelios vuelven constantemente sobre la categoría fundacional de una piedra. En el 2004 excavan la torre Magdala, en Rennes le Chateau, mandada construir por el padre Sauniéré, y donde el radar de profundidad hacía presumir la quizás presencia de un arcón con documentos o un cofre con tesoros… sólo se encuentra una piedra, cúbica y basta, que los arqueólogos dejan a un lado enfadados frente a las cámaras mismas de televisión del mundo entero. Jesús, la piedra angular del Templo, la Roca kaabade Sión. La roca cúbica de la obra masónica. El “sarcófago” de la Gran Pirámide (también quebrado en un ángulo, para simbolizar que la tarea humana puede aproximarse a la perfecciòn divina, pero nunca igualarla). Pero también la Kaaba islámica que, además, es meteorítica reafirmando su procedencia de los cielos.a propósito, en la Kaaba se encuentra una roca, presuntamente meteorítica, guarnecida en un relicario de plata…. sospechosamente similar a una vagina. Dice el Islam que “llegó de Venus”. ¿Extraterrestre o un guiño a la Diosa?). Y de los “cielos”, de “arriba” desciende según la tradición una energía que, ingresando en nuestro campo áurico a través del “chakra” coronario, vitaliza nuestro cuerpo energético. Jesús, el rey-sacerdote, se perpetúa en el tiempo a través de la dinastía merovingia y se han encontrado cráneos de monarcas de ese linaje que muestran en la coronilla lo que parece ser una incisión o agujero ritual. Incisiones parecidas se encuentran en los cráneos de sumos sacerdotes de los primeros tiempos del budismo tibetano. La tonsura clerical posterior, aun hoy, es un residuo de la práctica merovingia, lo cual expresa muy claramente que algunas personas en el Vaticano no sólo conocen su funcionalidad energética sino que la aprueban y estimulan, privando al común de la gente de esta información. Y si dos o más personas comparten un conocimiento y lo esconden a sus congéneres, es el germen de una conspiración del silencio.

Los merovingios eran llamados los “reyes brujos”. Se los consideraba capaces de curar por imposición de manos, siendo iniciados en ciencias arcanas y dignos rivales de Merlin, su contemporáneo por otra parte. Estas propiedades ¿genéticas? desaparecían si se interrumpía la secuencia de transmisión sanguínea, ya sea por parte de padre o madre (lo que explica tantos casamientos interparentales en Europa hasta época reciente, buscando reforzar esa cualidad genética) y de allí el origen del atributo “divino” de la nobleza. Una nobleza que históricamente es calificada como de “sangre azul”, curiosa particularidad fisiológica que pone manifestamente de relieve la intervención artificiosa que hace a estos humanos no tan iguales a otros humanos.

De manera que tenemos aquí dos posibles lecturas: o los reyes merovingios (y sus descendientes legítimos, que aún existen) son la continuidad de Jesús, hijo de Dios, y la realeza tiene derecho espiritual a reivindicar el poder temporal aún hoy, o cierta nobleza desciende de Jesús, rey-sacerdote sin poder pero con la lucidez de comprender que su estirpe debía perpetuarse para imponerse en el mundo futuro, imposición temporal que sus seguidores aceleraron disfrazando la conquista política de revelación religiosa. Y la experiencia religiosa camuflando un programa diseñado desde tiempos inmemoriales para controlar (al decir de Salvador Freixedo) la granja humana.

Si la historia del Priorato de Sión es cierta y Jesús tuvo descendencia, los cristianos deberían admitir la carnalidad de Jesús y hacerle descender un escalón de su “divinidad”. Sería, entonces, sólo un “avatar”. Pero las masas no lo comprenderían y ¿qué religión se beneficiaría (de las más importantes) por tener de suyo muchos profetas? (lo más parecido a “avatar” que la gente puede entender): los musulmanes. Recuerden cómo muchos grandes esoteristas (René Guénon, por caso) terminan volcándose al Islam (los propios templarios en secreto).

La "piedra negra" meteorítica

La “piedra negra” meteorítica

Pero si se disemina el Islam, la posibilidad de que la gente explore el camino de “avatares menores” también crece. El Islam, con su “despersonalización de imágenes” y su sensualidad, liberaría institucionalmente otras energías en la humanidad, más “eróticas” (ya que la represiòn sexual que tanto obsesiona a los cristianos es por definiciòn, “thanática”. Liberaciòn de enerde masas que bien puede ser el “alimento” de entidades no físicas). Entonces, hay que demonizarlo. ¿Quién mejor que un musulmán que desencadene tragedias en nombre del Islam (Osama bin Laden, DAESH)?. Pero, en este caso, hay pistas: “la base” (la traducción de “Al Qaeda”). Los grupos fanáticos verdaderamente musulmanes jamás dejarían de usar nombres sagrados, como Jihad, Hamas, Jezbollah y Al Fatah) y los atentados en los propios países musulmanes. Si la afirmación de George W. y sus acólitos fuera cierta, el Islam atacaría más en Occidente que en Oriente. Pero es exactamente al revés. Sólo que de este lado, la sangre tiene más televisión.

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Podcast AFR Nº 136: ISIS y la manipulación Illuminati de la Nueva Era

Posted by Quique Marzo en 03-09-2014

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

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Un nuevo podcast de Al Filo de la Realidad. Conduce: Gustavo Fernández. Hoy ¡hora y media! con estos temas:

  • ¿Quiénes son los Illuminati? Reflexiones sobre ISIS, Al-Qaeda y la guerra en Gaza.
  • ¿Hasta qué punto podemos realmente elegir? ¿Es posible un lavado de cerebro tal como el que se pretende? Las armas psicotrónicas.
  • ¿Manipulación del movimiento “New Age” (de la Nueva Era, Era de Acuario) por parte de los Illuminati? Desde los panrefutadores militantes de la Nueva Era, pasando por su mercantilización, hasta su infoxicación. Raúl Juliá Levi. Un “proyector holográfico de arquetipos” encontrado en Guatemala. Los trabajadores de la luz.
  • Civilizaciones desaparecidas: Setenta mil objetos bajo el Templo de Quetzalcoatl. La Atlántida, Lemuria y otros…

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Podcast AFR Nº 131: OVNIS: ¿Qué oculta la Iglesia Católica?

Posted by Quique Marzo en 16-06-2014

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

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Nuevamente con ustedes Gustavo Fernández y otro podcast de “Al Filo de la Realidad”:

  • Comentarios de los oyentes.
  • ¿Qué puede estar ocultando la Iglesia Católica sobre el tema OVNI? La Virgen María.
  • Caso real: ¿Qué era: la Virgen o un Ovni? El Fenómeno Ovni elige a sus testigos.
  • Las tres pirámides de Giza y las estrellas del Cinturón de Orión. Catedrales francesas y su correspondencia astronómica con la Constelación de Virgo. El culto a Isis. Templarios: Un conocimiento no humano.

Para suscribirse al podcast, todas las opciones posibles: http://www.ivoox.com/s_p2_3844_1.html

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EL SANCTA SANCTORUM DEL GRIAL (y otra pista sobre Templarios en Sudamérica)

Posted by Gustavo Fernández en 13-08-2012

           Fue sentado en un bar sobre el Boulevard Matabiau,  en Toulouse, a pasos del canal du Midi, esa obra visionaria de ingeniería del siglo XVII que atraviesa el Mediodía francés, cuando decidí que  era hora de ir “cerrando” ciertos temas, no sólo porque otros muchos aguardaban en los anaqueles de interés pendientes sino muy especialmente porque terminaron encontrando su lugar en el rompecabezas que fuimos armando sobre el polvo de nuestros pasos. No seré redundante construyendo lecturas e interpretaciones de lo señalado hasta aquì en todas las notas que jalonaron estos últimos tres meses de

Junto al Canal du Midi, Toulouse

Junto al Canal du Midi, Toulouse

publicaciones, a los cuales remito a los interesados. Ocuparé entonces este espacio en tabular algunas observaciones que abundarán en evidencias y concomitancias a los trabajos ya mencionados –y a los cuales remito al lector recién llegado- sino que sentarán las bases de una teoría General, que yo he llamado “mi propio campo unificado” y que será materia de nuestro próximo post.

 1)      Los Templarios, además de su evidente formación esotérica con raíces judaicas, abrevaron en el saber islámico y también el egipcio. No de otra manera la idea de la “Diosa” (“Isis” = Virgen Negra = María Magdalena) imbrica en su historia.

en el libro "El Enigma Sagrado", se presenta esta interesante ilustraciòn

en el libro “El Enigma Sagrado”, se presenta esta interesante ilustraciòn

2)      Cuando las invasiones visigóticas en lo que luego sería Francia y norte de España establecieron la casa original de los Merovingios, éstos ya tenían fuertes connotaciones judaicas. Siendo como eran descendientes –con una pureza que se fue perdiendo con el paso de los siglos- de Jesús a través de la hija de María Magdalena, “arrastraban” ciertas particularidades genéticas que los hacían especiales en términos “espirituales”.

3)      Bernardo de Claraval fue el “cerebro” detrás del nacimiento de la Orden del Temple. Es icónica la imagen de la “Lactatio” cuando según la leyenda, rezando frente a una imagen de la Virgen María, del pecho de ésta salta un chorro de leche que da en la boca del luego santo. (¡) Es imposible no ver aquì un sincretismo con Isis amamantando a Horus.

La "lactatio" de Bernaro de Claraval

La “lactatio” de Bernaro de Claraval

4)      Godofredo de Boullión –caballero de antepasados sicambros, por lo tanto, merovingios- dirige la Primera Cruzada sobre Jerusalem. Le incomoda erigirse en “rey” del lugar y elije para sí el nombre de “Defensor del Santo Sepulcro” pero, a todos los efectos prácticos, era lo mismo. El hermano de Godofredo, Balduino, a la muerte éste, asume como Rey de Jerusalem y Palestina. El evangelio de Lucas deja bien claro que Jesús era rey de Jerusalem y Palestina por ser descendiente de David.

5)      Bernardo de Claraval comisiona a nueve caballeros, comandados por Hughes de Payens, a presentarse ante Balduino y constituir allí la Orden del Temple. Los Templarios rendirán especial devociòn a María Magdalena y e, inmediatamente después de su fallecimiento, a San Antonio de Padua (1232) quien, por otra parte, es el caso de canonización más rápido de la historia de la Iglesia: menos de un año desde su muerte. San Antonio de Padua era descendiente de Godofredo de Boullión. Y San Antonio de Padua jalona el camino místico de Rennes le Chateau, Capilla del Monte, Piriápolis…

6)      Jesús tuvo en Betania una “escuela de misterios iniciáticos”, donde Lázaro y otros fueron sus discípulos. La “muerte y resurrección de Lázaro” es metafórica y fue tergiversada –discutiremos en otra ocasión si a propósito o por simple ignorancia- La suya fue tan “muerte” como la del Adepto al ingresar a una Logia…

7)      Clodoveo I -rey merovingio- recibe la “flor de lis” de ángeles que la bajan del “cielo” por una “escala de luz”- La flor de lis es el sucedáneo europeo de la flor de lirio, símbolo de la realeza judía. Este episodio tiene la misma connotación que otras “casuales” intervenciones no humanas, como el símbolo legado a Constantino y que dispara la “institucionalizaciòn mundana” de la Iglesia Católica como poder temporal. Al preferenciar la “estrategia paulina” (de Pablo, quien como gentil buscaba ser aceptado por la sociedad romana para así poder crecer en términos materiales) a la “estrategia de Jaime” (el hermano de Jesús, con especial énfasis en lo espiritual), la Iglesia va perdiendo –por lo menos, de cara al público- sus riquezas esotéricas. Luego enumeraremos algunas.

8)      Recordemos a los Habsburgo detrás de Bérenguer Saunière, descripto esto en unos de los primeros trabajos de esta serie. Recordemos también a Juan de Habsburgo, viajando por largos períodos a la en ese entonces lejanísima Argentina, pasando largas temporadas en el Hotel Edén de La Falda, en la provincia de Córdoba y sus “paseos”, estoy seguro que no

Sobres pre-impresos que Sauniére tenía en cantidad dirigidos a Budapest, capital financiera de los Habsburgo

Sobres pre-impresos que Sauniére tenía en cantidad dirigidos a Budapest, capital financiera de los Habsburgo

turísticos, a Capilla del Monte, con toda la carga mística que ello implica. Y destaquemos que en la casa Habsburgo, nominalmente, se sigue detentando el título de “Rey de Jerusalén”.

El castillo de los Hautpouil de Blanchefort en Rennes le Chateau

El castillo de los Hautpouil de Blanchefort en Rennes le Chateau

9)      Bertrand de Blanchefort fue el cuarto Gran Maestre Templario. Los Blanchefort han tenido extensas tierras en Rennes le Chateau y traigo aquí a colación que el castillo de los Hautpoul de Blanchefor es dominante en el pueblo,  Y es la lápida de la marquesa de Blanchefort la que encierra una de las claves del enigma, al punto que Suanière la quitó del cementerio local.

10)  En Rennes y en la vida pública de Saunière, es persistente la remisiòn a la alegoría de la “escalera de Jacob”. Por otro lado, no lo es menos –aunque quizás un tanto más crípticamente- la remisiòn al “mundo subterráneo”. Obsérvese este óleo que Saunhière compró –u ordenó pintar- a un artista de Toulouse, para su palacete, “Vila Betania”. Según los entendidos en arte, representa, otra vez, a San Antonio meditando frente a una gruta. ¡Pero qué gruta!. No pude menos, al verla, de pensar irresistiblemente en las civilizaciones andinas de Sudamérica. Tiene algo de Sacsayhuamán, de Ollantaytambo, de Tiwanaku. Por cierto, las “fracturas” parecen talladas, y hasta se adivina una estela sobre el pórtico de acceso. ¿Tendrá que ver con esto el viaje de Juan de Habsburgo a Argentina?. ¿Tendrá que ver con la civilizaciòn perdida del Uritorco que creo haber descubierto?. ¿Cómo, ante la vista de este cuadro, no preguntarme si era no sólo un guiño hacia esta región del planeta y, sabida la “impronta templaria”, cuando menos simbólica, que pasara por aquí, volver a reflexionar sobre la “leyenda” persistente de la visita de esa Orden a territorio hoy argentino?. ¿Cómo no preguntarme si tanta insistencia Templaria en Isis, en

Villa Betania, el palacete del cura Saunière en Rennes

Villa Betania, el palacete del cura Saunière en Rennes

representaciones subterráneas de la Madre Tierra, también remitían a esto?

 

Algunas claves del Catolicismo esotérico

             El largo periplo que estas investigaciones nos ha demandado nos ha permitido ir develando algunos pequeños peor sorprendentes hallazgos, vinculados a la “otra cara” del Catolicismo, negado a los fines del pueblo pero seguramente conocido por sus altos jerarcas. Encontrar e interpretar estas claves nos ha facilitado tener una perspectiva sumamente amplia de la propia historia cotidiana de la Iglesia, y suponer cuántos otros secretos permanecerán aún ocultos y de qué importancia.

             Como me gusta decir, uno de los errores palpables de la Iglesia tiene que ver con que se ha “aggiornado” en cosas donde no tenía que hacerlo, y no lo ha hecho en las que sí. Ejemplo de lo segundo: el celibato de los sacerdotes y su actitud obsesiva, casi maníaca por lo sexual (siempre me ha preocupado, por ejemplo, que en las escuelas católicas y el catecismo parezca ponerse más énfasis en demonizar el sexo prematrimonial que en caer en la tentaciòn de la corrupción profesional o laboral). ¿Ejemplo de lo primero?: la misa, antes en latín y de espaldas a los fieles, ahora en el idioma vernáculo y mirando al público. Esotéricamente, la misa, un ritual esotérico, a fin de cuentas, debe ser en latín por el valor mántrico del sonido de sus palabras y la carga egregórica de un idioma un par de veces milenario. Y de espaldas porque el oficiante es pastor, es guía y navegante de su pueblo hacia otra dimensiòn espiritual, y ¿dónde se ha visto un guía o un pastor que camine de espaldas?.

             Otro ejemplo. De todos es sabido que hasta cierto tiempo atrás el catolicismo más acérrimo se oponía a la cremación de los difuntos. Cuando se pedía una explicación a porqué, la respuesta solía ser poco convincente y vinculada a aquello de “polvo eres y al povo….etc” (lo que de todos modos es debatible siendo la ceniza y los huesos molidos polvo también de los cuales la milagrosa resurrecciòn de los muertos el día del Juicio Final igual podría producirse). Pero si entendemos la filosofía Alquímica, donde el cuerpo de cada ser humano es el atanor, u horno alquímico, donde se produce la Transmutación (otra forma de transustanciación) de la Obra Esiritual para renacer como Huevo Filosofal a una nueva vida, se comprenderá que según ese Arcano es necesario que el cuerpo pase el período de putrefacciòn como la materia en etapa de “nigredo” en la Espagiria, en el calor de la auto combustión y la oscuridad del horno hasta la etapa de “albedo”, cuando el proceso termina y se desprende la “estrella” que es “semilla” del la Piedra Filosofal.

            La Alquimia –que sólo unos pocos sacerdotes conocen y aplican dentro de la estructura ecleciástica- está codificada hasta en la iconografía: San Jorge atravesando con una lanza al dragón significa la necesidad de un “fuego celeste” que encienda el horno, y así sucesivamente.

             Finalmente, uno (yo) también procesa su propia transformación alquímica. Que me ha llevado a esbozar mi propia “teoría de campo unificado”, como dije al principio, y que presentaré en un próximo artículo.

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LA DOBLE MORAL DE LAS IGLESIAS: REDESCUBRIENDO A LA DIOSA PRIMORDIAL

Posted by Gustavo Fernández en 25-10-2011

 A veces me pregunto cuántas veces será necesario repetir la misma aclaración. Y me respondo: todas las necesarias, quizás por siempre cada vez que regrese sobre el tema. Así que, resignado, ahí va: no olvide el lector que aquí hablaré de “Iglesias”, no de “religiones”. Ya sabe usted las diferentes etimologías. Aquello de “religare” (“unirse a sí mismo en Dios”, según los latinos) y “ekklesía”: helenismo para “reunión de hombres”. Es decir, lo institucionalizado). Dedico entonces estas líneas —y, sin duda, otras más esclarecidas que seguirán en el futuro— a reclamar la atención de mis lectores sobre lo demodé, lo poco espiritual y lo disfuncional desde el punto de vista del crecimiento personal de estas organizaciones eclesiásticas.

 Advierto con certeza que alguien defenderá la inserción social de las mismas, por ejemplo, en lo educacional, en lo contencioso, como estructura orgánica para vehiculizar asistencia a carecientes —si en forma barrial o global, es sólo anecdótico— y mi respuesta es que sí, que ello es innegable: sólo que sospecho que los gestos correctos de un individuo o una entidad no soslayan lo inmoral de las acciones que tenga en otro momento. Lo contrario sería proponer, en un balance, una especie de “resarcimiento compensatorio” donde sacáramos cuentas y sostuviéramos que, en un momento dado, a la Humanidad deberían resultarle soportables los errores de instituciones que se subrogan la autoridad moral sólo porque extienden una limosna. No ignoro también que hay pastores, sacerdotes, monjas, imanes y un largo etcétera de gente que honestamente cree en su accionar: sólo señalo que mis comentarios van más arriba, a los que entreveo aliados del Poder en las Sombras.

 Porque de lo que aquí deseo escribir es plantear cómo estas multinacionales de la fe son, en realidad, una herramienta más del sistema de manipulación, coerción y dominación —en este caso, mental y espiritual— de las masas. Acudiendo a aprovecharse de las estructuras psíquicas erróneas de la gente común —en algunos casos, culturales, en otros, familiares, acullá, personales— urgida por las necesidades cotidianas y sin tiempo ni ganas mentales de cuestionamientos profundos, ahogados en la mediocridad de un discernimiento eclipsado por la sensación de que el Mal está allí afuera y la autocompasión como chupete espiritual.

 La compasión de uno mismo es la más destructiva de todas las prácticas negativas, y bloquea el sendero a todo progreso y consecución. Quien se compadece de sí mismo reconoce, al obrar así, que es un fracasado y que las circunstancias son demasiado fuertes para él. Al compadecerse de sí mismo evidencia que no tiene fe en el poder interno que es más grande que todas las circunstancias adversas.

 Esta es muy a menudo la única causa del fracaso de algunas personas. No tienen fe, porque no tienen nada en qué creer. Tales necesitan darse cuenta que tienen un poder interno que es parte del Poder Infinito, Único, Omnipotente. En cuanto se dan cuenta de ello y buscan y confían en tal poder hallan que no hay dificultad que no se pueda vencer, ningún desastre que no se pueda reparar, ningún fracaso que no pueda convertirse en un peldaño a un éxito mucho más grande que jamás se creyó posible antes. Todas las limitaciones del hombre son debidas a sus dudas o miedos, a su falta de creencia en el poder interno. El ser humano limita lo Ilimitable por sus pensamientos, por su falta de fe y por su perspectiva terrenal. Tiene el Infinito a su disposición; si se diera cuenta de esto hallaría que “todas las cosas” son posibles.

 Y aquí aparecen las Iglesias para negarle esa posibilidad. El Dios debe estar Allá Arriba, lejos del mortal común que estira el cogote cuando mira hacia el cielo esperando que el buen Dios repare en él, creyente que para hablarle al Padre Celestial se necesitan códigos que sólo una casta de elegidos conoce. Intermediarios con la Divinidad, comisionistas del Señor, consignatarios del Espíritu Santo.

 No es ocioso, entonces, que a través de los siglos de la “historia oficial” las Iglesias sistemáticamente hayan demonizado a la mujer, cosificándola y tratando de subordinarla —por la fuerza, en innúmeras ocasiones— al poder patriarcal y machista. Porque la mujer, en quien adivino la sutil sensibilidad y afinación néurica de los felinos que admiro, ha sido milenariamente la gran contestataria, defensora de la Vida —como procreadora de la misma que es— de la paz, del hogar, de la esperanza. Y si las Iglesias “modernas” querían hacerse con el poder, necesitaban alentar historias de odio, nacionalismo vengativo, beligerancia, fanatismo y discriminación. Observen, entonces, la historia: del hombre y la mujer, en síntesis cuantitativa, ¿quién ha sido más comúnmente exponente de esos defectos del espíritu?. El hombre, sin duda. Ergo, una religión femenina, de haber existido antes, no permitiría el avance de esos tumores de la moral. Era necesario, por tanto, desplazar a la mujer de su arcano papel protagónico. Con ella en la cúpula de las decisiones —desde domésticas cuestiones familiares hasta neurálgicas situaciones de Estado— la guerra sería raramente posible…

La “cosificación” de la mujer y

la destrucción de la Antigua Religión matriarcal y lunar

 ¿Cuál era la naturaleza de la antigua religión que fue suplantada por el judaísmo?. Se trataba probablemente de una religión de la fertilidad, en la cual la adoración a la Luna desempeñaba un importante papel. Generalmente, una religión nueva suprime aquellos elementos de la religión suplantada que no es capaz de absorber. Y el hecho de la fama del número 13 y que haya sido sistemáticamente evitado en el Antiguo Testamento sugiere que ese número debía tener algún significado especial en la Antigua Religión. Trece es el número de Casas que tiene el zodíaco lunar —en el transcurso del año solar se producen trece lunas llenas— y por lo tanto representa un número de capital importancia en la adoración a la Luna.

 Algunos pasajes del Antiguo Testamento revelan que, paralelamente al judaísmo, se cultivaba una floreciente tradición de adoración lunar. En Isaías (Capítulo I, versículos 13 y 14, por ejemplo) Dios dice a través del profeta:

 –         “No me traigáis más ofrendas inútiles; el incienso es para mí abominable, las Lunas Nuevas y los sabbaths, el convocar asambleas, no puedo tolerar todo eso; es algo injusto, aunque sea solemne”.

–         “Mi alma odia vuestras Lunas Nuevas y vuestras reuniones; son un peso para mí, estoy cansado de soportarlas”.

 Y en Oseas (Cap. 2, versículo 13) al hablar de la situación injusta del judaísmo, dice:

 –         “Haré cesar toda su alegría, sus fiestas anuales, sus novilunios, sus sábados y todas sus solemnidades”.

 Volviendo a lo que en un principio parecen pruebas contradictorias, existe una importante relación entre el número 7 —que ocupa un lugar preferente en la Biblia— y el 13, que ha sido sistemáticamente evitado. El 7 se encuentra en el punto medio entre el 1 y el 13:

1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8 – 9 – 10 – 11 – 12 – 13

 Los puntos centrales son extremadamente importantes en todo el pensamiento esotérico, como por ejemplo, la medianoche, los solsticios, el mediodía, el Medio Cielo (Médium Coeli) astrológico. El origen de esta preocupación por los puntos centrales se encuentra probablemente en el solsticio de invierno (¿volverá el Sol a revivir este año?) y en la medianoche (¿volverá el Sol que se ha escondido?).

El punto medio entre 1 y 7 es 4:

1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7

 Al multiplicar entre sí los dos números centrales y el 13, es decir, 7 x 4 x 13 se obtiene 364, que es casi el número de días de un año completo. Necesitamos el 365 y por esto los antiguos cultos y leyendas se refieren no a “un año” sino a “un año y un día” (esta costumbre sobrevive en la jurisprudencia, donde las raíces de la lex romana permanecen no sólo en el espíritu sino en ciertas “supersticiones” —en el sentido etimológico de la palabra, es decir, “lo que sobrevive”— de dictar penas y sentencias de x años y “un día”). Este punto lo ha fundamentado el formidable historiador Robert Graves[2]. Es más: el número de fases de la Luna es 4 x 7 = 28 y 28 es la duración media del ciclo menstrual de la mujer, punto clave de todo lo relacionado con la fertilidad (y que si una “religión patriarcal” deseaba erradicarla nada mejor que invertir los valores, asignándole a algo sagrado, como el ciclo menstrual, la característica de “impuro”, algo propio del judaísmo y otras religiones).

 Las más antiguas tumbas egipcias, de alrededor del 3.000 AC, contienen curiosos utensilios mágicos o “tableros de ajedrez”. En estos tableros hay solamente espacio para las piezas, pero no para moverlas. A cada lado del tablero hay siempre 7 o 13 piezas (49 o 169 en conjunto) y, lo que es más significativo, estas piezas tienen siempre forma de media luna. Osiris, a cuyo culto pertenecen estos elementos, fue un ejemplo de “dios con cuernos”. Pero Robert Graves cuenta que, originariamente, Isis no era la hermana de Osiris sino su madre, y que la figura de ella prevalecía sobre la de él.[3].

 El investigador norteamericano James Vogh, conciente de que podía haber un zodíaco lunar más antiguo que el conocido zodíaco lunar, se dispuso a buscar el treceavo signo del zodíaco lunar. Encontró que se trataba de Aracne, la diosa araña cretense. Una de las pruebas más evidentes de su hipótesis fue un mosaico que representaba el zodíaco de una sinagoga gnóstica judía, Beth Alpha, en el valle de Jezrael, en Israel. Está claro que éste había sido modificado y que contaba con un espacio zodiacal de más. En el centro se hallaba una figura en forma de araña, Aracne, con 13 elementos en sus vestiduras y la Luna Creciente sobre su hombro izquierdo.

 Vogh también quedó fascinado por el gran número de antiguas leyendas en las cuales se utilizan los hilos para retirar a la gente de los laberintos y por su relación con las telas de araña. Uno de los más importantes laberintos del mundo antiguo fue el de Cnosos, que surgió con la civilización minoica alrededor del año 2500 AC. Se creía que en el centro del laberinto vivía una extraña criatura híbrida, conocida como el Minotauro, hijo de un toro y de Pasifae —la esposa de Minos, rey de Creta— que a su vez era hija de la Luna. Vogh analizó el nombre “Minotauro”, lo desglosó e invirtió el orden. El resultado fue “taur” y “min”; la “o” restante, según Vogh, podría representar la Luna.

 De éstas y otras evidencias anuncia en su libro “Aracne; el treceavo signo del zodíaco”, 1977, que el signo de Aracne debía encontrarse originariamente entre Tauro y Géminis.

 Personalmente, sostengo otra teoría, adecuada al criterio enunciado por la astróloga argentina Norma Palma y su hipótesis de las “Eras astrológicas”, que sostiene que períodos de aproximadamente 2.000 años están caracterizados por religiones, sistemas ideológicos, costumbres, etc., simbólicamente asociables al signo que lo caracteriza. Como el zodíaco retrograda, tenemos:

 4000 DC – 2000 DC: es ésta, llamada por eso la Era de Acuario.

2000 DC – 0 DC: Piscis (signo primitivo de los antiguos cristianos, religión y sistema filosófico y político dominante en esta era).

0 DC – 2000 AC: Era de Aries, el carnero, símbolo característico del judaísmo entre otros.

2000 AC – 4000 AC: Era de Tauro, época en que crecen las religiones taurinas en Creta, celtas, Etruria.

4000 AC – 6000 AC: Era de Géminis, la era del dios bifronte, los dioses hermafroditas y andróginos, las “parejas divinas”.

6000 AC – 8000 AC: era de Cáncer (¿comienzo de la religión lunar?).

8000 AC – 10.000 AC: Era de Leo (recordemos que las modernas investigaciones ubican temporalmente la construcción original de la Esfinge de Giza con su rostro de león alrededor del 9.000 AC).

Etc.

Según nuestra apreciación, el símbolo-leyenda del Minotauro puede encerrar el dato del comienzo del conflicto entre lo solar y lo lunar, entre los patriarcados y los matriarcados, entre Tauro y Géminis en cuanto eras astrológicas, es decir, alrededor del 4.500 a 3.500 AC.

Varias pruebas de distintos orígenes sugieren que la Diosa Araña, la diosa Luna y la universal Madre Tierra —que al parecer apareció algo más tarde que las dos primeras— son una misma cosa.[4]. Pero tal vez lo más importante es otra sugerencia de Vogh: en su opinión, muchas de las cruces precristianas constituyen en realidad arañas estilizadas. La variante de la cruz que llamamos swástika es quizás la que más directamente sugiere la imagen de una araña; y Vogh ha localizado varios amuletos-araña procedentes de la América del Norte precolombina que tienen dibujado sobre la reverso un círculo con una cruz en su interior.

 Numerosos estudios científicos han demostrado que la Luna está directamente relacionada con el ciclo menstrual de la mujer, una mujer que tiene la menstruación es una mujer fértil, y pocas cosas había más importantes para los pueblos antiguos que un nacimiento regular de niños para asegurar la continuidad del clan o la tribu. Las mujeres, durante la menstruación, parecen más sensibles a los ensueños que en otros momentos, y en todo caso las relaciones entre menstruación y misticismo son muy numerosas. Robert Graves dice que “el maléfico rocío lunar de las brujas de Tesalia” era la primera sangre menstrual de una joven recogida durante un eclipse lunar. El sabbath y el aquelarre fueron originariamente la fiesta de la Luna, diosa de la menstruación. Todos los pueblos primitivos creían que la tierra roja que se encuentra esparcida por el mundo era sangre que manó de la diosa Luna cuando ésta dio a luz el planeta Tierra. En todas partes se considera esta tierra como una sustancia mágica. Algunos autores han considerado como una extensión de esta idea la ceniza del miércoles de Cuaresma y la “piedra filosofal” que podía transformar los metales poco nobles en oro o plata.

 Parece más probable, sin embargo, que esta creencia constituya un confuso recuerdo de la sangre de los sacrificios y de la sangre menstrual, así como de la diosa que cada año convertía el campo muerto del invierno en el radiante campo de la primavera y el verano. La plata y el oro, que los alquimistas llamaban metales nobles, tienen además la correspondencia con el Sol y la Luna.

 En resumen, al parecer persiste un recuerdo confuso y distorsionado de una religión muy antigua, una religión de la fertilidad en la cual el culto lunar ocupaba un lugar predominante.

Virgen Desatanudos

Virgen Desatanudos

 Dirijamos ahora nuestra atención a una serie de leyendas y cuentos de hadas. Por ejemplo, el de la Bella Durmiente: un poderoso rey invita a doce hadas buenas al bautismo de su hija. Cada una otorga un don a la niña. Pero otra hada, maligna y treceava, que no había sido invitada, se presenta allí y le lanza una maldición: “Morirá si alguna vez se pincha un dedo”. A pesar de todas las precauciones tomadas ello ocurre, y la joven cae en un sueño eterno. Todo a su alrededor queda como muerto. Pero un día un valiente caballero logra penetrar en el castillo, y en cuanto besa a la princesa ella y todo su reino vuelven a la vida.

 El rey Arturo de Britannia tiene en su castillo una mesa redonda alrededor de la cual se sientan él y sus doce caballeros más ilustres (13 en total). Todos son leales, excepto el rebelde y traidor Mordred. Mientras Arturo está ausente, Mordred le usurpa el trono y se casa con Ginebra, esposa de Arturo. A su regreso, él y Mordred luchan infligiéndose mutuas heridas mortales. Sin embargo, el rey Arturo no habría muerto, sino caído en un sueño eterno del que algún día despertará para volver a gobernar a su pueblo.

 En la mitología escandinava, la historia de la muerte de Balder, el más querido de los dioses, es como sigue: En el Wahalla tiene lugar un banquete al que han sido invitados 12 de los dioses. Cuando la fiesta se halla en su punto álgido, Loki, el espíritu de la rivalidad y la perversidad —que no había sido invitado— se presenta como el huésped número 13. Da al ciego Höder una flecha de muérdago y logra que éste la dispare; Balder cae muerto[5]. En la versión sajona de esta historia, Balder resucita y empieza la edad de oro de la humanidad.

 Cristo conduce un grupo de 12 discípulos (haciendo 13 en total). Es entregado por un débil y traidor miembro del grupo, Judas[6], y ejecutado. Sin embargo, dos días más tarde resucita. La muerte y resurrección de Cristo constituyen para la humanidad un signo de redención y promesa de vida eterna.

Virgen de Guadalupe

Virgen de Guadalupe

 El paralelismo entre estas historias es obvio. En todas ellas el ser más querido muere por la acción de un malvado o débil miembro de un grupo de 13; muere y provoca gran desconsuelo y anarquía, pero recobra la vida y retorna la felicidad. Parece claro que estas historias representan metafóricamente los ciclos del año. Se trata siempre de la historia del Sol, al que cada año la Luna mata y resucita de nuevo para que nos traiga otro resplandeciente verano. El año lunar consta sólo de 12 ciclos lunares completos y medio. El treceavo mes lunar es corto y débil, y es durante este mes “débil” cuando muere el Sol.

 La confirmación de esta interpretación nos llega a través de la versión sajona de la historia de Balder, donde Balder y Höder mueren luchando por la mano de la virgen Luna. Además, en la mitología escandinava Balder representa el “dios Sol de medianoche”, mientras que Höder representa “la oscuridad y el invierno”.

 Cualquier análisis sensato del Nuevo Testamento pone de manifiesto que el papel de María Magdalena ha sido sensiblemente modificado —precisamente para ser funcional a ese plan milenario de “cosificación” de la mujer[7]— pero también es posible que ella fuera el símbolo de un culto de adoración a la Luna y la historia de la crucifixión de Jesús quizás sea la historia de un sacrificio ritual, reliquia de tiempos en que se creía necesario sacrificar al rey para asegurar la continuidad de la fertilidad del país. El Priorato de Sión[8] custodia hasta la actualidad esta antigua tradición de culto a la Luna.

Virgen de Luján

Virgen de Luján

    Por algún extraño mecanismo que todavía no comprendo, sectas cristianas fuertemente machistas mantienen costumbres interesantes desde nuestro enfoque: el caso de los llamados “adventistas” por ejemplo, que observan la sacralidad del sábado, no del domingo, al igual que los judíos. Sábado viene de “sabbath”, la importante festividad hebrea —esto no asombra a nadie— pero pocos saben que este término deriva a su vez del acadio shabattu o shapattu que se traduce como “festival de la diosa de la Luna que menstrúa”.

¿Por qué en los milenarios cuentos de hadas —recordemos que los Grimm de todas las épocas son dudosamente originales, ya que acudieron a miles de relatos transmitidos oralmente por ancianos aldeanos— la bella y virginal muchacha a ser rescatada es siempre rubia (símbolo solar) y la bruja malvada de pelo negro (símbolo de la noche o lunar)?.

 Pero la Antigua Religión, feminista —o mejor aún, andrógina— y lunar conocía otras particularidades cósmicas que incorporaba en su culto y que, de alguna manera, se han perpetuado al presente bajo la forma de conocimientos herméticos, creencias populares y datos perdidos en las enciclopedias. Por caso, y aquí es necesario conocer el componente astrológico necesario de esta observación, ya sabían que el planeta Venus trazaba un pentáculo perfecto en la Eclíptica cada ocho años. Tan impresionados quedaron los antiguos al descubrir ese fenómeno, que Venus y su pentáculo se convirtieron en símbolos de perfección, de belleza y de las propiedades cíclicas del amor sexual. Como tributo a la magia de Venus, los griegos tomaron como medida su ciclo de cuatro años para organizar sus Juegos Olímpicos. En la actualidad, son pocos los que saben que el hecho de organizarlos cada cuatro años sigue debiéndose a los medios ciclos de Venus. Y menos aún los que conocen que el pentáculo estuvo a punto de convertirse en el emblema oficial olímpico, pero que se modificó en el último momento (las cinco puntas pasaron a ser cinco aros formando intersecciones para reflejar mejor el espíritu de unión y armonía del evento, aunque sospecho que esa modificación quizás se debiera o bien a que los fundadores de la época moderna de estos juegos sabían de sus connotaciones filosóficas, que quisieron evitar, o, más próximamente en el tiempo, no desearon que se relacionara con el símbolo en rojo de la naciente Unión Soviética[9]).

 Y es oportuno señalar aquí, como un índice de la perpetuación de la creencia mistérica lunar —aunque ahora en un sentido negativo— que las imágenes de muchas advocaciones de la Virgen presentan a la misma pisando una media luna (en algunos casos, ésta simplemente está equilibradamente puesta al pie del conjunto alegórico; en otras, directamente María apoya su pie sobre la misma). Con el antecedente de otras representaciones marianas donde el pisar la serpiente significa metafóricamente (pero contundentemente, de cara al lábil inconsciente colectivo de los creyentes) la supremacía del culto católico sobre el pagano, no es forzado descubrir que aquí también se ha transmitido un mensaje simbólico: la victoria del culto mariano (y católico, por extensión) sobre el lunar. De la misma manera, en otras representaciones María está de pie sobre doce estrellas.

Virgen de Pompeya

Virgen de Pompeya

 Finalmente, recurramos a las evidencias arqueológicas que demuestran que en la Prehistoria la Divinidad era definitivamente femenina: la exclusiva representación de figuras femeninas en el arte mobiliar y rupestre durante los últimos 45.000 años de la Prehistoria, antes de la Edad del Bronce y por tanto reflejo de que se adoraba al Principio femenino y sólo habría representantes del mismo género (incluso desde hace medio millón de años, ya que se ha encontrado en África la más antigua manifestación artística humana: la “Venus de Tan-Tan”, objeto de piedra de unos seis centímetros de largo encontrado en 1999 cerca de la ciudad de Tan-Tan, Marruecos, entre 500.000 y 300.000 años, de mayor antigüedad que la Venus de Berekhat Ram, Palestina, que hasta ahora había sido considerada la obra de arte de mayor antigüedad (datada en 250.000 a 280.000 años). Es decir, son exclusivamente femeninas las figuras antropomorfas del  Paleolítico, como lo evidencian las cerca de 200 “Venus” exhumadas y otras muchas “Venus” grabadas o pintadas en paredes de piedra o en plaquetas de hueso o piedra, o dibujadas en paredes de arcilla. Como comenta Lorblanchet: “Los prehistoriadores empiezan a admitir que «mujeres de Gönnersdorf» pueblan las paredes de otras cuevas.”

 Durante todo el Neolítico persistió similar representación exclusiva de figuras femeninas en todas las culturas del universo, hasta que aparecieron las masculinas al final, cerca de la edad del Bronce. Delporte lo confirma de la cultura de Canaán, Palestina e Israel: “Es interesante señalar que en la cultura de Beershéba, más reciente que las que hemos observado más arriba, las estatuillas femeninas se presentan acompañadas por algunas figuraciones masculinas; este hecho es relativamente normal en las culturas de Oriente Medio, a partir de la fase final del Neolítico, correspondiendo quizá a las modificaciones del sistema socioeconómico, particularmente referidas a la organización de la familia”; e imágenes femeninas que representaban a la Diosa, la más antigua Divinidad que adoró la humanidad, o a las Sacerdotisas, Magas, a su servicio. Asegura Atienza: “Las primeras manifestaciones de carácter claramente religioso que se conocen, procedentes de aquellas remotas edades, tienden a la divinización de un elemento generador femenino primordial, representado por vulvas más o menos esquematizadas y por figuras femeninas de atributos sexuales extremadamente marcados: pechos, caderas y órganos externos.” Pirenne: “En torno de la diosa madre, antes de la restauración del régimen patriarcal, parece haberse formado el primero de estos sistemas. Representaba a la vez la tierra y el cielo, la diosa madre es el universo entero, la diosa principal.” Confirmado por la cita aportada por Delporte de Saccasyn Della Santa del arte mueble antropomorfo paleolítico: “Figuran magas, sacerdotisas o vestales.” Y sólo al final del Neolítico (según lo ilustra el arte) empezó el varón a compartir con las Sacerdotisas, representantes de la Madre Naturaleza, el culto. Y para ello, como representante castrado del paredro castrado de la Diosa Madre, se convertía en eunuco. De ahí que al final del Neolítico aparezcan imágenes de humanos itifálicos cayéndose o heridos: reflejan el momento antes de la castración (y a la vez reflejan el paredro de la Diosa que moría castrado antes de resucitar). Son ejemplos: el personaje itifálico del pozo de la Cueva de Lascaux (que sería pintado al final del Neolítico igual que los similares de España: de la Cueva de los Moros de Cogull, Lleida, datado hace VII milenios y el de la Cueva de la Pileta de Benaoján, Málaga; similar al pintado en Adjefou, Tassili, Argelia, también del Neolítico; y el grabado en Noruega ya en la Edad del Bronce en Leirfall, Hröndelag del Norte). Y varones castrados que participaban en el culto junto a las Sacerdotisas, a partir de la Edad del Bronce en culturas de Egipto, Etiopía, Sudán, Mesopotamia, Asiria, Canaán / Israel y Palestina, Elam / Persia, Anatolia / Asia Menor, Suiza, Italia, Grecia, La India, China…, antes de que la religión evolucionara hacia el patriarcado y los Sacerdotes / Chamanes les quitaran a las mujeres el protagonismo en el culto. Por lo que se deduce que las imágenes antropozoomorfas paleolíticas de las que existe duda en cuanto al género, difícilmente pueden ser consideradas masculinas, porque no es coherente con el 99 % de las restantes (unas 250 femeninas) y porque el sacerdocio masculino no existía ni en el Paleolítico ni en el Neolítico. Y desde luego, estas figuras antropozoomorfas / híbridas o zoomorfas / animalísticas, son reflejos de la Diosa Madre y sus máscaras animalísticas, que podían ser de la fauna con cuernos como los bóvidos, o con colmillos como los félidos, o con pico y alas como los pájaros, acorde a lo afirmado por Laviosa: “Así la madre no sólo se identificaba con el toro sagrado, con la serpiente, con las palomas, con los pájaros, etc., cuyo aspecto tomaba, sino también con el árbol, con las plantas, en las que está implicada la divinidad.”


[2] En su libro “La diosa blanca”

[3] Este es el momento de recordar que las más antiguas imágenes religiosas, en yacimientos de hasta 30.000 años atrás, son femeninas en todos los casos y, lo que es más, obesas damas conocidas como “Venus parturientas”.

[4] Un dato muy pero que muy sugestivo: Freud sostenía que la “aracnofobia” —repulsión a los arácnidos— se debía a conflictos reprimidos y no resueltos con la señora madre del o la paciente.

[5] Pero los dioses no pueden morir; por lo tanto, Balder ha de caer en —otra vez— un “sueño eterno”.

[6] En la versión oficial. En lo personal, como he escrito en otra oportunidad, creo que Judas actuó irresponsablemente pero que en realidad buscaba provocar una situación crítica para forzar a Jesús a hacer contra los romanos los milagros que había visto prodigar a su pueblo. No contaba, obviamente, con la férrea convicción, el trágico destino o la tozudez —depende como se vea— del Cristo en permitir que la historia siguiera su curso.

[7] Si una nueva religión no puede absorber algo de la antigua, lo destruye. ¿Qué mejor manera que destruir la reputación de la mujer que acompañó a Jesús y quizás fue su pareja para que, si la vida de Jesús se transforma en paradigma de lo que debe ser la vida de la Iglesia Católica —recordemos a franciscanos y dominicos discutiendo si el morral de Jesús “era o no era de él”, pues de demostrarse lo primero, esto avalaría las pretensiones de posesiones materiales por parte del Vaticano— la de la Magdalena estigmatizaría a toda mujer per secula seculorum.

[8] Que nada tiene que ver con “Los protocolos de los sabios de Sión”.

[9] Este es un buen momento para llamar la atención sobre la “casualidad” de que tanto la estrella roja de los soviéticos como la estrella distintiva en el uniforme y los equipos militares estadounidenses, ambos comparten el pentáculo como diagrama significativo.

Posted in Arqueología Revisionista, Esoterismo, Psicología Esotérica | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , | 4 Comments »

 
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