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EL CASTILLO DE CORAL: CLAVE OCULTA DE UN ROMÁNTICO SOLITARIO

Posted by Gustavo Fernández en 27-07-2017

El autor, descansando en uno de los sillones de coral para lectura

Hay lugares que uno sueña con visitar, no quizás por una importancia que estime intrínseca como la reservada a enclaves más “ceremoniales” y ancestrales, sino por la curiosidad de los personajes que están detrás de su historia. Y en un giro simpático del destino, otros personajes igualmente interesantes hacen posible esa oportunidad. Es el caso del querido doctor José Acosta, de Miami, psiquiatra y “babalawo de Ifá”, ese ancestral culto africano (ya entrevistado en nuestro podcast en alguna oportunidad) quien me acogió en la ciudad e hizo de cicerone durante esa breve visita. Ocasiòn para recordar una velada apasionante de conocimientos compartidos en compañía de su esposa Mayra y otro amigo, Juan Manuel Casanova, experto hipnoterapeuta, hermano de culto de don José, terapeuta holístico y gran conversador. Fue un paso rápido por Miami, pero no exento de riquezas, como la que compartiríamos al día siguiente de mi llegada (luego de una fugaz visita a los Everglades y un espectacular batido de mango en lo de “Robert Is Here”, paradigmático puesto de frutas y refrigerios casi lindantes con el pantano).

El Castillo de Coral en Homestead, suburbio de Miami, en Florida, Estados Unidos, originariamente conocido como “Parque del Portón de Roca” fue construido por un solo hombre, en el sentido más lato de la expresión: trabajando él solo, sin ayudantes (salvo alguno esporádico y ello, en el sitio de cargas o compras, no en la edificación en sí). A Edward Leedskalnin le tomó veinte años completarlo, de 1920 a 1940. Nacido en

¿Que “Robert is Here” no justifica ocupar el espacio de una foto, aquí?. Quien lo diga, seguramente no ha probado sus batidos…

Letonia (no Lituania), hoy Latvia en 1887, falleció en Miami a los sesenta y cuatro años de edad. A los 26 años, Ed se comprometió con Agnes Scuffs, diez años más joven que él. Al referirse a ella la llamaba siempre “Dulces Dieciséis” y yo, por mi parte, siempre me he preguntado si la banda de rock argentina homónima (https://www.youtube.com/watch?v=jtGUOP0OYlk&list=PLVb87jO6KeOQ-fUjKSIIjwmWP_TiGncZF ) tomó de ello su nombre. Y si así no hubiera sido, merecería que lo fuera.

        El día antes de la boda, Agnes le anunció que había decidido no casarse con él porque era demasiado mayor para ella. Años después, Ed llegó a creer que fueron otras las razones para el rechazo: su falta de dinero, su falta de educación y, aún más importante, concluyó que ella amaba a otro. En 1980 se supo que “Dulces Dieciséis aún vivía en Latvia, viuda y conocedora del monumento que Ed le había construido, peor que nunca visitó.

Ed deambuló durante varios años por Europa, finalmente llegó a Canadá y, desde allí, a California y Texas. Trabajó en madereras y se involucró por lo menos en un traslado de ganado en Texas. Fueron estos empleos los que prepararon a Ed para la ardua tarea que enfrentaría más tarde cortando y trasladando bloques de coral que pesaban varias toneladas. Lo que hace asombrosa la tarea solitaria de Ed es que medía apenas un metro sesenta centímetros y pesaba poco más de cincuenta kilos.

      Durante sus años de deambular, contrajo tuberculosis. Al enterarse que el sur de Florida tenía buen clima, llegó allí en 1919.Compró poco menos de una hectárea de tierra en Florida City, dieciocho kilómetros al sur de la ubicación actual, por el que pagó apenas doce dólares.

Aquí hay que explicar los procedimientos por los que ee hombre, que después de todo con sus empleos eventuales no había acumulado gran capital, pudo amasar la discreta fortuna que le permitiò no solamente dedicarse exclusivamente a la construcciòn del Castillo sino de no necesitar ninguna otra fuente de ingresos ni financiaciòn, pues a partir de la apertura al público de su lar, él mismo cobraba una entrada de entre diez y veinticinco centavos de dólar, lo que nunca tocó y a su muerte permitiò, a los nuevos propietarios, encontrar la suma de tres mil quinientos dólares, producto de esa “taquilla” a través de los años, entre sus pertenencias.

    Hábil y astuto, Ed compraba acres de tierra (como ese primero mencionado; el que actualmente ocupa el Castillo –no es un hecho menor; ya había comenzado a construirlo en Florida  City cuando decide mudarse y traslada lo edificado a su nuevo emplazamiento-) en pocos dólares, sin agua ni otros servicios. Los capitalizaba sumándole comodidades y luego los vendía, buscando siempre hacerlo no a particulares, sino al Gobierno o entidades oficiales (oficinas, destacamentos de policía, etc.) donde lo que se buscaba era determinado emplazamiento y no se regateaba el precio que él exigía.

Por razones que se desconocen pero se sospecha sentimentales, Ed escogió dedicarle a “Dulces Dieciséis” un castillo tallado en coral. Esa zona de Florida está formada sobre una gruesa capa de coral, con una profundidad que alcanza casi unos ciento veinte metros en algunos puntos, y cubierto con pocas pulgadas de estratos de humus. Lo asombroso es haber cortado, trasladado y montado bloques enormes de coral por sí sólo y utilizando herramientas manuales. Los escasos vecinos y viandantes estaban permanentemente intrigados por el trabajo de él, especialmente –aunque parezca lo menos significativo- por sus muebles de coral, y es importante señalar que tanto en Florida City como en Homestead nadie pudo atestiguar haberle visto en acciòn, pues sólo lo hacía de noche lo que, por obvias razones de iluminación, dificultaba más la tarea y agiganta el misterio.

 

El portón giratorio de 9 toneladas

Vivió en Florida City hasta 1930 cuando, en ocasiòn de comenzarse otra edificación casi colindante con su propiedad y dado su carácter ermitaño, decide mudarse al actual emplazamiento y desmonta, traslada y reensambla todo lo que había edificado hasta entonces, sobre un terreno de diez acres (unas seis o siete hectáreas) parte de las cuales ocupa y parte, años después, comercializa en la forma que hemos detallado.

Quedan algunas descripciones de cómo hizo, cuando menos, el traslado. Sobre el chasis de un viejo camión Republic, acostó dos rieles. Un amigo circunstancial tiraba d ela estructura con un tractor, pero nadie le vio cargar o descargar. Parecía tener un sexto sentido que le advertía cuando alguien le espiaba, ocasiòn en que interrumpía abruptamente su trabajo. Las numerosas mirillas en las paredes confirman su naturaleza sospechosa, casi se diría paranoica salvo que tuviera un motivo importante y concreto para estar en estado de alerta. Gruesos muros y portones de roca sólida reafirman su necesidad de privacidad.

En 1940, luego de finalizar las tallas interiores en su totalidad, dedicó un año intenso a finalizar los muros externos. Excavaba el coral de una cantera contigua a uno de los muros, aunque otros, de acuerdo a criterios que desconocemos, los traía desde largas distancias y, otra vez, aceptaba colaboración en el traslado, pero no en la carga y descarga. Dato: el peso del coral es de aproximadamente una tonelada por metro cúbico. Las paredes del Castillo son bloques de dos metros cincuenta centímetros, por un metro treinta centímetros por un metro de espesor, cada uno con un peso de seis toneladas mínimamente. El Gran Portón que giraba sobre su centro de gravedad –apenas una clavija enterrada en el suelo, y que se descentró hace unos años, cuando los propietarios actuales del museo de sitio, tratando de comprender su funcionamiento, lo movieron de su eje sin poder colocarlo nuevamente en posición- pesa nueve toneladas y daba un giro de 360º apenas con el empujón de una mano. Nosotros mismos hicimos el experimento con otro portón, pequeño, triangular, de “apenas” tres toneladas, que gira y sigue girando sobre un pequeño buje metálico con sólo apoyarse literalmente sobre el mismo.

 

El “rincón astronómico”

Ed era un tipo muy reservado. Permanentemente cerrado, para acceder había que tocar un timbre y una campana. El propietario se asomaba y, entonces y de acuerdo a un indecible aspecto que veía del curioso y su propio humor, decidía si franqueaba el acceso o no. Pero algo llamó inmediatamente mi atención y que creo –junto con otro “algo” sustancial del interior al que me referiré más adelante- se les ha escapado a tanto colega que anda por ahí.

A un lado de la entrada principal, sobre la pared, dice: “Toque dos veces”. ¿Por qué dos?. Si el visitante tocaba una, o tres, o cuatro, simplemente no le atendía. ¿Tiene que ver con un humor irónico aunque de dudoso gusto?. ¿Apelaba a la obediencia puntillosa de quien quisiera entrar?.

Yo pienso otra cosa. “Toque dos veces”, la frase me hizo eco con una arcaica, respetada consigna de toda Sociedad u Orden Iniciática que dice: “el Adepto deberá llamar a la puerta del Templo tres veces”. Esto no significa que quien quiera acceder al seno de una Logia, cual Sheldon Cooper metafísico, cuide de golpear estrictamente tres veces con los nudillos en la puerta de entrada, sino que significa que quien realmente quiere aprender debe ser consecuente e insistente, demostrando que lo suyo no es mera curiosidad circunstancial, sino verdadera búsqueda del Conocimiento. “Toque tres veces” significa que será puesto a prueba, que debe insistir, demostrar que tiene la perseverancia para que le sea abierta la entrada al saber. “Toque dos veces” es, según mi mirada una forma elíptica en que Leedskalnin se dirigía a quienes tuvieran ojos para ver.

 

El sillón mecedora y a sus pies, el reloj de Sol

Entre los ítems interesantes, varios llaman la atención al turista. La “mesa florida”, un corazón dentro de otro corazón que –apelando siempre a la inevitable reminiscencia de “Dulces Dieciséis”- se dice que Edward había construido con la ilusiòn de tomar allí sus comidas con su amor. Digamos aquí que la visita al castillo peca de una edulcorada exageración: según esa lectura, Ed estuvo hasta el final de sus días construyendo cada detalle del lugar pensando en y para su Agnes (que el sillón donde ambos se sentarían a platicar, que el sillón alejado para la suegra, que los sillones para los niños…. Salvo –no podemos descartarlo porque nada sabemos- que se tratara de una personalidad psicótica obsesionada con una persona, creyendo veinte años después que aún llegaría el día en que ella vendría o él iría por ella (cabe destacar que nunca realizó ningún otro viaje a Europa, ni demostró o comentó interés o planes para hacerlo), hay que preguntarse si esa referencia omnipresente a la adolescente amada no es más un homenaje un tanto naif a una historia romántica que a las verdaderas intenciones de su constructor. Claro que la historia y el lugar rinde dividendos: muchas parejas eligen celebrar allí sus bodas, tomando la “mesa florida” como altar.

        Un tanto alineado o no, el tipo era práctico y eficiente. Los sillones para lectura al aire libre –estuve descansando en uno de ellos, increíblemente cómodo- dispuestos de tal manera que al cambiar de posición durante el día con el desplazamiento del Sol se tiene la mejor iluminación y ángulo posible para lecturas. O el profundo pozo artesiano que provee de fresca agua potable, realizado con singular maestría y útil aún en la actualidad. O la bañera, dispuesta de tal forma que llena de agua por la mañana el espléndido sol de Florida durante el día hace que a media tarde el agua ya esté aceptablemente caliente y lista para un baño.

Pero hay cosas menos obvias que me llamaron poderosamente la atención. La reproducción de los planetas del sistema Solar, ¿para dar lecciones de astronomía?. ¿Simple y dudosa decoración?. Hay un maravilloso reloj de Sol (o de Sombras, deberíamos decir) que entre las 9 de la mañana y las 5 de la tarde da la hora con precisiòn al cuarto de la misma. Pero aún más, el mal llamado “telescopio”, en realidad, una mira para apuntar a través de una mirilla circular a una cruz de alambre dentro de un círculo que cuando “centra” la Estrella Polar indica con exactitud el Solsticio de Verano. Es el Telescopio Polaris

Otra panorámica del lugar

 La primer pieza está situada seis metros por fuera del Castillo. Tiene  ocho metros de alto y pesa aproximadamente veinte toneladas. Tiene una abertura inclinada  y dos alambres cruzados. La mirilla o parte interior del telescopio están situadas en la pared adyacente.

Detengámonos aquí. Era el sujeto un apasionado de la Astronomía, de eso no hay duda. Pero la precisiòn milimétrica de esa “guía de apunte” a la Estrella Polar…. ¿Para qué?. Era ya pleno siglo XX; sobraban medios más exactos y sencillos para saber, si es que le sirviera para algo, el inicio del Solsticio. Salvo que, como voy a proponer aquí y fundamentar después, ese acto tuviera más de ritual que de técnico.

 

¿De qué estoy hablando?

 

El guía Jim explicando el “altar” -que, obviamente, no pueden ver como tal-

Lamento decepcionarles: no tengo la respuesta a cómo Edward hizo tamaña obra. He leído con alguna dificultad sus libros en inglés –folletos, en realidad; uno diría bastante misóginos y racistas- y tengo la impresiòn que encierran alguna clave, que su redacciòn, oscura, confusa por momentos, de una simpleza infantil en otros, es ex profeso y para desorientar (u orientar, en realidad) a quien tenga ciertas claves. Vi su cuarto de herramientas. Con razón Ed los llamaba sus “juguetes”: con ellos se puede jugar, mas no hacer semejante obra. Unas palancas, algún trípode, un par de poleas, no hay forma racional de emplearles para mover semejantes moles. Estuve en lo que fuera su habitación personal, el segundo piso, sólido, amplio, fresco, de la Gran Torre del castillo. Todo coral, en bloques monolíticos. Todo levantado por un solo hombre.

No, no tengo la “explicación” por ahora. Pero tengo algo: la convicción que Edward Leedskalnin era un esoterista, que practicaba rituales, realizaba sesiones de neto corte oculto, quizás adoraba entidades no tan afines a la idiosincrasia de esa ingenua América de principios del siglo XX.

 

El altar

¿Qué razones tengo para afirmar esto?. “Toque dos veces”. La “guía de apunte” Polar. Los “cuerpos astronómicos”, en disposición más propia para la adoración (los imagino, oscuros, resaltando sobre el fondo absolutamente estrellado de noches sin iluminación artificial ni edificaciones en la zona). Por cierto: junto al planeta Marte planta una palmera, como símbolo de su absoluta convicción que el planeta rojo alberga vida. El “Obelisco Egipcio” (así le llamaba): trece metrtos de altura, dos metros más sepultado bajo tierra, cortado, trasladado y erigido en un solo bloque: treinta toneladas. Caminé entre esas obras monumentales y sentí, más que una reminiscencia de Keops, Cusco o Teotihuacán, los ecos de Rapa Nui (Isla de Pascua). Y lo digo porque a la pregunta de cómo, sin gran tecnología, pudo manipular esos colosos me remite a lo aprendido en la isla del Pacífico: el dominio del “mana”, la sutil y omnipresente fuerza que los rapanui aún sienten presentes en sus moais, rituales, comidas y que ellos mismos señalan como “herramienta” para mover esos monstruos de roca. Y esto: fue cuando nuestro guía, un amable y muy maduro caballero llamado Jim, nos señaló lo que quizás pasa desapercibido a la vista apresurada de tantos turistas.

Un altar…

Una aproximación

 Jim no lo llamó así, precisamente. Pero se detuvo, en su periplo explicativo, señalando que era un lugar frente al cual los visitantes decían que Ed se detenía, en silencio, durante algunos segundos.. Hay quien dice (me lo comentaron en el salón de “merchandising” del museo) que las pocas veces que le vieron enojado era cuando algunos niños trataban de treparse al lugar. Parece un conglomerado azaroso de coral y concreto. Al mirarlo con detalle, uno ve incrustaciones y tallas. Unos caracoles de diverso tamaño, más arriba un rostro humano. Trazos como peces. Y bien abajo –si del mar se tratara, diría que casi legando al fondo, un Gran Rostro, “casi” humano, pero algo en él era inasiblemente repugnante…

Jim me sacó de mi ensimismamiento. Hablaba que suponían que el bueno de Ed habías hecho ese rincón como una forma de ilustrar la “evoluciòn de la vida”, desde el mar hasta la superficie, hasta el hombre. Hubiera llamado la atención que en la secuencia faltaban unos cuantos eslabones, saurios, otros mamíferos, pero mis pensamientos estaban resonando por otros rincones….

      Lo diré de una vez: hace años que tengo la fuerte sospecha que los Mitos de Cthulhu y toda la saga de Howard Phillip Lovecraft no es solamente una sucesiòn de relatos fantásticos de un misógino aburrido, fóbico del mar, del contacto con otras personas y del ulular del viento nocturno. Creo que empleó, dentro del puritanismo y fundamentalismo cristiano dominante en ese entonces, el marco de su literatura para transmitir un verdadero culto de entidades pretéritas y oscuras, los Antiguos, en guerra cósmica y permanente con los Dioses Arquetípicos.

Y –es pura especulación, por supuesto- creo que Edward Leedskalnin fue uno de sus cultores.

Para cuando Ed vivió y construyó su paraíso, Lovecraft estaba vivo y produciendo esa literatura –falleciò en 1937- El mar en general, y las costas de Florida en particular así como los pantanos –recordemos la proximidad de los Everglades, realmente muy, muy cerca- eran escenarios frecuentes de sus horrores cósmicos. Cthulhu, el epítome de sus monstruos, era un ancestral y poderosísimo ser marino, un tirano de las profundidades acechando víctimas en cuerpo y espíritu. Su horror emergía desde las profundidades, alcanzando al hombre. Yo miraba el altar de Edward, y escuchaba un eco en mi cabeza diciendo aquello de: “porque no está muerto lo que yace eternamente, y con los evos extraños aún la misma muerte puede morir”…

Hablé de la Isla de Pascua, sí, allí, donde no tan lejos, se detecta ese misterioso fenómeno conocido como “The Bloop” (relatado en este podcast: http://www.ivoox.com/afr-n-133-misterios-inkas-the-bloop-audios-mp3_rf_3299956_1.html ) el cual, a su vez, está donde con exactitud casi terrorífica Lovecraft ubica a R’lyeh, la monstruosa, arcaica ciudad submarina de los Antiguos…

 Escribió cinco pequeños libritos, sólo disponibles en inglés: “Un libro en cada hogar” (dividido en tres capítulos: “Dulces Dieciséis”, “Examen Doméstico” y “Examen Político”, “Corrientes Magnéticas” (donde quizás se encuentre las claves de cómo manejó esos bloques) y “Vida vegetal, mineral y animal”. Que escribiera sugestivamente sobre “vida mineral” demuestra no sólo sus creencias animistas sino, por extrapolación, su fuerte inclinación esotérica.

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Encuentro OVNI y de Parapsicología en Capilla del Monte

Posted by Gustavo Fernández en 30-06-2017

24 a 28 de noviembre de 2017

Luna llena sobre Uritorco

Una vez más, “Al Filo de la Realidad”, el Instituto Planificador de Encuentros Cercanos (IPEC) y Gustavo Fernández invitan a una experiencia grupal, intensamente vivencial, en la “capital espiritual” de la República Argentina.
En esta oportunidad, el objetivo estará centrado en realizar noches de Alerta OVNI, investigaciones parapsicológicas en el terreno (psicofonías y psicoimágenes en el legendario Castillo de Pueblo Encanto, así como en Sitios Ancestrales de Poder), prácticas grupales de observaciòn y contacto (fotográfico, psíquico, etc.) con las realidades paralelas que ocurren en la regiòn, de acuerdo al siguiente detalle:

Viernes 24: Recepciòn en la terminal de Capilla del Monte o en Pueblo Encanto (según medio de arribo). Desayuno de bienvenida. Alojamiento en cabañas. Descanso.
Por la tarde: recorrida por el predio, con explicaciones sobre la historia del Castillo, el Pucará ancestral y el Laberinto de Cuarzo (único en el mundo).
Visita a Los Mogotes y Paso del Indio.
Cena.
Por la noche: experiencias de psicofonías y psicoimágenes en el Castillo.


Sábado 25: Desayuno.
Luego, salida hacia Los Terrones -con ascenso y trekking del terreno). Meditaciòn grupal en la cima de Los Terrones. Prácticas de técnicas de visualizaciòn y contacto.
Continuamos hacia Ongamira, con recorrida por el Monte de la Calavera, sus grutas y la Cueva del Indio.
Cena.
Luego de la cena: vigilia OVNI en el Pucará del Uritorco.

Domingo 26:Caminata por el Sendero de los Duendes hasta la Base del Uritorco. En el Sendero, realizaciòn de psicofonías y psicoimágenes de las entidades que se señala se manifiestan en el lugar.
De regreso al Pueblo, experiencia de meditaciòn en la llamada Capilla Neotemplaria, relato de sus particularidades, mito, leyenda e historia.
Almuerzo
Tarde: Continuamos hacia la meseta de El Zapato y Dique El Cajón. Allí realizaremos una meditaciòn grupal y luego les obsequiaremos con una sorpresa.

Lunes 27: Desayuno. Pasaremos el día en San Marcos Sierra, un pueblito maravilloso de artesanos y mucho colorido. Luego del almuerzo, iremos hacia Rumi Huasi (“Casa de Piedra”), gruta o alero de uso chamánico comprobado arqueológicmente y de 8.000 años de antigüedad, donde repetiremos experiencias de psicofonías y psicoimágenes.
Noche libre.

Martes 28: Desayuno de despedida. partida a sus localidades de origen.

El arancel total de la actividad se ha fijado en $ 8.700

INCLUYE: Recepciòn y traslado a Pueblo Encanto. Cuatro noches de alojamiento en cabañas. Cinco desayunos. Cuatro comidas. Traslados a todos los sitios de actividad y aranceles de acceso. Equipamiento para experiencias que no sea propio del asistente. Guía especializada. Acompañamiento de fotógrafo profesional (Hugo Motta) quien registrará todas las instancias poniendo a disposiciòn de todo el grupo el material -imágenes tanto grupales como individuales- con lo que el asistente no debe estar tan pendiente de tomar sus propias fotografías y dispondrá d euna enorme cantidad de alta calidad para su uso personal.

NO INCLUYE: Traslados desde y hacia las localidades de origen. Otra comida diaria. Propinas.

Por informes e inscripciòn escribir a: caintegral@yahoo.com.ar
La plaza se reserva con el pago del 50 % (saldo al llegar a Capilla) ANTES del 1 de octubre de 2017, a esta cuenta:

Banco de la Naciòn Argentina:
(Alberto Enrique Marzo)
CBU nº 0110390630039072705165
o
Nuevo Banco de Entre Ríos SA
(Gustavo Mario Fernández)
CBU nº 3860001003000029467852

Informes e inscripciòn: caintegral@yahoo.com.ar

Whatsapp: +54 9 343 6234381

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“Egipto Desconocido” (video de conferencia en Club del OVNI)

Posted by Gustavo Fernández en 28-06-2017

Les invitamos a compartir esta nueva realizaciòn, un video de la conferencia que nuestro Director, Gustavo Fernández, brindó a su regreso de Egipto:

( Hacer click en la imagen o aquí )

Saludos cordiales

El Equipo de AFR

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Ya viene: Gustavo Fernández en TN Noticias

Posted by Gustavo Fernández en 22-06-2017

Compartimos con sumo gusto un día de trabajo junto al conductor televisivo Eddie Fitte -“Los Especiales de Eddie Fitte” y su equipo junto a miembros del Instituto Planiuficador de Encuentros Cercanos (IPEC), en el fantasmal pueblito d eTezanos Pinto, provincia de Entre Ríos. El trabajo estará al aire por TN de Buenos Aires el domingo 25, a las 21 hs. Por el momento, les invitamos a compartir el backtage de ese día. Gracias a Quique Marzo, Emanuel Giúdice (del IPEC), Walter Zurdo y Pablo Gerk (Canal 6 de Crespo) y la gente del canal.

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Ya falta menos: NUEVO VIAJE GRUPAL DE APRENDIZAJE A MÉXICO con Gustavo Fernández

Posted by Gustavo Fernández en 03-06-2017

VIAJE GRUPAL DE APRENDIZAJE ANCESTRAL A MÉXICO

con Gustavo Fernández

Del 8 al 19 de octubre de 2017

Toda la info en nuestro blog “Movimiento Chamánico”: https://movimientochamanico.wordpress.com/2017/02/19/viaje-grupal-de-aprendizaje-ancestral-a-mexico-2/

En Facebook: https://www.facebook.com/events/730963220401722/?active_tab=about

Saludos cordiales

 

El Equipo de AFR

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EL EGIPTO DESCONOCIDO (4): CLAVES DEL ESOTERISMO EGIPCIO

Posted by Gustavo Fernández en 02-06-2017

Textos del Libro de los Muertos, escritos en las paredes de una Casa de la Vida

No puedo precisar con certeza cuándo comenzó mi pasiòn por Egipto, aunque sin duda fue de la mano de aquellas lecturas infantiles en la revista “Billiken” que llegaba a la casa paterna todos los sábados por la mañana. Le siguieron otras lecturas más extensas y profundas en la adolescencia. Llegó luego Erich Von Däniken y “Recuerdos del Futuro”, y su propuesta de la intervención extraterrestre en las megalíticas construcciones.

Pero no fue hasta allá por 1977, cuando mi ingreso en la Orden Hermética y Pitagórica, cuando comencé a escuchar, primero con racionalista escepticismo y luego con el corazón, sobre las claves esotéricas que el maestro Pitágoras había recibido en ese Egipto tan cercano entonces (siglo VI A.C.) a su propia ancestralidad, cuando aún la colonización

Isotipo de la Logia “Ad Lucem Per Voluntatem” de la Orden Hermética y Pitagórica

helénica no había matizado y ensombrecido los evos arcanos. A partir de entonces, certezas y suposiciones, conceptos anotados unos, practicados otros, hasta que el fluir de la vida me permitiera comenzar –porque todo es un eterno comienzo- a revisar las fuentes en el terreno. De ese andar habla este artículo, siendo el objetivo introducirles en el Esoterismo Egipcio. Pero, ¿cómo compartir, sin violar la discreción de un Conocimiento que –como desde siempre se enseña- debe ser dado a quien se decida a buscarlo?.

Decidí, entonces, compartir algunas grageas, algunas píldoras de esta Sabiduría. Presentando unas breves, otras más extensas, unas imbricadas con otras, algunas aisladas.

Los secretos del corazón son los bienes más preciados para actuar en inteligencia con la armonía del mundo. Ése es el metalenguaje del “juicio al corazón” expresado en el Libro de los Muertos, alimentando la convicción que si el mundo visible no cae en el caos o la inercia y se destruye, es gracias a su conexiòn con la fuente invisible de la vida.

El Cristianismo toma de la sabiduría egipcia las ideas de un Santo Sepulcro, la Divina Concepciòn, la Pasiòn y la Virgen.

El error de los materialistas es creer que lo sagrado es una fase en la historia de la conciencia, sin comprender que es un elemento en la estructura de la conciencia. El acto simbólico es creador de identidad..

Horus pierde un ojo en su lucha contra Seth, pues éste se lo hace estallar en sesenta y cuatro fragmentos. Precisamente, sesenta y cuatro, como hexagramas tiene el I Ching.

Ojo de Horus

El “ojo” es protector por su significado simbólico, que significa que sólo sirve (es decir, se activa) para quien conoce ese significado. En términos jeroglíficos, “ojo” (“Udjat”) corresponde al verbo “ver”, pero también, “crear”. Para crear, hay que “ver” qué se desea crear, y sólo quien tiene la “visiòn” de ver lo que aún no existe pero creará, tiene el “poder” de estar protegido del mal, ya que éste, siendo oscuridad, es sólo la ausencia de la luz. Si somos víctimas del mal, es que hay zonas en nuestra vida aún no iluminadas por la luz de nuestra voluntad creadora. La voluntad –conciente, concreta, manifestable; no como mera expresión de deseos o de un ego sobrevalorado- protege del mal porque ante ella aquél retrocede. Cuando los judíos, en el Antiguo Testamento –deudores del aprendizaje de sus sabios durante su período de sometimiento en el Nilo- redactaron el comienzo del Génesis como un acto voluntario de creación de la deidad, conservaron la idea simbólica que la Luz se “hace” como manifestación de ese acto, llamando (llamándonos) a recordar el potencial de nuestra Luz Interior. Ésa es nuestro “Aj”, durmiendo en nuestro “Dwat” (Cielo Interior). Porque el Dwat es como símbolo el “cielo” de las deidades, pero expresión macrocósmica del “Dwat” microcósmico en cada uno de nosotros, donde, otra vez, duerme la Luz, el Aj, a la espera de despertar.

Mudra de bendición

El miedo y la angustia existencial, como vacío interno, sólo pueden ser superados por quien es capaz de vencer a la adversidad en su propio terreno. Gracias a la imaginación activa, nutrida con lo simbólico, el ser humano inspirado por Toth (es decir, por la Sabiduría) se sitúa en el centro de la contradicción, en el centro de los opuestos, y los hace complementarios.

Por eso, la práctica de la magia tradicional no busca efectos o milagros, sino establecer una correspondencia, una relaciòn de simpatía entre las partes y el todo para que interactúen en armonía. Se trata, finalmente, de procurar y mantener la armonía entre la Tierra y el Cielo. Eso implica un gran trabajo interior para conocerse, dominarse y transformarse en un auténtico canal de las leyes que dirigen el Cosmos.

Hoy, en este siglo XXI, diríamos que ese proceso de Autococimiento puede tener distintas vías: trabajar operativamente en una Orden Iniciática, terapia, psicoanálisis, meditaciones… pero es indubitable que el cambio, como Transformaciòn (en un sentido alquímico: pasar de algo inferior a algo de orden superior) no es posible mientras que el Autococimiento no sea una cotidianeidad palpable y objetiva. Y quien, estando o sintiéndose aún en una fase “inferior”, “argumente” porqué el cambio no depende de eso sino seguramente de otros factores, haría bien en mirar con ecuanimidad cómo está su vida, luego cómo está la vida de quienes hacen esta propuesta, y sacar algunas conclusiones…

En Luxor

La entrega de ofrendas son también la expresión material de un simbolismo. Cuando se ofrenda trozos de lapizlázuli, por ejemplo, se representaba la reconstrucciòn del Ojo Perdido de Horus. En ese acto, el ofrendante expresaba su intenciòn de reconstruir aquellas cosas perturbadas o desgastadas por el mal o por el paso del tiempo. Cuando ofrendaba plumas, éstas significaban la liviandad del peso del alma y, como ofrenda a Maat, diosa de la Justicia, expresaba con ellas el ofrendante hacerse cargo de lo que habitaba su espíritu, aceptando las consecuencias de ello, es decir, haciéndose responsable –diríamos hoy- de su Karma. Porque sólo quien se hace cargo de su Karma tiene la posibilidad de transmutarlo.

La práctica de ofrendas grupales expresa otra idea: la de que una sociedad sin vivir lo “sagrado” no es más que un conjunto de individuos que vivirán juntos, pero jamás reunidos (es decir, re-unidos)

La Merkaba

Todo hombre es un Osiris en potencia, por eso enfrenta a lo largo de su vida múlñtiples oportunidades de “osirificarse”, es decir, de llegar al estado de héroe que acepta el combate para renacer. Si lo evade a lo largo de la vida, indefectiblemente tendrá que enfrentarlo en el más allá; pero los numerosos combates contra Seth –simbolizado por las numerosas batallas de Horus contra Seth- serán cada vez más duras.

No podía hacer este viaje sin acercarme a una palabra muy popular en los ámbitos seudo espiritualistas de Occidente: la palabra Merkaba, Mer – Ka – Ba o Mer – Kha – Bha, como gustan escribir algunos, seguramente porque eso de ponerle unas cuantas “h” en el medio suena más sesudamente intelectual. Lo cierto es que la última traducciòn medianamente confiable que tenía era la expresiòn “vehículo ascensorial de luz”. Esto había llevado a que en el terreno de la Geometría Sagrada, las canalizaciones y otras cosas se discutiera si era tanto una nave espacial etérea como una técnica de meditaciòn. Y en Egipto, las veces que chequeé la expresiòn, con más o menos extrañeza, la respuesta fue siempre la misma: “el cuerpo, como receptáculo del alma y la mente”·

Pero –siempre hay un pero- no el cuerpo de cualquiera, sino el cuerpo del hierofante. Que es como decir, el Sacerdote Iniciado. Y en Karnak, me señalaron el jeroglífico, muy poco común, casi muy extraño, que lo representa: esa especie de triángulo de lados curvos, con un vértice apuntando hacia los cielos…

 

La profunda fuerza del culto a Isis

 Isis no sólo pervivió a través de los siglos transformándose en la Virgen como expresión de la Fuerza Femenina. Lo fue también por la riqueza de su simbología. En las representaciones antiguas se ve siempre detrás de Osiris, no refugiándose ni delegándose a un segundo plano, sino protegiendo su espalda. Según los egipcios, el fluido vital de cada ser recorre la columna vertebral (el “shushuna” de la India, con su Kundalini en ascenso), lo que hace de la espalda el lugar más expuesto a peligros. Cuando presenta alas, es porque activa, aleteando, esa vitalidad. Y su “culto” implica tres pasos:

  • “Reconstituir el cuerpo de Osiris desmembrado por Seth”, que significa reunir en un Todo armónico las fuerzas de nuestra vida dispersadas por las experiencias contradictorias.
  • “Clasificar e inventariar todo lo que contiene la Casa de la Vida y el sarcófago”, es decir, analizar y poner en orden nuestra mente, nuestros sentimientos y nuestro espíritu, disciplinando nuestra inteligencia.
  • “Adorar los misterios del Cielo”, es decir, comprender y respetar las enseñanzas que se reciben, y aplicarlas de manera conciente y sostenida.

La actitud hacia el Mal, cuando aparece en la vida, debe ser de Transmutaciòn. Es decir, de emplearlo para catalizar –en el sentido químico de la expresión, “una sustancia que acelera la transformación de otra”-. Y eso se logra comprendiendo que lo “bueno” del Mal es que aquello que éste no destruye con su acciòn, será inmortal. Eso se simboliza con las “pruebas” que supera Osiris.

 

Mudras

Atrás, en la pared, el jeroglífico de los puños enfrentados. Frente a él, lo reproducimos

 En lo personal me fascina seguir descubriendo como trozos de Sabiduría Universal se repiten (no podía ser de otra forma) en distintas geografías y épocas. Por caso, los “mudras” aquellos gestos y posturas que simbólica y energéticamente son herramientas para manifestar un proceso conciente de transformación. Ya escribí en su momento cuando los encontré –obviamente con otro nombre- entre los Toltecas, en el actual México. También estaban presentes en los antiguos egipcios.

Por ejemplo, esa postura de todo faraón de presentarse con la pierna izquierda adelantada. Eso era porque era la más cercana al corazón. Expresaba que el faraón pondría todo su sentimiento, todo su amor, toda su pasiòn en buscar el “adelanto” (el paso al frente) de los suyos. Por ello, también, era una “postura mágica”; se enseñaba al Adepto que adoptar la postura de pie izquierdo adelante como rutina en la vida facilitaba dirigir sus energías emocionales a favor de su prosperidad.

O la postura llamada “ka” –sí, como el Ka, el cuerpo energético diríamos hoy, de ambos brazos levantados a ambos lados de la cabeza: postura para “ser uno con el Todo”.

“Deret” era el gesto de “bendiciòn” –para llevar paz a terceros- luego perpetuado a través –nuevamente- de los cristianos.

En el centro, el mudra de “ka”, en el dintel de una Casa de la Vida

Mientras tanto, “Nini”, era una reverencia con las manos como cuenco al frente; simbolizaba a la diosa Hathor dejando fluir de sus manos las generosas aguas del Nilo, y garantizaba la prosperidad, bajo el concepto que lo que tenemos es, en puridad, lo que nos es devuelto multiplicado por lo que entregamos al Universo.

O caminar hacia atrás un trecho, moviendo frente a sí los brazos de manera ondulante: significaba a quien barre una habitación saliendo de ella, expresando que el lugar estará de nuevo “puro e incorruptible”, es decir, favorecer nuestra Regeneraciòn.

Respetaban los ciclos cósmicos como vivos, por lo cual entendían que debían “dormir”. Ése era el sentido de los “días epagómenos”, o “Días Olvidados”, los último cinco del calendario de 365 que ya tenían, donde las actividades se reducían al mínimo indispensable para que nuestras energías vitales (nuevamente, reflejo microcósmico de lo Macrocósmico) tomaran nuevo impulso. Además y por esa misma razón, son días peligrosos, en los que deben extremarse los cuidados. La existencia de estos días (y por ende, este calendario) es, cosa interesante, de los conocimientos más antiguos que se han conservado, ya que forman parte de los afamados “Textos de las Pirámides” y aparecen en Heliópolis citados en un calendario fechado… ¡en el 4.241 antes de nuestra era!.

En el centro, el jeroglífico de “heka”

Pero de lo que no se habla es de lo que deberíamos hablar: descubrir que uno de los rituales más antiguos era el de la “piel – cuna”: mucho, muchísimo antes, milenios antes que comenzara a practicarse la momificaciòn se celebraba con los difuntos este rito. En contra de la opinión instalada, que la elaborada momificación en la “Casa de los Muertos” es la evoluciòn de la simple momificaciòn natural por exposición a los elementos (el Sol, la arena, la sequedad ambiental de Egipto), ésta deviene de la costumbre mortuoria de colocar a los difuntos dentro de la piel de un animal –generalmente un chacal-  para que Anubis lo llevar a Sirio, ya que la primitiva religión egipcia era un religión estelar, donde el “más allá” era, concretamente, la continuidad de la vida del cuerpo astral –el Ba– sobre otro cuerpo planetario.

En la vida –enseñaba el visir Ptahhotep- “debemos renacer permanentemente y no estancarnos bajo ningún concepto. Debemos aspirar a ser “unen nefer”, “el-perpetuamente-renovado” (“Máximas d ela palabra cumplida, papiro del 3.000 A.C.)

Cada obstáculo de la existencia es una prueba, jamás una barrera. Ella contiene la energía y el poder que debemos integrar en nosotros mismos, y para ello debemos “romper su cascarón” y alimentarnos: eso pasa cuando superamos la prueba. En sus “Máximas”, Ptahhotep enseña:

  • “Quién no escucha es ignorante y agitado, quien entiende y comprende, establece e inspira confianza”
  • “La energía creadora se encuentra en todas partes, tanto en lo animado como en lo no animado. El sabio debe aprender a servirse de ella, sabiendo que nunca será su dueño”
  • “No provocar en los demás acciones de furor u hostilidad, pues éstas perturban nuestra energía”
  • “Dar y no tomar. Así se actúa en compañía del Poder divino, confiere al actuante una fuerza auténtica”.
  • El amor nutre la energía; ella nutre al amor”
  • “Lavar el vientre y purificar el corazón para no contaminar la enseñanza”.
  • “El ser perpetuamente descontento de todo es una desgracia para su entorno”.
  • “Una condiciòn del éxito: siempre proponerse llevar a cabo cosas elevadas”.
  • “Quien sigue a un hombre mediocre, deviene mediocre”.

Entre los secretos egipcios, está la doble funciòn de las palabras. Veamos una: “Heka”, significa “magia” pero también el uso conciente (mágico) de un cierto instrumento. Heka se compone de “he”, nudo y “ka”, energía. Y remite al hecho que hay gente que sabe “hacer el nudo” pero no pone vida y energía. Otrtos saben proyectar su energía, pero su acciòn es dispersa y confusa. Por eso, Ptahhotep enseña: “Sumergir el corazón y ordenar la boca” (hace runa instrospecciòn para verter los pensamientos adecuados a través del Verbo, que es energía creadora).

 

Cenotafios y parapsicología

Los egipcios crean el “cenotafio”, tumba sin cuerpo, que es la tumba para el alma. Pero su naturaleza no era la de un simple monumento “recordatorio”, sino un instrumento para ser impregnado de una esencia. La esencia del individuo que trascendía su unicidad, y que me da pie a esta teoría.

Más allá de lo que los papás de uno pensaban cuando por sobre la cuna miraban a ese rozagante bebé que años después se transformaría en quien esto escribe, todo se complota en convencerme que nacemos con ciertos destinos prefijados. Que aunque, por ejemplo, uno sueñe con ser un intelectual más del montón, razonablemente tolerado por sus congéneres, las cosas ocurren para demostrarnos que ni siquiera somos dueños de nuestras ideas. Es el tipo de cosas que suelen pasarme: no puedo evitar la compulsión, a lo largo de los años, de volcarme a actividades o proponer cuestiones que despierten el sarcasmo, la burla escéptica o el escándalo. Me pasó cuando decidí ser parapsicólogo, me volvió a ocurrir cuando, en vez de apoltronarme en la comodidad conceptual de una parapsicología científica, opté por volcarme al Ocultismo, o cuando viajé en busca de extraterrestres en el pasado argentino por toda nuestra dilatada geografía, o cuando no tuve mejor idea que irme de paseo a hacer experiencias parapsicológicas a la cumbre del Aconcagua, o cuando fui en busca de extraños seres en la Caverna de las Brujas, o cuando tras una improbable, gigantesca serpiente acuática hice decenas de kilómetros en una temblorosa piragua por el río Pilcomayo, o las noches cuya cuenta he perdido en cementerios a la caza de fantasmas, o….

O cuando, como ahora, mientras leía atrasados artículos sobre los últimos experimentos sobre clonación, una idea se filtró en mi mente y, aún en contra de mi voluntad, creció hasta convertirse en una teoría. Una teoría que, debo reconocerlo, empieza a gustarme. Y que me parece absolutamente dictada “desde afuera”. Es feo eso de sentirse un instrumento pero, en fin, si el destino es ser canal de algún metafísico registro akhásico, no será un servidor quien se resista. Así que con la tranquilidad que da creerse entonces poco responsable de lo que uno dice, aquí va esta propuesta.

Que consiste básicamente en repasar –y concatenar- tres instancias: una biológica y genética –la clonación– otra esotérica –la reencarnación- y una parapsicológica –el así llamado “punto de anclaje”-. Y, si me apuran, una cuarta: lo extraterrestre –a través del conocimiento legado por visitantes en la antigüedad-. Repasemos algunos conceptos y aclaremos posturas frente a los mismos.

De la clonación no hay mucho interesantemente nuevo que pueda decir –perdón, escribir-. En mayor o menor grado, todos han escuchado de ese sistema novedoso –o no tanto, ya que sus fundamentos figuran en manuales de divulgación científica de sesenta años atrás- que consiste en copiar seres vivos –incluso humanos- reproduciendo el patrón genético de un sujeto en células soporte de otro individuo. Sobre este apasionante campo se ha generado una discusión más filosófica que técnica y de una dudosa moralina. En efecto, las iglesias han cuestionado la ética de clonar seres humanos, por aquello de la biodiversidad y que cada fulano que camina sobre el planeta es único e irrepetible; considero, sin embargo, que no sólo se ha enfocado erróneamente la cuestión, sino que incluso se ha informado malamente a la población, acudiendo a cuestionables golpes bajos emocionales (¿”qué pasaría si se clonaran muchos Hitler”?, es la tontera más habitual) para responder a oscuros intereses. Y nunca mejor empleado lo de “oscuros”. Lamentablemente, por estrechez mental o por maquiavélicas razones, muchas de las religiones dominantes hoy en día se han opuesto durante siglos al avance del conocimiento en todas sus formas. Antes, se quemaba a sus responsables. Hoy, se les cubre de ridículo, lo que es todavía peor, ya que el ridículo jamás ha creado mártires. Aún más, se les sindica de amorales, y la razón es sencilla: sólo se domina a la gente a través del miedo, y el miedo es hijo dilecto de lam ignorancia. Para controlar a las masas, no hay que dejarles pensar ni informarse sanamente. De donde podríamos inferir lo que vamos a llamar (si les parece bien) la Primera Ley de Fernández: “Toda estructura religiosa o pseudorreligiosa necesitada de bienes y recursos materiales y apoyo político crece numéricamente de manera inversamente proporcional a la masa de información y del buen uso que del raciocinio hagan sus feligreses”.

Porque si se hace un clon de Hitler tendremos un tipo bajito, de cabello chuzo y bigote cortito, gesticulante y pocaspulgas, pero lo realmente importante, es decir, todo lo demás, lo que es mentalmente, espiritualmente, emocionalmente, moralmente, no es producto de la clonación: no existe –eso los científicos lo saben muy bien- un gen del crimen. El ser humano es más que la suma de sus partes biológicas. Los factores ambientales, familiares, culturales, modelan la personalidad, sus virtudes y defectos. No cometamos el error de hablar de una moral de la clonación que necesariamente, para contradicción de las iglesias, sólo es defendible si se niega el espíritu; que no está en el ADN. Mil fulanos fotocopiados físicamente van a ser muy distintos psicológicamente, y esa es la única biodiversidad que cuenta.

¿Hablamos de reencarnación?. No es necesario: si usted está leyendo estas líneas es porque, crea o no en ella, la conoce. Si no, ¿no se habrá equivocado de publicación?.

Pero sí dediquemos algunas líneas a un concepto parapsicológico ni siquiera muy difundido entre los especialistas: el “punto de anclaje”. Llámase “punto de anclaje” a un lugar, objeto o persona que, por la intensidad emocional que conlleva, resulta la única referencia cognoscible para un “paquete de memoria”. Este término (“paquete de memoria”) fue propuesto por el biólogo francés Jean Jacques Delpasse para definir a lo que vulgarmente se denomina “fantasma”, es decir, el residuo psíquico superviviente de una persona fallecida.

El “paquete de memoria”, luego de la destrucción biológica del cuerpo que le contuvo, tiende a “adherirse” a aquello que más significado emocional tuvo durante su vida física. En el estado pseudosonambúlico y desconcertante que atraviesa post mortem, el “paquete de memoria”, quizás no comprendiendo su nueva situación y condición, busca desesperadamente –si en vida ha carecido de la evolución espiritual necesaria para comprender lo que le ocurre y evolucionar a planos superiores de manifestación, “despegándose” así de esta realidad- aquella referencia que le es conocida.

Como está privado de medios sensoriales, su forma de orientarse es el sentir, ya que sólo puede valerse de lo único que tiene porque es lo único que es: psiquismo residual y emocionalidad. Y así como cuando nos perdemos en una ciudad desconocida buscamos puntos de referencia conocidos –una iglesia, el hotel donde nos alojamos, una plaza central o la terminal de ómnibus- el “paquete de memoria” se “fija” –se “ancla”- a lo más importante que jalonó su vida: sus seres queridos, su casa, un objeto muy apreciado o ambicionado, sus propios restos mortales. Ello se transforma, entonces, en el “punto de anclaje”. Los puntos de anclaje explican las viviendas con “presencias”, por ejemplo. Los objetos “malditos”, o las entidades detectadas en cementerios, también.

Bien. Supongamos por un momento que los antiguos egipcios conocieran el efecto “punto de anclaje”, lo que no es extraño, por otra parte, a su religión. Desde que se inició en las tinieblas de la prehistoria, sus prácticas rituales obligan a conservar no sólo el cuerpo, momificado, de sus difuntos, sino sus vísceras en vasijas ad hoc, además de sus tesoros (un buen motivo para “aferrarse” en esta vida), efectos personales de todo tipo y, en ciertas épocas, seres queridos que eran sepultados junto a ellos en sucesivas generaciones. Ellos mismos, en textos de todo tipo, papiros y petroglifos especialmente, señalan la importancia de estas prácticas para que, mientras el espíritu del difunto pueda ascender a los cielos, el “ka”, o doble astral, diríamos ahora, permanezca “vigilante” junto a los restos. De hecho, ellos entendían que la naturaleza humana se dividía en tres planos: “ba”, o cuerpo astral, “ka” o psiquismo, y “aj” o espíritu, como una versión microcósmica y adelantada en siglos al judeocristianismo de una Trinidad a escala humana.

Siempre me he preguntado el porqué de esa obsesión en querer conservar la materia carnal en las mejores condiciones el mayor tiempo posible. La suposición de la ortodoxia arqueológica en el sentido que lo hacían porque, en su ingenuidad supersticiosa, creían que en el futuro “resucitarían” carnalmente, me parece cuando menos una ofensa a la inteligencia que a los propios egipcios le atribuimos considerando sin ir más lejos su arquitectura, su astronomía o su arte plástico. Por otro lado, me parece mucho menos supersticioso que las creencias cristianas contemporáneas que esperan esa misma resurrección “en cuerpo y alma” aún cuando el paso de los siglos, qué digo, de los milenios, reduce a inveterado polvo hasta el más resistente de los huesos. Pero a esto hoy le llamamos, displicentemente, “devoción” y “fe”, y convivimos culturalmente con esa creencia que tantos –universitarios, políticos, intelectuales- consideran lógica. En cambio, cuando suponemos que los egipcios conservaban la materia para que los “dioses” en el futuro le devolvieran la vida al ser, sonreímos sardónicamente y nos reímos de su “ignorancia”. En fin, si eso no es soberbia vana, no sé qué lo es.

Así que mi teoría es simple. Aceptemos una presencia extraterrestre en el antiguo Egipto. Aceptemos que esa presencia fue intelectualizada como “dioses” por el primitivo pueblo violentamente arrancado de su oscurantismo y proyectado como la nación más poderosa de la Tierra en pocos años. Aceptemos que algunos egipcios, particularmente inteligentes, fueron iniciados en los “misterios” de la ciencia extraterrestre. Aceptemos que esos extraterrestres conocían y manejaban la clonación. Y así aceptaremos, entonces, la transmisión, generación tras generación, del dato fundamental que cuando más del cuerpo –especialmente de alguien dominante- se conservara en las mejores condiciones, podría ser clonado –reproducido, revivido- en algún momento futuro.

¿Y qué tiene que ver el “ka”, el “paquete de memoria”, el “punto de anclaje” y toda esa parrafada con esto, dirán ustedes?. Simplemente, que se me ocurre que, aunando ambas posibilidades, los antiguos faraones, los antiguos sacerdotes, nobles y jerarcas militares, conocedores, directa o indirectamente de los grandes secretos científicos traídos por los extraterrestres, sabían como resucitar no sólo en cuerpo, sino también en alma: si el “paquete de memoria” era obligado a permanecer junto a los restos mortales, y si de esos restos podía, en algún momento del futuro, obtenerse un “duplicado”, sólo bastara que el “paquete de memoria”, “anclado” en la tumba, ingresara en el nuevo individuo (el clonado, digo) mediante posesión para que, tres, cuatro o cinco mil años después, Ramsés II, Tuth-Ankh-Amón, Nefertari, Menes o el que fuera regresara a la vida (¿necesito repetirlo?) completamente en cuerpo y alma.

Se me ocurre una –una de tantas, quizás- objeciones que harán ustedes. Pero si el paquete de memoria está “anclado” en la tumba, ¿cómo hará para encontrar ye incorporarse (poseer) su nuevo cuerpo?. Podría decir que, simplemente, a un paquete de memoria la ubicuidad en el tiempo y el espacio no le afecta como a nosotros, prisioneros de la carne, con lo cual tal vez le sería fácil encontrar, deambulando sobre la faz de la Tierra, su nuevo receptáculo. Pero se me ocurre algo más simple y, si se quiere, obvio. Supongamos que algún día los científicos perfeccionan in extremis el arte de la clonación. Supongamos que ceden a la tentación –y la curiosidad- de clonar seres humanos completando las cadenas genéticas, necesariamente deterioradas, de hombres muertos milenios atrás. Supongamos que uno de esos experimentos se hace con tejido de la momia de un faraón, admirablemente conservado. ¿Hace falta mucha imaginación para suponer que el individuo, así clonado y quizás en algún momento consciente de su origen, no podría evitar la tentación de visitar la tumba y los restos de quien, en definitiva, sería su “padre”?. Si cualquiera de ustedes descubrieran que son clones del Tuth-Ankh-Amón, ¿resistirían la tentación suprema de viajar a Egipto para visitar su tumba?. Y allí, esperando, estaría el paquete de memoria…

Es muy personal este comentario, pero debe ser sincero: entre considerarse que los egipcios eran históricamente una masa de cretinos hábiles para obras de ingeniería que nosotros no podríamos reproducir pero imbéciles que creían en una mágica resurrección de tejidos deteriorados a los cuales, por otra parte, deben haber rastreado durante sus milenios de historia ajenos a cualquier resucitación vaticinada, y aceptar una teoría que nos muestre maestros extraterrestres preparando a los habitantes del Nilo en un plan cósmico cuyas consecuencias últimas hoy también nos siguen evadiendo, me quedo con esto último.

Oh, pero no nos preocupemos. Todo esto –seguramente alguien dirá- es sólo el delirio de una mente febril. Quizás.

 

Lo dicho hasta aquí, después de todo, no es más que levantar, un poco más aún de lo que ya ha sido hecho en los siglos pasados, el velo de Isis.

Continuará

Tercera parte: El Egipto Desconocido (3): El sendero Templario

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EL EGIPTO DESCONOCIDO (3): EL SENDERO TEMPLARIO

Posted by Gustavo Fernández en 01-06-2017

Las reflexiones compartidas en la segunda parte de esta saga encuentran su natural justificación en este tramo; donde me propongo comprender el porqué de la inopinada presencia Templaria en las tierras del Nilo, una presencia que trasciende el afán de conquista y comercio y tiene resonancias bíblicas.

Antes de continuar, es necesario aclarar un par de puntos. La idea de un ejército Templario plenamente comprometido –diría, fanáticamente comprometido- con las distintas Cruzadas es sólo una versiòn hollywoodense; si bien combatieron –especialmente en Accra- contra los musulmanes, siempre fueron bastante independientes y sus intervenciones en combate parecían responder más a estrategias de geopolítica que convicciones metafísicas. Recordemos aquí que cuando se constituyen en Orden, en 1118, sostienen que su misiòn era “custodiar los caminos hasta Tierra Santa” para los peregrinos, pero hasta 1188 la Orden tuvo sólo nueve miembros (más unos cuantos “empleados”, más administrativos que guerreros): es ridículo pensar en sólo nueve caballeros custodiando semejantes extensiones. Sólo luego de 1188 comienza la “conscripción de miembros” y, lógicamente, la Orden crece de manera exponencial.

Por otra parte, existe sobrada evidencia –especialmente en tierras hispanas- de la enriquecedora convivencia de Templarios con sabios musulmanes así como con judíos, y para cualquier estudioso de aquellos es evidente una “transfusión” de conocimientos entre unos y otros. Ya he escrito mucho sobre el particular en este blog (enlaces que aplico al final de esta nota) para remitir allí al interesado.

Las cruces de referencia

Bien, regresando a Egipto, las huellas del Arca de la Alianza descriptas en el capítulo anterior tuvieron, a posteriori, una impronta cuasi templaria. Observen la foto que acompañamos; la he tomado en el templo de Philae, próximo a la represa de Aswán. Prsenta cruces “templarias2, o eso parece a primera vista, aunque un análisis más detallado “in situ” me reveló otra cosa.

No son de la época de la erecciòn del templo: están grabadas con claras señales de ser posteriores porque, en un par de casos, se trabajaron sobre jeroglíficos allí anteriores. Pero tampoco son “modernas”; la protecciòn patrimonial del templo hubiera hecho imposible su tallado. El desgaste de sus aristas señalan, empero, que ya hay acusados signos de erosiòn.

Recordemos que cuando la construcciòn de la represa, hubo dos templos en peligro de quedar sumergidos por las aguas: el famosísimo de Abu Simbel y éste, menos promocionado, Philae. Ambos, se desmontaron y trasladaron a ubicaciones más elevadas para protegerlos. Pero con Philae ocurriò un detalle interesante.

Junto a la construcción y ubicación original, de hecho en terrenos propios del templo, había una pequeña iglesia cristiana del siglo XVI. Como resultaba muy “moderna” en términos arqueológicos no se rescató y quedó, allí, sepultada por las aguas.

Esa iglesia fue construida por orden y mandato de una sociedad iniciática: los Caballeros de San Esteban. De hecho, estaba consagrada a su patrono, el mismo San Esteban. Y la cruz “templaria” en Philae no es templaria: es la cruz de San Esteban.

Pero, ¿quiénes eran éstos?.

En Pisa

Para averiguarlo tuve que seguir algunas pistas en Pisa, Italia. Porque fue allí que Cosme de

Palacio que los Médici dieron a la Orden

Médici (sí, uno de esos Médici) luego de conquistar la ciudad -.en ese entonces, rival de Florencia- entregó uno de los palacios de su plaza central a una reciente Orden Militar e Iniciática constituida por él: en 1564, los Médici fundan la Orden con un objetivo “exotérico” y otro “esotérico”. El primero, “la defensa de la fe católica y el combate de los piratas de la mar” y la segunda “buscar el Arca de la Alianza”. Se decían, a sí mismos, herederos de la Orden Hospitalaria de San Esteban de Hungría, que a fines del siglo XII había sido la rama húngara de los Templarios. Y eligieron como emblema la cruz de ocho beatitudes pero las mismas más marcadas.

Heráldica de los Caballeros de San Esteban

De manera que aparecen en Philae (templo levantado durante la dominaciòn helénica de Egipto, alrededor del 300 A.C.) y hacen levantar una iglesia. A poca distancia, está la isla de Elefantina donde, ya hemos visto, habría estado custodiada durante algunos años el Arca antes de

Piazza del Cavalieri, donde se encuentra el palacio de la Orden

continuar viaje a Sudán y Etiopía. Si los caballeros continuaron viaje llegando a Adis Adeba, no pudieron avanzar o perecieron en el camino, se ha perdido bajo el polvo de la Historia. Pero este hallazgo ratifica mi convicción que el Arca de la Alianza estuvo más de una vez en territorio egipcio porque era “su” territorio.

Ya lo esbocé en mi trabajo anterior. Creo posible que el Arca no haya sido dada a Moisés en el Sinaí hacia el final del Éxodo, que el relato bíblico sea una adjudicación que los judíos se hacen de la misma y que, en verdad, hubiera sido muy antigua, egipcia y guardada en el interior de la Gran Pirámide (los argumentos, ver la nota anterior). Es comprensible entonces que al evacuarse luego de la segunda destrucción del templo de Salomón se la levara a la tierra desde donde provino, donde habría muchos lugares (y personas) dispuestas a protegerla. Es más, ¿qué seguridad tenemos que en esa catástrofe fueron los mismos judíos quienes la retiraron y no, aprovechando la confusiòn, un grupo a disposición de los egipcios?.

Iglesia de San Esteban, en Pisa

Hago aquí una breve disgresiòn. Me facilitaron el dato de una pretendida orden “templaria” (ya se sabe que todas las órdenes templarias existentes hoy en día dicen, cada una, ser legítima y las demás, fraudulentas), llamada Orden Templaria del Trébol (que se adjudica la friolera de 14.500 años de existencia) que reivindica las “cruces templarias de Philae” como evidencia de su propio relato. Permítaseme decir que, dicho así, eso demuestra que (a) sus miembros nunca estuvieron en Philae –y levantan de Internet las fotos- o (b) de haber estado, les bastó el “parecido templario” de las cruces, porque, de haber hecho una somera investigación, habrían arribado a esta misma conclusión: que no fueron específicamente Templarios sino Caballeros de San Esteban (recordemos que en el siglo XVI todavía pesaba la excomunión sobre aquellos y era políticamente incorrecto identificarse como tales). De hecho, la única referencia seria y argumentada se encuentra también en el libro del amigo José Luis Giménez, “El triunfo de María Magdalena: jaque mate a la Inquisición”

Dicho lo cual, concluyo. Si, como la presencia de esa Orden de San Esteban demuestra, había de parte de ellos un interés especial en el lugar por su previo interés en el Arca de la Alianza, y si, cuando menos conceptualmente, fueron herederos del conocimiento templario, es obvio que éstos últimos sabían ya en su tiempo sobre la probable ubicación del Arca. Y, extrapolando, deduzco que también sabían, entonces de su verdadera historia. Cuando en un artículo anterior, que puede verse a través de este enlace, postulé que los Templarios tenían quizás alguna información sobre presencias no humanas en la remota Antigüedad, sé que a algunos les habrá parecido exagerado. Hallazgos como éste, insisto y sin embargo, demuestran que esa presunciòn es cada vez más fuerte.

Continuará

Primera parte de este trabajo, hacer click aquí

Segunda parte de este trabajo, hacer click aquí

Enlace a “De Annunaki a Jesús, siguiendo la pista templaria…” (allí el lector encontrará enlaces a otros trabajos sobre Templarios)

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Conferencia OVNI de Gustavo Fernández en Estados Unidos

Posted by Gustavo Fernández en 29-05-2017

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