AL FILO DE LA REALIDAD .com.ar

Ovnis, Civilizaciones Desaparecidas, Parapsicología y Esoterismo.

Posts Tagged ‘egrégoro’

Podcast AFR Nº 175: OVNIs y Salto cuántico

Posted by Quique Marzo en 17-11-2016

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

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En este episodio de Al Filo de la Realidad…

  • Agradecimientos a quienes participaron de las actividades en Chile.
  • Apareció otra vez el egrégoro de la camioneta blanca (más en AFR Nº 170).
  • Comentario sobre la victoria electoral de Trump en EE.UU. y el futuro bajo ciertos populismos. Francia. México. ¿Soluciona algo no ir a votar?
  • ¿Qué es la Física Cuántica? La sanación cuántica. La Historia del pensamiento humano no habría sido la misma si el Fenómeno OVNI no hubiera aparecido.
  • ¿Les gustaría vivir en otra época que no fuese esta? El proteccionismo animal. La evolución de la conciencia.
  • La naturaleza extradimensional del Fenómeno OVNI lo acerca al campo espiritual y a las entidades no físicas que manipulan el tiempo y nuestra evolución. ¿Existe el albedrío? Y si es que existe… ¿en qué medida? ¿Puede haber realidades alternativas?
Infografía: La pobreza en el mundo.

La pobreza en el mundo.

 

Percepción de la realidad del ser humano.

Percepción de la realidad del ser humano.

 

  • ¿Cómo salir de la Matrix?
  • Respondiendo a los podescuchas.

 

 

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Podcast AFR Nº 174: El Libro del Conocimiento. La conexión ISIS

Posted by Quique Marzo en 29-09-2016

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

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En este episodio de Al Filo de la Realidad…

  • Reflexionando sobre el último viaje a México y las enseñanzas del abuelo Tlacaelel. Comentando sobre los próximos viajes y actividades de Gustavo Fernández.
  • Detrás de ISIS hay “algo más”. Los libros revelados y los “contactados”. Las alucinaciones colectivas. ¿Con qué o quién contactan los contactados? Lavando cerebros. Analizando el libro. La generación de un egrégoro. La manipulación.
  • La delincuencia común y la posibilidad de que sean captados por ISIS. Respondiendo a los podescuchas.

 

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Podcast AFR Nº 170: La batalla de Ituzaingó: experimento de control mental de la población

Posted by Quique Marzo en 04-07-2016

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

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En este episodio de Al Filo de la Realidad…

  • Hablamos sobre dos mitos urbanos. El egrégoro de la camioneta blanca y el del secuestro de niños por parte del circo. Un padre hace una denuncia policial por intento de secuestro de su hija. Batalla de vecinos con la policía. La mentira del padre de la niña. La pulsión del egrégoro. Dos egrégoros que se manifiestan simultáneamente… ¿trataron de manipular a la población? ¿Cómo el servicio de inteligencia manipuló a la gente durante la crisis argentina de 2001? Ambos fenómenos podrían ser considerados como un experimento de control mental de la población.

 

 

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LA “BATALLA DE ITUZAINGÓ”: EXPERIMENTO DE CONTROL MENTAL DE LA POBLACIÓN

Posted by Gustavo Fernández en 01-07-2016

ituzaingóNo me andaré con eufemismos a la hora de plantear esta hipótesis  de la que, hora a hora, estoy más convencido. Quisiera, sí, ahorrarles a escépticos y lectores lineales de la Realidad el aburrimiento de unos párrafos con los que no comulgarán en absoluto y, precisamente por ello, no creo que ni ellos ni yo tengamos que gastar energías dignas de mejores intenciones en un debate estéril. Escribo para mis lectores tradicionales, aquellos con quienes nos movemos en un ámbito de paradigmas mentales que nos es común, porque, cada día también, estoy más convencido que la polifacética Realidad admite múltiples lecturas y esta es seguramente una de tantas pero, por no compartir esos paradigmas, nos confundiría en una discusión estéril.

Hecha la salvedad y curado en salud, resumo para lectores no argentinos (en tiempos que Google hace casi innecesario este ejercicio): un día atrás, en una localidad del conurbano bonaerense llamada Ituzaingó, zona de alta volatilidad social y campo de combate de oscuros intereses partidistas, fronterizos entre lo políticamente aceptable y lo delictivo, una concentración aparentemente “popular y autoconvocada”, angustiada por rumores de secuestros de niños, trató de destruir un circo itinerante y se enfrentó a pedradas con la policía. Las informaciones son abundantes pero confusas y contradictorias: se habla de elementos no vecinales, entre ellos, “barrabravas” de un club de fútbol. Se habla de la pérdida de la “caja chica” que las autoridades locales contaban y que la reorganización administrativa del cambio de signo político les habría privado. Mis luces son escasas para iluminar un escenario que requiere, a la vez, de una mirada sociológica, económica, cultural y política: no me cabe a mí distribuir responsabilidades.

En lo que quiero detenerme es en lo que sí me compete: el análisis de factores trascendentes. Trascendentes, en el sentido que “trascienden”, van “más allá“ de la materialidad perceptible. Y señalo, para comenzar, la presencia de dos mitos urbanos, como tales, presentes en toda época –cuando menos, mirando hacia décadas atrás-: “los circos roban niños” y “una camioneta blanca secuestra niñas”.

De este último he escrito en este artículo. Vuelvo sobre el particular al recordar que en numerosos países y momentos los decires sobre esto no hallaron, finalmente, justificación alguna. En nuestro propio país y por Facebook –sin ir más lejos- hace rato que se alienta el temor popular a adolescentes cooptadas por extraños que se desplazan en traffics, vans o camionetas sempiternamente blancas (uno imaginaría a los cacos con un poco de originalidad y no ponerse inevitablemente en evidencia hasta por este detalle). Los investigadores policiales y judiciales ya saben que cuando se profundiza, se encuentran con adolescentes que han mentido por un colectivo de razones que no vienen al caso aquí: necesidad compulsiva de llamar la atención, ocultar algún desaguisado escolar, una escapada amorosa, etc. Yo mismo, en otra ciudad y hace tiempo, escuchaba a una madre genuinamente preocupada que me relataba como su hija –según el relato de la misma- había sido víctima de un intento de estos “secuestros”. Me relataba esto en presencia de la niña, quien permanecía en silencio y con la mirada perdida y –sé que es muy subjetivo, pero fue mi percepción- sentí en ese silencio el rubor de una mentira, que la mamá –y es muy comprensible- creía sin cuestionar. Ni en ese caso, ni en otros donde los propios familiares organizados trataron de vigilar los contextos de sus hijos, pudo fundamentarse nada.

El otro “mito urbano” ya fue dicho: sobre los circos. A mí mismo, de niño y hace décadas de esto, me lo habían dicho. Nunca supe que hubiera un hecho fehaciente.

En el caso de Ituzaingó, aparece en televisión un joven padre quien relata, en cambio, que a él sí le ocurriò. Que un individuo descendido de una camioneta blanca trató de arrebatarle su hija de los brazos, cosa que obviamente no consiguió. Hizo la denuncia policial y el caso está judicializado. Aquí, sí, tenemos una (una) denuncia concreta. Luego, no sabemos de qué manera –aunque luego lo explicaré- esto se articula con que los responsables eran parte de un circo instalado pocos días antes en las cercanías y allí marcharon a destrozarlo, con el revuelo subsiguiente. En el circo, sí, había una camioneta blanca (a fin de cuentas, ¿cuántas camionetas blancas hay en el país?) que no coincidía con la marca y modelo que el padre denunciò –fue muy específico- y ploteada con publicidad del circo. Pendiente queda –nunca hay que descartar toda vía de investigación- demostrar si hubo alguna relaciòn…

Haré futurología y anticiparé que la investigación quedará en nada. ¿Y entonces, qué decir de la denuncia de ese padre?. Creo que mintió. Que se vio compulsado (enseguida hablo de por qué fuerza) a inventar una historia, presionado a denunciarla, compelido a admitirlo ante cámaras en una vorágine de la que después no pudo bajarse. Empujado por un egrégoro.

No me detendré a volver a explicar lo que en Esoterismo se entiende por tal. Siga, el interesado, este enlace. En pocas palabras concibámoslo como una estructura autónoma del Inconsciente Colectivo con cierto autarquismo, que se “alimenta” de emociones básicas del grupo humano que, conscientemente o no, lo genera. Una vez instalado, “despertará” y pulsará sobre los integrantes del grupo gregario al que pertenece porque lo genera. Nuestro Inconsciente Personal es tributario del Inconsciente Colectivo al que pertenecemos. Y si no tenemos control volitivo, control consciente, sobre nuestro Inconsciente Personal, ¿cómo podemos creer que podremos tenerlo sobre las pulsiones del Inconsciente Colectivo?. Así y entonces, de la misma manera que no somos dueños de los “actos fallidos” de nuestro Inconsciente Personal, menos lo somos de los del efecto del Inconsciente Colectivo sobre nosotros. Luego –sólo después- tomamos consciencia, es decir, nos damos cuenta de lo que hemos hecho. Pero la rueda ya está en movimiento. Seamos, en consecuencia, comprensivos con quienes son víctimas inconscientes de esa pulsiòn que no podrían racionalizar.

Lo que realmente me preocupa es que aquí, en este contexto de sensibilidad y disconformidad social, dos mitos urbanos, es decir, dos egrégoros, se dan cita para ser funcionales a un objetivo que se intuye. Esto no puede ser casual; habla de “alguien” perfectamente consciente de esto y que lo manipuló, usó, empujó para ponerlos al servicio de esos intereses. No debería asombrarnos: hemos dado cuenta, por ejemplo en esta serie de artículos, que detrás de la historia política de muchos países, y también el nuestro, se intuye la presencia de “monjes negros” cercanos al (mal) uso de lo esotérico (que no es más que la manipulación de lo Trascendente, es decir, lo espiritual, con fines espúreos) para ser serviles a líderes políticos que si son de primera o décima línea, poco importa. No es tan difícil: en alguna otra parte, he explicado como, durante la crisis de 2001/2002, cuando el país estaba al borde de estallar, los servicios de inteligencia, mediante el simplísimo método de comentar rumores en distintos puntos del país simultáneamente, lograron asustar a la población y mantenerla encerrada en sus casas. El rumor era siempre el mismo: “Del barrio Tal –siempre, algún asentamiento de emergencia, un barrio marginal- viene una muchedumbre saqueando y rompiendo todo”. Tras algunos conatos de disturbios en distintos puntos que ocasionaron muertos y heridos, escuchar esa versiòn en un comercio, en el almacén de la esquina, en el club, resultaba absolutamente creíble y la gente elegía permanecer a la defensiva en sus hogares, armarse, en algunos casos, en aparente defensa propia. No existían estas redes sociales pero sí las “listas de correos” y llegaban mails de todas partes –recuerdo, con pocas horas de diferencia, de Rosario, Bahía Blanca, Salta, Mendoza- de colisteros preocupados y atrincherados. Simpleza de manual (de inteligencia) altamente efectiva.

Dicho esto, piénsese cuánto más efectivo sería emplear “mitos urbanos” fuertemente emocionales (pocas cosas son más fuertemente emocional que puedan secuestrarte un hijo) y redireccionarlos. Si al cuadro de inevitable y comprensible paranoia le sumamos la energía específica del Egrégoro, estamos ante un arma formidable de Control Mental.

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TÁCTICAS PARAPSICOLÓGICAS DE MANIPULACIÓN ILLUMINATI (Primera parte)

Posted by Gustavo Fernández en 04-11-2015

A lo largo de diversos artículos he abundado –por lo que evitaré repetirme aquí- en señalar que el grupo de Poder en las Sombras que genéricamente llamamos “Illuminati” (1) tiene una “componente espiritual” muy marcada y de doble vertiente: por una, sus referentes emplean tácticas y estrategias espirituales para controlar ese poder. Y por la otra, están sujetos y responden a entidades no físicas.
Sobre esta última observación, quiero acotar aquí solamente esto: sin duda no es “políticamente correcto” ese comentario (en verdad y para mí, una conclusión). Sería mucho más social (y periodísticamente) digerible sindicarlos meramente como ávidos acumuladores de fortunas multimillonarias y poder político. Que también lo son, claro. Pero no únicamente. Mi teoría, estos años, es que estos Barones del Poder en las Sombras responden y se subordinan a otros Poderes, más sutiles. En realidad, más “parafísicos”. No humanos. Y vuelvo sobre el comentario: en bastantes ocasiones he podido comprobar en carne propia el resquemor que a comunicadores sociales reputados como “serios” les producía el vincular un tema que les interesaba –el del Poder Oculto en el mundo- con estos andurriales espiritualistas, y concluir (un servidor) que habría tenido más adhesión pública de haberme quedado limitado a o que llamaría la “línea político-económica” de estos Illuminati, sin entrar en extrapolaciones casi parapsicológicas. Pero así también digo: ya estoy demasiado grande para conformarme con medias tintas al expresar mis opiniones, sobre todo cuando uno advierte que el ser coherente es una de las pocas cosas que le hacen sentirse bien. Mucho mejor, seguramente, que la mera palmada complaciente del periodista de turno.
Un día, debería escribir sobre nuevos “memes” (además de los ya referidos por mí en distintos espacios) que voy observando sobre el camino. Por ejemplo, El Meme de la Correcta Respetabilidad Periodística. O el Meme de la Espiritualidad Institucionalizada…
En consecuencia y para un panorama más amplio, remito al lector interesado a los enlaces dados al pie. Y vamos al punto de esta nota.

Va de suyo que es imposible resumir en un solo artículo –a menos que tome proporciones librescas- todas las tácticas que, presumiblemente, hemos identificado como empleadas por los Illuminati. Y, sin duda y por el simple hecho de no pertenecer a esa facción, se nos escaparán otras. Sea entonces esta serie escalonada de trabajos algo más que apenas un índice que estimule otras reflexiones.

En este caso en particular, me detendré en considerar cómo un bien conocido fenómeno parapsicológico, el “punto de anclaje”, y otro, los “egrégoros”, pueden ser articulados con fines predeterminados. Y esta aplicación apunta a los grupos de poder en las estructuras de la Iglesia Católica y el Vaticano. Seguramente es innecesario aclarar –pero prefiero curarme en salud- que esto no significa equiparar los Illuminati con la Iglesia Católica; pero sí, como he señalado muchas veces, que los Illuminati se infiltran y cooptan toda estructura que les permita administrar poder. Gobiernos, multinacionales financieras o industriales, farmacéuticas, Masonería… e Iglesias. Y que no tienen problema en mudar de organización o de geografía como de vestimenta.

El “punto de anclaje” define un lugar, objeto –o persona- que “ancla” (de allí el nombre) energías, especialmente las densas. Así como un objeto cualquier expuesto al calor del fuego conservará el mismo un tiempo aunque lo alejemos de él, así como la pared interna de una vivienda, calentada por un calefactor eléctrico, al apagarse éste conserva un tiempo ese calor, así ciertos componentes energéticos, como los “paquetes de memoria” (especialmente los “thanáticos” (2)) , tienden a “adherirse” –lo dicho: a “anclarse”- en determinados lugares, objetos o personas que, en vida, significaron para ese componente transpsíquico un fuerte componente emocional. La vivienda que ocupó y alrededor de la cual construyó su historia de manera posesiva y egoísta, los objetos que atesoraba ávidamente, las personas que consideraba, cosificándolas, casi como de su “propiedad”, son, para esa energía residual, los puntos referenciales a los que busca retornar y en los que trata de permanecer. Así, una vivienda con “poltergeist” puede estar asociada a un “paquete de memoria thanático” anclado en ese lugar (resistiéndose a abandonarla) y de allí las perturbaciones a las que somete a eventuales nuevos ocupantes. Y los objetos “malditos” (quizás el más famoso, el “diamante Hope”, esa joya a la cual se asocia la tragedia financiera o personal de prácticamente todos sus propietarios históricos) serían perturbadores “por contacto”. En el caso de las personas, pobre gente con dificultades para recuperar su reinserciòn –por ejemplo, amorosa- luego de la muerte de alguien posesivo, autoritario y brutalmente dominante en su vida.

Reliquia en Notre Dame

Reliquia en Notre Dame

En este contexto, pensemos en las “reliquias”: miles, decenas de miles de trozos de huesos, de tela, de espinas, de maderos, repartidos en iglesias de todo el mundo y objeto de veneraciòn, devociòn y peregrinaje de millones de personas. Nadie discutiría la utilidad “propagandística” de las mismas. Manteniendo las autoridades de esa Iglesia una actitud felonamente prudente de subordinar todo a la “fe” (sin expedirse así sobre la autenticidad histórica de esos elementos, habida cuenta que de algunos, como los trozos de la pretendida cruz de Cristo, de reunirse, al decir popular, “harían un bosque”) han sido empleadas durante siglos para concentrare masas crecientes de personas en lugares específicos y aún más, en fechas específicas.
Y ahora recordemos el concepto de “egrégoros”. Una entidad psíquica, con cierto grado de autonomía de sus generadores, producida por la concentración de un número indeterminado de individuos identificados con ciertos intensos contenidos emocionales. El miedo, la desesperación, el amor o la fe. Esos “egrégoros”, como dije, tienen cierta autonomía, pero mínima; como un poderoso ente energético pero un tanto lelo intelectualmente, es plausible de ser manipulado. Dirigido. Controlado. En consecuencia, verdaderos “egrégoros” se forman alrededor de las reliquias. Una concentración de energía colectiva, una “masa” –en términos no físicos, más cercano a lo que socialmente entendemos por esa palabra- manipulable por quienes, en primer lugar, sepan de sus existencias. Y como implementarlas. Porque hay un manual de uso para dirigir esas energías, y que tiene que ver con la adecuada articulación de símbolos de los que, obviamente, iglesias y religiones –como espacios físicos y como estructuras doctrinales- están repletas.
Por supuesto, alguien puede sostener que los “egrégoros” pueden ser positivos y su uso, favorable. Es cierto. La pregunta –conociendo desde los entresijos del Vaticano hasta las reacciones de sus feligreses llevados al fanatismo (3) , pasando por la intrínseca contradicción de un “dios” propuesto como puro amor pero que se jactaba de ser celoso y vengativo, que pedía que se le presentaran extrañas ofrendas rituales consistentes en animales descuartizados puestos al fuego, que ordenaba robos y quemar mujeres vivas, que asesinaba sin compasión a niños de pecho por faltas cometidas por los padres de éstos. Extraño dios de amor, éste.
En consecuencia y en este paradigma, permítanme enarca una ceja con suspicacia al suponer las intenciones que podría tenerse al manipular un egrégoro…
Y continuando por la más obvia de las manipulaciones: “trabajarás y sudarás y el premio en el más allá”, condenando a la gente común a ser permanentes profanos, porque el Iniciado tiene como deber el disfrutar la vida y el cumplimiento del deber como aspiraciòn.

Y para finalizar –sólo este primer artículo de una serie- Este es un parecer absolutamente personal, pero me inspira cierta incomodidad un Papa que exhorta permanentemente al “recen por mí”. Algunos lo verán como un guiño de humildad. Yo puedo verlo como una consentida forma de vampirismo energético.

(1) Una vez más, ya sabemos que –sin duda- no se identifican con este nombre, sobre todo por el hecho que, si así fuera, este grupo “secreto” habría dejado de serlo por definición. Acudimos entonces a este término solamente porque pone al lector en contexto sobre de qué va la cosa.

(2) Como ya hemos explicado en infinidad de referencias literarias, podcasts, cursos, etc., “paquete de memoria” es la definicón correcta y técnica que la moderna Parapsicología emplea en lugar de los infusos –y equivocados- “fantasma” o “espíritu”. “Eróticos” y “thanáticos” son dos categorías de “evoluciòn” de los mismos; los primeros desapegándose tras la transición del plano material y los segundos permaneciendo en éste. En los “puntos de anclaje”, precisamente.

(3) Mis notas en blogs están llenas de comentarios de “creyentes” que tras recordarme el amor infinito de su dios, me pronostican un futuro sombrío, exponiéndome a conocer su cólera, o arrepintiéndome cuando “ya sea demasiado tarde”…

Para leer más:

“¿Qué es un “egrégoro”?”

“El Egrégoro de la camioneta blanca”

“Memes: tácticas de manipulaciòn colectiva”

“La manipulaciòn “Illuminati” de la “religión OVNI”

“Racismo, Espiritualidad e Illuminati”

“La manipulaciòn Illuminati que se viene”

“Illuminati y las raíces espirituales de la delincuencia”

“La Matrix Illuminati”

“No hay nada más lindo que la familia unida: Monsanto, Bill Gates y los Illuminati”

“La intoxicaciòn en las Paraciencias: Memética e Illuminati”

“Los Illuminati, el Vaticano y la renuncia de Ratzinger”

“Los Illuminati hoy en Latinoamérica”

“Genocidio indígena y códigos Illuminati”

“Illuminati: el poder secreto detrás de la Historia”

“Guardianes de la Luz, Barones de las Tinieblas”

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Podcast AFR Nº 149: El Egrégoro de la Camioneta Blanca

Posted by Quique Marzo en 13-06-2015

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

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Hoy les presentamos estos temas:

  • Comentarios sobre el podcast y los artículos por escrito. Algunas reflexiones sobre por qué repusimos el podcast sobre el Papa (AFR Nº 112) y algunas críticas más.
  • El egrégoro de la camioneta blanca. ¿Realmente hay casos de secuestros en camioneta blanca en toda Latinoamérica? Los miedos alimentan los egrégoros… ¿hasta convertir ciertos enigmas en tulpas/ideoplastias (Hombres de Negro, monstruo de Loch Ness, Yeti?
  • Respondiendo a los oyentes. Desde ahora, toooodos los comentarios, informaciones, críticas y halagos, todo, por favor, háganlo en http://www.ivoox.com en el episodio que corresponda. Así nos beneficiamos todos, incluyendo Gustavo. GRACIAS.

 

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EL EGRÉGORO DE LA CAMIONETA BLANCA

Posted by Gustavo Fernández en 27-05-2015

vanConfío que a esta altura de la existencia de “Al Filo de la Realidad” el lector (u oyente, si de los podcasts se tratare) tenga más o menos definido el concepto de Egrégoro, Egregor o Egrégora. Y evitaré la tentaciòn de repetirme explicándolo, toda vez que esa idea puede ocupar un tiempo (propio y del lector) que nos distraiga del título de referencia. Al neófito, entonces, encomino entusiastamente a la lectura o audición de esas referencias.

Escuchar aquí., o

Leer aquí.

Poco delicado rodeo que me permitirá entrar de lleno en la propuesta que nos concita hoy: sugerir –sospechar fuertemente, en realidad- que el “mito urbano” de la camioneta blanca que secuestra menores está adquiriendo proporciones egregóricas.
La historia es asaz conocida: una camioneta, van o “traffic” (como solemos llamarle en Argentina) inveteradamente blanca, con puertas deslizantes laterales, sin ventanillas o con las mismas opacadas y tripulada –según las versiones- por uno a tres hombres, recorre las calles de ciudades grandes y pequeñas, y hasta de pueblos, acechando la salida de niños y niñas de colegios. Según el lugar (y el momento) sus víctimas suelen ser pequeños o adolescentes femeninas. Y según los rumores, sus objetivos van desde la trata de personas hasta la extirpación de órganos para un infame mercado negro.
Es fácil constatar la historia en Argentina, Chile, Brasil, México, Perú, Colombia. Y en cada uno de esos países, en lugares tan disímiles como –en nuestro propio territorio- Río Gallegos, Buenos Aires, Paraná o Resistencia. Supongo que cada lector interesado en profundizar puede hacer un “barrido” semejante en su propio país hasta donde sé y por ahora, acotado al ámbito latinoamericano.

Los hechos son los siguientes:

– Las denuncias ya suman centenares en, hasta donde he relevado, seis países. Y en varios de ellos, distintas ciudades.
– No queda en la categoría de rumor, ya que las familias implicadas han presentado denuncias policiales y judiciales.
– Las distintas autoridades han iniciado las investigaciones correspondientes. Pero (nótese bien) no se ha podido proceder a una sola detenciòn.

Comprobado esto, la original presunciòn (la mentira inventada por algunos niños o adolescentes para disimular picardías) cae por el peso abrumador de la multiplicidad de denuncias. Entonces, cabría preguntarse: ¿estamos ante un caso de “psicosis colectiva”?. “Histeria de masas”, afirmaría algún psicólogo. Y sería posible pensar en una alucinación por contagio, si no existieran estos otros dos hechos:

– La psicosis colectiva requiere situaciones y marcos muy precisos. En primer y excluyente lugar, proximidad geográfica entre las víctimas, sometidas así a estímulos disparadores comunes. No se contagia por los diarios o por Internet.
– Y éste, particularmente relevante: existen numerosos testigos imparciales de la presencia de las “camionetas blancas”. Vecinos, compañeros de colegio, comerciantes de la zona. Totalmente fuera de la masa crítica de energía psíquica disparada en forma de histeria de masas. Ajenos a la misma. Esas “alucinaciones” no se contagian.

Entonces, ¿qué?.

Es importante recordar, antes de continuar, que un Egrégoro es, ante todo, una masa potencialmente intensa de energía psíquica. Organizada de manera autónoma, con sus propios “engramas” Y productor de, cómo no, sus propios fenómenos parapsicológicos. Entre ellos, el de “ideoplastia” (que puede ser fotografiada), “tulpas”, “formas de pensamiento”. Más aún, absorbe el psiquismo de sus víctimas, siendo uno con el mismo y, en consecuencia, lo que esté en aquél, está en éstas. Recordemos, sin ir más lejos, el caso del “experimento Phillip”.

Así que lo que propongo es esto: a partir de cierto momento, la idea –si real o supuesta, amerita una investigación que ya a estas alturas es casi histórica- de potenciales secuestradores en camioneta blanca traumó a un grupo etario dentro del espectro considerado, con tal intensidad que, relatado y compartido con sus pares, se alimentó de sus propios miedos y adquirió la “vida propia” de un Egrégoro. Y, a partir de allí, cada relato, cada noticia, cada plática de una madre temerosa con su hija, lo alimentó más, dándole esta continuidad que hoy padecen tantas familias de nuestro continente. Y que continuará creciendo, quizás mutando y adaptándose a nuevos “disfraces” mientras los temores radicales y basales no encuentren la férrea barrera de la sensatez y la prudencia racional.

Otro ejemplo (investigado por mí) de “egrégoro visible colectivamente”.

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¿QUÉ ES UN EGRÉGORO?

Posted by Gustavo Fernández en 18-01-2015

Situaciòn de posible formaciòn de un Egrégoro

Situaciòn de posible formaciòn de un Egrégoro

Observo con cierta sorpresa que en los últimos tiempos, mis charlas y disertaciones sobre Autodefensa Psíquica, Hermetismo y otras disciplinas encuentran un público ávido de profundizar en ciertos conceptos, a la vez que desinformado de nociones básicas que uno –equivocadamente- daba por establecidos en el ideario colectivo. Ello pasa, por caso, con el concepto de los “Egrégoros” de manera que he resucitado un viejo artículo de mi autoría y, “aggiornándolo”, lo pongo ahora a disposición de todos los interesados en profundizar estas analogías.
Uno de los conceptos más interesantes que la moderna Parapsicología (rescatando, en armoniosa simbiosis, antiguops conocimientos herméticos) ha venido a aportar para la comprensión de muchos fenómenos fronterizos que vivenciamos en estos terrenos, y que por otra parte aumenta la conceptualización que establece una relación de continuidad entre las antiguas doctrinas y enseñanzas esotéricas y ocultistas y lo que hoy se viste con el cientificista y postmoderno ropaje de “investigaciones metapsíquicas”, es el definible por el término, común a los ocultistas pero casi ignoto para muchos de nuestros contemporáneos interesados, de “egrégoro” (también “egregor”). Su definición y comprensión aporta una explicación satisfactoria a muchos fenómenos casi cotidianamente experimentados o discutidos dentro de las ciencias del espíritu.

Es casi una discusión clásica del espiritualismo si muchos de los eventos que apuntan a señalar la existencia de ciertas “presencias”, realmente se deben a manifestaciones inteligentes exteriores al o los testigos (espíritus de personas fallecidas, entidades de distinto nivel de manifestación, ángeles, extraterrestres…) o sólo se trata de expresiones parapsíquicas de los protagonistas, fenómenos producidos por sus propias mentes pero que en virtud del medio cultural en que se mueven o las creencias preexistentes se “dramatizan” como entes ajenos a quien cree percibirlos. Así, toda una corriente de la que se llama “Parapsicología científica” sostiene que no existirían los espíritus –o seres espirituales– como tales, sino que se tratarían de una constelación de fenómenos parapsicológicos producidos por individuos vivos, que, en virtud de sus expectativas, asumen las características que se espera de ellos como seres ajenos a sí mismos. A ello se opone una corriente “espiritualista” que tiende a ver, precisamente, la acción de esos seres aun detrás de episodios quizás más cercanos a las manifestaciones inconscientes del sujeto.

Este verdadero maniqueísmo olvida, entonces, el concepto de “egrégoro”, a mitad de camino entre ambos. Según este término, pueden producirse condensaciones de pensamientos grupales, que podrían llegar a adquirir cierta autonomía, cierta independencia psíquica, pero necesariamente existe sólo como una función de ese pensamiento grupal (aquí estoy empleando la palabra “función” en el sentido matemático que se le da a la expresión: una cifra variable en relación a otra). Para entender su génesis, deberíamos establecer un paralelismo con la idea de los “complejos”, tan cara a la moderna Psicología.

Un complejo es, básicamente, un conjunto de elementos psicológicos que adquieren una relación intrínseca dentro de la esfera psíquica de una persona, habitualmente disparado por un hecho traumático y que, aglutinando elementos de ese psiquismo –reales o imaginarios– alrededor del recuerdo conciente o inconsciente del hecho traumático, condiciona la personalidad, adquiriendo en ocasiones cierto control sobre la misma, pero, como un parásito, existe sólo a expensas de ella, pero no sin ella.

Tomemos un ejemplo sencillo. En el inconsciente colectivo de todos nosotros (para más información sobre Inconsciente Colectivo, remito a las obras de Carl Jung o, mucho más modestamente, a otros artículos de mi autoría) existe como arquetipo el temor a la oscuridad. Esto es innato e inherente a toda la especie humana (precisamente por eso es arquetípico), un atavismo que nos remite a épocas prehistóricas, particularmente anteriores al descubrimiento de métodos artificiales para producir fuego, en que el hombre primitivo, de día, dominaba las sabanas y praderas, era el cazador; pero al oscurecer, al caer la noche, la falta de luz le convertía en la presa, el cazado. Oscuridad fue, durante centenares de miles de años, sinónimo del peligro de los grandes carniceros nocturnos acechando en las sombras. Ese temor se imprimió en nuestros genes al punto que, como un reflejo condicionado, en estos tiempos de luminarias eléctricas y ciudades sin fieras (animales, cuanto menos) el miedo subsiste. Generalmente, en todos nosotros sublimado como el temor a lo desconocido, y también como el temor al cambio. (La ecuación sería: oscuridad = desconocido; cambio = desconocido). Si el temor a la oscuridad es tan evidente en los pequeños, lo es sólo en función de que los mecanismos de represión, de adaptación al medio y de racionalización no se encuentran tan desarrollados como en los adultos, que con ellos minimizan su manifestación.

Bien. A los efectos de nuestro ejemplo, supongamos que un niño, digamos, de once años, regresa una noche a su casa luego de jugar en la de un amiguito. En él late, aunque no lo sabe quizás, el “miedo a la oscuridad” arquetípico. Y supongamos también que un chusco pariente, por hacer una broma, espera agazapado su paso detrás de un árbol para darle un soberano susto. Si las condiciones psicológicas son propicias, este evento desencadenará un “trauma” en el niño que, si no es elaborado, persistirá. ¿De qué forma?. Pues, aglutinando (hablo en sentido figurado) a su alrededor, durante los años siguientes, todos los hechos formal o simbólicamente identificables con ese hecho traumático. Así, se va formando un “quiste” en el inconsciente, que engorda y crece con cada nueva experiencia cuya semiótica es afín al “miedo a la oscuridad = desconocido = cambio”. Ya adulto, este “complejo” (pues ello es lo que se ha formado) puede condicionar y “controlar” muchos aspectos de la vida del sujeto, desde el simple caso que desista de un empleo mucho mejor remunerado sólo porque implique horarios nocturnos, hasta el más sutil que le coarte la libertad de arriesgarse a nuevas oportunidades por aquella ya mencionada sublimación del miedo a la oscuridad. Este complejo ha pasado a “imponer” pautas en la vida del sujeto que no son producto de una elección conciente. Pero ese complejo, un parásito que se alimenta de sus vivencias y que hace que algunas personas con complejos sean en realidad complejos con personas, no puede ser independiente; obviamente, si el sujeto fallece, el complejo desaparece con él.

Es válido suponer, también, que el Inconsciente Colectivo de la Humanidad tiene sus propios sucedáneos de complejos, a los que, por caso, me he referido en mi curso sobre “Autodefensa Psíquica”. Escribí en esa oportunidad:

“A nivel de la psicología colectiva (espacial y temporalmente) también se generan complejos, cuando las razas y los pueblos sufren “traumas” que quedan fijados en el Inconsciente Colectivo. Hace algunos miles de años, determinadas circunstancias (nos extenderíamos innecesariamente detallándolas aquí) hicieron que la Ciencia y la Religión que hasta ese entonces habían formado un solo cuerpo (al punto que los sacerdotes eran también los científicos) se separaran abruptamente. Hoy todavía estamos sufriendo las consecuencias de ese hecho, pues muchos de los males del hombre contemporáneo nacen del divorcio de esas dos esferas imprescindibles en la realización física, mental y espiritual del hombre.

Lo cierto es que la Humanidad no pudo ignorar ese hecho, y algo quedó en sus substratos subliminales. Lo que llamamos “complejo arquetípico de San Jorge”, representa esa confrontación trascendental, donde el Dragón (que junto a la Serpiente, representa el Conocimiento Racional) cae abatido por el Santo, la Religión. Por supuesto, caben aquí dos consideraciones importantes: primero, tal confrontación es indudablemente muy anterior a la Edad Media (ambientación figurativa fácilmente observable en estatuillas y estampas) y si así aparece se debe exclusivamente a la costumbre típica de los imagineros de ese entonces que ambientaban “en presente” acontecimientos en algunos casos de la más remota antigüedad, sumada al sincretismo de la existencia histórica de San Jorge. Buen ejemplo de lo primero son los numerosos óleos existentes con representaciones del Antiguo y Nuevo Testamento donde los personajes protagónicos visten a la más pura usanza del siglo XIV.

Segundo, si el Santo aparece venciendo, es porque la versión es litúrgica. Si la ciencia ortodoxa, positivista, guardara recuerdo de este hecho, o dedicara parte de sus afanes y presupuesto a la alegoría, seguramente la versión sería muy distinta.”

Si el inconsciente colectivo de la Humanidad puede generar entidades no existentes previamente pero que adquieren después fuerza vital, cierto discernimiento y autonomía (algo así como un “parásito del inconsciente colectivo”), uno puede deducir dos conclusiones fundamentales: una, que quizás el gran secreto del Ocultismo sea el hecho de que no importa realmente si aquellas cosas en las que creemos realmente han existido originariamente o no, ya que el hecho de sostenerlas a través de los siglos terminó por hacerlas realidad.

La segunda, que un grupo de personas (una agrupación religiosa, un pueblo, un colectivo de sujetos), como parte microcósmica de ese inconsciente colectivo, formando lo que ya llamamos un “inconsciente grupal” puede generar sus propias “entidades parasitarias” o “entidades-complejo”, por definirlas de alguna forma. Debe comprenderse aquí que si bien los términos “parásito” y “complejo” generalmente adquieren connotaciones negativas, bien podemos aceptar que ese grupo de personas pueden generar, por el concurso de sus pensamientos, sus energías, el sostenimiento de las mismas a través del tiempo, entidades positivas, a las que seguiremos denominando con esas expresiones sólo por una cuestión de comodidad literaria.

Lo que sostenemos, concretamente, es esto: puedo reunirme con un grupo de personas (el número sería anecdótico, y tendría más que ver con los tiempos y la intensidad de las manifestaciones, pero no con la realidad del hecho en sí), “inventar” una entidad, dotarla de peculiaridades distinguibles, crearle una historia, una imagen y un poder, alimentarla psíquica o espiritualmente, y luego de un tiempo esa entidad “existirá”, autónomamente de nosotros, pero necesariamente dependiente de nuestras raíces. Si el grupo se desvincula, y otro no toma la “posta”, la entidad, el egrégoro se disolverá como el conjunto físico de sus partes constituitivas.

A resultas de lo cual, entonces, muchas de esas “entidades” que pululan por ahí, y sobre las que se discute si realmente existen fuera de la Humanidad o son solamente el producto de algunas mentes, bien podrían ser estas creaciones psíquicas que, debo repetirlo, no significa que sean “alucinatorias” e irreales, que sus acciones sean meras malinterpretaciones, juegos de nuestras mentes o fenómenos paranormales que producimos espontánea e involuntariamente y a los cuales les atribuímos una identidad equivocada. Existen por sí mismas, pero gracias a que han sido creadas por nosotros.

Las sesiones de Ouija (sobre las que volveremos en otra oportunidad), las invocaciones y la devoción de determinados santos, las “presencias”, en ocasiones con su carga de maldición sobre ciertas familias a través de los siglos serían ejemplos de egrégoros. Y los mismos, en ocasiones con lo que técnicamente en Parapsicología se denomina “ideoplastias” (las formas de pensamiento que los tibetanos conocen como tulpas), podrían establecer afortunadas simbiosis de recíproco beneficio: las materializaciones perceptibles de ciertas emociones o imágenes mentales alimentarían aún más al egrégoro el cual, a través de esa manifestación, se haría más “creíble” para las masas que reciclarían así su devoción o temor. Porque –esto debe ser evidente– una forma mental como el egrégoro se alimentará de materia mental: ideas intensas, sentimientos positivos o negativos, etc.

Entiéndase, entonces, al Egrégoro como un parásito del Inconsciente Colectivo o Grupal, una entidad en cierto modo autoconsciente y autárquica peor que no puede “desprenderse” de quienes le alimentan con su aporte de energía, y esta entidad, obviamente, no queda circunscripta a lo espiritual, religioso o esotérico. Un ejército puede tener su egrégoro (el tan mentado “sprit de corps”). Una hinchada de fútbol puede generar su egrégoro. Un partido político puede generar su egrégoro. Una familia puede generar su egrégoro…

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