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EL EXTRAÑO LEGADO DE UN MILLONARIO ESOTÉRICO

Posted by Gustavo Fernández en 18-06-2017

No tengo problemas en reconocer todo lo que me falta por aprender en la vida. Por eso, cuando mi entrañable amigo Sergio Chorro Rocamora dijo aquello de “Tendríamos que ir a Sintra”, enarqué una ceja, curioso. Era la primera vez que escuchaba ese nombre.

En Sintra

Habíamos llegado a Lisboa con nuestras familias el día anterior, y descansábamos, relajados, tomando un oporto –qué otra cosa beber si se está en Lisboa-, mientras mirábamos el intenso ajetreo de la gente que iba y venía en esa agradable noche de abril por la Avenida Da Liberdade, a pasos del Teatro Tívoli.  Nuestro viaje al territorio lusitano fue casi una escapada al viejo estilo sesentista, subir al auto, poner una meta y ya, sobre la ruta, ver qué íbamos encontrando.

Como dije, ni idea tenía de la existencia de Sintra. Así que comencé a googlearlo, cuando Sergio me agrega: “creo haber leído por ahí que hay un lugar con mucho simbolismo que seguramente te interesará”.

Y vaya si me interesó. Sorprendido (si al mejor cazador a veces se le escapa la liebre, a mí se me había escapado una tortuga) vine a descubrir que a media hora de donde estaba sentado en ese momento, disfrutando una copa de ese vino dulzón y “fortificado” que era ese Ramos Pinto Tawny de 10 años, no sólo nos esperaba un pueblito paradisíaco, declarado “Patrimonio de la Humanidad”. Nos esperaba un reservorio de conocimientos esotéricos.

Al día siguiente ya caminábamos sus callejuelas. Derramándose sobre las sierras frondosas de árboles y no lejos del mar, Sintra es un poblado de ensueño, de abigarradas casonas de tres y cuatro pisos pintadas sus fachadas de vivos colores. Y allá arriba, subiendo una empinada colina, aguardaba la Quinta da Regaleira.

La historia parece sucinta.

Antonio Carvalho Monteiro, De Husond – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4024463

Sintra, una villa hermosísima de unos treinta mil habitantes a poco menos de treinta kilómetros de Lisboa, guarda numerosas construcciones de tipo renacentista y arquitectura “manuelina”. Pero el Palacio da Regaleira, edificaciòn principal de la “Quinta da Regaleira”, es relativamente reciente (comenzó a construirse en el año 1892) por parte del millonario Antonio Augusto Carvalho Monteiro, excéntrico hombre de negocios, nacido en Brasil de familia acaudalada y radicado en Portugal desde donde dirigía sus numerosos negocios (maderas, café, etc.) con su patria de origen.

Nace en 1848 y fallece en 1920, y a sus numerosos intereses rosacrucianos, masónicos, alquímicos y templarios se deben los excéntricos edificios y secretos de la Quinta que visitamos. Incidentalmente, permítaseme señalar como este profundo conocedor del Hermetismo (en efecto, Carvalho Monteiro no fue simplemente un “diletante” de lo esotérico sino un aplicado estudioso y experimentador del mismo)  dejó “señales” simbólicas no sólo en el camino de su vida sino más allá también: en efecto, el portón principal de acceso al Palacio da Regaleira se abre con la misma llave que su tumba, ubicada en el Cementerio Dos Prazeres,y que su palacio en Lisboa, sobre la Rua do Alecrim.

El Pozo Iniciático, visto desde el exterior

De sus prácticas alquímicas hay registro de un laboratorio que Monteiro había dispuesto en la torre octogonal del Palacio. De sus otras filosofías, numerosos símbolos accesibles a la observación y al experimento, que señalaremos a continuación.

 

La Torre Iniciática

La idea de “torre” es un tanto equívoca, por lo cual también se le conoce como “el pozo iniciático”. Tiene 33 metros desde el fondo a la cima, y dos terceras partes se hunden en la tierra. Presenta nueve rellanos, posiblemente emparentados con los nueve estadíos de la divina Comedia, y se trata de una profunda horadaciòn dentro de la cual desciende una cómoda escalera en espiral, cono baranda sobre el vacío, presentando en el fondo una Rosa de los Vientos sobre una Cruz Templaria. Por sobre la superficie, el tramo exterior es disimulado con rocas a semejanza de una pequeña colina, y el acceso a la misma presenta dos magníficas puertas – trampa de piedra, una deslizante –de manera lateral- y otra giratoria. Ambas hoy inutilizadas, se nos ocurre que debe haber sido sencillo manipularlas simplemente cubriendo el sueño de aceite o grasa.

Puerta de piedra deslizante

La razón de ser de éstas es evidente: se cerraba así el acceso durante la realización de ciertos rituales en ese pozo “iniciático”. Hay quienes hablan de rituales “masónicos”, pero sospecho más bien ceremoniales mágicos. Es interesantísimo descubrir que al fondo se abre un corredor que se pierde en un intrincado laberinto tallado dentro de la roca viva, con salidas detrás de cascadas artificiales o por detrás de balcones de playones ceremoniales a distintos niveles, porque todo el conjunto de La Regaleira está edificado en una verdadera colina extremadamente boscosa, con lo cual construcciones como este Pozo permite aprovechar distintos e intrincados niveles de acceso.

A medida que avanzábamos en nuestro relevamiento, se nos hace evidente que como parte de los ceremoniales allí llevados a cabo el perturbar y alterar los sentidos físicos o la percepción de la Realidad era parte preponderante. Cito dos ejemplos: uno, una “fuente”, aún útil –con agua en su interior- a un lado de una de las aras ceremoniales. A simple vista, la superficie del agua parecía estar a unos diez centímetros del borde de la misma. Pero –repetimos la experiencia varias veces- evidentemente la geometría de la fuente y el uso de colores de distintos materiales hacía que uno tuviera que bajar unos treinta centímetros la mano hasta realmente poder tocar el agua. Otro efecto apasionante, cuando buscábamos la salida de unos de las galerías laberínticas, encontramos, casi a la salida misma, unas banquetas talladas en la roca. Nos sentamos, disfrutando lo que frente a nosotros parecía un ventanal de alucinada geometría y (supusimos) un doble vidrio repleto de agua en

Palacio da Regaleira

su interior. La sensación era estar viendo desde el interior de un acuario. Y la sorpresa fue que, al salir y observar ese ventanal desde fuera, éste presentaba un sencillo vidrio que en nada explicaba la ilusiòn percibida anteriormente.

El “juego” con las ilusiones sensoriales no es ajeno al propio espíritu de la práctica ceremonial mágica, ya que, precisamente, ilustra sensorialmente el principio que “el Mago crea una Realidad a su albedrío”. No se trata de autoengañarse, de hacer creer a otros que esas ilusiones visuales “sean” Magia. Es como cuando los Magos de todas las épocas manipulaban el entorno arquitectónico para generar “ilusiones” visuales, auditivas, cinestésicas. Así como cuando el Chamán, para liberar a la persona enferme de su mal, entiende que debe “escupir” un insecto, el cual tendrá en la boca mientras “succiona” la enfermedad (en puridad, la componente de negatividad en el plano astral que en lo físico se expresa como “enfermedad”) frente a lo cual el antropólogo “erudito” cree que ese chamán engaña a sus “clientes”, haciéndoles creer que el insecto escupido “es” la enfermedad (y una vez más, eso no

Jardines

es lo que el Chamán trata de hacer creer, sólo atraer, por aquello de “lo semejante atrae lo semejante” la “miasma astral” que se manifiesta como enfermedad hacia el cuerpo astral de un insecto, molusco o lo que sea, cuerpo astral de poca evoluciòn como su expresión biológica), el Mago que manipula sensorialmente las “ilusiones de la percepción” sabe que el órgano sutil de ver Más Allá debe entrenarse quitándole –quitando a su poseedor- de la Realidad ordinaria. Y una de las maneras de lograrlo es “perturbar” la percepción de esa Realidad.

Saliendo del laberinto, el ventanal “efecto pecera”

Volvamos al Pozo Iniciático. Los practicantes trabajan –según el objetivo a alcanzar- en dos niveles: uno Ascendente y otro Descendente. En el Ascendente, el iniciado penetra al atardecer desde los jardines, con ojos vendados tiene que encontrar al tacto el camino dentro del laberinto hasta la base del Pozo. Allí es descubierto y participa de la Ceremonia, a la luz de una Luna (o un Sol, dependiendo de la ceremonia y por ende, la fecha) que se centra con el abierto orificio, allá arriba. Y para otras ceremonias, Monteiro había dispuesto un símil metálico de rama de árbol que permitía hacer pender una luminaria en el centro de la abertura, allá arriba. Luego, ascendía por la escalinata hacia el Cenit para salir al mundo de todos los días.

Pero la práctica Descendente era la más peligrosa, en términos físicos y en términos espirituales. Pues entraba al Iniciado a descender a su propio infierno y a los estratos más bajos del universo espiritual. Se ingresaba por la parte superior, cerrándose la puerta a sus espaldas –claro mensaje simbólico de “ya no puede volverse atrás” y el sujeto

El vidrio de la “pecera” desde el exterior

descendía hacia las profundidades y por ende las oscuridades. Pero a lo largo del camino, en veintitrés nichos, le esperaban agazapados otros iniciados con enigmas que tenía que superar, con obstáculos a sortear. Al llegar al fondo, le esperaban para, luego de la ceremonia, venderle los ojos y arrojarle al interior del laberinto, del que tenía, a la inversa, que buscar la salida a la luz de un Sol que amanecía.

La Quinta da Regaleira presenta varias Aras Ceremoniales, creados con todo primor, desde su orientación espacial –que permitía seguramente en fechas calendáricas dadas (solsticios y equinoccios) hacer coincidir el Sol naciente con el centro de las mismas- como el detalle de su construcciòn, empleándose calcita cuarcífera, verdadera joya geológica que refulgiría al sol del amanecer. Y dotándole, a estar del conocimiento de la llamada Gemoterapia, de propiedades vibratorias energizantes de las acciones allí llevadas a cabo.

La capilla desde el coro

Tiene también su propia capilla cristiana. Pero, ¿no es un contrasentido una capilla cristiana entre tanto Esoterismo?. Para la mirada del Vaticano y los católicos romanos, seguramente sí. Para la mirada cristiana gnóstica de Monteiro, definitivamente no. Ningún esoterista de cuño ha dejado (ni dejará) de honrar el vasto conocimiento durmiente en el llamado Cristianismo Esotérico cuando, aún más y dada la filiaciòn Templaria, si no de los saberes, por lo menos de los afectos, de este millonario, es esa Orden de Caballería el mejor reservorio de aquél.

Pero la capilla reservaba otros misterios. Debajo de la nave central (por otro lado, con el suelo orlado con un mosaico de un “urbe et orbis” muy interesante) se descendía a otro recinto, con su propia ara perfectamente alineada con el altar de la parte superior y el suelo cubierto de mosaicos alternativamente blancos y

Frente de la capilla

negros (el embaldosado masón, donde caminar sobre baldosas blancas y negras simboliza como en el andar de la vida pasamos de la luz a la oscuridad y de allí a la luz, sucesivamente). Esto significa que, por caso, mientras en la parte pública, “exotérica” se estaba celebrando una misa, en la parte inferior, “esotérica” se llevaba a cabo otro ritual que, al ser simultáneo y “conectado” con el superior, tomaba la energía de éste para multiplicarse.

El recinto subterráneo de la capilla

No es menor el hecho que este recinto subterráneo tenía otra salida, en diagonal y subterránea, que se alejaba de la capilla para emerger en…. Un cruce de túneles laberínticos transportadores de agua.

Es difícil detenerse en lo que cada uno pueda considerar más enigmático o sugestivo de este lugar, de manera que cerraré exponiendo tres comentarios, tes observaciones (en realidad, dos observaciones en el terreno y una reflexiòn) brindándole al lector, como hiumilde criterio, destacar aquerllo que en lo personal me enseña algo más que no haya sabido antes sobre los conocimientos esotéricos.

Primera observaciòn: llegando a la cima de la colina, existe una gigantesca roca, quizás un peñasco rodado en tiempo inmemorial de un lugar más elevado. Pero lo interesante es que ese peñasco -calculo, no menos de una veinte toneladas- está ubicado sobre una plataforma artificial. No la supongo

La roca de referencia

exageradamente antigua; tiene mortero y cal en su construcciòn, por lo cual seguramente es otro de los trabajos del excéntrico milonario. Pero la pregunta es: ¿para qué tomarse el trabajo de elevar, aunque más no fuera unos coincuenta centímetros, semejante mole en el lugar (para lo cual habría que haber movilizado hasta esa altura y sitio tan incómodo, maquinarias y personal de trabajo) sólo para hacer una plataforma y volver a depositar el peñasco

Maravilloso ara ceremonial en jardines de la Quinta, con sus dos obeliscos masónicos y simbolismo para Iniciados

sobre ella?. Mi opiniòn: Monteiro sabía que ese peñasco tenía valor ancestral, quizás un sitio de valor menhírico (de “menhir”) de pueblos primigenios (recordemos que la primitiva poblaciòn de Sintra fue de origen celta) y debías permanecer allí, como una aguja de acupuntura, para determinado efecto, debe tocar un punto y sólo ese punto de los meridianos energéticos de nuestro cuerpo.

Segunda observaciòn: La capilla, con todo su extraño simbolismo, está consagrada a… San Antonio de Padua. Otra vez San Antonio, patrono de la particular capilla y el pueblo de Capilla del Monte y de Piriápolis. ¿Hay una ruta de San Antonio de Padua a través del globo que identifica lugares que, detrás del velo católico, encierran secretos herméticos?. Y la reflexiòn: Monteiro en Sintra, Odilo Estévez en Capilla del Monte, Francisco Piria en Piriápolis… ¡y todos trabajando en la misma época, simultáneamente!. ¿es casualidad?. ¿Integraban todos ellos -y seguramente otros que iremos descubriendo- la misteriosa pero pwersistentemente poderosa Orden de los Caballeros de Heliópolis?.

Capas de calcita cuarzífera cuidadosamente dispuestas en el ara ceremonial

Algunas personas suponen que este interés metafísico de estos personajes (todos prósperos millonarios, pero -cabe destacar- no millonarios de cuna sino “self made men”, de hecho y por lo menos dos de ellos, de cuna verdaderamente paupérrima- ) es sólo una curiosidad circunstancial. Estoy convencido, por experimentaciòn propia, que los conocimientos que detentaban eran fundamentales y funcionales a la prosperidad que alcanzaron, verdadera herramienta para modelar su Realidad. Y me quedo pensando en cuántos entusiastas estudiosos de estas disciplinas, siguen penando en un mundo de infortunios cryendo que su búsqueda espiritual es necesariamente conflictiva con su prosperidad material, la que nunca se dan la oportunidad de alcanzar…

 

 

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RETIRO DE SANACIÓN Y SUPERACIÓN PERSONAL EN CAPILLA DEL MONTE con Gustavo Fernández

Posted by Gustavo Fernández en 22-05-2017

RETIRO DE SANACIÓN Y SUPERACIÓN PERSONAL EN CAPILLA DEL MONTE
con Gustavo Fernández
17 a 20 de junio de 2017
El objetivo de este Retiro es compartir tres días de convivencia armónica donde los asistentes trabajarán sobre sus problemáticas u objetivos personales. Bajo la atenciòn personalizada de Gustavo Fernández, la propuesta es que cada persona, enfrentada con situaciones que no logra solucionar, mejorar, corregir, lleve su inquietud y a través de esos tres días, en sesiones individuales (donde se trabajará con Tarot, evaluaciones radiestésicas, lectura áurica, estudio de sus energías, etc.) y grupales (aprovechando el Solsticio de Junio se realizará prácticas de armonizaciòn y energetizaciòn de acuerdo al cxronograma) encontrar el camino para solucionar esos problemas o concretar esos objetivos.


Sábado 17: Por la
mañana.. Recepciòn y traslado a las cabañas de Pueblo Encanto, donde nos alojaremos. Desayuno de bienvenida. Descanso hasta el almuerzo
Almuerzo.
Por la tarde. Caminata por Pueblo Encanto, señalando el tipod e actividad que se realizará de acuerdo a cada caso. Explicaciòn teórica del abordaje mediante Alquimia Espiritual. Al atardecer, revisiòn grupal del análisis de energías “tonales” (según el Tonalamatl o Calendario Tolteca) y potencialidades dormidas en cada uno/a.
Noche libre

Domingo 18: Luego del desayuno, distribuciòn de tareas de meditaciòn y trabajo personal mientras comienzan las atenciones personalizadas, que se realizarán a lo largo de ese día y el lunes.
Almuerzo.
Luego de un descanso, Trabajo grupal en el Laberinto de Cuarzo.
Trabajo de Armonizaciòn en la Estrella Pentacular.
Por la noche, Ceremonia del Fuego Sagrado. Consagraciòn de peticiones a los Elementales de la Naturaleza.
Cena.

Lunes 19: Desayuno. Continúan las entrevistas personales. Caminata espiritual hasta un recodo del río Calabalumba donde se trabajarán limpiezas áuricas.
Retorno para almorzar.
Luego de un descanso, Ceremonia individual (pero coordinada grupalmente) de Anclaje de la Ley de Atracciòn Universal en la Capilla Neotemplaria.
Al atardecer, salida al terreno para liberar ofrendas al Universo.

Martes 20: tras el desayuno, partida a sus localidades de origen.

IMPORTANTE: Cada asistente, una vez confirmado, debe responder un cuestionario informativo sobre sus necesidades, así como preparársele un estudio anticipado conforme a las mismas.

ARANCEL: $ 6.800

INCLUYE: tres noches de alojamiento, cuatro comidas, cuatro desayunos, traslados hacia las salidas de campo, actividades, estudios individuales previos y durante el Retiro. Elementos de trabajo individuales.

NO INCLUYE: traslado hacia y desde Capilla del Monte, una comida diaria sábado y lunes.

PLAZO LÍMITE DE INSCRIPCIÓN: lunes 12 de junio.
Inscripciòn: abonando el 50 % del monto (saldo al llegar a destino), enviando un mail con datos personales (nombre y apellido completo, fecha y hora de nacimiento, domicilio, teléfono de contacto, medicaciòn y posología -si se consume-

Informes e inscripción: caintegral@yahoo.com.ar
Whatsapp: +54 9 343 6234381

Pagos: por transferencia bancaria a esta cuenta:
Banco BERSA
(Gustavo Mario Fernández)
CBU nº 3860001003000029467852
o
Banco de la Nación Argentina
(Alberto Enrique Marzo)
CBU nº 01103906-30039072705165

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Podcast AFR Nº 179: Pueblo Encanto: Un enigma a las puertas del olvido

Posted by Quique Marzo en 27-01-2017

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

Para ir a iVoox, clic en la imagen.

En este episodio de Al Filo de la Realidad…

  • Próximas actividades de G.F. en EE.UU. (julio). La Ley de Atracción. Nuestras creencias condicionan nuestras ideas (*ver infografía). Nueva página en Facebook sobre los Illuminati.
  • Muere Carlos Lusianzoff, “el guardián” de Pueblo Encanto. El Pucará del Uritorco, una construcción de 8.000 años y evidencia de una tecnología desconocida.
  • Luces descienden del cielo sobre el laberinto de cuarzo de Pueblo Encanto. Dos veces. La construcción del primer y único laberinto de cuarzo del mundo.
  • ¿Una futura pérdida para el patrimonio histórico de la humanidad?

 

 

Percepción de la realidad del ser humano.

* Infografía: Percepción de la realidad del ser humano.

 

Para escuchar en línea, dejar comentarios o DESCARGAR el audio en formato mp3, diríjase a NUESTRO SITIO EN IVOOX

Más opciones (email, RSS, iTunes) en: http://www.ivoox.com/s_p2_3844_1.html

También puede descargar el podcast “Al Filo de la Realidad” directamente a su teléfono móvil suscribiéndose (gratis) desde la app de iVoox –para iOS y Android– (consígala a pie de página en: www.ivoox.com).

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Portales dimensionales, Erks, OVNIs, Geometría Sagrada en una entrevista

Posted by Gustavo Fernández en 07-12-2016

Entrevista que me realizara Ishtardance para el grupo “Somos la Nueva Humanidad”. Muy agradecido. https://www.youtube.com/watch?v=KV2R5oXt4Rc

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Libro LA SAGA DEL URITORCO: CRÓNICAS DE UN PORTAL Por Gustavo Fernández

Posted by Gustavo Fernández en 26-09-2016

uritorcoCon enorme satisfacción informamos el lanzamiento, digital y gratuito, de este nuevo libro de nuestro Director, Gustavo Fernández. Extraterrestres. Duendes. Eventos parapsicológicos. Enigmas arqueológicos. Nazis a la caza del Grial. Temparios. Leyendas y certezas, hechos y presunciones. Aquí están mis investigaciones, reflexiones, anécdotas, tras veinte o más años de deambular en la zona, tras veintiún ascensos al cerro Uritorco, tras tantas experiencias vividas, individual y grupalmente. “LA SAGA DEL URITORCO: CRÓNICAS DE UN PORTAL” fue escrito para que lo disfrutes y lo compartas, libremente.
Es su índice:
Capítulo 1:
QUÉ PASA EN LA “CAPITAL ESPIRITUAL DE ARGENTINA”

Capítulo 2:
LA PUERTA DIMENSIONAL DE ONGAMIRA

Capítulo 3:
EL MENSAJE ESOTÉRICO DE “PUEBLO ENCANTO”

Capítulo 4:
UN CENTRO CEREMONIAL INDÍGENA AL PIE DEL URITORCO

Capítulo 5:
MÁS CASUÍSTICA

Capítulo 6:
LA CIVILIZACIÓN PERDIDA DEL URITORCO

Capítulo 7:
EL LADO OSCURO DEL URITORCO

Capítulo 8:
EL ÚNICO LABERINTO DE CUARZO DEL MUNDO

Capítulo 9:
ORÍGENES ESOTÉRICOS DE CAPILLA DEL MONTE

Capítulo 10:
EL MENSAJE DEL COLCHIQUÍ

Apéndice 1:
PRECAUCIONES SI USTED ASCIENDE EL URITORCO

Así que eso es todo. Aquí lo tienes.

Puede obtenerse de dos maneras:

Dándose el alta en el grupo en Facebook creado a tal efecto, y allíd escargarlo de Archivos:
https://www.facebook.com/groups/1798980316983455/

O enviando un mail a: caintegral@yahoo.com.ar , Asunto “Saga”, para recibirlo por ese medio a vuelta de correo.

Saludos cordiales
El Equipo de AFR

 

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Ocho videos breves sobre el Pucará del Uritorco y el Castillo Esotérico de “Pueblo Encanto”

Posted by Gustavo Fernández en 21-08-2016

Queridos amigos:

En nuestro canal en Youtube hemos subido ocho breves videos donde nuestro Director, Gustavo Fernández, nos introduce en los enigmas del castillo del conde Estévez en Pueblo Encanto, Capilla del Monte, y nos explica los secretos del cercano Pucará del Uritorco. Para accesarlos, éstos son los enlaces:

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En conexión con energías telúricas

Posted by Gustavo Fernández en 09-06-2016

Estamos en condiciones de afrontar un viaje. Un viaje en una doble dirección: hacia fuera, hacia ciertos lugares geográficos, y a la vez hacia dentro, al descubrimiento de potencialidades dormidas. Porque la invitación —una más, seguramente, de todas las motivadoras y estimulantes que a diario nos ofrece el mundo de lo espiritual, lo paranormal, lo alternativo; seguramente también no menos enriquecedora— nos llevará a descubrir los efectos de conectar con las tantas veces ponderadas, especuladas, aceptadas pero pocas veces experimentadas energías telúricas.

El omnipresente Uritorco

El omnipresente Uritorco

En numerosos ensayos he dejado constancia de dos certezas: que periódicamente se presentan ciertas deformaciones espacio temporales asociadas a entornos y lugares específicos que, circunstancialmente, conectan con lo que podemos llamar “otras dimensiones”, “mundos paralelos”, espacios y tiempos concomitantes con aquél en que nos desenvolvemos, origen y fuente hipotéticos de entidades y vectores que se manifiestan en nuestra Realidad cotidiana bajo una miríada de denominaciones, presencias históricas gestoras de religiones y mitologías, de conocimientos y literatura, de ensoñaciones y pesadillas. Pero así también, la existencia de potenciales energéticos, fuerzas asociadas a ciertos lugares. Cuando unos y otros coinciden, en latitud y longitud y en el almanaque, nuestra probabilidad de percibir esos planos y, casi como un regalo del Universo, experimentar transformaciones internas con efectos impactantes en nuestra vida cotidiana es inmediata e inevitable. Lo escribo porque lo he vivido. Porque así como desde pequeño nunca me gustó hablar de lo que no conociera o experimentara en una siempre retroalimentada curiosidad que aún hoy tiene mucho de adolescente, es igualmente visceral mi necesidad de compartir experiencias. Algo políticamente incorrecto, según como se mire. En efecto; eso me ha granjeado una dudosa fama de “esotérico” (hubiera preferido “esoterista”) en ámbitos ávidos de etiquetas academicistas.

Mapa de la región

Mapa de la región

En verdad, poco importa. Lo único, en un casi solipsismo intelectual, es que comparto lo que he percibido como real, y si eso es consecuencia de que los márgenes de mi Realidad a través de estos años han excedido los de algunos congéneres, no es mi problema. Pero también, ustedes saben, soy desconfiado del vacuo discurso del facilismo espiritualista, de la-apertura-de-su-portal-personalizado-en-la-comodidad-de-su-living-en-un-fin-de-semana. Como en la novela de Coelho (mal plagio de un cuento de Borges, malo por plagio y malo porque el brasileño necesitó toda una novela para expresar lo que don Jorge hace en un par de páginas) , el destino que buscamos allá está también aquí pero jamás lo habríamos descubierto sin haber partido antes aunque tengamos que regresar, porque el camino es la meta.

Limitaré estos comentarios a un exiguo punto de la geografía argentina que conozco en profundidad: los alrededores del cerro Uritorco y el pueblo de Capilla del Monte, en la mediterránea provincia de Córdoba (Argentina). Exigirán lectores de otras latitudes correspondencia con sus propios lugares sacros que, no dudo, compartirán o superarán en energía a éste. Pero hablo de lo que conozco y experimento, ya saben. Algún día (aunque la canción diga que “algún día nunca llega”) transitaré esas geografías y sobre ellas sabré escribir, como ya he hecho sobre algunas, que nunca son suficiente. Sirva esta tercermundista y vecinal experiencia sin embargo como excusa para hablar de otra cosa. Del impacto de lo macrocósmico de la Tierra en el microcosmos de este corpúsculo que llamamos ser humano.

Según el autor, éste es el verdadero “Valle de los Espíritus”

Según el autor, éste es el verdadero “Valle de los Espíritus”

Es interesante señalar que el “cómo” es mucho más infuso que el “dónde”. Es decir, cómo actúa ese impacto sobre cada uno es absolutamente aleatorio desde la minúscula perspectiva humana, y conforme a orden cósmico desde la omnipresente panorámica del Todo. A usted le afectará de manera distinta que a mí. Pero no tenga dudas que dejará su huella. ¿Que cómo me afectó a mí? Es personal, por lo tanto intransferible y obviamente privado, gracias por preguntar. Pero creo que he hecho una buena descripción en el “síndrome del pájaro pintado” . La experiencia aúna —si están actualizados con algunos de mis trabajos pero especialmente con la evolución de mi pensamiento, cosa no menor, ya que si mi pensamiento fuera fotocopiado del de años atrás, ¿de qué evolución podría estar hablando?— observaciones sobre Geometría Sagrada, Radiestesia y Radiaciones Telúricas. Tomando, como “laboratorio”, una particular “área energética”, que trascienden el mítico Uritorco y abarcan a El cerro Uritorco, el cerro Pajarillo y el cerro Colchiquí (o cerro de “La Maldición”, en Ongamira), El último de estos cerros —el Colchiquí o Colchiquín, alguna vez llamado Chalcareta— situado aproximadamente a 24 Km en dirección N-E del

Cerro Colchiquí

Cerro Colchiquí

Uritorco, ha sido desde el siglo XVI objeto de crónicas históricas por parte de los mismos colonizadores españoles que han referido legendarias concepciones mítico-religiosas por parte de los grupos comechingones, pre y post conquista española, otorgando no sólo al Cerro sino a sus próximas grutas (las Grutas de Ongamira) atributos de sacralidad que son reconocidos aún hoy. Enmarcado, pues, por estas tres formaciones, y conformando un triángulo, se emplaza la denominada popularmente Quebrada de Luna, singular planicie que muchos han dado en llamar Valle de los Espíritus o Valle de ERKS. Otros autores (no discutiremos aquí el punto) llaman “Valle de los Espíritus” a lo que primigeniamente se conocía como “Hondonada del Buey”, más genéricamente como “La Pampita” y que se refiere a un área plana próxima a la cumbre del Uritorco, en realidad, el añejo y desaparecido (y cubierto por depósitos sedimentarios) cráter de ese arcaico volcán que supo, hace millones de años, ser el cerro.

¿Energías?. ¿OVNI?

¿Energías?. ¿OVNI?

Serían innúmeras las experiencias a que podría remitirme. La fotografía de lo que en otro contexto sería interpretado como “ovni fortuito” pero aquí prefiero circunscribirlo a la idea de estas “energías”, como este documento, que siempre se obtiene en un vértice concreto del triángulo.
Pero allí no terminan las sorpresas: sólo en otro vértice, pero esta vez del triángulo, se obtienen siempre luces con comportamiento inteligente en el cielo nocturno. Esta fotografía, tomada por mí mismo, puede parecer pobre; la observación que la acompañó no lo fue, ya que esas “luces”, circunscriptas en el círculo amarillo, bailotearon durante… una hora, ante mi estúpido rostro sorprendido. Menos espectaculares, pero más intrigantes —cuando menos para mí— desde el punto de vista investigativo, fueron las prospecciones radiestésicas. Empleando un simple “péndulo de frecuencias” —cualquiera, a los que se le hacen divisiones proporcionales respetando la escala cromática, de hecho, en

Luces nocturnas no identificadas

Luces nocturnas no identificadas

forma convencional— se comprueba que si nos situamos en los vértices del triángulo[1], para comenzar mirando al Este, siempre girará sólo al alcanzar la frecuencia violeta, pero descenderá al añil al volver el rostro al Oeste, permaneciendo impertérrito tanto al Norte como al Sur. En

Péndulo de frecuencias

Péndulo de frecuencias

cambio, al ubicarnos en los vértices del triángulo [2], comenzando a mirar al Oeste girará sólo a alcanzar la frecuencia añil, y pasando al violeta cuando giramos hacia el Este, descendiendo al amarillo- anaranjado-rojo tanto al voltearnos al Norte como al Sur. Esto es muy extraño porque, si ustedes leyeron con atención, puestos en idénticos puntos el sentido de giro del péndulo dependerá de en cuál dirección estemos mirando, y no de ninguna otra variable (por ejemplo, el tipo de péndulo). Esto señala a gritos que la energía del lugar resuena en nosotros según nuestra orientación tanto con los campos geoelectromagnéticos como con las redes Hartmann, y abre un campo apasionante para la aplicación de técnicas Psicogeométricas en esos lugares. A título ilustrativo, digamos que son vértices del triángulo [1] los cerros Pajarillo, Colchiquí y la “capilla neotemplaria” ubicada en el mismo poblado de Capilla del Monte, y del triángulo [2], ésta, el cerro Uritorco y el cerro Colchiquí.

Las entidades, en círculos

Las entidades, en círculos

Entonces, ¿cómo no recordar aquellas dos “entidades”, humanoides y vestidas íntegramente de blanco, que aparecieron inopinadamente en una fotografía tomada por nuestros colaboradores en una ascensión a las cuevas de Ongamira. Están dentro del círculo amarillo. Ustedes alcanzan a ver a una integrante del grupo llegando a la oquedad, una ermita con la imagen de una virgen (siempre me preguntaba por qué esa compulsión católica de colocar en cualquier punto imágenes de su hagiografía; hoy sospecho que con el tipo de experiencias que los lugareños han convivido históricamente debe haber servido, en su ingenua ignorancia, casi como un exorcismo).
Seamos redundantes: cuando revelo la fotografía es cuando aparecen… y nadie estaba allí.
Esto, sin entrar en detalles de puntos como Los Terrones, los Gigantes, La Posta del Silencio… Una región donde quizás la única nota frívola debe ser la famosa “calle techada” de la ciudad.
Precisamente hablando de esa “capilla neotemplaria”, conocida así por su configuración octogonal en su interior —experiencia que, huelga decirlo, tuve que realizar todas las veces a escondidas del párroco y sus fieles ayudantes, un poco hastiados de tanto cazador de anomalías y confundidos por las particularidades del templo que les tocó en suertes guardar y cuya Geometría Sagrada ignoran en absoluto, o hacen como que ignoran— precisamente hablando de ella, decía, es interesante señalar dos cosas: (a) un péndulo de frecuencias siempre girará en su interior sólo en la frecuencia violeta o añil, sin

La "capilla neotemplaria"

La “capilla neotemplaria”

excepción, y (b) cualquier meditación de Merkaba realizada en su interior provocará

El embaldosado del piso

El embaldosado del piso

percepciones insólitas. La más habitual: “presencias” perceptibles o visibles en la columna de luz que, durante el día, desciende por el rosetón que culmina la capilla. Que le da nombre al pueblo, claro. De paso, sería bueno atender a las baldosas que jalonan el piso. Todas muestran lo que muchos identifican con una swástica pero que creo más acertadamente un “triskelion”, un símbolo —como se ve en la gráfica que acompaña— absolutamente chamánico.

Escudo chamánico indígena, suele estar en los “kultrun”, tambores ceremoniales mapuches

Escudo chamánico indígena, suele estar en los “kultrun”, tambores ceremoniales mapuches

Al César lo que es del César… y a Guillermo Terrera lo que es de Guillermo Terrera. Cuando

El rosetón

El rosetón

allá por los ’80 el fenecido metafísico, antropólogo amateur, docente de la Universidad de Buenos Aires y abierto filonazi preconizaba la existencia de un “triángulo energético” en esta zona (que, pomposamente, bautizó como “triángulo de fuerzas de Terrera”) fuimos muchos — me incluyo— quienes lo consideramos un dislate. Pero no hace tanto tiempo escribí que algún día, en una caverna o la cima de alguna montaña, con un péndulo en una mano y un libro de geometría en la otra, iba a comenzar a encontrar algunas respuestas. Bien, creo que allí estoy, ahora. Porque relacionando las prácticas psicogeométricas con las áreas determinadas radiestésicamente dentro de perímetros bien definidos (el margen de aproximación para los vértices indicados es de +/- 2 kilómetros, disminuyendo la intensidad de las detecciones radiestésicas a medida que uno se aleja del punto “ideal”), queda demostrado, al reducirse todas las variables a precisas constantes, que son focos energéticos particularmente triang1intensos y precisos. Que el efecto que “resuena” en nosotros es triang2mensurable, al margen de cómo repercute en nuestra vida en los tiempos venideros.

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¿CÓMO IDENTIFICAR PORTALES DIMENSIONALES?

Posted by Gustavo Fernández en 02-06-2016

     “Cada maestrito con su librito”, decía un antiguo profesor de quien escribe. Y en pocos ámbitos esto se aplica más que en el de las disciplinas espirituales. O en la Ciencia Espiritual, como prefiero llamarla. Algunos detractores ridiculizan el uso del término “ciencia” en estos aspectos, quizás porque asocien ese término más a aulas académicas y laboratorios, a diplomas universitarios y alambiques que al terreno infuso de lo no físico. Como si la modena física cuántica, por caso, no rezumara más metafísica que la newtoniana. Porque, después de todo, esa es la Metafísica, que en griego, “metatáfisiká” se traduce como “lo que está más allá de la Física”.

    Así que supongo que cada uno de quienes husmean en ámbitos esotéricos tiene sus propios criterios para identificar portales dimensionales. Pero, ¿qué es, después de todo, un portal dimensional?. Quizás sea más sencillo aprehender el concepto que darse de narices con uno. Es un punto del continuo espacio temporal donde el velo que separa niveles de diferente vibraciòn universal se desgarra. Donde los vectores de este universo tridimensional -o, mejor deberíamos habituarnos a decir, “tetradimensional” porque a las tres dimensiones clásicas -largo, ancho, profundidad- se le suma una cuarta, el Tiempo- se interrelaciona con “n” otras dimensiones de mayor sutileza, que están aquí y ahora. Como un escheriano (1) rulo, como un Uroboros que se muerde la cola repitiendo los ciclos del Ser a través del Pluriverso que es la suma de todos los Uni – versos,el portal dimensional es afín a una supercuerda macrocósmica, a una cinta de Moebius que conecta planos normalmente inconectables.

    La cienciaficcionesca literatura y cinematografía nos ha hecho suponer que tales portales residen en algún extremo perdido de la Galaxia, o depende de condiciones casi imposibles de tipo accidental. Pero como la parte del Todo repite el Todo, tales accesos son cotidianos y son sólo nuestras anteojeras culturales y psicológicas las que nos impiden verlos con la asiduidad con que se presentan. Y si de Ciencia Espiritual hemos de hablar, debemos honrar el término: la verificabilidad, la repetibilidad serán condiciones necesarias no sólo para acceder al grado de tal, sino para avanzar en el conocimiento y el Conocimiento, que no son lo mismo aunque lo parezca.

    Llevo algunos años deambulando por estos temas. De allí, he cosechado algunas respuestas y muchas otras preguntas. Y en el campo que nos ocupa ahora, certezas no sólo intuitivas, también experimentales, a las cuales invito a todo interesado, toda interesada, buscar experimentar.

    Básicamente, podemos señalar dos categorías distintivas, que quizás, sólo quizás, se relacionen a su vez con la naturaleza de esos planos interactuantes a los que nos asomamos por los mismos. Uno de ellos está presente donde se agolpen en un período de tiempo limitado -y siempre, obvio, en un espacio geográfico dado- fenómenos paranormales de la más variopinta extracciòn, entendiéndose también como “fenómenos paranormales” (por escapar a la “normalidad” de las ciencias tradicionales) las repetidas apariciones de ovnis. Así, una zona también denominada como “de ventana” será aquella donde a la “oleada” de manifestaciones sucesivas de objetos voladores no identificados (cualesquiera sean los orígenes que optemos por atribuírles) se suman fenómenos de tipo parapsicológico, antes o después, vividos por los protagonistas. No hechos episódicos, aislados, sino concatenados y recurrentes como múltiples sus protagonistas.

    Pero hay un segundo tipo de portal, persistente en el tiempo, asociado a las particularidades, quizás energéticas, de un lugar específico. Lugares “mágicos” no sólo por los sentimientos y sensaciones que provoquen, sino por lo que provocan en quienes son sensibles al lugar. Estos lugares tienen una particularidad o, mejor debería escribir, repercuten con una particularidad -o dos- en los humanos: se manifiestan por “causalidades” repetitivas, y en uno o varios sentidos, la vida de los humanos evoluciona, saltando cuánticamente, a partir de allí.

    Como mis lectores saben, soy un apasionado de Capilla del Monte, de su sagrado cerro Uritorco, en nuestra argentina provincia de Córdoba. Voy con la frecuencia que mis actividades me lo permitan y trato de “iniciar” en sus misterios a cuanta persona puedo. El relato de algunas “causalidades” y las subsiguientes transformaciones pueden servir, entonces, de claro ejemplo.

    Un querido amigo mío define a esta localidad como de “inteligente”, pues, según sus palabras, “te acoge cálidamente o te expulsa” (en realidad usó una expresiòn más soez, que no viene al caso). Lo he comprobado. O uno es atrapado por la atmósfera del lugar y siente la imperiosa necesidad de regresar una y otra y otra vez, o colapsa irremediablemente evitando volver a poner un pie en el lugar a futuro. Aún a tales personas el lugar los ayuda a evolucionar, porque debemos comprender que siempre se evoluciona: la Evoluciòn es movimiento, y éste es indetenible. Puede uno moverse en la Línea de la Vida más rápido o de forma exasperadmente lenta, al punto que en realidad es la Vida la que pasa corriendo a nuestro lado y, en términos relativos, tenemos la sensaciòn que retrocedemos. Pero será sólo eso: una sensación, y todo movimiento, toda evolución, en definitiva algo nos estará diciendo, enseñando. Es sólo nuestra secular sordera ultraconsciente la que nos impedirá comprender el mensaje.

    Pero siempre evolucionamos y, como tal, sólo lo haremos para Bien. No capitalizar ese crecimiento es nuestro problema. Caemos en el facilismo de echarle la culpa a las circunstancias, al gobierno de turno, a los poderes ocultos, a la mala suerte. Otra vez, para bien o par mal, somos nosotros, sólo nosotros.

    Ejemplo: conozco varias personas que imbuídas de un fervor místico casi exaltado, vendieron todo lo que tenían y se fueron a vivir a Capilla del Monte. Sin quizás un adecuado proyecto de vida, confiando en el libre fluir del universo o la ayuda de sus guias cósmicos, vegetaron un par de años, sufrieron otro par y finalmente tuvieron que regresar a sus puntos de origen, empobrecidos o, cuando menos, fuertemente descapitalizados. Y, más aún, profundamente doloridos. Algún chusco diría que para ellos, después de todo, las “energías de Capilla” de poco sirvieron. Puede ser. Pero también puede ser que la dolorosa experiencia los obligara a aprender lo que significa, de verdad, desprenderse de los bienes materiales y elaborar el “duelo”. Porque no tiene el mismo valor desprenderse voluntariamente de la materia y no sufrir, que “ser desprendido” por fuerza de las circunstancias y aprender a conllevar el dolor. Como suelo decir, cualquiera medita en la paz de los Himalayas. Pero vayan a hacerlo en el subterráneo de Buenos Aires un lunes en horario bancario, y luego me cuentan.

    Así que para esas personas, la traumática experiencia fue, antes que traumática, una experiencia. Una vivencia sin duda atrozmente fuerte, modeladora de caracteres y pensamientos, tamizadora de creencias e ideologías. Y eso, también, es Evolución.

    De forma tal que estos lugares actúan como “catalizadores” (2) positivos. Y cuando esta catalizaciòn es disparada por un lugar, sólo por un lugar, y está precedida, casi como SPAs (3) por las citadas “causalidades”, es que el sitio de marras es un “portal dimensional”. Como ejemplo, un par de botones.

    Ambos ocurrieron -y esto tampoco debe ser azaroso- con el mismo grupo de personas con las que meses atrás visitaba la localidad serrana. En el primer caso, llevaba a mi gente a un paraje, llamado Los Mogotes, donde se encuentra una curiosa formaciòn natural conocida como “Paso del Indio”. Es una estrecha fisura ascedente por donde hay que reptar y deslizare hasta acceder a una pequeña explanada con una fantástica panorámica, y esa misma leyenda dice que era lugar del primero de los “ritos de paso” de los antiguos comechingones: al entrar en la pubertad allí eran llevados los niños, ya que si lograban ascender al punto más alto dejaban atrás, en ese metafórico deslizarse por un pétreo cuello uterino, los miedos de su infancia.

    Retornando, debemos, siempre, pasar junto a una lisa pendiente de roca. Y tengo la costumbre -humorística, debo admitir y totalmente inventada por mí, o por lo menos creía hasta ese día- de invitar a mis amigos y amigas a deslizarse por el mismo en, perdonen la expresiòn, “culipatín”, es decir, dejarse deslizar pendiente abajo sobre las posaderas. Acostumbro decir que, si no lo hacen, los espíritus de los cmechingones, o los sempiternos duendes del lugar, vendrán para perturbarles en la noche. Es sólo un juego, claro. Y allá ve uno atildadas señoras riéndose como niñas a la vez que se deslizan esos metros entre aplausos y bromas.

    En la ocasiòn de marras, una asistente a uno de mis grupos, a la que llamaré sólo por su inicial, E., se negó a hacerlo. Había llovido hasta minutos antes y, simplemente, no quería mojarse allí donde la espalda cambia de nombre. De forma tal que dio un rodeo y desafió a los duendes a que vinieran  molestarla…. No fue una buena idea.

    Por la mañana siguiente, aún somnoliento, me encaminaba al salón comedor a desayunar cuando llama mi atenciòn una algarabía que se estaba produciendo en una de las habitaciones del hotel. Se abre la puerta de la misma, asoma una rubia cabeza que me llama insistentemente, pidiéndome entrar. Y al ingresar al cuarto, entre varias compañeras de grupo entre divertidas y extrñadas, veo a E. recostada en su cama y con una expresiòn de muy pocos amigos en su rostro. Me espeta algo como: “Decime Gustavo, ¿vos te pusiste de acuerdo con “éstas” -señalanado a las otras mujeres con la cabeza- para gastarme una broma”?. Que no. Que sí. Que te dije que no….

    ¿Qué había ocurrido?. Esta dama acostumbraba leventarse casi de madrugada a tomar unos inefables mates. Como cualquier cultor de la telúrica infusiòn sabe, éste precisa del mate propiamente dicho (la calabaza o recipiente), la bombilla, la infusiòn y, claro, agua caliente, que la diligente E. había dejado aprontada en un termo junto con todo lo demás la noche anterior. Pues bien, al despertar, el mate ya no estaba. Lo busca en el suelo, en otros muebles, prende las luces de la habtaciòn definitivamente enojada (y el mate sin aparecer), despierta a sus compañeras solicitando una explicaciòn y sospechando que pudiera estar en otra de las habitaciones, va en busca de un chaleco que había dejado sobre el respaldo de una silla pra cubrirse y salir en su busca. Oh, sorpresa: encuentra que las mangas del chaleco estaban anudadas tres veces entre sí en un lazo perfecto. El mate nunca apareció. Ambos hechos que le ocurrieron a ella, sólo a ella, la que desafiara a los duendes….

    Demás está decir que pasé los días siguientes acosando al grupo a preguntas, tratando de sonsacar si alguna de ls chicas le había gastado una broma. Impertérritas, ellas se mantuviron firmes y, debo decir, mucho más sorprendidas que yo.

    El siguiente episodio ocurre dos días después. Cenábamos en grupo en un pequeño y acogedor restaurante, ubicados a ambos lados de una larga mesa uno de cuyos extremos terminaba junto a una ventana. Vidrios cerrados, celosías abiertas. Precisamente junto a la ventan se sentaba D., a su izquierda un servidor, y el resto distribuido uniformemente a ambos lados de la mesa. Al final de la comida la encargada del local nos ofrece un par de opciones de postre. Aún lo recuerdo: budín de pan y “queso y dulce”, postre muy argentino donde un trozo de queso cremoso es acompñado de otro igual de dulce de batata o membrillo. Atenciòn: en Argentina, a este postre le decimos, también, “vigilante”, pues solía ser hace décadas la colaciòn predilecta de los “vigilantes” (agentes de policía) de facciòn o guardia en las calles durante su hora libre de almuerzo. Vamos pidiendo por turno: budín de pan, budín de pan, vigilante, budín de pan, budín de pan (no se preocupen por la recurrencia: el budín de pan de ese lugar es excelso) y cuando llega el turno de D. la misma, muerta de risa, da un golpe sbre la mesa y dice en voz tonante: “Yo quiero un “vigilante”, ¡Ya!”.

    Para qué lo habrá dicho. En ese momento, cuando aún resonaba el golpe sobre la mesa otro golpe, esta vez sobre los vidrios de la ventana, nos hizo saltar del susto a todos en nuestros asientos. Giramos al unísono nuestras cabezas y allí, en el alféizar de aquella, mirando a D. fijamente, estaba acurrucado un pastor alemán…. o “perro policía”, como también lo llamamos por estas tierras. Dos segundos el animal miró a D., luego giró sobre su cuarto trasero, saltó y se perdiò en las sombras. Yo sólo atiné a mirar a mi amiga y decirle: “Querías un vigilante. Ahí lo tenés”. D., por supuesto, permaneciò muda algunos minutos.

    Demás está decir que en el pensamento, cosmovisiòn y la vida misma de estas damas los cambios se precipitaron a su regreso. Seguramente no como consecuencia directa de estos episodios, pero sí mostrando que estas “causalidades” (el mate pudo haberme desaparecido a mí, el nudo en la ropa a cualquier otra integrante, el perro saltar diez miutos antes o media hora después. Pero no, todo sincrónicamente relacionado con lo que simbólicamente se decía)  repetitivas ocurren en ese lugar y algo en cada uno, en cada una, cambia después.

    Cito otra preciosa “causalidad”. No hace mucho, ascendí con mi hijo menor, David, el cerro conocido como Las Gemelas. En su cumbre, una “apacheta”, un coglomerado de piedras hecha por los viandantes que sostiene en el tiempo un milenario rito quechua aymará de agradecer a la Madre Tierra, la Pachamama, el Buen Camino, a la vez de formularle un deseo o intenciòn. Cuando llegamos al lugar, como hago cada vez que voy allí, hice mi pedido. David, el suyo. Con recogiento y seriedad emocionante en un preadolescente. Y ya bajando de regreso, me relata que su pedido fue, por fin, poder encontrar un duende.

    Noche de ese mismo día. Descansábamos en el parque del hotel donde nos alojábamos, y de pronto aparece un pequeño perro, un cachorro juguetón. Mi hijo es inevitablemente “perrero”, de modo que lo alzó en sus brazos y se puso a jugar con él. Cerca, otro animal, y mayor, que conocíamos. “Negrito” de nombre. Pero de éste no teíamos idea. Cuando pasa circunstancialmente por el lugar el dueño, David le pregunta por el nombre de ese cachorro y José, el propietario, le responde casi con indolencia: “Duende”. Demás está decir que al Fernández chico casi se le cae el animal de los brazos.

    A propósito, fue en el parque de este hotel donde, poco tiempo antes, una pasjera, fotografiando de noche el lugar tomó la siguiente fotografía de un pequeño ser -ésta es un ampliaciòn, cuyo original nos permite suponer un tamaño de aproximadamente treinta centímetros para la figura.

¿La imagen de un duende?

¿La imagen de un duende?

    ¿Qué es lo que la imagen muestra?. He allí un hombrecillo, estaría casi tentado a decir que con las manos en posiciòn de sostener una flauta, aparentemente vestido con un mameluco azul y una camisa blanca, de rostro furiosamente rubicundo y, a su izquierda y sobre el suelo, un ¿orb?. Sobre estas extrañas esferas de luz escribiré en otra oportunidad. Claro que no necesariamente pienso que los “duendes” -o lo que fuere que llamemos con ese nombre- son así y visten de esa manera; quizás se trate sólo de la materializaciòn de nuestras propias creencias inconscientes, como analicé en otro interesante caso fotográfico de estos “elementales” (4).

    Lo importante aquí, es señalar que estas experiencias no son aisladas -he relatado muchas otras en sucesivos artículos y sin duda seguiré haciéndolo en el futuro- y ni siquiera se trata de hechos protagonizados por (válgame Dios…. o Diosa) “elegidos”. Personas ordinarias en circunstancias extraordinarias están en el lugar adecuado en el momento exacto…. y ésa es la verdadera Magia.

Notas:

(1) “Escheriano”, de Maurits Cornelis Escher, más conocido como M. C. Escher (Leeuwarden Países Bajos, 17 de junio de 1898Baarn Holanda, 27 de marzo de 1972), artista holandés, conocido por sus grabados en madera, xilografías y litografías que tratan sobre figuras imposibles, teselaciones y mundos imaginarios. (Wikipedia, http://es.wikipedia.org/wiki/Escher )

(2) “Catalizador” es, en Química, una sustancia que acelera -o retarda- el proceso de tansformaciòn de otra. Empleo aquí la expresiòn en su primer sentido.

(3) En Parapsicología, un SPA (que no es el lugar de descanso y rélax, sino las iniciales de Signos Precursores de Acontecimientos) es un hecho, aparentemente “casual” y circunstancial pero que prefigura, simbólica o literalmente, situaciones importantes en el devenir de la persona que lo protagoniza.

(4) Ver “El duende de La Aurora” en “Al Filo e la Realidad nº 5)

 

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