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Podcast AFR Nº 189: Texas y Nuevo México misteriosos

Posted by Quique Marzo en 13-08-2017

Escuchá AFR, con Gustavo FernándezUn programa especial con los comentarios y reflexiones de Orlando Rodríguez y Gustavo Fernández, en su paso por Aurora, Texas y Roswell, Nuevo México; el Museo de la Creación en Glen Rose (con un martillo de millones de años) y las huellas de dinosaurios en el lecho del río Paluxy mezcladas con otras… ¡humanas y de pies calzados! También pasaron por el “museo de JFK” y nos ofrecen sus reflexiones sobre otra de las grandes conspiraciones del siglo XX.

 

Lectura recomendada: Humanoides entre dinosaurios

 

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EL CASTILLO DE CORAL: CLAVE OCULTA DE UN ROMÁNTICO SOLITARIO

Posted by Gustavo Fernández en 27-07-2017

El autor, descansando en uno de los sillones de coral para lectura

Hay lugares que uno sueña con visitar, no quizás por una importancia que estime intrínseca como la reservada a enclaves más “ceremoniales” y ancestrales, sino por la curiosidad de los personajes que están detrás de su historia. Y en un giro simpático del destino, otros personajes igualmente interesantes hacen posible esa oportunidad. Es el caso del querido doctor José Acosta, de Miami, psiquiatra y “babalawo de Ifá”, ese ancestral culto africano (ya entrevistado en nuestro podcast en alguna oportunidad) quien me acogió en la ciudad e hizo de cicerone durante esa breve visita. Ocasiòn para recordar una velada apasionante de conocimientos compartidos en compañía de su esposa Mayra y otro amigo, Juan Manuel Casanova, experto hipnoterapeuta, hermano de culto de don José, terapeuta holístico y gran conversador. Fue un paso rápido por Miami, pero no exento de riquezas, como la que compartiríamos al día siguiente de mi llegada (luego de una fugaz visita a los Everglades y un espectacular batido de mango en lo de “Robert Is Here”, paradigmático puesto de frutas y refrigerios casi lindantes con el pantano).

El Castillo de Coral en Homestead, suburbio de Miami, en Florida, Estados Unidos, originariamente conocido como “Parque del Portón de Roca” fue construido por un solo hombre, en el sentido más lato de la expresión: trabajando él solo, sin ayudantes (salvo alguno esporádico y ello, en el sitio de cargas o compras, no en la edificación en sí). A Edward Leedskalnin le tomó veinte años completarlo, de 1920 a 1940. Nacido en

¿Que “Robert is Here” no justifica ocupar el espacio de una foto, aquí?. Quien lo diga, seguramente no ha probado sus batidos…

Letonia (no Lituania), hoy Latvia en 1887, falleció en Miami a los sesenta y cuatro años de edad. A los 26 años, Ed se comprometió con Agnes Scuffs, diez años más joven que él. Al referirse a ella la llamaba siempre “Dulces Dieciséis” y yo, por mi parte, siempre me he preguntado si la banda de rock argentina homónima (https://www.youtube.com/watch?v=jtGUOP0OYlk&list=PLVb87jO6KeOQ-fUjKSIIjwmWP_TiGncZF ) tomó de ello su nombre. Y si así no hubiera sido, merecería que lo fuera.

        El día antes de la boda, Agnes le anunció que había decidido no casarse con él porque era demasiado mayor para ella. Años después, Ed llegó a creer que fueron otras las razones para el rechazo: su falta de dinero, su falta de educación y, aún más importante, concluyó que ella amaba a otro. En 1980 se supo que “Dulces Dieciséis aún vivía en Latvia, viuda y conocedora del monumento que Ed le había construido, peor que nunca visitó.

Ed deambuló durante varios años por Europa, finalmente llegó a Canadá y, desde allí, a California y Texas. Trabajó en madereras y se involucró por lo menos en un traslado de ganado en Texas. Fueron estos empleos los que prepararon a Ed para la ardua tarea que enfrentaría más tarde cortando y trasladando bloques de coral que pesaban varias toneladas. Lo que hace asombrosa la tarea solitaria de Ed es que medía apenas un metro sesenta centímetros y pesaba poco más de cincuenta kilos.

      Durante sus años de deambular, contrajo tuberculosis. Al enterarse que el sur de Florida tenía buen clima, llegó allí en 1919.Compró poco menos de una hectárea de tierra en Florida City, dieciocho kilómetros al sur de la ubicación actual, por el que pagó apenas doce dólares.

Aquí hay que explicar los procedimientos por los que ee hombre, que después de todo con sus empleos eventuales no había acumulado gran capital, pudo amasar la discreta fortuna que le permitiò no solamente dedicarse exclusivamente a la construcciòn del Castillo sino de no necesitar ninguna otra fuente de ingresos ni financiaciòn, pues a partir de la apertura al público de su lar, él mismo cobraba una entrada de entre diez y veinticinco centavos de dólar, lo que nunca tocó y a su muerte permitiò, a los nuevos propietarios, encontrar la suma de tres mil quinientos dólares, producto de esa “taquilla” a través de los años, entre sus pertenencias.

    Hábil y astuto, Ed compraba acres de tierra (como ese primero mencionado; el que actualmente ocupa el Castillo –no es un hecho menor; ya había comenzado a construirlo en Florida  City cuando decide mudarse y traslada lo edificado a su nuevo emplazamiento-) en pocos dólares, sin agua ni otros servicios. Los capitalizaba sumándole comodidades y luego los vendía, buscando siempre hacerlo no a particulares, sino al Gobierno o entidades oficiales (oficinas, destacamentos de policía, etc.) donde lo que se buscaba era determinado emplazamiento y no se regateaba el precio que él exigía.

Por razones que se desconocen pero se sospecha sentimentales, Ed escogió dedicarle a “Dulces Dieciséis” un castillo tallado en coral. Esa zona de Florida está formada sobre una gruesa capa de coral, con una profundidad que alcanza casi unos ciento veinte metros en algunos puntos, y cubierto con pocas pulgadas de estratos de humus. Lo asombroso es haber cortado, trasladado y montado bloques enormes de coral por sí sólo y utilizando herramientas manuales. Los escasos vecinos y viandantes estaban permanentemente intrigados por el trabajo de él, especialmente –aunque parezca lo menos significativo- por sus muebles de coral, y es importante señalar que tanto en Florida City como en Homestead nadie pudo atestiguar haberle visto en acciòn, pues sólo lo hacía de noche lo que, por obvias razones de iluminación, dificultaba más la tarea y agiganta el misterio.

 

El portón giratorio de 9 toneladas

Vivió en Florida City hasta 1930 cuando, en ocasiòn de comenzarse otra edificación casi colindante con su propiedad y dado su carácter ermitaño, decide mudarse al actual emplazamiento y desmonta, traslada y reensambla todo lo que había edificado hasta entonces, sobre un terreno de diez acres (unas seis o siete hectáreas) parte de las cuales ocupa y parte, años después, comercializa en la forma que hemos detallado.

Quedan algunas descripciones de cómo hizo, cuando menos, el traslado. Sobre el chasis de un viejo camión Republic, acostó dos rieles. Un amigo circunstancial tiraba d ela estructura con un tractor, pero nadie le vio cargar o descargar. Parecía tener un sexto sentido que le advertía cuando alguien le espiaba, ocasiòn en que interrumpía abruptamente su trabajo. Las numerosas mirillas en las paredes confirman su naturaleza sospechosa, casi se diría paranoica salvo que tuviera un motivo importante y concreto para estar en estado de alerta. Gruesos muros y portones de roca sólida reafirman su necesidad de privacidad.

En 1940, luego de finalizar las tallas interiores en su totalidad, dedicó un año intenso a finalizar los muros externos. Excavaba el coral de una cantera contigua a uno de los muros, aunque otros, de acuerdo a criterios que desconocemos, los traía desde largas distancias y, otra vez, aceptaba colaboración en el traslado, pero no en la carga y descarga. Dato: el peso del coral es de aproximadamente una tonelada por metro cúbico. Las paredes del Castillo son bloques de dos metros cincuenta centímetros, por un metro treinta centímetros por un metro de espesor, cada uno con un peso de seis toneladas mínimamente. El Gran Portón que giraba sobre su centro de gravedad –apenas una clavija enterrada en el suelo, y que se descentró hace unos años, cuando los propietarios actuales del museo de sitio, tratando de comprender su funcionamiento, lo movieron de su eje sin poder colocarlo nuevamente en posición- pesa nueve toneladas y daba un giro de 360º apenas con el empujón de una mano. Nosotros mismos hicimos el experimento con otro portón, pequeño, triangular, de “apenas” tres toneladas, que gira y sigue girando sobre un pequeño buje metálico con sólo apoyarse literalmente sobre el mismo.

 

El “rincón astronómico”

Ed era un tipo muy reservado. Permanentemente cerrado, para acceder había que tocar un timbre y una campana. El propietario se asomaba y, entonces y de acuerdo a un indecible aspecto que veía del curioso y su propio humor, decidía si franqueaba el acceso o no. Pero algo llamó inmediatamente mi atención y que creo –junto con otro “algo” sustancial del interior al que me referiré más adelante- se les ha escapado a tanto colega que anda por ahí.

A un lado de la entrada principal, sobre la pared, dice: “Toque dos veces”. ¿Por qué dos?. Si el visitante tocaba una, o tres, o cuatro, simplemente no le atendía. ¿Tiene que ver con un humor irónico aunque de dudoso gusto?. ¿Apelaba a la obediencia puntillosa de quien quisiera entrar?.

Yo pienso otra cosa. “Toque dos veces”, la frase me hizo eco con una arcaica, respetada consigna de toda Sociedad u Orden Iniciática que dice: “el Adepto deberá llamar a la puerta del Templo tres veces”. Esto no significa que quien quiera acceder al seno de una Logia, cual Sheldon Cooper metafísico, cuide de golpear estrictamente tres veces con los nudillos en la puerta de entrada, sino que significa que quien realmente quiere aprender debe ser consecuente e insistente, demostrando que lo suyo no es mera curiosidad circunstancial, sino verdadera búsqueda del Conocimiento. “Toque tres veces” significa que será puesto a prueba, que debe insistir, demostrar que tiene la perseverancia para que le sea abierta la entrada al saber. “Toque dos veces” es, según mi mirada una forma elíptica en que Leedskalnin se dirigía a quienes tuvieran ojos para ver.

 

El sillón mecedora y a sus pies, el reloj de Sol

Entre los ítems interesantes, varios llaman la atención al turista. La “mesa florida”, un corazón dentro de otro corazón que –apelando siempre a la inevitable reminiscencia de “Dulces Dieciséis”- se dice que Edward había construido con la ilusiòn de tomar allí sus comidas con su amor. Digamos aquí que la visita al castillo peca de una edulcorada exageración: según esa lectura, Ed estuvo hasta el final de sus días construyendo cada detalle del lugar pensando en y para su Agnes (que el sillón donde ambos se sentarían a platicar, que el sillón alejado para la suegra, que los sillones para los niños…. Salvo –no podemos descartarlo porque nada sabemos- que se tratara de una personalidad psicótica obsesionada con una persona, creyendo veinte años después que aún llegaría el día en que ella vendría o él iría por ella (cabe destacar que nunca realizó ningún otro viaje a Europa, ni demostró o comentó interés o planes para hacerlo), hay que preguntarse si esa referencia omnipresente a la adolescente amada no es más un homenaje un tanto naif a una historia romántica que a las verdaderas intenciones de su constructor. Claro que la historia y el lugar rinde dividendos: muchas parejas eligen celebrar allí sus bodas, tomando la “mesa florida” como altar.

        Un tanto alineado o no, el tipo era práctico y eficiente. Los sillones para lectura al aire libre –estuve descansando en uno de ellos, increíblemente cómodo- dispuestos de tal manera que al cambiar de posición durante el día con el desplazamiento del Sol se tiene la mejor iluminación y ángulo posible para lecturas. O el profundo pozo artesiano que provee de fresca agua potable, realizado con singular maestría y útil aún en la actualidad. O la bañera, dispuesta de tal forma que llena de agua por la mañana el espléndido sol de Florida durante el día hace que a media tarde el agua ya esté aceptablemente caliente y lista para un baño.

Pero hay cosas menos obvias que me llamaron poderosamente la atención. La reproducción de los planetas del sistema Solar, ¿para dar lecciones de astronomía?. ¿Simple y dudosa decoración?. Hay un maravilloso reloj de Sol (o de Sombras, deberíamos decir) que entre las 9 de la mañana y las 5 de la tarde da la hora con precisiòn al cuarto de la misma. Pero aún más, el mal llamado “telescopio”, en realidad, una mira para apuntar a través de una mirilla circular a una cruz de alambre dentro de un círculo que cuando “centra” la Estrella Polar indica con exactitud el Solsticio de Verano. Es el Telescopio Polaris

Otra panorámica del lugar

 La primer pieza está situada seis metros por fuera del Castillo. Tiene  ocho metros de alto y pesa aproximadamente veinte toneladas. Tiene una abertura inclinada  y dos alambres cruzados. La mirilla o parte interior del telescopio están situadas en la pared adyacente.

Detengámonos aquí. Era el sujeto un apasionado de la Astronomía, de eso no hay duda. Pero la precisiòn milimétrica de esa “guía de apunte” a la Estrella Polar…. ¿Para qué?. Era ya pleno siglo XX; sobraban medios más exactos y sencillos para saber, si es que le sirviera para algo, el inicio del Solsticio. Salvo que, como voy a proponer aquí y fundamentar después, ese acto tuviera más de ritual que de técnico.

 

¿De qué estoy hablando?

 

El guía Jim explicando el “altar” -que, obviamente, no pueden ver como tal-

Lamento decepcionarles: no tengo la respuesta a cómo Edward hizo tamaña obra. He leído con alguna dificultad sus libros en inglés –folletos, en realidad; uno diría bastante misóginos y racistas- y tengo la impresiòn que encierran alguna clave, que su redacciòn, oscura, confusa por momentos, de una simpleza infantil en otros, es ex profeso y para desorientar (u orientar, en realidad) a quien tenga ciertas claves. Vi su cuarto de herramientas. Con razón Ed los llamaba sus “juguetes”: con ellos se puede jugar, mas no hacer semejante obra. Unas palancas, algún trípode, un par de poleas, no hay forma racional de emplearles para mover semejantes moles. Estuve en lo que fuera su habitación personal, el segundo piso, sólido, amplio, fresco, de la Gran Torre del castillo. Todo coral, en bloques monolíticos. Todo levantado por un solo hombre.

No, no tengo la “explicación” por ahora. Pero tengo algo: la convicción que Edward Leedskalnin era un esoterista, que practicaba rituales, realizaba sesiones de neto corte oculto, quizás adoraba entidades no tan afines a la idiosincrasia de esa ingenua América de principios del siglo XX.

 

El altar

¿Qué razones tengo para afirmar esto?. “Toque dos veces”. La “guía de apunte” Polar. Los “cuerpos astronómicos”, en disposición más propia para la adoración (los imagino, oscuros, resaltando sobre el fondo absolutamente estrellado de noches sin iluminación artificial ni edificaciones en la zona). Por cierto: junto al planeta Marte planta una palmera, como símbolo de su absoluta convicción que el planeta rojo alberga vida. El “Obelisco Egipcio” (así le llamaba): trece metrtos de altura, dos metros más sepultado bajo tierra, cortado, trasladado y erigido en un solo bloque: treinta toneladas. Caminé entre esas obras monumentales y sentí, más que una reminiscencia de Keops, Cusco o Teotihuacán, los ecos de Rapa Nui (Isla de Pascua). Y lo digo porque a la pregunta de cómo, sin gran tecnología, pudo manipular esos colosos me remite a lo aprendido en la isla del Pacífico: el dominio del “mana”, la sutil y omnipresente fuerza que los rapanui aún sienten presentes en sus moais, rituales, comidas y que ellos mismos señalan como “herramienta” para mover esos monstruos de roca. Y esto: fue cuando nuestro guía, un amable y muy maduro caballero llamado Jim, nos señaló lo que quizás pasa desapercibido a la vista apresurada de tantos turistas.

Un altar…

Una aproximación

 Jim no lo llamó así, precisamente. Pero se detuvo, en su periplo explicativo, señalando que era un lugar frente al cual los visitantes decían que Ed se detenía, en silencio, durante algunos segundos.. Hay quien dice (me lo comentaron en el salón de “merchandising” del museo) que las pocas veces que le vieron enojado era cuando algunos niños trataban de treparse al lugar. Parece un conglomerado azaroso de coral y concreto. Al mirarlo con detalle, uno ve incrustaciones y tallas. Unos caracoles de diverso tamaño, más arriba un rostro humano. Trazos como peces. Y bien abajo –si del mar se tratara, diría que casi legando al fondo, un Gran Rostro, “casi” humano, pero algo en él era inasiblemente repugnante…

Jim me sacó de mi ensimismamiento. Hablaba que suponían que el bueno de Ed habías hecho ese rincón como una forma de ilustrar la “evoluciòn de la vida”, desde el mar hasta la superficie, hasta el hombre. Hubiera llamado la atención que en la secuencia faltaban unos cuantos eslabones, saurios, otros mamíferos, pero mis pensamientos estaban resonando por otros rincones….

      Lo diré de una vez: hace años que tengo la fuerte sospecha que los Mitos de Cthulhu y toda la saga de Howard Phillip Lovecraft no es solamente una sucesiòn de relatos fantásticos de un misógino aburrido, fóbico del mar, del contacto con otras personas y del ulular del viento nocturno. Creo que empleó, dentro del puritanismo y fundamentalismo cristiano dominante en ese entonces, el marco de su literatura para transmitir un verdadero culto de entidades pretéritas y oscuras, los Antiguos, en guerra cósmica y permanente con los Dioses Arquetípicos.

Y –es pura especulación, por supuesto- creo que Edward Leedskalnin fue uno de sus cultores.

Para cuando Ed vivió y construyó su paraíso, Lovecraft estaba vivo y produciendo esa literatura –falleciò en 1937- El mar en general, y las costas de Florida en particular así como los pantanos –recordemos la proximidad de los Everglades, realmente muy, muy cerca- eran escenarios frecuentes de sus horrores cósmicos. Cthulhu, el epítome de sus monstruos, era un ancestral y poderosísimo ser marino, un tirano de las profundidades acechando víctimas en cuerpo y espíritu. Su horror emergía desde las profundidades, alcanzando al hombre. Yo miraba el altar de Edward, y escuchaba un eco en mi cabeza diciendo aquello de: “porque no está muerto lo que yace eternamente, y con los evos extraños aún la misma muerte puede morir”…

Hablé de la Isla de Pascua, sí, allí, donde no tan lejos, se detecta ese misterioso fenómeno conocido como “The Bloop” (relatado en este podcast: http://www.ivoox.com/afr-n-133-misterios-inkas-the-bloop-audios-mp3_rf_3299956_1.html ) el cual, a su vez, está donde con exactitud casi terrorífica Lovecraft ubica a R’lyeh, la monstruosa, arcaica ciudad submarina de los Antiguos…

 Escribió cinco pequeños libritos, sólo disponibles en inglés: “Un libro en cada hogar” (dividido en tres capítulos: “Dulces Dieciséis”, “Examen Doméstico” y “Examen Político”, “Corrientes Magnéticas” (donde quizás se encuentre las claves de cómo manejó esos bloques) y “Vida vegetal, mineral y animal”. Que escribiera sugestivamente sobre “vida mineral” demuestra no sólo sus creencias animistas sino, por extrapolación, su fuerte inclinación esotérica.

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HUMANOIDES ENTRE DINOSAURIOS

Posted by Gustavo Fernández en 24-07-2017

Este deambular por otras latitudes en que ha devenido mi vida tiene recovecos inesperados y sorpresas intelectualmente deliciosas, pues el placer contemplativo del intelecto no sólo abreva en hallazgos o conclusiones sino también en admirar que aún las ideas y propósitos más bizarros del ser humano pueden ser campo fértil para la expresión de cierta belleza estética. Y si en medio de ese derrotero aparece la oportunidad no ya de encontrar respuestas sino de aprender a formular mejores preguntas, bien hallada sea la circunstancia.

Huella humanoide en el lecho del río Paluxy

Esto es concretamente lo que pensaba en ese atardecer estival de Texas cuando regrsábamos –junto a Orlando Rodriguez y su familia- desde Glen Rose, un pequeño, típico pueblito al noroeste de Dallas, dos horas de carretera. Allí existe un santuario arqueológico, caracterizado no solamente por el hallazgo de fósiles de gran valor sino de huellas en el limo fosilizado del lecho del río Paluxy. Y un “hecho maldito” que incomoda a muchos: huellas pretendidamente humanas simultáneas a la de los grandes saurios.

 Ya había leído esta información hace años, en libros primero, Internet después. Así que como que en Glen Rose, en un museo, también se encontraba un martillo…. Incrustado en una roca del Cretáceo. Vi fotos, y desconfiaba. El cabezas de hierro, inoxidado después de unos 140 millones de años, podría ser creíble (tenemos muchos otros sitios en el globo con presencia de hierro inoxidable, como la columna de Qoubt Minar, en la India, con, mínimo mil doscientos años constatados) pero el trozo de cabo de madera me hacía escéptico. ¿Cómo algo de madera podía sobrevivir a semejante lapso de tiempo y esas condiciones de compresión, calor, humedad, sin desintegrarse absolutamente?.

Huellas de grandes saurios

Luego supe leer también que, respecto a las pretendidas huellas humanas mezcladas con las de dinosaurios, un habitante del lugar, hace años, relató que en su lecho de muerte su abuelo le había confesado haber sido el autor. Y un poco más tarde, que esas huellas pretendidamente humanas y ese martillo pretendidamente jurásico estaba en exhibición en un… Museo de Evidencias de la Creaciòn, propiedad de cristianos fundamentalistas. Fue entonces cuando mi “raciocinio” –inevitablemente, a esas alturas y por lo que veremos después, condicionado por las manipulaciones globales- me dijo que, sin duda, eran todos fraudes y falacias, sin otro valor.

Pero estaba en Texas, y la oportunidad de un día de paseo justificaba la excursión. Así que allá fuimos.

Huellas de grandes saurios

Y, una vez más, estando en el terreno, comprobé qué perversamente (en el sentido psicológico de la expresión: “desviado de lo correcto”) equivocado puede estar uno sin cruzar la información en el mismo escenario de los sucesos.

 

Las huellas

Detengámonos en una somera descripción del hecho. Las huellas de grandes saurios, tricerátops, velocirraptors y brontosaurios entre muchos otros, quedaron grabadas en el entonces cenagoso lecho de lo que era un gran pantano en épocas en que aún Godwana staba en proceso de reconfiguración y lo que hoy es el terreno abrupto (extraño en un Texas mayoritariamente plano) del río Paluxy el punto de choque de dos placas tectónicas. Pasaron miles, millones de años, el cieno se endureciòn, fue cubierto por más limo pero de combinación erosionable, y mientras el primitivo se solidificaba los vientos primero y el naciente río luego erosionó la capa superficial hasta quedar las huellas a la vista. A nadie llamó la atención hasta que en 1938 un paleontólogo de vacaciones por la zona reparó en ella, los denunciò oficialmente y comenzó la tarea de recuperaciòn que culminó con la creación de un parque santuario que los preserva para la posterioridad.

Otra huella humanoide

La segunda etapa de esta historia comienza en los tempranos años de la década del ’50, cuando corre el rumor que en el sinuoso, transparente río, habían sido observadas “huellas humanas” en abigarrada mezcla con huellas de saurios. Se recorta varias de ellas, aprovechando tiempos de sequía se obtienen copias en yeso de otras y permanecen en viviendas particulares hasta que en los años 70 se funda el mencionado Museo (como bien me dijera mi amigo Orlando, una contradicción: quien tiene fe en la Creaciòn no necesita evidencias, y quien necesite evidencias no tiene fe) que acumula, entre objetos realmente bizarros, buena parte de esas huellas y el citado martillo.

Sin embargo, caminando bajo el tórrido sol de Texas con 43/44º C, con las piernas húmedas del cálido agua de río y con extremo cuidado por el mohoi y el musgo que tapizan las rocas, encontré una sorpresa:_ el lecho del Paluxy conserva aún muchas huellas “humanas”, así como de dinosaurios, no expoliadas y censadas. Medidas, filmadas y fotografiadas (algunas imágenes acompañan esta nota) observo que son claramente de dos tipos: uno, de pies descalzos, aparentemente muy humanas en proporciones y con cinco dedos pero…. De treinta y cuarenta centímetros de largo (si su propietario tuviera las relaciones antropométricas propias d elos humanos, debería tener entre 3,50 y 4 metros de altura), y un segundo grupo, levemente más grandes que el pie humano normal (si me rigiera por las medidas de calzado propias a Argentina, diría que corresponderían a un número 44/45) pero evidentemente con calzado. Así es, era fácil advertir la marca del taco en el talòn y la terminaciòn “en punta”, a la par de la marca plantar propia de un pie embutido en una bota.

Otra huella humanoide

Más tarde sumé a mi análisis las huellas que se encuentran en el Museo, éste ubicado a corta distancia en lindes del pueblo (sobre el que regresaré enseguida) y comparto con ustedes estas conclusiones provisorias:

Tengo la fuerte impresiòn que son absolutamente reales (si podemos obviar por un momento, y tengo una razón, que estén exhibidas en un “museo creacionista” y no en una institución más “seria”). Alguien me recordará aquí el relato del anciano que –según su nieto- se habría adjudicado la falsificación de las mismas vaya a saberse con qué funambulescas intenciones. Recordemos a aquellos dos abuelos británicos –ya fallecidos- que hace años se adjudicaron, tabla de madera y cordel mediante, haber realizado “todos” los “círculos de las cosechas” del Reino Unido. Y el problema no es que se los adjudicaron; el problema era que tantos medios periodísticos se hicieran eco bajo el título de “Resuelto el misterio de los círculos de las cosechas”…. Luego vinieron multitud de agrogramas en otros continentes, multitud después de fallecer ambos y olvidar multitud que ya habían ocurrido incluso antes que nacieran, pero bastó que aparecieran dos sujetos autoculpándose para que el tema quedara zanjado en la Wikipedia cósmica de los escepticoides. Ello, sin extendernos en recordar cuántas veces ante la aparición de asesinos seriales una retahíla de psicópatas llaman a las estaciones de policía atribuyéndose los crímenes. De manera que un ignoto anciano en Glen Rose le haya dicho a su nieto que él “fabricó” las huellas, no prueba absolutamente nada. El viejo refrán de “a confesiòn de parte, relevo de pruebas” demuestra, una vez más, que los refranes son “memes” de ingeniería social bastante poco fiables.

Veo desde mi profanidad que estas huellas, que denominaré “humanoides” pues no las creo “humanas” en tanto pertenecientes a individuos de nuestra Humanidad, tiene coherencia propia. La profundidad de la misma guarda relaciòn tanto con su tamaño, el peso proporcional que debería haber tenido su propietario y el peso de las bestias que a su lado, o sobre ellas, imprimiera las propias. Su tamaño –hablo de los pies desnudos- no me resulta particularmente escandalosos: todas las antiguas culturas (la cuestiòn es hasta bíblica, después de todo) hablan de gigantes caminando sobre la Tierra en evos ancestrales y de cualquier manera, hasta la Paleontología y la Antropología hablan de simios protohomínidos como el Gigantopithecus que con sus, precisamente, entre 3,5 y 4 metros de altura ha sido parte del sendero evolutivo de las especies, simios que llegaron al punto de emplear el fuego (no ha generarlo pero sí a no temerle necesariamente y emplearle quizás con fines defensivos) y herramientas rudimentarias (palos afilados, rocas aguzadas, etc.), sin abundar en evidencias tales como huesos evidentemente humanos en términos morfológicos pero correspondientes a seres de unos tres metros de altura hallados también en Norteamérica, Europa, África, etc., incluso pertenecientes a tiempos relativamente recientes.

Estoy convencido que existieron otras Humanidades además de nuestra Humanidad, con una antigüedad que, sin embargo, retrocede más y más de década en década. Siendo yo un niño recuerdo haber leído textos escolares que habían sido de mi padre, editados hallá por 1930, y que fijaban la antigüedad de la especie humana en unos 100.000 años. Ingresado yo en el colegio secundario, la cronología “oficial” hablaba de 1.000.000 y para cuando egresé cinco años después se especulaba con unos 3.000.000 . Hoy en día la cifra se estima entre 4 y 5.000.000 de años para los homínidos que luego darían origen al Cro Magnon del cual derivamos todos, pero hasta estas clasificaciones son discutibles a la hora de cifrar la “verdadera humanidad”. Por ejemplo, no hace mucho se decía que el hombre de Neandhertal era anterior al Cro Magnon. Luego se admitiò que fueron contemporáneos, pero enemigos, y de hecho se afirmaba que los Cro Magnon habrían exterminado a los Neandhertal. Actualmente hay evidencia que ambas especies se cruzaron, a la par que en distintos puntos del globo co existían otras especies homínidos hoy desaparecidas (como los “hobbits” de Nueva Zelanda) . Lo que quiero significar es que es esperable que la cronología humana sea aún inconmensurablemente más antigua, si bien no creo que llegue a un período tan remoto como aquél del que estamos hablando; sin embargo, eso señala lo poco que en definitiva sabemos de nuestra historia.

Negativo en yeso de huella de saurio sobreimpresa a huella humana

En la misma línea de pensamiento, es que supongo, a título personal, perfectamente posible como dije la existencia de otras “humanidades”, no necesariamente de la misma línea genética que la nuestra. Humanidades que pudieron surgir, prosperar, colapsar y desaparecer más de una vez en sesenta o ciento cincuenta millones de años. En cuanto a las huellas de calzado, civilización culturalmente desarrollada, extraterrestres de paseo o –como en el cuento “Un ruido de trueno”, de Ray Bradbury- turistas del futuro de cacería en el pasado, ¿por qué no?.

Las huellas están allí. Antes de denostarlas, vayan hasta el lugar y obsérvenlas.

 

El martillo

 

El martillo

Ahí está. En ese anacrónico “Museo de Evidencias de la Creaciòn”. Hay que hablar un poco del mismo, pues ésta es su idea medular: Dios creó al mundo y las especies hace 6.000 años, dinosaurios incluidos, y a éstos, incluso, los salvó Noé en su Arca. Pero luego del diluvio, se extinguieron. Y si los fósiles de dinosaurtios son distintos a los restos paleontológicos y antropológicos (los primeros, precisamente, fosilizados, los segundos, no) es porque Dios lo hizo así para poner a prueba la fe de la especie humana.

Sí, ya les estoy escuchando. Cuando terminen las carcajadas, continúo.

Hay que reconocerles a los propietarios mucho profesionalismo; el museo es atractivo visualmente y dejando en suspenso mi escepticismo crítico y tomándolo como un paseo, debo decir que disfruté la jornada. No me pidan que resuma las “evidencias”: es tomar ciertos elementos y ubicarlos en un contexto bizarro. Pero no me digan (los amantes del maquetismo y los dioramas) que esta genial reproducción del arca de Noé que acompañamos en el video que subimos a nuestro canal en Youtube no es una delicia. Vamos viendo sus distintos compartimientos, y filmando debía reprimir la risa cuando en un compartimento está la familia de Noé con sus cabritas y vaquitas, en otro elefantes y jirafas (ponele) y, al lado, velocirráptores…

 

Entrada al museo

Incluso, en los años 80 esta gente realizó una expedición al monte Ararat y regresó de allí con un trozo de madera carbonizada que aducen es de la misma. Está en exhibición en una de sus salas.

Menos simpático resulta, a mi modo de ver, el marcado sionismo político en estos no – judíos, con leyendas de apoyo a Israel y su engrandecimiento, extraño entre cristianos, aunque sean fundamentalistas. Pero no extraños en un “bible belt”, un cinturón bíblico donde la repulsa pública al Islam está instalada y el apoyo al gobierno y naciòn hebreos casi absoluto…

Así que ahí, en ese marco entre delirante y fantástico, están las huellas recortadas del lecho del río (¿recuerdan?) y el martillo. Y si hacen (como yo hice) un esfuerzo por obviar el lugar donde están, re consideren ese instrumento.

 

Sala del museo

Cabezal de hierro, con mínimas huellas de oxidación. Fue hallado en los años ’50 en otro pueblo de Texas, New London. Estuvo en propiedad de la familia del descubridor hasta que –en un “pasamanos” que no he podido desentrañar aún- llega a este museo.

Cabo de madera, roto, mínimo. Y he aquí la gran clave que me sorprendió: esta madera está petrificada. Eso terminó de echar por tierra mi escepticismo y me disparó una avalancha de interrogantes. Que estuviera petrificada –lo que no notaba yo en las fotos donde durante por años lo había visto- explicaba que perdurara tantos millones de años después.

Pero seguía teniendo recelos. Un martillo “demasiado” humano, contemporáneo. Suponiéndole herramienta de una de esas humanidades desaparecidas de las que escribiera, ¿era lógico suponer que fuera tan similar a nuestros martillos?. Sé que alguien acotará que después de todo un martillo es un martillo, pero no me convencía. Salvo que, como buen OOPART (“out of place artifact”: artefacto fuera de lugar) hubiera otra explicación. Como un objeto teletransportado en el tiempo a ese remoto pasado. U olvidado por algún viajero del tiempo…

Dígase lo que se quiera decir, el objeto existe. Y está allí.

 

Pero, ¿por qué allí?

La maqueta citada del Arca

 No pude dejar de pensar, paseando por los alrededores del museo que también balconea sobre el río Paluxy, que esa evidencia, en cualquier otro museo del mundo hubiera desatado un verdadero escándalo académico internacional, obligando literalmente a reescribir los libros de texto o, cuando menos, dejándoles grandes vacíos. Pero allí, en ese lugar…. Era un pasaporte seguro al desprestigio. Por otro lado, no puedo ser contradictorio con mi propio parecer y la realidad de estas evidencias (las huellas y el martillo, que es de lo que estoy hablando) me parecen incontrastables. Fue entonces cuando me pregunté: ¿y si algún Poder en las Sombras manipuló personas y circunstancias para que, precisamente, esas evidencias terminaran allí y fueran ridiculizadas por carácter transitivo?

Alguien me dirá que sería mucho más sencillo simplemente hacerlas desaparecer, destruirlas. Ciertamente. Pero, ¿si siguieran apareciendo?. ¿Podría tenerse un control y monitoreo más o menos inmediato en tiempo y forma para darles el mismo destino en el olvido sin correr el riesgo que alguna se filtrara en otras manos?. En cambio, con el “precedente” de este museo, es mucho más sencillo que, si aparecieran nuevas huellas, nuevos Ooparts, simplemente descalificarlos por carácter transitivo, remitiendo toda discusión a los simpáticos loquillos del “museo de evidencias de la creación”…

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CLAVANDO UNA PICA EN ROSWELL

Posted by Gustavo Fernández en 21-07-2017

Frente a uno de los “dummies”

Promediaba el siglo XVI y transcurría la guerra de España contra los Países Bajos por el territorio que entonces se llamaba Flandes cuando una frase comenzó a hacerse popular: “clavar una pica en él”. Remitía a una operación difícil pero que se justificaba por hacer acto de presencia en el lugar. No resolvía el conflicto clavar una “pica” (una lanza corta de infantería) en el lugar, pero era dejar una impronta. Y sentar un precedente con la intenciòn de articularlo con acciones posteriores. Y

Sala para ufólogos

desde entonces, la frase –que estimo deliciosa por historicidad y remembranzas) se emplea para aquellas acciones que si bien no resuelven definitivamente nada ni aportan respuestas, son más un logro personal, una remisiòn al “yo estuve allí”.

Yo he clavado mi propia pica en Roswell

Clavando un alfiler en Roswell

El hecho es mundialmente conocido. Entre el 4 y el 5 de julio de 1947 (el dato es indefinido), durante una tormenta estival, algunos habitantes de Roswell y el ranchero Marc Brazel vieron caer del cielo algo que definieron como “un bólido de fuego” estrellándose, no en Roswell (como perdura en el ideario popular) sino en Corona, a unos 50 kilómetros del pueblo. Si citamos a Brazel es, precisamente, porque en sus tierras halló los restos que

La biblioteca

despertarían tanta controversia, y éste es un detalle al que regresaremos luego, por ser fundamental.

Llegando al museo

En rápida y por ello, necesariamente incompleta e injusta síntesis, podemos decir que informados por Brazel los oficiales de la cercana base aérea (el Batallón 509 de Bombarderos, mismo que fue responsable de arrojar la bomba atómica sobre Hiroshima) con el hoy famoso Jesse Marcel a la cabeza, se dirigieron al lugar y durante varios días estuvieron recogiendo los “restos metálicos extraños” que se habrían eocntrado. La misma base emite un primer comunicado diciendo que la USAF había encontrado los restos de un “platillo volante”, pero dos días después se obliga al oficial Marcel a aparecer públicamente desmintiendo esa información y, atribuyéndose un “error personal”, decir que lo hallado era un “globo sonda” de investigación metereológica, exponiéndose así a un escarnio que no desapareciò con las décadas. Durante años la cosa pareciò esfumarse, hasta que pasadas un par de décadas y de la mano de investigadores OVNI recupera exposición pública. Es cuando, en los años ’70, la USAF reaparece con otra explicación (en tiempos en que comienza a correr el rumor que además de los

Miradas del museo

restos se habría recuperado los cadáveres de presuntos tripulantes extraterrestres): se trataría de “dummies” muñecos de plástico y madera símil humanos que habrían caído de un globo de experimentación estratosférica y confundidos con alienígenas. Y en los ’80, la misma USAF, olvidando sus explicaciones anteriores, vuelve a aparecer en escena afirmando que en realidad se trataba de un globo del “experimento Mogul”, un experimento ultrasecreto destinado a detectar desde las capas altas de la atmósfera los efectos de experimentos nucleares igualmente secretos de la Unión Soviética.

Fueron los tiempos de la mediáticamente difundida (y tan denostada) “autopsia de un extraterrestre”, comercializada a nivel mundial por Ray Santilli. Tiempos en que un ex mayor del ejñército norteamericano, Phillip Corso, publicaba su libro “El día después de Roswell” donde iba más lejos aún, sosteniendo que buena parte de la tecnología tan doméstica hoy (microondas, fibras ópticas, etc.) devino de lo recuperado en ese accidente de una nave extraterrestre. Y se intensificó un debate mundial que solamente no ha cesado (aunque cada parte cree tener todas las respuestas) sino que continúa presentando aristas interesantes. Así que ahora, con el permiso de los presentes, vengo a sumarme.

 

Afilando la punta de la pica

 Fue la oportunidad gesta del amigo Orlando Rodríguez y su esposa Carmen, de Tyler, Texas, que desde hace años vienen bregando por una conferencia mía en su ciudad. Y este año, materializaron el proyecto, donde esa conferencia es apenas una anécdota al lado de lo que me resultó tanto más enriquecedor: compartir una quincena de viajes e investigaciones en el

Miradas del museo

sur de Estados Unidos –allí íbamos, sumando millas, este adorable matrimonio, su hijo Orlandito y yo- de las cuales era un hito especial visitar Roswell. Y ver qué podíamos averiguar.

No me hacía demasiadas expectativas, toda vez que hace años que he aprendido que la mejor manera de no desilusionarse en la vida es no ilusionarse primero. Quería conocer el famoso “Museo UFO”, más por cholula curiosidad turística que en espera de encontrar algo nuevo. Y me sorprendí gratamente. Pero no nos adelantemos.

No soy tan ingenuo para sostener que una vista de un día me hará un agraciado del Universo descubriendo todas las respuestas. Pero sostengo –por ello lo hago- que estar “en el lugar”, hacer una “inspecciòn ocular” permite construir el “teatro” de la información tantas veces leída o visualizada, cruzar contextos, mirar a los ojos a personas del lugar. Y modificar perspectivas, ratificando o rectificando algunos tips. De eso, hubo mucho.

El museo me sorprendió. Sumamente profesional –en términos turísticos- en su concepción, no es (como escépticamente creía a priori) una modesta edificación con algunos recortes periodísticos y un par de maquetas. Extenso, bien distribuido, combina con acierto los dioramas para el turista de poca exigencia (aliens y ovnis luminosos en animatronics lanzando gases y luces) con mucha documentación de época, reportajes visuales a testigos del incidente aún vivos hasta hace unos años, material y fotografias recogidos sobre el terreno. Y algunas sorpresas:

En el museo se explica detalladamente cómo una expedición conformada por arqueólogos profesionales visitara el sitio de la caída en setiembre de 2002. El equipo pertenecía a la Universidad de Nueva Méjico, y su informe final decía, parcamente, haber encontrado “evidencias indefinidas de posible validez histórica”. William Doleman, jefe del equipo, se negó a aceptar públicamente que se trtara de rstos de una nave extraterrestre, por lo que cierto periodismo –tendencioso o de lectura ligera, vaya a saberse- concluyó que todo “era un fiasco”. La verdad es otra: como se explica detalladamente en el museo, las excavaciones –centradas en tamizar la tierra removida en 1947- encontró más restos, éstos dorados –aquellos primitivos eran color plata- que se derivaron para análisis. Los resultados simplemente señalaron que se trataba de “aleaciones de extremo grado de pureza” y todo pareciò haber cáido en el olvido.

Pero realizar esa explortaciòn, financiada por la Tv norteamericana, costó ciertas negociaciones: en 1998 las extensísimas propiedades –que alguna vez fueron de Brazel- fueron compradas por una firma, “L&S Cattle Co.”, dedicada a la explotaciòn ganadera, la que, hace unos cuatro años, decidiò no volver a permitir el acceso público al lugar.

Pero regresemos al museo. Además de esa parte “turística” ya mencionada, lo que me asombró particularmente es que está concebido como un espacio para la investigación. Efectivamente, el mismo cuenta con dos amplísimas salas colaterales, una de ellas una biblioteca disponible para todo público (calculo con un par de miles de libros en inglés) y otra más, con colecciones de material donados a través del tiempo por investigadores: publicaciones imposibles de conseguir en Internet, fichas manuscritas de casuística OVNI de cuatro o cinco décadas, fotocopias, millares de fotocopias amarillentas de reportes, recortes periodísticos y un interminable etcétera. En ambas salas, dos enormes mesas para conferencias y cómodos asientos esperan a los ufólogos que decidan instalarse unos días en la ciudad y acometer el trabajo de bucear en ese ingente inventario de materiales documentales. Y debo detenerme aquí. Porque si ustedes piensan que el museo es sólo ocasiòn de una visita rápida, unas fotos y comprar algún “souvenir”, están completamente equivocados.

Tiene respuestas. Sólo que hay que saber mirar. Y helas aquí.

Respuesta número 1: Como dije anteriormente, la USAF planteó en los años ’70 la “explicación” que los cuerpos pretendidamente extraterrestres se trataban, en realidad, de “dummies”, es decir, de muñecos para evaluar consecuencias de impactos y otras exigencias de la investigación aérea. Los dummies exhibidos en el museo son de esa época. Lo que la explicación oficial olvidó mencionar (y los medios periodísticos que la recogieron obviaron investigar) es que los dummies fueron empleados a partir de 1953 (de hecho, el proyecto de creación de los mismos es de 1952) y el caso que nos ocupa es de… 1947.

Respuesta número 2: “Pero –se me dirá- ese error es comprensible porque, como años después la misma Fuerza Aérea explicó, aún entonces era secreto el proyecto Mogul, sólo que había que dar una explicación”.

Explicaciòn para nada convincente. Ya que la historia de los dummies fue una rápida e imprecisa respuesta al cuestionamiento de la presencia de cuerpos, no de restos metalizados…. Que es lo que trata de explicar el proyecto Mogul.

Y entramos de lleno en esta “explicación”.

Los globos de este proyecto eran llenos de helio –gas no inflamable, es importante recordarlo- y de una larga cuerda colgaban tetraedros de papel aluminio montado sobre armazones de varillas de madera. Sí, esa misma “varilla” que, según dicen, presentaba cinta adhesiva con detalles dibujados de color púrpura que sería lo que algunos testigos, al verlos, confundieron con “escritura alienígena”. Globos de –repito- gas no inflamable, larga cuerda, tetraedros de papel aluminio y listones, varillas de madera. Cuando Jesse Marcel hace su segunda aparición frente a periodistas es lo que exhibe como “prueba” de lo hallado.

Pero….

En el museo de Roswell no solamente es posible leer los originales, verdaderos recortes periodísticos de esos días. También, escuchar en off la grabaciòn de la emisora radial local, las dos tandas informativas previas a la conferencia “explicativa”. En una, informa la observación de la caída de aquél “bólido de fuego” (¿recuerdan?). En otra, el hallazgo de los restos por Brazel.

Esa caída, la noche previa al hallazgo, fue vista por Dan Wilmout y su esposa, sentados en mecedoras en el  porche de su casa. Por Steve Robinson, que conducía un camiòn lechero de regreso a su hogar. Por el propio Marc Brazel, también sentado frente a su rancho en el desolado desierto viendo llegar la tormenta. Precisamente porque lo vio caer, es que supo al otro día dónde buscarle en una extensión tan inhóspita. Búsqueda que no hizo solo: primero se acercó al rancho más cercano, de su vecino apellidado Proctor, preguntádole si quería acompañarle y ante el desinterés de éste, invitas –y s ele permite- llevar a Dan Proctor, hijo del mismo, con quien encuentra los restos. Es luego cuando se dirige  la base militar y comunica a los oficiales el hallazgo.

¿Y qué es de todo esto tan importante, dirán ustedes?. ¿Es que nadie se ha dado cuenta?. Un globo, Mogul o sonda, no estalla y cae como un “bólido de fuego” a tierra. El helio es incombustible. El papel o tela metalizada, también. ¿Las varillas de madera?. ¿Acaso puede suponerse que si esas varillas, por el motivo que fuere, se incendiaran a miles de metros de altitud, llegarían aún encendidas a tierra?. ¿Y semejarían un “bólido de fuego”?. Precisamente porque en esa tormentosa noche cerrada cayó así es que Brazel lo advirtió y pudo buscarle. Está claramente explicado en los recortes de la época. Si hubiera sido un globo habría caído en silencio y oscuridad, y vaya a saberse cuánto tiempo transcurrido hasta ser hallado.

Los mismos militares, en la “versiòn oficial” señalan esto: Brazel “ve caer restos incendiados”, busca, halla lo que no entiende avisa a la base y ellos identifican al “globo”. ¿Brazel mintió y no vio caer nada “incendiado”?. ¿Porqué los militares admiten a los periodistas de la época que sí lo había hecho?. ¿Si no estaba en llamas, qué le habría llevado a buscarle al día siguiente?.

Déjenme hacer una ambientaciòn antes de continuar. Como escribí y en contra del error popular, el objeto no cae en Roswell, sino en Corona. Buena parte de la carretera hacia allá es asfaltada pero otra buena parte es de tierra, de terracería, concretamente la B020. Tardamos dos horas y media en llegar, en nuestra moderna camioneta con la mitad de camino de una carretera que no existía en aquél entonce. Todo es un inmenso, inconmensurable desierto. No cruzamos ni una persona en todo ese tiempo. Pero a seis millas del lugar, una cerca prohíbe hoy el paso. Aquí ocurriò lo que en el museo y otros comercios de la ciudad nos habían advertido: los actuales propietarios –o el Gobierno, según las fuentes- no querían accesos públicos al lugar. Hoy, es lo más cerca que se puede llegar, y a unos seiscientos metros está aún el que fuera el rancho de Brazel desde donde sin duda se vigila si alguien tratara de entrar subrepticiamente. Y con la policía de Texas no se juega.

Ahora bien, la inmensidad es tal que si Brazel no hubiera tenido una referencia previa no habría pasado “por casualidad” por el lugar. Pero luego contaremos algo más sobre el sitio. Volvamos al museo.

Respuesta número 3: ¡Qué poco se habla de esa expediciòn arqueológica!. Y, sin embargo, es un hecho: “algo” encontraron, de dudosa naturaleza, según sus propias palabras, pero que “amerita investigaciones posteriores”, lo que es una forma de decir la fuerte presunciòn que en el sitio del “ufocrash” aún espera algo más.

Respuesta número 4: Hay notas de color en ese museo. Por ejemplo, la desconfianza y recelo que después del acontecimiento Marc Brazel despertó entre los otros habitantes del lugar. ¿Porqué?. Porque este ranchero, quien era descripto –está allí, en las amarillentas páginas de exposiciones frente a la policía hechas en los años 70 por hijos de algunos testigos de la época, exposiciones certificadas por el “Marshall”- quien era descripto como “carente hasta de un nickel” (una moneda) sorpresivamente aparece con una camioneta nueva, reluciente, hace exhibición de dinero y durante unas semanas es prudentemente seguido a distancia por un vehículo militar. Tiempo después, Brazel vende la propiedad y se muda del condado, y jamás vuelve a hablar del episodio.

Respuesta número 5: Es conmovedor leer, en los paneles del museo, las declaraciones y ver las fotografías, en película ya envejecida como que son de los años 80 y 90, de los entonces habitantes ancianos de Roswell que en las postrimerías de su vida ratificaban tantas historias: la presencia de cuerpos extraños en la base, los rumores asustadizos y angustiados que personal civil de aquella comentaba en voz baja en bares y comercios en los días siguientes, la desaparición de un par de ellos que parecen haber hablado demás: allí están el ayudante del sheriff, el propietario de la casa mortuoria, tantos nombres y historias repetidos hasta el cansancio pero aquí avalados por quienes, conscientes de su cercanía a la muerte, sabían que pronto estarían lejos de cualquier amenaza militar. La filmaciòn de un ya muy anciano Jesse Marcel, diciendo que por fin podía hablar de lo que había callado en tantas décadas, y que ratificaba sus primeras declaraciones… sólo se me ocurre pensar que el desconocimiento –si no una mediocre mala fe o un seudo escepticismo de aparecer como “científicos”- puede llevar a algunos ufólogos a desmerecer lo que ocurriò allí.

Pero había que ir allí.

 

 En medio de la nada

Camino al desierto

 Sabíamos que seguramente no podríamos llegar al mero sitio, pero la idea era aproximarnos lo más posible. Como dije antes, lo hicimos en extraña, completa soledad. O no tan extraña: es muy particular la psicología del norteamericano medio. Cuando visitamos el museo había un buen número de visitantes (pero yo era apenas el segundo argentino en hacerlo, por lo menos, eso parecía indicar el alfiler clavado en el mapa mundial de visitantes) procedentes de las partes más diversas de USA. Algunos de ellos también consultaron sobre el sitio del accidente, y recibieron las mismas respuestas que nosotros: soledad, lejanía y prohibición. Y bastó para desalentar a (casi) todos. El norteamericano medio emprendería esa travesía dotado de un equipamiento ultra sofisticado, cómo no (mientras que nosotros, bien latinomericanos, nos bastaba con unas botellas de agua y el tanque de combustible lleno) y, menos aún, si el “gobierno” u otra umbrosa fuente prohibía el acceso. Como ya he anticipado, a seis millas, unos diez kilómetros de donde el GPS no señalaba el sitio de la caída, una cerca, cerrada, nos prohibía el acceso. Pero el estar ahí también sumó otras respuestas:

La cerca

Respuesta A: Brazel no estaba entonces lejos del sitio donde cayó el objeto no identificado, lo que explica que en la mañana, en pocas horas, pudiera localizar el lugar. Si su rancho hubiera estado más alejado, como los otros de la regiòn, difícilmente hubiera determinado con precisiòn el punto, en una geografía monótona con difíciles referencias visibles.

Respuesta B: Comenté que la extensísima propiedad pertenecía desde 1998 a una empresa: “L&S Cattle Co”, dedicada a actividades ganaderas. Pues bien: sólo se observan doce vacas. No es zona de pastizales por miles de kilómetros cuadrados, y no se entiende semejante extensión para un número tan exigüo de animales. Pero hay más, una búsqueda en Internet muestra la presencia de otras empresas “L&S”…. pero ésta, en Nuevo Méjico, cuando menos en la web, no existe con sitio propio, apenas una referencia en páginas de indexaciones comerciales o estadísticas del estado.. Estoy totalmente convencido que es una “tapadera”, una cubierta de otras operaciones.

Frente al portón cerrado

Tomamos unas fotos en el lugar, grabamos algún audio y tiramos un video, y nos regresamos. Con la firme determinación (y un plan en mente) de obtener medios para ingresar más adelante. Pero, cuando menos, estaba clavada la pica en Roswell.

Ah, bien. ¿Conclusiones?. Alguna vez me pregunté si se trataba de prototipos de los tan mentados “ovnis nazis” re-experimentados en la zona. No me terminaba de convencer la “hipótesis extraterrestre”, por ejemplo, por la gran cantidad de “accidentes de ovnis” en la regiòn en trece años que pasan a ser esporádicos y repartidos en toda la

El próximo campo de aviaciòn, que aún conserva un área militar, opera con avanzadoa tecnología que sobrevuela el lugar.

superficie del globo luego de 1952. Pero hay cosas que viendo el material son evidentes: no había otros grupos militares buscando nada; sólo los del 509º recogiendo restos. Es evidente también, el enorme esfuerzo militar y gubernamental en tapar algo, esfuerzo no solamente de esos años sino de décadas siguientes, y aún hoy. Deentonces, admitir que -nuevamente- la hipótesis de caída d euna nave extraterrestre recupera méritos

A la distancia, el rancho que fuera de Brazel

propios. Tantos, como para regresar, posiblemente en un año, a seguir investigando.

 

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“Egipto Desconocido” (video de conferencia en Club del OVNI)

Posted by Gustavo Fernández en 28-06-2017

Les invitamos a compartir esta nueva realizaciòn, un video de la conferencia que nuestro Director, Gustavo Fernández, brindó a su regreso de Egipto:

( Hacer click en la imagen o aquí )

Saludos cordiales

El Equipo de AFR

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EL EXTRAÑO LEGADO DE UN MILLONARIO ESOTÉRICO

Posted by Gustavo Fernández en 18-06-2017

No tengo problemas en reconocer todo lo que me falta por aprender en la vida. Por eso, cuando mi entrañable amigo Sergio Chorro Rocamora dijo aquello de “Tendríamos que ir a Sintra”, enarqué una ceja, curioso. Era la primera vez que escuchaba ese nombre.

En Sintra

Habíamos llegado a Lisboa con nuestras familias el día anterior, y descansábamos, relajados, tomando un oporto –qué otra cosa beber si se está en Lisboa-, mientras mirábamos el intenso ajetreo de la gente que iba y venía en esa agradable noche de abril por la Avenida Da Liberdade, a pasos del Teatro Tívoli.  Nuestro viaje al territorio lusitano fue casi una escapada al viejo estilo sesentista, subir al auto, poner una meta y ya, sobre la ruta, ver qué íbamos encontrando.

Como dije, ni idea tenía de la existencia de Sintra. Así que comencé a googlearlo, cuando Sergio me agrega: “creo haber leído por ahí que hay un lugar con mucho simbolismo que seguramente te interesará”.

Y vaya si me interesó. Sorprendido (si al mejor cazador a veces se le escapa la liebre, a mí se me había escapado una tortuga) vine a descubrir que a media hora de donde estaba sentado en ese momento, disfrutando una copa de ese vino dulzón y “fortificado” que era ese Ramos Pinto Tawny de 10 años, no sólo nos esperaba un pueblito paradisíaco, declarado “Patrimonio de la Humanidad”. Nos esperaba un reservorio de conocimientos esotéricos.

Al día siguiente ya caminábamos sus callejuelas. Derramándose sobre las sierras frondosas de árboles y no lejos del mar, Sintra es un poblado de ensueño, de abigarradas casonas de tres y cuatro pisos pintadas sus fachadas de vivos colores. Y allá arriba, subiendo una empinada colina, aguardaba la Quinta da Regaleira.

La historia parece sucinta.

Antonio Carvalho Monteiro, De Husond – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4024463

Sintra, una villa hermosísima de unos treinta mil habitantes a poco menos de treinta kilómetros de Lisboa, guarda numerosas construcciones de tipo renacentista y arquitectura “manuelina”. Pero el Palacio da Regaleira, edificaciòn principal de la “Quinta da Regaleira”, es relativamente reciente (comenzó a construirse en el año 1892) por parte del millonario Antonio Augusto Carvalho Monteiro, excéntrico hombre de negocios, nacido en Brasil de familia acaudalada y radicado en Portugal desde donde dirigía sus numerosos negocios (maderas, café, etc.) con su patria de origen.

Nace en 1848 y fallece en 1920, y a sus numerosos intereses rosacrucianos, masónicos, alquímicos y templarios se deben los excéntricos edificios y secretos de la Quinta que visitamos. Incidentalmente, permítaseme señalar como este profundo conocedor del Hermetismo (en efecto, Carvalho Monteiro no fue simplemente un “diletante” de lo esotérico sino un aplicado estudioso y experimentador del mismo)  dejó “señales” simbólicas no sólo en el camino de su vida sino más allá también: en efecto, el portón principal de acceso al Palacio da Regaleira se abre con la misma llave que su tumba, ubicada en el Cementerio Dos Prazeres,y que su palacio en Lisboa, sobre la Rua do Alecrim.

El Pozo Iniciático, visto desde el exterior

De sus prácticas alquímicas hay registro de un laboratorio que Monteiro había dispuesto en la torre octogonal del Palacio. De sus otras filosofías, numerosos símbolos accesibles a la observación y al experimento, que señalaremos a continuación.

 

La Torre Iniciática

La idea de “torre” es un tanto equívoca, por lo cual también se le conoce como “el pozo iniciático”. Tiene 33 metros desde el fondo a la cima, y dos terceras partes se hunden en la tierra. Presenta nueve rellanos, posiblemente emparentados con los nueve estadíos de la divina Comedia, y se trata de una profunda horadaciòn dentro de la cual desciende una cómoda escalera en espiral, cono baranda sobre el vacío, presentando en el fondo una Rosa de los Vientos sobre una Cruz Templaria. Por sobre la superficie, el tramo exterior es disimulado con rocas a semejanza de una pequeña colina, y el acceso a la misma presenta dos magníficas puertas – trampa de piedra, una deslizante –de manera lateral- y otra giratoria. Ambas hoy inutilizadas, se nos ocurre que debe haber sido sencillo manipularlas simplemente cubriendo el sueño de aceite o grasa.

Puerta de piedra deslizante

La razón de ser de éstas es evidente: se cerraba así el acceso durante la realización de ciertos rituales en ese pozo “iniciático”. Hay quienes hablan de rituales “masónicos”, pero sospecho más bien ceremoniales mágicos. Es interesantísimo descubrir que al fondo se abre un corredor que se pierde en un intrincado laberinto tallado dentro de la roca viva, con salidas detrás de cascadas artificiales o por detrás de balcones de playones ceremoniales a distintos niveles, porque todo el conjunto de La Regaleira está edificado en una verdadera colina extremadamente boscosa, con lo cual construcciones como este Pozo permite aprovechar distintos e intrincados niveles de acceso.

A medida que avanzábamos en nuestro relevamiento, se nos hace evidente que como parte de los ceremoniales allí llevados a cabo el perturbar y alterar los sentidos físicos o la percepción de la Realidad era parte preponderante. Cito dos ejemplos: uno, una “fuente”, aún útil –con agua en su interior- a un lado de una de las aras ceremoniales. A simple vista, la superficie del agua parecía estar a unos diez centímetros del borde de la misma. Pero –repetimos la experiencia varias veces- evidentemente la geometría de la fuente y el uso de colores de distintos materiales hacía que uno tuviera que bajar unos treinta centímetros la mano hasta realmente poder tocar el agua. Otro efecto apasionante, cuando buscábamos la salida de unos de las galerías laberínticas, encontramos, casi a la salida misma, unas banquetas talladas en la roca. Nos sentamos, disfrutando lo que frente a nosotros parecía un ventanal de alucinada geometría y (supusimos) un doble vidrio repleto de agua en

Palacio da Regaleira

su interior. La sensación era estar viendo desde el interior de un acuario. Y la sorpresa fue que, al salir y observar ese ventanal desde fuera, éste presentaba un sencillo vidrio que en nada explicaba la ilusiòn percibida anteriormente.

El “juego” con las ilusiones sensoriales no es ajeno al propio espíritu de la práctica ceremonial mágica, ya que, precisamente, ilustra sensorialmente el principio que “el Mago crea una Realidad a su albedrío”. No se trata de autoengañarse, de hacer creer a otros que esas ilusiones visuales “sean” Magia. Es como cuando los Magos de todas las épocas manipulaban el entorno arquitectónico para generar “ilusiones” visuales, auditivas, cinestésicas. Así como cuando el Chamán, para liberar a la persona enferme de su mal, entiende que debe “escupir” un insecto, el cual tendrá en la boca mientras “succiona” la enfermedad (en puridad, la componente de negatividad en el plano astral que en lo físico se expresa como “enfermedad”) frente a lo cual el antropólogo “erudito” cree que ese chamán engaña a sus “clientes”, haciéndoles creer que el insecto escupido “es” la enfermedad (y una vez más, eso no

Jardines

es lo que el Chamán trata de hacer creer, sólo atraer, por aquello de “lo semejante atrae lo semejante” la “miasma astral” que se manifiesta como enfermedad hacia el cuerpo astral de un insecto, molusco o lo que sea, cuerpo astral de poca evoluciòn como su expresión biológica), el Mago que manipula sensorialmente las “ilusiones de la percepción” sabe que el órgano sutil de ver Más Allá debe entrenarse quitándole –quitando a su poseedor- de la Realidad ordinaria. Y una de las maneras de lograrlo es “perturbar” la percepción de esa Realidad.

Saliendo del laberinto, el ventanal “efecto pecera”

Volvamos al Pozo Iniciático. Los practicantes trabajan –según el objetivo a alcanzar- en dos niveles: uno Ascendente y otro Descendente. En el Ascendente, el iniciado penetra al atardecer desde los jardines, con ojos vendados tiene que encontrar al tacto el camino dentro del laberinto hasta la base del Pozo. Allí es descubierto y participa de la Ceremonia, a la luz de una Luna (o un Sol, dependiendo de la ceremonia y por ende, la fecha) que se centra con el abierto orificio, allá arriba. Y para otras ceremonias, Monteiro había dispuesto un símil metálico de rama de árbol que permitía hacer pender una luminaria en el centro de la abertura, allá arriba. Luego, ascendía por la escalinata hacia el Cenit para salir al mundo de todos los días.

Pero la práctica Descendente era la más peligrosa, en términos físicos y en términos espirituales. Pues entraba al Iniciado a descender a su propio infierno y a los estratos más bajos del universo espiritual. Se ingresaba por la parte superior, cerrándose la puerta a sus espaldas –claro mensaje simbólico de “ya no puede volverse atrás” y el sujeto

El vidrio de la “pecera” desde el exterior

descendía hacia las profundidades y por ende las oscuridades. Pero a lo largo del camino, en veintitrés nichos, le esperaban agazapados otros iniciados con enigmas que tenía que superar, con obstáculos a sortear. Al llegar al fondo, le esperaban para, luego de la ceremonia, venderle los ojos y arrojarle al interior del laberinto, del que tenía, a la inversa, que buscar la salida a la luz de un Sol que amanecía.

La Quinta da Regaleira presenta varias Aras Ceremoniales, creados con todo primor, desde su orientación espacial –que permitía seguramente en fechas calendáricas dadas (solsticios y equinoccios) hacer coincidir el Sol naciente con el centro de las mismas- como el detalle de su construcciòn, empleándose calcita cuarcífera, verdadera joya geológica que refulgiría al sol del amanecer. Y dotándole, a estar del conocimiento de la llamada Gemoterapia, de propiedades vibratorias energizantes de las acciones allí llevadas a cabo.

La capilla desde el coro

Tiene también su propia capilla cristiana. Pero, ¿no es un contrasentido una capilla cristiana entre tanto Esoterismo?. Para la mirada del Vaticano y los católicos romanos, seguramente sí. Para la mirada cristiana gnóstica de Monteiro, definitivamente no. Ningún esoterista de cuño ha dejado (ni dejará) de honrar el vasto conocimiento durmiente en el llamado Cristianismo Esotérico cuando, aún más y dada la filiaciòn Templaria, si no de los saberes, por lo menos de los afectos, de este millonario, es esa Orden de Caballería el mejor reservorio de aquél.

Pero la capilla reservaba otros misterios. Debajo de la nave central (por otro lado, con el suelo orlado con un mosaico de un “urbe et orbis” muy interesante) se descendía a otro recinto, con su propia ara perfectamente alineada con el altar de la parte superior y el suelo cubierto de mosaicos alternativamente blancos y

Frente de la capilla

negros (el embaldosado masón, donde caminar sobre baldosas blancas y negras simboliza como en el andar de la vida pasamos de la luz a la oscuridad y de allí a la luz, sucesivamente). Esto significa que, por caso, mientras en la parte pública, “exotérica” se estaba celebrando una misa, en la parte inferior, “esotérica” se llevaba a cabo otro ritual que, al ser simultáneo y “conectado” con el superior, tomaba la energía de éste para multiplicarse.

El recinto subterráneo de la capilla

No es menor el hecho que este recinto subterráneo tenía otra salida, en diagonal y subterránea, que se alejaba de la capilla para emerger en…. Un cruce de túneles laberínticos transportadores de agua.

Es difícil detenerse en lo que cada uno pueda considerar más enigmático o sugestivo de este lugar, de manera que cerraré exponiendo tres comentarios, tes observaciones (en realidad, dos observaciones en el terreno y una reflexiòn) brindándole al lector, como hiumilde criterio, destacar aquerllo que en lo personal me enseña algo más que no haya sabido antes sobre los conocimientos esotéricos.

Primera observaciòn: llegando a la cima de la colina, existe una gigantesca roca, quizás un peñasco rodado en tiempo inmemorial de un lugar más elevado. Pero lo interesante es que ese peñasco -calculo, no menos de una veinte toneladas- está ubicado sobre una plataforma artificial. No la supongo

La roca de referencia

exageradamente antigua; tiene mortero y cal en su construcciòn, por lo cual seguramente es otro de los trabajos del excéntrico milonario. Pero la pregunta es: ¿para qué tomarse el trabajo de elevar, aunque más no fuera unos coincuenta centímetros, semejante mole en el lugar (para lo cual habría que haber movilizado hasta esa altura y sitio tan incómodo, maquinarias y personal de trabajo) sólo para hacer una plataforma y volver a depositar el peñasco

Maravilloso ara ceremonial en jardines de la Quinta, con sus dos obeliscos masónicos y simbolismo para Iniciados

sobre ella?. Mi opiniòn: Monteiro sabía que ese peñasco tenía valor ancestral, quizás un sitio de valor menhírico (de “menhir”) de pueblos primigenios (recordemos que la primitiva poblaciòn de Sintra fue de origen celta) y debías permanecer allí, como una aguja de acupuntura, para determinado efecto, debe tocar un punto y sólo ese punto de los meridianos energéticos de nuestro cuerpo.

Segunda observaciòn: La capilla, con todo su extraño simbolismo, está consagrada a… San Antonio de Padua. Otra vez San Antonio, patrono de la particular capilla y el pueblo de Capilla del Monte y de Piriápolis. ¿Hay una ruta de San Antonio de Padua a través del globo que identifica lugares que, detrás del velo católico, encierran secretos herméticos?. Y la reflexiòn: Monteiro en Sintra, Odilo Estévez en Capilla del Monte, Francisco Piria en Piriápolis… ¡y todos trabajando en la misma época, simultáneamente!. ¿es casualidad?. ¿Integraban todos ellos -y seguramente otros que iremos descubriendo- la misteriosa pero pwersistentemente poderosa Orden de los Caballeros de Heliópolis?.

Capas de calcita cuarzífera cuidadosamente dispuestas en el ara ceremonial

Algunas personas suponen que este interés metafísico de estos personajes (todos prósperos millonarios, pero -cabe destacar- no millonarios de cuna sino “self made men”, de hecho y por lo menos dos de ellos, de cuna verdaderamente paupérrima- ) es sólo una curiosidad circunstancial. Estoy convencido, por experimentaciòn propia, que los conocimientos que detentaban eran fundamentales y funcionales a la prosperidad que alcanzaron, verdadera herramienta para modelar su Realidad. Y me quedo pensando en cuántos entusiastas estudiosos de estas disciplinas, siguen penando en un mundo de infortunios cryendo que su búsqueda espiritual es necesariamente conflictiva con su prosperidad material, la que nunca se dan la oportunidad de alcanzar…

 

 

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Ya falta menos: NUEVO VIAJE GRUPAL DE APRENDIZAJE A MÉXICO con Gustavo Fernández

Posted by Gustavo Fernández en 03-06-2017

VIAJE GRUPAL DE APRENDIZAJE ANCESTRAL A MÉXICO

con Gustavo Fernández

Del 8 al 19 de octubre de 2017

Toda la info en nuestro blog “Movimiento Chamánico”: https://movimientochamanico.wordpress.com/2017/02/19/viaje-grupal-de-aprendizaje-ancestral-a-mexico-2/

En Facebook: https://www.facebook.com/events/730963220401722/?active_tab=about

Saludos cordiales

 

El Equipo de AFR

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EL EGIPTO DESCONOCIDO (3): EL SENDERO TEMPLARIO

Posted by Gustavo Fernández en 01-06-2017

Las reflexiones compartidas en la segunda parte de esta saga encuentran su natural justificación en este tramo; donde me propongo comprender el porqué de la inopinada presencia Templaria en las tierras del Nilo, una presencia que trasciende el afán de conquista y comercio y tiene resonancias bíblicas.

Antes de continuar, es necesario aclarar un par de puntos. La idea de un ejército Templario plenamente comprometido –diría, fanáticamente comprometido- con las distintas Cruzadas es sólo una versiòn hollywoodense; si bien combatieron –especialmente en Accra- contra los musulmanes, siempre fueron bastante independientes y sus intervenciones en combate parecían responder más a estrategias de geopolítica que convicciones metafísicas. Recordemos aquí que cuando se constituyen en Orden, en 1118, sostienen que su misiòn era “custodiar los caminos hasta Tierra Santa” para los peregrinos, pero hasta 1188 la Orden tuvo sólo nueve miembros (más unos cuantos “empleados”, más administrativos que guerreros): es ridículo pensar en sólo nueve caballeros custodiando semejantes extensiones. Sólo luego de 1188 comienza la “conscripción de miembros” y, lógicamente, la Orden crece de manera exponencial.

Por otra parte, existe sobrada evidencia –especialmente en tierras hispanas- de la enriquecedora convivencia de Templarios con sabios musulmanes así como con judíos, y para cualquier estudioso de aquellos es evidente una “transfusión” de conocimientos entre unos y otros. Ya he escrito mucho sobre el particular en este blog (enlaces que aplico al final de esta nota) para remitir allí al interesado.

Las cruces de referencia

Bien, regresando a Egipto, las huellas del Arca de la Alianza descriptas en el capítulo anterior tuvieron, a posteriori, una impronta cuasi templaria. Observen la foto que acompañamos; la he tomado en el templo de Philae, próximo a la represa de Aswán. Prsenta cruces “templarias2, o eso parece a primera vista, aunque un análisis más detallado “in situ” me reveló otra cosa.

No son de la época de la erecciòn del templo: están grabadas con claras señales de ser posteriores porque, en un par de casos, se trabajaron sobre jeroglíficos allí anteriores. Pero tampoco son “modernas”; la protecciòn patrimonial del templo hubiera hecho imposible su tallado. El desgaste de sus aristas señalan, empero, que ya hay acusados signos de erosiòn.

Recordemos que cuando la construcciòn de la represa, hubo dos templos en peligro de quedar sumergidos por las aguas: el famosísimo de Abu Simbel y éste, menos promocionado, Philae. Ambos, se desmontaron y trasladaron a ubicaciones más elevadas para protegerlos. Pero con Philae ocurriò un detalle interesante.

Junto a la construcción y ubicación original, de hecho en terrenos propios del templo, había una pequeña iglesia cristiana del siglo XVI. Como resultaba muy “moderna” en términos arqueológicos no se rescató y quedó, allí, sepultada por las aguas.

Esa iglesia fue construida por orden y mandato de una sociedad iniciática: los Caballeros de San Esteban. De hecho, estaba consagrada a su patrono, el mismo San Esteban. Y la cruz “templaria” en Philae no es templaria: es la cruz de San Esteban.

Pero, ¿quiénes eran éstos?.

En Pisa

Para averiguarlo tuve que seguir algunas pistas en Pisa, Italia. Porque fue allí que Cosme de

Palacio que los Médici dieron a la Orden

Médici (sí, uno de esos Médici) luego de conquistar la ciudad -.en ese entonces, rival de Florencia- entregó uno de los palacios de su plaza central a una reciente Orden Militar e Iniciática constituida por él: en 1564, los Médici fundan la Orden con un objetivo “exotérico” y otro “esotérico”. El primero, “la defensa de la fe católica y el combate de los piratas de la mar” y la segunda “buscar el Arca de la Alianza”. Se decían, a sí mismos, herederos de la Orden Hospitalaria de San Esteban de Hungría, que a fines del siglo XII había sido la rama húngara de los Templarios. Y eligieron como emblema la cruz de ocho beatitudes pero las mismas más marcadas.

Heráldica de los Caballeros de San Esteban

De manera que aparecen en Philae (templo levantado durante la dominaciòn helénica de Egipto, alrededor del 300 A.C.) y hacen levantar una iglesia. A poca distancia, está la isla de Elefantina donde, ya hemos visto, habría estado custodiada durante algunos años el Arca antes de

Piazza del Cavalieri, donde se encuentra el palacio de la Orden

continuar viaje a Sudán y Etiopía. Si los caballeros continuaron viaje llegando a Adis Adeba, no pudieron avanzar o perecieron en el camino, se ha perdido bajo el polvo de la Historia. Pero este hallazgo ratifica mi convicción que el Arca de la Alianza estuvo más de una vez en territorio egipcio porque era “su” territorio.

Ya lo esbocé en mi trabajo anterior. Creo posible que el Arca no haya sido dada a Moisés en el Sinaí hacia el final del Éxodo, que el relato bíblico sea una adjudicación que los judíos se hacen de la misma y que, en verdad, hubiera sido muy antigua, egipcia y guardada en el interior de la Gran Pirámide (los argumentos, ver la nota anterior). Es comprensible entonces que al evacuarse luego de la segunda destrucción del templo de Salomón se la levara a la tierra desde donde provino, donde habría muchos lugares (y personas) dispuestas a protegerla. Es más, ¿qué seguridad tenemos que en esa catástrofe fueron los mismos judíos quienes la retiraron y no, aprovechando la confusiòn, un grupo a disposición de los egipcios?.

Iglesia de San Esteban, en Pisa

Hago aquí una breve disgresiòn. Me facilitaron el dato de una pretendida orden “templaria” (ya se sabe que todas las órdenes templarias existentes hoy en día dicen, cada una, ser legítima y las demás, fraudulentas), llamada Orden Templaria del Trébol (que se adjudica la friolera de 14.500 años de existencia) que reivindica las “cruces templarias de Philae” como evidencia de su propio relato. Permítaseme decir que, dicho así, eso demuestra que (a) sus miembros nunca estuvieron en Philae –y levantan de Internet las fotos- o (b) de haber estado, les bastó el “parecido templario” de las cruces, porque, de haber hecho una somera investigación, habrían arribado a esta misma conclusión: que no fueron específicamente Templarios sino Caballeros de San Esteban (recordemos que en el siglo XVI todavía pesaba la excomunión sobre aquellos y era políticamente incorrecto identificarse como tales). De hecho, la única referencia seria y argumentada se encuentra también en el libro del amigo José Luis Giménez, “El triunfo de María Magdalena: jaque mate a la Inquisición”

Dicho lo cual, concluyo. Si, como la presencia de esa Orden de San Esteban demuestra, había de parte de ellos un interés especial en el lugar por su previo interés en el Arca de la Alianza, y si, cuando menos conceptualmente, fueron herederos del conocimiento templario, es obvio que éstos últimos sabían ya en su tiempo sobre la probable ubicación del Arca. Y, extrapolando, deduzco que también sabían, entonces de su verdadera historia. Cuando en un artículo anterior, que puede verse a través de este enlace, postulé que los Templarios tenían quizás alguna información sobre presencias no humanas en la remota Antigüedad, sé que a algunos les habrá parecido exagerado. Hallazgos como éste, insisto y sin embargo, demuestran que esa presunciòn es cada vez más fuerte.

Continuará

Primera parte de este trabajo, hacer click aquí

Segunda parte de este trabajo, hacer click aquí

Enlace a “De Annunaki a Jesús, siguiendo la pista templaria…” (allí el lector encontrará enlaces a otros trabajos sobre Templarios)

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