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Archive for the ‘Ovnis y militares’ Category

CLAVANDO UNA PICA EN ROSWELL

Posted by Gustavo Fernández en 21-07-2017

Frente a uno de los “dummies”

Promediaba el siglo XVI y transcurría la guerra de España contra los Países Bajos por el territorio que entonces se llamaba Flandes cuando una frase comenzó a hacerse popular: “clavar una pica en él”. Remitía a una operación difícil pero que se justificaba por hacer acto de presencia en el lugar. No resolvía el conflicto clavar una “pica” (una lanza corta de infantería) en el lugar, pero era dejar una impronta. Y sentar un precedente con la intenciòn de articularlo con acciones posteriores. Y

Sala para ufólogos

desde entonces, la frase –que estimo deliciosa por historicidad y remembranzas) se emplea para aquellas acciones que si bien no resuelven definitivamente nada ni aportan respuestas, son más un logro personal, una remisiòn al “yo estuve allí”.

Yo he clavado mi propia pica en Roswell

Clavando un alfiler en Roswell

El hecho es mundialmente conocido. Entre el 4 y el 5 de julio de 1947 (el dato es indefinido), durante una tormenta estival, algunos habitantes de Roswell y el ranchero Marc Brazel vieron caer del cielo algo que definieron como “un bólido de fuego” estrellándose, no en Roswell (como perdura en el ideario popular) sino en Corona, a unos 50 kilómetros del pueblo. Si citamos a Brazel es, precisamente, porque en sus tierras halló los restos que

La biblioteca

despertarían tanta controversia, y éste es un detalle al que regresaremos luego, por ser fundamental.

Llegando al museo

En rápida y por ello, necesariamente incompleta e injusta síntesis, podemos decir que informados por Brazel los oficiales de la cercana base aérea (el Batallón 509 de Bombarderos, mismo que fue responsable de arrojar la bomba atómica sobre Hiroshima) con el hoy famoso Jesse Marcel a la cabeza, se dirigieron al lugar y durante varios días estuvieron recogiendo los “restos metálicos extraños” que se habrían eocntrado. La misma base emite un primer comunicado diciendo que la USAF había encontrado los restos de un “platillo volante”, pero dos días después se obliga al oficial Marcel a aparecer públicamente desmintiendo esa información y, atribuyéndose un “error personal”, decir que lo hallado era un “globo sonda” de investigación metereológica, exponiéndose así a un escarnio que no desapareciò con las décadas. Durante años la cosa pareciò esfumarse, hasta que pasadas un par de décadas y de la mano de investigadores OVNI recupera exposición pública. Es cuando, en los años ’70, la USAF reaparece con otra explicación (en tiempos en que comienza a correr el rumor que además de los

Miradas del museo

restos se habría recuperado los cadáveres de presuntos tripulantes extraterrestres): se trataría de “dummies” muñecos de plástico y madera símil humanos que habrían caído de un globo de experimentación estratosférica y confundidos con alienígenas. Y en los ’80, la misma USAF, olvidando sus explicaciones anteriores, vuelve a aparecer en escena afirmando que en realidad se trataba de un globo del “experimento Mogul”, un experimento ultrasecreto destinado a detectar desde las capas altas de la atmósfera los efectos de experimentos nucleares igualmente secretos de la Unión Soviética.

Fueron los tiempos de la mediáticamente difundida (y tan denostada) “autopsia de un extraterrestre”, comercializada a nivel mundial por Ray Santilli. Tiempos en que un ex mayor del ejñército norteamericano, Phillip Corso, publicaba su libro “El día después de Roswell” donde iba más lejos aún, sosteniendo que buena parte de la tecnología tan doméstica hoy (microondas, fibras ópticas, etc.) devino de lo recuperado en ese accidente de una nave extraterrestre. Y se intensificó un debate mundial que solamente no ha cesado (aunque cada parte cree tener todas las respuestas) sino que continúa presentando aristas interesantes. Así que ahora, con el permiso de los presentes, vengo a sumarme.

 

Afilando la punta de la pica

 Fue la oportunidad gesta del amigo Orlando Rodríguez y su esposa Carmen, de Tyler, Texas, que desde hace años vienen bregando por una conferencia mía en su ciudad. Y este año, materializaron el proyecto, donde esa conferencia es apenas una anécdota al lado de lo que me resultó tanto más enriquecedor: compartir una quincena de viajes e investigaciones en el

Miradas del museo

sur de Estados Unidos –allí íbamos, sumando millas, este adorable matrimonio, su hijo Orlandito y yo- de las cuales era un hito especial visitar Roswell. Y ver qué podíamos averiguar.

No me hacía demasiadas expectativas, toda vez que hace años que he aprendido que la mejor manera de no desilusionarse en la vida es no ilusionarse primero. Quería conocer el famoso “Museo UFO”, más por cholula curiosidad turística que en espera de encontrar algo nuevo. Y me sorprendí gratamente. Pero no nos adelantemos.

No soy tan ingenuo para sostener que una vista de un día me hará un agraciado del Universo descubriendo todas las respuestas. Pero sostengo –por ello lo hago- que estar “en el lugar”, hacer una “inspecciòn ocular” permite construir el “teatro” de la información tantas veces leída o visualizada, cruzar contextos, mirar a los ojos a personas del lugar. Y modificar perspectivas, ratificando o rectificando algunos tips. De eso, hubo mucho.

El museo me sorprendió. Sumamente profesional –en términos turísticos- en su concepción, no es (como escépticamente creía a priori) una modesta edificación con algunos recortes periodísticos y un par de maquetas. Extenso, bien distribuido, combina con acierto los dioramas para el turista de poca exigencia (aliens y ovnis luminosos en animatronics lanzando gases y luces) con mucha documentación de época, reportajes visuales a testigos del incidente aún vivos hasta hace unos años, material y fotografias recogidos sobre el terreno. Y algunas sorpresas:

En el museo se explica detalladamente cómo una expedición conformada por arqueólogos profesionales visitara el sitio de la caída en setiembre de 2002. El equipo pertenecía a la Universidad de Nueva Méjico, y su informe final decía, parcamente, haber encontrado “evidencias indefinidas de posible validez histórica”. William Doleman, jefe del equipo, se negó a aceptar públicamente que se trtara de rstos de una nave extraterrestre, por lo que cierto periodismo –tendencioso o de lectura ligera, vaya a saberse- concluyó que todo “era un fiasco”. La verdad es otra: como se explica detalladamente en el museo, las excavaciones –centradas en tamizar la tierra removida en 1947- encontró más restos, éstos dorados –aquellos primitivos eran color plata- que se derivaron para análisis. Los resultados simplemente señalaron que se trataba de “aleaciones de extremo grado de pureza” y todo pareciò haber cáido en el olvido.

Pero realizar esa explortaciòn, financiada por la Tv norteamericana, costó ciertas negociaciones: en 1998 las extensísimas propiedades –que alguna vez fueron de Brazel- fueron compradas por una firma, “L&S Cattle Co.”, dedicada a la explotaciòn ganadera, la que, hace unos cuatro años, decidiò no volver a permitir el acceso público al lugar.

Pero regresemos al museo. Además de esa parte “turística” ya mencionada, lo que me asombró particularmente es que está concebido como un espacio para la investigación. Efectivamente, el mismo cuenta con dos amplísimas salas colaterales, una de ellas una biblioteca disponible para todo público (calculo con un par de miles de libros en inglés) y otra más, con colecciones de material donados a través del tiempo por investigadores: publicaciones imposibles de conseguir en Internet, fichas manuscritas de casuística OVNI de cuatro o cinco décadas, fotocopias, millares de fotocopias amarillentas de reportes, recortes periodísticos y un interminable etcétera. En ambas salas, dos enormes mesas para conferencias y cómodos asientos esperan a los ufólogos que decidan instalarse unos días en la ciudad y acometer el trabajo de bucear en ese ingente inventario de materiales documentales. Y debo detenerme aquí. Porque si ustedes piensan que el museo es sólo ocasiòn de una visita rápida, unas fotos y comprar algún “souvenir”, están completamente equivocados.

Tiene respuestas. Sólo que hay que saber mirar. Y helas aquí.

Respuesta número 1: Como dije anteriormente, la USAF planteó en los años ’70 la “explicación” que los cuerpos pretendidamente extraterrestres se trataban, en realidad, de “dummies”, es decir, de muñecos para evaluar consecuencias de impactos y otras exigencias de la investigación aérea. Los dummies exhibidos en el museo son de esa época. Lo que la explicación oficial olvidó mencionar (y los medios periodísticos que la recogieron obviaron investigar) es que los dummies fueron empleados a partir de 1953 (de hecho, el proyecto de creación de los mismos es de 1952) y el caso que nos ocupa es de… 1947.

Respuesta número 2: “Pero –se me dirá- ese error es comprensible porque, como años después la misma Fuerza Aérea explicó, aún entonces era secreto el proyecto Mogul, sólo que había que dar una explicación”.

Explicaciòn para nada convincente. Ya que la historia de los dummies fue una rápida e imprecisa respuesta al cuestionamiento de la presencia de cuerpos, no de restos metalizados…. Que es lo que trata de explicar el proyecto Mogul.

Y entramos de lleno en esta “explicación”.

Los globos de este proyecto eran llenos de helio –gas no inflamable, es importante recordarlo- y de una larga cuerda colgaban tetraedros de papel aluminio montado sobre armazones de varillas de madera. Sí, esa misma “varilla” que, según dicen, presentaba cinta adhesiva con detalles dibujados de color púrpura que sería lo que algunos testigos, al verlos, confundieron con “escritura alienígena”. Globos de –repito- gas no inflamable, larga cuerda, tetraedros de papel aluminio y listones, varillas de madera. Cuando Jesse Marcel hace su segunda aparición frente a periodistas es lo que exhibe como “prueba” de lo hallado.

Pero….

En el museo de Roswell no solamente es posible leer los originales, verdaderos recortes periodísticos de esos días. También, escuchar en off la grabaciòn de la emisora radial local, las dos tandas informativas previas a la conferencia “explicativa”. En una, informa la observación de la caída de aquél “bólido de fuego” (¿recuerdan?). En otra, el hallazgo de los restos por Brazel.

Esa caída, la noche previa al hallazgo, fue vista por Dan Wilmout y su esposa, sentados en mecedoras en el  porche de su casa. Por Steve Robinson, que conducía un camiòn lechero de regreso a su hogar. Por el propio Marc Brazel, también sentado frente a su rancho en el desolado desierto viendo llegar la tormenta. Precisamente porque lo vio caer, es que supo al otro día dónde buscarle en una extensión tan inhóspita. Búsqueda que no hizo solo: primero se acercó al rancho más cercano, de su vecino apellidado Proctor, preguntádole si quería acompañarle y ante el desinterés de éste, invitas –y s ele permite- llevar a Dan Proctor, hijo del mismo, con quien encuentra los restos. Es luego cuando se dirige  la base militar y comunica a los oficiales el hallazgo.

¿Y qué es de todo esto tan importante, dirán ustedes?. ¿Es que nadie se ha dado cuenta?. Un globo, Mogul o sonda, no estalla y cae como un “bólido de fuego” a tierra. El helio es incombustible. El papel o tela metalizada, también. ¿Las varillas de madera?. ¿Acaso puede suponerse que si esas varillas, por el motivo que fuere, se incendiaran a miles de metros de altitud, llegarían aún encendidas a tierra?. ¿Y semejarían un “bólido de fuego”?. Precisamente porque en esa tormentosa noche cerrada cayó así es que Brazel lo advirtió y pudo buscarle. Está claramente explicado en los recortes de la época. Si hubiera sido un globo habría caído en silencio y oscuridad, y vaya a saberse cuánto tiempo transcurrido hasta ser hallado.

Los mismos militares, en la “versiòn oficial” señalan esto: Brazel “ve caer restos incendiados”, busca, halla lo que no entiende avisa a la base y ellos identifican al “globo”. ¿Brazel mintió y no vio caer nada “incendiado”?. ¿Porqué los militares admiten a los periodistas de la época que sí lo había hecho?. ¿Si no estaba en llamas, qué le habría llevado a buscarle al día siguiente?.

Déjenme hacer una ambientaciòn antes de continuar. Como escribí y en contra del error popular, el objeto no cae en Roswell, sino en Corona. Buena parte de la carretera hacia allá es asfaltada pero otra buena parte es de tierra, de terracería, concretamente la B020. Tardamos dos horas y media en llegar, en nuestra moderna camioneta con la mitad de camino de una carretera que no existía en aquél entonce. Todo es un inmenso, inconmensurable desierto. No cruzamos ni una persona en todo ese tiempo. Pero a seis millas del lugar, una cerca prohíbe hoy el paso. Aquí ocurriò lo que en el museo y otros comercios de la ciudad nos habían advertido: los actuales propietarios –o el Gobierno, según las fuentes- no querían accesos públicos al lugar. Hoy, es lo más cerca que se puede llegar, y a unos seiscientos metros está aún el que fuera el rancho de Brazel desde donde sin duda se vigila si alguien tratara de entrar subrepticiamente. Y con la policía de Texas no se juega.

Ahora bien, la inmensidad es tal que si Brazel no hubiera tenido una referencia previa no habría pasado “por casualidad” por el lugar. Pero luego contaremos algo más sobre el sitio. Volvamos al museo.

Respuesta número 3: ¡Qué poco se habla de esa expediciòn arqueológica!. Y, sin embargo, es un hecho: “algo” encontraron, de dudosa naturaleza, según sus propias palabras, pero que “amerita investigaciones posteriores”, lo que es una forma de decir la fuerte presunciòn que en el sitio del “ufocrash” aún espera algo más.

Respuesta número 4: Hay notas de color en ese museo. Por ejemplo, la desconfianza y recelo que después del acontecimiento Marc Brazel despertó entre los otros habitantes del lugar. ¿Porqué?. Porque este ranchero, quien era descripto –está allí, en las amarillentas páginas de exposiciones frente a la policía hechas en los años 70 por hijos de algunos testigos de la época, exposiciones certificadas por el “Marshall”- quien era descripto como “carente hasta de un nickel” (una moneda) sorpresivamente aparece con una camioneta nueva, reluciente, hace exhibición de dinero y durante unas semanas es prudentemente seguido a distancia por un vehículo militar. Tiempo después, Brazel vende la propiedad y se muda del condado, y jamás vuelve a hablar del episodio.

Respuesta número 5: Es conmovedor leer, en los paneles del museo, las declaraciones y ver las fotografías, en película ya envejecida como que son de los años 80 y 90, de los entonces habitantes ancianos de Roswell que en las postrimerías de su vida ratificaban tantas historias: la presencia de cuerpos extraños en la base, los rumores asustadizos y angustiados que personal civil de aquella comentaba en voz baja en bares y comercios en los días siguientes, la desaparición de un par de ellos que parecen haber hablado demás: allí están el ayudante del sheriff, el propietario de la casa mortuoria, tantos nombres y historias repetidos hasta el cansancio pero aquí avalados por quienes, conscientes de su cercanía a la muerte, sabían que pronto estarían lejos de cualquier amenaza militar. La filmaciòn de un ya muy anciano Jesse Marcel, diciendo que por fin podía hablar de lo que había callado en tantas décadas, y que ratificaba sus primeras declaraciones… sólo se me ocurre pensar que el desconocimiento –si no una mediocre mala fe o un seudo escepticismo de aparecer como “científicos”- puede llevar a algunos ufólogos a desmerecer lo que ocurriò allí.

Pero había que ir allí.

 

 En medio de la nada

Camino al desierto

 Sabíamos que seguramente no podríamos llegar al mero sitio, pero la idea era aproximarnos lo más posible. Como dije antes, lo hicimos en extraña, completa soledad. O no tan extraña: es muy particular la psicología del norteamericano medio. Cuando visitamos el museo había un buen número de visitantes (pero yo era apenas el segundo argentino en hacerlo, por lo menos, eso parecía indicar el alfiler clavado en el mapa mundial de visitantes) procedentes de las partes más diversas de USA. Algunos de ellos también consultaron sobre el sitio del accidente, y recibieron las mismas respuestas que nosotros: soledad, lejanía y prohibición. Y bastó para desalentar a (casi) todos. El norteamericano medio emprendería esa travesía dotado de un equipamiento ultra sofisticado, cómo no (mientras que nosotros, bien latinomericanos, nos bastaba con unas botellas de agua y el tanque de combustible lleno) y, menos aún, si el “gobierno” u otra umbrosa fuente prohibía el acceso. Como ya he anticipado, a seis millas, unos diez kilómetros de donde el GPS no señalaba el sitio de la caída, una cerca, cerrada, nos prohibía el acceso. Pero el estar ahí también sumó otras respuestas:

La cerca

Respuesta A: Brazel no estaba entonces lejos del sitio donde cayó el objeto no identificado, lo que explica que en la mañana, en pocas horas, pudiera localizar el lugar. Si su rancho hubiera estado más alejado, como los otros de la regiòn, difícilmente hubiera determinado con precisiòn el punto, en una geografía monótona con difíciles referencias visibles.

Respuesta B: Comenté que la extensísima propiedad pertenecía desde 1998 a una empresa: “L&S Cattle Co”, dedicada a actividades ganaderas. Pues bien: sólo se observan doce vacas. No es zona de pastizales por miles de kilómetros cuadrados, y no se entiende semejante extensión para un número tan exigüo de animales. Pero hay más, una búsqueda en Internet muestra la presencia de otras empresas “L&S”…. pero ésta, en Nuevo Méjico, cuando menos en la web, no existe con sitio propio, apenas una referencia en páginas de indexaciones comerciales o estadísticas del estado.. Estoy totalmente convencido que es una “tapadera”, una cubierta de otras operaciones.

Frente al portón cerrado

Tomamos unas fotos en el lugar, grabamos algún audio y tiramos un video, y nos regresamos. Con la firme determinación (y un plan en mente) de obtener medios para ingresar más adelante. Pero, cuando menos, estaba clavada la pica en Roswell.

Ah, bien. ¿Conclusiones?. Alguna vez me pregunté si se trataba de prototipos de los tan mentados “ovnis nazis” re-experimentados en la zona. No me terminaba de convencer la “hipótesis extraterrestre”, por ejemplo, por la gran cantidad de “accidentes de ovnis” en la regiòn en trece años que pasan a ser esporádicos y repartidos en toda la

El próximo campo de aviaciòn, que aún conserva un área militar, opera con avanzadoa tecnología que sobrevuela el lugar.

superficie del globo luego de 1952. Pero hay cosas que viendo el material son evidentes: no había otros grupos militares buscando nada; sólo los del 509º recogiendo restos. Es evidente también, el enorme esfuerzo militar y gubernamental en tapar algo, esfuerzo no solamente de esos años sino de décadas siguientes, y aún hoy. Deentonces, admitir que -nuevamente- la hipótesis de caída d euna nave extraterrestre recupera méritos

A la distancia, el rancho que fuera de Brazel

propios. Tantos, como para regresar, posiblemente en un año, a seguir investigando.

 

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Conferencia OVNI de Gustavo Fernández en Estados Unidos

Posted by Gustavo Fernández en 29-05-2017

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OFICIAL: LOS CHEMTRAILS EXISTEN

Posted by Gustavo Fernández en 16-04-2017

“Es paranoia”, nos decían. “No tiene sentido fumigar la atmósfera con químicos”, nos decían. “No tiene validez científica” nos decían.

Y ahora, según informa el periódico inglés “The Guardian”, ocurre que, oficialmente, sí existen.

Los profesores de Harvard, David Keith y Frank Keutsch quieren fumigar el cielo con óxido de aluminio y otros químicos para “experimentar” con geoingeniería. Lo llaman Solar Radiation Management (SRM), Gestión de Radiación Solar, ya que el propósito de estas fumigaciones es tapar el sol para supuestamente combatir el cambio climático.

Tal como informa el periódico británico, The Guardian:

 

“Científicos americanos realizarán pruebas de inyección de aerosoles en la estratosfera de la tierra, a una altura de 20 km, en el mayor programa de geoingeniería solar hasta la fecha con el objetivo de estudiar el potencial de una solución tecnológica para paliar el calentamiento global.

El proyecto ha recibido 20 millones de dólares y en unas semanas será puesto en práctica con la intención de valorar si la tecnología puede simular de forma segura los efectos de enfriamiento provocados en una erupción volcánica por si en un futuro fuese necesario su uso para proteger el planeta.Los científicos afirman que el planeta podría ser recubierto por un escudo solar por 10 millardos de dólares al año.

La propuesta llega por un plan de las Naciones Unidas llamado “Iniciativa gubernamental de geoingeniería” y de otra propuesta del Carnegie Council llamada “Iniciativa gubernamental de Geoingeniería Climática Carnegie”. Igualmente, el director de la CIA, John Brennan, ha propuesto que se fumiguen los cielos con el programa Solar Radiation Management (Gestión de Radiación Solar) para combatir el cambio climático”.

Por supuesto, ahora nos dirán que estos Chemtrails no tienen nada que ver con la teoría de la conspiración que supone tanto la modificación del clima (pero no con fines benéficos y humanitarios, sino, por el contrario, para desbalancear economías), el control de la conducta humana, etc.

Si ya mintieron una vez, ¿podemos confiar que no seguirán haciéndolo?

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“Los OVNIs y el futuro de la Humanidad”: Conferencia en Estados Unidos

Posted by Gustavo Fernández en 06-04-2017

Allá vamos!

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Illuminati & Extraterrestres: la conexión Rockefeller

Posted by Gustavo Fernández en 17-12-2016

Estimados lectores:

Recomendamos la lectura de este trabajo en nuestro blog hermano, http://www.institutoplanificador.wordpress.com :

https://institutoplanificador.wordpress.com/2016/12/16/illuminati-extraterrestres-la-conexion-rockefeller/

 

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TERROR EN LA MONTAÑA DE LA MUERTE

Posted by Gustavo Fernández en 24-03-2015

“A mi parecer, no hay nada más misericordioso en el mundo que la incapacidad del cerebro humano de correlacionar todos sus contenidos. Vivimos en una plácida isla de ignorancia en medio de mares negros e infinitos, pero no fue concebido que debiéramos llegar muy lejos.”

(Howard Phillip Lovecraft)

Entre los centenares de casos extraños, enigmáticos, que he investigado y conocido a través de los años, pocos tienen el misterio, el terror y las incógnitas del llamado “caso Dyatlov”, ocurrido en Siberia, en 1959.
picture04Un grupo de nueve personas –ocho estudiantes de Geología y su profesor- deciden atravesar el Paso Dyatlov, al pie de la montaña llamada Otorten, (en los Urales) territorio de la etnia “mansi” (el paso sería llamado así precisamente luego de ese desastre, en recuerdo del apellido de su líder). En dialecto mansi (la etnia originaria de la región), precisamente, esa montaña, mal traducida en los mapas como “Montaña de la muerte” tiene un nombre mucho más sugestivo y espeluznante. “Otorten” significa, precisamente en mansi, “no vayas allí”.

index_Dyatloff_IgorY seguramente el grupo tendría que haber hecho caso de este consejo quizás centenario, pues desde siempre en la regiòn abundaban las leyendas de desapariciones misteriosas, extrañas luces y no menos extraños humanoides. Pero el aguerrido y juvenil grupo (fogueado en muchas otras expediciones montañesas) no iba a hacer caso, en esa Rusia comunista de pensamiento pragmático y materialista, de monsergas de ancianas.
El grupo estaba integrado por Igor Dyatlov, líder del grupo, 23 años, Zinaida Kolmogorova, 22 años, Liudmila dubinina-y-tiboDubinina, 21 años, Aleksandr Kolevatov, 25 años. Rustem Slobodin 23 años. Yuri Krivonischenko 24 años.Yuri Doroshenko 21 años, Nicolas Thibeaux-Brignollel, 24 años, y Alexander Zolotarev, 37 años. Yuri Yudin fue el único sobreviviente: sintiéndose afiebrado, decidiò quedarse en el campamento-base del pueblo, el 1 de febrero de ese año, en que el resto de sus camaradas emprendiò la que sería su última travesía.
Durante una semana no se tuvo noticias del grupo de jóvenes, hasta que las autoridades locales, preocupadas por su demora, exigidas tanto por Yuri como por las familias que desde lejanas ciudades llamaban en busca de noticias, salió en direcciòn de sus pasos. Y lo que hallaron aún hoy estremece.

9e721581578eLos nueve habían muerto, de una manera que se supone horripilante. Algunos, con todos sus huesos destrozados, como si hubieran caído de gran altura –pero fueron hallados en un claro del bosque, en terreno completamente llano- Otros, tenían enormes tajos en sus cuerpos. Otros más, horriblemente, parecían haber sido parcialmente devorados o cuando menos arrancadas sus carnes. Otro más, le había saido extraída la lengua. Una de las mujeres tenía el cuello roto con la cabeza girada en ciento ochenta grados, y la otra, en lo que parece ser el epítome de la extrañeza, presentaba terribles quemaduras, sólo compatibles con una violenta exposiciòn a radiación. Incidentalmente, tres de los hombres también presentaban huellas menores de radiaciòn superior a la media normal.
¿Qué había ocurrido?.
6a719aa1fa841fef183905e2cd146803Huelga aclarar aquì que aún hoy el caso permanece insoluble para investigadores civiles y militares, pese a haberse destinado ingentes esfuerzos y recursos para explicarlo. Quedó claro, sí, que el grupo viviò horas de terror antes de su trágico final. En la carpa donde se cobijaban aparecían profusos cortes a cuchillo. Unos, horizontales y cortos, del lado que miraba hacia el bosque: posiblemente hechos con sigilo y aprensiòn para observar y vigilar algo que les perturbaba en esa direcciòn. Pero otros eran en todas direcciones, enormes, hechos evidentemente en un estado de paroxismo. Hechos para huir, para escapar frenéticamente de algo que se acercaba. Todos los cuerpos excepto uno estaban descalzos, lo que probaba que en el terror habían escapado de la carpa sin tomarse siquiera tiempo para calzarse.

Claramente distinguibles los cuidadosos cortes horizontales (para observación) y los frenéticos verticales (para huida)

Claramente distinguibles los cuidadosos cortes horizontales (para observación) y los frenéticos verticales (para huida)

Las simples cámaras fotográficas de entonces tenían algunas sorpresas. Las primeras fotos muestran un grupo divertido y relajado, acostumbrado a compartir vivencias al aire libre y paseos. A medida que se avanza en los carretes, las fotos son más esporádicas y más “funcionales”: perspectivas del bosque, de la montaña. Y recientes estudios han hallado que la anteúltima foto muestra lo que parece un enorme ser bípedo, humanoide, emergiendo del bosque. Cualquier duda que pudiera tenerse respecto a lo que muestra la imagen se desvanece cuando se lee que en su libreta de notas, con trazo tembloroso y como frase final, uno de los estudiantes escribiò: “El hombre de las nieves existe”.

La última foto, desenfocada, tomada de noche a lo que parecen ser extrañas luces en el cielo, arroja más preguntas que respuestas. Fue pocos minutos antes del trágico desenlace.

¿Qué ocurrió?

Muchos investigadores estamos de acuerdo que la muerte de este grupo de personas se debiò al ataque demencial de tentun “alma”, palabra que en “mongol” significa “hombre salvaje” y es como se conoce al “yeti” o “abominable hombre de las nieves” en Rusia. No debe extrañar al lector su dilatada geografía: antropoides gigantescos, mitad humanos, mitad primates, han sido reportados no solamente en Asia sino en Estados Unidos (“sasquatch”), Australia (“Yowuie”) y Argentina y Bolivia (“Ukamar Zupai”). Ciertos estudiosos creen que se trata del “eslabón perdido”, o supervivientes de alguna especie homínida que no logró desarrollarse y extenderse en el globo. Otros –entre quienes me incluyo- tenemos fundadas razones para suponer que se trata más bien de una entidad extraterrestre o proveniente de una dimensiòn o mundo paralelo, por fantástica que esta posibilidad parezca.
Las extrañas luces que aparecen en el cielo en la última fotografía (y que en algún momento fueron interpretadas como “OVNIs”) resultan ser coincidentes, según las investigaciones, con un experimento balístico que precisamente en esas fechas llevó a cabo la ex URSS: el primer lanzamiento de un misil de varias etapas, que debía caer y desintegrarse, precisamente, en la noche del 4 de febrero de 1959 en el monte Otorten.
Hubo una falta de coordinación de las autoridades. Mientras los militares creían que en la regiòn no había nadie, las autoridades civiles del pueblo no sabían del experimento militar y por eso no pusieron reparos a la expedición de los dyatloff_group_poxod_arhiv_alerseya_koskina_51estudiantes. Pero no fue la caída del cohete lo que los mató.
Se sabe hace tiempo que aquellas extrañas criaturas –a las que genéricamente llamaremos aquí “yetis”- tienden a ser retraídas y rehuir el contacto humano. Pero algo ocurre cuando se sienten acorraladas y amenazadas: sobran los testimonios que demuestran que experimentan un cambio aterrador en sus conductas, volviéndose demencialmente furiosas y asesinas y, concretamente en Rusia, hay varios asesinatos de leñadores o viandantes que han tenido lamentables encuentros con estas criaturas. En esa línea de pensamiento, entonces, es muy posible suponer que el yeti y los jóvenes coexistían en esa regiòn del bosque, quizás el primero acechando y vigilando, sin atacar, al segundo (como demostraría la foto donde se le ve a la distancia). Pero cayó el misil, y el críptido (el yeti) enloqueciò.

Ahora bien, ¿porqué afirmar que se trata de entidades “no terrestres” en lugar de, simplemente, postular que es una especie animal desconocida?. En este caso particular, precisamente por el tipo de heridas atípicas descubiertas en los

La zona del campamento, en la actualidad y en verano.

La zona del campamento, en la actualidad y en verano.

cadáveres. ¿Qué animal, simple animal, por desconocido que sea, es capaz de provocar “quemaduras asimilables a radiaciones desconocidas”?. Esta sola prueba documental evidencia el origen no terrícola de la criatura. ¿Qué otra alternativa cabría?. Otra vez recordando a Lovecraft, entonces, uno tendría que pensar en extraños entes procedentes de otro lejano confín del Tiempo, del Espacio o de una Dimensión Paralela, que al materializarse, manifestarse en nuestro espacio y momento tridimensional adquirió características de horror que sólo el genio de Providence pudo haber entrevisto en sus pesadillas.

Monte Otorten. “No vayas allí”. Si tan sólo, detrás de las sonrisas, hubieran hecho caso…

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CONGRESO ARGENTINO DE INVESTIGACIÓN OVNI Y CONTACTOS EXTRATERRESTRES

Posted by Gustavo Fernández en 16-01-2015

 congreso1, 2 y 3 de mayo de 2015 – Centro Cultural Juan L. Ortiz, Racedo 250, Paraná, Entre Ríos.

ORGANIZA: IPEC (Instituto Planificador de Encuentros Cercanos)

 

Conferencistas confirmados al 15/01/15:

– Adhemar Guevaerd

(Director revista UFO de Brasil)

– Adolfo Gadin Ocampo (Bs. As.)

Director UNIFA

– Daniel Postizzi (Bs As.)

grupo CICOA, Analista Fotográfico

– Fernando Diz (Capilla del Monte)

Periodista. Conductor de “Cielos Profundos”

– Dr Alberto Luis Reynoso (Rosario, Sta Fe)

Abogado, autor

– Claudio Calistro (Bs As.)

Periodista. Contactado

– Oscar Mendoza (Santa Fe)

Analista

– Eduardo Grosso (Bs As.)

Analista de “visitantes de dormitorio”

– Norberto Medina (Río Cuarto, Cba)

Investigador abducciones

– Andrea Pérez Simondini (Bs As.)

Investigadora. Desclasificaciòn documentos oficiales

Con sumo placer informamos formalmente de la realizaciòn de este Congreso, cuyo organigrama responderá al siguiente detalle:

Día 1: Por la mañana, recepciòn y alojamiento de Asistentes, Conferencistas e Invitados. Por la tarde: Reuniòn plenaria de ufólogos a puertas cerradas, de 14 a 20 hs (con receso). Cena de camaradería.

Día 2: De 9 a 12 horas: Reuniòn plenaria deliberativa. De 14 a 20 hs: Conferencias públicas.

Día 3: De 10 a 13 y de 15 a 20 hs. Conferencias públicas.

Participaciòn: Investigadores (independientes o que acrediten pertenencia a grupo privado). Gratuita. Los investigadores acreditados como tales tendrán alojamiento preferencial y otros beneficios en trámite.

Público en general (a los dos días de conferencias): $ 200

Al público asistente de otras localidades se les gestionará a su pedido alojamiento.

En sucesivos boletines iremos dando mayores precisiones de conferencistas, temarios, asistencia al visitante, etc.

Mayores informes: gusfernandez21@yahoo.com.ar

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UFÓLOGOS MIRÁNDOSE EL OMBLIGO

Posted by Gustavo Fernández en 28-08-2014

-orangeland-invaders-1440x900-hd-wallpaperTal como he comentado en otro artículo (“Ufología argentina: ¡qué bonita vecindad!”. Lo de “bonita vecindad”, por si algún distraído no se dio cuenta, es una referencia al Chavo del 8), percibo con una mezcla extraña de hastío y melancolía como la Ufología (u “Ovnilogia”, si así lo prefieren) se precipita irremediablemente a ser un mero pasatiempo de jubilados. En parte, porque quienes formamos las “filas activas” de los años ’70 y ’80 avanzamos gallardamente hacia la sexta década de nuestras vidas (cuando ya no se la ha franqueado), ya sea porque la naturaleza misma de la actividad nos transforma más en un “club social” que en francotiradores contestatarios de lo académicamente aceptado. Legiones de colegas que siguen acumulando fichas de avistajes en la comodidad de sus computadores (lo que les ahorra a sus eventuales señoras el incordio de esas pilas desprolijas de carpetas acumulando polvo), chupando un frío de órdago en interminables “noches de observación OVNI”, “alertas OVNI”, “cacerías OVNI” que en el mejor de los casos suma algunas fotos o videos de sugestivos puntos luminosos moviéndose en lontananza;  simposios, congresos, encuentros y mesas redondas donde el código de barrio de la amistad impera a la hora de confeccionar la lista de oradores invitados y el “dernier cri” de la moda ufológica “pret à porter”: los cafés ufológicos. Cálida idea para reunirse en helados inviernos o verano tórridos (dependiendo del aire acondicionado) donde cada uno, cada una, expone algunas ideas que son oídas con educación y discreción por los demás, que en honra de la urbanidad y el compañerismo nunca se debaten con la profundidad que merecen, para pasar ipso facto al relato de anécdotas y alguna casuística relevada -¿investigada?- personalmente, intercambiar mails y tarjetas y despedirse con un amable abrazo. Congresos que en general no son tales, porque lo que define a un congreso debe ser su carácter deliberativo, y no una sucesiòn de conferencias y exposiciones (y una “mesa final” donde se firma un “manifiesto” de circunstancias no es deliberaciòn alguna). Actividades que se organizan para la foto, para avasallar Facebook con posteos de imágenes que quieren presuponer una “intensa actividad desplegada”, recordar el año que transcurre y sonreír pensando en cuántas cosas se hicieron…
Pero, como siempre, una cosa es la cantidad, y otra la calidad.
Quizás allá a principios de los ’70 –cuando uno mismo se iniciaba en estas lides- no estuviéramos haciendo las cosas mucho mejor. Pero se conserva el recuerdo de la intensa interactividad entre investigadores y grupos de investigación. Se intercambiaban los tímidos boletines hechos por duplicación o mimeografiado, y se leían. Alguien dictaba una conferencia, y allí asistíamos, donde el encontrarse y departir con otros que caminaban las mismas sendas era la oportunidad colateral y agradable porque, claro, íbamos a ver qué aportaba el otro. Y, por supuesto, cuando alguien “del palo” lanzaba un libro, corríamos a comprarlo y devorarlo porque sabíamos que eso sumaba.

Hoy, no es necesario siquiera tomarse el tiempo de desplazarse hasta el evento de alguien, o abrir la billetera en la librería (o la tarjeta de crédito en Amazon) porque muchísimo material “del otro” está allí (aquí) disponible: la Internet. Pero casi nadie lee a casi nadie. Escribimos, posteamos, pregonamos a los cuatro vientos lo que hacemos y de casualidad nos enteramos lo que el ufólogo de la otra cuadra está haciendo en este momento. Y cito dos ejemplos personales: cuando decidí relanzar el Instituto Planificador de Encuentros Cercanos, supuse que resultaría una propuesta interesante para otros investigadores. Esperaba ideas, sugerencias, aportes de emprendimientos, críticas –de las que siempre se aprende- Estaba decidido a salir a trabajar al terreno con gente y propuestas, metodologías y equipamiento, de manera “agresiva”. Debo decir que, excepto un referente histórico como Fernando Diz (reputado ufólogo de Capilla del Monte, Córdoba, Argentina) y un puñado de gente que dijo ¡presente!, nadie se dio por enterado. Creamos un blog para dar lugar a cualquiera a presentar sus actividades y trabajos. Seguimos esperando. Propusimos temas para debatir (como este “Aporte para un paradigma espiritual en la investigación OVNI”) y las opiniones son de los queribles y previsibles lectores de siempre. Y en una “lista de correo” donde hace unos días se discutía someramente el “lado espiritual” del tema OVNI, intervine sugiriendo repasar algunas ideas de este trabajo que había difundido en esa misma lista una semana antes. Sólo un miembro lo había leído. Y dos amablemente me respondieron que lo dejarían para más adelante “por su extensión”…

Me conformaría suponer que se trata, simplemente, que soy un absoluto desconocido en ámbitos ufológicos. Pero ocurre que no. Muchos de esos colegas ponen “me gusta” en cuanta publicación mía en Facebook, me siguen en Twitter (ah, por si les interesa: es @gusAFR), nos cruzamos en alguna Feria del Libro o algún Congreso donde soy invitado (o donde lo “era”, antes de estos comentarios) y por allí andan las inevitables fotos, sonrientes y abrazados. Pero de debate, en el sentido más respetuoso y civilizado de la expresión, nada.

Y luego están, cómo no, los canalizadores, los contactados, los Icke y los Parserisa, los que “no necesitan” investigar porque tienen conexiòn con la Fuente Cósmica o decodificaron sus genes atlantes. Entiéndase bien: no instituyo un Instituto Planificador de Encuentros Cercanos para burlarme de quienes alimentan estas vertientes: lo hago, precisamente, para sentarnos juntos a sumar. Qué más quisiera yo que un canalizador derribe con su evidencia los muros de mi resistencia. Pero llegados a ese (este) punto, hasta ahora, las respuestas son siempre las mismas: un consejo, mezcla de buen amigo de café y resumen dominical de Paulo Coelho, una sugerencia que a cada uno le “resuena” lo que le tenga que resonar.
Y es que, precisamente, mi idea era que ese canalizador y ese “investigador de tuercas y tornillos” se sienten juntos a intercambiar. No como se hace hoy por hoy en algunos congresos, donde se les invita y, claro, allí están las cámaras y allí está el público sonriente y allí están los organizadores que los quieren juntitos y consensuados. No. Hablo de reunirnos casi en anonimato, donde la foto es lo de menos, para debatir, para intercambiar, para proponer mutuamente, para salir al campo, uno con su equipo el otro con su espíritu y cruzar después las mutuas experiencias.
No sé siquiera si es una buena idea. Por lo pronto publico esta nota aquí, en “Al Filo de la Realidad” y no en el blog del IPEC con la fútil esperanza de más lectores. Pensándolo bien, no sé siquiera si es una idea original. Pero es, cuando menos, una propuesta de acciòn. Menos favor le haremos a la Ufología quedándonos, simplemente, mirándonos el ombligo. Aunque sin duda es lo que algunos (por intereses creados o por simple ceguera intelectual) es lo que preferirían que sigamos haciendo. Eso, o permanecer de pie, mirando al sudeste…

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