AL FILO DE LA REALIDAD .com.ar

Ovnis, Civilizaciones Desaparecidas, Parapsicología y Esoterismo.

Archive for the ‘Contacto Extraterrestre’ Category

Ya falta menos: NUEVO VIAJE GRUPAL DE APRENDIZAJE A MÉXICO con Gustavo Fernández

Posted by Gustavo Fernández en 03-06-2017

VIAJE GRUPAL DE APRENDIZAJE ANCESTRAL A MÉXICO

con Gustavo Fernández

Del 8 al 19 de octubre de 2017

Toda la info en nuestro blog “Movimiento Chamánico”: https://movimientochamanico.wordpress.com/2017/02/19/viaje-grupal-de-aprendizaje-ancestral-a-mexico-2/

En Facebook: https://www.facebook.com/events/730963220401722/?active_tab=about

Saludos cordiales

 

El Equipo de AFR

Posted in Arqueología Revisionista, Contacto Extraterrestre, Indigenismo, Revisionismo histórico | Etiquetado: , , | 2 Comments »

EL EGIPTO DESCONOCIDO (4): CLAVES DEL ESOTERISMO EGIPCIO

Posted by Gustavo Fernández en 02-06-2017

Textos del Libro de los Muertos, escritos en las paredes de una Casa de la Vida

No puedo precisar con certeza cuándo comenzó mi pasiòn por Egipto, aunque sin duda fue de la mano de aquellas lecturas infantiles en la revista “Billiken” que llegaba a la casa paterna todos los sábados por la mañana. Le siguieron otras lecturas más extensas y profundas en la adolescencia. Llegó luego Erich Von Däniken y “Recuerdos del Futuro”, y su propuesta de la intervención extraterrestre en las megalíticas construcciones.

Pero no fue hasta allá por 1977, cuando mi ingreso en la Orden Hermética y Pitagórica, cuando comencé a escuchar, primero con racionalista escepticismo y luego con el corazón, sobre las claves esotéricas que el maestro Pitágoras había recibido en ese Egipto tan cercano entonces (siglo VI A.C.) a su propia ancestralidad, cuando aún la colonización

Isotipo de la Logia “Ad Lucem Per Voluntatem” de la Orden Hermética y Pitagórica

helénica no había matizado y ensombrecido los evos arcanos. A partir de entonces, certezas y suposiciones, conceptos anotados unos, practicados otros, hasta que el fluir de la vida me permitiera comenzar –porque todo es un eterno comienzo- a revisar las fuentes en el terreno. De ese andar habla este artículo, siendo el objetivo introducirles en el Esoterismo Egipcio. Pero, ¿cómo compartir, sin violar la discreción de un Conocimiento que –como desde siempre se enseña- debe ser dado a quien se decida a buscarlo?.

Decidí, entonces, compartir algunas grageas, algunas píldoras de esta Sabiduría. Presentando unas breves, otras más extensas, unas imbricadas con otras, algunas aisladas.

Los secretos del corazón son los bienes más preciados para actuar en inteligencia con la armonía del mundo. Ése es el metalenguaje del “juicio al corazón” expresado en el Libro de los Muertos, alimentando la convicción que si el mundo visible no cae en el caos o la inercia y se destruye, es gracias a su conexiòn con la fuente invisible de la vida.

El Cristianismo toma de la sabiduría egipcia las ideas de un Santo Sepulcro, la Divina Concepciòn, la Pasiòn y la Virgen.

El error de los materialistas es creer que lo sagrado es una fase en la historia de la conciencia, sin comprender que es un elemento en la estructura de la conciencia. El acto simbólico es creador de identidad..

Horus pierde un ojo en su lucha contra Seth, pues éste se lo hace estallar en sesenta y cuatro fragmentos. Precisamente, sesenta y cuatro, como hexagramas tiene el I Ching.

Ojo de Horus

El “ojo” es protector por su significado simbólico, que significa que sólo sirve (es decir, se activa) para quien conoce ese significado. En términos jeroglíficos, “ojo” (“Udjat”) corresponde al verbo “ver”, pero también, “crear”. Para crear, hay que “ver” qué se desea crear, y sólo quien tiene la “visiòn” de ver lo que aún no existe pero creará, tiene el “poder” de estar protegido del mal, ya que éste, siendo oscuridad, es sólo la ausencia de la luz. Si somos víctimas del mal, es que hay zonas en nuestra vida aún no iluminadas por la luz de nuestra voluntad creadora. La voluntad –conciente, concreta, manifestable; no como mera expresión de deseos o de un ego sobrevalorado- protege del mal porque ante ella aquél retrocede. Cuando los judíos, en el Antiguo Testamento –deudores del aprendizaje de sus sabios durante su período de sometimiento en el Nilo- redactaron el comienzo del Génesis como un acto voluntario de creación de la deidad, conservaron la idea simbólica que la Luz se “hace” como manifestación de ese acto, llamando (llamándonos) a recordar el potencial de nuestra Luz Interior. Ésa es nuestro “Aj”, durmiendo en nuestro “Dwat” (Cielo Interior). Porque el Dwat es como símbolo el “cielo” de las deidades, pero expresión macrocósmica del “Dwat” microcósmico en cada uno de nosotros, donde, otra vez, duerme la Luz, el Aj, a la espera de despertar.

Mudra de bendición

El miedo y la angustia existencial, como vacío interno, sólo pueden ser superados por quien es capaz de vencer a la adversidad en su propio terreno. Gracias a la imaginación activa, nutrida con lo simbólico, el ser humano inspirado por Toth (es decir, por la Sabiduría) se sitúa en el centro de la contradicción, en el centro de los opuestos, y los hace complementarios.

Por eso, la práctica de la magia tradicional no busca efectos o milagros, sino establecer una correspondencia, una relaciòn de simpatía entre las partes y el todo para que interactúen en armonía. Se trata, finalmente, de procurar y mantener la armonía entre la Tierra y el Cielo. Eso implica un gran trabajo interior para conocerse, dominarse y transformarse en un auténtico canal de las leyes que dirigen el Cosmos.

Hoy, en este siglo XXI, diríamos que ese proceso de Autococimiento puede tener distintas vías: trabajar operativamente en una Orden Iniciática, terapia, psicoanálisis, meditaciones… pero es indubitable que el cambio, como Transformaciòn (en un sentido alquímico: pasar de algo inferior a algo de orden superior) no es posible mientras que el Autococimiento no sea una cotidianeidad palpable y objetiva. Y quien, estando o sintiéndose aún en una fase “inferior”, “argumente” porqué el cambio no depende de eso sino seguramente de otros factores, haría bien en mirar con ecuanimidad cómo está su vida, luego cómo está la vida de quienes hacen esta propuesta, y sacar algunas conclusiones…

En Luxor

La entrega de ofrendas son también la expresión material de un simbolismo. Cuando se ofrenda trozos de lapizlázuli, por ejemplo, se representaba la reconstrucciòn del Ojo Perdido de Horus. En ese acto, el ofrendante expresaba su intenciòn de reconstruir aquellas cosas perturbadas o desgastadas por el mal o por el paso del tiempo. Cuando ofrendaba plumas, éstas significaban la liviandad del peso del alma y, como ofrenda a Maat, diosa de la Justicia, expresaba con ellas el ofrendante hacerse cargo de lo que habitaba su espíritu, aceptando las consecuencias de ello, es decir, haciéndose responsable –diríamos hoy- de su Karma. Porque sólo quien se hace cargo de su Karma tiene la posibilidad de transmutarlo.

La práctica de ofrendas grupales expresa otra idea: la de que una sociedad sin vivir lo “sagrado” no es más que un conjunto de individuos que vivirán juntos, pero jamás reunidos (es decir, re-unidos)

La Merkaba

Todo hombre es un Osiris en potencia, por eso enfrenta a lo largo de su vida múlñtiples oportunidades de “osirificarse”, es decir, de llegar al estado de héroe que acepta el combate para renacer. Si lo evade a lo largo de la vida, indefectiblemente tendrá que enfrentarlo en el más allá; pero los numerosos combates contra Seth –simbolizado por las numerosas batallas de Horus contra Seth- serán cada vez más duras.

No podía hacer este viaje sin acercarme a una palabra muy popular en los ámbitos seudo espiritualistas de Occidente: la palabra Merkaba, Mer – Ka – Ba o Mer – Kha – Bha, como gustan escribir algunos, seguramente porque eso de ponerle unas cuantas “h” en el medio suena más sesudamente intelectual. Lo cierto es que la última traducciòn medianamente confiable que tenía era la expresiòn “vehículo ascensorial de luz”. Esto había llevado a que en el terreno de la Geometría Sagrada, las canalizaciones y otras cosas se discutiera si era tanto una nave espacial etérea como una técnica de meditaciòn. Y en Egipto, las veces que chequeé la expresiòn, con más o menos extrañeza, la respuesta fue siempre la misma: “el cuerpo, como receptáculo del alma y la mente”·

Pero –siempre hay un pero- no el cuerpo de cualquiera, sino el cuerpo del hierofante. Que es como decir, el Sacerdote Iniciado. Y en Karnak, me señalaron el jeroglífico, muy poco común, casi muy extraño, que lo representa: esa especie de triángulo de lados curvos, con un vértice apuntando hacia los cielos…

 

La profunda fuerza del culto a Isis

 Isis no sólo pervivió a través de los siglos transformándose en la Virgen como expresión de la Fuerza Femenina. Lo fue también por la riqueza de su simbología. En las representaciones antiguas se ve siempre detrás de Osiris, no refugiándose ni delegándose a un segundo plano, sino protegiendo su espalda. Según los egipcios, el fluido vital de cada ser recorre la columna vertebral (el “shushuna” de la India, con su Kundalini en ascenso), lo que hace de la espalda el lugar más expuesto a peligros. Cuando presenta alas, es porque activa, aleteando, esa vitalidad. Y su “culto” implica tres pasos:

  • “Reconstituir el cuerpo de Osiris desmembrado por Seth”, que significa reunir en un Todo armónico las fuerzas de nuestra vida dispersadas por las experiencias contradictorias.
  • “Clasificar e inventariar todo lo que contiene la Casa de la Vida y el sarcófago”, es decir, analizar y poner en orden nuestra mente, nuestros sentimientos y nuestro espíritu, disciplinando nuestra inteligencia.
  • “Adorar los misterios del Cielo”, es decir, comprender y respetar las enseñanzas que se reciben, y aplicarlas de manera conciente y sostenida.

La actitud hacia el Mal, cuando aparece en la vida, debe ser de Transmutaciòn. Es decir, de emplearlo para catalizar –en el sentido químico de la expresión, “una sustancia que acelera la transformación de otra”-. Y eso se logra comprendiendo que lo “bueno” del Mal es que aquello que éste no destruye con su acciòn, será inmortal. Eso se simboliza con las “pruebas” que supera Osiris.

 

Mudras

Atrás, en la pared, el jeroglífico de los puños enfrentados. Frente a él, lo reproducimos

 En lo personal me fascina seguir descubriendo como trozos de Sabiduría Universal se repiten (no podía ser de otra forma) en distintas geografías y épocas. Por caso, los “mudras” aquellos gestos y posturas que simbólica y energéticamente son herramientas para manifestar un proceso conciente de transformación. Ya escribí en su momento cuando los encontré –obviamente con otro nombre- entre los Toltecas, en el actual México. También estaban presentes en los antiguos egipcios.

Por ejemplo, esa postura de todo faraón de presentarse con la pierna izquierda adelantada. Eso era porque era la más cercana al corazón. Expresaba que el faraón pondría todo su sentimiento, todo su amor, toda su pasiòn en buscar el “adelanto” (el paso al frente) de los suyos. Por ello, también, era una “postura mágica”; se enseñaba al Adepto que adoptar la postura de pie izquierdo adelante como rutina en la vida facilitaba dirigir sus energías emocionales a favor de su prosperidad.

O la postura llamada “ka” –sí, como el Ka, el cuerpo energético diríamos hoy, de ambos brazos levantados a ambos lados de la cabeza: postura para “ser uno con el Todo”.

“Deret” era el gesto de “bendiciòn” –para llevar paz a terceros- luego perpetuado a través –nuevamente- de los cristianos.

En el centro, el mudra de “ka”, en el dintel de una Casa de la Vida

Mientras tanto, “Nini”, era una reverencia con las manos como cuenco al frente; simbolizaba a la diosa Hathor dejando fluir de sus manos las generosas aguas del Nilo, y garantizaba la prosperidad, bajo el concepto que lo que tenemos es, en puridad, lo que nos es devuelto multiplicado por lo que entregamos al Universo.

O caminar hacia atrás un trecho, moviendo frente a sí los brazos de manera ondulante: significaba a quien barre una habitación saliendo de ella, expresando que el lugar estará de nuevo “puro e incorruptible”, es decir, favorecer nuestra Regeneraciòn.

Respetaban los ciclos cósmicos como vivos, por lo cual entendían que debían “dormir”. Ése era el sentido de los “días epagómenos”, o “Días Olvidados”, los último cinco del calendario de 365 que ya tenían, donde las actividades se reducían al mínimo indispensable para que nuestras energías vitales (nuevamente, reflejo microcósmico de lo Macrocósmico) tomaran nuevo impulso. Además y por esa misma razón, son días peligrosos, en los que deben extremarse los cuidados. La existencia de estos días (y por ende, este calendario) es, cosa interesante, de los conocimientos más antiguos que se han conservado, ya que forman parte de los afamados “Textos de las Pirámides” y aparecen en Heliópolis citados en un calendario fechado… ¡en el 4.241 antes de nuestra era!.

En el centro, el jeroglífico de “heka”

Pero de lo que no se habla es de lo que deberíamos hablar: descubrir que uno de los rituales más antiguos era el de la “piel – cuna”: mucho, muchísimo antes, milenios antes que comenzara a practicarse la momificaciòn se celebraba con los difuntos este rito. En contra de la opinión instalada, que la elaborada momificación en la “Casa de los Muertos” es la evoluciòn de la simple momificaciòn natural por exposición a los elementos (el Sol, la arena, la sequedad ambiental de Egipto), ésta deviene de la costumbre mortuoria de colocar a los difuntos dentro de la piel de un animal –generalmente un chacal-  para que Anubis lo llevar a Sirio, ya que la primitiva religión egipcia era un religión estelar, donde el “más allá” era, concretamente, la continuidad de la vida del cuerpo astral –el Ba– sobre otro cuerpo planetario.

En la vida –enseñaba el visir Ptahhotep- “debemos renacer permanentemente y no estancarnos bajo ningún concepto. Debemos aspirar a ser “unen nefer”, “el-perpetuamente-renovado” (“Máximas d ela palabra cumplida, papiro del 3.000 A.C.)

Cada obstáculo de la existencia es una prueba, jamás una barrera. Ella contiene la energía y el poder que debemos integrar en nosotros mismos, y para ello debemos “romper su cascarón” y alimentarnos: eso pasa cuando superamos la prueba. En sus “Máximas”, Ptahhotep enseña:

  • “Quién no escucha es ignorante y agitado, quien entiende y comprende, establece e inspira confianza”
  • “La energía creadora se encuentra en todas partes, tanto en lo animado como en lo no animado. El sabio debe aprender a servirse de ella, sabiendo que nunca será su dueño”
  • “No provocar en los demás acciones de furor u hostilidad, pues éstas perturban nuestra energía”
  • “Dar y no tomar. Así se actúa en compañía del Poder divino, confiere al actuante una fuerza auténtica”.
  • El amor nutre la energía; ella nutre al amor”
  • “Lavar el vientre y purificar el corazón para no contaminar la enseñanza”.
  • “El ser perpetuamente descontento de todo es una desgracia para su entorno”.
  • “Una condiciòn del éxito: siempre proponerse llevar a cabo cosas elevadas”.
  • “Quien sigue a un hombre mediocre, deviene mediocre”.

Entre los secretos egipcios, está la doble funciòn de las palabras. Veamos una: “Heka”, significa “magia” pero también el uso conciente (mágico) de un cierto instrumento. Heka se compone de “he”, nudo y “ka”, energía. Y remite al hecho que hay gente que sabe “hacer el nudo” pero no pone vida y energía. Otrtos saben proyectar su energía, pero su acciòn es dispersa y confusa. Por eso, Ptahhotep enseña: “Sumergir el corazón y ordenar la boca” (hace runa instrospecciòn para verter los pensamientos adecuados a través del Verbo, que es energía creadora).

 

Cenotafios y parapsicología

Los egipcios crean el “cenotafio”, tumba sin cuerpo, que es la tumba para el alma. Pero su naturaleza no era la de un simple monumento “recordatorio”, sino un instrumento para ser impregnado de una esencia. La esencia del individuo que trascendía su unicidad, y que me da pie a esta teoría.

Más allá de lo que los papás de uno pensaban cuando por sobre la cuna miraban a ese rozagante bebé que años después se transformaría en quien esto escribe, todo se complota en convencerme que nacemos con ciertos destinos prefijados. Que aunque, por ejemplo, uno sueñe con ser un intelectual más del montón, razonablemente tolerado por sus congéneres, las cosas ocurren para demostrarnos que ni siquiera somos dueños de nuestras ideas. Es el tipo de cosas que suelen pasarme: no puedo evitar la compulsión, a lo largo de los años, de volcarme a actividades o proponer cuestiones que despierten el sarcasmo, la burla escéptica o el escándalo. Me pasó cuando decidí ser parapsicólogo, me volvió a ocurrir cuando, en vez de apoltronarme en la comodidad conceptual de una parapsicología científica, opté por volcarme al Ocultismo, o cuando viajé en busca de extraterrestres en el pasado argentino por toda nuestra dilatada geografía, o cuando no tuve mejor idea que irme de paseo a hacer experiencias parapsicológicas a la cumbre del Aconcagua, o cuando fui en busca de extraños seres en la Caverna de las Brujas, o cuando tras una improbable, gigantesca serpiente acuática hice decenas de kilómetros en una temblorosa piragua por el río Pilcomayo, o las noches cuya cuenta he perdido en cementerios a la caza de fantasmas, o….

O cuando, como ahora, mientras leía atrasados artículos sobre los últimos experimentos sobre clonación, una idea se filtró en mi mente y, aún en contra de mi voluntad, creció hasta convertirse en una teoría. Una teoría que, debo reconocerlo, empieza a gustarme. Y que me parece absolutamente dictada “desde afuera”. Es feo eso de sentirse un instrumento pero, en fin, si el destino es ser canal de algún metafísico registro akhásico, no será un servidor quien se resista. Así que con la tranquilidad que da creerse entonces poco responsable de lo que uno dice, aquí va esta propuesta.

Que consiste básicamente en repasar –y concatenar- tres instancias: una biológica y genética –la clonación– otra esotérica –la reencarnación- y una parapsicológica –el así llamado “punto de anclaje”-. Y, si me apuran, una cuarta: lo extraterrestre –a través del conocimiento legado por visitantes en la antigüedad-. Repasemos algunos conceptos y aclaremos posturas frente a los mismos.

De la clonación no hay mucho interesantemente nuevo que pueda decir –perdón, escribir-. En mayor o menor grado, todos han escuchado de ese sistema novedoso –o no tanto, ya que sus fundamentos figuran en manuales de divulgación científica de sesenta años atrás- que consiste en copiar seres vivos –incluso humanos- reproduciendo el patrón genético de un sujeto en células soporte de otro individuo. Sobre este apasionante campo se ha generado una discusión más filosófica que técnica y de una dudosa moralina. En efecto, las iglesias han cuestionado la ética de clonar seres humanos, por aquello de la biodiversidad y que cada fulano que camina sobre el planeta es único e irrepetible; considero, sin embargo, que no sólo se ha enfocado erróneamente la cuestión, sino que incluso se ha informado malamente a la población, acudiendo a cuestionables golpes bajos emocionales (¿”qué pasaría si se clonaran muchos Hitler”?, es la tontera más habitual) para responder a oscuros intereses. Y nunca mejor empleado lo de “oscuros”. Lamentablemente, por estrechez mental o por maquiavélicas razones, muchas de las religiones dominantes hoy en día se han opuesto durante siglos al avance del conocimiento en todas sus formas. Antes, se quemaba a sus responsables. Hoy, se les cubre de ridículo, lo que es todavía peor, ya que el ridículo jamás ha creado mártires. Aún más, se les sindica de amorales, y la razón es sencilla: sólo se domina a la gente a través del miedo, y el miedo es hijo dilecto de lam ignorancia. Para controlar a las masas, no hay que dejarles pensar ni informarse sanamente. De donde podríamos inferir lo que vamos a llamar (si les parece bien) la Primera Ley de Fernández: “Toda estructura religiosa o pseudorreligiosa necesitada de bienes y recursos materiales y apoyo político crece numéricamente de manera inversamente proporcional a la masa de información y del buen uso que del raciocinio hagan sus feligreses”.

Porque si se hace un clon de Hitler tendremos un tipo bajito, de cabello chuzo y bigote cortito, gesticulante y pocaspulgas, pero lo realmente importante, es decir, todo lo demás, lo que es mentalmente, espiritualmente, emocionalmente, moralmente, no es producto de la clonación: no existe –eso los científicos lo saben muy bien- un gen del crimen. El ser humano es más que la suma de sus partes biológicas. Los factores ambientales, familiares, culturales, modelan la personalidad, sus virtudes y defectos. No cometamos el error de hablar de una moral de la clonación que necesariamente, para contradicción de las iglesias, sólo es defendible si se niega el espíritu; que no está en el ADN. Mil fulanos fotocopiados físicamente van a ser muy distintos psicológicamente, y esa es la única biodiversidad que cuenta.

¿Hablamos de reencarnación?. No es necesario: si usted está leyendo estas líneas es porque, crea o no en ella, la conoce. Si no, ¿no se habrá equivocado de publicación?.

Pero sí dediquemos algunas líneas a un concepto parapsicológico ni siquiera muy difundido entre los especialistas: el “punto de anclaje”. Llámase “punto de anclaje” a un lugar, objeto o persona que, por la intensidad emocional que conlleva, resulta la única referencia cognoscible para un “paquete de memoria”. Este término (“paquete de memoria”) fue propuesto por el biólogo francés Jean Jacques Delpasse para definir a lo que vulgarmente se denomina “fantasma”, es decir, el residuo psíquico superviviente de una persona fallecida.

El “paquete de memoria”, luego de la destrucción biológica del cuerpo que le contuvo, tiende a “adherirse” a aquello que más significado emocional tuvo durante su vida física. En el estado pseudosonambúlico y desconcertante que atraviesa post mortem, el “paquete de memoria”, quizás no comprendiendo su nueva situación y condición, busca desesperadamente –si en vida ha carecido de la evolución espiritual necesaria para comprender lo que le ocurre y evolucionar a planos superiores de manifestación, “despegándose” así de esta realidad- aquella referencia que le es conocida.

Como está privado de medios sensoriales, su forma de orientarse es el sentir, ya que sólo puede valerse de lo único que tiene porque es lo único que es: psiquismo residual y emocionalidad. Y así como cuando nos perdemos en una ciudad desconocida buscamos puntos de referencia conocidos –una iglesia, el hotel donde nos alojamos, una plaza central o la terminal de ómnibus- el “paquete de memoria” se “fija” –se “ancla”- a lo más importante que jalonó su vida: sus seres queridos, su casa, un objeto muy apreciado o ambicionado, sus propios restos mortales. Ello se transforma, entonces, en el “punto de anclaje”. Los puntos de anclaje explican las viviendas con “presencias”, por ejemplo. Los objetos “malditos”, o las entidades detectadas en cementerios, también.

Bien. Supongamos por un momento que los antiguos egipcios conocieran el efecto “punto de anclaje”, lo que no es extraño, por otra parte, a su religión. Desde que se inició en las tinieblas de la prehistoria, sus prácticas rituales obligan a conservar no sólo el cuerpo, momificado, de sus difuntos, sino sus vísceras en vasijas ad hoc, además de sus tesoros (un buen motivo para “aferrarse” en esta vida), efectos personales de todo tipo y, en ciertas épocas, seres queridos que eran sepultados junto a ellos en sucesivas generaciones. Ellos mismos, en textos de todo tipo, papiros y petroglifos especialmente, señalan la importancia de estas prácticas para que, mientras el espíritu del difunto pueda ascender a los cielos, el “ka”, o doble astral, diríamos ahora, permanezca “vigilante” junto a los restos. De hecho, ellos entendían que la naturaleza humana se dividía en tres planos: “ba”, o cuerpo astral, “ka” o psiquismo, y “aj” o espíritu, como una versión microcósmica y adelantada en siglos al judeocristianismo de una Trinidad a escala humana.

Siempre me he preguntado el porqué de esa obsesión en querer conservar la materia carnal en las mejores condiciones el mayor tiempo posible. La suposición de la ortodoxia arqueológica en el sentido que lo hacían porque, en su ingenuidad supersticiosa, creían que en el futuro “resucitarían” carnalmente, me parece cuando menos una ofensa a la inteligencia que a los propios egipcios le atribuimos considerando sin ir más lejos su arquitectura, su astronomía o su arte plástico. Por otro lado, me parece mucho menos supersticioso que las creencias cristianas contemporáneas que esperan esa misma resurrección “en cuerpo y alma” aún cuando el paso de los siglos, qué digo, de los milenios, reduce a inveterado polvo hasta el más resistente de los huesos. Pero a esto hoy le llamamos, displicentemente, “devoción” y “fe”, y convivimos culturalmente con esa creencia que tantos –universitarios, políticos, intelectuales- consideran lógica. En cambio, cuando suponemos que los egipcios conservaban la materia para que los “dioses” en el futuro le devolvieran la vida al ser, sonreímos sardónicamente y nos reímos de su “ignorancia”. En fin, si eso no es soberbia vana, no sé qué lo es.

Así que mi teoría es simple. Aceptemos una presencia extraterrestre en el antiguo Egipto. Aceptemos que esa presencia fue intelectualizada como “dioses” por el primitivo pueblo violentamente arrancado de su oscurantismo y proyectado como la nación más poderosa de la Tierra en pocos años. Aceptemos que algunos egipcios, particularmente inteligentes, fueron iniciados en los “misterios” de la ciencia extraterrestre. Aceptemos que esos extraterrestres conocían y manejaban la clonación. Y así aceptaremos, entonces, la transmisión, generación tras generación, del dato fundamental que cuando más del cuerpo –especialmente de alguien dominante- se conservara en las mejores condiciones, podría ser clonado –reproducido, revivido- en algún momento futuro.

¿Y qué tiene que ver el “ka”, el “paquete de memoria”, el “punto de anclaje” y toda esa parrafada con esto, dirán ustedes?. Simplemente, que se me ocurre que, aunando ambas posibilidades, los antiguos faraones, los antiguos sacerdotes, nobles y jerarcas militares, conocedores, directa o indirectamente de los grandes secretos científicos traídos por los extraterrestres, sabían como resucitar no sólo en cuerpo, sino también en alma: si el “paquete de memoria” era obligado a permanecer junto a los restos mortales, y si de esos restos podía, en algún momento del futuro, obtenerse un “duplicado”, sólo bastara que el “paquete de memoria”, “anclado” en la tumba, ingresara en el nuevo individuo (el clonado, digo) mediante posesión para que, tres, cuatro o cinco mil años después, Ramsés II, Tuth-Ankh-Amón, Nefertari, Menes o el que fuera regresara a la vida (¿necesito repetirlo?) completamente en cuerpo y alma.

Se me ocurre una –una de tantas, quizás- objeciones que harán ustedes. Pero si el paquete de memoria está “anclado” en la tumba, ¿cómo hará para encontrar ye incorporarse (poseer) su nuevo cuerpo?. Podría decir que, simplemente, a un paquete de memoria la ubicuidad en el tiempo y el espacio no le afecta como a nosotros, prisioneros de la carne, con lo cual tal vez le sería fácil encontrar, deambulando sobre la faz de la Tierra, su nuevo receptáculo. Pero se me ocurre algo más simple y, si se quiere, obvio. Supongamos que algún día los científicos perfeccionan in extremis el arte de la clonación. Supongamos que ceden a la tentación –y la curiosidad- de clonar seres humanos completando las cadenas genéticas, necesariamente deterioradas, de hombres muertos milenios atrás. Supongamos que uno de esos experimentos se hace con tejido de la momia de un faraón, admirablemente conservado. ¿Hace falta mucha imaginación para suponer que el individuo, así clonado y quizás en algún momento consciente de su origen, no podría evitar la tentación de visitar la tumba y los restos de quien, en definitiva, sería su “padre”?. Si cualquiera de ustedes descubrieran que son clones del Tuth-Ankh-Amón, ¿resistirían la tentación suprema de viajar a Egipto para visitar su tumba?. Y allí, esperando, estaría el paquete de memoria…

Es muy personal este comentario, pero debe ser sincero: entre considerarse que los egipcios eran históricamente una masa de cretinos hábiles para obras de ingeniería que nosotros no podríamos reproducir pero imbéciles que creían en una mágica resurrección de tejidos deteriorados a los cuales, por otra parte, deben haber rastreado durante sus milenios de historia ajenos a cualquier resucitación vaticinada, y aceptar una teoría que nos muestre maestros extraterrestres preparando a los habitantes del Nilo en un plan cósmico cuyas consecuencias últimas hoy también nos siguen evadiendo, me quedo con esto último.

Oh, pero no nos preocupemos. Todo esto –seguramente alguien dirá- es sólo el delirio de una mente febril. Quizás.

 

Lo dicho hasta aquí, después de todo, no es más que levantar, un poco más aún de lo que ya ha sido hecho en los siglos pasados, el velo de Isis.

Continuará

Tercera parte: El Egipto Desconocido (3): El sendero Templario

Posted in Arqueología Revisionista, Contacto Extraterrestre, Esoterismo, Psicología Esotérica, Terapias, vida después de la muerte | Etiquetado: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 2 Comments »

El Egipto Desconocido (segunda parte): la conexión cósmica

Posted by Gustavo Fernández en 30-05-2017

Modelo del Arca de la Alianza

(Para leer la primer parte, hacer click aquí)

Antes de profundizar en el ítem que da título a esta continuación, permítaseme ampliar un concepto, regresando a una comprobación señalada en el segmento previo de este informe.

Allí decía que una de las comprobaciones que más me alegraron (pero no sorprendieron, porque iba con ellas en mente) era cotejar mi presunciòn que el volumen interno del sarcófago de la Cámara del Rey se correspondería exactamente con el volumen exterior del Arca de la Alianza. Pero ese “exactamente” tiene, para mí –atenciòn, sólo para mí- algunas licencias. Veamos.

Según el relato bíblico, las medidas del Arca, traducidas al sistema métrico decimal, eran de un metro cinco centímetros de largo, 70 centímetros de alto y otro tanto de ancho. Estas medidas sin considerar argollas externas de soporte, barrales de sustentación, cuatro pequeñas patas para que no toque el suelo directamente y querubines sobre la tapa. El primer problema es que esas medidas son tales sin consideramos que el relato bíblico habla de codos egipcios. Se ha convertido con ese criterio considerando que los tiempos de sometimiento hebreo al yugo del Nilo les impuso la costumbre de aplicar ese sistema de medida. Con igual criterio, empero, podríamos estar hablando de codos babilónicos, toda vez que los judíos también estuvieron esclavizados entre el Éufrates y el Tigris. Tampoco hay consenso entre arqueólogos de cuál sería la medida exacta del mismo por lo que, a todos los efectos, volveremos sobre el codo egipcio.

Sarcófago en la Cámara del Rey

Aceptando éstos, vayamos al sarcófago. Mis mediciones arrojan un largo de dos metros cinco centímetros, setenta y cinco centímetros de alto y otros tanto de ancho. Se preguntarán ustedes: ¿dónde cabe, entonces, el “exactamente”?. Mi concepción es que dicho sarcófago debe permitir que, si como sospecho contuvo el Arca, considere el alto de las pequeñas patas, el ancho de las argollas de los barrales y el largo con los mismos, ya que en la Biblia se explicita claramente que dichos barrales no deben ser retirados nunca. ¿Y los querubines?. Éstos sobresaldrían por la parte superior, cosa perfectamente posible –y hasta de cierta belleza simétrica- ya que el sarcófago jamás tuvo tapa.

Hay algo empero, mucho más importante. Siguiendo el relato bíblico, Moisés recibe de Yahvé las instrucciones para construir el Arca en el Monte Sinaí. Esto es, después de haber huido de Egipto. ¿Cómo casa, entonces aquí, la presunciòn citada en el artículo anterior que la Gran Pirámide contuviera dicho instrumento?.

No voy a repetir lo expresado en miles de ocasiones sobre la posibilidad que el Arca fuera un generador electroestático o de algún tipo de energía. Trataré de avanzar a partir de allí, señalando que la teoría no dice que la Pirámide de Keops haya sido construida para contener al Arca, sino que en algún momento la contuvo, que no es lo mismo. Lo q lleva a replantearse, una vez más, la razón de ser de la única de las siete maravillas de la antigüedad que sobrevive.

A la entrada del Valle de los Reyes. Atrás, la casa que fuera de Howard Carter

La expresión “pirámide”, como se sabe, no es egipcia. Deriva del  griego “pyr – a – mid” que se traduce como “fuego en el medio”, lo que es bastante sugestivo, pues induce a que en tiempos helénicos se tenía perfecta consciencia sobre las propiedades energéticas de la misma. Los egipcios la llaman “beremuaz” que significa “casa eterna del Faraón” pero es un término engañoso, ya que es relativamente moderno y aplica al concepto “oficial” del destino dado a esas construcciones, es decir, tumbas reales. No insistiré aquí sobre las probadas circunstancias que demuestran que jamás fue tumba de nadie, y mucho menos de Kufhu (Keops) el lector interesado encontrará numerosas evidencias con una sencilla búsqueda. Nadie sabe cuál era la denominación original dada en tiempos de su erecciòn. A mí, cuando menos y a tenor de mis propias investigaciones en el campo de la Piramidología a través de los años, me queda claro que es un acumulador de ciertas energías cósmicas, particularmente la que conocemos a través de los tiempos y las culturas como “präna”, “ki”, “chi”, “fuerza ódica”, “vril” y –Willhem Reich dixit- “orgón”. Y si como supongo en realidad fue construida mucho antes de ese 2.800 A.C. que la historia académica le otorga, mucho más evidente es que el Arca fue posterior. Pero esa correspondencia geométrica que señalé no puedo atribuirla a la casualidad; en consecuencia, me planteo cuatro posibilidades:

a) que en tiempos de la erección de la Gran Pirámide ya se hubiera previsto, algún día, la colocaciòn del Arca, siendo ésta, entonces, el fusible faltante de una maquinaria preexistente. Ahora bien, teorizando, ¿para qué y por qué “alguien” construiría esta “maquinaria” para que “a futuro” se le agregara una pieza faltante?. Arrojo una especulación: si los Annunaki diseñaron a la especie humana, para sus fines bien pudieron haber “diseñado” su historia futura. En esa “diseño”, habría un momento en que debería cristalizarse determinadas “fuerzas” o vectores espirituales, expresados simbólicamente en una creencia religiosa. Una creencia sumamente fuerte para conservarse a través de las vicisitudes del Tiempo y que tendría su “recompensa” en darle a sus “sacerdotes” (todo un pueblo) una serie de recursos, conocimientos y capacidades que les ubicaran en posiciones de poder a través de la Historia pese a las múltiples persecuciones.

b) Es posible, también, que el Arca fuera mucho más antigua, contemporánea a la Pirámide, y que su otorgamiento a Moisés por parte de su dios sea una transliteración literaria muy posterior, el apropiarse de una historia ajena hacerla propia.

c) Pero también puedo sospechar que en su huida de Egipto los judíos robaron el Arca. Tengo la sospecha que Moisés era más que un jefe con autoridad sino más bien un hierofante. Eso explicaría que el Faraón, primero, les permitiera irse sin problemas pero luego enviara todo su ejército en frenética caza de los emigrantes, más probable aún si, suponiendo, lo que se buscaba no era alcanzar a los judíos sino recuperar lo que algunos de éstos se habían robado.

d) Y finalmente, es posible también que a través de la historia hayan existido distintas Arcas y la Pirámide el contenedor de una o varias de ellas.

Recordemos, también, que cuando el Arca desaparece luego de la destrucción del Templo de Salomón una de las teorías –quizás la más consistente- afirma que termina en Etiopía, luego de un peregrinaje que la lleva a Egipto, descansando un tiempo en el templo de Philae –en su ubicación original, que no es la actual- y enseguida, y por varios años, en la isla Elefantina. Y esto porque Egipto era un territorio sumamente conocido, históricamente hablando, para los judíos, con el cual seguían conservando estrechos vínculos. Esos vínculos tienen raíces religiosas, extrapoladas luego en su propio culto. Y por esta razón los Templarios honraron a Philae. Pero de eso hablaré en el siguiente artículo.

Relativizaré las cronologías “oficiales, porque en el marco de la inmensidad histórica de este pueblo esas precisiones pueden ser, cuando menos, discutiubles. ¿Cuál es ese marco?. Egipto fue gobernado, en la oscuridad arcana, durante mil trescientos años por los “Héroes”. Luego, durante otros seis mil, por los “Shemshu Hor” (los “compañeros de Horus”). Les siguieron los primeros “reyes” históricos: Horus Escorpión (sí, el famoso “rey Escorpión) en el 3.200 A.C., Horus Ka en el 3.150 A.C. y Narmer –o Menes- unificador de las tribus, en el 3.100 A.C.  Catorce mil años de continuidad dinástica.

En semejante línea de tiempo, debe comprenderse también que la “conexiòn cósmica” trasciende la mediocre concepción de visitas extraterrestres a los egipcios. Tiene que ver con las raíces, arcaicas y no humanas, del “diseño” de un paradigma espiritual (más bien, religioso) para manipular a futuro y a través de los milenios a una Humanidad creada ex profeso a ciertos fines. De la génesis y razones de ser de las Inteligencias que estuvieron detrás del judaísmo estamos hablando.

Barca de los muertos

Antes de continuar, permítaseme señalar una analogía curiosa: el parecido entre el Arca de la Alianza y la “barca de los muertos” que trasladaba a su destino final a la momia del faraón. La foto la tomé en el hipogeo de Ramsés II, en el Valle de los Reyes, y me dejó reflexionando largo tiempo sobre algo que regresaré después, y es que la “tecnología2 d elos elementos que estamos hablando aquí no son ajenos a la propia naturaleza espiritual.

 

¿Fue Moisés yerno de Akhenatón y “esposo” de Tut- ankh-amón?

Sí, ya sé. Nuevamente a más de un lector estas especulaciones –no niego que lo son- les volverán a parecer gratuitas y advenedizas. Que no tengo credenciales universitarias en Historia o Arqueología y ni siquiera en Teología para semejante despropósito. Que cualquier doctorando podría refutar fácilmente mis divagaciones. Que aporto pocas y pobres evidencias, Que…

Pero es también igualmente cierto, aunque peque de un inusual arrebato de soberbia, que ni Schliemann (el descubridor de Troya, ¿recuerdan?) era arqueólogo, ni los hermanos Wright (aquellos del primer avión) ingenieros. Y que a falta de herramientas intelectualmente disciplinadas como las que proveen esas específicas formaciones académicas, desde el solitario puesto de un francotirador de la cultura a uno le cabe la sensación –que sería poco honesto callar, sobre todo poco honesto para con uno mismo- que la Historia que nos contaron no es la verdadera Historia. Y cuando casi insidiosamente “otra” concepción de los hechos comienza a filtrarse en nuestra consciencia poco queda más que sentarse a teclear estas líneas, tratando, confiando, de transmitir las misma intuitiva certidumbre que a uno –un servidor- lo anima.

La columna vertebral de mi hipótesis, creo, está plenamente expuesta en el subtítulo el cual, sin embargo, necesita una aclaración más sobre la que abundaré, de todas formas, a lo largo de este trabajo. Me refiero a eso del matrimonio entre Moisés y quien se supone el faraón de deslucido paso por el puesto pero bien ganado prestigio por la magnificencia de su tumba –y la poca habilidad de los ladrones para encontrarla- Así que, antes que se vea esto como un libelo que remite a arcaicas concepciones de convivencia entre homosexuales, sólo apunta a un juego de palabras que mete una segunda espina en el costado de los enciclopedistas: la convicción de que Tut-Ankh-Amón… era mujer.

Así que para que el benemérito lector no se pierda en un laberinto de cuestionamientos, expongamos brevemente el hilo conductor de nuestros razonamientos: Moisés no fue judío, sino egipcio. Quizás alto sacerdote hierofante del culto al Dios Uno de Akhenatón, debió huir cuando este cayó. Posiblemente casado con una princesa a la que equivocadamente se ha llamado “Tutankhamón”, muerta a consecuencia de un parto de mellizos, Moisés encontró en el éxodo con un pueblo permeable a la concepción monoteísta, irascible, fanático y presto a rebelarse contra la opresión egipcia –el hebreo- el espacio para continuar detentando un poder que había perdido cuando los sacerdotes “revivieron” el culto de Amón. Y ya en camino a la Tierra Prometida, se vale de la creencia en un dios local, menor, cnótico, sangriento, llamado Jehová, para “corporizar” su monoteísmo ya vislumbrado a través del culto a Atón. Otro sacerdote, años después, afirma este culto, y su figura y su persona se diluye luego de los siglos –voluntaria o involuntariamente- con la del otro patriarca, de donde de “dos” Moisés las creencias “construyen” únicamente uno.

Ahora, trataré de construir una teoría.

Ya Sigmund Freud, en su ensayo “Moisés y la religión monoteísta” (Alianza Editorial, Madrid, 1970) señalaba lo discutible de la versión popular que hace de su nombre la traducción de “el sacado de las aguas”, en obvia referencia a la historia que cuenta cómo había sido dejado flotar dentro de un canasto por el Nilo hasta ser rescatado por una princesa egipcia para ser criado en palacio. La forma hebrea activa, Mosche podría significar, a lo sumo, “el que saca de las aguas”. Pero Freud señala astutamente otra cosa: sería absurdo atribuir a una princesa egipcia haberle dado un nombre derivado de la etimología hebrea.

Un autor inglés, J.H. Breasted, en “El albor de la consciencia” (Londres, 1934) escribe al respecto: “Es notable que su nombre, Moisés, sea egipcio. No es sino el término egipcio “mose” (que significa “niño”) y representa una abreviación de nombres más complejos, como, por ejemplo, “Amen-mose”, es decir, “niño de Amón”, o “Ptah-mose”, “niño de Ptah”, nombres que a su vez son abreviaciones de apelativos más largos: “Amón (ha dado un) niño” o “Ptah (ha dado un) niño”. El nombre abreviado “Niño” se convirtió pronto en un sustituto cómodo para el complicado nombre completo, de modo que la forma nominal “Mose” se encuentra con cierta frecuencia en los monumentos egipcios. El padre de Moisés seguramente había dado a su hijo un nombre compuesto con Ptah o Amón y en el curso de la vida diaria el patronímico divino cayó gradualmente en el olvido, hasta que el niño fue llamado simplemente “Mose”. “La “s” final de Moisés procede de la traducción griega del antiguo Testamento. Tampoco ella pertenece a la lengua hebrea, donde el nombre se escribe Mosheh”.

De aquí hay sólo un paso para advertir que algunos de los nombres más popularizados por la divulgación arqueológica comparten esta particularidad: por ejemplo, Ah-mose, Thut-mose (Tutmosis) y Ra-mose (Ramsés).

Aquí nos encontramos con un problema ideológico. Siendo el nombre egipcio es casi natural deducir que podría serlo también su sangre. Sin embargo, el pueblo judío debe el inicio de sus tiempos contabilizados al Éxodo, al patriarca le debe la Ley, y a su sagrado compromiso con la Tradición su monolítica cohesión histórica. Nada podría quizás resultar más subversivo a los oídos de un hebreo que la posibilidad que tanto se le debiera, no a un judío, sino a un egipcio, y que quizás y después de todo, su propia religión no fuera más que una adaptación tardía de cierta religión egipcia. Y si así hubiera sido, por motivos nacionalistas hubiera sido imperativo camuflar las apariencias para transformar a este egipcio en un judío.

En el año 1909, Otto Rank, a la sazón discípulo de Freud, publicó por primera vez sus trabajos bajo el título de “El mito del nacimiento del héroe”. Señalaba este experto que casi todos los pueblos civilizados importantes ensalzaron precozmente, en creaciones poéticas y leyendas, a sus héroes, reyes y príncipes legendarios, a los fundadores de sus religiones, de sus dinastías, imperios y ciudades; en suma, a sus héroes nacionales. Especialmente las historias de nacimiento y juventud de estos personajes fueron adornadas con rasgos fantásticos, cuya similitud, y aún a veces su concordancia textual, en pueblos distintos, algunos distanciados y completamente independientes entre sí, se conoce desde hace tiempo y ha llamado la atención de los investigadores.

Si de acuerdo a las teorías de Rank se reconstruyese una “leyenda-tipo” que destaque los rasgos esenciales de todas estas versiones, se obtendría el siguiente esquema:

– El héroe es hijo de ilustrísimos padres, casi siempre hijo de reyes.

– Su concepción es precedida por dificultades, como la abstinencia, la esterilidad prolongada o las relaciones secretas de los padres, debidas a prohibiciones u otros obstáculos exteriores.

– Durante el embarazo, o aún antes, ocurre un anuncio (sueño, oráculo) que advierte contra su nacimiento, amenazando por lo general la seguridad del padre.

– En consecuencia, el niño recién nacido es condenado, casi siempre por el padre o por el personaje que lo representa, a ser muerto o abandonado; de ordinario se le abandona a las aguas en una caja.

– Luego es salvado por animales o por gente humilde y amamantado por un animal hembra o por una mujer de baja alcurnia.

– Ya hombre, vuelve a encontrar a sus nobles padres por caminos muy azarosos; se venga de su padre y, además, es reconocido, alcanzando grandeza y gloria.

Entre los más conocidos por la historia o la leyenda, Edipo, Sargón, Ciro, Rómulo y Remo, Gilgamesh, Perseo y Heracles son quizás algunos de los exponentes más evidentes.

Moisés, en cambio, representa un caso muy distinto. La primera familia, generalmente noble, es aquí bastante modesta: se nos dice que es hijo de judíos levitas. La segunda, en cambio, la familia humilde en la cual suele criarse el héroe, está sustituída aquí por la casa real de Egipto; la princesa lo cría como hijo propio. Muchos estudiosos se extrañaron ante esta discrepancia de la leyenda típica. Eduard Meyer y otros después de él aceptaron que la leyenda tuvo originalmente otra versión: El faraón habría sido advertido por un sueño profético (esto es mencionado también en las crónicas de Flavio Josefo) de que un hijo de su hija le depararía peligros, a él y a su reino. Por eso hace abandonar en el Nilo al niño que acaba de nacer, pero éste es salvado por judíos, que lo crían como hijo propio. A causa de “motivos nacionales”, como dice Rank, la leyenda habría sido elaborada hasta adoptar la forma que conocemos. Pero la menor reflexión demuestra que jamás pudo existir semejante leyenda mosaica original, concordante con las demás de su especie. En efecto, la leyenda sólo pudo haber sido de origen, o bien egipcio, o bien judío. El primer caso queda excluido pues los egipcios no tenían motivo alguno para ensalzar a Moisés, que no era un héroe para ellos. Por consiguiente, la leyenda debe haber surgido en el pueblo judío, es decir, se la habría vinculado en su versión conocida a la persona del caudillo. Mas para tal fin era completamente inapropiada, pues ¿de qué podía servirle a un pueblo una leyenda que convirtiera a su gran hombre en un extranjero?. La discrepancia de la leyenda mosaica frente a todas las demás de su especie puede ser reducida a una particularidad que presenta la historia de Moisés. Mientras en general el héroe se eleva en el curso de su vida por sobre sus orígenes modestos, la vida heroica del hombre Moisés comienza con su descenso de las alturas, con su condescendencia hacia los hijos de Israel. Esta “contramarcha” de la tendencia del inconsciente colectivo ratifica la presunción de que la génesis del mito no nace de una sucesión de necesidades espirituales e históricas sino de una muy particular circunstancia: la interpretación del mito del huérfano que se vincula a Moisés obliga a la conclusión de que éste habría sido un egipcio a quien un pueblo entero necesitaba transformar en judío. Y es entonces cuando podemos comenzar a hacernos profundas preguntas respecto a lo que, en nuestras primera lecturas del Antiguo Testamento, quizás hemos pasado por alto.

Por ejemplo. Moisés no sólo fue el conductor político de los judíos radicados en Egipto, sino también su legislador y educador, imponiéndoles el culto de una nueva religión, llamada aún hoy mosaica en honor a su creador. Pero, ¿acaso un solo hombre puede llegar tan fácilmente a crear una nueva religión?. Además, si alguien pretende influir sobre la religión de otro, ¿acaso no es lo más natural que comience por convertirlo a su propia religión?. El pueblo judío de Egipto seguramente poseía alguna forma de religión, y si Moisés, que le dio una nueva, era egipcio, no podemos dejar de suponer que esa otra nueva religión debía ser también egipcia.

Pero aquí puede proponerse sin duda una crítica: el evidente antagonismo entre la religión judía que se supone instauró Moisés y la egipcia tal cual la conocemos. En la primera, la idea monolítica de un Dios único que nadie osa ni soporta contemplar. Esta última, un enjambre de divinidades antropomorfas y vulnerables a la impetración humana. Una, un monoteísmo abstracto; la otra, un politeísmo de mercado. Una, increíblemente abstracta. Otra, pragmáticamente materialista. Da la sensación que la antítesis entre la religión mosaica y la egipcia ha sido voluntaria y deliberadamente agudizada; mientras una de ellas condena con la mayor severidad toda forma de magia y hechicería, en la otra florecen exuberantemente. Por un lado, los egipcios hacen del culto a la vida después de la muerte, el leit motiv de sus creencias religiosas, al punto que alrededor de ello se construye toda una cosmovisión. Por el otro, entre los judíos no se menciona ni siquiera una vez la existencia de una vida después del óbito, ausencia aún más extraña en tanto y en cuanto no sólo se trataba de un momento en la historia de la Humanidad para el cual esa inquietud era no sólo asaz común sino también un componente cultural ineludible, sino también porque nada hay en una religión monoteísta que entre en conflicto con el concepto de la sobrevivencia a la muerte, como lo demostraría milenios después el cristianismo. Mientras los egipcios se afanaban y competían entre sí para representar en arcilla, piedra, madera y cuanto material se cruzara en su camino el aspecto más fidedigno de sus dioses, los judíos enfrentaban la más rigurosa prohibición de representar plásticamente a cualquier ente vivo o imaginado.

Pero a mi criterio hay una oposición más, quizás la más importante, que es crucial en nuestra interpretación: mientras la religión egipcia, en una práctica común a la época, se mostraba relativamente tolerante con otras creencias y otros dioses, incorporándolos llegado el caso a su propio horizonte espiritual o cuando menos mostrándose poco severo con la continuidad de tales prácticas aún en países sojuzgados militarmente, la religión mosaica es el primer caso de intolerancia religiosa. Mientras los babilonios permitieron a los judíos continuar sus prácticas aún en tiempo de cautiverio, los judíos, ya en Canaán, pasaron a cuchillo a todo pueblo que no se arrodillaba ante Jehová. Resumiendo, tenemos entonces a un egipcio que elige exiliarse entre los judíos, dándoles su propia religión (o creencias religiosas) e imponiéndolas con una severidad rayana en el fanatismo, dando la impresión de no tolerar el menor atisbo de opinión disidente –como si eso resucitara algún fantasma de su pasado- mientras decide imperiosa, casi precipitadamente, abandonar su patria. Un egipcio que trasmite una enseñanza religiosa egipcia, sí, pero no “la” religión egipcia. Cuando menos, no la comúnmente aceptada como tal.

Pero sigamos a Freud: “…Durante la gloriosa dinastía XVIII, bajo cuya égida Egipto llegó a ser por primera vez una potencia mundial, ascendió al trono, por el año 1.375 a.J.C. un joven faraón que primero se llamó Amenhotep IV, como su padre fue el IIIº, pero que más tarde cambió de nombre, y por cierto algo más que su nombre. Este rey se propuso imponer a sus egipcios una nueva religión, una religión contraria a sus tradiciones milenarias y a todas sus maneras familiares de vivir. Tratábase de un rígido monoteísmo, la primera tentativa de esta clase emprendida en la historia de la humanidad (nota del autor: yo no estoy de acuerdo con esta última afirmación, pero mejor dejémoslo para otra ocasión) en cuanto alcanzan nuestros conocimientos. Con la creencia de un dios único nació casi inevitablemente la intolerancia religiosa, extraña a los tiempos anteriores y también a largas épocas ulteriores. (el resaltado es mío).Pero el reinado de Amenhotep sólo duró diecisiete años, y muy poco después de su muerte, ocurrida en 1358 a.C., la nueva religión ya había sido eliminada y proscripta la memoria del rey hereje.”

Pero la cosa no puede resultar tan sencilla como la locura mesiánica o el delirio místico o idealista de un solitario. Nada nuevo hay bajo el Sol, y  todo lo nuevo es reminiscencia de condiciones o circunstancias que siempre encontraremos husmeando en el pasado. Y también los orígenes de este monoteísmo egipcio puede ser rastreado con anterioridad a Amenhotep IV. En la escuela sacerdotal del templo solar de On (Heliópolis, que es, por cierto, una toponimia griega posterior) se discutía desde tiempo atrás la representación de un dios universal destacándose más que lo ritual o escatológico, la faz ética de su esencia. Maat, la diosa de la Verdad y la Justicia, era hija del dios solar Ra, y ya durante el reinado de Amenhotep III, padre y antecesor del reformador, la adoración al dios solar alcanzó un apogeo que hace suponer el intento de cierta élite de hierofantes en eclipsar a Amon, el dios de Tebas, que se había tornado excesivamente poderoso. Se remozó entonces un antiquísimo nombre del dios solar, Aton o Atum, y el joven rey halló en esta concepción la posibilidad de gestar una nueva religión sin necesidad de partir de la nada, sólo plegándose a una facción ya existente. Y el gran salto hacia delante: abandonó su “nombre sagrado” anterior, para adoptar aquél tan odiado a su muerte que fue tratado de borrar de la historia pero, como el Ave Fénix, resurgiría para perpetuarlo en la inmortalidad: Akhenatón.

Sin embargo, no perdamos de vista también que el mismo no fue sólo un “resucitador” de un culto decadente; en efecto, su acción fue mucho más profunda: cuando Akhenatón canta: “¡Oh, Tú, Dios único!. ¡No hay otro dios sino Tú!”, uno recuerda al salmista y al profeta y su letanía de “Dios es Uno y es el dios de Israel”. En suma, su carácter de exclusividad.

Pero todo tiene su tiempo y, en un momento aún discutido, Akhenatón murió y es reemplazado, esto nos dice la arqueología, por su “yerno” Tutankhatón quien, ante la presión del clero rebelado, debió abandonar la ciudad que su suegro y predecesor había construido para desafiar a Tebas, Akhetatón (“el horizonte de Atón”, rápidamente sepultada bajo el olvido de las arenas de lo que se conoce como Tell-el-amarna) y regresar a Tebas, donde cambió su nombre por Tutankhamón. Pero muere joven, algunos suponen a consecuencia de las lesiones provocadas por una caída de caballo, y después de un tiempo oscuro de anarquía el caudillo militar Horemheb se hace con el poder.

Tras este rápido racconto histórico, es interesante rescatar algunas características salientes de la religión de Atón:

Su carácter sobrio y racional. En flagrante contradicción con la ornamentada y sofisticada religión de Amón, la de Atón no sólo tenía un único dios, sino que su representación no podía ser más conceptual: un disco brillante (sólo asimilable al sol como símbolo, no como entidad en sí) cuyos rayos se estiran hasta transformarse en manos que acarician a los hombres.

Ninguna referencia tanatológica. Ni Osiris, ni el culto a los muertos, ni la vida en el más allá es comentada por sus exegetas, de una forma que resultaría harto violenta, como antítesis, a los numerosos cultores de la religión popular. Más chocante resulta analizar el hecho de que una religión monoteísta en nada se contrapone (y es perfectamente compatible) con una creencia en el reino de los muertos. Pero si la religión mosaica deviene de la de Akhenatón esto adquiere otra dimensión, porque es evidente que el faraón hereje necesitaba borrar toda referencia al culto de los muertos ya que su dios, Osiris, era tremendamente idolatrado por todos los niveles sociales al punto que a sus enseñanzas se supeditaban todas las actividades humanas, constituyéndose de esta manera en el principal opositor de las reformas que Akhenatón quería inculcar.

Parentescos lingüísticos. Aunque los fonemas egipcios y hebreos no suenan ni siquiera similares, uno no puede menos que pensar en la profesión de fe judía: “Shema Jisroel Adonai Elohenu Adonai Ejod” . El parentesco entre Aton y Adonai (¿y por qué no con el dios sirio –luego griego- Adonis?) es demasiado evidente como para no suponer que puede traducirse aquélla así: “Oye, Israel, nuestro dios Aton (Adonai) es un dios único”.

La circuncisión. El “padre de la historia”, Herodoto, nos cuenta que esta práctica existía en Egipto desde mucho tiempo atrás, y esto ha sido confirmado por los exámenes de momias y aún por las figuras murales de ciertas sepulturas. Pero ningún otro pueblo próximo al Mediterráneo, ni babilonios, ni sumerios, ni semitas eran circuncisos. Ahora bien, si los egipcios practicaban asiduamente la circuncisión y Moisés no fuera egipcio: ¿qué sentido tendría darle a su pueblo una práctica vergonzante que recordaría sus tiempos de esclavitud?. Pero si Moisés (y sus inmediatos seguidores) sí fuera egipcio, sería algo absolutamente natural y cotidiano en sus vidas, sin trascendencia ni implicancias represivas.

Las actitudes de Moisés. Muchas de sus acciones según se describen en las Escrituras, comprensibles para un judío, suenan inconcebibles para un egipcio. Pero si a este egipcio lo ubicamos en el marco psicohistórico de Akhenatón y su religión se transforma en algo inevitable. Partamos de la premisa, entonces, que Akhenatón tenía entre sus íntimos a un hombre con dotes de líder, llamado, quizás Thoth-mose. En realidad su verdadero nombre no importa, sí que en el mismo figuraba la expresión “mose” que finalmente le queda como apodo. Un hombre encumbrado y de alcurnia, seguramente familiar en algún grado del faraón (ya que el mito afirma que era “de la casa real”). Consciente de sus grandes dotes, ambicioso y emprendedor, quizás soñaba con dirigir algún día al reino. Pero no era de sangre real, sólo un afortunado matrimonio podría llevarlo a esa posición. Mientras tanto, muy estrechamente vinculado al faraón y decidido prosélito del nuevo culto, posiblemente gobernador de aquella provincia limítrofe, Gosen, en la que desde hacía mucho tiempo ha se habían radicado tribus semitas.

Pero muere Akhenatón. Cae Tell-el-Amarna. Y Moisés decide huir (seguramente su vida estaba en peligro, tal vez ya había perdido a sus seres más queridos) y, antes de hacerlo, forjó el plan de fundar un nuevo imperio, con un pueblo al que pudiera darle la religión ahora desdeñada en Egipto. Y eligió para ellos a las tribus que él ya había gobernado y con las cuales mantenía una excelente relación, que fácil y tácitamente le aceptarían como lider: los “habbiru” –de donde derivó la expresión “hebreos”- (intuyo que la natural y prolifica coexistencia entre hebreos y egipcios era tan marcada que, desde tiempos inmemoriales, el tratamiento afectuoso dado a alguien es la palabra “habbibi” . Hoy en día aún se emplea masivamente en Egipto, incluso entre varones, cuando desea estrecharse el vínculo o la confianza con alguien). Y en algún momento entre 1358 y 1350 A.C. (cuando Horemheb se encumbra) comienza el Exodo. Frente a un faraón que no era ni Akhenatón ni Tutankhamón, quizás algún capitanejo tergiversado por la fuertemente emocional pero poco rigurosa historicidad de las Escrituras. O dos “capitanejos-pseudofaraones” distintos, con nombres perdidos en estos años de confusión y barbarie: así se explica claramente que “el” faraón primero le permita salir de Egipto (en verdad, casi se lo ruega) y poco tiempo después se lance al frente de sus ejércitos para atraparle y castigarle como si las siete plagas, especialmente la muerte de los primogénitos (como el del propio faraón) ya no pesara en su conciencia…porque en realidad era el primogénito de otro.

Un hombre que ha caído de su pedestal pero no ha claudicado sus ambiciones e ideales. Un hombre que transita un exilio interior antes de emprender un Éxodo exterior. No únicamente la pérdida de poder y dinero, sino algo más profundo y doloroso es lo que empuja a un hombre a “quemar sus naves” en semejante odisea. Y aquí es donde toma relevancia un personaje hasta ahora tangencial en esta historia: Tut-Ankh-Atón (“el que abre las puertas a Atón”) luego devenido Tut-Ankh-Amón.

 

La princesa Tutankhamón

          Según relata el egiptólogo Luis García Gallo (apoyado por el especialista Thomas Howing, ex director del Museo Metropolitano de Arte de  Nueva York), Lord Carnavon y Howard Carter, mecenas y explorador que desvelaron en 1922 los secretos de la hasta hoy tumba mejor preservada, no fueron en realidad dos científicos aplicados a la investigación sino dos pedantes imperialistas desdeñosamente dedicados al pillaje. Aún más: cualquier erudito con el que conversen hoy en Egipto así les considera. Cuando el 4 de noviembre fue hallada la tumba, los primeros en introducirse fueron el conde, su hija Ewelyn, Carter y el arqueólogo Gallender, cometiendo un primer acto ilegal, pues estaba claramente acordado que esto debía estar supervisado por un inspector del Servicio de Antigüedades egipcio. Esto tuvo una larga y lamentable seguidilla de “irregularidades” (para decirlo de una manera suave) donde Carnavon y Carter, con la soberbia de sentirse bajo el paraguas protector del imperialismo británico dominante en Oriente en ese entonces, discriminaron a los nativos, ninguno de los cuales pudo ni siquiera asomarse al lugar mientras que todo invitado extranjero sí lo hacía. A esto hay que sumarle los, lisa y llanamente, robos cometidos por Carnavon (en 1979 se encontraron, en cuartos hasta entonces secretos de su castillo inglés, importantísimas piezas de la tumba sacadas subrepticiamente de las tierras del Nilo) y verdaderas estafas, como sobrevaluaciones hechas por peritos egipcios –corrompidos por el dinero de Carnavon- de los tesoros que el Museo de el Cairo optaba por comprar a los descubridores, en una operación que le insumió a los egipcios 256.305 dólares de 1922, aproximadamente cuatro millones de dólares de hoy. En esas fechas, Carter, por su intervención, en el negocio, cobró cuarenta mil dólares de entonces (algo así como seiscientos cincuenta mil dólares actuales). Buen negocio esta arqueología.

         Damos estos datos no porque nos interese el cotilleo académico, sino para refrendar nuestro convencimiento de lo poco metodológica de la investigación y la poca fiabilidad de los registros allí obtenidos, amén que, de acuerdo a la cultura machista post-victoriana, si se difundía que la momia correspondía a una mujer la mentalidad de la época le restaría valor. Además, entre tanta rapiña e idas y venidas, buena parte de las evidencias determinantes pudieron haberse esfumado. ¿Pero en qué se basa la convicción de muchos científicos que Touth- Ankh- Amen (su verdadero, deliberadamente ambiguo nombre, porque la fonética “tutankamón” tan masculina ella, es completamente aleatoria) era mujer?. En las siguientes pruebas.

En la famosa máscara funeraria, corona su frente la efigie de un buitre, símbolo de la diosa Isis. No existe ninguna imagen masculina con este tocado en toda la iconografía egipcia.

La observación objetiva de los rasgos de la sin duda muy fiel mascarilla funeraria corresponden más bien a una mujer de ciertas características etíopes.

El propio Howard Carter, en la página 156 del segundo volumen del libro que escribió con A.C. Mace, dice: “No era visible el pelo del pubis, ni tampoco podía decirse si se le había hecho la circuncisión, pero el falo lo tenía suelto, fajado independientemente y retenido en itifálica posición a través del perineo por medio de vendajes”. Y escribe García Gallo: “Si esto fuera cierto, se deduce que cuando fue embalsamado el cadáver, el miembro viril no estaba incorporado al cuerpo y que, de haberlo estado, sería una hipótesis absurda suponer que al cadáver se le hizo la ablación del pene y después de fajarlo itifálicamente (erecto) se lo trasladó a la zona perineal. Era evidente que tal manipulación obedecía a una ceremonia practicada en las exequias de los cadáveres femeninos, ya que es difícil admitir el supuesto que un varón difunto sea presentado en el más allá con su sexo en posición generadora. Sin ninguna, se trata de un simulacro del órgano viril añadido al cadáver en cumplimiento de un rito funerario consistente en incluir dentro de los cuerpos de las mujeres fallecidas simulacros simbólicos del falo osiríaco –símbolo de la simiente humana- al contrario de los cadáveres masculinos a los que se les hacía acompañar por placentas, símbolos éstos de la maternidad de la diosa Isis”.

Dos cadáveres momificados de niños en sendos sarcófagos fueron hallados en el pequeño almacén anexo a la cámara mortuoria, sarcófagos de idéntica factura regia a la que contenía la princesa. Según el examen anatómico-forense, se trataba de dos niños muertos a los seis o siete meses del parto. Mientras que uno de ellos mostraba el cuerpo completo, al otro le faltaba la parte inferior, como si se hubiera destrozado al ser extraído del seno materno. El hecho que estos pequeños compartan el mismo ámbito mortuorio, demuestra la intimidad que les unía a la princesa.

La cabeza de la momia se encontraba rapada al ras, situación muy peculiar y nada parecido a ninguna otra momia real. Pero adquiere sentido cuando al leer al Herodoto (otra vez) encontramos este párrafo: “Cuando en una casa muere el gato, los dueños, en señal de duelo, se rasuran las cejas, pero cuando muere el perro, entonces tienen que rasurarse todo el cuerpo y la cabeza”.Si por la muerte de una mascota se imponía semejante señal de duelo, cuánto más no sería así a la muerte de dos niños nonatos. De lo que se desprende que la persona hallada en esta tumba fue madre y sobrevivió algún tiempo a sus dos hijos muertos después de un difícil parto, mostrando su propio desconsuelo con la mortificación de hacerse rasurar la cabeza y el pubis antes de reunirse con ellos en el más allá.

Dos extraños cuchillos fueron encontrados entre los vendajes que fajaban a la momia: uno de ellos, con el mango de oro y la hoja de fino hierro, estaba colocado a lo largo de su muslo derecho, y el otro, de mango y hoja de oro, cruzando el bajo vientre. La posición tan insólita de este segundo cuchillo sugiere que bien pudo haber servido de bisturí en una operación cesárea de fatal resultado, de la que los niños nacieron muertos.

Finalmente, los sarcófagos, antes de apoyarse sobre el piso de granito, reposan sobre una cama de madera decorada con dos cabezas de leonas, lo que recuerda un relieve existente en el templo de Luxor en el que está representado el nacimiento de un niño de la casa real sobre una cama de parecido decorado. En esos tiempos existía la creencia –sin aval científico- de que la hembra del león da a luz una sola vez, de allí que este animal se asociara a la mujer que da a luz una sola vez en su vida.

Esta mujer, entonces, muere en dramáticas circunstancias. No quedan, sin embargo, ni los más leves registros de su consorte. Y no los hay porque este debe haber sido desclasado –aprovechando sus enemigos la confusión que siguió al dolor por la pérdida de sus seres queridos- empujándolo al exilio en esos años turbulentos. Y sería demasiada casualidad que un personaje “X”, tan importante en las sombras, desaparezca en el mismo período en que, un poco compulsivamente, se introduce otro de dudosos orígenes en el mismo marco político. Un funcionario allegado a Akhenatón y marido de la princesa Touth-Ankh-Amen sale de escena. Moisés, transmisor –no legislador- de una religión claramente “akhenatonista”, simultáneamente, ingresa a ella. Insisto. Demasiada casualidad.

Entre las numerosas críticas que pueden ocurrírsele al lector, seguramente estará aquella, ateniéndose a los relatos bíblibos, que nos habla de la huída de Moisés de Egipto después de matar a un cuidador, sus años de pastor en las montañas como yerno de Yethro, su regreso a Egipto para predicar. Personalmente creo que hubo dos Moisés. Y que la historiografía judía, posteriormente, voluntaria o involuntariamente, los fusionó en uno solo. Pero de eso hablaremos en otro artículo.

Continuará

 

Posted in Arqueología Revisionista, Contacto Extraterrestre, Esoterismo, Investigación OVNI, Revisionismo histórico | Etiquetado: , , , , , , | 3 Comments »

Conferencia OVNI de Gustavo Fernández en Estados Unidos

Posted by Gustavo Fernández en 29-05-2017

Posted in Contacto Extraterrestre, Investigación OVNI, Ovnilogía, Ovnilogía Esotérica, Ovnis y militares | Etiquetado: , , , , , , | 1 Comment »

Podcast AFR Nº 184: La realidad humana frente al contacto con entidades de otras dimensiones

Posted by Quique Marzo en 13-04-2017

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

Para ir a iVoox, clic en la imagen.

En una nueva entrevista que Orlando Rodríguez le realizara a Gustavo Fernández para su programa “Orlando en la Mega” por FM Mega de Tyler, Texas, EE.UU. se trataron estos temas:

  • Próximas actividades de Gustavo Fernández. Más información en las promos (España, Colombia, Chile; y Tyler) durante el podcast y en www.alfilodelarealidad.com.ar
  • ¿Por qué los gobiernos niegan la existencia del fenómeno OVNI? ¿Qué pasaría de admitirse y realizarse el contacto de ambas civilizaciones? ¿Y si no fueran seres  extraterrestres sino extra dimensionales?
  • Hay una gran ignorancia entre los investigadores OVNI sobre los fenómenos parapsicológicos. Fenómenos parapsíquicos se les presentan a la gente como entidades demoníacas. La energía psíquica sobrevive a la muerte. ¿Qué es un egrégoro?  ¿Qué es una ideoplastia? Posesiones demoníacas y psiquiátricas. Glosolalia o Xenoglosia. Pantomnesia.

 

Para escuchar en línea, dejar comentarios o DESCARGAR el audio en formato mp3, diríjase a NUESTRO SITIO EN IVOOX

Más opciones (email, RSS, iTunes) en: http://www.ivoox.com/s_p2_3844_1.html

También puede descargar el podcast “Al Filo de la Realidad” directamente a su teléfono móvil suscribiéndose (gratis) desde la app de iVoox –para iOS y Android– (consígala a pie de página en: www.ivoox.com).

¡No olvide recomendarnos en las Redes Sociales!

Posted in Contacto Extraterrestre, Ovnilogía, Parapsicología, Podcast | Etiquetado: , , , , | Leave a Comment »

“Los OVNIs y el futuro de la Humanidad”: Conferencia en Estados Unidos

Posted by Gustavo Fernández en 06-04-2017

Allá vamos!

Posted in Contacto Extraterrestre, Entrevistas a Gustavo Fernández, Investigación OVNI, Ovnilogía, Ovnilogía Esotérica, Ovnis y militares | Etiquetado: , , , , , , | Leave a Comment »

¿SOMOS MARIONETAS ESPIRITUALES?. Explorando la Consciencia fuera de lo humano

Posted by Gustavo Fernández en 28-03-2017

Éste es quizás uno de mis artículos más “reflexionados”. Pero con frío escepticismo le profetizo pocas lecturas y algunos “me gusta” de cortesía porque, claro, buscar videos en Youtube es más entretenido. Pero no sería consecuente conmigo mismo si, pese a ello, no lo pusiera por escrito, y seguramente también en un podcast. En Youtube, es un trabajito editorial que no me place pero allá alguno de ustedes si se les despierta creatividad sobre estos conceptos. En cuanto al artículo en sí, es denso, acepto. Pero puede disparar algunas ideas al lector.

Es grotesco pero desagradablemente cierto que si a una gallina se le ubica, cerca pero inmóvil, una comadreja disecada, después de cierta reacciòn de sorpresa el plumífero queda absolutamente indiferente frente a su natural depredador. Pero si se toma una bolsa cubierta de piel y se le fijan dos botones brillantes donde en un animal deberían ir los ojos (una verdadera caricatura de comadreja) pero mediante un cable s ele imprime un sentido de movimiento, la gallina se desespera por huir. El estímulo – señal, codificado genéticamente tiene valores primitivos y esenciales, donde no importa tanto el aspecto sino otras variables como, precisamente, el sentido de movimiento, a pesar que no se parece casi en nada al agresor. Con los correspondientes estímulos – señales se ha demostrado que esto también es válido para toda la escala animal, incluido el ser humano. Cuando se descubre cuáles son los estímulos específicos todos se dejan manipular de manera previsible con los estímulos fabricados, en última instancia, gracias a ellos mismos. La reacciòn se produce no sólo de manera previsible, sino infalible. Los seres biológicos son totalmente incapaces de escapar al efecto desencadenante de tales estímulos.

La composición del estímulo clave desencadenante en base del menor número de características válidas para todos los enemigos de la gallina que entran en consideración, es la única solución imaginable del aparentemente casi utópico problema que consiste en almacenar genéticamente una imagen que refleje todos los enemigos que puede llegar a encontrar algún día porque efectivamente existen en el mundo real. Lo que ha realizado aquí l evolución es nada menos que una “generalización y abstracción”, una generalización que prescinde sistemáticamente de la diferencia de detalles individuales. Así pues a la gallina como organismo biológico, el conocimiento congénito sobre el mundo le proporciona una información óptima, exacta, útil. Y como su existencia se limita a la esfera biológica, para ella el caso queda así solucionado de manera satisfactoria.

Algo distinto se presenta el asunto para nosotros. Con respecto a la facultad cognoscitiva de la gallina, nosotros nos encontramos en una esfera superior, casi podríamos llamarla una “metaesfera”. Examinada desde ese “plano metafísico” para la gallina, la situación descrita en su totalidad gracias al sistema cerrado que provee el programa de comportamiento congénito con patrón desencadenante incorporado, por una parte, y la constelación de señales objetivas como estímulo desencadenante por otro adquiere una cualidad muy distinta. Extrapolando, nada impide suponer que la constelación de percepciones espirituales de la humanidad (revelaciones sobrenaturales, mensajes cósmicos, voces angelicales, ovnis, manifestaciones fantasmales y cuanto etcétera pudieran ustedes imaginar) pueden ser reducibles a estímulos – señales básicos, y de ellos el OVNI puede ser el estímulo clave desencadenante. Esto explicaría varias cosas: por un lado, el amplio espectro de intereses que paulatinamente van adquiriendo los aficionados a estas temáticas, desde una curiosidad monotemática hasta una inquietud universalista. Y por otro lado, las “modas” cíclicas que lo “sobrenatural” presenta en distintos momentos de la historia humana. Y finalmente, los sustratos comunes tanto a los fenómenos ufológicos como los paranormales.

Pero pueden inferirse dos conclusiones aún más importantes: una, que entonces el hecho que en laboratorios se pueda recrear (de manera bastante pobre, debemos admitir) “sensaciones de presencias espirituales” mediante el expeditivo método de someter al sujeto de la experiencia a estímulos físicos (con lo que se busca una reducciòn al absurdo de toda fenomenología paranormal a la categoría de alteraciones sinestésicas) sólo nos estaría diciendo que es posible recrear estímulos clave, y no que éstos no existan (como el hecho que pueda generarse un “agresor fantasma” en el cerebro de la gallina no quita que las comadrejas hagan de las suyas en el mundo real). Además, sólo indicarían las áreas corticales que entran en el proceso, pero no el origen del proceso en sí. Y en segundo lugar, que así como la gallina tiene una percepción del enemigo superior a la de una garrapata (para poder poner sus huevos en mamíferos, ésta necesita identificarlos de los reptiles y para ello sólo necesita un estímulo: ser sensible al ácido butírico, infaltable en todo sudor) siendo mde todas formas que a sus fines –y a su grado evolutivo- la percepción del mundo que tiene la garrapata es correcta (pero inferior a la de la gallina), antológicamente advertimos que la concepción del mundo de la gallina también es correcta, pero limitada. Por consiguiente, y viéndose que la evoluciòn ni con mucho ha cesado, nuestra percepción del mundo, siendo correcta, también comparte con aquellas su “limitidad”. Y los propios experimentos etológicos van más allá: como la gallina reconoce a sus pollitos por el piar y no por el aspecto, se ha colocado la famosa comadreja disecada dentro del nido de una gallina, eso sí, con un minúsculo altavoz que reproducía un piar de polluelos, observándose como aquella trataba de protegerla y cubrirla, mientras que si se le cubrían los oídos, atacaba a picotazos a sus propios pollitos circunstancialmente alejados del nido. Extrapolando, de aquí a manipular a la especie humana –aún en contra de las escalas de valores que consideramos lógicas o éticas- con una manipulación de las ideas, hay un solo paso.

Llegados aquí, deberíamos preguntarnos que si después de todo desde los propios argumentos de la ciencia pueden elaborarse estas especulaciones, cuál es el porqué de la generalizada resistencia de los científicos a lo espiritual.  Las ciencias d ela naturaleza son las ciencias de la estructura y cambio d elos sistemas materiales así como del reparto espacial de diversas formas de energía (según Helmutt Von Ditfurth). En su trabajo el científico se limita a la posición del monismo materialista. Esta limitaciòn forma parte de la definición de la disciplina a la que se ha consagrado. La investigación científica de sistemas vivos nos es otra cosa que el intento de ver adónde se llega cuando uno se esfuerza por explicar la estructura y el comportamiento de estos sistemas sólo gracias a sus particularidades materiales. Esto es legítimo y, en lo que respecta a las posibilidades de investigación práctica, el único método fructífero. Sólo que no debe perderse de vista que se trata una vez más no de una afirmación sobre la realidad, sino sobre una autolimitación metodológica; y muchos científicos lo han olvidado hace tiempo. El resultado es una enfermedad ideológica profesional que, como demuestra la experiencia, puede conducir a la grotesca convicción de que, en realidad, no existen fenómenos espirituales.

El propio Konrad Lorenz escribiò: “El proceso filogénico que conduce al origen de estructuras apropiadas para la conservación de la especie se parece tanto al aprendizaje del individuo que no tiene porqué extrañarnos demasiado que a menudio el resultado final de ambos sea casi igual. El genoma, el sistema de cromosomas, contiene nun tesoro de información de una riqueza francamente incomprensible. Este tesoro se ha ido formando mediante un proceso que a lo que más se parece es al aprendizaje gracias al ensayo y error”.

Si consideramos la cronología genética de la relaciòn que existe entre ellos y las actividades que tienen lugar de manera consciente en nuestra cabeza y que caracterizamos con las mismas palabras, se nos cae la venda de los ojos. Entonces vemos con que con nuestra acostumbrada manera de considerar la situación nos volvemos a encontrar aferrados al prejuicio antropocéntrico que en toda ocasión quiere convencernos que nosotros mismos son el punto de partida de toda la cadena causal. Pero como también en otros campos tenemos la tendencia a basar nuestros juicios en nuestras propias experiencias como si fueran un patrón, la naturaleza nos parece condenada a la falta de ingenio, ya que no somos capaces de descubrir en ella ningún cerebro pensante. En una conclusión precipitada identificamos la indiscutible carencia de cerebro de la naturaleza con la no existencia de inteligencia,  fantasía, capacidad y todas las demás potencias creativas que en nosotros van unidas a la existencia de un sistema central  nervioso. Como durante demasiado tiempo hemos hecho del propio caso el fundamento de nuestros juicios estamos convencidos que es nuestro cerebro quien con todas esas capacidades y posibilidades lo concluye y resume y por consiguiente, sin nuestro cerebro no existirían. Un parte no menor de nuestro asombro e incomprensión de los “misterios de la naturaleza” tiene sus raíces aquí. Que una parte no poco importante de nuestra admiración por la naturaleza se debe a un enigma demasiado palpable: el asombro por lo que ha podido llevar a cabo esta naturaleza que tiene que arreglárselas sin cerebro y que con ello a nuestros ojos carece de todas las facultades creativas que para nosotros comporta el hecho de tener un cerebro. Como si la creatividad y la capacidad de aprender no hubieran aparecido en este mundo hasta nuestra llegada, cosa que naturalmente plantea la cuestiòn de cómo ha podido conseguir llegar hasta este punto la naturaleza en todos los eones previos.

Es que la Vida tiene consciencia. Aprendizaje e inteligencia, la búsqueda de la soluciòn a los problemas y lasa decisiones tomadas ante el fondo de una escala de valores que representa el resultado de procesos de aprendizajes anteriores, todo esto existe también fuera de la esfera del cerebro. Todo esto son realizaciones que, sin estar localizadas en un lugar concreto (un cerebro o una computadora) pueden existir de verdad y actuar de verdad a nivel supraindividual. Esta afirmación no tiene nada de metafísico. Solamente contradice nuestra habitual manera de pensar. Sin embargo, nos describe más que hechos que existen de verdad en el mundo. Las funciones que acostumbramos denominar “psíquicas” son anteriores a todos los cerebros. No son productos cerebrales; al contrario, como todo lo demás, también los cerebros pudieron ser producidos al final por la evoluciòn sólo porque desde el principio esta fue dirigida por las funciones de las que he escrito. Nuestro cerebro no es la fuente de estos logros, es su resultado. Lo único que hizo es integrar esos logros en un individuo.

En consecuencia: sabiéndose qué sencillo es crear “estímulos de respuesta condicionada” en la “metaesfera” de la percepción humana conociendo el paradigma de la que es metafísica para los humanos, es inevitable pensar con qué facilidad, desde humanos con este conocimiento (que, si devenido de estas conclusiones es accesible para mí, lo es para cualquiera) y mucho más para las inevitables entidades que existen en ese Más Allá. Que confiaremos como “fraternas”, “solidarias” y “protectoras” sólo desde la relativa, daltónica y superficial mirada de las expectativas y necesidades humanas. Ya que, en puridad, ¿por qué debería ser “buena” una entidad espiritual, si no fuera como excluyente idealización de las angustias humanas?.

Estamos orillando aquí un tema “políticamente incorrecto” (en términos del “discurso espiritual”): ¿mayor evoluciòn equivale a mayor bondad?.

Imagino aquí largos posts y comentarios de lectores y lectoras en total desacuerdo con este cuestionamiento. Permítanme sólo argumentar que un argumento no es fundamento, y que un discurso bizantino de retórica no es evidencia. Más aún, cuando los hechos espirituales, si para argumentarlos necesitan ser extensamente intelectualizados.

Por eso, sospecho que no hay entidades “buenas” o “malas”. En todo caso, “aliados” o “enemigos”. Es decir, entidades con intereses afines y otras no.

“Aliados”. Qué curioso que sea tan propio de Castaneda el término que mejor me resuena…

Posted in Contacto Extraterrestre, Esoterismo, Ovnilogía Esotérica, Parapsicología, Psicología Esotérica, vida después de la muerte | Etiquetado: , , , , , , , | 9 Comments »

(Audiolibro) Chamanes de las Estrellas – Capítulo 3 (2ª parte): El OVNI como estímulo-señal

Posted by Quique Marzo en 17-03-2017

ebook y audiolibro Chamanes de las Estrellas

Para descargar el Audiolibro, clic sobre la imagen.

Audiolibro: Chamanes de las Estrellas. Hacia una lectura esotérica y espiritual del Fenómeno OVNI

Autor y lectura: Gustavo Fernández

Capítulo 3 (2ª parte): El OVNI como estímulo-señal

 

 

Para conseguir los capítulos:

Suscríbase a los avisos por email: http://www.egrupos.net/grupo/afr/alta

Visite: http://www.alfilodelarealidad.com.ar

Más opciones (email, iVoox, iTunes, RSS) en: http://www.ivoox.com/s_p2_257205_1.html

También puede descargar el audiolibro directamente a su teléfono móvil suscribiéndose (gratis) desde la app de iVoox –para iOS y Android– (consígala a pie de página en: www.ivoox.com).

¡No olvide recomendarnos en las Redes Sociales!

Posted in Audiolibro, Contacto Extraterrestre, Esoterismo, Ovnilogía Esotérica | Etiquetado: , , , , | Leave a Comment »

 
A %d blogueros les gusta esto: