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Ovnis, Civilizaciones Desaparecidas, Parapsicología y Esoterismo.

Archive for the ‘Arqueología Revisionista’ Category

Podcast AFR Nº 189: Texas y Nuevo México misteriosos

Posted by Quique Marzo en 13-08-2017

Escuchá AFR, con Gustavo FernándezUn programa especial con los comentarios y reflexiones de Orlando Rodríguez y Gustavo Fernández, en su paso por Aurora, Texas y Roswell, Nuevo México; el Museo de la Creación en Glen Rose (con un martillo de millones de años) y las huellas de dinosaurios en el lecho del río Paluxy mezcladas con otras… ¡humanas y de pies calzados! También pasaron por el “museo de JFK” y nos ofrecen sus reflexiones sobre otra de las grandes conspiraciones del siglo XX.

 

Lectura recomendada: Humanoides entre dinosaurios

 

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Podcast AFR Nº 188: Humanoides entre dinosaurios

Posted by Quique Marzo en 28-07-2017

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

Glen Rose, un pequeño, típico pueblito al noroeste de Dallas (Texas, EE.UU.), dos horas de carretera. En el limo fosilizado del lecho del río Paluxy hay huellas de dinosaurios… mezcladas con otras humanas. Pareidolias… ¿de pies gigantes… y calzados? ¿Hubo una humanidad anterior a la nuestra o extraterrestres? Creacionismo. Museo de la Creación. Un martillo de 140 millones de años. ¿Por qué estas evidencias están en ese museo? ¿Se molestan los académicos en ir al museo y verlas?

Comentarios de los oyentes (también a través de audio) y reflexiones finales.

 

Lectura recomendada: Humanoides entre dinosaurios

 

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EL CASTILLO DE CORAL: CLAVE OCULTA DE UN ROMÁNTICO SOLITARIO

Posted by Gustavo Fernández en 27-07-2017

El autor, descansando en uno de los sillones de coral para lectura

Hay lugares que uno sueña con visitar, no quizás por una importancia que estime intrínseca como la reservada a enclaves más “ceremoniales” y ancestrales, sino por la curiosidad de los personajes que están detrás de su historia. Y en un giro simpático del destino, otros personajes igualmente interesantes hacen posible esa oportunidad. Es el caso del querido doctor José Acosta, de Miami, psiquiatra y “babalawo de Ifá”, ese ancestral culto africano (ya entrevistado en nuestro podcast en alguna oportunidad) quien me acogió en la ciudad e hizo de cicerone durante esa breve visita. Ocasiòn para recordar una velada apasionante de conocimientos compartidos en compañía de su esposa Mayra y otro amigo, Juan Manuel Casanova, experto hipnoterapeuta, hermano de culto de don José, terapeuta holístico y gran conversador. Fue un paso rápido por Miami, pero no exento de riquezas, como la que compartiríamos al día siguiente de mi llegada (luego de una fugaz visita a los Everglades y un espectacular batido de mango en lo de “Robert Is Here”, paradigmático puesto de frutas y refrigerios casi lindantes con el pantano).

El Castillo de Coral en Homestead, suburbio de Miami, en Florida, Estados Unidos, originariamente conocido como “Parque del Portón de Roca” fue construido por un solo hombre, en el sentido más lato de la expresión: trabajando él solo, sin ayudantes (salvo alguno esporádico y ello, en el sitio de cargas o compras, no en la edificación en sí). A Edward Leedskalnin le tomó veinte años completarlo, de 1920 a 1940. Nacido en

¿Que “Robert is Here” no justifica ocupar el espacio de una foto, aquí?. Quien lo diga, seguramente no ha probado sus batidos…

Letonia (no Lituania), hoy Latvia en 1887, falleció en Miami a los sesenta y cuatro años de edad. A los 26 años, Ed se comprometió con Agnes Scuffs, diez años más joven que él. Al referirse a ella la llamaba siempre “Dulces Dieciséis” y yo, por mi parte, siempre me he preguntado si la banda de rock argentina homónima (https://www.youtube.com/watch?v=jtGUOP0OYlk&list=PLVb87jO6KeOQ-fUjKSIIjwmWP_TiGncZF ) tomó de ello su nombre. Y si así no hubiera sido, merecería que lo fuera.

        El día antes de la boda, Agnes le anunció que había decidido no casarse con él porque era demasiado mayor para ella. Años después, Ed llegó a creer que fueron otras las razones para el rechazo: su falta de dinero, su falta de educación y, aún más importante, concluyó que ella amaba a otro. En 1980 se supo que “Dulces Dieciséis aún vivía en Latvia, viuda y conocedora del monumento que Ed le había construido, peor que nunca visitó.

Ed deambuló durante varios años por Europa, finalmente llegó a Canadá y, desde allí, a California y Texas. Trabajó en madereras y se involucró por lo menos en un traslado de ganado en Texas. Fueron estos empleos los que prepararon a Ed para la ardua tarea que enfrentaría más tarde cortando y trasladando bloques de coral que pesaban varias toneladas. Lo que hace asombrosa la tarea solitaria de Ed es que medía apenas un metro sesenta centímetros y pesaba poco más de cincuenta kilos.

      Durante sus años de deambular, contrajo tuberculosis. Al enterarse que el sur de Florida tenía buen clima, llegó allí en 1919.Compró poco menos de una hectárea de tierra en Florida City, dieciocho kilómetros al sur de la ubicación actual, por el que pagó apenas doce dólares.

Aquí hay que explicar los procedimientos por los que ee hombre, que después de todo con sus empleos eventuales no había acumulado gran capital, pudo amasar la discreta fortuna que le permitiò no solamente dedicarse exclusivamente a la construcciòn del Castillo sino de no necesitar ninguna otra fuente de ingresos ni financiaciòn, pues a partir de la apertura al público de su lar, él mismo cobraba una entrada de entre diez y veinticinco centavos de dólar, lo que nunca tocó y a su muerte permitiò, a los nuevos propietarios, encontrar la suma de tres mil quinientos dólares, producto de esa “taquilla” a través de los años, entre sus pertenencias.

    Hábil y astuto, Ed compraba acres de tierra (como ese primero mencionado; el que actualmente ocupa el Castillo –no es un hecho menor; ya había comenzado a construirlo en Florida  City cuando decide mudarse y traslada lo edificado a su nuevo emplazamiento-) en pocos dólares, sin agua ni otros servicios. Los capitalizaba sumándole comodidades y luego los vendía, buscando siempre hacerlo no a particulares, sino al Gobierno o entidades oficiales (oficinas, destacamentos de policía, etc.) donde lo que se buscaba era determinado emplazamiento y no se regateaba el precio que él exigía.

Por razones que se desconocen pero se sospecha sentimentales, Ed escogió dedicarle a “Dulces Dieciséis” un castillo tallado en coral. Esa zona de Florida está formada sobre una gruesa capa de coral, con una profundidad que alcanza casi unos ciento veinte metros en algunos puntos, y cubierto con pocas pulgadas de estratos de humus. Lo asombroso es haber cortado, trasladado y montado bloques enormes de coral por sí sólo y utilizando herramientas manuales. Los escasos vecinos y viandantes estaban permanentemente intrigados por el trabajo de él, especialmente –aunque parezca lo menos significativo- por sus muebles de coral, y es importante señalar que tanto en Florida City como en Homestead nadie pudo atestiguar haberle visto en acciòn, pues sólo lo hacía de noche lo que, por obvias razones de iluminación, dificultaba más la tarea y agiganta el misterio.

 

El portón giratorio de 9 toneladas

Vivió en Florida City hasta 1930 cuando, en ocasiòn de comenzarse otra edificación casi colindante con su propiedad y dado su carácter ermitaño, decide mudarse al actual emplazamiento y desmonta, traslada y reensambla todo lo que había edificado hasta entonces, sobre un terreno de diez acres (unas seis o siete hectáreas) parte de las cuales ocupa y parte, años después, comercializa en la forma que hemos detallado.

Quedan algunas descripciones de cómo hizo, cuando menos, el traslado. Sobre el chasis de un viejo camión Republic, acostó dos rieles. Un amigo circunstancial tiraba d ela estructura con un tractor, pero nadie le vio cargar o descargar. Parecía tener un sexto sentido que le advertía cuando alguien le espiaba, ocasiòn en que interrumpía abruptamente su trabajo. Las numerosas mirillas en las paredes confirman su naturaleza sospechosa, casi se diría paranoica salvo que tuviera un motivo importante y concreto para estar en estado de alerta. Gruesos muros y portones de roca sólida reafirman su necesidad de privacidad.

En 1940, luego de finalizar las tallas interiores en su totalidad, dedicó un año intenso a finalizar los muros externos. Excavaba el coral de una cantera contigua a uno de los muros, aunque otros, de acuerdo a criterios que desconocemos, los traía desde largas distancias y, otra vez, aceptaba colaboración en el traslado, pero no en la carga y descarga. Dato: el peso del coral es de aproximadamente una tonelada por metro cúbico. Las paredes del Castillo son bloques de dos metros cincuenta centímetros, por un metro treinta centímetros por un metro de espesor, cada uno con un peso de seis toneladas mínimamente. El Gran Portón que giraba sobre su centro de gravedad –apenas una clavija enterrada en el suelo, y que se descentró hace unos años, cuando los propietarios actuales del museo de sitio, tratando de comprender su funcionamiento, lo movieron de su eje sin poder colocarlo nuevamente en posición- pesa nueve toneladas y daba un giro de 360º apenas con el empujón de una mano. Nosotros mismos hicimos el experimento con otro portón, pequeño, triangular, de “apenas” tres toneladas, que gira y sigue girando sobre un pequeño buje metálico con sólo apoyarse literalmente sobre el mismo.

 

El “rincón astronómico”

Ed era un tipo muy reservado. Permanentemente cerrado, para acceder había que tocar un timbre y una campana. El propietario se asomaba y, entonces y de acuerdo a un indecible aspecto que veía del curioso y su propio humor, decidía si franqueaba el acceso o no. Pero algo llamó inmediatamente mi atención y que creo –junto con otro “algo” sustancial del interior al que me referiré más adelante- se les ha escapado a tanto colega que anda por ahí.

A un lado de la entrada principal, sobre la pared, dice: “Toque dos veces”. ¿Por qué dos?. Si el visitante tocaba una, o tres, o cuatro, simplemente no le atendía. ¿Tiene que ver con un humor irónico aunque de dudoso gusto?. ¿Apelaba a la obediencia puntillosa de quien quisiera entrar?.

Yo pienso otra cosa. “Toque dos veces”, la frase me hizo eco con una arcaica, respetada consigna de toda Sociedad u Orden Iniciática que dice: “el Adepto deberá llamar a la puerta del Templo tres veces”. Esto no significa que quien quiera acceder al seno de una Logia, cual Sheldon Cooper metafísico, cuide de golpear estrictamente tres veces con los nudillos en la puerta de entrada, sino que significa que quien realmente quiere aprender debe ser consecuente e insistente, demostrando que lo suyo no es mera curiosidad circunstancial, sino verdadera búsqueda del Conocimiento. “Toque tres veces” significa que será puesto a prueba, que debe insistir, demostrar que tiene la perseverancia para que le sea abierta la entrada al saber. “Toque dos veces” es, según mi mirada una forma elíptica en que Leedskalnin se dirigía a quienes tuvieran ojos para ver.

 

El sillón mecedora y a sus pies, el reloj de Sol

Entre los ítems interesantes, varios llaman la atención al turista. La “mesa florida”, un corazón dentro de otro corazón que –apelando siempre a la inevitable reminiscencia de “Dulces Dieciséis”- se dice que Edward había construido con la ilusiòn de tomar allí sus comidas con su amor. Digamos aquí que la visita al castillo peca de una edulcorada exageración: según esa lectura, Ed estuvo hasta el final de sus días construyendo cada detalle del lugar pensando en y para su Agnes (que el sillón donde ambos se sentarían a platicar, que el sillón alejado para la suegra, que los sillones para los niños…. Salvo –no podemos descartarlo porque nada sabemos- que se tratara de una personalidad psicótica obsesionada con una persona, creyendo veinte años después que aún llegaría el día en que ella vendría o él iría por ella (cabe destacar que nunca realizó ningún otro viaje a Europa, ni demostró o comentó interés o planes para hacerlo), hay que preguntarse si esa referencia omnipresente a la adolescente amada no es más un homenaje un tanto naif a una historia romántica que a las verdaderas intenciones de su constructor. Claro que la historia y el lugar rinde dividendos: muchas parejas eligen celebrar allí sus bodas, tomando la “mesa florida” como altar.

        Un tanto alineado o no, el tipo era práctico y eficiente. Los sillones para lectura al aire libre –estuve descansando en uno de ellos, increíblemente cómodo- dispuestos de tal manera que al cambiar de posición durante el día con el desplazamiento del Sol se tiene la mejor iluminación y ángulo posible para lecturas. O el profundo pozo artesiano que provee de fresca agua potable, realizado con singular maestría y útil aún en la actualidad. O la bañera, dispuesta de tal forma que llena de agua por la mañana el espléndido sol de Florida durante el día hace que a media tarde el agua ya esté aceptablemente caliente y lista para un baño.

Pero hay cosas menos obvias que me llamaron poderosamente la atención. La reproducción de los planetas del sistema Solar, ¿para dar lecciones de astronomía?. ¿Simple y dudosa decoración?. Hay un maravilloso reloj de Sol (o de Sombras, deberíamos decir) que entre las 9 de la mañana y las 5 de la tarde da la hora con precisiòn al cuarto de la misma. Pero aún más, el mal llamado “telescopio”, en realidad, una mira para apuntar a través de una mirilla circular a una cruz de alambre dentro de un círculo que cuando “centra” la Estrella Polar indica con exactitud el Solsticio de Verano. Es el Telescopio Polaris

Otra panorámica del lugar

 La primer pieza está situada seis metros por fuera del Castillo. Tiene  ocho metros de alto y pesa aproximadamente veinte toneladas. Tiene una abertura inclinada  y dos alambres cruzados. La mirilla o parte interior del telescopio están situadas en la pared adyacente.

Detengámonos aquí. Era el sujeto un apasionado de la Astronomía, de eso no hay duda. Pero la precisiòn milimétrica de esa “guía de apunte” a la Estrella Polar…. ¿Para qué?. Era ya pleno siglo XX; sobraban medios más exactos y sencillos para saber, si es que le sirviera para algo, el inicio del Solsticio. Salvo que, como voy a proponer aquí y fundamentar después, ese acto tuviera más de ritual que de técnico.

 

¿De qué estoy hablando?

 

El guía Jim explicando el “altar” -que, obviamente, no pueden ver como tal-

Lamento decepcionarles: no tengo la respuesta a cómo Edward hizo tamaña obra. He leído con alguna dificultad sus libros en inglés –folletos, en realidad; uno diría bastante misóginos y racistas- y tengo la impresiòn que encierran alguna clave, que su redacciòn, oscura, confusa por momentos, de una simpleza infantil en otros, es ex profeso y para desorientar (u orientar, en realidad) a quien tenga ciertas claves. Vi su cuarto de herramientas. Con razón Ed los llamaba sus “juguetes”: con ellos se puede jugar, mas no hacer semejante obra. Unas palancas, algún trípode, un par de poleas, no hay forma racional de emplearles para mover semejantes moles. Estuve en lo que fuera su habitación personal, el segundo piso, sólido, amplio, fresco, de la Gran Torre del castillo. Todo coral, en bloques monolíticos. Todo levantado por un solo hombre.

No, no tengo la “explicación” por ahora. Pero tengo algo: la convicción que Edward Leedskalnin era un esoterista, que practicaba rituales, realizaba sesiones de neto corte oculto, quizás adoraba entidades no tan afines a la idiosincrasia de esa ingenua América de principios del siglo XX.

 

El altar

¿Qué razones tengo para afirmar esto?. “Toque dos veces”. La “guía de apunte” Polar. Los “cuerpos astronómicos”, en disposición más propia para la adoración (los imagino, oscuros, resaltando sobre el fondo absolutamente estrellado de noches sin iluminación artificial ni edificaciones en la zona). Por cierto: junto al planeta Marte planta una palmera, como símbolo de su absoluta convicción que el planeta rojo alberga vida. El “Obelisco Egipcio” (así le llamaba): trece metrtos de altura, dos metros más sepultado bajo tierra, cortado, trasladado y erigido en un solo bloque: treinta toneladas. Caminé entre esas obras monumentales y sentí, más que una reminiscencia de Keops, Cusco o Teotihuacán, los ecos de Rapa Nui (Isla de Pascua). Y lo digo porque a la pregunta de cómo, sin gran tecnología, pudo manipular esos colosos me remite a lo aprendido en la isla del Pacífico: el dominio del “mana”, la sutil y omnipresente fuerza que los rapanui aún sienten presentes en sus moais, rituales, comidas y que ellos mismos señalan como “herramienta” para mover esos monstruos de roca. Y esto: fue cuando nuestro guía, un amable y muy maduro caballero llamado Jim, nos señaló lo que quizás pasa desapercibido a la vista apresurada de tantos turistas.

Un altar…

Una aproximación

 Jim no lo llamó así, precisamente. Pero se detuvo, en su periplo explicativo, señalando que era un lugar frente al cual los visitantes decían que Ed se detenía, en silencio, durante algunos segundos.. Hay quien dice (me lo comentaron en el salón de “merchandising” del museo) que las pocas veces que le vieron enojado era cuando algunos niños trataban de treparse al lugar. Parece un conglomerado azaroso de coral y concreto. Al mirarlo con detalle, uno ve incrustaciones y tallas. Unos caracoles de diverso tamaño, más arriba un rostro humano. Trazos como peces. Y bien abajo –si del mar se tratara, diría que casi legando al fondo, un Gran Rostro, “casi” humano, pero algo en él era inasiblemente repugnante…

Jim me sacó de mi ensimismamiento. Hablaba que suponían que el bueno de Ed habías hecho ese rincón como una forma de ilustrar la “evoluciòn de la vida”, desde el mar hasta la superficie, hasta el hombre. Hubiera llamado la atención que en la secuencia faltaban unos cuantos eslabones, saurios, otros mamíferos, pero mis pensamientos estaban resonando por otros rincones….

      Lo diré de una vez: hace años que tengo la fuerte sospecha que los Mitos de Cthulhu y toda la saga de Howard Phillip Lovecraft no es solamente una sucesiòn de relatos fantásticos de un misógino aburrido, fóbico del mar, del contacto con otras personas y del ulular del viento nocturno. Creo que empleó, dentro del puritanismo y fundamentalismo cristiano dominante en ese entonces, el marco de su literatura para transmitir un verdadero culto de entidades pretéritas y oscuras, los Antiguos, en guerra cósmica y permanente con los Dioses Arquetípicos.

Y –es pura especulación, por supuesto- creo que Edward Leedskalnin fue uno de sus cultores.

Para cuando Ed vivió y construyó su paraíso, Lovecraft estaba vivo y produciendo esa literatura –falleciò en 1937- El mar en general, y las costas de Florida en particular así como los pantanos –recordemos la proximidad de los Everglades, realmente muy, muy cerca- eran escenarios frecuentes de sus horrores cósmicos. Cthulhu, el epítome de sus monstruos, era un ancestral y poderosísimo ser marino, un tirano de las profundidades acechando víctimas en cuerpo y espíritu. Su horror emergía desde las profundidades, alcanzando al hombre. Yo miraba el altar de Edward, y escuchaba un eco en mi cabeza diciendo aquello de: “porque no está muerto lo que yace eternamente, y con los evos extraños aún la misma muerte puede morir”…

Hablé de la Isla de Pascua, sí, allí, donde no tan lejos, se detecta ese misterioso fenómeno conocido como “The Bloop” (relatado en este podcast: http://www.ivoox.com/afr-n-133-misterios-inkas-the-bloop-audios-mp3_rf_3299956_1.html ) el cual, a su vez, está donde con exactitud casi terrorífica Lovecraft ubica a R’lyeh, la monstruosa, arcaica ciudad submarina de los Antiguos…

 Escribió cinco pequeños libritos, sólo disponibles en inglés: “Un libro en cada hogar” (dividido en tres capítulos: “Dulces Dieciséis”, “Examen Doméstico” y “Examen Político”, “Corrientes Magnéticas” (donde quizás se encuentre las claves de cómo manejó esos bloques) y “Vida vegetal, mineral y animal”. Que escribiera sugestivamente sobre “vida mineral” demuestra no sólo sus creencias animistas sino, por extrapolación, su fuerte inclinación esotérica.

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HUMANOIDES ENTRE DINOSAURIOS

Posted by Gustavo Fernández en 24-07-2017

Este deambular por otras latitudes en que ha devenido mi vida tiene recovecos inesperados y sorpresas intelectualmente deliciosas, pues el placer contemplativo del intelecto no sólo abreva en hallazgos o conclusiones sino también en admirar que aún las ideas y propósitos más bizarros del ser humano pueden ser campo fértil para la expresión de cierta belleza estética. Y si en medio de ese derrotero aparece la oportunidad no ya de encontrar respuestas sino de aprender a formular mejores preguntas, bien hallada sea la circunstancia.

Huella humanoide en el lecho del río Paluxy

Esto es concretamente lo que pensaba en ese atardecer estival de Texas cuando regrsábamos –junto a Orlando Rodriguez y su familia- desde Glen Rose, un pequeño, típico pueblito al noroeste de Dallas, dos horas de carretera. Allí existe un santuario arqueológico, caracterizado no solamente por el hallazgo de fósiles de gran valor sino de huellas en el limo fosilizado del lecho del río Paluxy. Y un “hecho maldito” que incomoda a muchos: huellas pretendidamente humanas simultáneas a la de los grandes saurios.

 Ya había leído esta información hace años, en libros primero, Internet después. Así que como que en Glen Rose, en un museo, también se encontraba un martillo…. Incrustado en una roca del Cretáceo. Vi fotos, y desconfiaba. El cabezas de hierro, inoxidado después de unos 140 millones de años, podría ser creíble (tenemos muchos otros sitios en el globo con presencia de hierro inoxidable, como la columna de Qoubt Minar, en la India, con, mínimo mil doscientos años constatados) pero el trozo de cabo de madera me hacía escéptico. ¿Cómo algo de madera podía sobrevivir a semejante lapso de tiempo y esas condiciones de compresión, calor, humedad, sin desintegrarse absolutamente?.

Huellas de grandes saurios

Luego supe leer también que, respecto a las pretendidas huellas humanas mezcladas con las de dinosaurios, un habitante del lugar, hace años, relató que en su lecho de muerte su abuelo le había confesado haber sido el autor. Y un poco más tarde, que esas huellas pretendidamente humanas y ese martillo pretendidamente jurásico estaba en exhibición en un… Museo de Evidencias de la Creaciòn, propiedad de cristianos fundamentalistas. Fue entonces cuando mi “raciocinio” –inevitablemente, a esas alturas y por lo que veremos después, condicionado por las manipulaciones globales- me dijo que, sin duda, eran todos fraudes y falacias, sin otro valor.

Pero estaba en Texas, y la oportunidad de un día de paseo justificaba la excursión. Así que allá fuimos.

Huellas de grandes saurios

Y, una vez más, estando en el terreno, comprobé qué perversamente (en el sentido psicológico de la expresión: “desviado de lo correcto”) equivocado puede estar uno sin cruzar la información en el mismo escenario de los sucesos.

 

Las huellas

Detengámonos en una somera descripción del hecho. Las huellas de grandes saurios, tricerátops, velocirraptors y brontosaurios entre muchos otros, quedaron grabadas en el entonces cenagoso lecho de lo que era un gran pantano en épocas en que aún Godwana staba en proceso de reconfiguración y lo que hoy es el terreno abrupto (extraño en un Texas mayoritariamente plano) del río Paluxy el punto de choque de dos placas tectónicas. Pasaron miles, millones de años, el cieno se endureciòn, fue cubierto por más limo pero de combinación erosionable, y mientras el primitivo se solidificaba los vientos primero y el naciente río luego erosionó la capa superficial hasta quedar las huellas a la vista. A nadie llamó la atención hasta que en 1938 un paleontólogo de vacaciones por la zona reparó en ella, los denunciò oficialmente y comenzó la tarea de recuperaciòn que culminó con la creación de un parque santuario que los preserva para la posterioridad.

Otra huella humanoide

La segunda etapa de esta historia comienza en los tempranos años de la década del ’50, cuando corre el rumor que en el sinuoso, transparente río, habían sido observadas “huellas humanas” en abigarrada mezcla con huellas de saurios. Se recorta varias de ellas, aprovechando tiempos de sequía se obtienen copias en yeso de otras y permanecen en viviendas particulares hasta que en los años 70 se funda el mencionado Museo (como bien me dijera mi amigo Orlando, una contradicción: quien tiene fe en la Creaciòn no necesita evidencias, y quien necesite evidencias no tiene fe) que acumula, entre objetos realmente bizarros, buena parte de esas huellas y el citado martillo.

Sin embargo, caminando bajo el tórrido sol de Texas con 43/44º C, con las piernas húmedas del cálido agua de río y con extremo cuidado por el mohoi y el musgo que tapizan las rocas, encontré una sorpresa:_ el lecho del Paluxy conserva aún muchas huellas “humanas”, así como de dinosaurios, no expoliadas y censadas. Medidas, filmadas y fotografiadas (algunas imágenes acompañan esta nota) observo que son claramente de dos tipos: uno, de pies descalzos, aparentemente muy humanas en proporciones y con cinco dedos pero…. De treinta y cuarenta centímetros de largo (si su propietario tuviera las relaciones antropométricas propias d elos humanos, debería tener entre 3,50 y 4 metros de altura), y un segundo grupo, levemente más grandes que el pie humano normal (si me rigiera por las medidas de calzado propias a Argentina, diría que corresponderían a un número 44/45) pero evidentemente con calzado. Así es, era fácil advertir la marca del taco en el talòn y la terminaciòn “en punta”, a la par de la marca plantar propia de un pie embutido en una bota.

Otra huella humanoide

Más tarde sumé a mi análisis las huellas que se encuentran en el Museo, éste ubicado a corta distancia en lindes del pueblo (sobre el que regresaré enseguida) y comparto con ustedes estas conclusiones provisorias:

Tengo la fuerte impresiòn que son absolutamente reales (si podemos obviar por un momento, y tengo una razón, que estén exhibidas en un “museo creacionista” y no en una institución más “seria”). Alguien me recordará aquí el relato del anciano que –según su nieto- se habría adjudicado la falsificación de las mismas vaya a saberse con qué funambulescas intenciones. Recordemos a aquellos dos abuelos británicos –ya fallecidos- que hace años se adjudicaron, tabla de madera y cordel mediante, haber realizado “todos” los “círculos de las cosechas” del Reino Unido. Y el problema no es que se los adjudicaron; el problema era que tantos medios periodísticos se hicieran eco bajo el título de “Resuelto el misterio de los círculos de las cosechas”…. Luego vinieron multitud de agrogramas en otros continentes, multitud después de fallecer ambos y olvidar multitud que ya habían ocurrido incluso antes que nacieran, pero bastó que aparecieran dos sujetos autoculpándose para que el tema quedara zanjado en la Wikipedia cósmica de los escepticoides. Ello, sin extendernos en recordar cuántas veces ante la aparición de asesinos seriales una retahíla de psicópatas llaman a las estaciones de policía atribuyéndose los crímenes. De manera que un ignoto anciano en Glen Rose le haya dicho a su nieto que él “fabricó” las huellas, no prueba absolutamente nada. El viejo refrán de “a confesiòn de parte, relevo de pruebas” demuestra, una vez más, que los refranes son “memes” de ingeniería social bastante poco fiables.

Veo desde mi profanidad que estas huellas, que denominaré “humanoides” pues no las creo “humanas” en tanto pertenecientes a individuos de nuestra Humanidad, tiene coherencia propia. La profundidad de la misma guarda relaciòn tanto con su tamaño, el peso proporcional que debería haber tenido su propietario y el peso de las bestias que a su lado, o sobre ellas, imprimiera las propias. Su tamaño –hablo de los pies desnudos- no me resulta particularmente escandalosos: todas las antiguas culturas (la cuestiòn es hasta bíblica, después de todo) hablan de gigantes caminando sobre la Tierra en evos ancestrales y de cualquier manera, hasta la Paleontología y la Antropología hablan de simios protohomínidos como el Gigantopithecus que con sus, precisamente, entre 3,5 y 4 metros de altura ha sido parte del sendero evolutivo de las especies, simios que llegaron al punto de emplear el fuego (no ha generarlo pero sí a no temerle necesariamente y emplearle quizás con fines defensivos) y herramientas rudimentarias (palos afilados, rocas aguzadas, etc.), sin abundar en evidencias tales como huesos evidentemente humanos en términos morfológicos pero correspondientes a seres de unos tres metros de altura hallados también en Norteamérica, Europa, África, etc., incluso pertenecientes a tiempos relativamente recientes.

Estoy convencido que existieron otras Humanidades además de nuestra Humanidad, con una antigüedad que, sin embargo, retrocede más y más de década en década. Siendo yo un niño recuerdo haber leído textos escolares que habían sido de mi padre, editados hallá por 1930, y que fijaban la antigüedad de la especie humana en unos 100.000 años. Ingresado yo en el colegio secundario, la cronología “oficial” hablaba de 1.000.000 y para cuando egresé cinco años después se especulaba con unos 3.000.000 . Hoy en día la cifra se estima entre 4 y 5.000.000 de años para los homínidos que luego darían origen al Cro Magnon del cual derivamos todos, pero hasta estas clasificaciones son discutibles a la hora de cifrar la “verdadera humanidad”. Por ejemplo, no hace mucho se decía que el hombre de Neandhertal era anterior al Cro Magnon. Luego se admitiò que fueron contemporáneos, pero enemigos, y de hecho se afirmaba que los Cro Magnon habrían exterminado a los Neandhertal. Actualmente hay evidencia que ambas especies se cruzaron, a la par que en distintos puntos del globo co existían otras especies homínidos hoy desaparecidas (como los “hobbits” de Nueva Zelanda) . Lo que quiero significar es que es esperable que la cronología humana sea aún inconmensurablemente más antigua, si bien no creo que llegue a un período tan remoto como aquél del que estamos hablando; sin embargo, eso señala lo poco que en definitiva sabemos de nuestra historia.

Negativo en yeso de huella de saurio sobreimpresa a huella humana

En la misma línea de pensamiento, es que supongo, a título personal, perfectamente posible como dije la existencia de otras “humanidades”, no necesariamente de la misma línea genética que la nuestra. Humanidades que pudieron surgir, prosperar, colapsar y desaparecer más de una vez en sesenta o ciento cincuenta millones de años. En cuanto a las huellas de calzado, civilización culturalmente desarrollada, extraterrestres de paseo o –como en el cuento “Un ruido de trueno”, de Ray Bradbury- turistas del futuro de cacería en el pasado, ¿por qué no?.

Las huellas están allí. Antes de denostarlas, vayan hasta el lugar y obsérvenlas.

 

El martillo

 

El martillo

Ahí está. En ese anacrónico “Museo de Evidencias de la Creaciòn”. Hay que hablar un poco del mismo, pues ésta es su idea medular: Dios creó al mundo y las especies hace 6.000 años, dinosaurios incluidos, y a éstos, incluso, los salvó Noé en su Arca. Pero luego del diluvio, se extinguieron. Y si los fósiles de dinosaurtios son distintos a los restos paleontológicos y antropológicos (los primeros, precisamente, fosilizados, los segundos, no) es porque Dios lo hizo así para poner a prueba la fe de la especie humana.

Sí, ya les estoy escuchando. Cuando terminen las carcajadas, continúo.

Hay que reconocerles a los propietarios mucho profesionalismo; el museo es atractivo visualmente y dejando en suspenso mi escepticismo crítico y tomándolo como un paseo, debo decir que disfruté la jornada. No me pidan que resuma las “evidencias”: es tomar ciertos elementos y ubicarlos en un contexto bizarro. Pero no me digan (los amantes del maquetismo y los dioramas) que esta genial reproducción del arca de Noé que acompañamos en el video que subimos a nuestro canal en Youtube no es una delicia. Vamos viendo sus distintos compartimientos, y filmando debía reprimir la risa cuando en un compartimento está la familia de Noé con sus cabritas y vaquitas, en otro elefantes y jirafas (ponele) y, al lado, velocirráptores…

 

Entrada al museo

Incluso, en los años 80 esta gente realizó una expedición al monte Ararat y regresó de allí con un trozo de madera carbonizada que aducen es de la misma. Está en exhibición en una de sus salas.

Menos simpático resulta, a mi modo de ver, el marcado sionismo político en estos no – judíos, con leyendas de apoyo a Israel y su engrandecimiento, extraño entre cristianos, aunque sean fundamentalistas. Pero no extraños en un “bible belt”, un cinturón bíblico donde la repulsa pública al Islam está instalada y el apoyo al gobierno y naciòn hebreos casi absoluto…

Así que ahí, en ese marco entre delirante y fantástico, están las huellas recortadas del lecho del río (¿recuerdan?) y el martillo. Y si hacen (como yo hice) un esfuerzo por obviar el lugar donde están, re consideren ese instrumento.

 

Sala del museo

Cabezal de hierro, con mínimas huellas de oxidación. Fue hallado en los años ’50 en otro pueblo de Texas, New London. Estuvo en propiedad de la familia del descubridor hasta que –en un “pasamanos” que no he podido desentrañar aún- llega a este museo.

Cabo de madera, roto, mínimo. Y he aquí la gran clave que me sorprendió: esta madera está petrificada. Eso terminó de echar por tierra mi escepticismo y me disparó una avalancha de interrogantes. Que estuviera petrificada –lo que no notaba yo en las fotos donde durante por años lo había visto- explicaba que perdurara tantos millones de años después.

Pero seguía teniendo recelos. Un martillo “demasiado” humano, contemporáneo. Suponiéndole herramienta de una de esas humanidades desaparecidas de las que escribiera, ¿era lógico suponer que fuera tan similar a nuestros martillos?. Sé que alguien acotará que después de todo un martillo es un martillo, pero no me convencía. Salvo que, como buen OOPART (“out of place artifact”: artefacto fuera de lugar) hubiera otra explicación. Como un objeto teletransportado en el tiempo a ese remoto pasado. U olvidado por algún viajero del tiempo…

Dígase lo que se quiera decir, el objeto existe. Y está allí.

 

Pero, ¿por qué allí?

La maqueta citada del Arca

 No pude dejar de pensar, paseando por los alrededores del museo que también balconea sobre el río Paluxy, que esa evidencia, en cualquier otro museo del mundo hubiera desatado un verdadero escándalo académico internacional, obligando literalmente a reescribir los libros de texto o, cuando menos, dejándoles grandes vacíos. Pero allí, en ese lugar…. Era un pasaporte seguro al desprestigio. Por otro lado, no puedo ser contradictorio con mi propio parecer y la realidad de estas evidencias (las huellas y el martillo, que es de lo que estoy hablando) me parecen incontrastables. Fue entonces cuando me pregunté: ¿y si algún Poder en las Sombras manipuló personas y circunstancias para que, precisamente, esas evidencias terminaran allí y fueran ridiculizadas por carácter transitivo?

Alguien me dirá que sería mucho más sencillo simplemente hacerlas desaparecer, destruirlas. Ciertamente. Pero, ¿si siguieran apareciendo?. ¿Podría tenerse un control y monitoreo más o menos inmediato en tiempo y forma para darles el mismo destino en el olvido sin correr el riesgo que alguna se filtrara en otras manos?. En cambio, con el “precedente” de este museo, es mucho más sencillo que, si aparecieran nuevas huellas, nuevos Ooparts, simplemente descalificarlos por carácter transitivo, remitiendo toda discusión a los simpáticos loquillos del “museo de evidencias de la creación”…

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Encuentro OVNI y de Parapsicología en Capilla del Monte

Posted by Gustavo Fernández en 30-06-2017

24 a 28 de noviembre de 2017

Luna llena sobre Uritorco

Una vez más, “Al Filo de la Realidad”, el Instituto Planificador de Encuentros Cercanos (IPEC) y Gustavo Fernández invitan a una experiencia grupal, intensamente vivencial, en la “capital espiritual” de la República Argentina.
En esta oportunidad, el objetivo estará centrado en realizar noches de Alerta OVNI, investigaciones parapsicológicas en el terreno (psicofonías y psicoimágenes en el legendario Castillo de Pueblo Encanto, así como en Sitios Ancestrales de Poder), prácticas grupales de observaciòn y contacto (fotográfico, psíquico, etc.) con las realidades paralelas que ocurren en la regiòn, de acuerdo al siguiente detalle:

Viernes 24: Recepciòn en la terminal de Capilla del Monte o en Pueblo Encanto (según medio de arribo). Desayuno de bienvenida. Alojamiento en cabañas. Descanso.
Por la tarde: recorrida por el predio, con explicaciones sobre la historia del Castillo, el Pucará ancestral y el Laberinto de Cuarzo (único en el mundo).
Visita a Los Mogotes y Paso del Indio.
Cena.
Por la noche: experiencias de psicofonías y psicoimágenes en el Castillo.


Sábado 25: Desayuno.
Luego, salida hacia Los Terrones -con ascenso y trekking del terreno). Meditaciòn grupal en la cima de Los Terrones. Prácticas de técnicas de visualizaciòn y contacto.
Continuamos hacia Ongamira, con recorrida por el Monte de la Calavera, sus grutas y la Cueva del Indio.
Cena.
Luego de la cena: vigilia OVNI en el Pucará del Uritorco.

Domingo 26:Caminata por el Sendero de los Duendes hasta la Base del Uritorco. En el Sendero, realizaciòn de psicofonías y psicoimágenes de las entidades que se señala se manifiestan en el lugar.
De regreso al Pueblo, experiencia de meditaciòn en la llamada Capilla Neotemplaria, relato de sus particularidades, mito, leyenda e historia.
Almuerzo
Tarde: Continuamos hacia la meseta de El Zapato y Dique El Cajón. Allí realizaremos una meditaciòn grupal y luego les obsequiaremos con una sorpresa.

Lunes 27: Desayuno. Pasaremos el día en San Marcos Sierra, un pueblito maravilloso de artesanos y mucho colorido. Luego del almuerzo, iremos hacia Rumi Huasi (“Casa de Piedra”), gruta o alero de uso chamánico comprobado arqueológicmente y de 8.000 años de antigüedad, donde repetiremos experiencias de psicofonías y psicoimágenes.
Noche libre.

Martes 28: Desayuno de despedida. partida a sus localidades de origen.

El arancel total de la actividad se ha fijado en $ 8.700

INCLUYE: Recepciòn y traslado a Pueblo Encanto. Cuatro noches de alojamiento en cabañas. Cinco desayunos. Cuatro comidas. Traslados a todos los sitios de actividad y aranceles de acceso. Equipamiento para experiencias que no sea propio del asistente. Guía especializada. Acompañamiento de fotógrafo profesional (Hugo Motta) quien registrará todas las instancias poniendo a disposiciòn de todo el grupo el material -imágenes tanto grupales como individuales- con lo que el asistente no debe estar tan pendiente de tomar sus propias fotografías y dispondrá d euna enorme cantidad de alta calidad para su uso personal.

NO INCLUYE: Traslados desde y hacia las localidades de origen. Otra comida diaria. Propinas.

Por informes e inscripciòn escribir a: caintegral@yahoo.com.ar
La plaza se reserva con el pago del 50 % (saldo al llegar a Capilla) ANTES del 1 de octubre de 2017, a esta cuenta:

Banco de la Naciòn Argentina:
(Alberto Enrique Marzo)
CBU nº 0110390630039072705165
o
Nuevo Banco de Entre Ríos SA
(Gustavo Mario Fernández)
CBU nº 3860001003000029467852

Informes e inscripciòn: caintegral@yahoo.com.ar

Whatsapp: +54 9 343 6234381

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“Egipto Desconocido” (video de conferencia en Club del OVNI)

Posted by Gustavo Fernández en 28-06-2017

Les invitamos a compartir esta nueva realizaciòn, un video de la conferencia que nuestro Director, Gustavo Fernández, brindó a su regreso de Egipto:

( Hacer click en la imagen o aquí )

Saludos cordiales

El Equipo de AFR

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EL EXTRAÑO LEGADO DE UN MILLONARIO ESOTÉRICO

Posted by Gustavo Fernández en 18-06-2017

No tengo problemas en reconocer todo lo que me falta por aprender en la vida. Por eso, cuando mi entrañable amigo Sergio Chorro Rocamora dijo aquello de “Tendríamos que ir a Sintra”, enarqué una ceja, curioso. Era la primera vez que escuchaba ese nombre.

En Sintra

Habíamos llegado a Lisboa con nuestras familias el día anterior, y descansábamos, relajados, tomando un oporto –qué otra cosa beber si se está en Lisboa-, mientras mirábamos el intenso ajetreo de la gente que iba y venía en esa agradable noche de abril por la Avenida Da Liberdade, a pasos del Teatro Tívoli.  Nuestro viaje al territorio lusitano fue casi una escapada al viejo estilo sesentista, subir al auto, poner una meta y ya, sobre la ruta, ver qué íbamos encontrando.

Como dije, ni idea tenía de la existencia de Sintra. Así que comencé a googlearlo, cuando Sergio me agrega: “creo haber leído por ahí que hay un lugar con mucho simbolismo que seguramente te interesará”.

Y vaya si me interesó. Sorprendido (si al mejor cazador a veces se le escapa la liebre, a mí se me había escapado una tortuga) vine a descubrir que a media hora de donde estaba sentado en ese momento, disfrutando una copa de ese vino dulzón y “fortificado” que era ese Ramos Pinto Tawny de 10 años, no sólo nos esperaba un pueblito paradisíaco, declarado “Patrimonio de la Humanidad”. Nos esperaba un reservorio de conocimientos esotéricos.

Al día siguiente ya caminábamos sus callejuelas. Derramándose sobre las sierras frondosas de árboles y no lejos del mar, Sintra es un poblado de ensueño, de abigarradas casonas de tres y cuatro pisos pintadas sus fachadas de vivos colores. Y allá arriba, subiendo una empinada colina, aguardaba la Quinta da Regaleira.

La historia parece sucinta.

Antonio Carvalho Monteiro, De Husond – Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4024463

Sintra, una villa hermosísima de unos treinta mil habitantes a poco menos de treinta kilómetros de Lisboa, guarda numerosas construcciones de tipo renacentista y arquitectura “manuelina”. Pero el Palacio da Regaleira, edificaciòn principal de la “Quinta da Regaleira”, es relativamente reciente (comenzó a construirse en el año 1892) por parte del millonario Antonio Augusto Carvalho Monteiro, excéntrico hombre de negocios, nacido en Brasil de familia acaudalada y radicado en Portugal desde donde dirigía sus numerosos negocios (maderas, café, etc.) con su patria de origen.

Nace en 1848 y fallece en 1920, y a sus numerosos intereses rosacrucianos, masónicos, alquímicos y templarios se deben los excéntricos edificios y secretos de la Quinta que visitamos. Incidentalmente, permítaseme señalar como este profundo conocedor del Hermetismo (en efecto, Carvalho Monteiro no fue simplemente un “diletante” de lo esotérico sino un aplicado estudioso y experimentador del mismo)  dejó “señales” simbólicas no sólo en el camino de su vida sino más allá también: en efecto, el portón principal de acceso al Palacio da Regaleira se abre con la misma llave que su tumba, ubicada en el Cementerio Dos Prazeres,y que su palacio en Lisboa, sobre la Rua do Alecrim.

El Pozo Iniciático, visto desde el exterior

De sus prácticas alquímicas hay registro de un laboratorio que Monteiro había dispuesto en la torre octogonal del Palacio. De sus otras filosofías, numerosos símbolos accesibles a la observación y al experimento, que señalaremos a continuación.

 

La Torre Iniciática

La idea de “torre” es un tanto equívoca, por lo cual también se le conoce como “el pozo iniciático”. Tiene 33 metros desde el fondo a la cima, y dos terceras partes se hunden en la tierra. Presenta nueve rellanos, posiblemente emparentados con los nueve estadíos de la divina Comedia, y se trata de una profunda horadaciòn dentro de la cual desciende una cómoda escalera en espiral, cono baranda sobre el vacío, presentando en el fondo una Rosa de los Vientos sobre una Cruz Templaria. Por sobre la superficie, el tramo exterior es disimulado con rocas a semejanza de una pequeña colina, y el acceso a la misma presenta dos magníficas puertas – trampa de piedra, una deslizante –de manera lateral- y otra giratoria. Ambas hoy inutilizadas, se nos ocurre que debe haber sido sencillo manipularlas simplemente cubriendo el sueño de aceite o grasa.

Puerta de piedra deslizante

La razón de ser de éstas es evidente: se cerraba así el acceso durante la realización de ciertos rituales en ese pozo “iniciático”. Hay quienes hablan de rituales “masónicos”, pero sospecho más bien ceremoniales mágicos. Es interesantísimo descubrir que al fondo se abre un corredor que se pierde en un intrincado laberinto tallado dentro de la roca viva, con salidas detrás de cascadas artificiales o por detrás de balcones de playones ceremoniales a distintos niveles, porque todo el conjunto de La Regaleira está edificado en una verdadera colina extremadamente boscosa, con lo cual construcciones como este Pozo permite aprovechar distintos e intrincados niveles de acceso.

A medida que avanzábamos en nuestro relevamiento, se nos hace evidente que como parte de los ceremoniales allí llevados a cabo el perturbar y alterar los sentidos físicos o la percepción de la Realidad era parte preponderante. Cito dos ejemplos: uno, una “fuente”, aún útil –con agua en su interior- a un lado de una de las aras ceremoniales. A simple vista, la superficie del agua parecía estar a unos diez centímetros del borde de la misma. Pero –repetimos la experiencia varias veces- evidentemente la geometría de la fuente y el uso de colores de distintos materiales hacía que uno tuviera que bajar unos treinta centímetros la mano hasta realmente poder tocar el agua. Otro efecto apasionante, cuando buscábamos la salida de unos de las galerías laberínticas, encontramos, casi a la salida misma, unas banquetas talladas en la roca. Nos sentamos, disfrutando lo que frente a nosotros parecía un ventanal de alucinada geometría y (supusimos) un doble vidrio repleto de agua en

Palacio da Regaleira

su interior. La sensación era estar viendo desde el interior de un acuario. Y la sorpresa fue que, al salir y observar ese ventanal desde fuera, éste presentaba un sencillo vidrio que en nada explicaba la ilusiòn percibida anteriormente.

El “juego” con las ilusiones sensoriales no es ajeno al propio espíritu de la práctica ceremonial mágica, ya que, precisamente, ilustra sensorialmente el principio que “el Mago crea una Realidad a su albedrío”. No se trata de autoengañarse, de hacer creer a otros que esas ilusiones visuales “sean” Magia. Es como cuando los Magos de todas las épocas manipulaban el entorno arquitectónico para generar “ilusiones” visuales, auditivas, cinestésicas. Así como cuando el Chamán, para liberar a la persona enferme de su mal, entiende que debe “escupir” un insecto, el cual tendrá en la boca mientras “succiona” la enfermedad (en puridad, la componente de negatividad en el plano astral que en lo físico se expresa como “enfermedad”) frente a lo cual el antropólogo “erudito” cree que ese chamán engaña a sus “clientes”, haciéndoles creer que el insecto escupido “es” la enfermedad (y una vez más, eso no

Jardines

es lo que el Chamán trata de hacer creer, sólo atraer, por aquello de “lo semejante atrae lo semejante” la “miasma astral” que se manifiesta como enfermedad hacia el cuerpo astral de un insecto, molusco o lo que sea, cuerpo astral de poca evoluciòn como su expresión biológica), el Mago que manipula sensorialmente las “ilusiones de la percepción” sabe que el órgano sutil de ver Más Allá debe entrenarse quitándole –quitando a su poseedor- de la Realidad ordinaria. Y una de las maneras de lograrlo es “perturbar” la percepción de esa Realidad.

Saliendo del laberinto, el ventanal “efecto pecera”

Volvamos al Pozo Iniciático. Los practicantes trabajan –según el objetivo a alcanzar- en dos niveles: uno Ascendente y otro Descendente. En el Ascendente, el iniciado penetra al atardecer desde los jardines, con ojos vendados tiene que encontrar al tacto el camino dentro del laberinto hasta la base del Pozo. Allí es descubierto y participa de la Ceremonia, a la luz de una Luna (o un Sol, dependiendo de la ceremonia y por ende, la fecha) que se centra con el abierto orificio, allá arriba. Y para otras ceremonias, Monteiro había dispuesto un símil metálico de rama de árbol que permitía hacer pender una luminaria en el centro de la abertura, allá arriba. Luego, ascendía por la escalinata hacia el Cenit para salir al mundo de todos los días.

Pero la práctica Descendente era la más peligrosa, en términos físicos y en términos espirituales. Pues entraba al Iniciado a descender a su propio infierno y a los estratos más bajos del universo espiritual. Se ingresaba por la parte superior, cerrándose la puerta a sus espaldas –claro mensaje simbólico de “ya no puede volverse atrás” y el sujeto

El vidrio de la “pecera” desde el exterior

descendía hacia las profundidades y por ende las oscuridades. Pero a lo largo del camino, en veintitrés nichos, le esperaban agazapados otros iniciados con enigmas que tenía que superar, con obstáculos a sortear. Al llegar al fondo, le esperaban para, luego de la ceremonia, venderle los ojos y arrojarle al interior del laberinto, del que tenía, a la inversa, que buscar la salida a la luz de un Sol que amanecía.

La Quinta da Regaleira presenta varias Aras Ceremoniales, creados con todo primor, desde su orientación espacial –que permitía seguramente en fechas calendáricas dadas (solsticios y equinoccios) hacer coincidir el Sol naciente con el centro de las mismas- como el detalle de su construcciòn, empleándose calcita cuarcífera, verdadera joya geológica que refulgiría al sol del amanecer. Y dotándole, a estar del conocimiento de la llamada Gemoterapia, de propiedades vibratorias energizantes de las acciones allí llevadas a cabo.

La capilla desde el coro

Tiene también su propia capilla cristiana. Pero, ¿no es un contrasentido una capilla cristiana entre tanto Esoterismo?. Para la mirada del Vaticano y los católicos romanos, seguramente sí. Para la mirada cristiana gnóstica de Monteiro, definitivamente no. Ningún esoterista de cuño ha dejado (ni dejará) de honrar el vasto conocimiento durmiente en el llamado Cristianismo Esotérico cuando, aún más y dada la filiaciòn Templaria, si no de los saberes, por lo menos de los afectos, de este millonario, es esa Orden de Caballería el mejor reservorio de aquél.

Pero la capilla reservaba otros misterios. Debajo de la nave central (por otro lado, con el suelo orlado con un mosaico de un “urbe et orbis” muy interesante) se descendía a otro recinto, con su propia ara perfectamente alineada con el altar de la parte superior y el suelo cubierto de mosaicos alternativamente blancos y

Frente de la capilla

negros (el embaldosado masón, donde caminar sobre baldosas blancas y negras simboliza como en el andar de la vida pasamos de la luz a la oscuridad y de allí a la luz, sucesivamente). Esto significa que, por caso, mientras en la parte pública, “exotérica” se estaba celebrando una misa, en la parte inferior, “esotérica” se llevaba a cabo otro ritual que, al ser simultáneo y “conectado” con el superior, tomaba la energía de éste para multiplicarse.

El recinto subterráneo de la capilla

No es menor el hecho que este recinto subterráneo tenía otra salida, en diagonal y subterránea, que se alejaba de la capilla para emerger en…. Un cruce de túneles laberínticos transportadores de agua.

Es difícil detenerse en lo que cada uno pueda considerar más enigmático o sugestivo de este lugar, de manera que cerraré exponiendo tres comentarios, tes observaciones (en realidad, dos observaciones en el terreno y una reflexiòn) brindándole al lector, como hiumilde criterio, destacar aquerllo que en lo personal me enseña algo más que no haya sabido antes sobre los conocimientos esotéricos.

Primera observaciòn: llegando a la cima de la colina, existe una gigantesca roca, quizás un peñasco rodado en tiempo inmemorial de un lugar más elevado. Pero lo interesante es que ese peñasco -calculo, no menos de una veinte toneladas- está ubicado sobre una plataforma artificial. No la supongo

La roca de referencia

exageradamente antigua; tiene mortero y cal en su construcciòn, por lo cual seguramente es otro de los trabajos del excéntrico milonario. Pero la pregunta es: ¿para qué tomarse el trabajo de elevar, aunque más no fuera unos coincuenta centímetros, semejante mole en el lugar (para lo cual habría que haber movilizado hasta esa altura y sitio tan incómodo, maquinarias y personal de trabajo) sólo para hacer una plataforma y volver a depositar el peñasco

Maravilloso ara ceremonial en jardines de la Quinta, con sus dos obeliscos masónicos y simbolismo para Iniciados

sobre ella?. Mi opiniòn: Monteiro sabía que ese peñasco tenía valor ancestral, quizás un sitio de valor menhírico (de “menhir”) de pueblos primigenios (recordemos que la primitiva poblaciòn de Sintra fue de origen celta) y debías permanecer allí, como una aguja de acupuntura, para determinado efecto, debe tocar un punto y sólo ese punto de los meridianos energéticos de nuestro cuerpo.

Segunda observaciòn: La capilla, con todo su extraño simbolismo, está consagrada a… San Antonio de Padua. Otra vez San Antonio, patrono de la particular capilla y el pueblo de Capilla del Monte y de Piriápolis. ¿Hay una ruta de San Antonio de Padua a través del globo que identifica lugares que, detrás del velo católico, encierran secretos herméticos?. Y la reflexiòn: Monteiro en Sintra, Odilo Estévez en Capilla del Monte, Francisco Piria en Piriápolis… ¡y todos trabajando en la misma época, simultáneamente!. ¿es casualidad?. ¿Integraban todos ellos -y seguramente otros que iremos descubriendo- la misteriosa pero pwersistentemente poderosa Orden de los Caballeros de Heliópolis?.

Capas de calcita cuarzífera cuidadosamente dispuestas en el ara ceremonial

Algunas personas suponen que este interés metafísico de estos personajes (todos prósperos millonarios, pero -cabe destacar- no millonarios de cuna sino “self made men”, de hecho y por lo menos dos de ellos, de cuna verdaderamente paupérrima- ) es sólo una curiosidad circunstancial. Estoy convencido, por experimentaciòn propia, que los conocimientos que detentaban eran fundamentales y funcionales a la prosperidad que alcanzaron, verdadera herramienta para modelar su Realidad. Y me quedo pensando en cuántos entusiastas estudiosos de estas disciplinas, siguen penando en un mundo de infortunios cryendo que su búsqueda espiritual es necesariamente conflictiva con su prosperidad material, la que nunca se dan la oportunidad de alcanzar…

 

 

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Podcast AFR Nº 185: Egipto desconocido

Posted by Quique Marzo en 11-06-2017

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

Para ir a iVoox, clic en la imagen.

Volvemos con la esperada emisión del podcast con la conducción de Gustavo Fernández, hoy con estos y otros temas:

  • Reflexiones sobre el reciente viaje a Egipto. Sejmet. La Gran Pirámide. El Arca de la Alianza. Abu Simbel. Templo de Filé. La Orden de los Caballeros de San Esteban. Moisés. Las creencias religiosas egipcias. El obelisco de Karnak. El esoterismo egipcio. Pitágoras. Las enseñanzas de Ptahhotep. Toth. El tarot egipcio. Sistema egipcio de predicción del sexo del bebé. Adelanto de un próximo podcast.

 

 

Para escuchar en línea, dejar comentarios o DESCARGAR el audio en formato mp3, diríjase a NUESTRO SITIO EN IVOOX

Más opciones (email, RSS, iTunes) en: http://www.ivoox.com/s_p2_3844_1.html

También puede descargar el podcast “Al Filo de la Realidad” directamente a su teléfono móvil suscribiéndose (gratis) desde la app de iVoox –para iOS y Android– (consígala a pie de página en: www.ivoox.com).

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