Los sacrificios de sangre

Escribe: Gustavo Fernández

A través de toda la historia de la Humanidad, los sacrificios de sangre (animales y humanos) no sólo estuvieron asociados a infinidad de cultos y creencias –la enorme mayoría de ellos totalmente “legales” de acuerdo al paradigma de su momento– sino que se extrapolan hasta la actualidad, ahora, en forma de cultos que no por menos dominantes dejan de ser significativos en aspectos cuantitativos y cualitativos de sus seguidores. Este trabajo, en tanto, no agotará ni mucho menos este debate y mucho menos busca ser un informe que analice el devenir histórico de esa costumbre, sino apuntar a ciertas consideraciones desde el campo de lo esotérico para una, quizás, mejor comprensión del fenómeno.

En primer lugar, debemos recordar que tales sacrificios tienen varias clasificaciones “duales”. Quizás la primera y más significativa –en el caso de tratarse del derrame de sangre humana– sea entre quienes se ofrecen voluntariamente para los mismos y por otro lado las víctimas obligadas a sacrificarse. La segunda división dual que podemos establecer es entre los que ocasionan la muerte de la víctima y los que implican sólo el derramamiento parcial del fluido vital.

Asimismo, entiendo que algunas de mis consideraciones puedan incomodar a los devotos de ciertos cultos que tendrán sus propias y explícitas razones para justificarlo. Inevitablemente seré subjetivo, pero, cuando menos, tendré la humildad de reconocerlo y ver en algunas de mis conclusiones la proyección de mi propia cosmovisión y filosofía de vida. No estaría de más, entonces, sugerir lo mismo a quienes piensen distinto.

La cantidad de ángulos de lectura del fenómeno son casi infinitas. Desde lo proteccionista (vegetarianos y veganos incluidos) no habría justificación para la matanza gratuita de animales (aunque tibiamente se diga que posteriormente y en algunas de esas oportunidades, la carne de esos animales se consume). Desde lo “religioso”, muchos cultos y prácticas –especialmente los más visceralmente próximos a cultos animistas propios de África– sus “entidades” exigen y demandan, no la sangre en sí pero sí la “energía” asociada a la misma; concepto interesante pues, como veremos enseguida, tiene explícitas connotaciones con la explicación esotérica tradicional.

Si bien la diversidad de cultos y creencias (aún en la actualidad) que todavía sostienen los mismos es importante, en cuanto a los sacrificios de animales –evitaré aquí caer en asociar a estos cultos episódicos sacrificios humanos que entiendo tienen más que ver con la perversión y criminalidad individual de quienes los cometieron que con las prácticas ritualizadas aceptadas– me ceñiré a uno de éstos que he conocido con cierta profundidad a través del tiempo: el afrobrasileño conocido como Umbanda, Quimbanda y Candomblé. No será éste el espacio para profundizar en la teología de esta creencia, sino señalar el sentido dado a la ritualización de la sangre.

En aproximación general, en este culto –que en países como Argentina, Uruguay y Paraguay se mezcla todo en uno, pero que en el Brasil “original” se encuentran claramente diferenciados, al punto de que quien es “umbandista” no es “quimbandero” y quien es esto, no es “candomblero”– la concepción es que vivimos en un “universo de espíritus”. Unos, llamados “Orishas” (los amigos centroamericanos que piensen en los “Orishas” de la “Santería” encontraran que tienen un origen común, y es lógico que lo sea, por provenir del acervo cultural traído con los esclavos africanos) son los espíritus de personas que murieron en actos de heroísmo, entrega, servicio o sacrificio por otras personas o por la humanidad: se les sincretiza (recordemos que si bien el Quibundo o Quimbanda y el Candomblé son arcaicamente africanos, la Umbanda “nace” en Brasil en tiempos tan próximos como 1918) con el santoral católico, y así “Oxalá” es “Jesús”, “Ogum” es San Jorge, “Iemanjá” la Virgen Stella Maris, etc. Su dominio es el espacio cósmico. Luego siguen los “Exú” (y su versión femenina, las “Pomba Gira”), espíritus de personas “pecaminosas”, o que murieron por motivos egoístas o con grandes sufrimientos, y son los verdaderos “dueños de este mundo”. Deben sumarse los “Beijins” o espíritus de niños, los “Caboclos” o espíritus de mestizos de negros e indios, los “Bahianos” (personas que eran naturales de Bahía) y una lista casi interminable.

Decimos que en el culto “puro” no se mezclan “Orishas” (es la Umbanda primigenia) con “Exú” (de naturaleza “quimbandista”) y los “Exú” (que son las entidades que “incorporan” maes, paes y “babalorixáes”). Y una de las razones para “encarnar”, es poder estar al alcance de aquello que los nutre. A los “exúes” se les ofrenda comidas y bebidas, puros y otros placeres, no porque se aprovechen fisiológicamente de los mismos sino porque absorben la “energía” (¿el astral?) de los mismos. Acotación al margen: a lo largo de décadas de dedicarme a estas investigaciones, he observado tres casos en que personas que despreciaron el “riesgo” (atribuyendo todo a “simple superstición”) bebieron o comieron vituallas dejadas a los “exúes”. En pocos días los tres acusaron gravísimos desequilibrios metabólicos que llevó a severos tratamientos, internaciones clínicas, etc. ¿Cuadro común”?: anemia generalizada. Entiendo que “desvitalizada” la ofrenda de su energía, el ingerir el alimento (o la bebida) hace que el “vacío” energético o astral de esa materia física se supla con absorción de energía o materia astral de la víctima. Esto es importante porque es una evidencia indirecta de la “explicación esotérica” que daré enseguida.

En consecuencia y según se enseña en “congales” y “terreiros” (espacios de práctica religiosa de estos grupos) la efusión de sangre provee de “energía” (o materia astral) a la entidad a quien se la ofrenda. Luego, el animal (cuadrúpedo o ave) se consume ritualmente, pero va de suyo que esto es un uso secundario y accesorio al sentido del ritual.

¿Qué pasa en la efusión de sangre humana, haya muerte o no, voluntariamente o no, del ofrendante? Aquí vamos a la explicación que proveen las sociedades iniciáticas, y soy consciente que aquí develaré uno de los “secretos” si no mejor guardados, por lo menos reservados a los “grados” superiores de tantas sociedades esotéricas, en plena consciencia de mi compromiso de compartir conocimientos en tanto y en cuanto el “momento humano” que estamos viviendo no es el de siglos atrás cuando tales sociedades fueron constituidas (no me interesa generarme contrariedades ni enemistades –aunque tampoco es algo que me quiete el sueño– pero, como ya he señalado, cualquier formación esotérica básica de hoy permite acceder al nivel de “conocimientos” que los Grados Superiores de Órdenes de hace trescientos o cuatrocientos años reservaban para Iniciados muy avanzados).

Y el Conocimiento es éste: por Principio de Correspondencia (y, agregaríamos, de Sincronicidad) cada ser humano, en tanto “ente” en el mundo físico, es acompañado (o le corresponde) una cierta cantidad proporcional de “materia astral”. Sí, aquello que se manifiesta en ese Plano, precisamente, como “cuerpo astral”. A medida que crecemos –del nacimiento hasta poco después de los veinte años– el desarrollo (físico, psicológico) demanda transferencia del astral al físico, transmutación que siempre existe, es natural (aunque algunos esoteristas de grado de Maestros saben acelerarla voluntariamente). Alcanzado la cima del desarrollo, comienza la entropía física y psíquica, es decir, el deterioro y el envejecimiento, porque cesa la transmutación del astral al corporal ya que en esa etapa se ha alcanzado el “mínimo indispensable” para seguir sosteniendo la vida y nuestro desempeño en el plano denso. Con lo cual, como ya no hay transferencia natural y espontánea, decíamos, de “lo astral” a “lo corporal”, esa carencia significa deterioro. Una vez más: si no existiera ese “reaseguro de reserva mínima”, moriríamos muy jóvenes, al convertirse espontánea y peligrosamente la energía o materia astral en soporte físico y psíquico.

Por otro lado, sabemos que el “anclaje” de lo astral es la sangre. Por lo tanto, si efusionamos sangre de otros (animales o personas) liberamos más o menos de su astral. Y en el contexto del ritual, “un marco sagrado” (y por ende, una “contención astral” también), esa “astralidad” en vez de disiparse alegremente es sujeta a quien opera (o a quien el operador destina).

Por supuesto que hay otras maneras que ciertos Iniciados conocen para generar esa “transferencia” sin efusión de sangre. Para mencionar sólo dos, la transmutación de la energía de baja vibración de las masas (o de grupos humanos) en energía de orden superior para quien las absorbe, o con la práctica del Shunamitismo, esto es, la relación sexual (sin coito) entre un Maestro o Maestra de edad mayor con un discípulo o discípula joven (el intercambio es de energía vital de la persona de menor edad y de “energía de conocimiento” la de mayor. Entiendo que para la mirada profana habrá cuando menos una sonrisa suspicaz en lo que se considerará apenas una artimaña de seducción. Sin embargo la práctica del shunamitismo puede rastrearse en todas las filosofías antiguas).

De manera que –independientemente de la esperable reacción argumental de los devotos de esos cultos– todo “sacrificio de sangre” se convierte directa o indirectamente en una forma de vampirismo astral. Por cierto: el ofrendante que sacrifica su propia sangre busca (lo sepa o no) una “comuniòn mística” con la entidad a la que ofrenda (“mística”, en tanto astral) no distinta d elos “pactos de sangre” tradicionalmente iniciáticos, donde se mezcla la sangre de dos personas (por ejemplo, con sendos cortes en las manos y luego estrecharlas) pues, más allá de lo simbólico, está el conocimiento que la fusiòn de lo astral en la sangre de ambos establece un nexo, un “hilo de energía” que, en lo astral y desde lo astral los vinculará por siempre.

Debo ser honesto y recordar que toda eventual conclusión que se me atribuya tiene una carga inevitablemente subjetiva: mi propia conducta, proteccionista y vegetariana. Dicho esto y porque quien avisa no es traidor, será interesante –espero– demos inicio así a un debate conceptual y argumental desde otras cosmopercepciones.

7 comentarios sobre “Los sacrificios de sangre

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  1. Este conocimiento es como “eslabones” que te empiezan a hacer entender ese “por qué” de las motivaciones detrás de esas costumbres que a muchos les parecen “sin sentido”. Me siento un poquitito culpable por adquirirlo gratis.

    Respecto a los cultos afro-brasileros; he conocido (no en profundidad… pero he conocido, al fin) a personas que eran parte de ellos. No te sabría decir específicamente a cual de todos ellos eran adeptos (creo que a fin de cuentas hacían casi un rejunte de varios de ellos, adaptandolos a sus propios intereses particulares). La cuestión es que mucha de la gente que conocí no tenía esa preparación en paralelo para formarse como personas íntegras; es decir, eran gente común y corriente (muchos más corrientes que comunes…) que se metían ahí a hacer “cosas”…
    La gran mayoría, sin embargo, de lo que sí son conscientes, es de los poderes que se mueven en estos cenáculos (¿está bien aplicada la palabra Cenáculo?).
    …Y desde mi punto de vista, muchos son atraídos específicamente por eso: el poder.

    He conocido gente que, si los despojaras de ese conocimiento que adquieren a través de estos cultos, son unos absolutos ignorantes.
    Hacen lo que hacen… pero como Persona, a veces dejan mucho que desear. Es por eso que comento sobre esa “formación” en paralelo, para ser mejores personas… la cual tengo entendido, debe (o al menos, debería…) ir de la mano con ese conocimiento esotérico. Lo aprehendan o no será cosa de ellos… pero como “base”, hasta donde tengo entendido, (Gustavo, tal vez sabrás corregirme si estoy equivocado) lo que prima en estos cultos que son usados para hacer el bien y el mal… es el activo “persona” (tener más Cantidad de Adeptos).
    Nunca los escuché hablar sobre su “formación” para ser mejores personas. Hasta donde sé, solo van para aprender eso que ya sabemos.

    Yo mismo he acudido a estos cultos en calidad de paciente porque en mi casa sentía una presencia.
    Nunca supe qué fue, pero después de acudir a ellos dejé de sentirla. (Te lo he contado, y lo comento para quién le interese).

    Independientemente de la naturaleza de lo que sea haya sido esa cosa… me causaba temor y no podía dormir (tal vez ahora que estoy un poco más grande. y que mi pensamiento cambió. lo abordaría de otra manera… pero por aquellos tiempos me daba miedo simple y llano). Llegué incluso a sentirla físicamente.

    Por aquello siempre estuve agradecido; pero aún sin olvidar esa ayuda que me otorgaron, tampoco puedo obviar esos detalles… porque no puedo ser hipócrita conmigo mismo (.. igualmente tampoco creo que sea falta de respeto advertirlas, al contrario).

    —-

    A forma de síntesis de lo que acabo de escribir: Hoy en día, en estos cultos no se enseñan los Fundamentos; cómo realmente funcionan estas cosas o incluso como operan.
    Se han ido bastardeando un poco (o no tan poco… considerando la implosión en la difusión y en la facilidad de pertenencia que requieren).

    A ésta gente se les está dando las “armas”… pero si les preguntas ¿de que material están hechas?, ¿a qué velocidad va la bala?, ¿qué piensan hacer con el arma? ¿defender o agredir?, o incluso ¿tienen idea del daño que pueden llegar a hacer?, la mayoría no sabría qué contestar. Ellos solo saben usar el arma.

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  2. Gracias por el tiempo y el compromiso de escribir estas líneas. Y está bien emplear “cenáculo”, tranquilo 🙂 Indudablemente, la razón “fundacional” de las Órdenes iniciáticas fue -debería seguir siendo- la de mejorar como individuos más allá del conocimiento o “poder” adquiridos. Y creo sinceramente que, como en tantas otras cosas, la manipulaciòn desde las Sombras también jugó sus cartas aquí, al criar -como en un vivero- una cultura humana más orientada a los resultados que a las virtudes. Un abrazo

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  3. Estas entidades a las que se ofrecen los sacrificios de sangre, sugieren que estan en otra dimensión, y que una de sus formas de alimentarse es a través de esa energía que se desprende.. cuyos sacrificios es con la ayuda de personas humanas que en cierta forma están influidas por esos seres de esas dimensiones para que se realicen ese tipo de actos o rituales.. y al parecer entre mas traumático es, mayor es el desprendimiento de energía.. por lo que simpatizan mas con los sacrificios de niños o de mujeres. También al parecer, los actos lo hacen en lugares especialmente preparados previamente para que exista una especie de apertura dimensional donde fluya mejor esta energía.. de la misma forma en que se construyeron las antiguas catedrales en lugares energéticos para canalizar la energía de los creyentes y para poder ser absorbida por entidades superiores no muy benevolentes que digamos.

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  4. Si bien lo he comentado en otros artículos, es cierto que el dolor es una “energía” por sí misma que alimenta algunas de estas entidades. No me extendí sobre ello porque quería circunscribir el artículo a la sangre en sí, pero, indudablemente, es todo un tema a considerar.

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  5. Entré para ver que comentarios te ponían y leyendo el de Alvaro me vino a la mente el caso de un nene que mataron hace unas semanas nada mas. Tuvo cobertura en los medios, capaz lo viste. Yo no sé si será un caso de “sacrificio” propiamente dicho, pero me resultó llamativo.
    Vos sabes cómo es con los medios y lo mamarrachos que pueden llegar a ser con la información; un día te dicen un numero y al otro día o en otro canal le agregan o le sacan un dígito y esas cosas… mamarrachos. https://www.eldia.com/nota/2019-7-5-23-34-0-matan-de-15-puntazos-a-un-nene-de-12-anos-en-la-localidad-de-recreo-policiales

    Aparentemente lo matan de varios (excesivos) puntazos o puñaladas. Le “cortaron” (o le extrajeron.. tampoco son claros) los genitales.
    Otra cosa que recuerdo es que en una entrevista telefónica, uno de los peritos de estos científicos que se encargan de investigar todo a fondo (no sé cómo se les llama formalmente, perdón), le comentaba a un periodista, “en 30 años de carrera, he visto infinidad de escenarios, pero nunca ninguno igual a éste”.
    No volví a escuchar nada sobre éste caso. Solo lo comento por el comentario de Alvaro, me vino a la mente.

    Capaz fue solo otro caso de otro desgraciado, no lo sé. Pero no me parecía malo pasar y comentarlo acá.

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