VOLVER A LA ENERGÍA DE LAS PIRÁMIDES

Corrían los primeros años de la década de los 80 –del siglo pasado- y uno, joven aún, se apasionaba con sus primeras experiencias con la energía de las réplicas a escala de la Gran Pirámide. Eran tiempos pre Internet (la pasiòn hacía furor en los países anglosajones desde varios años antes) y el non plus ultra de la actualizaciòn era la suscripción a la publicación mensual norteamericana “Pyramid Guide”, donde sus colaboradores y lectores aportaban experimentos con hojitas de afeitar, plantas, tijeras, vasos con agua, trozos de carne que se momificaban rápidamente y, en un nivel más avanzado, experimentos “a distancia” con fotos, trozos de escritura, “muestras – testigo” (una gota de sangre, cabellos, saliva)….

No diré que haríamos “ciencia”, pero sí que procedíamos con método. Uno pasaba semanas atestando el cuarto con pirámides  más grandes, más pequeñas, colocando en su interior todo tipo de objetos, sustancias, elementos y anotando meticulosamente su evoluciòn al pasar de los días.

Recuerdo que fue así como comprobé que el “agua piramidal” era efectiva sobre los tejidos vivos, no porque los “sanara” o “energetizara” (infuso término que en definitiva etiqueta pero no explica nada), sino porque eliminaba los tejidos en proceso de descomposición o “enfermos”, liberando así “espacio vital” para la proliferación de los sanos[1]. Así como yo, en todo el mundo centenares, quizás miles de personas experimentaban, intercambiaban opiniones y resultados y sólo muy tardíamente, luego que se sentían seguros de sus resultados, extrapolaban a aplicaciones más “humanas”.

Pero el tiempo pasó, y nuevas “modas espiritualistas” coparon el mercado. Para mucha gente llegada a estas lides en tiempos más o menos recientes –especialmente ya dentro del paradigma de Internet- la aceleración del “saber todo ya” también se cebó en estas herramientas y para qué iba alguien a experimentar y aplicar de acuerdo a una metdología (que podrá ser discutible o no pero cuando menos es un método) si en el horizonte cuántico de estos ámbitos metafísicos aparecieron todo tipo de “souvenires” atlantes, pleyadianos, mayas, de la sexta dimensiòn que les permite alcanzar resultados impensables sólo por ponerlos ahí, quizás, acompañado de una vela o una “intención”.

Y esto llegó en su momento al campo de las pirámides. En muchos comercios se venden, hoy en día, “pirámides energéticas”, y para cualquiera de la vieja escuela es evidente, sólo con observarlas, que no respetan materiales, proporciones geométricas, orientaciones. Y la persona que de buena fe la lleva a su casa, nada sabe sobre los detalles cuidadosos de su empleo. El vendedor quiere vender, es obvio, y si se extiende demasiado en explicaciones –suponiendo que las conociera- corre el riesgo de asustar al cliente potencial con tanto detalle y perder la venta. Así que basta que lleve esa pirámide, la ponga de centro en la mesa familiar, en todo caso le prenda un sahumerio, o una vela –que le venden también- o en su defecto una “oraciòn de poder” y a otra cosa, mariposa.

Esta pérdida del interés popular ppor la investigación y la constataciòn ha sido campo fértil, como escribí, para quienes buscaban el objetivo de proponer el empleo de elementos sencillos y sin complicaciones de resultados trascendentales. El problema es que uno, con los años, va recogiendo testimonios de gente que te cuenta que: “yo puse una pirámide en mi casa, pero los problemas siguen”, y lindezas de ese estilo. En algún lugar del camino quedó las tabuladas explicaciones sobre cómo valerse de la energía piramidal como resultado de la experimentación. Algo que no sólo afectó a las pirámides: el “orgón” de Willheim Reich y los “orgonites”, los “cristales angelicales”,  las “merkhabas” y un largo etcétera de herramientas originariamente de profundidad esotérica y sapiencdial pero mercantilizados con facilismo casi infantil signa este sendero, porque siempre habrá –para quienes tanto denostan la razón y demandan no privilegiar la mente sobre el corazón- un discurso rebuscado, casi un sofisma bizantino para sostener la “postverdad” de su propio argumento aunque éste no pueda afirmarse en evidencias demostrables.

Recuperemos el “viejo conocimiento” (que de viejo, no tiene más de unas tres o cuatro décadas) sobre la energía de las pirámides, porque será la manera conducente a proponer comprobaciones basadas en hechos y, por lo tanto, resultados esperas de su aplicación.

[1] Explico a pie de página el mismo para los interesados, aunque puede resultar aburrido. Preparé en aquella ocasiòn 16 “germinaciones” (las que hacíamos en el colegio, colocando un papel absorbente o “secante” en forma de cilindro dentro de un vaso de vidrio, rellenando el hueco con algodón y colocando entre el secante y el vidrio porotos, garbanzos, lentejas….Día a día una pequeña cantidad de agua en el algodón y la legumbre comienza a germinar, quedando visible el proceso. Pues bien. Tomé 8 germinaciones y las alimenté con agua común, y al resto con “agua piramidal”. Pasados cuatro días, no había diferencia sensible en el crecimiento (que en principio es lo que se hubiera esperado de las segundas). Luego, Dejé que cuatro comenzaran a secarse y a otras cuatro comencé a darle agua en exceso, hasta que la mohosidad me indicó que comenzaba la putrefacción, mientras a otras ocho regaba con naturalidad. Cuatro días más tarde,  di a las secas agua energetizada, así como a las que enfermaban por exceso de humedad, mientras que dividí el otro grupo de ocho, nuevamente en cuatro que dejé secar y cuatro literalmente a “ahogar”. Cuatro días después, a las primeras cuatro de este segundo grupo –las secas- le di agua común, y al segundo grupo de cuatro –las mohosas- dejé de darle agua. A veinte días de comenzar el experimento, las primeras cuatro (las originalmente dejadas secar y alimentadas tardíamente con “agua piramidal” siguieron muriendo. El tercer grupo de cuatro (tratadas con agua común, luego dejadas secar, luego alimentadas con agua común) tampoco pudieron salvarse, como así tampoco el cuarto grupo, las dejadas amohosar y a las que se les retiró tardíamente el líquido. Sólo el segundo grupo de cuatro, las originalmente en proceso de putrefacción y que a partir de su cuarto día recibieron agua piramidal, terminaron sanando completamente. Eso me demostró, como dije, que el agua piramidal eliminó los tejidos ya perdidos, permitiendo que el tejido sano pudiera prosperar en un entorno energéticamente estable.

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