El profeta incomprendido

El autor en la exposiciòn de Xul Solar

Uno de sus mejores amigos, nada menos que Jorge Luis Borges, escribiò: “Hombre versado en todas las disciplinas, curioso de todos los arcanos, padre de escrituras, de lenguajes, de utopías, de mitologías, huésped de infiernos y de cielos, autor panajedrecista y astrólogo perfecto en la indulgente ironía y en la generosa amistad, Xul Solar es uno de los acontecimientos más singulares de nuestra época. Hay mentes que profesan la probidad, otras, la indiscriminada abundancia; la invención caudalosa de Xul Solar no excluye el honesto rigor. Sus pinturas son documentos del mundo ultraterreno, del mundo metafísico en que los

Vista de la exposiciòn

dioses toman las formas de la imaginación que los sueña. La apasionada arquitectura, los colores felices, los muchos pormenores circunstanciales, los laberintos, los homúnculos y los ángeles

Bellísima “Los Siete Rishis”

inolvidablemente definen este arte delicado y monumental. El gusto de nuestro tiempo vacila entre el mero agrado lineal, la transcripción emotiva y el realismo con brocha gorda; Xul Solar renueva, a su modo ambicioso que quiere ser modesto, la mística pintura de los que no ven con los ojos físicos en el ámbito sagrado de Blake, de Swedenborg, de yoguis y de bardos.”

Oscar Alejandro Schulz Solari nació en Buenos Aires, en 1887. Murió en su casa del Delta del Tigre, sobre el rió Luján, en 1963, era hijo de inmigrantes ítalo-alemanes, en 1912 abandonó su hogar y se embarcó en un barco mercante visitando Italia, Inglaterra, Alemania y Francia. En 1920 expuso en la Galería de Arte de Milán junto al escultor italiano Arturo Martini. En 1924 regresó a Argentina, se asoció al grupo ” Martín Fierro ” en cuya revista aparecían sus trabajos . En 1925 expuso en el Salón de los

Horóscopo de Jorge Luis Borges

Independientes de Buenos Aires, y en los años 1926 y 1928 en los Amigos del Arte junto a Pettoruti en la primera ocasión y junto a Antonio Berni en la segunda. En una época tan temprana como 1925, formuló un sistema pictórico de escritura, el “ Neocriollo”, que se basaba en el español, portugués y otras lenguas, reflejando sus estudios de filosofía, astrología, idiomas y notación musical. La obra de este místico y visionario evolucionó a lo largo de toda su vida. Así mientras que sus primeras pinturas sobre todo acuarelas y témperas, son una muestra de fantasía y de humor, a partir de los años treinta su

Una de sus obras pictóricas

pintura se vuelve más esotérica, representando paisajes imaginarios y ciudades futuristas, frecuentemente realizadas de forma monocroma. Pasando los años sesenta retorna al uso del color, pero reduciendo sus imágenes a signos y formas.

En 1977 se celebró, en el Musée d’Art Moderne de la Ville de París, la primera exposición antológica de su obra bajo el título de Xul Solar, 1887 – 1963. Las matemáticas no fueron ajenas a sus intereses. Xul utilizaba un sistema basado en el zodiaco de carácter duodecimal. No es extraño que quisiera analizar la estructura astrológica de sus amigos y ocasionales visitantes. Era la forma de conocerlos realmente.

Una de sus cartas de Tarot.

Xul Solar vivió siempre austeramente, con humildad. Se definía a sí mismo como : ” recreador – no inventor – campeón mundial de un panajedrez y otros serios juegos, padre de una panlengua que quiere ser perfecta y padrino de otra lengua vulgar sin vulgo, autor de grafías plastiútiles, exegeta de doce ( más una total ) religiones y filosofías.”

         Por si el dato suma: Xul era primo de Benjamín Solari Parravicini, el “Nostradamus argentino”. Parece que el gen profético estaba en esos tiempos particularmente activo en la familia. Miembro esoterista de la Orden Martinista, y de un “grupo esotérico de Montevideo” cuya filiación no se ha podido determinar.

Después de admirar, con la lejanía que imponen los libros, las revistas, los documentales de Internet y los blogs su monumental obra, pude asistir –satisfacciones del espíritu- a la casi totalidad de su obra expuesta temporariamente en el Museo Nacional de Bellas Artes, en Buenos Aires. Sus témperas, acuarelas, sus diseños urbanos (porque planificó “ciudades flotantes” y palacios para el arte y la cultura), sus títeres “para adultos”, sus idiomas increíbles,

El Dulcinote

su Tarot (por primera vez, cada carta, dibujada y pintada por la mano del propio artista, ahí, apenas distante un cristal… Para ver el juego completo, click aquí) Su Dulcinote, el instrumento afinado de acuerdo a los signos zodiacales para tocar en escala dodecafónica los “horóscopos” (es decir, para convertir en valores musicales las aspectaciones astrológicas de una Carta Natal). Y, por lo menos para mí, el epítome del genio: su Panajedrez. El increíble “juego” donde, a través de 64 piezas de madera, con sus diferencias, signos astrológicos, letras de su “panlengua” y colores, permite, mientras se juega, fijar un horóscopo, componer un poema en “neocriollo”, componer música. Donde no swe gana por “comer” piezas ajenas o conquistar territorio, sino por la elaboración de la composición (astrológica, musical o literaria) más elaborada. Como una versátil computadora interactiva, pero de madera.

El Panajedrez

Esa mañana en el museo será en mi recuerdo de las más imborrables. Por la magia, misterio, complejidad, universalismo y belleza conjuntas de sus trabajos. Pero también por mis propias reminiscencias. Porque, en quizás petulante suposición, entre todos quienes caminaban como yo, extasiados entre sus trabajos, seguramente era yo el único que tenía algo que preguntarme: ¿qué otros mensajes crípticos podría encerrar este Panajedrez, que un artista anónimo había reproducido como base de una maqueta de la también enigmática Renes Le Chateau, mínimo pueblito perdido en el sureste francés?.

Rennes Le Chateau, donde a fines del siglo XIX un cura oscuro, Bérenguer Sauniére, encontró un misterioso “tesoro”. Algunos dicen Templario. Otros, vinculado a María Magdalena. Que sea como sea, le permitió hacerse millonario de la noche a la mañana. Nunca lo reveló pero dejó en su iglesia, su cementerio y su villa crípticas señales que aún llevan a buscadores de misterios de todo el mundo (sí, yo también) a recorrer sus callejuelas.

 

La maqueta de referencia

La iglesia de Rennes Le Chateau tiene un museo. En ese museo, una réplica de la misma y sus alrededores. Y como base de la iglesia, de la maqueta de la iglesia… el panajedrez de Xul Solar. (la historia completa de ese lugar, haciendo click aquí)

Bien, entonces aquí teníamos también su panajedrez. Cierto, no contemporáneo a la época de Sauniére pero la pregunta flotaba: ¿qué llevó, qué quiso decirnos el desconocido artista que fabricó esa maqueta con ese “signo”?. ¿Porqué montarla sobre el pananjedrez?. Hay varias lecturas posibles: una, repasar la obra pictórica de este artista en busca de claves que “resuenen” con Rennes (no me consta que Xul haya pasado por el lugar, aunque ya había visitado Francia en 1912 –es decir, en vida de Sauniére-). Otra: sugerirnos su parentesco, y revisar las psicografias de Parravicini en la misma búsqueda. La tercera, la que me parece más factible: el panajedrez es,

Otra vista

simbólicamente, un juego en múltiples dimensiones (de hecho, para jugarlo aceptablemente bien, es necesario que el jugador piense en varios frentes simultáneamente) por lo que cabe la posibilidad que el maquetista insinuara que Rennes (o la iglesia y su entorno) fuera un “vórtice” de “n” dimensiones…

 

 

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