La saga de Rapa Nui (IV y final): De conquistas y extraterrestres

Tal vez, en su sueño eterno, siga soñando con su casa, la mirada perdida vuelta hacia el camino recorrido tanto tiempo atrás...
Tal vez, en su sueño eterno, siga soñando con su casa, la mirada perdida vuelta hacia el camino recorrido tanto tiempo atrás…

He escrito estos días en distintos lugares que no deja de entusiasmarme las reacciones agresivas y casi insultantes de algunos lectores (me entusiasman también las proactivas pero eso, claro, es una obviedad). Y me entusiasman porque, todas, son absolutas críticas “ad hominem”, donde mis aportes y reflexiones sobre Rapa Nui en lugar de refutarse con argumentos son la excusa para una bocanada de epítetos sobre mi persona. Que invento (yo, que estuve allí, leyendo esto de personas que no han estado), que truco imágenes, que… El entusiasmo, lógicamente, nace de la convicción que si ése es el tipod e ataques, indudablemente voy po el buen camino. Como aquella oraciòn que hace años ya me enseñara el recordado abuelo Tlakaélel, mentor de la Toltequidad: “Gracias te doy, Gran Espíritu, por mis enemigos. Porque en ellos templo mi espíritu, cultivo mi paciencia, y es a través de ellos que sé que estoy en el camino correcto, pues no los tiene quien nada ha hecho en y de su vida”.

En esa tesitura sugiero a los mismos críticos (o a otros que puedan llegar) evitarse el reflujo ácido de leer, entonces, esta última entrega, porque verán más de lo mismo. O más, sin ser de lo mismo.

Este artículo será, apenas y entonces, una recopilación de algunos datos sueltos, algunos pensamientos, un par de divagaciones y poco más. Pálido telón, pero sólo telón de un acto de la obra.

La evidencia "ochentosa"
La evidencia “ochentosa”

Lo que ocultan los Rapa Nui. Escribí en su momento que tenía la certeza que, cuando menos algunos rapanui saben más de su historia, su pasado y sus enigmas que lo que aceptan comentar. Voy a una de las evidencias. En ocasiòn de llegar a Te Pito Kura, donde se encuentra esa roca esférica fuertemente “magnética” que, como dije, desvía las brújulas y –esto es lo sugestivo- rodeada de otras cuatro de menor tamaño perfectamente alineadas con los rumbos cardinales, tuvimos que escuchar a un guía turístico comentándole a un grupo que le acompañaba que esas cuatro rocas habían sido colocadas allí por otros turistas “el año pasado”. La historia era que muchos iban a no solamente apoyarse en la roca sino hasta subirse a ella y por esa razón dejaron que esos turistas colocaran esas rocas para luego levantar la barda de piedras alrededor “para que la gente no se acercara”. Dado que me había documentado (y mucho) desde hace años, ya sabía que era una mentira. Recién regresado, y cuando aún no había comenzado a ordenar todo el material, me escribe un conocido que estuvo en la isla en 2015, relatándome, sobre ese tema, que le habían dicho que las piedras “satélite” habían sido colocadas… “el año pasado”, es decir, 2014. Ustedes pueden argumentar que un año o dos no es tan importante, pero el punto que hacía tiempo que había leído sobre la existencia del conjunto de piedras. Puesto a buscar, encontré la foto que acompaño, de 1980. De un archivo muy confiable, “Memoria Chilena”. Treinta y seis años. Que ya no es un año o dos. Bien, ustedes dirán que eso no es importante; que lo que importa, en última instancia es si esas otras piedras fueron o no colocadas por los ancestros del lugar. Pero si comprobadamente son de tiempos “modernos”, ¿porqué no admitir, simplemente, que fueron colocadas hace treinta, cuarenta, cincuenta años?. ¿Porqué la mentira de “el año pasado”?. Mi opinión. Porque saben que no es contemporáneo(y sabiéndolo y mintiendo a partir de allí,, da lo mismo decir un año o dos décadas; suponen que nadie se tomará el trabajo de chequearlo).

La otra “reserva”: las cuevas subterráneas debajo de los “ahu”, tema de la nota anterior. Sumen un ejemplo con el otro y darán pábulo a mi convicción que saben más de lo que cuentan.

Relaciòn de tamaños de moai
Relaciòn de tamaños de moai

¿A quiénes representan?. Una discusión es “cómo” se hicieron los moai, y otra muy distinta “quiénes” representan. La historia oficial nos cuenta que la primera “oleada” ocupacional –la de Hotu Matua’a y su gente- habría llegado entre el 400 y el 600 de nuestra Era y unos cuatro siglos después otro pueblo –de origen desconocido- por cuya autoridad natural, conocimientos o fuerza militar se subordinaron los primeros, levantando esas imágenes bajo su direcciòn, hasta que por cuestiones ambientales o de relaciòn de poder estalló la guerra civil que exterminó al pueblo “tardío”. A unos, se les conoce como “Orejas Cortas”, o  “Hanau momoko” y los “Orejas Largas” o “Hanau eepe”. Se construye a partir de allí toda una explicación, como los moai muestra individuos de –aparentemente- largas orejas, ésos serían los “Orejas Largas” para quienes trabajaban los “Orejas Cortas”.

El problema comienza cuando avanzan los estudios filológicos y se descubre que “Hanau eepe” significa, en realidad, “gente corpulenta”. Como “Hanau momoko” significa “gente lagartija”, se supuso –otra vez “suponiendo- que se traducía como “gente delgada”. El problema es que la voz “momoko” define tanto a la lagartija como su comportamiento, así que también podría traducirse como “gente que se mueve como las lagartijas”… Toda presunciòn es posible, pero cito este ejemplo para señalar como la historia sencilla de relato infantil parece no tener nada que ver, por lo menos, con ciertas etimologías.

Así que nada demuestra que los moai, especialmente los de Rano Raraku (que, como ya señalamos y según algunos investigadores, serían anteriores a los de la costa –ya volveré sobre ello-) representen a los “Hanau eepe”. Y si no son ellos, entonces, ¿quiénes son?. Por qué no, “dioses” extraterrestres, que impactaron tan fuertemente el inconsciente colectivo de ese pueblo que los llevó a propiciar su regreso…

Lo he escrito antes: los moai de la costa nada tienen que ver con los del volcán Rano Raraku. Son más pequeños, más burdos y de distintas facciones. El “relato oficial” es que los moai se tallaban en la cantera del volcán, se llevaban a través de la isla y se ubicaban en los “ahu” de la costa. Cuando visitas el sitio, te muestran los tallados a medias (como el monumental “El Gigante” de veintidós metros de largo –o alto-), los situados en las laderas y te explican que de ahí en más se trasladaban hasta su ubicación final mientras por otro camino llegaba el “pukao”, o ¿cabellera?, ¿tocado?, ¿sombrero? Rojizo, cortados de la cantera de Puma Pau. Ahora bien, si esto era así y los pocos moai caídos a un centenar de metros del lugar de tallado se explican como “abandonados” en el proceso de carga, ¿no perdieron ninguno por el camino? (porque no vuelve a encontrarse moai “abandonados”, indicando que todos llegaron a su destino final). ¿Las complicaciones ocurrieron en esa “franja maldita” de un centenar de metros y luego no?. Poco creíble…

Moai Tuku Turi
Moai Tuku Turi

Incluso, el único moai que “desentona” en Rano Raraku es el “moai arrodillado”, o Tuku Turi. Otro porte, otra factura, seguramente otro significado. En Rano Raraku no se ve ningún moai del estilo de los de la costa, y esto es parte de la especulación que lleva a señalar que unos y otros no forman parte ni del mismo proceso de fabricación ni son los primero continuidad histórica de los segundos, suposición que se apoya sólo en el hecho que si unos están en la costa y otros no, “debe ser” que fueron hechos antes.

El “mana”. Todo un capítulo por derecho propio merece este concepto, que remite a un “poder espiritual” que radica en ciertas personas, lugares (como los “ahu”) o ceremonias. Como el “curanto”, comida típica que se bien se ha extendido al Chile continental (e incluso al sur de Argentina, llevada aquí sin duda por inmigrantes chilenos) ha perdido, en el continente todo su significado místico, que aquí explicaré, gracias a la cordialidad de un rapanui que me introdujo en este Conocimiento ancestral.

Básicamente, el “curanto” se prepara cavando en la tierra un hoyo, proporcional a la cantidad de alimento que se va a preparar, pero de aproximadamente unos setenta u ochenta centímetros de profundidad. Se calientan rocas al fuego durante una hora y media aproximadamente –un poco menos que ponerlas al rojo- y entonces se cubre el fondo del pozo con una capa de piedras. Sobre ellas, una capa de hojas verdes de plátano. Luego, la carne. Otra capa de hojas de plátano y más piedras calientes. Nuevamente, hojas de plátano y ahora el pollo, y se sigue con capas de hojas y piedras para el pescado y finalmente la verdura. Estas últimas luego de ser cubiertas a su vez por hojas, lo son también por una manta que se ajusta y se cubre todo con tierra. Así se deja durante otro par de horas, controlándose, primero, por la temperatura del suelo y luego, por el olorcillo que comienza a filtrarse. Otra hora y media más, se descubre y se sirve.

Bien, como escribiera, en Chile continental y sur de Argentina esto es simplemente una curiosidad gastronómica. Pero en Rapa Nui se afirma que el “curanto” transmite y comparte el “mana” particular del clan familiar que lo prepara. Eso explica que –a nuestra llegada- vimos distintos grupos que simultáneamente lo preparaban (en mi ingenuidad me preguntaba porqué no se reunían a hacer uno en común) y, salvo un “show” tontamente montado para turistas, no se invita a desconocidos a participar de los mismos. Por la misma razón, nadie va a un “curanto” si no confía plenamente en la familia que lo prepara, porque el alimento lo afectará o beneficiará espiritualmente de la misma manera, del mismo tenor espiritual que sean sus hacedores.

Tongariki
Tongariki

Es el “mana”, como nos dijeron todos, lo que hizo “caminar” a los moai hasta su ubicación final. Permítaseme repetir aquí que esa teoría explicativa que dice que fueron puestos de pie aprovechando sus bases romas y, atados con sogas, bamboleados hasta su destino es, estando en el terreno, absolutamente impracticable. El suelo es –lo escribí hasta el hartazgo- absolutamente irregular, quebrado, con aristas y depresiones, además de ser el conjunto orográfico totalmente accidentado. Y cuando hablan de “caminar”, los rapanui describen, en puridad, una levitaciòn a centímetros del suelo… Y si la roca de Te Pito Kura, a decir de ellos, tiene “mana”, entonces en definitiva el misterio de Rapa Nui remite al manejo de campos electromagnéticos. Tal vez esto pudiera haberlo testeado con eficiencia si -como comenté públicamente era mi intenciòn antes de viajar- hubiera podido relevar radiestésicamente los distinhtos sitios. Pero la férrea observancia del “tabú” de siquiera acercarse demasiado a los “ahu” (y no digamos a los moai mismos) hizo imposible ese objetivo. Empero, quiero poner de relevancia aquí dos detalles, quizás menores, quizás no:

  1. En Tongariki (el “ahu” de los quince moai, arrasados -éstos, no el “ahu”- por el maremoto de 1960, y luego vueltos a colocar en su lugar, revisando el lugar con mis “dualrods” o varillas radiestésicas mostró que los extremos del “ahu” coincidían perfectamente -y corrían longitudinalmente- con dos “líneas Hartmann”.
  2. Ahu Ahivi
    Ahu Ahivi

    Me permito señalar que la afirmaciòn instalada que “todos los moai miran hacia el interior de la isla” tiene una excepciòn: Ahu Ahivi. Aquí, los siete moai miran hacia el mar, más precisamente, hacia su lugar de origen. Que no es el Oeste como se publicita, sino el Oeste Sudoeste. Treinta grados al sur del Oeste, tomados con mi brújula. Si sobre un planisferio tiramos una línea en esa direcciòn (y admitiendo el decir ancestral que sostiene que señala exactamente su lugar de origen) la única tierra firme, allá lejos, son las islas Pitcairn las que están habitadas sólo desde fines del siglo XVIII. Y eso, porque sus primeros habitantes fueron los amotinados del HMS Bounty. Más allá (o más acá) sólo mar, lo que abona la historia de Hiva, la tierra que se hundió bajo las aguas…

Relevando radiestésicamente el entorno de Tongariki
Relevando radiestésicamente el entorno de Tongariki

Nos obliga el final de este artículo a dejar interrogantes abiertos. Pero qué es más estimulante que ello para el lector.

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6 comentarios sobre “La saga de Rapa Nui (IV y final): De conquistas y extraterrestres

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  1. Bueno Gustavo , no creo que tengas que molestarte , pues creo que como escritor de ficción fantastica serias muy bueno y tendrias mayor exito, pero como alguien que trata de responder algo cientificamente a ciertos encuentros o hallazgos y solo dar respuestas que rayan en lo alucinado y que ocasionan sospechas muy fundadas sobre tus objetivos al hacer estos escritos ( y yo los leo muy interesado) peor debes tener mayor cuidado y tener mas referencias que las que muestras , P. e. te referies al curanto y dices que es una cocina tipica de esta isla y de chile ,cuando es conocidisimo que es la Pachamanca peruana extendida por todo el territorio y que como su nombre lo indica es comida de la madre tierra y su preparación esta rodeada de cierto ritual sobreviviente de los 400 años de religión y que algunos dicen que es traida dela polinesia , debdia a sus ingredientes salidos de la tierra y que es la dadora de esos dones ,pero de alli que tenga un cierto “mana” ( si te das cuenta es una palabra que se refiere a la comida biblica y no por eso vamos a asumir que su origen esta en gentes que vinieron desde el oriente cercano a poblar esta tierras y no sugeririamos mejor que es una influencia del catolicismo ancestral desde el s XVI. Luego lo del magnetismo sabemos que esa isla es volcanica y tambien que sus rocas pueden haber guardado cierto magnetismo natural y no por eso son extraterrestres y lo delas posiciones no te parecen que puede tratarse de cierta pareidolia tuya y con algo de exofanía. De todos modos tus crónicas son interesantes mas que tus pensamientos y enlo que trate de mi pais Perú documentate mejor y no inventes tanto.

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  2. A ver, a ver…. ¿me reitero en explicar que no me “molesta” sino me “entusiasma”?. ¿Que la similitud entre “mana” y “maná” ya ha sido objeto de estudios filológicos?, que….. no, mejor, simplemente, sólo esto: gracias por tu opiniòn. Que es solamente tuya. Que estés bien.

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  3. Estimado Gustavo,
    Tal vez es tarde para la corrección , pero me hizo mucho ruido tambien el tema del Curanto. Primero aclaro que el resto del articulo y del podcast asociado me parecio genial, una mirada alternativa como bien sabes tenerla y enunciala, se agradece.
    Cualquier chileno al que le preguntes te dira que es una preparación típica de la isla de Chiloé. Al menos con ese nombre, y por ello tiene mas sentido de que este extendido por el sur de Chile y de Argentina.
    Ahora con una búsqueda en Google llegue a la fuente cuyo link copio abajo, donde menciona al final del artículo que existen preparaciones similares en varias partes del mundo y que son ancestrales también.
    Tomando esta fuente que te menciono es mas probable que el uso de la palabra curanto haya pasado del continente a la isla mas no la particularidad de la preparacion del ‘umu’ que al parecer seria el nombre propio del “curanto pascuense”.
    Considerando esto, creo que es una conclusion apresurada decir que de la isla se extendio al resto.
    Sólo eso.
    Saludos y que estés bien!

    http://hccomidachilena.blogspot.cl/2011/09/curanto-la-receta-anciana-de-chiloe.html?m=1

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  4. Hola Andrés, cómo estás.
    Gracias por el dato, primero porque suma escuchar todas las campanas y segundo porque “alimenta” (no podía ser de otra manera, tratándose de “curanto” 🙂 ) la sana actitud de reflexionar e indagar. Sólo diré aquí que la “paternidad” del mismo se la atribuyen los mismos rapanui; ergo, no es “apresurado” de mi parte cuando menos decir que de allí se extendió al continente sino, en todo caso -y suponiendo que efectivamente sea así, porque ya sabemos cuántas veces la Historia ha tenido que rectificarse en cuestiones más importantes que ésta- de ellos, quienes, hoy, afirman que llegó con sus antepasados. Agrego que en el continente nunca le he conocido ese matiz de “portador de mana” que hace de los clanes rapanui tan conspicuos a la hora de prepararlo y con quien compartirlo. Como escribí por ahí, hay muchas cosas en debate en la historia de la isla; ciertamente ésta parece ser otra de ellas.
    Comentario final: si existe evidencia del “curanto” -con otro nombre, claro- como tradiciòn ya en el siglo XIX y por lo tanto, aún anterior: ¿cómo llegó a la isla?. Si ya se realizaba hace 10.000 años, ¿es posible que haya llegado en tiempos remotos?. Eso significaría, también, que había un “flujo” del continente hacia la isla, aún antes de los tiempos del Inca Yupanqui (algo que,como relaté, molesta, y mucho, a los rapanui)… plantear esta nueva vía abre interrogantes aún más difíciles.
    Abrazo cordial

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