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Ovnis, Civilizaciones Desaparecidas, Parapsicología y Esoterismo.

EL FUEGO PARANORMAL

Posted by Gustavo Fernández en 18-03-2016

¿Incendios por causas parapsicológicas o demoníacas?

Uno de los casos más resonantes de la historia: Dr. John Irving Bentley, fallecido en 1966Un reciente episodio ocurrido en nuestra provincia de Entre Ríos donde alrededor de una anciana ocurren pequeños e inexplicables incendios pone otra vez sobre el tapete los posibles vínculos entre fenómenos estudiados por la Parapsicología y estos extraños episodios.
No podemos, aquí, expedirnos sobre el caso de referencia en Nogoyá; no lo hemos investigado personalmente, y resultaría poco serio sentenciar sobre algo de lo que no tenemos más que la información periodística. Independientemente de ello, y considerando sin embargo que por los detalles trascendidos podría aplicarse cierta generalización, sirva la oportunidad para echar luz sobre un particular espectro de fenómenos paranormales que no tienen (aunque ciertos intereses creados así traten de asdignarle) ningún viso demoníaco.
Porque hablamos aquí de tres particulares fenómenos sobre los cuales la ciencia parapsicológica ha acumulado una enorme evidencia en cuanto a su realidad: la termogénesis, pirogénesis y las Combustiones Humanas Espontáneas.
Llamamos Termogénesis al incremento o descenso marcado y brutal de la temperatura ambiental.. Esto lo ha replicado Hollywood hasta el hartazgo, mostrándonos las típicas “casas embrujadas” en donde, en una particular habitación, se percibe un frío glacial poco antes de la aparición del espíritu de turno. Lo cierto es que más allá de la ficción los hechos históricos lo documentan ampliamente. Al parecer –este es el consenso general de los investigadores- es una consecuencia d euna “manifestación psíquica”, producido por la energía mental, generalmente de manera involuntaria e inconsciente, de alguno de los habitantes de la casa.
Lo particularmente enigmático de este fenómeno es que parece “violar” las leyes de la Termodinámica: el calor (o el frío) no tiene un punto de máxima intensidad y se disipa progresivamente a medida que nos alejamos de ese centro. Por el contrario, se comporta –la temperatura- casi como si se tratase de un objeto “material”: en un lugar hace un frío intenso y diez centímetros más allá, ya no.
Recuerdo cuando allá por 1990 estuve investigando unas manifestaciones paranormales en una emisora de FM que –en ese entonces- estaba ubicada en los pisos superiores de una antigua mansión que daba a la Peatonal San Martín, de la ciudad de Paraná. A la observación de una “presencia” (un hombre, bastante mayor de edad, de aspecto sombrío y facciones oscuras que a altas horas de la noche era visto atravesando pasillos o en el vano de la puerta de alguna oficina y que según comentarios coincidía bastante con la descripción de alguien que unos cuarenta años antes se habría suicidado en ese mismo inmueble) le acompañaba un cambio brutal de la temperatura ambiental en algunas habitaciones. Yo mismo pude comprobar, en pleno mes de agosto (recordemos: invierno, en el hemisferio sur) que mientras en un altillo (empleado como dormitorio circunstancial por empleados de turno nocturno de la radio) la temperatura interior de la habitación era de 23º centígrados, aún con el ventanal abierto, al pasar al estrecho balcón que daba sobre la calle en un rango de treinta centímetros la temperatura pasaba a la exterior, 9º centígrados…

Cuando la Termogénesis se enfoca en un objeto y tiende a ser extrema, tenemos una Pirogénesis que, como su nombre lo indica, consiste en la generaciòn espontánea de fuego. Esto es lo que parece pasar en el caso referido de Nogoyá. Y es importante señalar que este fenómeno (insisto, perfectamente documentado, aunque parezca indigerible por los suprarracionalistas) estaría vinculado con el simbolismo emocional que para alguno de los habitantes o presentes del lugar tiene el o los objetos incendiados (una “Negaciòn” del mismo en tanto significante). Esta etiología psicológica para una manifestación parapsicológica es uno de los argumentos sensatos para no abonar la paranoia de una “manifestación diabólica”, explicación espontánea que suele correr como reguero de pólvora en estos casos, en parte por la escasa formación intelectual o cultural de los testigos u “opinadores” de turno, en parte por aquellos interesados (sacerdotes de variopinta extracción) en aprovechar la circunstancia para llevar agua a su propio molino…
Por consiguiente, el “tratamiento” que debe darse a la persona “agente”, es decir, productora de estos episodios (que, insisto por tercera vez, son absolutamente inconscientes e involuntarios y por ello en nada es “responsable” de lo que ocurre a su alrededor) es el mismo que se aplica con adolescentes en casos de “poltergeist” (las mal llamadas “casas embrujadas”) o “hiloclastias” (roturas paranormales de objetos por descargas psíquicas que subliman represiones, como cuando al reprimir un estallido de enojo se funde un bombillo eléctrico): retirar a la persona de ese ambiente, darle la oportunidad de llevarla si es posible a vivir unos meses lejos y brindarle asistencia psicológica para elaborar y comprender esas circunstancias. Así y en última instancia, por el mismo proceso que se diluye una angustia exitencial se descomprimen los disparadores de “emergentes parapsicológicos”.

El no brindar solución a esos cuadros implica un peligro: que devenga en Combustiòn Humana Espontánea. Terrible –pero real- fenómeno consistente en que la persona (víctima, a fin de cuentas) se incinere espontáneamente de una manera también violatoria de las leyes físicas: por causas desconocidas el cuerpo entra en combustión, alcanzando temperaturas que no solamente calcinan toda la carne sino también pulveriza a los huesos pero, extrañamente, ese “calor” parece estar limitado al espacio físico ocupado por el cuerpo porque, por caso, el sillón sobre el cual se encontraba sentada la persona a la hora de sufrir tan trágico final apenas si muestra una capa de hollín y grasitud. Es como si la extrema temperatura “implosionara” y en vez de disiparse entrópicamente a su alrededor queda, otra vez, limitada como si de una masa física se tratase.
En los casos de CHE (Combustiòn Humana Espontánea) también hay particularidades emocionales: en todos los casos –muchos, excelentemente bien documentados pues implicaron peritajes forenses y policiales ya que significaron la pérdida de una vida humana- la víctima atravesaba un período de profunda depresiòn acompañada de adicciones (generalmente, alcoholismo).

Esta es la ocasión que aprovecharé para exponer una hipótesis alternativa a la habitual. Como hemos visto, en ésta es la “energía psíquica” de la persona la que ocasiona cualesquiera de estos tres fenómenos (y, por extensión, cualquier otro fenómeno parapsicológico sometido a consideración). Parece muy lógico: si la Pirogénesis –como en el caso relatado periodísticamente- se produce en presencia y proximidades de una persona “X”, entonces es obvio (parece obvio) que es esa persona “X” quien la produce. Bien, pero… ¿cómo es que se produce?. Es decir; nunca se nos explica la mecánica, el proceso por el cual esa “energía psíquica” se dirige selectivamente hacia cierto objeto, y sólo a ése, y lo incendia…. Se tratará de “energía psíquica” sí, pero si produce efectos materiales, es decir, si actúa en el campo físico tridimensional, debe respetar y obedecer las leyes físicas materiales. ¿Porqué, entonces, no se incendian todos los objetos ubicados entre el “agente” y el objeto finalmente afectado?. Imaginen la onda de calor de un incendio: si afecta hasta el extremo de hacer entrar en combustión aquél árbol, tengan por seguro que previamente ha incendiado todos los árboles que encontró en su camino. Pero en Pirogénesis no ocurre. Como en la Telekinesis (movimiento de objetos por pretendida acciòn de la energía psíquica) donde si aquél objeto se desplaza con la fuerza de la mente, previamente tendrían que haberse visto afectados todos los objetos entre el “emisor” y el resultado final.
Las objeciones aquí planteadas son las que llevan a los escépticos a concluir que, entonces, dado que las leyes físicas “tienen” que cumplirse y en estos relatos no lo hacen, por consiguiente aquellos hechos no existen. Esta es una visiòn simplista, mediocremente deplorable pero sobre todo mentirosa de la realidad, porque los hechos están documentados y sí existen. De manera que –dado que las leyes físicas son lo que son precisamente porque no admiten “excepciones” y “suspensiones”- habrá que buscar otra explicación.
Propongo ésta: En un plano, dimensión o Realidad paralela, coexisten energías y fuerzas que –si se manifiestan en ESTA Realidad, lo harán en forma de manifestaciones fenomenológicas. Ciertas circunstancias (precisamente, nuestras fuerzas psíquicas, no como “generadoras” del fenómeno, como “productoras” de él, sino como “alertas”, “señuelos”, “cebos”) atraen a esta plano o Realidad a estas fuerzas o energías, que emergen de esa dimensiòn a ésta expresándose, ora como fenómenos generalizadamente parapsicológicos o particularmente termo o pirogenéticos. Y aún más: como polilla atraída a la luz, como el agua atraída al desagüe del vertedero, como trozos del hierro al imán, un día esas fuerzas son atraídas a este plano, y en este plano a una persona cuya “vibraciòn”, cuya “nota” psíquica le resulta resonante, maniestándose en su cuerpo…. Como una Combustiòn Humana Espontánea.

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