REFLEXIONES PARA UNA DEMONOLOGÍA LAICA

Como la mayoría de mis lectores saben, entre el 25 y el 29 de mayo pasado participé activamente en el Primer Congreso Internacional Ecuménico de Exorcistas (Bogotá, Colombia), evento cuyo objetivo apuntaba, primero, a exponer distintas concepciones sobre la temática, en segundo lugar intercambiar puntos de vista y abordajes y, finalmente –y de obtenerse los acuerdos necesarios- sumar esfuerzos para trabajar en conjunto. Como intelectual decantación de esos intensos dìas, nacieron estas reflexiones.

Un

Reflexiones que buscarán más bien plantear preguntas antes que ofrecer respuestas. Protocolo necesario del Conocimiento; enfocarnos primero en formular mejores preguntas. Y me hago cargo, plena y concientemente, que esta batería de pensamientos provocarán erisipela en más de un lector; insidiosamente, creo que después de todo es precisamente por eso que los planteo.

Intuyo inevitables sonrisas sardónicas, susurros que “ahora Gustavo se transformó en exorcista”; perplejidad intelectual en lectores veteranos que se preguntarán si se tratará que he optado por comulgar con alguna confesiòn ecleciástica en particular. Y se trataría de suspicacias y objeciones comprensibles, que tendré a bien dilucidar. Porque no me digan que eso no ocurrirá: simplemente por publicar la crónica del Congreso, en la entrada anterior, recibì comentarios de lectores “decepcionados” por mi “incongruencia”. Me temo que convendría releer con tranquilidad y una pretendida (pero parece, difícil de obtener) objetividad.  Comprendo que todo lector (u oyente de mis podcasts) lo hace inevitablemente desde la construcciòn de su propio pensamiento previo. Pero reclamo aceptar la única congruencia que me importa: la de expresar libre, completa, sinceramente, lo que pienso.

Si algo caracterizó a ese Congreso, formal y esencialmente, fue su ecumenismo.  Repasen el listado de expositores: organizado por una congregación sacerdotal, presentamos conferencias dos obispos religiosos, un chamán, un médico clínico y dos parapsicólogos. Eso ya de por sí debería señalar algo. Eso, en lo formal. En lo esencial, cada participante –doy fe- tuvo plena libertad de ilustrar sobre sus convicciones; en lo personal, insistí (creo que hasta el hartazgo) con mi laicicismo, y el hecho que se me haya honrado con la invitaciòn a participar como Socio Fundador de la naciente Asociación Internacional Ecuménica de Exorcistas habla de la tolerancia y amplitud de criterio de este grupo. Alguien puede señalar (y tendría razón) que, quizás exceptuándome, la naciente institución tiene una fuerte tendencia cristiana; pero eso no es “gracias a” sino “a pesar de” los organizadores;  fui testigo de los ingentes esfuerzos de los mismos por convocar judíos, islámicos y budistas, y la nula respuesta de estos grupos. Si no estuvieron allí, es porque no se molestaron en aceptar la invitaciòn. Y confío que,  si deciden sumarse luego –con las formalidades del caso- también serán aceptados.

Dicho esto, debo, de cara a la honestidad hacia mis lectores, presentar mi postura personal. Mi conferencia (dos conferencias, en puridad) giraron sobre la Autodefensa Psíquica, con una exposición que traté fuera prolija de los distintos factores de perturbación no físicos de que podemos ser víctimas (ya saben: Paquetes de Memoria Thanáticos, Egrégoros, entidades del bajo astral, además de remanencias psíquicas y un largo etcétera, que los lectores de mis trabajos –y mucho más los alumnos de mis cursos- conocerán).

¿Qué Demonio?. ¿El Diablo?

Es inevitable comenzar por este ítem.  ¿Creo en la Personificaciòn del Mal?. ¿Creo en Satanás?.  Presentemos el razonamiento así:

a)    Creo en un Dios/a. Conciencia Cósmica. Ipalnemouane. Bhrama. Llámenlo como quieran. Y sospecho que un enorme número de mis lectores también (pues si no, difícilmente estarían ahora leyendo esto).

b)    Sostenemos el argumento que el Universo opera en base a Opuestos Complementarios. Yin y Yang.

c)    Estoy convencido (es el sustrato de la Autodefensa Psíquica) de la existencia de entidades, llamémoslas “espirituales” (no entraremos ahora en el debate si astrales, energéticas, etc.) problemáticas. Perjudiciales. Negativas. De distinto nivel vibracional, de distinta jerarquìa y poder. Y –niéguenmelo- apuesto que la enorme mayoría de mis lectores también creen en este punto. No discutamos aquí si les basta con su creencia en el Bien y la Luz para protegerse, o si practican cualquier tipo de disciplina defensiva para hacerlo. Sólo enfoquémosnos en eso: creemos, intuimos, sospechamos, sabemos de la existencia de entidades no físicas negativas.

d)    Dicho esto, pregunto: si acepto la existencia de una Inteligencia Universal del Bien y el Amor, si admito la existencia de entidades espirituales negativas de distinta jerarquìa, en el contexto de ese pensamiento, ¿qué me impide deducir la existencia de una entidad, espiritual, negativa, y al tope de la “escala jerárquica” de las anteriormente mencionadas?. ¿Y porqué no puedo llamarle “diablo”? (evito el término “demonio”, pues sabemos que el concepto “daimon”, del griego, significa “acompañante” y refleja una deslucida comprensión del concepto hecha por los primeros padres de la iglesia.

¿Saben por qué?. Daré un motivo y una sospecha. El motivo: por condicionamiento cultural. Porque es intelectualmente “aceptable”, si se quiere “políticamente correcto” hablar de Dios, de entidades del bajo astral, de Opuestos en el Universo, pero susceptible de ser identificado con cierto fanatismo religioso hablar de “Satanás”. Si el razonamiento “ut supra” es correcto (es decir, si es correcto para quien piense así) la conclusiòn necesariamente es plausible.

Exorcismos laicos

El término “exorcismos” remite a la idea de “expulsión”. Pero es imposible, en el paradigma cultural dominante, pronunciarla sin que acudan a la mente imágenes propias de la película “El Exorcista”; la idea de un clérigo que crucifijo y agua bendita en mano repite el Ritual Romano para expulsar al demonio. Si no nos atrevemos a incursionar en el debate de una idea porque somos prisioneros de los paradigmas, estamos estancados. De modo que permítaseme mencionar que una de las frases más interesantes que escuché en ese Congreso de referencia fue “el patrón nunca hace el trabajo sucio”. De allí, suponer que exorcisar implica necesariamente la idea de Satanás poseyendo a la pobre víctima es superficial: el exorcista enfrenta una entidad espiritual negativa (es debate bizantino adelantarse a su clasificaciòn) a la que tiene que erradicar (de una persona o de un lugar). ¿Acaso no es lo que hace el parapsicólogo cuando armoniza (“limpia”) una vivienda?. De modo que “exorciza”, expulsa. Ya que, para hacerlo (y esta es otra conclusión consensuada en dicho Congreso) no debe necesariamente valerse del instrumental y ritual cristiano o católico. Cada uno lo hace válidamente (eso se verá en los resultados) con el método o abordaje de su elecciòn.  Por la misma razón, si se piensa en el exorcista como un ministro de culto, excluyentemente cristiano, estaremos ante un prejuicio cultural. Y si en nuestra actividad en el campo de los planos sutiles los laicos exigimos “ecumenismo”, que significa aceptación de nuestras ideas, debemos ser ecuménicos, ecuánimes, también con los religiosos.

Escribí antes que daría un motivo (el prejuicio cultural, el condicionamiento del paradigma, que es tanto como decir que por más “progres” intelectuales que nos creamos hemos opinado sobre el envase y no sobre el contenido) y también una sospecha: no hace mucho escribì sobre los “memes”, esas construcciones ideológicas que condicionan creencias no sólo individuales sino también colectivas e históricas. Y me pregunto si esta dicotomía (Demonología – Exorcismos – Iglesias versus Armonizaciones – Ciencias Iniciáticas – Parapsicología laica) no es un “meme” creado por los Illuminati, ese Poder en las Sombras mundial e histórico, precisamente con el fin de cerrarle el paso a la Humanidad a una comprensión más acabada (y defensiva) de un espectro de Realidades que ellos así podrían usufructuar en su beneficio excluyendo del conocimiento al resto de la población del planeta.

Eclecticismo demonológico y globalizaciòn

Permítaseme seguir pateando algunas estanterías mentales colmadas de pensamientos anquilosados. Ante quienes argumenten que Demonología y Exorcismos son manipulaciones de la Iglesia (cristiana, católica) convendría recordarles quye no hay cultura en la historia de la humanidad que en su espacio espiritual no contemplara la existencia de entidades espirituales negativas, en muchos casos con categoría de “dioses”. ¿Se opondrían los cultores de la Toltequidad, de la Tradiciòn Inka, de los Pueblos Originarios todos de esta América a negar su propia tradiciòn de enfrentamiento con personificaciones del Mal?. ¿No los hay entre shintoístas, hinduístas, budistas?. Y si alguien sugiere que la Demonología y los Exorcismos pueden ser una estrategia de la Iglesia dominante para manipular a las masas con el miedo a esas fuerzas oscuras, ¿podrá negárseme que precisamente, secularizando Demonología y exorcismos, se extravía de esas hipotéticas manos clericales el control manipulatorio que se les atribuye?.  Voy por más: si (otro) alguien propone que la mejor forma de erradicar ese control es “ilustrar” a las masas sobre su propia ignorancia, permítademe llamarle la atenciòn sobre la potencial contradicciòn en la lícita creencia de un/a Dios/a y la aparente imposibilidad de su antítesis.

Demonopatías en la clínica parapsicología

En la clínica parapsicológica conocemos los cuadros de Prosopopesis. Consiste en la aparición de una nueva personalidad que convive con un enfrentamiento y lucha por el dominio de la conciencia y el cuerpo del sujeto. Este nuevo personaje que se apodera del curso de la vida del sujeto por un largo tiempo, de mayor o menor duración, está investido de poderes especiales y es la causa de la producción de cierta fenomenología Psi propia del cuadro. Seguiremos así las enseñanzas del Dr Eduardo Grosso, argentino, especialista en pscología y parapsicología.
Este cambio brusco de la personalidad –que sustituye la original o coexiste con ella- va de la disociación hasta la transformación de la identidad. El elemento central del cuadro es un sentimiento inquietante y muy intenso, a la par que penetrante, de enajenamiento, que puede definirse como un trastorno afectivo en el cual los principales síntomas son sentimiento de irrealidad y una pérdida de la convicción de la propia identidad, del sentido de identificación y del control de la propia voluntad y sobre el propio cuerpo.
Los síntomas de irrealidad son de doble naturaleza: por una parte un sentimiento de personalidad cambiada o que una personalidad extraña ha invadido la intimidad, y por otro lado un sentimiento que esta nueva personalidad intrusa tiene dominio sobre sus actos y su conciencia.
El comienzo de este cuadro puede ser repentino o estar precedido por experiencias previas significativas. Usualmente aparece en relación a personas de edad adolescente o adultos jóvenes, aunque esto no es exclusivo. Va acompañado de un fuerte sentimiento de angustia desgarradora. También el sujeto realiza actos que parecen ejecutarse de un modo mecánico, como si fuera un autómata.
La lucha entre la personalidad original y la intrusa termina por producir un agotamiento físico y psíquico muy intenso y trastornos neurovegetativos y cenestésicos muy profundos.

La prosopopesis puede presentarse de varios modos siendo los más importantes: demonopática, zoopática y mística. También existe un cuadro menor de obsesión que presenta interesantes relaciones nosográficas entre este síndrome y la forma de influencia del síndrome de acción exterior. A los efectos de este trabajo, nos extenderemos sólo en la demonopática.

Este cuadro clínico es la forma más típica de la P.P., comúnmente llamada formas metabólicas o de cohabitación corporal; comportan una estructura que pone de relieve el sufrimiento del sujeto ante la presencia dentro de sí de una fuerza de naturaleza maligna que lo domina contra su voluntad.
La aparición de una doble personalidad “maligna” es producto de un particular juego de interacciones que dramatiza de manera singular la emergencia de un complejo autónomo del inconsciente, de la sombra más arcaica y desiderativa del hombre.
El hecho de posesión es posible. Pero no siempre ocurre que los sujetos que la padecen sean realmente “posesos”. Hasta la Iglesia Católica es especialmente cuidadosa al respecto. Sin embargo y dejando de lado estos casos (los menores) y los casos de “posesión” adjudicables a alteraciones de la personalidad del sujeto, es posible encontrar una franja de casos que entrarían en el terreno propio de lo parapsicológico. La activación por parte del potencial Psi, de organizaciones profundas del psiquismo enlazadas a energías involutivas pueden hacer aparecer este cuadro de demonopatía siempre y cuando –y este sería lo diferencial- aparezcan sumados a los síntomas patognomónicos específicos, fenomenología Psi muy determinada.

Semiología

La variada gama de síntomas del cuadro acompañan en realidad a la tríada sintomática particular:

a)    Xenoglosia (o Glosolalia) (hablar una lengua desconocida)
b)    Conocimientos de hechos que normalmente no pueden ser sabidos por la persona que padece la demonopatía (clarividencia y sus variantes), y
c)    Manifestación de hechos que normalmente exceden la capacidad física y fisiológica de la persona.

Obviamente estos signos acompañan al trastorno de personalidad y a la lucha por el dominio del psiquismo y el cuerpo, que se desata entre la fuerza invasora y el sujeto.
De igual importancia son los siguientes signos:

–    conocimientos científicos y facilidad para hablar de temas científicos desconocidos;
–    producción de efectos que exceden a las fuerzas humanas o naturales
–    anestesia de determinados órganos (ceguera, etc.)
–    estigmas corporales

A este cuadro hay que sumarle la presencia de fenómenos de telepatía, clarividencia, precognición, psicocinesis, tiptología, osmogénesis, levitación, aportes, ectoplasmias, etc.
Debe hacerse especial menciòn que uno o algunos de estos síntomas son susceptibles de explicaciones convencionales, enmarcadas dentro de la propia fenomenología parapsicológica (entendida como exteriorizaciòn de la propia Potencialidad Psi). Es la sumatoria de un número necesario (que es parte del Protocolo que se está debatiendo y consensuando) de estos síntomas los que habilitan la presunciòn de la “posesiòn”.

Evolución

En su forma típica pueden diferenciarse en las demonopatías cuatro etapas o períodos.

a)    Período convulsivo: se produce una descarga sinérgica y masiva en términos de convulsiones, espumarajos, gritos, crisis de llanto. Estos paroxismos pueden comenzar de un modo generalizado desde el inicio o empezar en forma parcial y luego generalizarse. En ambos casos aparecen profundas contracturas musculares, mordeduras del sujeto de su lengua o de sus manos, espasmos tónicos, respiración ruidosa (estertórea) y pérdida de esfínteres.
b)    Período clowniano: donde se producen fenómenos de fuerza sobrenatural, contorsiones y arcos corporales que asombran por la casi imposibilidad de su realización. En esta fase se producen también automatismos y crisis psicomotoras (musitaciones, frotamiento de manos y genitales, etc.) y una variada gama de fenómenos Psi, en especial psicoquinéticos.
c)    Período pasional: aparecen provocaciones eróticas del sujeto así como actos masturbatorios y una verborrea de expresiones procaces. También el sujeto manifiesta sufrir alucinaciones y cenestesia severas por su intensidad.
d)    Período terminal: el sujeto recupera la conciencia de sí, disminuye el cuadro clínico sintomático en el caso de una remisión. Esta remisión puede ser total, parcial o cíclica.

Formas clínicas

Existen varios criterios para clasificar este cuadro. Algunos autores señalan la necesidad de distinguir según el grado de compromiso de las esferas de desarrollo el sujeto. Así podemos hablar de posesiones corporales (cuando la fuerza sólo toma el cuerpo haciéndolo sufrir o exacerbar); posesiones espirituales (cuando sólo posee el “alma” del sujeto sin afectar su corporalidad) y posesión total (cuando el todo del sujeto se encuentra sometido a la acción demonopática).
También es posible hablar de una posesión voluntaria (convocada y “por pacto”, así como por ser el contexto propio de la práctica religiosa, como en el caso de ciertos cultos afrobrasileros) y una posesión involuntaria  (contra el sujeto). Es posible finalmente hablar de posesiones inducidas y sufridas.

Los “demonios interiores”. La génesis de las sectas.

Desde la Psicología Junguiana, planteo esta hipótesis para su posterior (que no aquí) debate:

Los complejos tienen varios orígenes distintos. Pero todo complejo guarda, en su núcleo, un arquetipoY de ese arquetipo recibe el complejo gran cantidad de energía. Y enseña mi amigo y colega, el doctor Antonio Las Heras que “el arquetipo, actuando como centro o núcleo, funciona como magneto, atrayendo a las experiencias relevantes hacia el, para formar un complejo. Después que ha alcanzado suficiente fuerza por la adición de experiencias, el complejo puede penetrar en la consciencia. Es solamente siendo el centro de un complejo bien desarrollado que el arquetipo puede hallar expresión en la consciencia y en la conducta”.
De la misma manera que el Arquetipo del Diablo (necesariamente existente en nuestro psiquismo profundo ya que existe un Arquetipo de Dios, y por imperio de la naturaleza dual y enantiodrómica) puede atraer hacia sí las experiencias “resonantes” con su esencia de la vida del suyo creando, alimentando y multiplicando el complejo, un complejo del inconsciente colectivo de un grupo (un “inconsciente de grupo”) atrae por resonancia de los individuales Arquetipos del Diablo. Y así como un complejo individual suficientemente dotado de energía “posee” la vida de una persona (obligándole a comportarse como en realidad no quisiera) el “egrégoro” social  eun grupo, alimentado por afinidad de naturalezas arquetípicas (o, mejor aun, por afinidad de carencias, donde se cumple aquello de “donde no reina la Luz, entra la Oscuridad”) captura y “posee” la vida, albedrío, individualidades y libertad de todos y cada uno atraídos hacia ese vórtice.

Reflexiones finales (pero no concluyentes)

Propongo que la funciòn exorcista no es incompatible con la epistemología parapsicológica sino, por el contrario, necesariamente complementaria y especializada. Que es imperativo formalizar no solamente un Protocolo de la actividad sino estrechar intercambios con otros contextos ideológicos para elaborar plataformas de reflexiòn comunes. Propongo compatibilizar la acciòn exorcista con la recopilación de información previa, durante y posterior al hecho –mediante el trabajo interdisciplinario- . Pero, sobre todo, propongo reflexionar y debatir sin falsas posturas seudo intelectuales ni progresismos más preocupados en lo “políticamente correcto” en ciertos medios antes que la búsqueda de respuestas.

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13 comentarios sobre “REFLEXIONES PARA UNA DEMONOLOGÍA LAICA

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  1. me interesa profundizar mas en la accion de los memes y especialmente, en esa consideracion del meme de los memes; de ese meme ironico, el del ‘esoterico’.

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