EL DESLUCIDO ENCANTO DE SER REFUTADOR

Cuando uno comienza a peinar canas —o a perder las que le quedan, que para el caso es lo mismo— es señal que ha llegado a una altura del camino donde ha visto mucho, aunque no de todo, seguramente. Pero especialmente, acumula muchas preguntas y algunas pocas certezas. Entre las últimas, la sensación inefable de comprender que la vida y las personas son más sencillas en verdad de lo que parecen —o nos han intentado vender— y que bastan unas pocas pinceladas para trazar el bosquejo de los porqué ajenos.   Tal vez mucho tiempo he perdido sospechando conspiraciones donde no las hubo, o peque ahora, en la madurez, de la ingenuidad salvatífera de intentar una lectura puerilmente condescendiente de algunos de los tantos contendientes intelectuales con que me he enfrentado en el camino. Los refutadores profesionales, por caso. No ya simples escépticos —que cualquiera tiene el derecho y el respeto de serlo— sino aquellos que ejercen entusiastamente la prédica corrosiva contra todo lo que huela a enigmático, a misterioso, sin pausas y con prisas a través del tiempo, casi, casi, como una actividad a tiempo completo. Así que cualquiera —uno, por caso— puede invertir largas horas en sesudos análisis —que no obviamos en algunos casos, por cierto— sobre el perfil de estos individuos o, como en esta oportunidad, tratar de elaborar la Sublime Sinopsis Descriptiva de tales rocambolescos contertulios mediáticos.
S.S.D. (Sublime Sinopsis Descriptiva) de los Refutadores
a)   Son Omnisapientes: Pese a ser un adláter del mundo académico —que no científico— el Refutador viola el Principio de Especialización que caracteriza al pensamiento moderno. Porque a diferencia de los científicos que tanto admira, y que cada vez saben más de cada vez menos (los especialistas en sexualidad del mosquito anófeles de monte subtropical difícilmente intercambien pareceres y noches de juerga con especialistas en otros subtemas igualmente apasionantes), el Refutador sabe de todo. O por lo menos, eso parece. Porque un Refutador que se precie de tal jamás se limitará a criticar una disciplina —ovnilogía, parapsicología, Feng Shui, quirología, Reiki— en particular, sino que cargará apasionado contra todo. Y, claro, el sentido común dice que si es capaz de refutar todas y cada una de ellas es porque previamente ha estudiado (en profundidad) y experimentado todas y cada una de ellas. Lo cual nos somete al deslumbramiento de descubrir que, o bien su capacidad intelectual sobrepasa holgadamente la del genio término medio, o han descubierto, en un inesperado giro startrekeano, la manera de manipular el tiempo a velocidad de lectura warp. Claro que también es posible, aunque parezca yo un hereje, que simplemente no hayan estudiado en detalle ninguna de estas temáticas y simplemente las ataquen por su hedor iconoclástico. Digo yo.
b)  Son jueces morales: Porque el espacio que dedican en sus declamaciones y escritos a debatir argumentos es siempre mucho menor que el que invierten, o bien en tratar de ilusos o crédulos y supersticiosos a los defensores de lo alternativo, o bien lisa y llanamente a vilipendiarnos por nuestras supuestas fallas morales. Así, si no somos ignorantes, somos estafadores. Jamás podrán aceptar que un defensor de lo alternativo sea una simple persona más, igual que ellos, al fin y al cabo, con algunos defectos y seguramente muchas virtudes. Es más: cuando un especialista en cualquiera de esas temáticas señala errores propios de su ámbito, pues para el Refutador algo raro está por ocurrir. Entonces, con un celo no ajeno al fanatismo que jamás admitirán, construyen día a día la creencia en la no creencia. Intransigentes y violentos, intelectualmente maniqueos y prejuiciosos, cierran filas protectoramente con sus iguales pero execran públicamente a cualquier ex refutador que desee transitar otras opciones. Nada, en definitiva, que los haga ajenos a cualquier perfil sectario elaborado por profesionales de la cuestión.
c)  Son cobardes: porque en defensa proclamada de la Verdad y la Razón Científica, sus misiles siempre son disparados contra ovnílogos, parapsicólogos, practicantes de terapias alternativas, médiums y revisionistas históricos de a pie. Jamás, empero, la emprenden contra las grandes instituciones eclesiásticas, donde sí podrían encontrar explotadores de la credulidad ajena y paranoicos en cantidades similares. En su lucha por reivindicar el pensamiento crítico, jamás anatemizarán los dogmas, rituales y liturgias con teologías de ciencia ficción. ¿Porque son creencias que en virtud de la psicodiversidad hay que respetar?. No, porque en ese caso también lo harían con lo Alternativo, lo Misterioso, lo Enigmático, respetando el derecho de los demás a creer lo que quieran. No. Simplemente no lo hacen porque son instituciones, y como tales, férreamente plantadas con poder político y económico. Con lo cual, la defensa de la Razón Científica sólo prevalece de acuerdo al tamaño del enemigo.
Podrán sumar argumentos y expedientes, construir tautologías y enhebrar sofismas, pero no podrán —porque la trayectoria del Refutador Promedio así está escrita— negar esta SSD. Y a otra cosa.
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6 comentarios sobre “EL DESLUCIDO ENCANTO DE SER REFUTADOR

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  1. Los refutadores son cuervos de supuestos errores, buscando argumentos para contradecir lanzan globos al azar llenos de sus propias ignorancias.

    Un abrazo, Gustavo.

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  2. cADA TANTO,uno se topa con un refutador que es,a su vez,un espejo de uno mismo en tiempos pasados pero no tan pasados.Como la vida tiene la costumbre de caminar t no detenerse ni siquiera para respirar,me demuestra que es camino errado zsi nos detenemos a pensar que todos somos de origen divino y cada cual tiene en su meollo su propia verdad.
    Una vez reconocido esto,descubro que la aceptacion del otro,el respeto y todo lo valioso del humano es loe yo soy.Respetando al otra tal cual,me acepto y disfruto de mí como tal.
    Espero haberme enganchado en el tenor de este artículo.
    (estudié ingles pero no me quedó nada en la cabeza,por eso prefiero se me trate en español o castellano que es mi idioma natal)
    SHALOM

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  3. Excelente comentario Gustavo, sobre estos “especialistas” que cada tanto debemos padecer. En mi caso transitando terapias alternativas, uno escucha cada argumento trivial e inconsistente de personajes que, como bien decís, jamás han estudiado a fondo nada de lo que critican.

    Solo analizan los párrafos de un texto, con los que no están de acuerdo y citan “estudios” de otros que piensan como ellos (porque los refutadores se agrupan en asociaciones, en pro del “pensamiento científico”).

    Eso sí, jamás leen otros estudios e informes que demuestran la eficacia de métodos alternativos de sanación, que se han sostenido por muchísimo tiempo y son aceptados cada vez más, precísamente por sus resultados concretos y el desencanto de quienes han buscado alivio en los sistemas “científicos” que ellos tanto defienden.

    Nunca se los verá cuestionando las prácticas abusivas de las empresas farmaceuticas, la falsificación de datos en sus investigaciones, la creación de “pandemias” ficticias, las empresas que realizan manipulaciones genéticas con las semillas, etc.

    Sería bueno un día de estos, realizar un simposio para refutar a los refutadores, exponiendo trabajos que demuelan sus argumentos.

    En ese sentido, contá conmigo (puedo aportar material al tema, y tengo alguna que otra perlita).

    Un cordial saludo y gracias por lo que siempre nos das a través de tu página.

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  4. Gustavo. La estatura de mental de estos personajes es tan baja y la soberbia es tan alta, que sencillamente no vale la pena ni siquiera escucharlos, leerlos, perder el tiempo en entenderlos o debatirlos. Simplemente, son una muestra más de la fauna humana. Te aprecio mucho Gustavo, no pierdas tiempo ni siquiera en escribir de ellos. Sencillamente no vale la pena. Recuerda, quien cree que sabe algo, simplemente no sabe nada. Un abrazo.

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