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DANZAS DEL SOL: A LAS PUERTAS DEL PODER

Posted by Gustavo Fernández en 22-08-2010

Fueron seis días inenarrables. Entonces, si son inenarrables -se preguntarán ustedes- ¿qué es lo que estoy haciendo aquí?. El síndrome de escritor compulsivo puede en ocasiones más, aún ante la pedantería desafiante de tratar de describir una vivencia única e intransferible.
Éramos un grupo de tres que pronto fuimos doscientos. Subimos Edgar Vargas Olvera,, líder de nuestro kalpulli “Ahuacatitlán” en Cuernavaca, , Mabel Corvalán, Cihuacoatl del kalpulli en Argentina y yo, y nos fusionamos literalmente con ciento noventa y siete personas más, entre Danzantes, Jefes, Apoyos, visitantes y familiares.
Sepan que fueron cuatro días donde setenta y ocho Danzantes de ambos sexos, sin comer ni beber agua en esos días, danzaron para agradecer al Sol, la Tierra, el Universo y la Vida sus dones personales, sus pedidos particulares, sus deseos trascendentales. Edgar y yo fungimos como Águilas de Fuego junto a dos otros recién llegados amigos, Beto y Enrique. Nuestra misión, alimentar y cuidar el Fuego esos días, sin descanso y sin tregua, pues es el corazón de la Danza, preparar las piedras para los temazcales y brindar asistencia ritual. Un aprendizaje único, en lo personal, en lo espiritual, en lo intelectual.
Primero, el esfuerzo físico: subir y bajar, subir y bajar varias veces la montaña, el Cerro Gordo, en cercanías de Teotihuacan, llevando y trayendo equipo, propio y comunitario. Luego, entre todos, hachar y portar hasta la mera cima un gran árbol. Día tras noche tras día tras noche, preparar los aspectos rituales así como los mundanos, estando en constante alerta de aprendizaje con los jefes, locales y extranjeros. Técnicas chamánicas de sanación. Prácticas de trascendencia y comunión con los elementos de la naturaleza. Meditación con el fuego. Fortalecimiento de la Voluntad. Trascendencia del dolor, del físico y del otro.
Hoy quemado por el sol, gratamente cansado, tomo conciencia de varias cosas. Del increíble poder que en el Gran Círculo se genera, de la intensa conexión fraterna que se siente, en compromiso eterno. Tal vez suene exagerado, pero algo se destruyó y regeneró en mí. Estoy distinto.
Y, por si no fuera suficiente, les cuento mi “secreto”. Allí, frente al sólo testimonio del Árbol y de uno de los Jefes, formulé mi Promesa: regresaré el año próximo como Danzante.
Pero esa, ya se sabe, es otra historia….

Una vista de la Danza

Una vista de la Danza

Qué es la Danza del Sol

Se trata de un ritual cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Originalmente de la etnia lakota, llega, como el “temascal” al Anahuac en tiempos prehispánicos, se supone en épocas de toltecas. Es prohibido –como tantas otras cosas- por los conquistadores españoles, y rescatado hace cincuenta y cuatro años por Tlakaélel, el Abuelo de los Abuelos. “Tlakaélel” es un término honorífico que se brindaba ya en tiempos inmemoriales al Supremo Consejero del Huey Tlatoani, o “Venerado Orador”, líder político de los pueblos anahuacanos. El término hoy lo detenta Francisco Jiménez, quien recorre el mundo a sus ochenta y largos años, difundiendo el pensamiento mexika y la Toltekayotl. Es el Presidente de la Asociaciòn Cultural Koakalko –que represento en Argentina- “kalpulli” de mayor trascendencia en el actual México y (no me equivocaría en afirmar) en todo el mundo.

danza del sol sioux, circa 1880

danza del sol sioux, circa 1880

Tlakaélel no sólo lidera el kalpulli sino que es el consejero espiritual de la Universidad Nahuatl de Cuernavaca, del grupo de danzantes “Onkayolotl” y de un fuerte movimiento de recuperación de la identidad y sabiduría indigenista.  Considerado entre los principales líderes espirituales vivientes (como es el caso del Dalai Lama, con quien ha compartido espacios culturales y manifestaciones pacíficas en varias oportunidades), en su momento y a pesar de la abierta oposición tanto de conservadores intelectuales como de facciones políticas revivió el ritual de las Danzas, primero con un puñado de seguidores, hoy con el concurso de cientos de hermanos espirituales de los cuatro rumbos del planeta. No cede en ningún momento ni a los intentos de explotaciòn “turística” que la ocasiòn habría proveído ni a las presiones políticas oportunistas que vieron en su creciente movimiento en pro de la identidad cultural y la dignidad ancestral la oportunidad única de capitalizar simpatías partidarias. Él tuvo –tiene- un solo objetivo en mente y corazón: la conexiòn con la esencia cósmica –Teotl- a través del autosacrificio, entrega y ofrenda que significa la Danza. Teníamos que vivirla desde dentro. Y allá fuimos.

Tlakaélel en la Danza

Tlakaélel en la Danza

Desde fuera y a la distancia, uno puede suponerlo apenas un culto más, mezcla de reminiscencia folklórica y simple superstición. Ah, la eterna dificultad de poner en palabras las interiores vivencias… Porque de folklore, seguro, mucho. De superstición, les aseguro, nada.

Mi primera conclusión: como herramienta de la Toltekayotl (la sabiduría ancestral) y la In Kaltonal (la religión ancestral), la Danza del Sol no es la práctica de una creencia: es una verdadera tecnología espiritual. La ocasiòn verdaderamente única de provocar cambios sustanciales en nuestro Ser Interno. Mi segunda conclusión: la respuesta a la pregunta “¿qué da estar en la Danza?”: la convicción que el Poder está en uno. Que si uno quiere, puede.

Sí, ya sé. Ustedes dirán que para eso no es necesario el esfuerzo y compromiso de participar de la Danza. Permítanme, humildemente, decirles que hay una enorme diferencia entre saber intelectualmente que es así (Ley de Atracción, libros de autoayuda, “El Secreto” y tanto más mediante) y sentirlo absolutamente.

Hay detalles que no debo relatar, porque el aspecto iniciático y probacionista de la experiencia –como bien cabe a cualquier Fraternidad espiritual- sólo es accesible a la experiencia personal. Por la misma razón, las fotografías que ilustran este artículo no son tan “espectaculares” como esta cultura del “esacanear en lugar de leer” (como diría mi buen amigo “Quique” Marzo) desearía. Digamos que la Danza comienza mucho antes que la Danza misma: cuando todos, en compromiso comunitario, portamos hacia la cima de la montaña desde enseres culinarios hasta grandes tiendas de reparo, desde elementos rituales hasta balones de agua potable, desde leña hasta el equipo de amigos y amigas dificultados en hacerlo.

Llega el día en que, solemnemente, se corta un árbol, con toda la seriedad y protocolo que el acto significa, un árbol que será El Árbol: desde ahora, el “axis mundi”, la columna vertebral que unirá el mundo con el cielo de Teotl. No pude, mientras sudaba y rechinaba los dientes en el esfuerzo, dejar de recordar el “rewe” mapuche y tantos otros.  Entre todos los que podemos, lo llevamos a la cima, un trabajo impresionante que sacude nuestra fibra más honorable con sólo recordar que aquellos ancestros no solamente hicieron esto por centenares de años, sino que fueron capaces –como en Tepoztlán- de hacerlo con miles de bloques de piedra para construir sus “teocallis” en la mera cima de otras montañas. Horas de esfuerzo, sudor, improperios, gritos de aliento, brazos hermanos que sostienen y levantan a los vencidos por el cansancio, mientras el profundo eco de los “atekokolis” (caracolas) y el humo de los “popoxcomi” (sahumadores) de los “copaleros” marca y abre el camino.

Preparando el Árbol

Preparando el Árbol

Ya está, ya llegamos. El Árbol está en el centro del Círculo. Se lo prepara, con festones de cuatro colores (rojo, negro, blanco, amarillo) que tanto simbolizan los cuatro rumbos del mundo como las cuatro razas de la especie humana y las cuatro variedades del maíz, el gran regalo de Quetzalcoatl a los hombres. También, de “rezos”, pequeñas bolsitas con hierbas que llevan al viento los pedidos personales de los asistentes. Ritualmente se lo levanta y allí quedará, hasta el próximo año, hasta la próxima Danza, en que servirá de leña para las Águilas de Fuego puedan alimentar el Fuego Sagrado que en el tercer día encenderán –y no deberá apagarse- los jefes, Fuego que, como dije, es el corazón de la Danza, además de calentar las piedras que al amanecer y al atardecer alimentará los temascales donde Danzantes, Águilas, copaleros, gente de apoyo, participarán comunitariamente.

Y entonces sí. Al tercer día, comienzan las Danzas. Hombres y mujeres que repetirán los bailes rituales cuatro veces por día, durante cuatro días, en que, además, no beberán ni comerán, como ofrenda por sus necesidades, aspiraciones o simple renovación espiritual. Todos tienen objetivos personales. Todos, también, se exigen pedir por el mundo: por los hambrientos, por los desocupados, por las víctimas de la violencia y la injusticia, por los niños sin hogar, por los enfermos de todo el planeta. En temascales, en las Danzas, en los gritos de ánimo colectivo, día tras día, no puedo dejar de reparar en un detalle sustancial: cada vez piden menos por sí mismos, cada vez lo hacen más por los demás.

Gustavo preparando el inicio del fuego, el día previo a las Danzas

Gustavo preparando el inicio del fuego, el día previo a las Danzas

Y allí, en el centro, está Tlakaélel. No es el venerable anciano con el que compartimos y compartiremos tantas pláticas amables y tantos almuerzos risueños. Es un hombre fuerte, que va de un lado a otro, que no ceja en sus movimientos, que infunde ánimo a los que por cansancio, hambre o sed parecen estar por desfallecer… ¿es el mismo?. Sí y no, por supuesto. Algo inasible pero vital lo anima, y el grupo se recupera y continúa, día tras día. Lo mismo se irradia en toda la cumbre de la montaña. El sueño y el cansancio de los dos primeros días que casi nos vencen (hora tras hora pendientes del fuego, hachar leña, acarrear piedras, dormir en breves intervalos, casi sin tiempo para comer ni beber) desaparece y perdemos nociòn del paso del tiempo. Sólo la sucesiòn del Sol y la Luna indican ambiguamente las horas. El Fuego se hace el eje de nuestra existencia, con él, como un intempestivo y glorioso ser vivo, bregamos, dialogamos, lo alimentamos, recibimos sus dones.

Edgar, preparando las piedras para los temazcales. Atrás, los "inipi"

Edgar, preparando las piedras para los temazcales. Atrás, los "inipi"

Edgar –como Jefe de Águilas- y yo, comenzamos a sentir fluir a nuestro alrededor una energía especial. Mabel, asignada como sahumadora y con la que nos cruzamos esporádicamente –ya que el ámbito del Fuego es un espacio sagrado donde sólo las Águilas imperan y donde unos pocos de los demás, sólo danzantes y copaleros, pueden ingresar en ocasiones y solicitando permiso- está viviendo el crecimiento de su propio poder y conocimiento personal. Los Jefes, en los descansos, se acercan y, cálidamente, dedican un tiempo más merecedor de descanso a aleccionarnos e instruirnos. Ya casi no necesito comer, ni dormir. Las piedras parecen no pesar y el “tekio” (el “trabajo”, entendido como acto devocional y de entrega) fluye libremente. Vienen a mi mente, mientras lo hago, cuestiones más metafísicas cuyas respuestas parecen flotar en el ambiente.

Y el poder del Círculo… ¡qué puedo decir!. Ingresé en él durante esos días en un puñado de ocasiones. Para acompañar a un par de hermanos en sus ofrendas. Para estar en el Círculo de Sanaciòn, cuando se disponen dos círculos concéntricos. Uno interno, de Danzantes. Otro, externo, todos los demás, apoyos, águilas, simples asistentes invitados. El exterior permanece inmóvil mientras el interno comienza a girar en sentido dextrógiro, haciendo que cada danzante de los setenta y ocho pase al menos una vez frente a cada espectador. Se detienen, pasan sobre nuestros cuerpos sus objetos rituales de poder haciendo “limpia” (eufemismo por ”liberación”), en ocasiones dicen unas palabras de aliento o consejo, y continúa el giro. No puedo dejar de pensar en el sistema calendárico del Tzolkin, donde una rueda de la Cuenta Corta gira dentro de otra, la de la Cuenta Larga. Pienso también –residuo del paso por una facultad de ingeniería en mis mocedades- en las dínamos generando energía. No sé si el ejemplo sirve. Pero la Energía está allí.

Mabel y el Jefe Juan

Mabel y el Jefe Juan

Y llega el último día. Todos los rituales se han cumplido. Unos pocos –nosotros, entre ellos- damos el paso: formulamos la promesa de ser Danzantes. Recibo entonces la última enseñanza: al arrodillarme y abrazar El Árbol, como compromiso personal, sentí lo mismo que cuando se abraza a otro ser humano, quizás más anciano y comprensivo que uno mismo: una corriente de simpatía, de calidez, de protecciòn. El Árbol, ese “simple” árbol talado días antes, estaba vivo. Edgar me dijo, algo después, que él mismo sintió el palpitar de un corazón que no era el suyo. Comprendí, entonces, el sentido de la acciòn: el árbol había dejado de ser un simple árbol para, aunque en apariencia material siguiera pareciéndolo, se había transustancializado en algo superior y trascendente.

La suspensión de la incredulidad. Sólo así puedo llamar al momento que viví. En ese instante me pareciò lo más natural. Días después, me preguntaba como mi matiz racional no me había obligado a saltar estupefacto hacia atrás. No lo sé, pero así sucedió.

Otra vista de los Danzantes

Otra vista de los Danzantes

Releo las líneas escritas y siento cierta tristeza. Es por la parquedad de mis palabras, lo basto de mis expresiones, lo fútil de mis explicaciones. No traslucen más que la punta del iceberg de las emociones vividas. Pero no creo que pueda hacerse de otra forma. Es vivencia pura y neta.

¿Señales en el cielo?. Quizás sólo simple estética de la naturaleza. Al amanecer del primer día de Danzas, esta belleza en el cielo. Apenas finalizan el cuarto día, un halcón nos sobrevuela en círculos...

¿Señales en el cielo?. Quizás sólo simple estética de la naturaleza. Al amanecer del primer día de Danzas, esta belleza en el cielo. Apenas finalizan el cuarto día, un halcón nos sobrevuela en círculos...

Desde la cumbre del Cerro Gordo

Desde la cumbre del Cerro Gordo

Edgar, con el Jefe Juan y el Jefe Chuck

Edgar, con el Jefe Juan y el Jefe Chuck

Tlakaélel instruyendo a los Danzantes durante un descanso.

Tlakaélel instruyendo a los Danzantes durante un descanso.

Un descanso

Un descanso

Amanece en el mundo de las Águilas

Amanece en el mundo de las Águilas

Otra vista

Otra vista

El Árbol

El Árbol

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17 comentarios to “DANZAS DEL SOL: A LAS PUERTAS DEL PODER”

  1. estela del carmen said

    Gustavo:No es necesario que te diga cual es la conexion que siento hacia Ti desde que te conoci hace mas de 20 años pues bien la sabes y no tiene explicacion para quienes espiritualmente no esten preparados, esta mas alla de lo fisico segun mi propia opinion viene de antes. De nuestras vidas pasadas.
    LO que acabo de leer fue impactante para mi pues es como si toda yo se trasladaba hacia ese lugar y en una minima forma comprendia cada cosa que paso especialmente en lo referente al arbol,
    Realmente felicito a Ti y a Mabel haber llegado a esas instancias unicas, e irrepetibles, desde lo mas profundo de mi los felicito y me siento muy contenta con mucho gozo (si asi se puede decir) de que hayan vivido lo vivido, ademas se que nos los que estamos aqui podremos rescatar algo con vuestras eseñanzas. Gracias

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  2. Hola Estelita:
    Gracias por tu sintonía, afecto y calidez, les haré extensivos tus saludos a Mabel y Edgar (aunque se te olvidó, entiendo que es también para él). Abrazote.

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  3. Edgar Russi said

    don Gustavo…
    Como dicen por aca: usted “se la gozó”. Me lo imagino sudando petróleo camino a cerro Gordo que junto con el aire puro de la montaña son ya de por si una purificación para el cuerpo.
    Yo tengo familiares que viven en el campo-las montañas, pienso que cuando vaya de vacaciones podria hacer mi propia danza del Sol.
    Cordial saludo desde Bogotá.

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  4. lucia said

    hola, tengo unas preguntas sobre esta tradicion, ya que tengo un amigo que hizo esa danza y no se ha abierto conmigo, tiene una consecuencia esta danza? (me refiero a suicidios)ya que el me dijo que se tiene que alejar de todos incluyendo familia y amigos, como hago para que no pase esto, con el. otra cosa en el culto que reglas tienen, los danzantes se pueden casar?, espero que me ayuden porfavor realmente es importante para mi, y en este sitio es en donde veo que es mas a lo que el hizo una vez.
    porfavor espero que me conteste alguien de este foro o alguien que sepa lo que estoy preguntando gracias.

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  5. Hola Lucía, cómo estás:
    Vamos a tener que aclarar varias cosas:_
    a) Danzas hay muchas. Desde que Tlakaélel las reinstauró en México, otros han “abierto” sus propios círculos. Muchos, siguiendo y respetando las tradiciones. Otros… en fin, cada maestrito con su librito. Así que sólo te puedo hablar de las de Koaklko.
    Y no hay nada de eso. No sé de donde tu amigo sacó esa especie, pero seguro no de Kokalko y me pregunto si no son exageraciones simplemente de él, con todo respeto. En las danzas no sólo muchos están casados/as, sino que van con sus esposas (o esposos) e hijos. Y no sólo a nadie se le pide que se aleje de nadie, sino por el contrario,s e cultiva y iestimula la solidaridad, la hermandad, el darse a los demás, el ser eficientes en el mundo de todos los días, las preocupaciones sociales….
    Me temo -insisto, con todo respeto, pero con sinderidad, que es lo poco que puedo ofrecerte- que eso de “aislamiento monacal” o biene s la justificaciòn de los propios deseos subordinados a un pretexto que “sonaría” aceptable, o bien síntoma de desplazamiento de cierta neurosis de aislamiento.
    Quedo a tu disposiciòn. Saludos cordiales

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