Nueva era “light” vs Nueva era revolucionaria

“No queremos ser como los Blancos Bárbaros, que pueden estar felices y llenos de alegría cuando sus hermanos están infelices, tristes. No nos queda, por lo tanto, otra alternativa que la de recoger la Flecha Dorada, luchar y morir.”

Cacique Tatunca Nara, en “Crónicas de Akakor”

Llueve sobre la ciudad latinoamericana. Acorde al melancólico clima, flotan en el aire las últimas notas del más porteño de los tangos, el “Adiós, Nonino” de Piazzola. Y con la vista fija en el empañado vidrio de la ventana de este bar dejo que el café se enfríe sobre la única mesa posible con una vista tan privilegiada como mirar por sobre el hombro de la vida para recapitular lo hecho y lo pendiente, lo ganado y lo perdido.

Llueve sobre la ciudad latinoamericana. Y con la fatiga de algo más de cuatro décadas de existencia pero cargando sobre las espaldas dos milenios de lucha contra el oscurantismo, uno se gana el derecho de hacer un alto en el camino. Allá, lejos en el tiempo y fresco en el recuerdo, la batalla que, como tardíos diletantes del mayo del ‘68, hacíamos en noches setentistas de barricadas, encendidos discursos estudiantiles y ágiles zapatillas para escapar de la omnipresente gaseada policial, o bien amanecer resolviendo los problemas del mundo en un café al que llegábamos con un libro de Freud bajo una axila y uno de Marx bajo la otra. Sí, tardío revolucionario setentista que perdió el último expreso a Las Pléyades, la lucha mudó del cerebro al corazón. O quizás, a un inasible y más profundo lugar, aun.

Llueve sobre la ciudad latinoamericana. Y estimula, ciertamente, descubrir que se han conquistado tantos amigos, defendido tantas ideas, aprendido tantas cosas nuevas, descubierto tantos espíritus evolucionados. Pero enoja (ni cansa, ni decepciona, ni detiene, ni aburre siquiera) descubrir también tanto mercachifle de la desesperación ajena, tanto vendedor de ilusiones, tanto delirante maníaco disfrazado de Maestro Ascendido. Seguro es tiempo de llamar a las cosas por su nombre.

Y en esta Nueva Era, esta Era de Acuario, Era de la psicodiversidad, la comprensión holística, la liberalidad intelectual, la flexibilidad espiritual, en esta Era donde dejas que el Sol entre, los Barones de las Tinieblas han inficionado con su micelio venenoso. Porque (cuando menos para un servidor) la lectura es clara: era necesario destruir la Nueva Era.

La primera oleada de saboteadores, disfrazados con los oropeles de un deslucido academicismo de hojalata, desembarcó en espacios universitarios y periodísticos (por aquello que da pátina de culto e informado sentar un doctor en el panel aunque el conductor del programa no sepa distinguir a Mario Bunge de Bunge & Born): eran los refutadotes y escépticos “profesionalizados”, con discurso científico y mentalidad fanática. Pobres idiotas útiles a los fines de Aquellos que, al comprobar lo inútil de esta estrategia (miles de horas de refutaciones no hicieron mella en el cuerpo monolítico de los defensores de la Nueva Era) obligó a los enemigos de ésta a adoptar su propio “Plan B”.

El porqué y el cómo de la destrucción desde dentro

En primer lugar, ¿por qué debería haber intereses creados en la destrucción ideológica de la Nueva Era? Las respuestas son sencillas:

Pérdida de concentración económica:
las multinacionales y monopolios de la salud, por ejemplo, necesitan que el masivo público ignore y relativice las Terapias Alternativas; cuando la vecina de al lado sepa que cierta imposición de manos, o una tintura madre o una pirámide tienen por lo menos igual efecto analgésico y muchas veces tan terapéutico como ese medicamento donde el noventa y ocho por ciento del precio de venta en el mercado se reparte entre especialistas en packaging, merchandising y marketing, entre folletería color, “retornos” a los médicos que lo recetan, ágapes pantagruélicos en lujosos hoteles y bonitas promotoras, el gran negocio de los emporios farmacéuticos se va al diablo.

Y para qué hablar de las grandes corporaciones que explotan recursos no renovables, los que encuentran en la idiosincrasia ecológica tan propia de Acuario un enemigo notable. Y las transnacionales religiosas, para las cuales el criterio atomizado y espiritualmente transversal de la multifacética Nueva Era es el principal escollo, que acumulan poder encolumnando ovejas. Y los políticos y militares, y los usureros, personeros de un materialismo decadente. Y los sicarios del sistema financiero, para quienes la solidaridad y la mano tendida sin esperar nada a cambio, por mera responsabilidad moral y espiritual es casi una invocación demoníaca. En síntesis, el “status quo”, corporativo o no, que se ve en peligro ante el sano individualismo de estas corrientes.

Siendo entonces un hecho que existen demasiados ámbitos de poder que se ven inevitablemente perturbados por la Nueva Era, y ante la evidente inutilidad del conflicto frontal, surge la inevitable alternativa: tratar de destruirla desde dentro. Y esto es lo que está pasando.

¿Cómo? Ustedes, terapeutas; ustedes, ovnílogos; ustedes, parapsicólogos; metafísicos, facilitadores de Mercaba e Ishas, Rebirthing o EMF Balancing, observen a su alrededor. Con la mercantilización elitista de estas disciplinas, con su sujeción a las reglas del Sistema por antonomasia: la oferta y la demanda.

No otra cosa hay detrás de cursos sólo accesibles a bolsillos desahogados, una Nueva Era para señoras adineradas y muy producidas, una Nueva Era fuera del horizonte de obreros y empleadas domésticas, y no hablemos de desocupados y quienes habitan por debajo del nivel de pobreza. Una Nueva Era con talleres a cuatrocientos dólares y seminarios en hoteles cinco estrellas. Donde tantos se creen el perverso discurso del premio kármico (“si yo puedo pagarlo, es porque espiritualmente me lo habré ganado. Si tú no puedes, es que por alguna razón no lo has ganado o no ha llegado tu momento; ergo, yo estoy por delante y por arriba de ti en evolución espiritual”).

Mentiras de feria turca. “Maestros Ascendidos” trajeados y con corbata que dan turnos arancelados y “Maestras Iluminadas” que visten siempre de negro (o de blanco, o de violeta) porque de lo contrario se “desfasan vibratoriamente” (el problema no es que se diga semejante idiotez; ¡el problema es que haya quienes lo crean!). Cursos de fin de semana de lectura de Registros Akhásicos (¡qué pena de tiempo perdido el de los antiguos lamas, no tan sabios como los creíamos ya que no fueron capaces —como sus contemporáneos receptores de conocimiento— de condensar en cuarenta y ocho horas lo que les llevaba décadas desarrollar!).

Esta es la Nueva Era “Light”. Hermandad de fenicios de lo cósmico, aliados al marketineo gráfico y televisivo (el único canal de cable temático reserva más espacio a quienes facturan o se ganan la amistad “off the record” de productores y animadores que una intención transparente de difundir protagonistas por mérito propio). Su aromaterapia se confunde con Kenzo y Christian Dior, sus viajes astrales prescinden sólo por un momento de sus último modelo, en fin, su discurso redentorista no siente la asfixia de tener que pagar la renta y no tener con qué.

¿No hay Nueva Era para los marginados, los excluidos y los desposeídos? ¿No hay talleres y cursos realmente accesibles para la masa? Sí, los hay, pero la propia perversidad del Sistema los excluye: entre otras cosas, aquellos no disfrutan de Internet. Pero a los sodomitas de la New Age ello poco o nada les importa: hacen ostentación de sus viajes por el mundo, se toman fotos junto a Sai Baba con Le Dernier Cri con cámaras digitales, preconizan un individualismo tendencioso que haría revolcar a Krishnamurti en sus cenizas y, en definitiva, siguen infectos del mismo cholulismo: creer que en este ámbito los más sapientes son los más “exitosos”.

Esta es la Era de Acuario frívola, consumista, pasatista, superficial. La misma mierda de siempre, claro que en envase distinto. Y, entonces, no es la Nueva Era. Porque la Nueva Era será revolucionaria, o no será. Porque si tomamos este camino es porque elegimos ser francotiradores del Conocimiento, cuestionadores de paradigmas, verdaderos revulsivos sociales. Pero, ¿lo somos? Sólo lo seremos si sentimos el “fuego sagrado” de compartir lo que aprendimos, si hacemos de nuestro espacio aquella barricada revivida y contestataria, y profesión de fe de nuestro discurso. Reconociendo nuestra necesidad visceral de ser subversivos. El camino de los ’70 estuvo plagado de errores. Este, que elegimos ahora, quizás no. Pero ambos comparten el mismo idealismo esencial, el deseo íntimo de cambiar el mundo, la solidaridad por los hermanitos que espiritualmente la vida nos presenta, la repugnancia al dedo digitador que nos explica cómo deben ser las cosas.

En definitiva pero más que nunca, se trata de reconocer dónde se está parado: o atendiendo los puestos de venta en el patio del Templo, o caminando detrás del asno con una rama de olivo entre las manos.

Llueve sobre la ciudad latinoamericana…

Publicado originalmente en la revista gratuita por email “Al Filo de la Realidad” Nº 146.

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25 comentarios sobre “Nueva era “light” vs Nueva era revolucionaria

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  1. lei primero este articulo y luego el anterior…
    ademas de la acidez de comer malditas golosinas y coca cola.. senti un fuego interior muy reconfortante, para muchos podria ser una debilidad y una busqueda de seguridad..tal vez lo sea.
    al leer muchas veces siento estar en una frecuencia muy afin y a lo mejor por eso sobren excesivos halagos.
    pero es un gusto como siempre leer y sentir que muchos caminos se tocan en ciertos puntos. un abrazo
    valentin

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  2. En esto como en todo hay que discriminar. Hay muchísima mentira que esconde unos pocos destellos de verdad. “Creer es crear”,”tú lo puedes todo” y “el universo está correcto tal como está” en muchos casos son otras formas de cambiar para que nada cambie.
    No sé si hay esperanzas para quienes nos duele todo el dolor del mundo pero que ya hemos visto que lo que uno pueda dar individualmente, siempre desemboca en abuso y resentimiento. Y lo que uno pueda dar colectivamente, siempre desemboca en burocracia, corrupción y crecimiento del poder individual.

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  3. Sí, es una verdad irrefutable: apenas el “sistema” (por darle un nombre) se da cuenta de que algo (una nueva corriente de pensamiento, por ejemplo), puede amenazar su estabilidad, o lo destruye o se apropia de eso y lo transforma en una parte más de su engranaje.
    Quizás la única manera de derrotar al sistema sea muy fácil, pero nadie está dispuesto a hacerlo: NADA.
    Sí, una especie de revolución “Zen”, donde nadie (pero nadie)en el mundo se mueva de su casa por una semana. No se necesita más tiempo para derribar la estructura del sistema, que se nutre de la rueda “trabajo-producción-consumo” que movemos los millones de esclavos que lo mantenemos. Una semana de ciudades enteras desiertas, quietas, silenciosas. Aunque se corte la luz, el gas, todo. Una semana. No hace falta más. Sencillo pero… ¿quién lo hace? ¿cuántos se animarían a soltarse?
    Para pensar…
    Pato

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  4. Hola Gustavo. Excelente artículo. Escribiste magistralmente lo que siento y me cuesta expresarlo. Es lo que uno ve todos los días, no? Los “fenicios” de la Nueva Era. Lo peor es que, a mi modesto entender, uno solo de estos tipos, hacen mas daño que cien personas que trabajan honestamente. Saludos

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  5. EXELENTE ES VERDAD, LA NEW AGE , ES UN METODÍSMO DE OLIGARCAS, Y HERRMIENTA DE LA ELITE, PARA DÍSTORSIONAR , LA VERDADERA META ESPIRITUAL , ME GÚSTO COÍNCIDO TOTALMENTE

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