2012: UNA PROPUESTA ALTERNATIVA

Podría comenzar estas reflexiones simplemente por el final, esbozando algo así como una conclusión personal sobre el sonado 2012, y ya. Pero sin ánimo de extenderme innecesariamente, aburriré al lector volviendo sobre algunos puntos álgidos de lo dicho y escrito en torno a aquél, pero, aún más, sintetizando las observaciones de mi investigación personal. Quiero ser breve y concreto y, para ello, evitaré especular, porque en el inmenso universo del debate internáutico, esa riña de gallos mediática que llamamos pluralidad de opiniones a veces, cuando se construye sobre especulaciones personales, tiene el matiz de ser más bien una gratuita exhibición de oropeles intelectuales donde, finalmente, cada uno sigue pensando lo que quiere. Así que resumamos hechos. Y digo “hechos”, es decir, todo lo que aquí planteo, antes de mis conclusiones, es verificable para quien, acudiendo a la herramienta de búsqueda que es Internet (sin ir más lejos, aunque sería bueno tomarse el trabajo también de contrachecar con otras fuentes) constate la credibilidad o no de estos postulados:

a) no habrá astronómicamente hablando, alineación planetaria alguna el 21 de diciermbre de 2012. El comportamiento de los cuerpos astronómicos obedece y obedecerá (por lo menos por algunos centenares de millones de años más) a rígidas y predecibles leyes físicas, por lo que es un hecho –y no se preocupen, lo comprobarán ustedes mismos en un poco menos de dos años- que no habrá tal disposición astronómica. Y aún más, de haberla (pero que no) la masa y tracción gravitatoria de los planetas en función del espacio físico que les separa no produciría efecto geológico alguno significativo.

b) pero sí en esa fecha, varios planetas se ubicarán o aproximarán sensiblemente al plano de la eclíptica (trayectoria aparente del Sol en el cielo) lo que es de significado astrológico. No volveré aquí sobre lo que he discutido en otras ocasiones (la necesaria independencia interpretativa de lo astrológico en funciòn de lo astronómico, pero como sospecho que a alguno de ustedes puede interesarle, propondré nuevamente esta reivindicación conceptual de la Astrología en el próximo número de “Al Filo de la Realidad”. Si no están suscriptos aún, háganlo con tiempo, es gratuito, y fácilmente pueden hacerlo haciendo click aquí). El punto es que este evento, entonces, tiene un valor y significado profundamente simbólico.

c) No hay profecía en el calendario maya que anuncie ningún cataclismo, porque no hay profecías en el Calendario Maya, el cual es, precisamente, sólo eso: un calendario. Que cada uno interprete a su gusto si la Cuenta Larga iniciada en el 3114 AC y finalizada en el 2012 significa el Fin de los Tiempos, en sentido apocalíptico. Yo prefiero suponer, simplemente, que señala sólo el comienzo de otra Cuenta Larga. De hecho, ninguna fuente mayística autorizada –y qué mejor en ese sentido que acudir a los mismos mayas, claro, sabiendo que siempre podrá haber alguno que decida aprovecharse pícaramente de la “creduldiad gringa”- habla de predicciones de tipo apocalíptico u otros.

d) Esto resultará chocante a un segmento importante de lectores. Aquellos que, desde la buena fe y la sana disposición estudian y aplican el Tzolkin reescrito por José Argüelles. Tengo muchas conocidos y conocidas así: con pasiòn intensa, buscan el Kin de sus semejantes iluminados por las lectura del historiador de Arte nacido en Minnesota. Así que, alguna vez, apasionado por el conocimiento de los ancestros decidí profundizar el conocimiento de este avatar. Y respetando todo disenso, descubrí algo que, en su momento, me dejó helado: Argüelles no había rescatado de forma verificable la información que difundía en sus libros, documentales y seminarios. No era producto de alguna constatación arqueológica o iniciación en hermandades de transmisión del conocimiento ancestral. No. Argüelles había recibido su “información”… por una canalización desde Las Pléyades. A ver. Creo que cada uno tiene derecho a creer lo que bien le plazca. Por la misma razón, creo que quien elige alguna verificabilidad de los dichos de otro –si es que quiere adoptarlo no como una “creencia” sino como herramienta de búsqueda, crecimiento y trabajo- tiene el mismo derecho. Y convengamos que los decires de comunicaciones extragalácticas, aún respetables, cometen el error de tratar de explicar un misterio a través de otro misterio.

¿Cómo articula todo esto en razón del 2012?. En primer lugar, quizás la observación más inteligente me la hizo la señora Isabel Quevedo, rectora de la Universidad Nahuatl de Ocotepec, Cuernavaca, Morelos, México. Era un día de –para mí- intenso aprendizaje en sus instalaciones, en compañía de mi amigo Edgar Vargas y su familia que había aceptado resignada y cortésmente a acompañarte. Le pregunté sorpresivamente a Isabel por el 2012, y su respuesta me permitió cerrar algunos conceptos en mi cabeza.

Como sabemos, la ciencia maya, como la tolteca, es en realidad heredera de otra más antigua: la olmeca. Obsesionados por la astronomía y matemáticas (razón por la que se llamaban, precisamente, “Olmecas”, contracción de los términos “ollin”, Tiempo, y “Mecatl”, mediciòn, es decir “los medidores del Tiempo”), los olmecas llevaron a varios pueblos del Anahuac las bases y fundamentos de sus calendarios, especialmente el concepto de Cuenta Corta, de 52 años, dividido en cuatro grupos de 13 años. Este concepto, así como la distinción del año religiosos de 260 días y el agrícola de 365, se desparramaron hasta el Tawantinsuyu. Bien, el punto es que, en 2012, finaliza un ciclo de 52 años. Tiempos de renovación, de cambios de actitud y mentalidad, de paradigmas. O de superposición significativa de nuevos paradigmas sobre los antiguos, debería decir. Pues bien, Isabel me preguntó cuándo había comenzado el ciclo de 52 años que terminaría en el 2012.

– Obvio, en 1960 – respondí.

– Y bien, ¿qué ocurriò en ese entonces?

Quedé pensando. Puntualmente, nada que recordara y que trastornara a la humanidad. Pero la década del 60 fue, ya sabemos, especial. Hippies, movimientos contraculturales, hagamos el amor y no la guerra. Inquietudes sociales, quizás podíamos cambiar el mundo. Inmediatamente antes, e inmediatamente después, la revoluciòn cubana, el Mayo francés, Tlatelolco, Vietnam, la New Age –Esalen, desde 1962, la fundamentación racional de lo alternativo- , la experimentaciòn psicodélica, en todas partes un despertar de experiencias espirituales, sociales, transgresoras del viejo sistema imperante. La rebelión, el pensar distinto, el discutir autoridades, iglesias, dogmas. Claro que algo había nacido desde el 60 con una fuerza que no conocióse antes.

Pues eso –continuó Isabel- En el 2012, inicio de un nuevo ciclo de 52 años, se manifestará con intensidad masiva un nuevo paradigma. Nada más que eso. La única gran diferencia, es que en el 60 no existía Internet.

Isabel Quevedo y Gustavo
Isabel Quevedo y Gustavo, en la Universidad Nahuatl

Y aquí comenzaron mis especulaciones personales, mis quizás falibles reflexiones, mis imperfectas asociaciones. Pensé en todos y todas los que caminamos estos senderos. Pensé en el crecimiento exponencial en estas últimas décadas de estas disciplinas pero muy especialmente desde el advenimiento de la web. Cuando en el 60 finalizó otra Cuenta Corta, eran pocos quienes en el mundo no anahuacano sabían de ello. Hoy, Internet mediante, se ha masificado a tal punto –con aciertos y errores, con respeto a lo ancestral o con afán mercantilista, con criterio puro de espíritu o ensombrecido por la soberbia, sea esta seudo intelectual o seudo espiritual- (y no hablemos del oportunismo hollywoodense) que cualquiera habla, escribe, opina. Sí, yo también. Pero cuando menos, tratando de darle equilibrio a las opiniones y consultando a las fuentes. Evitando que el “milenarismo” encuentra otro terreno fértil para los latentes miedos y angustias de la humanidad.

El 2012 se ha convertido en un amplificador simbólico (como lo ha sido el 2000, o cualquier otra ocasiòn apocalíptica) y es un amplificador simbólico de los aspectos astrológicos de esa fecha. Se producirá una conjunciòn del Sol con el punto de cruce del plano de la eclíptica con el Ecuador celeste, y apliquen la interpretación que prefieran. Claro y justo es también señalar que muchos autores señalan que no será tanto un fin de los Tiempos, sino un momento de Evoluciòn, de Transformaciòn, de Cambio Cuántico. He cedido a la fácil tentaciòn de colocar estos términos en mayúsculas, como habitualmente hacen sus cultores (lo que es casi una forma de apoteosis literaria, como cuando se habla de Su Voluntad, o algo así) como también a la irónica –aunque escape a las intenciones de este trabajo- de preguntarme, reflexionando sobre el término “cuántico” escrito líneas arriba, porqué tanto espiritualista habla de “cuántico” de “ADN” o cosas parecidas sólo en los últimos diez o doce años… cuando la popularizaciòn de la divulgación científica hizo que estos términos llegaran al común de las gentes. ¿Porqué será que ninguna “canalizaciòn” de los 70, por caso, nos habla de ADN, o “cambios cuánticos”, así como los mensajes apocalípticos de los hermanos extraterrestres de esos años advierten sobre la inminente guerra nuclear pero ninguno se espabiló de advertirnos con tiempo sobre la catástrofe ecológica, de la que parecen darse por enterados en el último par de lustros?. ¿Alguien recuerda a Adamski, Paz Wells o cualquier contactado de los 80 hablando de “calentamiento global?. En fin, no nos vayamos por las ramas…

Caminaba con uno de mis grupos por las calles de Capilla del Monte y una de mis alumnas se me acerca preguntándome qué iba a pasar en el 2012. Le di mi punto de vista. Y observo casi con ternura su rostro decepcionado preguntándome: “¿Entonces no pasará nada?. ¿Voy a tener que seguir yendo a la oficina todos los días?.

Una persona inteligente, por lo demás. Pero que esperaba alguna desmaterializaciòn, un paso la quinta dimensiòn o algo así. Pero no. Llegará el 21 de diciembre del 2012 y aquí estaremos, apenas dos años más viejos. Y es 21, no 24 , como ya he leído en algunos sitios que se hace creer, total… ¿a quién puede molestarle unos pocos días más?, sobre todo si eso permite largarse discursos de sincronísticas connotaciones espirituales. Y no vale eso de “por algo los mayas señalaron el 21”… pues ese “algo” es solamente el solsticio de invierno en el hemisferio Norte, evento astronómico muy tenido en cuenta por ellos. Cualquier interpretación crística será, como dice un amigo mío, confundir peras con manzanas. (gracias Roberto por el ejemplo frutal, está claro que son mías las otras connotaciones).

¿Qué pasará entonces en el 2012?. Aparentemente nada. Todos seguirán yendo a las oficinas (bueno, quienes tengan que hacerlo). Pero sutil, acumulativamente y a partir de ese entonces, comenzaremos a observar una presencia más dominante de un nuevo paradigma. Más humanitario, más social, más espiritual. Casi, diría, una respetabilidad –o, cuando menos, una natural aquiescencia- de lo alternativo, lo no tradicional, lo esotérico sumándose a la vida cotidiana, a las creencias dominantes. Una atomizaciòn más marcada de los dogmas eclesiásticos. Lo espiritual dejará de ser cosa de fanáticos o delirantes y el pensamiento académico, fosilizado hoy en los claustros, será permeabilizado por las visiones poéticas del Universo.

En lo personal, apuesto también a otra cosa: una respetabilidad creciente de la presencia de los pueblos Originarios. Quizás acompañado –inevitablemente- de crisis sociales y políticas para recuperar espacios arrebatados hace siglos. En América, lo indígena tomando por asalto la conciencia de las nuevas generaciones, y no como una simple anécdota folklórica.

Nada de esto ocurrirá sorpresivamente. Los matices ya son observables desde hace algún tiempo, y el ciclo de transformación llevará otro buen tiempo más allá del 2012. Las transiciones de ciclos de 52 años no son abruptas ni violentas, precisamente, se comportan como ondas para estar en equilibrio con el devenir del universo. La ciclicidad cósmica, y ése es el simbolismo astrológico de la fecha, catapultará un cambio de mentalidad, macrocósmicamente individual, macrocósmicamente colectiva, armónicamente progresiva, inevitablemente masiva.

Pero yo sí puedo hacer profecías. Profetizo, por ejemplo, que algunos espiritualistas execrarán este artículo, por no sintonizar con el debido respeto la Sabiduría que viene De Arriba (aunque se olvida con frecuencia que, extrañamente, ese De Arriba no es verificablemente cósmico y sí, estadounidense). Profetizo también que seré vapuleado por algunos racionalistas, por dejar una ventanilla abierta a lo esotérico y astrológico. Y si me apuran, profetizo que, apenas finalizado el 2012, alguien comenzará a escribir sobre el 2064.

Nota: para quienes deseen saber más sobre nuestra búsqueda ancestral originaria, les invitamos a sumarse a la lista “Kalpulli Ahuacatitlán – Argentina”, haciendo click aquí

un poco de humor

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34 comentarios sobre “2012: UNA PROPUESTA ALTERNATIVA

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  1. EXCELENTE, Gustavo! Mente y corazón juntos, crean ese ácido necesario para derretir las mentiras, jeje.
    Y el chiste del final, el del calendario, imperdible.
    Una vez más, genial.
    Patricia

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  2. Gracias Pato! Aunque alguno, de los que duermen la siesta enrollados en la pata de la cama, diría que tus palabras son más por la cercanía del afecto que por mérito mío, jaja!.
    Un abrazo

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  3. Hola Gustavo comparto lo que expresas en tu artículo para un cambio de consciencia no deberían existir fechas, sólo tratar de ser cada día mejores y que eso se refleje en nuestra querida Gaia.
    Aporto este link para ver un hermoso video sobre el 2012, pero insisto trabajemos juntos para posibilitar cambios y no esperemos al 2012.
    Un abrazo
    INTIAN
    OMETEOTL IN’LAKESH

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  4. coincido contigo y me ha dado mucha paz tu nota….es tánta la maquina que se le ha dado al tema por la web que mete miedo…se necesitan mentes lúcidas que “bajen” los deciveles y nos ayuden a discernir.
    Un abrazo

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  5. cierta parte de lo que escribes es cierto, soy por naturaleza bueno puedo adelantar algunos hechos, simplemente te digo,para que adelantarnos cuando ya tenemoslos cambios en nuestro planeta un beso chau

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