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Ovnis, Civilizaciones Desaparecidas, Parapsicología y Esoterismo.

Archive for the ‘Arqueología Revisionista’ Category

Cronograma de actividades en España durante octubre de 2014

Posted by Gustavo Fernández en 12-09-2014

Queridos lectores:

Gustavo Fernández en Caral (Perú)Presentamos aquí las actividades que durante octubre llevará adelante nuestro Director, Gustavo Fernández, en España. Este Cronograma no es definitivo, ya que se está gestionando otras reuniones en la ciudad de Murcia, a confirmarse los próximos días:

Catalunya:

Martes 30 de setiembre, de 19.30 a 22 hs. CONFERENCIA GRATUITA DE PRESENTACIÓN DE ACTIVIDADES (Chamanismo Tolteca con Temazcal; Taller Básico de Autodefensa Psíquica y Taller de autocontrol Mental Indo Tibetano)

L´Athanor, c/ Secretari Coloma 4 bis, Gràcia (Barcelona). Metro: Joanic

Miércoles 1 y jueves 2 de octubre, de 19.30 a 22 hs: TALLER BÁSICO DE AUTODEFENSA PSÍQUICA

(Misma direcciòn)

Sábado 4 y Domingo 5 de octubre, de 11 a 19 hs: RETIRO DE CHAMANISMO TOLTECA CON TEMAZCAL

Batet de la Serra, Olot, provincia de Girona

Martes 7 y miércoles 8 de octubre, de 19.30 a 22 hs: TALLER DE AUTOCONTROL MENTAL INDO TIBETANO

L´Athanor, c/ Secretari Coloma 4 bis, Gràcia (Barcelona). Metro: Joanic

Organiza: Amerasia Natura

Informes: info@amerasianatura.com

Eventos en Facebook:

https://www.facebook.com/events/652303224863215/

https://www.facebook.com/events/588064751310936/

https://www.facebook.com/events/252122384985341/?notif_t=plan_user_invited

https://www.facebook.com/events/425565227585077/

Córdoba:

Sábado 25 de octubre, de 17 a 19 hs: CONFERENCIA GRATUITA TEMA “CASAS ENCANTADAS… ENTRE LA VERDAD Y LA LEYENDA”

Patios de la Marquesa

C/Manríquez, 4

A posteriori, “caminata paranormal” por la Ruta Córdoba Encantada

Organiza: Ángel Serrano

En Facebook: https://www.facebook.com/angel.serrano.718?fref=ts

aserblan7@gmail.com

 

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¿Asirios en América?

Posted by Gustavo Fernández en 21-08-2014

AsiriosSomos concientes que no proponemos ninguna tesis original. Ya en la década del ’60, el investigador argentino Bernardo Graiver –entre otros-postuló la llegada de fenicios y otros pueblos semíticos a América (Sudamérica, precisamente), teoría que distintos descubrimientos –como éste que tratamos aquí- ya habían reforzado. Nuestro propio estudio sobre la saga del “civilizador” K’ar abundaba en esa direcciòn.

En este artículo, simplemente quiero sumar una analogía –ni siquiera merece llamarse “hallazgo”- personal. Observen las primeras imágenes,asirios provenientes de sitios arqueológicos, ora asirios, ora babilónicos. No sólo les es característica la vestimenta y tipología, esa “canastilla” (por darle un nombre) que portan en su mano, sino la perspectiva de perfil. Y, finalmente, la última foto, que tomé personalmente en el museo de sitio del yacimiento olmeca de Chalcatzingo, en el estado de Morelos, México. La analogía visual, precisamente, me exime de todo otro comentario. Y la aporto en el convecimiento que sólo la paciente recopilación de concretas evidencias arqueológicas como ésta podrá lograr, en algún hipotético futuro, que a la pregunta del título le sean asiriosquitados los signos de interrogación.

El sitio arqueológico de Chalcatzingo

El sitio arqueológico de Chalcatzingo

imagen en Chalcatzingo

imagen en Chalcatzingo

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Imágenes de nuestros talleres y conferencias en Uruguay

Posted by Gustavo Fernández en 17-08-2014

Dos conferencias, una sobre Chamanismo Tolteca y otra sobre el Grial entre Cátaros y Templarios, un taller de Chamanismo, dos de Autodefensa Psíquica y atenciòn de consultas personales, radio (en CX20 con Leonardo Lorenzo) y en Canal 4 Montecarlo (en “Buen Día Uruguay”)…. cinco intensísimos días. Gracias a los buenos amigos del Instituto Akasha, de Montevideo, a la gente de CX 20 Radio Montecarlo, Canal 4 y todo el público que con tanto entusiasmo siguió nuestras presentaciones!

En "Buen día Uruguay", canal 4 Montecarlo

En “Buen día Uruguay”, canal 4 Montecarlo

"El Santo Grial entre Cátaros y Templarios"

“El Santo Grial entre Cátaros y Templarios”

Talleres y más talleres...

Talleres y más talleres…

Talleres y más talleres...

Talleres y más talleres…

Talleres y más talleres...

Talleres y más talleres…

En Radio CX20 Montecarlo

En Radio CX20 Montecarlo

Conferencia "Chamanismo Tolteca"

Conferencia “Chamanismo Tolteca”

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Podcast AFR Nº 135: Nuevas revelaciones sobre secretos Inkas

Posted by Quique Marzo en 12-08-2014

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

Para ir a iVoox, clic en la imagen.

Un nuevo podcast de Al Filo de la Realidad. Conduce: Gustavo Fernández. Hoy con este tema:

  • Actividades de Gustavo Fernández en España (octubre de 2014)
    Más información en: http://www.amerasianatura.com/
  • Macchu Picchu y Huayna Picchu.
  • El concepto de la Dualidad Universal. Tahuantinsuyo y Anáhuac (Yin-Yang).
  • Meditación frente a la canalización del agua.
  • Los centros energéticos humanos, de Oriente y del Anáhuac. Los tres niveles de la Pachamama.

Para suscribirse al podcast, todas las opciones posibles: http://www.ivoox.com/s_p2_3844_1.html

Para escuchar en línea, dejar comentarios o descargar el audio en formato mp3, diríjase a NUESTRO SITIO EN IVOOX (también estamos en iTunes).

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DONDE LOS INKAS LLAMABAN A LOS DIOSES

Posted by Gustavo Fernández en 25-07-2014

kenkoEn algún artículo anterior, me he referido a Q’enko, en las proximidades de Cusco, como un sitio ceremonial de terapéutica chamánica basada en ritos a la Pachamama. Recientemente he tenido oportunidad de regresar con aún más detenimiento al lugar, contrastando mis observaciones en el terreno con las tradiciones ancestrales locales. Puntualmente, pude compartir algunas conversaciones con uno de los “pacos”, maestros del saber originario que aún sobreviven perdidos en las estribaciones cordilleranas.
Isidro Callorumán es uno de ellos. “Pampa Misayoc” –que es lo mismo que decir “maestro que comunica con los

Isidro Callorumán

Isidro Callorumán

espíritus” nos acompañó parte de nuestro deambular y en lo personal comenzó a enseñarme algunas –sólo unas pocas pero complejas- técnicas de “sanación chamánica” de las que él habitualmente echa mano. No es éste el lugar de abundar sobre las mismas. Sí, por el contrario, participarles que mis inquietudes sobre la naturaleza de Q’enko se las expuse con la

Sí, ya sé que mi imaginación puede ser calenturienta. Pero junto al "trono del inka", desde donde se observa Q'enko -como se explica en el texto- este extraño afloramiento rocoso... ¿no les hace divagar pensando en los restos fosilizados de una antiquísima nave espacial caída a tierra?

Sí, ya sé que mi imaginación puede ser calenturienta. Pero junto al “trono del inka”, desde donde se observa Q’enko -como se explica en el texto- este extraño afloramiento rocoso… ¿no les hace divagar pensando en los restos fosilizados de una antiquísima nave espacial caída a tierra?

satisfacción de comprobar que, cuando menos en la tradición popular, las “leyendas” apuntan a mis mismas conclusiones. Y, como sabemos, toda leyenda oculta un dejo de verosimilitud.

Recordemos que Q’enko significa, en quechua, “laberinto”. Y de hecho los pasillos conocidos entre las peñas –se sabe que hay más bajo tierra, aún no explorados, por las mismas razones presupuestarias que el 80 % de los sitios ceremoniales de toda América no lo han sido- conforman un ambular laberíntico donde los remotos sacerdotes realizaban una caminata de tipo iniciático. Aquí no puedo menos que traer a colación la universalidad de esta práctica, consistente en caminar en determinada “actitud” para, con la cadencia del movimiento y el estado meditativo que le acompañe, nutrirse de las energías del lugar y, a la vez, “activarlo” o “despertarlo”. Ignoro aún cómo sería ese “ritmo” en Q’enko. Por comparación, citaré que en Cholula, estado de Puebla, México, donde he participado en algunas, el mecanismo consiste en que quien guía la experiencia abre la marcha –en hilera- haciendo sonar un “atekokoli” o caracola, seguido de una “sahumadora” que con copal va despejando el camino, mientras el

El "trono del inka", de frente

El “trono del inka”, de frente

resto de los participantes caminamos encolumnados, con la vista en el suelo, siguiendo la direcciòn y la cadencia de los pasos del guía, quien se desplaza en tramos rectos, en tramos ondulantes, ora acelerando el paso, ora desacelerándolo. No me extrañaría que la técnica se repitiera aquí.
Ya he señalado, también en otra oportunidad, que estoy convencido que estas culturas no solamente conocían la existencia de las redes de “energías telúricas” (Hatmann, Cathie, etc.) tal como la antigua civilización china sabía de las “venas del Dragón” (fundamental en la disciplina del Feng Shui) sino que se valieron en su provecho de las mismas, como apunté en la modificaciòn del comportamiento de las líneas Hartmann en las “canchas de pelota” de Xochicalco y Cantona o para dinamización del agua corriente en los “baños” de Netzahualcoyotl, o el “laberinto” de la catedral de Chartres, o las danzas “en caracol” de Caravaca. Por lo tanto me es obvio que la erecciòn de sitios ceremoniales tenía que ver con la prematura detección de esos “untos de poder” y las actividades que se realizaran en los mismos –cito el caso de estas caminatas- permitiría “sintonizar” esas conexiones energéticas donde, entonces, la razón de ser de la interacciòn con la Pachamama, Tonantzintlalli o Madre Tierra sería la expresión intimista y sacra de esa funcionalidad energética.

Sobre el "trono del inka"

Sobre el “trono del inka”

Pero también dimanan otras aplicaciones para Q’enko. Lo dije: uno no puede recorrer este sitio sin dejar de evocar a Samaipata, en Bolivia. El mismo tallado en canaletas zigzag en las rocas. Las fosas que como conductos corren por la superficie d elas piedras y conver4gen en grafías casi simbólicas. Es fácil imaginar esas anfructuosidades artificiales rellenadas con grasa y aceite y, en las noches, encendidas con fuego, con jeroglíficos mensajes hacia lo Alto.

Ese empíreo Alto de los Dioses. Que eran demasiado “humanos”. Cuando algunos nos acusan de “facilismo intelectual” (al reducir el panteón metafísico de dioses ancestrales a visitas y contactos extraterrestres) se les escapa algunas consideraciones que, por prolijidad, enumeraré aquí:

- Se trata de “dioses” que necesitan comer, beber, tener lugares especiales y reservados para descansar. Incluso, se les ofrece el comercio carnal con humanos.

- Si algo caracteriza a una Deidad es su don de ubicuidad. Si tiene que ir de aquí a allá, simplemente, lo hace en un instante. Pero los dioses inkas, como los sumerios, los

Desde el "trono del inka", en Sacsajhuaman, Q'enko a la distancia

Desde el “trono del inka”, en Sacsajhuaman, Q’enko a la distancia

egipcios, los mixtecas, necesitan un tiempo dado –y no breve en ocasiones- para trasladarse. Los de aquí –“dioses civilizadores” como, por caso, Wiracocha- demoraban “un día” en dirigirse de Cusco a la costa del Pacífico. Eso habla de entidades físicas que se mueven en tres dimensiones.

- Por consiguiente, esas entidades literalmente “descienden del cielo”. Una deidad, con todos sus atributos, se te aparece a tu lado. Pero éstos, no. Van, de un punto “x” (“en lo Alto”) a un punto “z” (Aquí Abajo”). Wiracocha, recuerden, se va en balsa hacia la Polinesia al final de su paso por la regiòn.

- Los inkas hacían severo distingo entre los “Dioses Constructores del Universo” (Inti, Quilla) y los “dioses civilizadores” (el caso de Wiracocha, Tunupa, etc). Los atributos humanos los tenían los segundos, nunca los primeros, lo que pone de manifiesto que no se trata de una mera proyecciòn de la naturaleza humana a consecuencia de algún primitivismo en sus abstracciones teológicas (difícil de admitir, por otra parte, para cualquiera que se haya tomado el trabajo de conocer en profundidad la genialidad de la civilización inkaica) ya que, de ser así, no se señalaría esa distinción tan marcada. Y a propósito de Wiracocha: observen esta imagen del “dios” (actualmente en el Museo deArte América en Madrid), de época, donde se le muestra, tan “humano”.

Episódicamente, se enviaban mensajes a lo Alto desde Q’enko, por el método ya descripto. Y en esas ocasiones, ni el Inka podía estar presente. Debía contentarse con observar desde un kilómetro de distancia, más precisamente desde frente a las murallas de Sacsajhuaman, donde aún existe el “trono del inka” en el que, sentado, quizás alguno de ellos fue testigo de una nueva visita de los dioses. O quizás esperaron en vano un regreso que nunca fue. Sentado en él, yo también he meditado sobre esto, mirando hacia Q’enko…

Una recorrida visual por Q’enko, haciendo click aquí

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Podcast AFR Nº 133: Misterios Inkas y The Bloop

Posted by Quique Marzo en 10-07-2014

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

Para ir a iVoox, clic en la imagen.

Hoy les traemos un nuevo podcast en la voz de Gustavo Fernández, con estos temas:

  • Tiahuanaco (Tiwanaku), Machu Picchu, Samaipata, Ollantaytambo y otros raros lugares de nuestra tierra.
  • “The Bloop”. 1997: Micrófonos bajo el agua detectan al sur de Chile un sonido de baja frecuencia. La manipulación del conocimiento conservador. ¿Un animal? Howard Phillips Lovecraft. Los Antiguos. Chtulhu.

 

Para suscribirse al podcast, todas las opciones posibles: http://www.ivoox.com/s_p2_3844_1.html

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Podcast AFR Nº 131: OVNIS: ¿Qué oculta la Iglesia Católica?

Posted by Quique Marzo en 16-06-2014

Escuchá AFR, con Gustavo Fernández

Para ir a iVoox, clic en la imagen.

Nuevamente con ustedes Gustavo Fernández y otro podcast de “Al Filo de la Realidad”:

  • Comentarios de los oyentes.
  • ¿Qué puede estar ocultando la Iglesia Católica sobre el tema OVNI? La Virgen María.
  • Caso real: ¿Qué era: la Virgen o un Ovni? El Fenómeno Ovni elige a sus testigos.
  • Las tres pirámides de Giza y las estrellas del Cinturón de Orión. Catedrales francesas y su correspondencia astronómica con la Constelación de Virgo. El culto a Isis. Templarios: Un conocimiento no humano.

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LA CIVILIZACIÓN PERDIDA DEL URITORCO

Posted by Gustavo Fernández en 30-05-2014

El UritorcoComenzar este ensayo escribiendo algo como que los extraños giros del Destino nos llevan en direcciones impensadas trazando un camino que comenzó en la infancia y tiene un alto, sólo un alto, en la redacciòn de este artículo, sería una cursilería literaria si no fuese inevitablemente cierto. Porque cuando al reflexionar sobre las circunstancias que me llevan a teclear estas líneas se abreva no solamente en la investigación de campo que uno (el autor) ya madurito, ha realizado en el terreno, sino se nutre también de casi olvidadas anécdotas familiares que en su tiempo parecían carecer de relevancia es inevitable concluir que por más que les pese a los panrrefutadores militantes cierto ordenamiento inteligente se entreteje en la trama temporal de nuestras vidas. El Universo, la Conciencia Cósmica, Dios, Bhrama y un Arlequín cósmico jugando con nosotros; sea el lector quien elija la autoría metafísica. Yo sólo soy un mortal observador de su accionar.
Pertenezco a una familia que por tres generaciones cumplió espontáneamente un extraño ritual: cumplidos los once años de cada hijo varón –por línea paterna desde hace cuando menos cinco generaciones, sólo hemos nacido varones- éste asciende con su padre al mítico cerro Uritorco, sí, el mismo que concita el imaginario colectivo en torno a OVNIs y duendes, ciudades subterráneas y portales cósmicos, en la argentina provincia de Córdoba. Y no se trata que mi familia tenga un historial de brujas y hechiceros ni entusiasta pasiòn por lo oculto latente en heredadas bibliotecas familiares, no. Para bien o para mal, soy el primer Fernández (de ésta rama de los Fernández, habida cuenta que sumaremos algunos millones en el mundo) con profesional dedicaciòn a enigmas y misterios. Si sirve de algún parámetro, mi abuelo y mi padre, socialistas contumaces y proletarios que lograron ascender a puro esfuerzo en la escala social desde sus humildes orígenes, siempre vieron mi temprana vocaciòn por investigar “cosas raras” con una indisimulable mezcla de ternura y preocupación. De modo que esa costumbre casi arquetípica para nosotros de veranear en Capilla del Monte y que, cumplido sus once años, mi padre acompañara a mi abuelo a la cumbre del Uritorco, y que cumplidos mis once años hiciera lo mismo con mi progenitor (con mi único hermano, menor, aún discutimos la fecha exacta de su propia única ascensión; él no la recuerda, yo, por el mero hecho de mi mayoría de edad, la ubico alrededor de los mismos mágicos once años) siempre era visto por las mujeres de la familia como una curiosidad un poquitín extravagante. Hoy, desde mis cincuenta y seis años, veo en ello otra Mano, y era muy conciente cuando, siete años atrás, hice lo mismo con David, mi único hijo varón.

Aviso –quizás tardío- al lector: en este trabajo no encontrará canalizaciones cósmicas, mensajes mediumnímicos ni revelaciones supranaturales. Sólo, nada más –y nada menos- que investigación de campo. El resultado de visitar a través de los años ese mágico enclave y sus aledaños reuniendo datos, crónicas, testimonios; evaluando “in situ” las observaciones de terceros, abriéndome paso a punta de sudor entre peñas y matorrales sólo para salir de ciertas dudas. No le faltará al lector interesado decenas de publicaciones donde sus autores expondrán sus vivencias personales cuyo valor será funciòn matemática de la disposición de creer que tenga quien recorra esas páginas. Aquí hablaremos de otra cosa, de aquello que nutría una adolescencia quizás lejana pero siempre recordada: la pasiòn por preguntar, por indagar, por caminar. Recuperar más el espíritu del explorador que el del profeta. Aunque, claro, lo de “explorador” es una exageración en la bucólica sierra cordobesa donde el viandante pasea con relativa seguridad y comodidad.

En el "Valle de los Espíritus"

En el “Valle de los Espíritus”

Luego de aquel ascenso de 1969, con once años, llegué a la cima del Uritorco –hasta hoy- veintiún veces más. Varias de ellas en plan de investigación, algunas incluso en solitario. He pernoctado en la otrora “Pampita” devenida en “Valle de los Espíritus”. He visto las “luces del Uritorco”, también.
Recuerdo particularmente un ascenso del año 1986. El día era de por sí destemplado y la inminente tormenta no auguraba, precisamente, un final rutilante a la travesía. Pero munidos de irresponsable entusiasmo persistimos en la trepada, observando como algunos compañeros fumadores iban dejando pedacitos de pulmones regados por el camino para hallar, supongo, el camino de regreso.
El ascenso requiere voluntad y paciencia. Nada más. Dejando de lado el memorable paisaje, el paseo es francamente monótono y, salvo la oportunidad de un refrescante chapuzón en una vertiente, nada nos detiene hasta tocar la cruz sita en la cumbre, así como nada nos desaburre. ¿Nada?. Bueh, es un decir. En realidad debería haber aclarado nada anormal.
Porque si algo resulta gracioso en el Uritorco son sus visitantes. Recuerdo cuando ascendí por primera vez al cerro, hace casi cuarenta y cinco años, en que el grupo de tres personas del que formaba parte no encontrara ningún compañero de viaje por el camino. Hoy, a mitad del mismo, el Uritorco me recordó desagradablemente la porteña calle Florida entre Corrientes y Lavalle un lunes a las doce del mediodía. Y no con feriado bancario, precisamente.

Mieleros, buscadores de aventuras, familias con nenitos y el perro (¡Sí!. ¡Yo vi un can andinista con estos ojos cuando nadie me había convidado nada fuerte todavía!). Pero lo más, cómo decirlo… lo más ¿tierno, sería la palabra?, eran los místicos.
Me encontré ya durante el descenso y muy cerca de una explanada conocida como “la pampita” (lugar más que apto para acampar) con un parapsicólogo de la ciudad de Córdoba. El había tenido –según me contó- ciertas visiones noches anteriores de que un OVNI aparecería en la zona y de que hallaría –él, no el OVNI- una misteriosa caverna de acceso a reinos subterráneos que supongo de lovecraftiana antigüedad. Al OVNI lo había observado la noche anterior –no encontré ningún otro testigo que confirmara la especie- y la caverna también, allá lejos en un barranco. Traté de explicarle que se trataba de una fisura en la roca más que conocida por los lugareños –conclusión a la que llegué después de bajar un buen trecho por la vertiginosa ladera entre zarzas, piedras sueltas y no sé cuántas alimañas- pero el vidente, mirándome con la omnisciencia de la sabiduría divina, siguió convencido de su “revelación”.
Al día siguiente –dijo- entraría al mundo subterráneo. Hombre precavido, el parapsicólogo. Un revólver calibre 38 largo y una carabina con mira telescópica más una escopeta de doble caño del 12 y una pistola Beretta 22 lo acompañaban en su espiritual misión. Según comentó, un puma andaba rondando y yo, que algo escuché de pumas en mi vida, me pregunté que clase de felino era ése que ansiaba la compañía de seres humanos próximo a las ciudades en vez de la nutritiva complicidad de corrales monteses.
En fin, que después de convivir con tales personajes, sólo sobrevive una convicción: la de haberme encontrado con burgueses cosmopolitas que escapando de sus mediocridades cotidianas, quieren, aunque sólo fuera por un fin de semana, sentirse cercanos a Indiana Jones para tener algo que contar en las tertulias a su regreso. Como siempre, en el mar difuso de los enigmas sólo permanecen, inmarcesibles, los chiquitos temores de todos los días que soporta el hombre: su inseguridad ante lo Desconocido, su angustia existencial, su necesidad de que algo maravilloso le pase en la vida (“¡por favor, aunque sea una sola vez!”) y el erótico deseo de llamar la atención de quienes le rodeen. La vieja histeria.
Largas filas de meditantes de la “new age”. Flacos, barbudos, con cara de falopa o de “yo no fui” que trataban de trasuntar una discutible paz interior (¡anímense a cuestionarles a estos místicos sus creencias!). El “paz, hermano” marcaba cada encuentro entre las peñas, preludio de un breve diálogo donde a los gestos dispensadores de bondad, a las miradas resplandecientes de gozosa exaltación (o de fiebre) y a las declamaciones de encuentros cósmicos les seguían, inexorablemente, los eclécticos pechazos de comida, una frazada, algunos pesitos… porque en su devocional misión se habían largado con lo puesto y no era cuestión, claro, de andar molestando a los hermanos extraterrestres que tan diligentemente los habían instruido con necesidades tan vibratoriamente bajas como las de este reino material. Que para eso estábamos nosotros, después de todo, hombres del barro que no del cielo estrellado. O sea, spiritus promptum est, caro autem infirma. El espíritu está listo, pero la carne es débil.

De prestigio más próximo a lo metafísico que a lo histórico durante las últimas décadas, supuestas ”bases” de OVNIs, la leyenda de una mítica ciudad subterránea llamada Erks, pretendidos contactos extraterrestres y con entidades elementales (sobre cuya verosimilitud no debatiremos aquí) le han otorgado un protagonismo mediático a nivel internacional que seguramente no soñaron sus fundadores y consolidadotes urbanos a través de los últimos cuatrocientos años. El hecho relevante es que es tal el aluvión turístico –y el crecimiento demográfico, en brazos de personas que por razones espirituales en su mayoría, han elergido radicarse en Capilla del Monte, otrora somnoliento pueblito rumbo a convertirse en errática ciudad, sita al pie del mismo cerro- que se hace difícil suponer que allí mismo aún hoy, sobreviven evidencias de una civilización desconocida que, quizás no casualmente, eligió establecerse en los alrededores de este “radiofaro espiritual” para un segmento tan notoriamente marcado de la población. Esa misma relación quizás quite entidad científica a mi hallazgo, cosa que, si he de ser sincero, me importa muy poco: las huellas están ahí (por lo menos, a la fecha, esperando que la depredación del ser humano no acabe rápidamente con ellas) para quien quiera reverlas y dado que soy por naturaleza bastante indiferente a alabanzas y escarnios, me limito a exponer simplemente hechos. Tangibles. Inconmovibles. Tanto como la piedra de lo que están hechos.

Pero tengo la fuerte sensación que no es ajena la localización de esta civilización perdida donde hoy se establece la Meca de la Era de Acuario, no sólo para Argentina sino para un número creciente de “creyentes” provenientes de todas las latitudes del globo. Sostendré a lo largo de este trabajo que el lugar tiene una naturaleza que le hace especial, y que los mismos factores (seguramente rodeados de otra popularización) que hoy vehiculizan a tantos cosmopolitas a pasar sus vacaciones “místicas” en el lugar son radicalmente las mismas fuerzas que empujaron a ese pueblo ancestral a establecer en la zona sus centros ceremoniales. Que aún esperan, en parte confundidos bajo las construcciones impiadosas de un crecimiento urbanístico que por mucho que se abrogue una esencia de “reivindicación ancestral” los ignoró, seguramente con la inocencia del ignorante. Siguen allí, en ocasiones cubiertos por los amatorios “graffitis” de los inadaptados de siempre. Duermen un sueño de milenios bajo la mirada indiferente de turistas agobiados por el sol, y maravillados por un paisaje imponente que pasan frente a ellos con la aquiescencia de estar en presencia, solamente, de “extrañas formas rocosas”….

Extraña redacción la de este trabajo, aprovechando esperas vacías de otra propuesta saltando de avión en avión, volando de congreso a seminario, en las pausas de mi actividad de todos los días. Escribo de esta manera por razones si se quiere catárquicas y autoterapéuticas. Dejaré para la paz del hogar y el silencio recoleto del escritorio otras redacciones. Evocaré, a medida que mis dedos tamborileen sobre el teclado, mi propio sino avatárico alrededor del Uritorco. Invocaré las potestades familiares, llamaré a los espíritus de mis ancestros que tuvieron su cuota de responsabilidad en esto, y dejaré huella escrita de una vuelta de tuerca inesperada al enigma que el sagrado “Cerro Macho” viene imponiendo desde la profundidad de las eras geológicas.

En un principio estuve tentado de colocar el título entre signos de interrogación, más por respetar la objetividad investigativa que por convencimiento propio. Pero, finalmente y en lo personal, privan mis convicciones: las que dictan mi certeza de estar frente a las evidencias que, en la tan traída y llevada Capilla del Monte, en la provincia de Córdoba, Argentina, sentó sus reales, quizás miles de años atrás, una cultura megalítica aún no reconocida por la Ciencia.
Si tuviera que encontrar el eco de algo conocido, todo me remite a Marcahuasi, en Perú. Allí, como aquí, un horizonte cultural (al que Daniel Ruzzo ha denominado “masma”) modificó el paisaje, aprovechando las formaciones rocosas de esa meseta para erigir ciclópeas representaciones figurativas. Sé que aquí (como allí) detractores y defensores dividirán rápidamente las aguas y formarán en ambas riberas. La confrontación, debo decirlo, me es indiferente: prefiero el juicio de ustedes, mis lectores.
Alguien –de aquellos que duermen la siesta enroscados en la pata de la cama- podrá decir que esto es una nueva vuelta de tuerca promocional al ya místico paraje, con una larga historia de leyendas, duendes, OVNIs y la inevitable caterva de reminiscencias neoespiritualistas. Rizando el rizo, podría entonces yo decir que Capilla del Monte resultó siempre atractiva porque el lugar, desde épocas pretéritas, cuenta con una condiciòn especial que atrae las manifestaciones

Mortero ritual en la cumbre del Uritorco

Mortero ritual en la cumbre del Uritorco

espirituales, elegida por ello por los antiguos, renovado el compromiso por nuestros contemporáneos. Por cierto, no es una especulación menor: sería

"Cueva del Útero"

“Cueva del Útero”

un interesante entronque entre lo antropológico y lo sociológico analizar porqué, respetando matices, un mismo lugar, saltando barreras históricas, es visceralmente

Antiguas perforaciones junto a la "Cueva del Útero"

Antiguas perforaciones junto a la “Cueva del Útero”

tan atractivo para la expresión espiritual de generaciones tan distantes entre sí en la línea del tiempo.

Otra roca con hoyos, señalando el camino a la "Cueva del Útero"

Otra roca con hoyos, señalando el camino a la “Cueva del Útero”

Pero remitámonos a las evidencias. Sin duda, el disparador de estas elucubraciones ha sido sentarme a reflexionar, en decenas de oportunidades ya, en el “Pucará del

"Morteros" frente a la "Cueva del Útero"

“Morteros” frente a la “Cueva del Útero”

Uritorco”, hallazgo aún –como todo este material- no debidamente considerado por los (ir)responsables de siempre, y sobre el cual ya he escrito aquí.

Cabeza de Cóndor

Cabeza de Cóndor

La zona presenta también otras evidencias concomitantes, y salgo otra vez al cruce de mis detractores. Imagino el argumento: “¿Cómo es posible que en una zona con tanta afluencia turística seas vos, Gustavo, quien descubre esto?”. Yo no me llamo “descubridor”; sólo observador (y, modestia aparte, en eso creo ser muy bueno). A fin de cuentas, no tengo la culpa de ser el primero que reportó la “Cabeza de Cóndor” en el mismisimo Uritorco, junto al cual pasan miles de paseantes todos los años (para quien aún no la haya visto y quiera hacerlo en su próximo ascenso al cerro: unos cuatrocientos metros antes del “ojo de agua”, inmediatamente antes de “la pampita” (así la llamaban en mis mocedades, ahora la han bautizado más glamorosamente como “el valle de los espíritus”), a la derecha del camino y mirando hacia arriba (supongo que pocos lo habrán notado porque, a esa altura del paseo, el cansancio hace que uno avance penosamente con la cabeza gacha). O que los “morteros” de la cumbre son eminentemente rituales, con un “desagüe” para drenar líquidos en las ceremonias (de la misma manera que en el Pucará se encuentran inexplicables perforaciones que ascienden en forma sinuosa por dentro de la roca para salir por un punto superior, lo que hace suponer que los usaban para fumar algún tipo de enteógeno y así comulgar con la Pachamama, y el gran interrogante de que con qué técnica o herramienta pueden hacer una extensa perforación sinuosa por dentro del granito).

Las imágenes que quiero presentar fueron tomadas entre El Zapato y el dique El Cajón, en la meseta que se extiende al norte de éste. Son claramente discernibles:

Cabeza de lobo, perro.... o etc

Cabeza de lobo, perro…. o etc

a) la cabeza de lo que parece un lobo, con las orejas claramente echadas hacia atrás, visibles los ojos laterales, las fauces abiertas y la mandíbula inferior claramente articulada.
b) Dos “cabezas de lagarto” deterioradas pero reconocibles de apreciables dimensiones (compárese las proporciones), ambas igualmente orientadas al norte, lo que reduce las posibilidades de una formación natural.
c) “huellas de pies” y otras tallas del suelo rocoso
d) En los “aleros” que se sabe, luego tardíamente, los “henia – kâmiare” (mal llamados “comechingones”) usaban para largos períodos de ayuno y meditaciòn (y que miran hacia su cerro sagrado, el Uritorco) recortes en los mismos presumiblemente artificiosos.
e) Tres rocas –mostramos una de ellas- absolutamente naturales, claro, pero con la coincidencia que todas se apoyan sobre tres “pies” muy similares, como si se hubiera rebajado la roca para dejar esta particularidad expuesta.

Cabeza de Lagarto

Cabeza de Lagarto

Quiero sumar también dos observaciones: en Los Terrones (muy cerca del lugar de referencia) se encuentran rocas horadadas por lo que los lugareños (sin duda influidos por los académicos) denominan “morteros”, que se supone para la molienda de granos. Es risible que en ejemplos como los que muestro lo sean, toda vez que los orificios se encuentran en toda la superficie en derredor de la roca, para lo cual tendrían que haberla volteado en cada ocasiòn, teniendo tanta piedra disponible en sus alrededores…. Y, por otra parte, éstas se encuentran en el sendero que lleva a la “Cueva del Útero” que se presume sirvió para prácticas chamánicas ancestrales. Yo las supongo “mojones” de referencia simbólica.

También, recordemos que en Los Terrones se encuentran las dos columnas de roca que ilustro, absolutamente idénticas a otras dos que fotografié en Tepoztlán (Morelos, México) lugar que, por cierto, es un “eco” de Capilla del Monte.

Otra vista

Otra vista

 Ahora bien, ¿quiénes hicieron estas obras?. Como escribì, tengo la fuerte presunciòn que todo el conjunto, Pucará – Cabeza de Cóndor – Tallas de El Zapato pertenece al mismo horizonte y por lo tanto, la misma época, lo que de por sí nos sitúa unos 6.000 años A.C. Es probable que en la zona –las mismas estribaciones serranas, por caso- haya otras tallas de este tipo. Pero lo cierto es que, por definición, esto no pertenece a ninguna cultura conocida y tipificada por la ciencia académica. Y nos ubica más cerca de las leyendas arcaicas, de un Tiwanaku ancestral, del mismo Marcahuasi… Y ante la pregunta de: “¿porqué no se hallaron antes, y en otros puntos, algunas otras evidencias?” sospecho alguna catástrofe, vaya a saberse si natural o provocada, que borró todo otro vestigio más deletéreo de la faz de la tierra. Mis reflexiones me hacen sospechar esa hecatombe alrededor del 3.600 A.C. por un colectivo de razones que excede los límites de este artículo.

Como señalamos, allí están las evidencias, inevitablemente ya maltratadas por el turista desaprensivo. Esperemos, hagamos votos, para que

Otra vista

Otra vista

sean merecedoras de un estudio más acabado y su preservación antes que desaparezcan.

Pero hay algo quizás aún más interesantes. Si se proyecta imaginariamente una línea desde el pico hacia el fondo del cercano precipicio, quizás de unos cien metros, se observa lo que aparenta ser la entrada a una cueva, junto a cuyo acceso brota un raudo manatial, y señalada – o protegida- por una gran roca vertical ovoide.
Y aquí lo interesante de comentar. Señalé que nadie parece haber dado cuenta de la presencia de esta colosal cabeza, quizás de unos cuatro metros de altura. Pues tampoco, no hay registros de la cueva y, que se sepa, quien la haya explorado. Obvio es decir que ya está en nuestra agenda, y muy pronto trataremos de relevar en detalle la efigie y descender al profundo barranco. Pero queremos con este breve post dejar constancia del hallazgo, en funciòn de próximas actualizaciones.

¿Huella de "pies"?

¿Huella de “pies”?

En lo personal, no creo que hayan sido los “henia – kâmiare” sus hacedores. Estudiando en el terreno dicha cultura, he observado que desde lo tecnológico su naturaleza los llevaba a vivir de la manera más natural posible. De hecho, sus viviendas eran, en el mejor de los casos, chozas semisubterráneas (por eso los sanavirones, sus eternos enemigos, llamaron a las vizcacha “k’mchingon”, dado que ése era el grito de guerra de los henia – kâmiare -y significa “¡A muerte!”- y, una vez llamados esos roedores así, despectivamente y por analogía el término revirtió a la etnia que nos interesa por su costumbre de vivir bajo tierra o en cavernas). Aún más; su presencia es constatada desde aproximadamente el 3.000 antes de nuestra era, y ya tres mil años antes, es decir, en el 6.000 A.C. hay evidencia científica de la presencia de un pueblo aún desconocido pero capaz de grandes logros urbanísticos. La prueba es el Pucará de Pueblo Encanto datado en ese entonces por los depósitos de limonita en los orificios excavados artificialmente en el granito. Por la grandiosidad y magnificencia, estimo que la cabeza de cóndor debe haber sido obra de la misma cultura.

Aleros con apoyo

Aleros con apoyo

Muy posiblemente éste sí sea de factura comechingón, toda vez que sabemos sobradamente que este pueblo reverenciaba el lugar y ascendían al mismo con propósitos rituales. Así como muchos morteros de la zona sin duda no han tenido las aplicaciones agrícolas o culinarias que los arqueólogos académicos tratan de adjudicarle con tan poca imaginaciòn, éste en particular, con un visible drenaje, seguramente servía, por la vista impresionante de su ubicaciòn, para el consumo de hierbas o brebajes enteógenos con fines extáticos o chamánicos. Recordemos que estos pueblos tenían la costumbre de “fumar la piedra”, taladrando orificios y conductos en la roca -como las “pipas” del citado pucará- para quemar hierbas que inhalaban con fines rituales. A fin de cuentas, la práctica devocional de “fumar la piedra” que es también parte de la Pachamama así como copular con ella -otra práctica extendida por todo el orbe- pone de manifiesto el atributo humano y sensible que daban al orden natural.
Permítaseme señalar también en los cercanos Los Terrones una formaciòn, quizás natural pero con algo de… ¿portal?. Cada uno, cada una,

Columnas del "portal"

Columnas del “portal”

hágase cargo de sus suposiciones.

¿Un portal en Los Terrones?

Ante el esperable argumento que tenderá a minimizar el significado de estos hallazgos en funciòn de su casi “inserción cosmopolita” (no están en estribaciones perdidas de una cordillera o bajo las dunas de un desierto, sino allí mismo, donde pasean ancianos jubilados, familias de vacaciones, estudiantes en viaje de egresados) señalaremos que, precisamente, lo urbano actúa más como “enmascaramiento” de la extrañeza que como significante. Además, si hay lugares donde los arqueólogos menos se ven motivados a indagar en el terreno es, precisamente, en

Arriba, Los Terrones. Abajo, Tepoztlán

Arriba, Los Terrones. Abajo, Tepoztlán

zonas turísticas, generalmente bajo el exigüo pretexto que “si hubiera algo allí, ya habría sido catalogado”. Y la necesidad de reescribir la historia de Capilla del Monte –pero reescribirla en términos milenarios- demuestra lo errado de ese aserto.

Posted in Arqueología Revisionista, Contacto Extraterrestre, Investigación OVNI, Ovnilogía, Ovnilogía Esotérica, Revisionismo histórico | Etiquetado: , , , , , , , , , | 9 Comments »

 
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