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Templarios en América: la mentira filonazi de Terrera

Publicado por Gustavo Fernández en 21-03-2014

Edición de Kier de un texto citado de TerreraEstá circulando desde hace unas tres décadas. Primero en  libros de escaso tiraje, editados en Argentina por la “Escuela Hermética Primordial de las Antípodas”, la organización esotérica que el profesor Guillermo Alfredo Terrera instituyó, parte en la provincia de Córdoba, parte entre sus adláteres en la ciudad de Buenos Aires. Luego, multiplicada por la Internet. Ahora, llega a aparecer en textos cuasi documentales de editoriales de gran porte.
Se trata de dos trozos supuestamente literarios. Uno, del mennisinger (trovador) Wolfram Von Echembach:
“En qué lejana cordillera podrá encontrar/ a la escondida Piedra de la Sabiduría Ancestral/ que mencionan los versos d elos veinte ancianos, de la isla Blanca y la Estrella Polar/ Sobre la Montaña del Sol con su triángulod e Luz! Surge la presencia negra del Bastón Austral, en la Armórica antigua que en el sur está./ Sólo Parsifal el ángel, por los mares irá/ con los tres caballeros del número impar/ en la Nave Sagrada y con el Vaso del Santo Grial/ por el Atlántico Océano un largo viaje realizará/ hasta las puertas secretas de un silencioso país/ que Argentum se llama y así siempre será/…. (…)  Oculto lo mantuvieron en Viarava los Dioses de la Tierra/ en un Monte Sagrado de la innombrable Viarava/ sonde Vultán le otorgara su mágico destino”.

Y más adelante, palabra más, palabra menos, los mismos conceptos pone Terrera en boca de Chrétien de Troyes, en su obra “Parsifal o el relato del Grial”.

guillermo_alfredo_terreraA los lectores no cobnocedores: Guillermo Alfredo Terrera, profesor en Derecho y Ciencias Sociales, graduado en la Universidad de Córdoba en 1954 (y no “antropólogo”, como gustaba presentarse, aunque quizás pueda ser considerado un autodidacta en ese sentido), poseedor del famoso “Bastón de Mando”, supuesto Toqui Lítico de extraterrestre origen, nacido en 1922 y fallecido en 1998, habría recibido en 1948 de manos de Orfelio Ulises Herrera, el “descubridor” de ese bastón o cetro de mando, originariamente símbolo de poder de un tal “cacique Vultán” de la etnia comechingón. Pero Terrera, iniciador de una corriente que denominó “Antropología Metafísica”, allegado personal de Ángel Cristo Acoglanis, el “guardián de Erks” es recordado también por su relaciòn estrechísima con el movimiento psicosocial que alimentó mitos y fábulas en la regiòn del Uritorco, y amigo del doctor Jacques de Mahieu y con él, defensor de la presencia de Templarios en América.
Incursionar en la investigación histórica, no sólo en conjunción con la investigación paranormal sino por simple curiosidad intelectual, puede deparar hallazgos sorprendentes de cuya lectura cada uno se hará responsable. Esto, quizás, ni amerita la extensión de un artículo. Es, apenas, un dato. Pero no menor.

De todos ustedes es conocida la relación entre nazismo, esoterismo y civilizaciones desaparecidas. En cualquier punto en que se esté del más dilatado espectro ideológico posible, y cualquiera sea la interpretación que el lector quiera darle a esa relación, es innegable que la misma existe. Y sin extenderme sobre el significado que yo pueda atribuirle, aporto aquí algo novedoso.
AVT2_Jacques-de-Mahieu_3527   Los interesados en estas temáticas han leído o, cuanto menos, oído hablar del doctor Jacques de Mahieu, nacido en París en 1915 y fallecido en Buenos Aires en 1990. Sus libros, como “La Agonía del dios Sol”, sus investigaciones sobre la presencia vikinga en América del Sur, en la fundación de Tiwanaku (o, si lo prefieren, Tiahuanaco) y los Templarios en esta parte del globo han merecido, incluso, la considerada atención de sus detractores, que los tuvo y muchos por la orientación “filoaria” en demasía de sus escritos.

Y esto es lo que averigüé. Jacques Marie de Mahieu, tal su nombre completo, integró desde 1948 a 1955 la “Comisión Peralta”, formada por orden expresa de la presidencia argentina y llamada así por estar integrada por el entonces Director de Migraciones Santiago Peralta. Su misión: recibir, alojar y dar apoyo a quienes, siguiendo la ruta ODESSA (es decir, miembros prominentes del Partido Nazi, en fuga tras la derrota militar) llegaban a Argentina. Esta comisión estaba integrada por una veintena de personas, Mahieu entre ellas. Y eso, porque nuestro personaje había sido oficial de la División Carlomagno de las Waffen SS.

Él mismo, sociólogo (y no “antropólogo” como se supone, cuanto menos, no por formación académica; parece que estos amigos tenían una especial fascinación por la Antropología) había llegado a nuestro país en 1945 (obsérvese cuán rápidamente escaló posiciones en el mundo intelectual de entonces, como tantos otros nazis) había sido en Francia profesor de la Escuela de Altos Estudios Corporativos y Sociales durante la ocupación alemana, en virtud de su grado militar. En la Argentina dictó clases en la Universidad de Buenos Aires (donde conoció a Terrera, de donde puede suponerse el origen de toda una corriente filonazi-esotérica muy fuerte en Argentina), en la Escuela Argentina de Periodismo y la Universidad de Cuyo. Escribió para la revista neonazi “Dinámica Social” (dirigida por el último secretario del partido fascista italiano, Carlo Scorza), trabajó en la logística local de la “ruta de las ratas” (donde es inobjetable el apoyo del Vaticano) y frecuentaba militares e intelectuales filonazis como Alberto Ottalagano (quien siendo muchos años después rector de la Universidad Nacional de La Plata nombrara entre otros, “Doctor Honoris Causa” al conocido “Reverendo Moon”, de la secta homónima) y Gabriel Ruiz de los Llanos, con quienes habría fundado el Instituto de Ciencias del Hombre, entidad que le permitió “justificar” los aportes privados para sus conocidas exploraciones.

Es importante destacar que nadie, a poco de sumergirse en la lectura de los trabajos y filosofías de estos hombres, puede ignorar la absoluta orientación filonazi de sus escritos: Terrera no hesita en describir a Hitler como un “avatar de la Nueva Humanidad”. Quizás yo aprendí a ser tolerante con quienes piensen distinto, aún tan distinto. Lo que me produce una sensación muy incómoda, empero, es que para propagar su ideología se “embarre” la información que da sustento a muchas especulaciones histórico – esotéricas y, más aún, que tantos se hagan eco de las mismas, confiesa o de forma encubierta simpatizantes de ese ideal.
En efecto, es tiempo de dejarnos de hipocresías: tantos admiradores de Terrera (allá cada uno con sus gustos literarios) tendrían que, cuando menos, tener la dignidad de reconocer el fascismo de sus lecturas. O, en su defecto, ser víctimas de una galopante ingenuidad que, por cierto, no los deja muy bien parados como “investigadores” de estos arcanos.

Quiero, en honor a la verdad, dejar fijada mi posición: me resulta intelectualmente fascinante el trasfondo esotérico del Nazismo. Estoy convencido que sus jerarcas tuvieron acceso a conocimientos de los mundo suprasensibles y, tal vez, operaban en contubernio con ciertas entidades no físicas. Pero este interés no rinde pleitesía a una política atroz, a sus muertos y el dolor que engendró. Tampoco, claro, soy tan ingenuo de comprar la historia de “buenos versus malos”. Adhiero con cierto cinismo (en el más obvio sentido filosófico de la expresiòn) a la versiòn de “malos versus malos”. Y sospecho que los jerarcas nazis adquirieron ese conocimiento a costa, precisamente, de la sangre que contribuyeron (como los aliados) a derramar.

¿Por qué digo esto?. Recordarán las frases de Eichembach y de Chrétien de Troyes que Terrera argumentaba para construir sus peregrinas torías. Ese Vultán, “cacique comechingón”, inevitable homófono a Wotan, el dios germano. Y de allí, a Thule, Hyperbórea y los arios….
Pues bien, no hay ninguna evidencia de un cacique Vultán en la etnia de referencia, excepto el texto de Echembach. Que no es de Wolfang von Eichembach, sino de Guillermo Alfredo Terrera.

En efecto: Terrera mintiò descaradamente (o deliró patológicamente) al adjudicar a los bardos medievales ese texto apócrifo. Quizás se pone en evidencia cuando en la introducción de su libro “Parsifal, Wolfgang Eichembach, Ulises” escribe: “… como es sabido, es imposible conseguir en Argentina y en castellano, la obra de Eichembach”.
Claro, escribiò ello a principios de los ’80. Nada auguraba Internet. Y con Internet, algunas cosas cambian.
Cambian cuando, ahora sí, podemos tener a nuestra disposición las obras del “mennisinger” y del poeta de Toulousse. En castellano. Y comprobamos que ni uno ni otro escribiò nada de lo que Terrera le adjudica. Y no acepten mis palabras: vayan al enlace al final del artículo, busquen los textos en la Biblioteca de nuestro portal (están allí, entre otros que, circunstancialmente, quizás puedan interesarles) y dediquen algunos días a leerlos, como hemos hecho, gracias a los buenos oficios de nuestro amigo Josep Bello quien descubriò esta contradicciòn y nos alertó sobre ella.

Tal vez lo más grave no sea que Terrera, en defensa de sus especulaciones, invente esos textos. Tal vez lo más grave es que tantos pretendidos “investigadores” del “Bastón de Mando”, del Uritorco, de los Templarios en América, den por sentado que la menciòn era correcta y no hayan tenido la prolijidad de ir a las fuentes. Porque una cosa es referir esta pretendida pertenencia en un coloquio informal o en un artículo episódico en un blog, y otra darle entidad al citarlo como referencia confiable en una pretendida investigación o, también, como “guiño histórico” en una novela que busca aunar hechos supuestamente reales con una trama ficticia, como algunas obras que están circulando, hoy, en el mercado nacional.

Porque preocupa como un tema tan digno de crédito sobre la posibilidad de la presencia Templaria en el Cono Sur Americano es bastardeado en aras de una ideología. Que de eso se trata. Terrera, Mahieu y algunos más –sobre quienes regresaremos en otra ocasiòn- aprovechan un tema de interés sensible (y de ecos arquetípicos, como es el Grial y los Templarios) para construir un andamiaje funcional a sus intereses, que no es otro que afirmar conceptos propios del pensamiento nacionalsocialista al cual han sido profundamente fieles toda su vida.

Para comprender porqué Terrera tenía un interés tan particular en consolidar el pensamiento de esa extracción disimulado bajo el ropaje presuntamente hermético en la provincia de Córdoba, es dable repasar algunos conceptos.
No es ninguna novedad que desde antes –y más acentuadamente después- de la Segunda Guerra Mundial la zona, junto con la paradisíaca San Carlos de Bariloche, en el sur argentino, fue elegida por una colonia de inmigrantes alemanes para establecer sus vidas. La mayoría de ellos laboriosos trabajadores que contribuyeron, y siguen haciéndolo, a una Argentina merecedora de mejores destinos. Pero otros –y a ellos se refiere este trabajo- fueron y son, como sus adláteres locales, oscuros sicarios de una esotérica historia.
Nadie, tampoco, ignora la pasión que el Ocultismo –o, deberíamos precisar, un ocultismo de negras raíces- despertó en los jerarcas y subalternos del nazismo. Sus estandartes, sus proclamas y cosmogonías están plagadas de referencias y connotaciones que remiten a una extraña y mítica edad de dominaciones arias –como si “arios” fueran únicamente los germanos- intentos de conquistar el Cielo por asalto, alianzas entre poderes espirituales en las sombras e instituciones terrenales, armas consagradas en rituales sangrientos. Y quienes con una sonrisa socarrona arguyan que ello poco le sirvió a Hitler para la victoria, ignoran peligrosamente lo cerca que estuvieron de la misma, y las no menos poderosas fuerzas que, desde el bando aliado, se pusieron en juego para contrarrestarlas. Algún día, espero, se escribirá sobre este lado cuidadosamente ignorado de la historia “oficial” de esa gigantesca e inhumana masacre.
Entre las pasiones hitlerianas, la búsqueda de objetos sagrados, para infundir a sus tropas de poderes desconocidos, no es seguramente la menor. Durante el desarrollo del conflicto, la Annenerbe , siniestra organización más conocida por sus experimentos dudosamente científicos con las víctimas de los campos de concentración, enviaba expediciones de arqueólogos y lingüistas a distintas partes del mundo ya sea para rescatar del polvo olvidadas ciudades, ya sea para realizar arcaicas liturgias en puntos geográficos de legendario poder, ya para reunir valiosas antigüedades a las que se les asignaban energías ocultas. Más aún; es un secreto a voces que estando Berlín sitiada por los aliados, en un último y desesperado intento lograron introducir en la destruida ciudad a un grupo de lamas tibetanos y sus “chelas” para evitar el inminente final.
Su presencia no era en vano. Desde hace centenares de años, circula la versión de que en algún lugar del Tibet y el Nepal se encuentra el acceso, ora físico, ora astral, de dos reinos del espíritu. Agharta, con su capital Aghadir, y Shamballa, con su ciudad Shampullah. De la primera, etérea, las milenarias tradiciones orientales dicen que es el asiento del “Rey del Mundo”, avatar cósmico que vela por los caminos del Bien en la Tierra. De la segunda, subterránea, se afirma con igual convicción que parten las huestes del Mal que negocian con los poderes tras los gobiernos títeres del mundo. Aún se comenta en cenáculos neonazis que Hitler habría pactado con esos antros que, de alcanzar el poder temporal, dejaría a su albedrío la dominación espiritual.
¿Simple leyenda o verdad no revelada?. Quién sabe. Lo cierto, lo que hace al espíritu de este trabajo, es que entonces y después miles de seguidores de la svástica levógira   creyeron fervorosamente esta historia y a esa creencia subordinaron sus esfuerzos y recursos. No es ocioso recordar aquí que durante el asedio a la ciudad de Nuremberg por parte de divisiones del ejército norteamericano, estos encontraron una inusitada resistencia por parte de comandos especiales de las SS en el Banco Alemán de esa ciudad. Desobedeciendo las órdenes de rendición, los SS lucharon furiosamente hasta el último hombre, y cuando los americanos accedieron al edificio, seguros de encontrar en sus bóvedas posiblemente enormes reservas de dinero o áureas que justificaran tamaño sacrificio, se sorprendieron al hallar, dentro de las mismas, una respetable pero para nada anormal cantidad de efectivo, efectivo que por imperio de la derrota poco valía ya, algunas obras de arte y una extraña caja forrada en plomo, de aproximadamente 1,40 metros de largo por unos veinte centímetros de lado. Abierta por expertos en arte e historia, en su interior hallaron otra caja, pero ésta de madera casi totalmente putrefacta, y en su interior un oxidado asta de hierro unido a restos aún más descompuestos de madera. La subsiguiente investigación certificó que lo hallado era la tal vez mitológica lanza (en realidad, un “pilum”, una lanza de mango corto) usada por el centurión Longinus, aquél que según el bíblico relato lo clavó en el costado del Cristo crucificado. De ser cierta esta especie, ello dotaba al objeto de un poder, un significado espiritual inestimable.

Esta anécdota pone de relieve el carácter mágico de la liturgia neonazi. Y nos introduce de lleno en la búsqueda desesperada que tras reivindicar espúreas raíces, los llevó a encontrar señales de la presencia de la Orden Templaria en todo el mundo, de cuyos caballeros teutones se creían herederos directos. Aquí, nuestra peregrinación entronca con la leyenda del Grial, la copa sagrada donde Jesús bebió en la Última Cena y donde también José de Arimatea recogió la sangre del Crucificado inmolado en la Cruz.
De los Templarios se ha escrito profusamente y no abundaremos aquí; baste recordar que se los suponía celosos poseedores de la Copa (En “Parsifal” y las leyendas artúricas, tan emparentadas con la esencia caballeresca que dio origen a la Orden del Temple pese en antecederle las segundas varios siglos, volvemos a encontrar el espíritu de ese deambular por el mundo buscando lo que en definitiva aparece sólo dentro de cada uno de nosotros) y no fueron pocos los detractores igualmente imbuidos de misticismo quienes sostuvieron que fue privándola al mundo cristiano, como monopólicos detentadores de un poder celestial, que los caballeros de la cruz de “ocho beatitudes” usufructaron sus cualidades para el enriquecimiento propio. Dueños de una magnífica fortuna que a la larga los condujo al desastre por ser la envidia del Rey de Francia y el Papa, sus ingentes cantidades de oro celosamente ocultas en las distintas “factorías” y “capítulos” de la Orden parecen señalar necesariamente en una dirección: América. Quizás no otro sea el origen del áureo metal templario, habida cuenta que los eximios servicios de espionaje de las naciones poderosas de entonces, tanto cristianas como musulmanas, nunca pudieron localizar en el mundo geográficamente conocido de entonces los yacimientos de los que se abastecían. Desde La Rochelle, su poderoso puerto de ultramar, los convoyes templarios partían durante meses, y actualmente existen confiables investigaciones que demuestran que para estos intrépidos caballeros América era territorio de visitas cotidianas. Una vez más, debemos recordar la extraña estatuilla encontrada por el explorador inglés Sir H. Fawcett en Brasil, con su atuendo típicamente medieval, o las pictografías del Cerro Colorado en Paraguay, o las denuncias de la existencia de ruinas de un puerto y un barco “fenicio” (?) cerca de la ciudad de Gualeguaychú, en la provincia de Entre Ríos, Argentina, o el denominado “El Fuerte”, en Chubut, en plena Patagonia argentina, según ciertos estudiosos, últimos restos de un asentamiento templario, o…
¿O Capilla del Monte, provincia de Córdoba, Argentina?.

No seremos redundantes aquí respecto de la magia, el misterio pero también las gratuitas leyendas exageradas que corren sobre el lugar. Queremos centrar nuestra atención en un fenómeno que hemos observado en la región, extendido además a todo lo que se conoce como Valle de Punilla, desde Villa Carlos Paz hasta Cruz del Eje, comprendiendo Bialet Massé, Parque Siquiman, Cosquín, Los Cocos, La Cumbre, La Falda, Valle Hermoso, Villa Giardino, San Marcos Sierras, Charbonier, Ongamira, San Esteban, Huerta Grande, etc. Me estoy refiriendo a la creciente presencia neonazi en la región.
No se trata aquí de “cabezas rapadas” haciendo sus tropelías en la zona, no. Tampoco de abiertos desfiles de “camisas pardas” ondeando al viento sus estandartes con la cruz gamada. Se trata, peor aún, de un movimiento más solapado y sutil, que acude al reclamo esotérico, a invocar connotaciones pseudoespiritualistas en sus afirmaciones, alimentándose de manera parasitaria de la fascinación de esos lugares y sus enigmas.
capilla neotemplaria    Puntualicemos. En Capilla del Monte existe una iglesia, la actual construcción fechada a fines del siglo XIX pero levantada sobre las bases de una anterior, de fines del siglo XVI –y de cuyo aspecto no se guarda memoria- que es llamada con bastante justicia la “capilla neotemplaria”. Ello, en consonancia a su planta octogonal, que en todo el mundo sólo existe en iglesias de filiación de la Orden, comprensible en una Europa respetuosa de sus monumentos históricos de mil años o más, pero desconcertante en una joven Argentina y una más joven aún capilla levantada en un apartado pueblito serrano. La pregunta es: si arquitectónicamente es un hecho que la planta octogonal es privativa de edificaciones templarias, y habida cuenta que el estilo edilicio de una iglesia no queda librada al mero sentido estético de un constructor sino que debe nutrirse de la adecuada aprobación eclesiástica que en sus altos estamentos no es ignorante de aquella filiación, ¿qué extraño avatar del destino llevó a que ésta fuera identificada con la caballeresca sociedad?. Para que no quedemosaico capilla lugar a dudas, en el embaldosado –y original de sus primeros tiempos- piso se repiten dos símbolos, uno de ellos, ocho pequeños círculos dispuestos en octógono. El místico 8 templario, presente por todas partes.
El actual párroco de la iglesia se molesta sobremanera cuando alguien –uno mismo, por caso- se aproxima a señalar tales detalles. Acude a argumentos tan infantiles como que “era una moda de aquél entonces” o “es lo que había”, insistiendo en ese sentido cuando, con mirada asaz suspicaz, paseamos nuestra vista por las paredes, evidentemente refaccionadas una y otra vez: aquí se extrajo un vitral como rosetón para poner en su lugar inocuas figuras santorales; allá, el perfil facetado del frontispicio y el ábside, en sus gigantescos y antiguos ladrillos originales, fue “matizado” con un primoroso revestimiento curvo a la cal. Acullá, los enormes portones originales fueron retirados para ser reemplazados por hermosas y gigantescas pero más discretas puertas. Elevo la vista, y allí está el magnífico rosetón de la cúpula, a través del cual me baña la luz del día. Pero la bajo también, y entonces, la otra sorpresa.
Hablé de dos símbolos en el embaldosado del piso, pero sólo describí uno. Es el turno del otro: swástikas de brazos curvos. Miro con atención, comparo y ya no me quedan dudas: estamos ante una inacabable sucesión de cruces dextrógiras. ¿Qué hacen aquí?.
Afluyen los recuerdos de tantas lecturas. Una vez más: la svástica no es un invento nazi. Una vez más: el cabo Hitler, desocupado, viviendo en una mísera pensión de las pocas monedas que obtenía con la venta de sus aceptables acuarelas paisajísticas, comenzó a frecuentar las tertulias de una sociedad de ocultistas e iluminados, conocida como “Última Thule”, de  la cual llegó a ser secretario de actas. Pero ya en esta sociedad secreta se cocinaba la supremacía del ario, la luego famosa “cosmogonía del hielo cósmico”, las alianzas espirituales con “otros” seres, y en la portada de sus publicaciones ya se distinguía el símbolo que sólo desde 1928, con la fundación del Partido Nacional socialista, se erigiría en un símbolo político.
“Última Thule” supo ser filial –luego separada- de otra orden esotérica, esta inglesa, conocida como “Golden Dawn” (“Amanecer Dorado”), a la que pertenecieron, entre otros, Sir Arthur Conan Doyle, el poeta W.B. Yeats y Alestier Crowley, al cual nos hemos referido en extenso en otra oportunidad. Pero a su vez, era esta sociedad heredera directa de la “Sociedad del Vril”, una organización germano-británica que estaba a la búsqueda de un fluido vital universal (el “vril”) y su manipulación. Aquí seguimos la enseñanza de ese maestro de investigadores de lo insólito que es el argentino Héctor Picco, quien ha demostrado fehacientemente que ya a fines del siglo XVIII la incipiente Sociedad del Vril creía que la manipulación de esa fuerza cósmica les permitiría, entre otros logros, la conquista del espacio, en una época en que apenas los sueños de los Montgolfier apuntaban a los cielos.
Ominosamente, descubrimos en el exterior de la iglesia que alguien ha pintado una svástica hitleriana, como oscuro recordatorio que los nazis también están detrás de estas relaciones. Durante su apogeo, los miembros de la SS gustaban desfilar en Berlín con atuendo templario, pues se consideraban herederos directos de su mitología, historia y misión. Seguir los pasos del Temple a través del mundo, entonces, era una consecuencia necesaria y previsible.
terrera    En Capilla del Monte existe, por otra parte, una subcultura de neto corte fascista, no oriunda del lugar sino “importada” por esoteristas provenientes tanto de la ciudad de Buenos Aires como de otras partes del mundo, incluso. Están radicados allí muchos seguidores de Terrera, abierto admirador del jerarca alemán, quien por ejemplo escribe en su libro “La Svástica; Historia y Metafísica”: “El Führer, en uno de sus grandes discursos, pronunciado por 1937, había expresado con toda claridad: “Que el gran talento que poseen los hombres superiores, consiste en simplificar los problemas complejos y reducirlos a sus términos esenciales”. Esa habilidad intelectual es propia solo de los grandes hombres, quienes están dotados de un poder de síntesis, de comprensión y de asimilación que los convierte en únicos, en maestros, en estadistas. Son verdaderos Sidas, dioses del conocimiento tanto físico como metafísico…”.
Este libro en particular fue editado en junio de 1989 por la Editorial Patria Vieja, dependiente de la así llamada “Escuela Hermética Primordial de las Antípodas”, un grupo de reflexión y difusión no institucionalizado que opera fuertemente en la región, nucleando a pensadores de esa corriente. Durante un tiempo me pregunté a qué antípodas se refería, hasta que advertí que estos neonazis sostienen que el Valle de Punilla está en las antípodas del Tibet. Es sabido que, para esta particular concepción, las antípodas geográficas de un lugar sacro, o, deberíamos mejor escribir, un lugar “de poder” repite esa energía. Otra imprecisiòn más: las antípodas del Valle no es el Tibet, sino un área próxima a Shangai.
Se dice que en algún lugar de la zona los Templarios en fuga ocultaron el Santo Grial. Se sostiene que hace unos sesenta años el metafísico Orfelio Ulises, a su regreso de un viaje al Tibet, descubrió, guiado telepáticamente por sus maestros, el “toqui lítico” o “bastón de mando”, una fina y larga piedra, posiblemente de basalto, de aproximadamente un metro veinte de longitud, un cetro de fuerza cósmica celosamente oculta durante milenios por los aborígenes comechingones, preámbulo para preparar a la Humanidad para la recuperación del Grial. La citada “Escuela” entonces, realizó numerosos seminarios, retiros espirituales, charlas y cursos, apadrinó la publicación de muchos textos de Terrera y alimentó, a su manera, la saga. Actualmente, las gestiones semioficiosas de la Municipalidad de Capilla del Monte para recuperar ese objeto (en manos del heredero directo de Terrera, su hijo) para “entronizarlo” como un objeto de cuasi veneración en la idílica localidad lo transformaría, entonces, en Meca de peregrinaje de personas afines a esa ideología y su sola presencia retroalimentaría aún más la tradición aria de la postguerra.
El asunto, sin embargo se complica ante las versiones cada vez más firmes de que dicho “bastón de mando” sería en realidad un fraude perpetrado para darle identidad a una conspiración. Nuestro amigo Fernando Diz, periodista e investigador porteño radicado hace muchos años en el lugar, nos adelanta que ha logrado el testimonio de quienes estuvieron en su momento vinculados a la elaboración del mismo, prometiéndonos entrevistas exclusivas que no dudaremos en su momento en difundir.

La Falda: la caja chica de Hitler

la falda  A unos catorce kilómetros al sur de Capilla del Monte se levanta, bellamente recostada sobre la ladera de los cerros, la ciudad de La Falda. Sus catorce mil habitantes reciben un masivo turismo que prácticamente no ha decrecido desde la época de oro de los años ’40. Pero sus tortuosas callejuelas ocultan “otra historia”, a medias conocida.
A fines del siglo XIX –concretamente, en 1897- se levantó, a cierta distancia de lo que hoy es el casco urbano, un fastuoso hotel, verdadera joya del Nilo en ese entonces agreste paraje: el hotel Edén. Su imponente construcción y sus para entonces avanzadísimos detalles de confort atrajeron a lo más granado de las élites nacionales e internacionales, presidentes,hotel edén escritores y actores de renombre, filósofos de toda laya disfrutaron del paisaje y de su esmerada atención. Pero algo caracterizó al Edén –desde sus inicios, de propietarios alemanes- a partir de fines de la década del ’20: la filiación pronazi de sus titulares. En efecto, Roberto Blacke e Ida Eichorn, que compraron la propiedad a sus constructores originales alrededor de 1920, tenían amistad personal con Hitler: no sólo hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial aún podía apreciarse en su frontispicio el águila rampante llevando en sus garras la svástika, sino participaron de manera asaz activa en el movimiento nacionalsocialista: está escrito en la historia del pueblo que el primer Mercedes Benz que paseó al Führer no fue un obsequio de la fábrica alemana sino que ésta entregó, por cuenta y orden de Blacke y Eichorn, el vehículo al jerarca. Más aún, el 15 de mayo de 1935 Hitler en persona, en salones del Reichtag, entregó a Ida Eichorn un diploma agradeciéndole su aporte económico que facilitó el ascenso de aquél a la Chancillería, en 1931. El dinero de marras provino de la venta de las fracciones de tierra, propiedad del Hotel Edén, sobre las cuales hoy se asienta la ciudad de La Falda. Cuando uno departe con sus habitantes y gana su confianza, muchos de ellos murmuran que parece pesar sobre la localidad una extraña maldición alimentada en mil y una leyendas locales; algunos, suponen, es la consecuencia kármica de aquellas nada inocentes transacciones comerciales.
einstein edénExisten, de hecho, dos ciudades. Una, la turística y comercial, abierta a todo público. Pero en los alrededores del Hotel –alrededores que sus taciturnos habitantes aún persisten en llamar “Villa Edén”, para diferenciarse formalmente del resto de La Falda- los nombres germanos de las calles y las residencias, sus cotos cerrados y la mirada inquisidora de sus pobladores señalan claramente a quienes, casi todos de ascendente alemán, se sienten diferentes al resto.

graf spee  Cuando a poco de comenzada la Guerra en la boca del Río de la Plata el comandante Lagüendorf decidió hundir al acorazado de bolsillo “Graf Spee”, suicidándose luego en un hotel de Buenos Aires, sus tripulantes fueron “internados” (en realidad, huéspedes de honor) hasta el fin de la contienda en el Hotel Edén. Luego, muchos de ellos se radicaron en nuestro país, algunos en ese lugar, otros en la no menos germana Villa Belgrano –siempre en la provincia de Córdoba- y otros más en la sureña Bariloche. La anécdota es que en el largo tiempo que estuvieron confinados, y seguramente para amenizar las semanas que devenían aburridas unas tras otras, los militares alemanes, todos los domingos, organizan desfiles, con uniformes y estandartes, por lo que hoy se llama “avenida Edén” en el pueblo, hasta culminar en las cercanías de las vías del ferrocarril, donde se aposentaba un busto del doctor Salomón Maudi, uno de los fundadores del pueblo de confesión judía. Uno a uno, los soldados pasaban desfilando frente al busto y los cubrían de escupitajos, domingo a domingo, todo ello ante las miradas complacientes de las “fuerzas vivas” de la ciudad.
Terminó la guerra y aparentemente el nazismo desapareció. El hotel Edén tuvo distintos dueños y terminó abandonado, saqueado y a merced de todo tipo de depredación. Hoy en su planta baja apenas alberga un reducto jazzístico, pero en sus alrededores crece toda una mitología pronazi que lo ensalza como otra estación en el Vía Crucis germano local. Es innecesario remarcar que en La Falda la actividad de aquella Escuela Hermética Primordial de las Antípodas ha encontrado otro caldo de cultivo.
Los estudiosos de la arquitectura local cuentan que constructores y posteriores propietarios alemanes se basaron no sólo en planos funcionales o estéticamente agradables, sino que tomaron en cuenta, en un sinnúmero de detalles –como las gárgolas que alguna vez jalonaron su frente- enseñanzas de tipo espiritualista. El mismo Einstein, aún sabida su postura antinazi, fue dilecto visitante del lugar, durante su visita a nuestro país y en extraña coincidencia con una crisis mística que sus biógrafos tratan de ocultar pero que él mismo refleja en sus escritos de la época. Tal vez sea casualidad, tal vez no; no puedo dejar de percibir los ecos del arcaico enfrentamiento entre Agharta y Shamballa cuando me entero que, pocos años después, un caballero de apellido Buitrago decide construir, no lejos del Edén, otro hotel (llamado “Petit Sierras”) basado estrictamente en arquitecturas sagradas hindúes., y demolido por un tal Jaime Lockman en 1963. (Todos estos datos pueden ser debidamente cotejados en el libro “El mundo y La Falda en el siglo XXI, Alberto Moro y Carlos Panizzo, 2001).

Pero la acciòn ideológica de Terrera no se limitó a publicaciones, sino fue acompañada de talleres, cursos y numerosas conferencias. Es una curiosidad este texto, que hallamos aquí: “Tribuna de periodistas”, nota, “La revista “Barcelona”, superada”: 

“Un incunable de 1975

    Corría octubre de 1975. Militaba en el Frente de Izquierda Popular y veíamos como el gobierno entraba en una pendiente que más allá de sus horrores, eran los escasos aciertos y el origen popular del mismo lo que provocarían el golpe. Se hablaba de pinochetazo. En la Argentina se conocía perfectamente lo que sucedía del otro lado de la cordillera. Con algunos compañeros concurrimos a una unidad básica donde se discutiría la situación. En unos de los grupos que conversaban antes que comenzara la reunión ubicamos a un señor alto de unos 60 años que nos informó que había formado parte de FORJA, aquella agrupación que fue el nexo entre el Irigoyenismo y el Peronismo. Nos informó que su libro “ El caballito criollo en la historia argentino” era de lectura obligatoria en el Colegio Militar. Estábamos escuchando a Guillermo Alfredo Terrera, cuando se acercó un joven peinado a la gomina quien nos entregó un libro de 46 páginas del año 1974 que en la segunda hoja dice “Curriculum Vitae” y en la tercera nos informaba: “Tercera edición ampliada de esta Bio- bibliografía Se terminó de imprimir en septiembre de 1974, en los talleres gráficos de Gráfica Pafernor S.R.L Cañuelas 274, Buenos Aires.”
    La situación era cuanto menos curiosa. Cuando con mi compañero empezamos a correr algunas hojas mientras Terrera seguía con su alocución, la necesidad de obturar primero la sonrisa y luego la risa pasó a ser un esfuerzo ciclópeo. El currículum era tan minucioso que sólo faltaba donde había hecho el jardín de infantes y en qué fecha se había aplicado las vacunas. Pero el personaje era un émulo de renacentista Pico de la Mirándola. Ahí figuraban cargos docentes, administrativos, instituciones culturales a las que pertenecía, Congresos, Premios obtenidos, cursos de especialización, trabajos de investigación y programas de estudio, publicaciones, conferencias pronunciadas, juicios emitidos sobre su obra y actuación política. En sus publicaciones escribía sobre historia y política, antropología cultural, sociología, lingüística, musicología, política universitaria, política agropecuaria, anteproyecto de leyes. Entre las conferencias pronunciadas figuran algunos títulos llamativos: “La única bandera de los argentinos: ni mercante ni de guerra” o “ El Hominidio como antecesor del Proto-Homo; “El Patrón Ambiente en reemplazo del Patrón –Oro; “Influencia del caballo en la formación del Ser Nacional” o “ El área cultural del caballo” Entre los comentarios sobre su obra pueden consignarse entre otros: “Déjame que te abrace muchacho, mi emoción no tiene límites. Tengo en mis manos como un escapulario tu libro, El Caballo Criollo en la Tradición Argentina…..iremos a Córdoba en peregrinación a rendirte el homenaje que te mereces…te llevaremos el aliento conmovedor de la argentinidad ( Del poeta escritor, legislador, y orador argentino Don Justiniano de la Fuente, La Plata 18-08-1947).
    “Siga Ud Trabajando sin miedo y sin descanso y tenga por seguro que la docta Córdoba, lo ha de anotar en el registro de sus próceres” Francisco Timpone, periodista y secretario del Senado de la Pcia de Buenos Aires 19-05-1950
    “Deseamos que nos visite de nuevo y nos deleite e ilustre con su maravillosa palabra” (Profesora Gumila Berrondo Catamarca 25-04-1970).
    “Siga adelante, somos una multitud los que necesitamos de su palabra y de su pluma” ( Ramón Miranda, escritor y jefe del Distrito de Correos y Telecomunicaciones San Isidro 8-03-1971)
    Son algunas de los múltiples elogios de ignotos. Tan insólitos como que su propuesta de Reforma Agraria fue publicada por la Sociedad Rural o que fuera candidato a Gobernador por Córdoba por la Unión Federalista Revolucionaria pero aclara no se presentó porque no obtuvieron la personería electoral en 1958. Un año antes, exiliado en Montevideo publicó el folleto: “ Las famosas persecuciones al Dr. Guillermo Alfredo Terrera”

¿Porqué traigo a colación este relato?. Porque mientras nos habla de un Terrera anterior a sus devaneos metafísicos –antropológicos, pone de relieve la ambiciòn autopromocional del hombre. Era esperable que una década más tarde, en el crédulo, pretendidamente “abierto” pero visceralmente reaccionario ambiente esotérico-espiritualista.-contactista encontraría otros espíritus dispuestos a creer sin las “tres R”: revisar, repasar, reflexionar…
Como ocurriò con el primitivo “Grupo IPEC” –sí, precisamente el mismo que fundé en 1985 y del que me alejé meses después cuando sus demás integrantes le dieron un inesperado y peligroso giro “contactista” (y que refundé en fecha reciente), que, en ocasiòn de un viaje a la zona, reexhibió instrucción y directivas (estuve tentado de escribir “adoctrinamiento” de parte del mismo Terrera- ¿Cómo –si no- debe interpretarse esta clasde de texto?:

“Grupo de Tareas Cóndor”_ Jefe de Grupo: xxxxxxx
Subjefe: xxxxx

A las 0900 horas se informó……

(del libro “Erks, el mundo subterráneo” de Dante Franch. Es sólo una línea, el texto está prácticamente plagado de entradas de ese tenor.)

Si no se observa la redacciòn absolutamente “paramilitar”…. Es que no se quiere observar.

Y, obviamente, sabemos claramente la molestia y el escozor que estas reflexiones despertarán en algunos. Unos, deseosos de creer sin más (allá ellos) pero tambiñén molestos si se cuestionan los argumentos que esgrimen como “evidencia” de sus creencias, olvidando que las creencias no necesitan ser “demostradas”. Otros, que consciente o inconscientemente han sido funcionales a esta mentira, y cuesta, en ocasiones, reveer las posturas.

Terrera ha muerto hace años. Paz para sus cenizas. Pero que el respeto debido a los muertos no avale una mentira tendenciosa, eco tardío y triste de autoritarismos perimidos…

Para acceder a la Biblioteca de “Al Filo de la Realidad” y leer/descargar los libros de Chrétien de Troyes y Wolfram Echembach,hacer click aquí.

Para escuchar un podcast de “Al Filo de la Realidad” con más informaciòn (“La verdad sobre la saga del Uritorco”), hacer click aquí.

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El mensaje esotérico de Pueblo Encanto

Publicado por Gustavo Fernández en 11-02-2014

  Cuando en 1885 el conde español Odilio Estévez decidió iniciar en lo que luego se llamaría “Pueblo Encanto” (Capilla del Monte, Córdoba) la construcción de su residencia, seguramente tenía en mente algo más que una opulenta finca para vivir junto a su esposa e hija adoptiva seis meses al año (la otra mitad transcurría en Europa). La fastuosidad del lugar, aún para cánones modernos (y mucho más en una época en que la localidad serrana era apenas un villorio perdido en la Naturaleza), que supo contar con la primera usina eléctrica del país y la novedad asombrosa del teléfono –entrado el siglo XX– había sido también el reducto ideal de otros intereses, menos materiales y más en consonancia con el lugar. En efecto, Estévez (y suponemos un grupo selecto de cercanos conocedores) habían elegido un sitio donde desde tiempo inmemorial, pero quizás ya unos seis milenios antes de Cristo, los originarios pueblos autóctonos lo usaban para celebrar tanto rituales iniciáticos como prácticas vinculadas al impacto material de principios espirituales: el inmediato “pucará”, o centro ceremonial indígena, casi al pie del imponente Cerro Macho o Uritorco, donde convergen líneas de energías telúricas que comienzan a ser desbrozadas por los geobiólogos, potenciaba el pragmatismo de hombres con iniciativa no sólo económica sino también tras la búsqueda de las fuentes de Sabiduría.
En su “castillo”, que hoy en día el visitante puede recorrer bajo la guía de expertos conocedores, encontramos a cada paso las huellas de una funcionalidad esotérica; esto es, desde los espacios aptos para prácticas mistéricas hasta la presencia omnipresente del simbolismo alegórico, que con su develación racional sugieren al visitante ocasional o huésped permanente la conexión de nuestro Ser con el Todo.
Porque en esta maravilla arquitectónica –quizás hasta hoy injustamente fuera de los grandes circuitos turísticos– la admiración ante el portento de su construcción (Estévez supo traer treinta familias de Europa para su erección, quince de las cuales continuaron tras su finalización a su servicio permanente, importando la totalidad de los materiales –excepto rocas y arena– así como el mobiliario del Viejo Continente) no cede ante la profundidad de las enseñanzas que como en una ciclópea biblioteca tridimensional nos susurran sus paredes a cada paso. De manera tal que los invitamos a un fugaz repaso por algunas de estas enseñanzas.
Comencemos por el propio acceso, una magnífica escalinata de 7 gradas, divididas por un descanso en dos grupos, uno de 3 peldaños, otro de 4. En la Numerología mística, el 7 es el número de la Perfección Divina, pero, como se trata de una escalera, indica que el hombre también puede ascender a ella, si primero sube 3 (la Trinidad, es decir, el esfuerzo intelectual por ascender intelectual y moralmente hacia lo Alto) y sólo cuando se encuentra a sí mismo en su condición divina (el descanso) podrá actuar sensata y humanamente sobre el Mundo Material (el 4) creando su propia realidad, expandiéndose en el mundo cotidiano de forma armónica, es decir, sin vulnerar, sin expoliar, sin explotar seres y recursos. Alcanzada esta 1etapa, puede continuar su Camino (ascenso) por cualquiera de las dos escalinatas de 11 gradas (el 11 es un Número Maestro (son tres: 11, 22 y 33) siendo en este caso el del Maestro que deja huellas en el Mundo Cotidiano, el que enseña, el que emprende, el que crea el marco idóneo para que otros prosperen). Pero estas escalinatas de 11 escalones se abren a izquierda y derecha y en uso del natural Albedrío, es el hombre quien elije: o el Sendero2 de la Mano Derecha, el de ayuda a los demás, el del servicio, el de la solidaridad; o el Sendero de la Mano Izquierda, el del fructificar en el egoísmo.

3    El desarrollo de esta escalinata enmarca una fuente de mosaicos y azulejos azules y blancos (colores que son símbolos de la claridad intelectual y la pureza de intenciones) con un León del cual supo brotar agua (expresión de los valores esenciales que nos dan vida). Este León volverá a aparecer en nuestra recorrida, y no es un signo menor: esotéricamente, es Mitra, el Cristo Solar antecesor del Cristo Jesús o, mejor aún, la imagen arquetípica cósmica que el Rabí expresaría en su paso4 por este mundo.

En el centro de su patio con reminiscencias andaluzas, un “yantra”, típico mandala hindú donde un círculo se inscribe en un cuadrado, recuerda que el hombre (el cuadrado, es decir, el número 4) lleva un dios dentro de él (el círculo, imagen de Dios, al 5que admirablemente definiera René Descartes como “Dios es un círculo cuyo centro está en todas partes y su circunferencia, en ninguna”). Y en los arcos que soportan los peristilos, el Sello de Salomón (conocido también como la estrella de David) donde el triángulo descedente es Dios que corre al encuentro del ser humano que lo busca (el triángulo ascendente).

6  Si observamos el castillo desde su parte trasera, veremos que nuevamente está presente la escalinata de 11 peldaños (recordemos, un Número7 Maestro)…

… así como en el patio cubierto (hoy, cerrado con puertas y ventanas vidriadas por quien tuvo la visión de recuperarlo, su anterior propietario, el poeta y productor radial y televisivo Sebastián Alejandro Lusianzoff) el típico estilo “mudéjar” o arábigo de no representar –por considerar idolátricas– imágenes humanas o animales se convierte en una estilización conviviente con simbología fuertemente cristiana (la Flor de 8Lis, símbolo que en los últimos dos mil años representa a la Virgen María pero que, en puridad y de acuerdo a sus más remotos antecedentes, es el emblema de la Gran Diosa, la manifestación femenina de un Dios que por su propia condición no puede ser un “él”, masculino, sino un hermafrodita que encierre la dualidad masculino y femenino, es decir, la expresión de la polaridad de opuestos complementarios) enseñándonos también que la Verdad no puede ser propiedad de una específica ideología espiritual.9

Quizás pasaríamos rápidamente por este hall si no nos obligara a detenernos la supranatural belleza de los azulejos horneados al cobre que rutilan en el 010lugar con una luminosidad exótica, antes de ingresar al salón principal…

… que merece una atención particular. En primer lugar, su planta, en forma de “L”. Esto no es casual. La “L” representa los 2/3 de un triángulo rectángulo, aquél que Pitágoras codificara en su famoso teorema,011 base de la Escuela Pitagórica que buscaba las correspondencias geométricas de la naturaleza con la Divinidad, es decir, la Geometría Sagrada. El triángulo rectángulo es la representación gráfica de la “sección áurea”, o “número de oro” (1,618) que los conocedores llaman la Divina Proporción, la Cifra de Dios en el Universo. Este salón tiene varias características 012sugestivas: dos leñeros u hogares, uno, con el escudo de armas de la familia (donde otra vez conviven en armonía los símbolos cristianos y musulmanes), “profano”, es decir, para su uso funcional. Por supuesto, en todo el lugar llama la atención el piso, hecho de baldosones alternativamente blancos y negros, la masónica sugerencia de que caminando por la vida el hombre da un paso en la Luz y otro en la Oscuridad.013

Desde el techo, pende una bella lámpara ornamentada con un águila bicéfala, una de cuyas cabezas mira al Pasado, y la otra al Futuro.

013    Para pasar, entonces, a lo que con propiedad podríamos llamar el Gran Oriente, un espacio, ahora sí, no “profano” sino “sagrado”. Por ello hay otro hogar, innecesario en un salón de esas dimensiones para calefaccionarlo porque bastaría con el primero, y sin duda con otra función: la de ser empleado en las “tenidas” o reuniones de Logia. Aquí vuelve a aparece el León mitraico, en un leñero hecho con la combinación de los minerales energéticamente más característicos de la014 región: cuarzo, feldespato y mica. Es difícil no detenerse frente a la imagen, deslizar con suavidad las manos por su relieve y no percibir una sutil energía que parece emanar del mismo. Pero a la mente analítica llama entonces la atención las dos columnas que 015ornamentan al hogar a cada lado; en efecto, simbolizan las dos columnas que dan entrada al templo masónico, las que el arquitecto Hiram supo erigir a la entrada del Templo de Salomón y darles nombres propios: Joachim y Bohaz.

Guardas plenas de simbolismo alquímico orlan las paredes. La estrella de cinco puntas o pentáculo, el trisquelion, sugieren connotaciones que exceden lo estilístico.

016 Dos ámbitos parecen desprovistos de connotaciones esotéricas: el primero de ellos, un 017pequeño vestíbulo de distribución con bellas escaleras torneadas que conducen, hacia el subsuelo, a una sala de recreación y, hacia arriba, a la capilla personal de la señora Rosario de Firmat, esposa del conde y devota católica. La convivencia de ambas vertientes espiritualistas es una prueba más del eclecticismo del conde, característica particular de los masones y general de los esoteristas.

La otra sala tiene connotaciones más cercanas en el tiempo. A la tenue y mágica luz del atardecer, estando de pie en lo que fuera el escritorio privado del poeta Lusianzoff, 018observando sus fotografías con celebridades, sus escritos, repasando sus poemas, la presencia del bardo aún nos conmina a sintonizarnos más

El poeta Sebastián Alejandro Lusianzoff

El poeta Sebastián Alejandro Lusianzoff

emocionalmente que historiográficamente con el poder imanente al lugar.

La galería de la condesa. Desde ella, se admira el parque privado donde reposaba en las tardes cordobesas.

La galería de la condesa. Desde ella, se admira el parque
privado donde reposaba en las tardes cordobesas.

La fuente a la entrada del castillo, desde la galería de la condesa. Supo estar rodeada por numerosas representaciones de batracios que arrojaban agua. Lamentablemente, por haber sido sus cabezas de oro, fueron expoliadas en tiempos recientes.

La fuente a la entrada del castillo, desde la galería de la condesa.
Supo estar rodeada por numerosas representaciones de batracios
que arrojaban agua. Lamentablemente, por haber sido sus
cabezas de oro, fueron expoliadas en tiempos recientes.

La sala de recuerdos atesora objetos muy cálidos para los memoriosos. De la amistad entre el poeta y aquella gloria del cine nacional que fuera don 023Enrique Muiño persiste por ejemplo el poncho que el actor usara en la inolvidable película “La Guerra Gaucha”. A la derecha: en el patio andaluz, los detallistas y delicados mosaicos del piso están plenos de alegorías.

Estévez –decíamos– no eligió este lugar por sus bellezas naturales sino conciente de las propiedades específicas del sitio. Quien conoce en profundiad los códigos secretos que en muchas edificaciones sudamericanas han cifrado alquimistas y esoteristas, no puede dejar de percibir un “eco” de otro castillo, pero esta vez de 024Francisco Piria, acaudalado empresario uruguayo, alquimista y también esoterista, miembro de la Orden de Heliópolis que en 1932 acometió la fundación de una bellísima ciudad: Piriápolis. En su castillo, donde Piria residía sólo una breve temporada por año, 025también se llevaban a cabo prácticas místicas. Y la correspondencia energética entre ambos lugares –recordemos aquella “línea ley”, o línea energética que vincula Capilla del Monte con Piriápolis– aún con las décadas de diferencia entre una y otra erección, nos sugiere una relación, quizás no de individuos, pero sí de hermandades.

En efecto, Piriápolis, ciudad profundamente mística, donde la simbología alegórica también está reproducida en sus 026grandes edificios fundacionales, en sus aceras y plazas públicas, estudiosos de todo el mundo convergen para celebrar sus rituales y prácticas aprovechando esas peculiaridades espirituales del lugar, a sabiendas de que están aprovechando también la resonancia con otros puntos energéticos del planeta donde Capilla del Monte es uno de los principales. Pero, claro, eso lo sabían los indígenas comechingones miles de años atrás, y por ello se anticiparon en milenios erigiendo su propia “catedral mistérica”: el Pucará de Pueblo Encanto. Allí, “anclaban” al Universo para su reorganización espiritual y psíquica. Pero eso, es otra historia.

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Clave alquímica en el misterio de Rennes-le-Chateau

Publicado por Gustavo Fernández en 13-01-2014

Los misterios que rodean a la vida y actividades del cura Sauniére y Rennes-le-Chateau han ocupado espacios más que abundantes en terreno de los interesados por los enigmas de la Arqueología y la Historia como para repetirme aquí con obviedades. Tal vez, empero, sirva al recién llegado a estos menesteres (porque es poco respetuoso dar por sentado que necesariamente el lector está impuesto de los detalles) sugerirle la previa lectura de mi artículo “El arcano misterio de un cura millonario”. La magia de Internet permite, así, en la mera línea de un enlace resumir el introito que en otros tiempos hubiera exigido para ponernos en tema. E ir al meollo de la idea.

Que no es más que poner de relieve una “coincidencia” que, va de suyo, es para este autor cualquier cosa menos una coincidencia. Y la posible, no sé si probable, interpretación de la misma. Ya decía el poeta que “el azar es la firma de Dios cuando quiere figurar anónimo”. Es también la huella en las páginas del Tiempo de las conspiraciones, las logias y las cofradías.

Sabido es que uno de los ¿menores? interrogantes de la iglesia María Magdalena del cura de Rennes es el “misterio de las

Con José Luis Giménez, impresionante cicerone, frente a la iglesia María Magdalena, en Rennes-le-Chateau

Con José Luis Giménez, impresionante cicerone, frente a la iglesia María Magdalena, en Rennes-le-Chateau

manzanas azules”. Éstas “pommes bleues” se proyectan sobre la pared opuesta al vitral lateral de la iglesia como un conjunto de círculos azules que sólo aparecen al mediodía de cada 17 de enero. Ni un día antes, ni un día después. El manejo genial del juego de luces y cristales pone sobre el tapete mucho más que un acertijo óptico: arroja el guante de su significado.
En efecto, ¿porqué alguien –supongamos, el mismo Saunière- habría de tomarse tanto trabajo en definir la técnica (o encargar a algún misterioso especialista) para provocar ese efecto si es que no tuviera un particular significado?. Que es lo mismo que decir, si no fuese símbolo de algo. De modo que permítaseme enlistar estas “coincidencias”:

-    Como quedó dicho, los 17 de enero, poco después del mediodía, aparecen las “pommes bleues” en la iglesia de Rennes.

Aparecen las "pommes bleues" (fotografía de Sergio Chorro)

Aparecen las “pommes bleues” (fotografía de Sergio Chorro)

-    Un 17 de enero, del año 1917, Bérenguer Saunière sufre un ataque de apoplejía. Fallece el 22, pero algunas pistas –que hemos comentado en otra ocasiòn- señalan que si no se trató de un suicidio es posible que haya sido una muerte “aparente”, algo a lo que nos han tenido acostumbrados tantos esoteristas a través de la historia para pasar fácilmente al anonimato.
-    Quien sí falleciò un 17 de enero, pero del año 1791, fue Marie de Negri, marquesa de Blanchefort, remoto linaje que emparentarían luego con los Hautpouil y cuyo

Castillo Hautpouil de Blanchefort, en Rennes

Castillo Hautpouil de Blanchefort, en Rennes

castillo aún sobrevive en Rennes. Marie habría sido custodia “reconocida” del “secreto de Rennes” y, como ya hemos señalado, se han dejado interesantes pistas en la propia lápida de la marquesa.
-    En la famosa “tumba vacía” de Jean Vié (“Juan Vida”, tiene más de críptico e irónico acertijo que de nombre real) y que habría inspirado el célebre cuadro de Poussin, “Et in Arcadia Ego…” figura, también y semiborrada, la fecha 17 de enero.
-    17 de enero es la Festividad de San Sulpicio, santo sobre el cual regresaremos necesariamente después.
-    Pero también es la fecha de la Santa Rosalinda
-    Rosalinda es paráfona de “rossline”, “línea rosa”, que remite a la línea de latón en la iglesia de Saint Sulpìce, instalada a

El autor junto a la "línea rosa" en Saint Sulpice, París

El autor junto a la “línea rosa” en Saint Sulpice, París

instancia de los astrónomos Cassini, padre e hijo (algunas fuentes dicen que los Cassini sólo hicieron las “relaciones públicas” pero el trabajo técnico habría sido realizado por un astrónomo inglés, Henry Sculy), para determinar la fecha adecuada para las Pascuas considerando la luna llena después del equinoccio de primavera- La pregunta es: ¿porqué en Saint Sulpice, si el observatorio astronómico de París o la catedral Notre Dame, por citar sólo un par de ejemplos, hubiera tenido más relevancia?. Quizás porque si se extiende la “línea rosa” en Saint Sulpice hacia el sur intersecciona con Rennes-le-Chateau. Y si se hace hacia el norte, ya en Escocia, coincide con la capilla Roslyne, de la familia Sinclair, donde tantas huellas templarias se ha hallado. Y sigo preguntándome (respecto a Saint Sulpice): ¿es gratuito el hecho que la línea de latón se dirija hacia un obelisco egipcio (que fue llevado a esa iglesia en 1743)?.
-    Finalmente y aquí está, a mi criterio, la llave maestra: en el libro del alquimista Nicolás Flamel “El sagrado libro de Abraham el Judío, príncipe, sacerdote, levita, astrólogo y filósofo de aquella tribu de judíos que por la ira de Dios fueron dispersados entre los galos” , de 1382, el autor refiere que obtiene la primera transmutación alquímica al  mediodía del 17 de enero.

No se les escapará a ustedes que si en distintos momentos históricos se pone de relieve ex profeso una coincidencia simbólica, la dataciòn más antigua de dicha coincidencia posiblemente sea la clave que definiò la continuidad en el tiempo de la costumbre como referencia. De modo que debo pensar que, en primer lugar, la importancia del 17 de enero en este contexto remite a una interpretación necesariamente alquìmica. Ahora bien, ¿cuál?. ¿Literal o simbólica?. Esto es, ¿hacer los habituales malabarismos dialécticos para darle un metasentido a las palabras?. ¿O colegir que, simplemente, tanto detallismo sólo tenía como objetivo señalarnos a Flamel y sus métodos?. ¿Encerró o encierra Rennes secretos alquímicos?. ¿Fue la Alquimia la base de la fortuna de Saunière?. ¿Fue Rennes laboratorio alquímico de los Templarios y luego llevaron su secreto a Escocia y de allí, quizás a América? (a nadie que haya visitado esa capilla se le escapará la profusiòn de altorrelieves con clara representación de plantas americanas, como el maíz y el tomate). Y sabiendo que la verdadera Alquimia, antes que la transmutación física de los metales, busca la transmutación espiritual del operador, ese “secreto alquímico” tuviera que ver con la verdadera aplicación de las enseñanzas de un cristianismo primitivo y esotérico borrado de la faz de la tierra por el catolicismo romano?

Creo que debemos profundizar en el proceso de leer entre líneas y desmenuzar los textos por anodinos que parezcan. Por ejemplo, tienen ustedes allí el otro enigma, el de porqué Saunière construyó esa torre -donde mudó su biblioteca y donde se encerraba literalmente a leer con apasionamiento- con su piso ajedrezado de 64 baldosas (porque, a contrapelo de lo que muchos escriben sobre la iglesia de Rennes sin haberla visitado, ésta NO tiene un piso ajedrezado de 64 baldosas: es, obviamente, de planta rectangular. El piso cuadrado de 64 escaques sí es el de la Torre Magdala) y la llamó Magdala. Porqué su caserón palaciego es “Villa Betania” y “Magdala” (no “Magdalena”) esa extraña torre – atalaya. “Magdalena” o “Magdala” proviene de la expresiòn hebrea “Magdal-eder” que significa, precisamente, “atalaya”.
Son preguntas que me hago, con respuestas que aún se me escapan. Aún.

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LAS CÁMARAS SECRETAS DE LA GRAN ESFINGE

Publicado por Gustavo Fernández en 13-12-2013

La ocasiòn amerita más tiempo para reflexionar que para leer un enjudioso artículo que no puede alcanzar la contundencia del documento. Debemos al investigador egipcio Amit Kumar haber exhumado esta fotografía de la Gran Esfinge, obtenida desde 1476225_568301033260743_507162832_nun globo aeroestático alrededor de 1900. Se ve claramente un gran orificio en la cabeza de la Esfinge. Según Kumar, guiándose por el ángulo de la sombra, es de al menos seis metros de profundidad. Y en las décadas siguientes, no vuelve a aparecer (de hecho, son más que escasas las fotografías aéreas posteriores).

Por cierto, la presunciòn que no sólo la Gran Pirámide sino también la Esfinge ocultan pasadizos secretos y cámaras ocultas es un secreto a voces, mal que le pese a Zahi Hawass (aunque la obstinaciòn de éste, cuando fuera Director de Antigüedades de Egipto, en cerrar el paso a los investigadores extranjeros aún cuando la implementaciòn de tecnología, como el robot Uphaut, demostró la existencia casi segura de aquellos, termina siendo una afirmaciòn por oposición). Numerosos chambers3-4investigadores han señalado la extraña presencia de “respiraderos” que no tendrían razón de ser si no llevaran, precisamente, aire fresco a subterráneos aún no conocidos. Pero si no les convence esa antigua placa en blanco y negro, pues simplemente observen cualquier fotografía contemporánea desde el aire de la escultura:

???????????????????????????????????

Si observan con atenciòn, es claro que el orificio ha sido sellado. Así lo señala esta ampliaciòn:

???????????????????????????????????¿Depósitos de una sabiduría desconocida?. ¿Accesos a recoletos ámbitos de iniciaciòn metafísica?. ¿Bunkers con relicarios extraterrestres?. Todas las hipótesis son válidas, todas son posibles.

Pero no hay ningún apuro por responder estas preguntas. Las respuestas han aguardado por siglos. Y aunque los Poderes en las Sombras traten de ocultarlas, seguirán esperando los tiempos oportunos. Porque, ya se sabe, “los hombres tienen temor del Tiempo, pero el Tiempo…”

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KÀ`R`: el héroe olvidado de la Atlántida (segunda parte)

Publicado por Gustavo Fernández en 03-11-2013

Para leer la primera parte de este trabajo, hacer click aquí

Mencioné en la Primera Parte que sospechaba una relaciòn puntual entre los carios y la Caverna de Los Tayos. Seré concreto: a la habitual descripciòn, entre los hipotéticos tesoros de su interior, de placas con ilustraciones sumerias, babilónicas y tal vez de otros horizontes culturales de la Antigüedad, geográficamente muy lejanos a las Américas, mi suposición es que fueron los carios quienes, precisamente, llevaron ese material documental al Ecuador prehistórico y tal vez, los responsables de elegir o decidir dónde serían ocultos. Recordemos que Moricz siempre llamó la atención sobre la etnia indígena de los “colorados”, llamados así por la habitual coloraciòn natural de sus cabellos, con los cuales, se dice, se pudo comunicar en magyar. Y los antiguos magyares (hoy, húngaros) no están geográficamente tan lejos de las regiones de Asia Menor que aún académica y oficialmente se consideran parte de la Uniòn Caria.

láminas supuestamente de Los Tayos exhibidos por primera vez públicamenteLáminas, supuestamente extraídas de Los Tayos, facilitadas por Guillermo Aguirre, biógrafo de Julio goyén Aguado (amigo personal y colaborador de Janos Moricz) y exhibidas por primera vez públicamente en el año 2007 en una conferencia conjunta organizada por Débora Goldstern y el autor.

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La afamada investigadora Ruth Rodríguez Sotomayor, en su recuperaciòn e inventariado del Runa Simi, la lengua ancestral, señala que el vocablo “kara” tanto en sánscrito como en runa simi significa “el guerrero que va a la cabeza”. Algo que cae muy bien a la legendaria imagen de K’a’r’.
Y es el investigador ecuatoriano y experto en Los Tayos Manuel Palacios, quien apunta que la historia habla de una etnia, los “shillis”, que habrían llegado al Ecuador provenientes del mar y fundan la mítica ciudad de “Karakés”. Su primer rey se llamó Shilli – Karan, y estableciò la Confederaciòn Kitu Kara, en tantos aspectos similar a la Uniòn Caria. (de ese “Kitu” proviene “Quito”, nombre de la ciudad capital).

Más al sur, entre Bolivia y Perú, la leyenda cuenta que los misteriosos hombres blancos con barbas que habrían fundado Tiwanaku fueron atacados por un jefe llamado Cari, venido del valle de Coquimbo. En una batalla entablada en una de las islas del lago Titicaca, esta raza rubia quedó aniquilada, pero el propio Kon-Tiki y sus más adictos compañeros escaparon y bajaron luego a las costas del Pacífico (sigo aquí el relato del etnólogo y explorador Thor Heyerdahl).
Y no olvidemos el misterio de la “Fuente Magna”, en exhibición en el Museo del Oro de La Paz (Bolivia), extraña pieza labrada en roca que presenta abundante signos cuneiformes, presumiblemente mesopotámicos.

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Detalle de grabados cuneiformes en la fuente

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El autor, a la entrada del Museo del Oro en La Paz (Bolivia)

El siguiente hecho es igualmente digno de interés: todas las tribus autóctonas cuyo nombre contiene el prefijo “Car” llaman a los hombres blancos “cara”, aunque la palabra tupí – avañée generalmente adoptada por ellos para designar el color blanco sea “tinga”. Otro hecho que hay que anotar: Diodoro de Sicilia refiere que los carios llevaban adornos sobre la cabeza compuestos de plumas (de hecho, son ellos los que imponen en el Mar Egeo la costumbre de la cresta plumífera en los cascos de batalla) y que sabemos que todos los pueblos originarios, de Alaska a la Patagonia, tienen la costumbre de llevar esos adornos, sobre todo en tiempos de guerra; esta particularidad es quizás una indicaciòn sobre el origen americano de los carios a menos que éstos hubiesen adquirido esta costumbre durante sus viajes a América. (De hecho, Moricz mismo se preguntaba si no se trataría que los ecuatorianos originales habrían llegado en épocas remotísimas a Europa y de allí retornado con costumbres e idioma).

Hablamos de la antigua leyenda de la isla de Caraíba, hundida en el mar. Según esa leyenda, siete tribus de raza caria fueron a instalarse a esa isla huyendo de una catástrofe, aunque la leyenda no indica de modo alguno el origen de esas tribus. Esas gentes se daban el nombre de “Cari” pero sus sacerdotes lo cambiaron por el de “Tupi”, que significa “hijos de Tupán”. Quizás el mismo Tu – Pan cario, del que hablamos antes. Y recordemos Tupán, Tollán, Tula y sus “atlantes”…. Referidos en el artículo precedente.

Muchos siglos antes de la era cristiana, la isla de Caraíba fue a su vez tragada por las aguas (¿cuántos siglos?. ¿Diez, doce?. Así estaríamos en la fecha de la explosiòn de Santorín, que mencionamos en el artículo anterior). Los tupíes sobrevivientes emigraron al continente sudamericano, desembarcaron en el litoral de Venezuela y fundaron su asentamiento en Caracas. Algunos centenares de años más tarde, marinos aventureros llegados de un país lejano situado al Este llegaron al mismo lugar y por la fuerza y poco a poco erradicaron toda la población local hacia el Brasil; únicamente un reducido grupo de tupinambás dejó alguno de sus clanes en territorio venezolano. Parece que los tupíes desembarcaron en la isla de Marajó, en el delta del Amazonas. El nombre de esa isla, que se parece al del alto curso del Amazonas, “Marañón”, fue pronunciado antiguamente “Maraio” o “Maraion” y luego modificado por los portugueses, que hicieron de él “Marajo”, que responde mucho más al espíritu de su lengua. El profesor Varnhagen  más de un siglo atrás opinó que las palabras “Mara Ion” quieren decir en cario “un gran río”, pero “Ion” tiene el mismo sonido que el nombre de cierto pequeño estado de Ion en el archipiélago (las islas Jonias) que perteneciò en su momento a la Uniòn Caria. La explicación de Schwennhagen es quizás más plausible; según él, esos recién llegados al Brasil entendían por “Gran Ion” (“Mara Ion”) su país de origen, es decir, las islas Jonias. Caru- Taperu, nombre de una localidad de la isla de Marajo, nos lleva nuevamente a los carios; hace algunos años se descubriò allí ruinas ciclópeas de estilo etrusco.
platomarajo01Cerámica del horizonte étnico de Marajó, con clara influencia trusca

Es aquí cuando adquiere otra relevancia ciertas particularidades del famoso Manuscrito 512, que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro desde 1839, aunque data de 1753. Comenta el investigador Yuri Leveratto en su blog , que en él se narra sobre un grupo de aventureros portugueses que buscaron por mucho tiempo las legendarias minas de Muribeca, viajando durante unos diez años al interior de Brasil. Durante su extraordinario viaje descubrieron las ruinas de una gran ciudad perdida cuya arquitectura recuerda lejanamente el estilo greco-romano. Leveratto ha encarado su propia traducción de dicho manuscrito (que puede consultarse por el enlace señalado) pero –puntualmente.- cita un párrafo donde: “En el pórtico principal de la calle había una figura humana en bajorrelieve adornada con coronas de laurel: representaba una persona joven, sin barba; debajo de esta figura había grabados en el muro algunos extraños caracteres deteriorados en parte por el transcurrir del tiempo, pero se podían distinguir parcialmente…” y sigue esta ilustración:

kapio0
Que no ha encontrado traducción literal en ningún idioma, lengua o dialecto. Pero, tentativamente, hemos hecho esta comparación:

kapio

Donde, abajo, se lee la expresión “cario” en griego moderno. No puedo evitar señalar el parecido, aún con el abismo temporal y geográfico, de ambas grafías.

La etnia conocida con el nombre de Tupinambá (o “Tupí Nambá”: “los verdaderos tupíes”) conserva todavía algunos conocimientos de astronomía, heredados quizás de sus lejanos antepasados, los carios. Tucídides llama al “divino Kar”, “mago caldeo”, y es claro que el legendario fundador del imperio cario debía poseer conocimientos de esa ciencia, pues los caldeos fueron astrónomos y astrólogos notables. Un misionero del siglo XVII, el padre D’Abbebille, publicó una obra sobre la ciencia astronómica de los tupinambá que suscitó verdaderas críticas entre los doctos eruditos de la Sorbona que no podían concebir que “una tribu de indios salvajes pudiese poseer alguna nociòn de esa ciencia”.
La religión de los tupíes hizo su aparición en el Norte de Brasil algunos millares de años antes de nuestra era, coincidiendo verosímilmente con las primeras expediciones de los carios o de los fenicios al país. El idioma tupi es en sí mismo una de las pruebas más sólidas de que hubo un lazo estrecho entre las civilizaciones del antiguo y nuevo mundo. La etnia tupí conocida con el nombre de Gheghes llama a su propio dialectonhehen gatu” (“lengua universal”), esto permite suponer que hubo una época en que el idioma tupí se hallaba extensamente difundido y era empleado quizás por los carios, los atlantes y otros pueblos de América. Por caso, el texto conservado en el Museo Británico de la ley del rey sumerio Urgana contiene numerosas palabras tupíes. La palabra caria “sumer” (jefe de Sacerdotes) es empleada todavía por los tupíes bajo la forma “sume” para designar a los sacerdotes, los hechiceros e inclusive los misioneros cristianos y los médicos. Recordemos que una amplia regiòn del Brasil y del Paraguay guarda el recuerdo de un Maestro que habría recorrido esas extensiones en el pasado predicando la paz y la concordia: Pai Zumé. A propósito, recordemos que en Albania existe una etnia, curiosamente, también conocida como “gheghe”, y su dialecto se parece bastante al nhehen gatu. Y la pregunta obvia de si los gheghes americanos emigraron a Albania o viceversa, puede resolverse diciendo que ambos se dispersaron de un punto común: la Atlántida. Y no sólo ellos: ¿también los vascos?. Quienes se dan a sí mismos el nombre de “euskaros” (Eus Karos), ¿nos están hablando de su parentesco con estos misteriosos, nómades y omnipresentes carios?.

Creo sinceramente que pelasgos, carios, semitas en general, guaraníes y tupíes han sido los descendientes de atlantes emigrados, que partieron en distintas direcciones cuando la catástrofe ancestral –o ya formaban parte de colonias comerciales en los territorios distantes- y que decidieron reunir, desordenada y aleatoriamente, elementos que preservaran la historia de sus ancestros en distintos puntos; la caverna de Los Tayos entre ellas. Eso explicaría la diversidad cultural y el aparente batiburrillo de confusiòn histórica en la descripción tanto de Moricz como de las hoy desaparecidas colecciones del padre Crespi, de Cuenca. Por ejemplo reflexionemos en:

-    El extraordinario parecido entre las palabras “Ceara” (estado del norte de Brasil) y “Sahara”, siendo dos áreas geográficas desérticas que alimentan la hipótesis de Wegener que alguna vez estuvieran unidas.
-    La existencia de palabras hebreas entre los tupí guaraníes, como “canaan” y “aramea”.
-    Muchos ríos brasileros tiene el prefijo “Poti” en su nombre (Potijara, Potiguara, etc.) y recordemos que en pelasgo “poti” significa “pequeño curso de agua” o “afluente”, adoptado más tarde por los griegos en la palabra “potamós” (río).
-    Cuando Álvarez Cabral desembarcó en el lugar en que se levanta Río de Janeiro, encontró allí a guaraníes que llamaban a esa regiòn “Carioca”. La apalabra “oca”, que significa en “avañée” (el idioma guaraní, ya que “guaraní” es la etnia, no la lengua) “domicilio, residencia” se parece al término griego “oikía”, que tiene el mismo sentido. La palabra avañée “cari” significa “hombre blanco”, por lo tanto “carioca” significa “residencia de los hombres blancos” lo que demuestra que la regiòn estuvo alguna vez habitada por un pueblo de raza blanca y la inscripción de la roca de Gavea, pretendidamente fenicia (o caria) alimenta esa hipótesis.sao_conrado_piedra_de_gaveaLa roca de Gavea. Obsérvese el rostro frontal. Y si se cree que es una “pareidolia” con una formación natural, recuérdese la imagen del dios Ollanta, frente a Ollantaytambo (Perú) donde se ha demostrado que se ha corregido y adaptado la configuración natural, ex profeso:

caraenlamontaaollanta

Y en otro ángulo:

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-    La divinidad caria Tu – Pan es venerada todavía por muchas etnias sudamericanas bajo la forma del dios Tupán; su culto tiene una importancia particular entre los guaraníes del Paraguay, pero en otro tiempo se extendía hasta el litoral del Pacífico. Los tupíes sostienen que Tupán enseñó a sus antepasados la agricultura y el uso del fuego. Los pueblos pre incas representaban a Tupán exactamente como las estatuas griegas a Pan; un fauno. El culto de la Cibeles local, o Kera, hizo su aparición al mismo tiempo que el de su hijo Tupán. El nombre de Kera era empleado en todas partes donde se creía que Cibeles edra la madre de Kar. Cuando los primeros misioneros portugueses en el Brasil, padres Manuel  Nobrega y Anquieta, preguntaron a los indígenas “¿cuál es el nombre de este país?”, oyeron como respuesta: “Tupan Kere tan” (“Es la tierra de Kera, madre de Tupán”).
-    Las leyendas de los guaraníes refieren que los antepasados de éstos habitaban una ciudad magnífica, “la ciudad de los techos resplandecientes”. Recordemos que, según Platón, los techos de Poseidonis, capital de la Atlántida, estaban cubiertos de “oricalco”, un brillante metal, quizás mezcla de bronce y plata.

Resumiendo, esta exposición pone de relieve el peregrinar de ese misterioso pueblo cario por casi todo el orbe, dejando huellas de su paso por sobre el tamiz de los Tiempos. Y sugiere reconcebir a la Cueva de los Tayos como uno de los reservorios de sus recursos culturales que jalonaron ese milenario deambular.

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“El secreto de María Magdalena” (conferencia pública)

Publicado por Gustavo Fernández en 30-10-2013

conferencia ma magda

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K’A’R’: El héroe olvidado de la Atlántida (primera parte)

Publicado por Gustavo Fernández en 23-10-2013

    Hace algunos millares de años, durante el gran éxodo hacia el Oeste de las hordas procedentes de Asia, las Cícladas y el litoral vecino al Asia Menor vieron aparecer una nueva naciòn a cuyos miembros el historiador Tucídides llamara “carios”. Se sabe muy poco de ellos; que tenían una avanzada civilización y que venían migrando, lentamente, desde mucho más al Este aún. Algunas fuentes suponen que simplemente buscaban dar la vuelta al mundo. Sea como fuere, esta civilización tenía profundas relaciones con la cultura fenicia, la cretense, la súmero babilónica y, enfrentando las críticas más acérrimas, su huella se encuentra en la América precolombina, muy seguramente como recuerdo de su dispersión de un punto intermedio entre su asentamiento históricamente aceptado (al sudoeste de Turquía) y sus avanzadas extremas hacia el Este. Y como señalaremos en la segunda parte de este trabajo, pueden haber sido los carios los emisarios que llevaron a la Caverna de Los Tayos buena parte de los tesoros legendariamente allí ocultos.

Muchos historiadores piensan que los carios no dejaban de tener relaciòn con los pelasgos y, como éstos, no eran de origen ario. El hecho de que los fenicios se llamasen a sí mismos “el pueblo de Caru” permite suponer que ellos también se relacionaban de alguna manera con los carios de Tucídides, tanto más cuando tenían muchos puntos comunes. Los fenicios eran semitas y los carios quizás constituían una rama de esa raza.
Antiguas tradiciones nos refieren que algunos milenios antes de nuestra era los carios constituyeron un Estado gobernado por un mago, cuyo nombre, rodeado de misterio, no nos ha llegado. Sólo sabemos que ese nombre se componía de tres palabras “tabú”, cuyas iniciales eran K, A y R. Se empleó la palabra K’A’R’ (Kar, Car) formada por esas tres iniciales para designar al dictador – mago; las tribus agrupadas bajo la autoridad de Kar llegaron finalmente a darse el nombre de carios. Y que se llame “mago” (del caldeo “maguii”, “sabio”) a Kar da a entender una fuerte influencia, por lo menos, en el recuerdo, de la cultura sumeria.
Kar fue el primer legislador de su pueblo, introdujo el monoteísmo (que milenios después su pueblo abandonó), fundó la ciudad de Halicarnaso (Hali-Kar-Nassos, o “el Jardín Sagrado de Kar”). Durante su vida, su imperio se dividiò en dos partes: Caria, con su capital Halicarnaso y Cara, verosímilmente un estado vasallo. Hubo una época en que Fenicia (o “tierra de los carus”) formaba parte igualmente del imperio cario y, por consiguiente, los tres estados de Caria, Car y Caru se hallaban agrupados bajo la misma autoridad.
Diodoro considera al reino de Kar como una verdadera Edad de Oro en la historia de la Humanidad. Los carios, bajo la direcciòn del misterioso mago, hicieron gran número de descubrimientos y de inventos útiles y sus navíos surcaron todos los mares conocidos de la época. Esta descripción, por otra parte, concuerda muy bien con la tradición atlante.
Kar, que era un hombre de estado notable, concluyó y propuso alianzas con muchos países del Asia Menor y tratados comerciales con Hobros (Chipre), Creta, Sicilia y Cerdeña. La más conocida de esas alianzas fue la Unión Caria (Caria, Troya, Ion, Fenicia y Creta) contra el enemigo común, los aqueos, pero evidentemente fue establecida algunos siglos después de la muerte de Kar, en la época de la guerra de Troya.

Aquí debemos advertir que la historia de Kar refuerza el concepto de considerar la “Atlántida” como la erupciòn del volcán submarino frente a la isla de Santorini, que arrasó la civilización minoica y que, poco más o menos, es cronológicamente coincidente con la guerra de Troya (alrededor del 1.300 antes de nuestra era para la misma, 1.600 años antes de nuestra era para la erupciòn volcánica), de donde deviene suponer que la dispersión de los navíos carios en todas direcciones del orbe puede haber sido el “reflejo” de la catástrofe mediterránea, ya sea para poner grandes distancias con el traumático punto de origen, ya sea buscar nuevos recursos consumidos durante ese holocausto. Sugerentemente, recordemos que el Éxodo bíblico, de haber ocurrido, se sitúa en torno al 1.400 antes de nuestra era… Por cierto, fue alrededor de esta fecha que reinara Akhenatón (y su nuevo culto monoteísta) en Egipto.
La acciòn cultural de Kar radicó en la difusión de los caracteres carios, de métodos de alfabetizaciòn perfeccionados, tratados de comercio, etc. Kar envió también por todas partes sacerdotes misioneros y “cariátides”, es decir, sacerdotisas (con el tiempo, la expresión “cariátide” se circunscribiría a las columnetas arquitectónicas con representaciones femeninas).  La hegemonía económica de los carios sobre los pueblos prehistóricos del Mediterráneo, debida a la actividad del legendario Kar, estaba ampliamente justificada por su superioridad cultural. Es interesante destacar que ese sacerdote enigmático, dictador, fundador de una religión nueva y reformador social apareciò en las costas del Mediterráneo casi al mismo tiempo que otros líderes análogos, como Zoroastro en Persia y Manú en Babilonia.
Parece que los carios fueron un pueblo muy emprendedor y que sus expediciones comerciales les llevaron más allá del Mediterráneo; esta hipótesis estaría justificada por el gran número de términos geográficos o de otra clase que contienen el fonema “kar” o “car”, algunos de los cuales se han conservado hasta nuestros días:

-    Karnak (Egipto)
-    Carnac (Francia)
-    Cabo y monte Carmelo
-    Caramania (parte de la antigua Siria)
-    Ciudad de Carpassos (Chipre). Esta ciudad caria construyó ya en época remota una categoría de navíos de gran porte que podían transportar hasta ochocientos pasajeros y enormes cantidades de mercaderías. Esos barcos llevaban por su origen el nombres de “carpassios” y ese vocablo sufrió a través de los siglos diversas transformaciones, hasta llegar a nosotros en varios idiomas contemporáneos bajo la forma de karbas, barkas (ruso), bark, (inglés), barque (francés), barco (español), carabela y en ruso tambiémn korabl, korabel.
-    Isla de Cárpato
-    – montañas Cárpatos
-    Khartum (Sudán) que se traduce como “la obra de Kar”; es notable que la terminaciòn “tum”, obra, corresponde al antiguo verbo germánico “thun” o “tun” (hacer) y que en nuestros días la lengua alemana posea una serie de palabras que terminan así: “Reichtun” (riqueza), “Irrtun” (error) y que todas ellas contengan la idea de algo realizado, cumplido.
-    Carnutum (Galia): “allí donde la ley sagrada fue dada por Car”.
-    Cara (Abisinia): significa “vía sagrada”.
-    Mel-Kart (dios del comercio entre los fenicios) Melcart en Grecia se transforma en Mercurio.

Kar envió emisarios en grandes grupos a todas partes del mundo, por lo que la palabra “caravana” puede tener allí su origen.

Mencioné que Kar instauró un culto monoteísta, a un Señor del Universo que no tenía otro nombre que la palabra “Pan”, formada, otra vez, por las iniciales de tres palabras secretas que constituían el apelativo del Ser Supremo. Más tarde, Pan ocupó un lugar en la mitología como el dios de toda la naturaleza visible, inspirador de su poder de creación. (El “panteísmo” señala como el nombre del dios pasó a la lengua griega) y más tarde aún, cayó a la simple categoría de sátiro o fauno (una manera política de las religiones posteriores de desplazarlo).
Este Pan era llamado a veces Tu – Pan, lo que significa (según el profesor Varnhagen), “el divino Pan” en las lenguas pelasga, fenicia y caria, pero el prefijo “Tu” tiene también el significado de “piadoso sacrificio”. Las imágenes de Pan representan generalmente a un fauno con barba de perilla y pezuñas y durante los primeros siglos de la era cristiana el clero, que deseaba combatir enérgicamente ese extendido culto, atribuyó esas características al diablo.
No puedo evitar mencionar aquí –aunque quizás sea totalmente ajeno al tenor de esta nota- que fue en la Arcadia griega donde nació el culto al macho cabrío como símbolo de la fuerza generatriz de la Naturaleza. Esa Arcadia de la cual el pintor francés Poussin tomó el nombre para su enigmático cuadro “Et in Arcadia ego”, que tanto apasionó al misterioso cura Saunière de Rennes-le-Chateau….

Et in Arcadia ego

No puedo, tampoco, evitar que mi reflexiòn vuele hacia una “Arcadia”, legendario país de secretos filosofales. “arcaico”. Pero, también, “Arcano”. Y ARC es transliteraciòn de CAR. Ark, arca….

La diosa  Cibeles, de la que se creía era la madre de Kar, fue llamada también Tu – Pama o Tu – Kera. Era generalmente representada como una madre con un niño en brazos, o a veces también sola, vestida con un largo manto y en la cabeza una especie de alta tiara. Imposible no ver aquí un antecedente de las imágenes de la Virgen que pulularían tantos milenios después.
Leemos en Diodoro que la primera expedición caria más allá de Gibraltar tuvo lugar alrededor del año 3.500 antes de nuestra era; luego los fenicios, así como los cartagineses, se aventuraron igualmente en el Océano Atlántico. Hoy es evidente que los viajes comerciales de los carios condujeron quizás a la colonización de algunas de las islas Caribes y del litoral septentrional de América del Sur. Pero podría ser también que los carios descendieran de un tronco americano y no hicieran más que visitar su madre patria. O que simplemente descendieran de los atlantes. A principios del siglo XX, los trabajos del profesor Schwennhagen, de Onffroy de Thoron y de Warnhagen han suministrado esas pistas (“Antigüedad de la navegación en Oceanía”, Onffroy de Thoron, Vol IV de los Anales de la Ciudad de Pará, 1905; “Antigua historia del Brasil”, Schwennhagen; “Más allá de la Atlántida”, Gustavo Barroso; “Las dos Américas” de Cándido Costa).
Onffroy de Thoron afirma haber descubierto pruebas de la residencia de los carios en Ecuador. Un científico colombiano, Miguel Triana sostuvo hace más de un siglo que los chibchas de Colombia descendieron de los caribes de las antillas y éstos a su vez de los carios. Triana basa su hipótesis en la similitud antropométrica que existe entre los cráneos más antiguos de Facatativa (Colombia), la de los caribes y una momia descubierta en Guatavita.
Es notable que en América Central y del Sur se encuentren toponímicos que poseen el prefijo “Car” o “Kar”. Además del mar Caribe y la etnia homónima, aún sobrevive en Honduras la etnia de los “caras”. Los pueblos Cariho, Caripuna, Caraya, Caranna están diseminados por centro y Sudamérica. La capital de Venezuela toma su nombre de los originarios del lugar, los “caracas”. Toda una serie de localidades del Brasil septentrional poseen en sus nombres el prefijo “car”: Cara, Carara, Carú, Cari, Cariri, Caraï, Caraïba, Cario, Cariboca, Carioca (que llevó a que los nativos de Río de Janeiro sean así conocidos, los “cariocas”), Cara – Tapera, Cariaco, Caralasca, Carova, Caricari, Cararaporis, Acaraí.

Y un lugar muy especial merece el investigador argentino Enrique García Barthe, quien ha profundizado no sólo en el trabajo de campo –como acompaña esta información- sino armadillo 1en el cartográfico, filológico, etc., demostrando con abundancia de pruebas la relaciòn estrechísima entre la remota Grecia y América del Sur. ¿Unarmadillo 2 ejemplo?. Él rescata estos vasos zoomórficos del primer milenio antes de nuestra era realizados en las Cícladas, (vasallaje de los carios, como se ha demostrado) que muestran inevitablemente armadillos, animales que se sabe sólo existen en América.

Barthe

Y aquí debemos regresar al ambiente sudamericano –ya que mencionamos Brasil- donde se hizo fuerte una de las etnias de lingüística e historia más rica: los guaraníes (y, curiosamente, de las más desvalorizadas por el academicismo oficial). Dejaré para la próxima parte señalar la “conexiòn atlante” de los guaraníes, pero aquí permítaseme solamente señalar esto:
Desde Alaska a la Patagonia, era costumbre llevar plumas en la cabeza en situación de guerra. Igual que los carios. De hecho, los griegos tardíos adaptaron esa costumbre al confeccionar sus cascos con cresta sagital de plumas. Esta particularidad es, o bien una indicaciòn del origen americano de los carios, o bien que carios y amerindios tienen un origen común: Atlántida. Bien. Los guaraníes refieren que su origen es el de siete tribus que huyeron de la “isla Caraíba”, luego que ésta fuera destruida por una hecatombe. (“Caraíba” significa “tierra de Car”). Esas siete tribus se daban el nombre de “Carí”, pero sus descendientes sacerdotales lo cambiaron a “Tupí” que significa “hijos de Tupán”, el Ser Todopoderosos que, según las creencias de los tupí-guaraníes, gobierna el mundo. Ese Tupán guaraní bien podría ser el Tu – Pan del que ya hemos hablado. Y Tupán está toponímicamente presente en “Tollán”, de donde una casta sacerdotal habría provenido para fundar la homónima ciudad que fuera segunda capital de la naciòn Tolteca en México, también conocida como Tula. Tula, allí donde desde siempre –y así también los denomina coloquialmente la historia oficial- avizoran el horizonte sus misteriosos “atlantes”…

(Continuará)

Atlante de Tula

El autor junto a un “atlante” de Tula

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¿OTRA EVIDENCIA DE PRESENCIA EXTRATERRESTRE EN EL ANTIGUO EGIPTO?

Publicado por Gustavo Fernández en 07-10-2013

El dato parece asaz menor, ante la magnificencia de tanto monumento y tantas preguntas. Pero la Verdad tiene caminos bizarros y suele colarse por las hendijas más inesperadas. Hace apenas un par de días, en la lista “Planeta UFO”, que moderan los amigos y colegas Guillermo Giménez y Christian Quintero, circuló, si la memoria no me falla a iniciativa de la investigadora cubana Julia Calzadilla, la fotografía de un extraño “jeroglífico” tallado en el dintel del acceso antiguo (original) a la Gran Galería de la Gran Pirámide de Keops.

tetragramaHay un debate instalado sobre la “autenticidad” (en términos históricos) del mismo: es obvio que los ultraconservadores de la Arqueología lo suponen obra de algún gracioso en tiempos más o menos pasados, mientras que las olas renovadoras del revisionismo egipcio lo transportan a la misma época de construcciòn de la misma. Ambas posturas argumentan, pero hasta donde se sabe, no existen estudios fidedignos para determinar su dataciòn (en el difícil caso que pueda hacerse).

Espoleada nuestra curiosidad al creer recordar que este diseño hacìa “eco” en nuestra memoria, sometimos al nuestro Grupo CAI (ya saben: el espacio virtual de reflexiòn e intercolaboraciòn del Centro de Armonizaciòn Integral ) la imagen, buscando referencias que sumaran en el análisis interpretativo. Rápidamente, Patricia Kieffer nos facilitó este enlace , que en lo personal no me sedujo en absoluto; sobrecargado y abtruso, parece responder más a la típica verborrea insulsa New Age teñida del supuesto aval que significan referencias a Pueblos Originarios. Pero el escritor Martín Arriarán Pérez nos Varillaremitió a otra referencia que, de pronto, disparó en mi memoria el eco de aquello que me cosquilleaba: el extraordinario parecido de ese jeroglífico con otros, pero éstos, en una varilla supuestamente obtenida luego del “ovnicrash” de Roswell, en 1947.

Es seguro que más de un lector, desconfiandso a su vez de la credibilidad de Roswell, dirá que esta es una pobre analogía. Puede ser. O puede que no. Este autor está convencido de la autenticidad del Incidente Roswell, para comenzar. Claro que alguien puede decir aquì que, aunque así fuera, nada prueba la extraordinaria similitud ya que alguien podría haberlo grabado en Giza a partir de la difusiòn masiva de las fotografías de las varillasa de Roswell. Es cuando quiero aplicar un poco de sentido común, toda vez que algunos suponen que el sentido es “común” cuando a toda costa se trata de sostener explicaciones “positivistas” aunque la propia, exagerada complejidad de las mismas las harían caer por su propio peso en cualquier tribunal.

Porque recordemos que así como no se puede autentificar la remota antigüedad del jeroglífico de Giza, tampoco se puede demostrar lo contrario. Luego, ¿cuán “masivo” y “popular” fue, en los años inmediatos de Roswell, el dato de las “varillas”?. Recordemos que se sabe que el jeroglífico de Giza existe, cuando menos (porque así ha sido reportado) desde hace algunas Intentos explicativostetragrama2décadas. Jugar con la idea que algún fanático ovnílogo de los 50 o 60 (no luego, donde ya son abundantes las referencias al jeroglífico del dintel) se trepó en una hipotética visita a Egipto, peligrosamente sobre las piedras para tallar pacientemente ese jeroglífico, es decodsólo eso: un juego de la imaginaciòn. Que una especulaciòn “pueda ser” posible no implica que necesariamente lo sea.

Por eso, es desde toda óptica absolutamente lícito que nos planteemos la antigüedad del jeroglífico egipcio en correspondencia con la autenticidad del caso Roswell (a este último respecto, recuérdese que el “meme” de tratarse solamente de un fraude es más eso, un “meme” instalado con oscuros fines en el ideario colectivo, que una certeza empírica. Tal como ocurre con el famoso video de la “autopsia de un extraterrestre”, denostada precariamente por ovnílogos más empeñados en parecer “serios y académicos” que coherentes con su búsqueda. Nosotros seguimos afirmando, como hemos dejado constancia, en la credibilidad de dicho video). y, sumando, que el “mensaje” de uno -sea cual fuere- tiene analogía con el otro. Hasta es posible que las leves diferencias tengan que ver con cuestiones más de estilo que de fondo, atendiendo al paso del tiempo.

Para finalizar, diré esto: para algunos intelectuales que sostienen que una “civilizaciòn avanzada” no emplearía jeroglíficos o caracteres ideiformes para escribir, sino acudiría a una sintaxis más “literaria”, vayan a explicárselo a japoneses, chinos, coreanos….

Nuestro agradecimiento a los colegas Guillermo Giménez, Christian Quintero por ser el espacio original de debate, a Julia Calzadilla, por “resetear” nuestro interés y a los amigos Patricia Kieffer y muy especialmente Martín Arriarán Pérez, por orientarnos hacia estas conclusiones (aunque ninguno de los mencionados es copartícipe de todo irritante comentario o especulaciòn de mi parte).

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