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Ovnis, Civilizaciones Desaparecidas, Parapsicología y Esoterismo.

“La Sombra”: Nuestra bomba de tiempo psíquica

Posted by Gustavo Fernández en 16-07-2010

El hombre de hoy tiene miedo, está temblando como un mediocre. No va con paso firme, sino que antes de poner el pie tantea a ver si el suelo no se hunde. Ha perdido por completo la emoción de la aventura. Encadenó al héroe que cada uno lleva dentro. Ya no se atreve a ser el gigante que es y se vuelve despreciable encogiéndose para no exponerse. Vivimos tiempos menguados de burócratas, aceptando con una bucólica sonrisa el trabajo mercenario. ¡Triste edad la que no se inflama con el viento de lo heroico! ¿Dónde quedó la gloria de vivir siempre cara al viento, peligrosamente? Hoy ya es una humanidad degradada que resbala en plena decadencia senil, habiendo perdido la ambición de tomar el Cielo por asalto.

Y cuando buscamos culpables de todas nuestras mediocridades y cobardías cotidianas, siempre los buscamos fuera de nosotros. Entonces es la brujería del vecino, los Illuminati, la corrupción del gobierno de turno, el jefe, la esposa o el esposo.

Y perdemos de vista a La Sombra.

Si alguna vez se aplica un excesivamente exigente rasero a los aportes de la Parapsicología y el Control Mental así como la Autodefensa Psíquica y la Energotonía (1) al surgimiento del Hombre Nuevo —de cara a un contexto evolutivo dentro del Tercer
Milenio— quizás pocas cosas sobrevivan. Pero una de ellas será, sin duda, ese concepto surgido de la psicología jungiana y explorado pragmáticamente por estas disciplinas y que llamamos La Sombra.

¿Pero qué es La Sombra? Nada más —pero también, nada menos— que el conjunto de los elementos autosaboteantes, autoboicoteantes, autodestructivos de nuestra propia personalidad. Todos esos elementos de nuestra vida psíquica especialmente inconsciente que tienden a la destrucción, la inercia, el facilismo, la negatividad, la disipación, lo entrópico y thanático (2) que aglutinados como un parásito dentro de nuestra esfera mental condicionan y sabotean nuestra vida cotidiana.

Desde casi siempre se sabe de la existencia de mecanismos de autoconservación, de supervivencia, en el psiquismo. Pero debió esperarse hasta mediados de los años ’60 para que el psiquiatra Karl Menninger definiera la existencia de mecanismos de autodestrucción: así como en nuestro inconsciente duermen reservas energéticas que se disparan ante situaciones de riesgo o límite permitiendo al individuo no sólo reaccionar positivamente con recursos que ignoraba que tenía, también duerme una verdadera “bomba de tiempo mental”: un conjunto de “engramas” (3) que, disparados con nuestro desconocimiento —y seguramente en absoluta oposición a lo que concientemente creemos que deseamos y buscamos— nos precipitan al fracaso. Los “actos fallidos” son un claro ejemplo. En el momento del clímax amoroso, aun cuando estamos convencidos de amar a la persona que está entre nuestros brazos, se nos escapa el nombre de otra persona. Ni nosotros mismos entendemos qué nos pasó; pensamos en él o ella como parte del pasado y sabemos que no existe el menor eco emocional ante su recuerdo… pero vayan a convencer de ello a la pareja todavía decepcionada por nuestro exabrupto. O estamos esperando ansiosos la entrevista laboral que tenemos mañana por la mañana en la que puede decidirse nuestro futuro… y nos quedamos dormidos. Ya hemos analizado en el ensayo “El conocimiento del verdadero Yo” (4) que generalmente esto se debe al conflicto entre los múltiples “yoes” que, por “agregación”, conforman lo que ilusoriamente tomamos por “el Yo”. Profundizando el análisis hecho en esa ocasión, debemos advertir que la “rotación” de yoes no es azarosa: es la pugna entre la parte luminosa y la oscura de nuestro inconsciente, el conflicto entre el Yin y el Yang, entre el Héroe y la Sombra lo que determina cuál “yo subordinado” se pone en determinado momento al mando. Y como en toda guerra, hay batallas ganadas y perdidas. Sí, La Sombra, que se construye con vivencias tristes sí, pero también con la calidad del aprendizaje cotidiano (5) tiene más influencia que el Héroe (6), entonces ella ganará la batalla. Y seremos unos eternos fracasados, mediocres, resentidos. Un suicida es, por tanto, un individuo en el cual La Sombra se ha realizado plenamente, pero no perdamos de vista que todos y cada uno de nosotros estamos luchando, conciente o inconscientemente, diariamente con ella. Y es un enemigo tan hábil, que se encarga de dirigir nuestra atención siempre hacia el “afuera”, a la búsqueda “allá” de enemigos. Que los habrá, qué duda cabe, pero sin olvidar que el peor está “aquí dentro”. Cuando un individuo hace un intento para ver a su Sombra, se da cuenta (y a veces se avergüenza) de cualidades e impulsos que niega en sí mismo, pero que puede ver claramente en otras personas, cosas tales como egoísmo, pereza mental y sensiblería; fantasías, planes e intrigas irreales; negligencia y cobardía; apetito desordenado de dinero y posesiones… La Sombra, además de este tipo de omisiones presenta también una faceta que se manifiesta en actos reflejos impulsivos: antes de que se tenga tiempo de pensarlo, el comentario avieso estalla, surge el plan, se realiza la decisión errónea, y nos enfrentamos con resultados que jamás pretendimos o deseamos conscientemente.

La Sombra impulsa al ser humano al contagio colectivo, a la psicología de masas y a las actuaciones del hombre-masa. Cuando un hombre está solo, por ejemplo, se siente relativamente bien (7); pero tan pronto como “los otros” hacen cosas oscuras, primitivas, comienza a temer que si no se une a ellos le considerarán tonto. Así es que deja paso a impulsos que, realmente, no le pertenecen. Es particularmente en contacto con la gente del mismo sexo cuando una persona se tambalea entre su propia Sombra y la de los demás. Aunque si vemos la sombra en una persona del sexo opuesto, generalmente nos molesta mucho menos y estamos más dispuestos a perdonar. Esta es la raíz de la aversión que, por ejemplo en los hombres, provoca generalmente una escena de homosexualidad pero le excita una de lesbianismo.

La Sombra es también la causante de muchísimos conflictos políticos, sociales y religiosos; la agitación política por ejemplo, está llena de proyecciones de la Sombra en el enemigo o el traidor. La agitación política en todos los países está llena de proyecciones, en gran parte parecidas a los cotilleos de vecindad entre grupos pequeños e individuos. Las proyecciones de todo tipo oscurecen nuestra visión respecto al prójimo, destruyen su objetividad, y de ese modo destruyen también toda posibilidad de auténticas relaciones humanas.

La Sombra personifica al inconsciente personal pero también es una componente arquetípica ya que todos los seres humanos portan consigo una Sombra, un “aspecto sombrío” que actúa mediante la proyección de contenidos del inconsciente personal. Estas proyecciones conforman un comportamiento arquetípico que configura a la Sombra como un fenómeno colectivo. Además la Sombra, como arquetipo, se encuentra vinculada al mal; por ello, el aspecto colectivo de la Sombra ha sido personificado en las figuras de los demonios, brujas y brujos, Satán, Mefistófeles, cábiros, faunos, etc.

No podemos eliminar a La Sombra. Debemos comenzar por aceptarla (8) y vigilarla, siempre. El estado de mente “Ku”, al que nos referimos en nuestros cursos avanzados, el estado de la mente vacía pero alerta, tiene como objeto precisamente eso: vigilar, relajada pero expectante, a La Sombra. La Sombra busca atacar siempre desde la sorpresa, y si se sabe observada se retirará a un rincón donde esperará, agazapada, otra oportunidad. Si nuestra vigilancia es permanente (9) ella, simplemente, esperará. Pero no jaqueará el aquí y ahora de nuestra volición. Por ello, la integración de La Sombra es un auténtico conflicto moral pues la confrontación con La Sombra supone tener “conciencia crítica despiadada del propio ser”. La integración de La Sombra supone, tal y como nos dice el simbólogo junguiano Juan García Font (10) un “no tomarse demasiado en serio”, lo que está unido al humor para consigo mismo. Hay que burlarse un poco de uno mismo y de lo que uno considera importante, pero ¡cuidado…! no hay que desvalorarse: “Podemos estar hablando de cosas muy serias, pero estando al mismo tiempo en una actitud humorística. En la medida en que se establece un diálogo con La Sombra se establece un primer grado de integración. Lo cual se traduce inmediatamente en el lenguaje. Hay un lenguaje de La Sombra: el de la inspiración. Nosotros utilizamos en la comunicación una sintaxis convencional, social; mas sucede entonces que esta ordenación del discurso ahoga La Sombra. Y como La Sombra es el ser travieso, el ser que goza con el equívoco, en un momento dado rompe la estructura establecida. Así, el poeta, al ser un distorsionador del lenguaje, destroza significados para alcanzar un superior sentido y esto le permite dialogar con La Sombra. Un ejemplo sencillo de este lenguaje de La Sombra sería el siguiente: todos hemos oído ese refrán que dice “Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”. Pues bien, La Sombra diría algo así: “Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se llena”. Este humor que abre ventanas a la inspiración es una forma de integrar a la Sombra. Y de esta manera se vitaliza; el espíritu penetra en la palabra. Por ello, en la medida en que La Sombra integrada (es decir, transmutada) penetra en el discurso y la activa, la carga de energía, y se produce un paso en la integración.

Cuando debemos enfrentarnos con nuestros problemas, nos resistimos instintivamente a seguir el camino que nos conduce a la oscuridad y las tinieblas. Deseamos oír sólo de resultados inequívocos, y nos olvidamos completamente de que dichos resultados sólo pueden lograrse cuando nos hemos aventurado y hemos regresado de las tinieblas. Pero para penetrar en la oscuridad debemos invocar todos los poderes de “iluminación” que nuestra conciencia pueda ofrecer. Llenar la mente consciente con concepciones ideales es una característica de la Teosofía occidental, pero no es la confrontación con La Sombra y el mundo de la oscuridad. Uno no llega a la “iluminación” imaginando figuras de luz, sino haciendo conciente la oscuridad. Ser imparcial con uno mismo es verse tal cual es, y desde allí integrar a La Sombra.

Referencias:

1. Comprender el concepto de La Sombra es inexcusable tanto para el progreso espiritual como el material, la protección psíquica de ataques de terceros y la búsqueda de conocimiento —especialmente en terrenos alternativos— por lo que el artículo aquí presentado es materia obligatoria en nuestros cursos avanzados de todo tenor.

2. Un hipotético futuro Paquete de Memoria Thanático (para los noveles, profundizar el concepto en numerosos artículos de AFR— comienza a gestarse, a incubarse, en La Sombra.

3. Estructura psíquica autónoma y autorreferencial.

4. El conocimiento del verdadero Yo”, publicado originalmente en Al Filo de la Realidad N° 77.

5. Porque el verdadero problema en la vida no es sufrir: sino sufrir y no haber aprendido nada de ello.

6. En un sentido simplista, la parte “positiva”, a la que nos remitiremos en otra ocasión.

7. “Desafortunadamente, no cabe duda, de que el hombre es, menos bueno de lo que él se imagina que es, o de lo que quiere ser. Todo el mundo carga consigo una Sombra, y mientras menos incorporada esté en la vida consciente del individuo, es más densa y negra. Si una inferioridad es consciente, siempre habrá una oportunidad de corregirla. Además, está constantemente en contacto con otros intereses, por lo que está sujeta continuamente a cambio y modificación. Pero si se haya reprimida y aislada de la conciencia nunca se corregirá.” Carl Jung, “Psicología y Religión” (1938). En CW 11: Psicología y Religión: Este y Oeste p.131.

8. Porque si hay una Sombra, es porque en algún lugar hay una Luz que la produce.

9. Lo que no significa una actitud de paranoia persecutoria, sino la autoobservación constante, la búsqueda de “verse desde afuera” y ser imparcial con uno mismo.

10. En conversación privada con el erudito Ángel Almazán.

11. A partir de aquí es evidente la relación de este concepto con las disciplinas que manejamos. Respecto de la Autodefensa Psíquica, la Sombra es el “aliado interior”, el Judas, quien desde el interior de la fortaleza abre las puertas al enemigo. Respecto de la Energotonía, es el sabotaje permanente desde el “yo mismo” a los intentos por transformar los deseos en Voluntad, condición sine qua non para el crecimiento material.

(Publicado originalmente en la revista gratuita por email “Al Filo de la Realidad” Nº 127)

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27 comentarios to ““La Sombra”: Nuestra bomba de tiempo psíquica”

  1. patricia said

    Impecable.
    Apuntaste a la causa real que se esconde detrás del muro de excusas que uno levanta a diario.
    Excelente reflexión
    Pato

  2. patymontevideo said

    Si, se necesita luchar constantemente con la Sombra.
    Otro trabajo que es constante es el de discriminar entre los que fomentan el aprendizaje de la Sombra en cada uno de nosotros, con propósitos de enseñanza; y los que la fomentan con propósitos personales.
    Tú, que conoces del tema de la Sombra, me gustaría que escribieras un artículo acerca de esto.
    Un abrazo.

  3. Qué propuesta interesante, amiga. Prometo considerarlo.
    Un abrazo

  4. Gracias, Pato. Abrazo fuerte.

  5. GUSTAVO said

    Excelente!. Ahora bien, pienso que papel preponderante presentan las religiones en todo esto de la Sombra. En especial las occidentales, y más aún la católica. A mi entender es como la imposición a la adoración de las sombras. Cuanto más prevalece la Sombra más débil es una persona, por consecuencia más dominable. Como premisa tratan de que poner en un rincón al héroe y si es posible eliminarlo. Si cada ser humano es conciente de esto podrá enaltecerse, valorarse y ser libre en pensamiento, lo cual llevaría al equilibrio de las cosas y apartarse así de la mala muerte.
    Un abrazo

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